Carmelo Rivero - El blog de Carmelo Rivero

Cuando mayo vuelva a ser domingo

Ha llegado Vox a la política española y ya los redichos están con la muletilla tras la oreja de que “ha venido para quedarse”. Lo del tópico es una recurrencia compulsiva y muy maniática del español, y ya casi también del canario por lo general, que antes usaba refranes propios y latiguillos vernáculos, pero ya dejamos de llamar a la guagua, guagua, por el importado autobús. Los andaluces, que tienen su deje y su jerga a mucha honra, se divierten con todo y no esconden la cabeza bajo el ala cuando toca hacérselo mirar, como en los ocho apellidos vascos. Ahora, en cambio, el andaluz se ha puesto taciturno. Desde que el califa Anguita no está en primera línea, los pecados capitales de ese Estado mitad de España tenían menos proyección nacional. Desde este domingo, Andalucía le roba el foco a Cataluña y la gran incógnita es si, al igual que Arrimadas disparó a Rivera en las encuestas, este efecto Serrano -el juez de los 12 escaños de Vox- vuelve viral a Abascal, el hijo pródigo del PP que dio un portazo y montó el partido que regenta el espíritu nacional más de cuarenta años después de las cenizas de Franco.

Yo recuerdo a Blas Piñar, que es el precedente de diputado ultra en las Cortes, dotado de una oratoria de notario y mesías del franquismo ilustrado. Era usual aquel perfil de español que leía a Machado o a Galdós como si fueran iconos de la patria reaccionaria por los versos mesetarios y los episodios nacionales. Eran cultos y locuaces, ganaban en el cuerpo a cuerpo. Luego se vinieron abajo y se disolvieron en la gran siesta hipnótica de los años de la Transición, trataban de pasar desapercibidos, pero seguían leyendo, instruyéndose, y comenzaron a aflorar novelistas y periodistas que competían a carcas y eran plumas brillantes, y la izquierda se dejó ir confiada en su arrogancia de universidad, sin dedicarle horas al estudio, hasta olvidar la teología de su propia idiosincrasia genética. A esa derecha enciclopédica la he conocido bien y la he respetado toda la vida. Ahora estamos ante el desafío de verla crecer como una plaga en toda Europa, alentada por la chulería de Trump, que es el mayor ultra rancio de este siglo, al que ya le crecen clones como el salvapatrias de Brasil. Y si Vox sigue los pasos del populismo errante europeo, que niega los derechos humanos, fomenta la xenofobia y la salida de la UE, tenemos un problema que no teníamos antes del desmadre catalán. Porque, acaso, con el resultado electoral de Andalucía, vayamos a exhumar no a Franco sino al franquismo. Y cuidado con jugar con fuego, que esos rescoldos nunca se apagaron del todo.

Susana Díaz, seguramente, se irá con su fracaso a casa, pagando todas las facturas, las propias, las de los ERE y las de Sánchez en talonarios de abstención, pero también son los años perpetuos en el poder, que eso se paga. Cosa esta última que incomoda recordar a CC, cuando es lo más natural alternarse en el gobierno y la oposición. Y si Sánchez se aleja de los soberanistas, como es de prever, y agita el artículo 155 como arma electoral para reponer fuerzas, lo sabremos pronto. Acaso cuando mayo vuelva a ser domingo.

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La Constitución nos libre

La emergencia de Canarias en los parámetros sociales más importantes se da de bruces con los predicamentos de la Constitución y el Estatuto juntos, dos herramientas la mar de poderosas para poner en pie un modelo de bienestar decente, y no este desequilibrio innoble con bolsas de miseria y exclusión. En vísperas del cuadragésimo aniversario de la Constitución no es de recibo el papelón de Canarias cada vez que se dan a conocer los rankings de paro, dependencia, pobreza o listas de espera sanitaria. La más reciente radiografía de la demora hospitalaria quirúrgica y asistencial de todo el país, difundida esta semana por el Ministerio de Sanidad, golpeaba la conciencia de todos los canarios: aun siendo una de las comunidades que reduce los retrasos, nada nos evita ocupar los puestos de la vergüenza tras décadas de autogobierno, bajo la bonanza del turismo y las ayudas de Europa. Nadie logra explicarse al colista perpetuo en los índices del Estado de bienestar, cuando en cuarenta años de Constitución hemos vivido épocas de vacas gordas, descontada la crisis, y no podemos quejarnos del éxito de marca, incluso bajo la recesión, como destino preferente en la industria del ocio, con cifras propias de una potencia mundial y no de una modesta autonomía. El viernes, la CEOE de Tenerife arrojó un jarro de agua fría sobre las expectativas económicas de esta comunidad, en vísperas electorales, tras diez años del origen de la crisis, cuando el Gobierno de las Islas alardea de estrenar tres cosas irrefutables: el mejor Estatuto de la historia, el mejor REF de la historia y los mejores Presupuestos de la historia. Y el oráculo de la patronal vaticina uno de los peores datos de la historia reciente del PIB: el Archipiélago crecerá tímidamente el 1,2 por ciento en el año que empieza el mes que viene. No se está acertando en la política de precios de nuestro motor económico, cuando la competencia ya ha despertado del estado turístico comatoso de la primavera árabe y sus malos gobiernos. Canarias, por desgracia, suele tropezar tediosamente en la misma piedra y nuestros gobernantes no siempre dan el nivel. Un fenómeno parecido -donde se incluyen los tentáculos de la corrupción- desmoronó a países de América Latina que no han levantado cabeza. En cierta forma, nuestro espejo es más América que Europa, pues aquella, como nosotros, está detrás del mar, y en Europa -como se ha discutido estos días- somos regiones ultraperiféricas y no territorios continuos. O acertamos en la vacuna o seremos siempre una sociedad enferma, y me resisto a admitir que nuestros males son estructurales, un castigo de la naturaleza. ¿No será un problema de cabeza y extremidades, de en qué manos hemos puesto nuestro autogobierno?

