El estadista y el estadillo de cuentas

Canarias es una caja de sorpresas. Hemos visto confluir en pocas horas sobre este peñasco a Putin, a Xi Jinping y a un Kennedy, como si se hubiera convocado una cita de estadistas y apellidos de alcurnia de la alta política internacional en esta especie de Malta del Atlántico, con las mismas credenciales que la isla del Mediterráneo cuando Bush y Gorbachov se reunieron tras la caída del muro de Berlín hace 30 años para cocinar a fuego lento el final de la Guerra Fría. Se dice pronto: el ruso, el chino y el yanqui, tres tigres, y ninguno triste.
En aquel entonces, Malta había sido elegida, entre otras razones inconfesables, porque no había un overbooking de sedes de grandes organismos, guardaba cierta discreción y era un sitio estratégico. Nosotros, además, somos un sitio agradable, amén de anómalo y pintoresco. Viene el presidente chino a ver el Teide, nuestro Louvre o Notre Dame, y el ruso hace transbordo de aviones en el hangar. En la víspera, un sobrino de John F. Kennedy irrumpe en la isla y pregona contra el cambio climático en Adeje, nuestra ONU particular. Ahí no acaba el desfile. A mediados de diciembre vendrá, por lo visto, el ministro de Estado de Asuntos Exteriores de India a inaugurar un monumento a Gandhi, asimismo, en la babelia del sur, que capitaliza en cierta forma esta vorágine de visitas intrigantes.
Una entrada y salida de visitantes tal habría sido harto sospechosa antes de la citada cumbre de Malta que certificó la caída del Telón de Acero. Lo cual no obsta para albergar el recelo de que algo se está cociendo en las alturas, donde cabe un cierto quid pro quo: chinos, rusos, americanos e hindúes hacen migas yendo y viniendo a nuestras islas, y a cambio, nos surten de turistas con la promoción. Hacemos caja con estas visitas. Ya se habla de millones de chinos, mientras la competencia rechina, entre las expectativas de nuevos clientes de la industria turística local. Será real o presuntuoso, pero no incierto.
Durante la II Guerra Mundial, alemanes, ingleses y norteamericanos conspiraron respecto a nosotros, a nuestras espaldas; de manera que es de agradecer que ahora lo puedan estar haciendo de nuevo, pero a cara descubierta y, de paso, nos conviene tras la quiebra de Thomas Cook. Es como si en los años 40 Churchill hubiera venido a supervisar personalmente la operación Pilgrim para invadir Gran Canaria, de la que acabamos de conocer nuevos detalles, y no en el 59, cuando el peligro había pasado y fue al Puerto de la Cruz con Onassis tras un viaje en un yate lujoso con taburetes de piel de pene de ballena (tal cual). Habrá que dejar volar la imaginación y no tomarnos nada demasiado en serio. ¡Qué más da si estos estadistas, con tanto frecuentarnos, nos meten en el mapa de sus reuniones secretas y no tan secretas, y el día menos pensado montan una cumbre de lo que sea que nunca sirven para nada! Que vengan y traigan turistas. Malta fue otra cosa, como Yalta tras aquella guerra en que nos quisieron tomar por asalto las tres potencias. La de Malta, la cumbre que cumple dentro de unos días 30 años de la entente a bordo de un crucero soviético, fue un hallazgo de la diplomacia de líderes de altos vuelos. Lo que hay ahora es una jarca de atorrantes. Es raro el que tiene tres dedos de frente. Si se les ocurre traerse una cumbre de pantomima al uso, igual espantan el turismo. Mejor que vengan como el chino, 24 horas con excursión al Teide, o como el ruso, 24 minutos y si te vi no me acuerdo. Viene el estadista y se nos alegra el estadillo de cuentas.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

Añadir comentario