El balance de estas décadas no puede ser el que es. ¿Cómo brindar sin rubor por un nuevo Estatuto de Autonomía a sabiendas de las discordancias que flamean en las estadísticas de la desigualdad? Y hay algo peor: los niveles cada vez mayores de insensibilidad social de los gobernantes: su indiferencia ante el repunte de desahucios o la (no) respuesta a los niños con fibrosis quística severa, que obliga a intervenir al Diputado del Común, como un contrapoder necesario.

De tal manera que entre nubarrones y logros, que también los ha habido, asistimos a la efemérides del ocaso y el cenit, el final de la dictadura y el despertar de las libertades con la Constitución. Pero nunca llueve a gusto de todos y el 40 aniversario de esta última nos exige, cuando menos, a la generación de los testigos fehacientes a rebatir interpretaciones deformadas. Este jueves, entre capuletos y montescos, cumple años el melón que muchos quisieran abrir a las bravas. La Carta Magna bajo el brazo y una cita congresual en el templo de la democracia son un acto litúrgico. Pero no es un texto sagrado e intocable. La vivienda, el empleo, la sanidad no son derechos baladíes, sino la parte mollar de esa biblia, y la reforma de esta no es ninguna herejía. Al cabo de cuatro décadas de Transición y UCD. golpismo, felipismo y PP, la memoria histórica se reduce a Suárez o Franco, uno en los altares y el otro en las catacumbas del Valle de los Caídos. En Los Llanos de Aridane acaban de retirar los honores al dictador y al mítico ministro palmero de Gobernación Blas Pérez, o sea que ha empezado el juicio de la Historia desvistiendo a los santos y los monumentos y rótulos de calles pasarán por el ojo de la aguja como aquellos camellos, y todo lo que haga falta se pondrá patas arriba cuarenta años después. Con la ley en la mano, que el Parlamento canario ya tiene la suya.

Ahora que al rey emérito rehabilitado lo sacarán a pasear en los fastos del día 6, conviene embridar los demonios, pues lo que todo el mundo celebró como el milagro del siglo para salir de una dictadura y entrar en una democracia sin derramar una gota de sangre, hay quien se empeña en repudiarlo. No fue tal prodigio, pero tampoco se dio gato por liebre. La Transición fue la metamorfosis de España con permiso de Kafka, y como diría Alfonso Guerra, no la conocía ni la madre que la parió. Murió el dictador y fuimos a votar. Eso fue todo. Tejero metió el tricornio en el Congreso, pero Juan Carlos y Suárez lo tenían todo atado y bien atado, al contrario que Franco, y aunque el monarca tuviera titubeos, como dice Pilar Urbano, lo vimos salir en la caja tonta mandando parar los tanques de Milans del Bosch. El golpe marró la noche de los transistores con José María García cantando los goles de la democracia a pie de campo. Y fuera Armada un mandado del rey o un felón, si Juan Carlos no se enfunda el uniforme militar y televisa el mensaje, no estaríamos hoy con las zambombas de la Constitución. Y el general Gutiérrez Mellado plantó cara al golpista y le dije, usted es un héroe, y lo negó con la cabeza aquel hombre pequeño y valiente. Si ahora se insultan y escupen en los escaños mullidos de Madrid es gracias a unos cuantos irreductibles que no se fugaron a Waterloo. De manera que no habrán sido -la Transición, la Constitución y la Monarquía- cándidas e inmaculadas. Pero si hoy vota el andaluz no es porque le cayó esa gracia del cielo, y es un pueblo con gracia. Pues eso,que es de mal nacidos no ser agradecidos.

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Bertolucci: el pecado del dios italiano

Bernardo Bertolucci viajaba con su hermano Giovanni a pasar las Navidades a Lanzarote, porque era la isla de Vázquez-Figueroa, y Alberto era buen amigo de los dos, sobre todo del productor. Con Giovanni había llevado al cine Tuareg y Océano. Bernardo Bertolucci ha muerto a los 77 años cuando trataba de sobrevivir sobre una silla de ruedas, que ha sido su prisión. El último emperador del cine europeo deja un vacío insalvable en la industria, que era más audaz y desprejuiciada cuando gente como Bertolucci y Pier Paolo Pasolini se juntaron a rodar sin tener zorra idea del género y aprendieron a capar cortando huevos, gastando metraje y haciendo películas contra las viejas convenciones. Yo, que entiendo poco o nada de este maravilloso arte audiovisual que nos atrapa para siempre desde niños, me rendí también a la aureola que reputa de maldito su famoso y escandaloso último tango en París. La leyenda de Bertolucci confiscaba los talones de Aquiles del genio, sus pecados inconfesables. Maria Schneider nos desmitificó al dios italiano del celuloide al revelar en una entrevista que la escena en que Marlon Brando la sodomiza con mantequilla fue un asalto a su honor, pues ni Bertolucci ni Brando la advirtieron hasta última hora de que habían pactado una violación a sus espaldas, que aunque no fuera verídica constituía una humillación sin medias tintas. Venimos del día que clama contra estos abusos, y el tiempo transcurrido entre aquella película de los primeros años 70 y hoy hace intolerable el suceso, un maltrato que no se justifica de ninguna manera y que ensombrece la imagen del célebre director cuando admitió la vileza cometida contra Schneider. Brando y Bertolucci son dos B de marca mayor en la historia del cine. Dos vacas sagradas. Pero el feo asunto mantecoso empaña sus nombres, los ensucia. Fue una sola toma, se consolaba la actriz cuando años después rememoraba el incidente. No estaba en el guion y sus lágrimas en pantalla son de rabia y coraje, un dolor de principios, una falta de respeto, un abuso, una agresión que ni el cine, lleno de duras escenas, puede consentir con cordura en los términos descritos.

Así que nos contraría la decepción por el abuso de poder de uno de los popes del cine de autor. En la entrevista de A fondo con Soler Serrano defendía el recurso secreto de la mantequilla como parte esencial de su obra maestra frente a la mitología de la película prohibida en la España de los 70 como si solo contuviera esa escena. El mundo (y el del cine, entre otros mundos) ha dado un salto sobre sus propias miserias y ha ido corrigiendo algunas de sus costumbres malignas. Estamos en la hora que marca el reloj. Estas cosas ya no se hacen, no debieran suceder. La película estuvo prohibida en la España franquista cuando se desconocía la ignominia de la violación, más allá del acto narrativo, por la naturaleza del embuste profesional, una trastada maliciosa fuera de libreto. Ahora el debate habría sido otro: si la escena condena o no a quienes la tramaron con alevosía. Maria Schneider podía haberse negado, y se negó en el instante, pero la eximen de complicidad dos hechos: su oposición espontánea y la influencia que ejercieron dos monstruos del cine hasta embaucarla: “No te preocupes, es solo una película”, le dijo Brando sin darle importancia.

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La casa de la palabra

Hemos dado bandazos hasta llegar a este punto. Pero no estamos seguros de haber elegido algún camino cierto. En España ha comenzado la precampaña electoral antes del diluvio. La foto de país recuerda el poema de Ida Vitale sobre la lluvia de agosto: “Una lluvia de un día puede no acabar nunca”. ¿Por qué todo llueve sobre mojado y nada es sólido de un tiempo a esta parte?

El rey que nos visitó esta semana vive en la encrucijada de su dinastía; unos se chotean del padre en una marisquería, condenado a un oprobioso otoño sin trono del patriarca en vísperas de la fiesta de su legado, la Constitución, y otros cuestionan al hijo y la Corona como si el traje del 78, que nos pusimos en la Transición, se estuviera desgarrando en jirones. Hemos entrado en picado. Y la herida de Franco no acaba de restañar, el cadáver exquisito sigue ahí, según su embalsamador. Si no lo exhuman a toda pastilla y lo entierran cuanto antes en una fosa discreta, tenemos show para rato, con las fieras a la greña en el Congreso entre insultos y escupitajos, y la extrema derecha por primera vez tiene Vox. Este no es un país fácil, pero vive sus horas más bajas en décadas. En La Habana, Pedro Sánchez atusa el gato de angora del superdomingo de Ábalos con mimo antes de acometer un ataque en tromba. Si fuera a convocar elecciones en marzo y no en mayo -las posibilidades se reducen a esas dos- no habría aconsejado a Pablo Iglesias que no corriera tanto con sus primarias, pues quedan meses de sanchismo en la Moncloa. Pongamos que son el 26 de mayo, como los supersorteos en que el ganador se lo lleva todo. Algunos sistemas políticos como el canario -con su establishment y estirpe- verían peligrar su statu quo. Y esto recuerda al momento inestable que vivimos, donde nada perdura más de un cuarto de hora, que es lo de Warhol actualizado. Viene el tsunami que nunca experimentó la democracia española: concentrar todas las elecciones en una sola calle y distrito, como si la de Teobaldo Power y la Carrera de San Jerónimo se fundieran en el barrio de l’Orangerie, donde está el Parlamento Europeo de Estrasburgo, toda esa pirueta de la imaginación propia de un cuento proverbial de Borges.

El apocalipsis sin dioses. Yo percibo, sin acostumbrarme, este disloque general donde nada tiene valor si no hay desmesura por medio. Lo de que es un tiempo sin deidades nos da cierta explicación a tal desorden. Recuerden la cita de Flaubert: “Cuando los dioses ya no existían y Cristo no había aparecido aún, hubo un momento único, desde Cicerón hasta Marco Aurelio, en que solo estuvo el hombre”, que influyó tanto en Marguerite Yourcenar (Memorias de Adriano). Como en semejante paréntesis, estamos a la espera de acontecimientos. De tal modo que las elecciones españolas han cobrado una trascendencia inusitada para arreglar este desaguisado.

Durante decenios hablamos de progreso y ser progresista era la obvio y conveniente, y hemos entrado en una demencia de nostalgia y retroceso, y suben en las encuestas los partidos fachas y neonazis. España ha roto aguas y le nacen los monstruos cada mañana, endriagos y centauros.

Este domingo Europa consuma las reglas del divorcio del Reino Unido, no sin parabienes polémicos de España. No es una errata el brexit, sino la prueba de una contrariedad que define toda una época. Es la espoleta, habrá otros brexits, pues quien da primero da dos veces, y no hay dos sin tres. Italia ya amaga. Y a España no le ha quedado otra que instalarse en el casquivano caos catalán, a las puertas del juicio al procés, y de ahí el esputo a Borrell. Pero tales excesos forman parte de un asunto histriónico, que es la política como exabrupto y regüeldo o no sale en las redes. Los discursos y los estadistas se dejan para Azaña y Ortega, que hoy no se comerían un rosco si no se suenan los mocos con la bandera.

En el reciente centenario del Armisticio de la Primera Guerra Mundial se dijeron cosas graves que el día de mañana, cuando se recapitulen estos episodios de desasosiego, se verá que algunos dieron la voz de alarma bajo el Arco del Triunfo. Que Macron haya expresado el temor de que la foto de todos los jefes de Estado al cabo de un siglo de aquella paz pueda ser la última antes del próximo “desorden mundial”, a mí, al menos, no me deja indiferente. Se ha ido impopniendo el desmoronamiento en la vida política cotidiana. Y de ahí ha irradiado una suerte de nihilismo transversal que afecta a todas las instituciones, principios, ideologías y preceptos que considerábamos nuestros pilares fundamentales hasta antes de ayer. Viendo el aspecto desaliñado del cuerpo del mundo que ocupamos, Europa es un dinosaurio que se arrastra con muletas antes de que le caiga encima el meteorito definitivo. Y España y Canarias están ahí, son parte de esa leña del árbol que se cae por su propio peso o a hachazos. O sea que vendrán los encargados de levantarlos a los tres, empezando por ese 26 de mayo, o no lo contamos.

Esta cumbre de regiones alejadas de Europa en Las Palmas – a la que no vino Juncker por el goodbye inglés- ha sido sintomática. De lejos se ve que Europa renquea, como España y nosotros, para qué engañarnos. Si es que damos el espectáculo escondiendo al rey emérito en el cuadragésimo aniversario de la Carta Magna, este próximo 6 de diciembre, que fue el que la parió. Y ya salimos en la tele por ahí fuera dando la nota en el escaño como perros y gatos,y la presidenta del gallinero clama casi sollozando contra quienes la tildan de institutriz con guasa. Y Canarias no es ajena a esos vientos de la ciénaga. Me refiero a la injerencia en la Justicia, como si fuéramos catalanes al asedio del juez por sus presos, o el tal Cosidó que dio con Marchena en tierra. Esta página negra no ha hecho sino enlutar la legislatura. En fin, solo han sido unas pinceladas de un panorama que me disgusta. En los días que corren , y en especial en este de hoy de buenas prácticas de género, no deberían caer en saco roto las quejas de la mujer que preside el Congreso contra quienes la ridiculizan y ofenden. Recuerden, dijo, que el Parlamento es la casa de la palabra. Empecemos por ahí.

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El salpicón electoral y el maretazo de Garachico

Este 20-N nos trae a la memoria -histórica, por supuesto- el recuerdo bituminoso de Franco, y Sánchez no ha tenido mejor ocurrencia que mandar al mensajero Ábalos a anunciar elecciones generales para el 26 de mayo. Entre el 20-N y el 26-M, en tan solo seis meses, se juega el partido de esta microlegislatura, pues antes de medio año debería ser exhumado Franco del Valle de los Caídos para que Sánchez cumpliera su palabra. Y el Vaticano se las entienda con la Almudena, tras aquella audiencia de Carmen Calvo con el secretario de Estado del papa y el desmentido inaudito de Pietro Parolin. El caso es que Franco se metió en la agenda -agendar a Franco dicen los cursis de ahora- y no ha habido manera de sacarlo del guion, como tampoco de la tumba por ahora. Y no sé si le dará tiempo a Sánchez, santo pagano, de desenterrar a Franco, que no es santo de milagro, cuando hasta Pío XII, el del silencio cómplice con los nazis, va camino de serlo si le consiguen atribuir uno con su intercesión.

El 26-M se convirtió ayer en una pesadilla, más allá de la resurrección del fantasma del dictador, para los partidos nacionalistas, toda vez que el ministro y secretario de Organización del PSOE deslizó -al modo de los globos sondas de toda la vida- la hipótesis de reunir todas las elecciones en un superdomingo: el 26 de mayo. Ábalos agita el patio con un totum revolutum de ese calibre, consciente de tocarle los telenguendengues a las pequeñas formaciones nacionalistas y, de paso, a la derecha, que está dividida como nunca en centro-derecha y extrema derecha, de Ciudadanos a Vox pasando por el PP. El mismo día comentaba en estas páginas Pedro Quevedo (NC) que a ningún líder nacional de la oposición le interesaban elecciones anticipadas, aunque las invocaran a grito pelado, dado que las encuestas no les sonríen y les conviene ganar tiempo a ver si Sánchez se desgasta entre la exhumación de Franco y la inhumación de los Presupuestos pactados con Podemos. Si las andaluzas no apean a Susana Díaz -ayer subía en el tracking de EL ESPAÑOL-DIARIO DE AVISOS -, Sánchez se echa al monte y llena la urna de papeletas el 26 de mayo. Canarias se va a hartar de votar: al Congreso, al Senado, al Parlamento europeo, al Parlamento autonómico, a los ayuntamientos y a los cabildos. Y si la circunscripción regional cobra carta de naturaleza por separado, tendríamos siete sufragios ese superdomingo, que barrunta una auténtica conmoción.

Si el oráculo Ábalos está en lo cierto -es la mano derecha de Sánchez, y la izquierda y la mano oculta que mece la cuna de estas cosas que se cocinan en la polítca a oscuras-, en partidos como Coalición Canaria (el PNV también teme por sus ayuntamientos) les sienta a cuerno quemado un salpicón electoral como ese. Porque los candidatos serían los nacionales, el Pedro Sánchez, el Casado, el Rivera y el Iglesias, y los cartelitos locales perderían protagonismo. No ha pasado nunca y se desconoce el efecto de un tsunami así. Puede suceder cualquier cosa, pero en CC son conservadores y no les apetece un garachico. Vistas las fotos del maretazo en el DIARIO -ayer estaban las calles que daban pena tras el revolcón de las olas-, Clavijo, que tiene, Estatuto en mano, lo malo y lo bueno -el desafuero y el adelanto electoral-, se lo piensa.

¿Adelantar las canarias si vienen las generales en tromba? Por ahora dice que no. Cuando los políticos niegan es que ya salió el motorista.

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Rambo en Tenerife, y no es coña

La estampa de Rambo en Santa Cruz es una de esas imágenes inauditas, te frotas los ojos y sigue ahí, como fue la de Michael Jackson hace veinticinco años entrando por el aeropuerto como un holograma del artista original o un estado de hipnosis colectiva. Stallone deambuló el primer día entre operarios y fans que le aclamaban en las ventanas y balcones de Los Gladiolos como si fuera un doble, un sosias de Carnaval, como Soria fingiéndose Elvis o Pedro Gómez Cuenca disfrazado de Charlot. El pueblo llano se identifica con este género badulaque de mitos barriales, expeditivos e inmortales, cuando Stallone pasó por la universidad, se acreditó en arte dramático, escribe sus propios guiones y ha estado a las puertas del Óscar, si bien el imaginario colectivo lo aprecia por rudo y descamisado y de ahí en otra época se iba directo a la Casa Blanca. Sylvester Stallone es un personaje que vive en el celuloide transmutado en Rocky o Rambo, según se tercie, y no se plantea ninguna incompatibilidad, pues son dos versiones de un actor que se inventó un cliché y un sustancioso caché y ahora triunfa también haciendo misiones corales de vengadores justicieros, que es lo que vende. Salvo un bache en el camino, la carrera le ha sido provechosa, otra cosa es ser Redford o Brando, pero se ha hecho una leyenda siendo el mocho o el macho de la fregona. Y hemos envejecido viéndolo envejecer a nuestro lado en la gran pantalla, fiel al molde de cartón piedra en nada menos que cuarenta años de metraje. A estas alturas, claro que este Rambo nos resulta familiar como un héroe guionizado que se ha metido en casa, un primo de Zumosol al que le han nacido imitadores en medio mundo -aquí también, no solo en Carnavales-, porque todos necesitamos un Rambo en nuestra vida como se está poniendo el patio y Trump.

Yo recuerdo la primera vez que entré en el cine en los 70 a ver a este hombre debutando en el papel de Rocky Balboa, de cuando las productoras lo rechazaban como actor pero se peleaban por el guión y los mandó a hacer puñetas hasta que tuvieron que tragárselo y fue una mina. Boxeador épico de clase baja o lobo solitario del Vietnam, nos ha comido el coco en todos estos años entrometiéndose en las Termópilas de todos los fregados que se le pusieron a tiro con pinta de juguete vigorizado de lego. Conserva los músculos mejor que Schwarzenegger y podría seguir en el papel cuando la mayoría de sus primeros seguidores ya hayan muerto. Por eso ver al pendenciero justo de carne y hueso trastoca la lógica del espectador, que no sabe si está viendo o haciendo la película. En la calle de La Noria, Stallone se dejó ver ayer como uno más, pero el efecto era el mismo. Parece de pega, cuesta creérselo, aunque estemos curados de turistas famosos, Rambo es otra cosa, es como ver en persona a un Hollywood antropomorfo en medio de Santa Cruz. Ahora quedan pocos de su generación en pie en el Olimpo de las estrellas. Cuando venga Tom Cruise pasará lo mismo; son visitantes de otra pasta, a los que hemos visto tanto que no los podemos reconocer tan de cerca, porque nos parecían reales en la pantalla y, en cambio, en su presencia no damos crédito. Hace un millón de años, aquella cinta que vino a rodar Raquel Welch al Teide, cuando cogió una amigdalitis en bikini de pieles, produjo semejante impacto, y fue en la prehistoria de los años 60 de una industria que asomaba la cabeza por estas islas de San Juan a Corpus, con hitos como el de Moby Dick, que el gran John Huston concibió como una obra de artesanía con ayuda de los carpinteros de la Isleta. Sylvester Stallone, hoy, como entonces Gregory Peck revoluciona el pequeño hábitat de un barrio y de una isla con su sola planta de estrella de la meca del cine, que es una de las credenciales de rango universal que gozan de mayor trascendencia pública. Los actores y actrices que triunfan en la fábrica de los sueños son objeto de una veneración pagana que todos ejercemos con una reminiscencia infantil que nos conserva niños con la impronta intacta. Stallone ha sido el mito del boxeo del celuloide, un deporte que se cuece en la pantalla como si fuera el duelo perfecto de la existencia humana, donde el combate dilucida todas las cosas en grado sumo, la superación, la supervivencia, el trono del poder y el fracaso, incluso la muerte. En cada Rocky de Stallone estaban todos los sentimientos juntos naufragando o sobreponiéndose al modo que narraba Norman Mailer. De esa saga siguen saliendo secuelas, y ahora mismo se anuncia una nueva edición con su creador en activo paseando por las calles de Tenerife, lo cual resulta también insólito. Entrarás en la sala, y al lado estará Stallone viendo su Rocky en Santa Cruz. A saber.

Así que Rambo está aquí, con el personaje que desternillaba a los críticos cultos de los años 80 y 90, que tardaron en rendirse a la fuerza del héroe de ficción que encarnaba una fábula de ídolo de masas parecida a los superhéroes de Stan Lee, padre de Spider-Man, recientemente fallecido. O sea que Rambo duerme y se despierta en Tenerife, y seguramente le gustará esto y volverá, y nos haremos amigos del mito, como en Las Palmas en los años 50 pensaron de Gregory Peck y le hicieron una ballena de más de 60 metros como en la novela de Hermann Melville. El rodaje de la epopeya del capitán Ahab conmocionó a la ciudad, y sus habitantes se desvivieron por consagrar un momento estelar inolvidable en la discreta existencia provinciana de la insípida vida insular de entonces. Ese shock de vecinos y extras y ballena y balleneros de carpintería de ribera lo narra el propio John Houston en sus memorias A libro abierto. Ahora, las Islas y sus incentivos fiscales engendran una suerte de Canarywood. Esta irrupción de Rambo, que tiene 72 años y enmascara la edad como si todo sucediera bajo una superchería de cinerama, nos crea, por tanto, un estado de incertidumbre. En el bloque cuatro de Los Gladiolos los vecinos esperaban a que rodaran para poder bajar por la escalera, y esto ha sucedido en la realidad mientras el mito traía su fama y su leyenda a nuestras vidas para sacarnos del caso Grúas que es la película cutre del año en el Torrente de nuestra arcadia real. Y el asunto ha generado memes y vídeos de humor casero, y han salido a la palestra los atascos y las réplicas de Rambo, y en parte ha sido un encuentro entre la quedada local y el ídolo que no salió del cómic sino de las tripas del séptimo arte y al cabo de los años nos ha metido a todos en un fotograma, a su imagen y semejanza.

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El engranaje invisible

Cuando más de 80 líderes mundiales se reúnen , como este domingo,y posan juntos bajo el Arco del Triunfo de París y el anfitrión expresa sus dudas sobre cuánto tiempo resta de paz, uno tiene motivos para tentarse la ropa. ¿Entonces, que está sucediendo entre las bambalinas oficiales, detrás de toda esta rutina de apariencias, bajo la que permanecemos confiados como si nada fuera a pasar, a pasarnos, hasta ese punto? ¿Una guerra? ¿Mundial? ¿Entonces, hay razones de verdad para estar preocupados, como decía el Papa? ¿Las bravatas de las potencias, del trumphitleriano, su arrancada de abandonar el tratado de armas nucleares de rango medio firmado con Rusia en 1987 y de reforzar el arsenal atómico de su país, no son payasadas, entonces, de un idiota en Locolandia, como se cuenta en el libro de Bob Woodward? ¿Y el rearme de Putin, y los más de 200 conflictos del año pasado, y las guerras de Siria y Yemen, con lo del gas sarín y las bombas de Arabia Saudí son indicios? ¿Y el descuartizamiento del periodista Khashoggi en el consulado turco de Riad? ¿Y los ensayos con misiles en Corea del Norte? ¿Y los nuevos dictadores-democráticos -ese nuevo oxímoron- en Italia, Polonia y otros estados de la misma catadura? ¿De manera que están dadas las condiciones para ciertos signos que no barruntan nada bueno? La frase de Macron, el orador anfitrión, es tremenda, ante la pléyade de jefes de Estado -entre ellos, Trump, Putin, Merkel…-, bajo el Arco del Triunfo, este domingo, en el centenario del Armisticio de la I Guerra Mundial, cuando se preguntó en voz alta si esa imagen de todos juntos celebrando la paz “será la foto de un último momento de unidad antes de un nuevo desorden mundial”. No estamos en la intimidad de esa frase, en la información privilegiada de esas ochenta y tantas cabezas que rigen los destinos del mundo; desconocemos el quid de la cuestión en este instante exacto de la Historia, pero no hay que ser muy listo para suponer que algo se está cociendo debajo de esa frase lapidaria del presidente de Francia.

La tríada de estadistas buenos -dos hombres y una mujer- estaba representada por el propio Emmanuel Macron, el augur de esta alerta; Angela Merkel, la canciller que se ha metamorfoseado en una de los nuestros, y António Guterres, el presidente de la ONU. “Muchos dan hoy la paz por hecha, pero no es así”, clamó Merkel y reclamó ante los aliados seguir luchando por la paz mundial evitando confrontaciones, gestionando flujos migratorios, eludiendo guerras comerciales y aplicando la solidaridad. Al papa Francisco, que también es jefe de Estado, le han salido tres papas seglares con su discurso.

La paz está seriamente amenazada, al parecer (a la Nobel Aung San Suu Kyi le retiraron el premio de Derechos Humanos del Museo del Holocausto de EE.UU. por su silencio cómplice con el genocidio de los rohingya). París ha sido sede de un foro global para este fin, del que se ausentó el peleón de la Casa Blanca. La paz es una batalla de todos los días, arremetió Merkel, que en otra foto célebre le canta de pie las cuarenta a Trump, adujado en la silla como un niño ruin.

Macron, Merkel y Guterres glosan un mundo multilateral frente al Le Pen yanqui. Hoy no habría sido posible la Declaración Universal de los Derechos Humanos y se ha puesto en marcha -como avisa Guterres- un “engranaje invisible” similar al que desembocó en las dos guerras mundiales. Uno prefiere replegarse en el islote y contar hasta cien. Cien años después. Y que salga el sol por Antequera.

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Las palabras que lo dicen todo

Este no es un caso de discrepancia ideológica o de partidarios y detractores. La historia del niño Ricardo en Tenerife, que llevábamos ayer a la portada de DIARIO DE AVISOS, es el grito desesperado de una madre impelida por la necesidad de recabar auxilio hasta el límite de sus fuerzas y de la propia vida de su vástago, enfermo de una afección terrible y degenerativa, cuyo extraño nombre, fibrosis quística, lo aleja del conocimiento general. Pero el caso nos toca de cerca a todos los canarios y nos incita a documentarnos sobre los síntomas e imponderables que estigmatizan a un segmento de la población afectada. No existe conciencia social respecto a todas las enfermedades, tampoco respecto a esta. Nos conmueven, a menudo, problemas menores. Y, lo que es peor, no existe en la política regional -ni en la nacional- la debida sensibilidad hacia los enfermos de fibrosis quística. Concedamos unos minutos a este caso.

“Mi hijo nos dijo que para vivir así, con este dolor y en un hospital, prefería morirse”. Las duras palabras de Ángeles Aguilar, la madre coraje de esta causa, reproduciendo en nuestra edición de ayer el sentimiento de su hijo, Ricardo (que pedía, con su autorización, a la Consejería de Sanidad que le salvara la vida), suponen un aldabonazo en la conciencia de lo que podemos llamar, en términos humanos y políticos, la autonomía. ¿Para qué sirve el poder si no sirve para salvar vidas? Ricardo teme que mañana mismo, lunes, cuando los médicos le hagan nuevas pruebas, determinen su ingreso hospitalario. Es la rutina de los niños con fibrosis quística que no tienen acceso al único medicamento en el mercado contra su mal, cuyo nombre es Orkambi y cuyo precio lo hace inasequible. “El consejero de Sanidad se lava las manos, dice que el Ministerio lo debe costear”, sentencia Ángeles, que cuenta con el apoyo del Diputado del Común y está dispuesta a acudir a la Fiscalía. Estos niños tienen derecho a otras condiciones de vida, pues no sabemos cuánto pueden vivir, pero sí que pueden vivir mejor, y que la medicina dispone de remedios para ellos, aunque sean costosos. Para eso existen los gobiernos. Y si no existen para eso, no tienen razón de ser. La pasividad de la política en cuestiones de salud indigna. Conviene leer y conocer cómo sobrellevan la enfermedad estas criaturas que parten el alma, sometidas a tratamientos intravenosos y sondas nasogástricas para alimentarse. Los pequeños valientes que enfrentan la daga de la fibrosis quística están plenamente persuadidos de su escaso margen de maniobra.

En Europa es la enfermedad genética grave más común. Afecta a los pulmones y al aparato digestivo, causa severas insuficiencias respiratoria y pancreática, y diabetes. Niños que se cansan al caminar y se detienen, desisten de jugar con sus amigos y se refugian en su isla introvertida defendiendo como titanes su último eslabón de supervivencia. La medicina ha obrado milagros para ayudarles a respirar y sobrevivir. El Orkambi frena las recaídas y los ingresos hospitalarios por las continuas infecciones, y permite a los pequeños pacientes alcanzar el percentil normal de su edad. Cuesta caro, sí, es un tratamiento prohibitivo, pero no está prohibido, goza de los parabienes de las agencias europea y española del medicamento desde 2015 y 2016. Los laboratorios que lo fabrican ya poseen nuevos fármacos, como Symdeko, en una clara progresión de la lucha contra la enfermedad. La fibrosis quística puede convertirse en crónica y llevadera. Cuando los pacientes ya son veinteañeros suelen necesitar un trasplante bipulmonar y, los más afortunados, logran doblar esa edad. Es letal. Pero podría serlo menos, e incluso dejar de serlo un día en términos de longevidad, fruto de la ciencia. El quid de las movilizaciones de los padres de estos niños no es otro que conseguir que el sistema sanitario público cubra los gastos y dé una segunda oportunidad a su hijos. El Orkambi supone un desembolso de unos 125.000 euros al año, y el Gobierno y la multinacional farmacéutica no han llegado a un acuerdo para abaratar y financiar el tratamiento a la población. Es la burocracia política, mientras los afectados malviven y mueren. Las familias sueñan con el efecto Sánchez, el del Aquarius y los impuestos hipotecarios. La medicación disponible mejora la función respiratoria hasta el 90% y los niños recobran la felicidad de vivir hasta que Dios quiera.

Los casos más graves -como el de Ricardo- apenas son una treintena en Canarias (y unos pocos centenares en toda España). La lucha de la madre del niño de nuestra portada nos recuerda creer en las causas que dan sentido a la política. El Parlamento canario instó en vano al Gobierno autónomo a asumir el problema como ya hacen algunas comunidades (y numerosos países de Europa), sin dilatar el calvario de los niños con fibrosis quística en las Islas.

Cuesta aceptar los pretextos de la Consejeria para mirar hacia otro lado. ¿Para qué presupuestos históricos si luego vienen con estas? Salvar primero a los niños y después pelearse con Madrid. La autonomía estrenó el martes nuevo Estatuto, pero apela a papá Estado. ¡Es la vida de los niños la que da sentido a la autonomía! Disponer de instrumentos fuertes de autogobierno ¿para qué, si no, entonces? ¿Para seguir con las tutelas de antaño? Cuesta creerlo además de aceptarlo. La burocracia agrava el daño, duele ese desentenderse hasta que provea Madrid. No es digno ni decente. En ocasiones, por este motivo, ciudadanos de aquí llamaron a las puertas de la Moncloa y la Zarzuela, y entre ese afecto y desafecto, evidenciaban una anomalía como un castillo: una monumental falta de sensibilidad de su propio Gobierno. Ahora, también. A base de no reconocerse competente en esto o aquello, se acaba siendo incompetente en todo. La autonomía no puede reducirse a una mera ventanilla funcionarial. Por eso Ángeles Aguilar recurre ahora al Congreso en Madrid. Al Gobierno canario siempre compete auxiliar a los suyos. Es lo primero que le compete. En los umbrales de la autonomía, en los años 80 ya lo tenían claro, cuando un avión de Líneas Aéreas Canarias voló hasta Sevilla, por orden de la consejera Loly Palliser, y rescató a los paisanos bloqueados en Navidades por una huelga de aeropuertos. Y estas cosas son las que dan sentido a un Estatuto y a una Constitución que cumple 40 años y mañana celebraremos en nuestro Parlamento.

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Entrevista inédita al Premio Nobel ‘lanzaroteño’ José Saramago: “Lanzarote no es mi tierra, pero ya es tierra mía”

En 1995, José Saramago nos abrió la puerta de su casa en Tías (Lanzarote), para hablar de su nueva novela, Ensayo sobre la ceguera, y de su personalidad mediáticamente ya atractiva, antes de que le concedieran el Nobel tres años después. Esta entrevista permanecía inédita y sale hoy a la luz en DIARIO DE AVISOS al cumplirse 20 años del premio literario más importante, que fue concedido al escritor portugués, sin duda, alentado por la aparición de aquella novela culminante del autor.

-¿Tiene la impresión de que esta es su novela cumbre, como ya sugiere parte de la crítica?
“Pues mire, la novela está ahí y ha sido bien acogida, es cierto, por la crítica y el público en Portugal, Argentina, Italia…, y qué es lo que yo puedo decir si la llaman obra cumbre, pues ellos lo sabrán. Si están diciendo que es mi mejor novela, pues no lo sé, el autor no puede y no debe opinar mucho de su obra, lo único que puede decir es que está contento con lo que ha hecho y si ha cumplido la intención que tenía, y en ese sentido, sí, es decir la novela pienso que está diciendo lo que yo quería decir”.

-Esta es una novela que se llama ensayo. ¿Qué es, en realidad?
“Es una novela. Se llama ensayo por una casualidad. Lo que pasa conmigo es que lo primero que se me presenta es el título, un título que lleva dentro ya la idea. Y lo que ocurrió es que se me presentó el título tal cual es, Ensayo sobre la ceguera. Pero si me pregunta si creo que esto es un ensayo, yo diría, claro, que no. No es un ensayo, es una novela, pero la idea se me presento así y yo tenía la obligación de aceptarla. Ha pasado como en mi novela anterior, El evangelio según Jesucristo, que no es un evangelio según Jesucristo, no es Jesucristo quien narra su propia vida, pero nació con ese título y yo lo conservé”.

-Y, una vez leída, uno descubre que tampoco trata sobre la ceguera.
“Claro, con independencia de la anécdota sobre el título, de lo que es mi creación literaria, lo que sí estaba muy claro desde que la idea se me presentó es que no me quería referir a la ceguera de los ciegos. Yo quería hablar de todos nosotros desde un punto de vista mío, pesimista, según el cual nos comportamos de una forma que no tiene nada que ver con la racionalidad, es decir yo sigo diciendo que es cierto que nosotros nos decimos que somos seres racionales, pero no nos comportamos según lo que llamamos la razón. Pienso que mejor se comportan los animales que se gobiernan por el instinto, y que el instinto sirve mejor a los animales que la razón a los hombres en el sentido de que el instinto es conservador, mientras que la razón a lo largo de nuestra historia muchísimas veces, desgraciadamente, ha sido destructora. Si vemos el espectáculo del mundo ahora mismo y nos preguntamos si es de seres racionales la vida que estamos haciendo, comprobamos que no. Algunos viven bien, pero a costa de la desgracia y la miseria de millones y millones de humanos, también racionales como ellos, que son víctimas del abuso y del mal uso de la razón de unos contra otros. Creo que en la novela he hecho un discurso un poco largo, pero necesario”.

-¿Si el hombre sufre ese tipo de ceguera, no a causa de una enfermedad, sino por voluntad propia, entonces se ha vuelto loco?
“Yo tengo una teoría. Que el hombre se volvió loco cuando descubrió que era inteligente y no soportó la inteligencia. Son formas de decir que es mucho más serio que estas pequeñas metáforas. Es la incapacidad que yo tengo de entender a una especie como esta, que es capaz de todo, en el sentido bueno y positivo, pero que parece que está más preocupada, por ejemplo, en llegar a la luna, algo, sin duda, estupendo, que en llegar al otro, y cuando hablo del otro es del diferente, el que no tiene nuestra raza, nuestra religión, nuestro color, nuestra cultura, es decir, el hombre no es capaz de sentir respeto por el otro. ¿Cómo es que podemos llegar a todo y no podemos llegar al otro y reconocerlo? No es un asunto de tolerancia, porque la tolerancia es casi tan mala como la intolerancia, porque lo contrario de la intolerancia no es la tolerancia. La tolerancia no es más que aceptar provisionalmente al otro; por ejemplo, lo que pasa con los inmigrantes, mientras sean necesarios, encantados, pero cuando cae la economía de un país y no son necesarios, entonces se presenta el problema y la solución es todos fuera. Personas que antes eran tolerantes, que toleraban a los inmigrantes, se vuelven intolerantes cuando las circunstancias económicas, sociales y políticas cambian. No es la tolerancia la que es necesaria, sino el reconocer al otro y respetarlo en su diferencia. A pesar de tantas religiones, filosofías, derechos y tanta ley todavía no hemos llegado a la perfección que sería no hacer al otro lo que no queremos que nos hagan a nosotros mismos. Esa es la verdadera ideología, que se se condensa en una idea tan sencilla como esta. No se necesitarían códigos ni leyes si tuviésemos claro algo tan simple”.

-¿A qué aspira como escritor?
“Lo más difícil, la utopía es imaginar que una mañana todo el mundo se despierte diciendo, “hoy no haré daño a nadie”. Al decir esto, usted puede pensar que yo soy tonto, porque toda la historia de la humanidad está delante de nosotros diciéndonos que esto no ocurrió y no ocurrirá nunca. Pero lo que sí tenemos que hacer es no aceptar la situación como si fuera irremediable y no existiera ninguna solución. Es cierto que cada uno de nosotros individualmente no puede cambiar nada, pero si convenimos que es necesario cambiar, si lo pensamos, entonces, el hecho de haberlo pensado muchos, nos coloca en la mejor predisposición. Pero no tengo ninguna ilusión. El mundo está en manos de una minoría y no son los gobiernos los que van a mandar, esas son tonterías. Que no vengan con las virtudes de la democracia, que tiene muchas, incluso puede tenerlas todas”.

-¿Cuál es el verdadero poder del mundo, entonces?
“El verdadero poder es el financiero y nosotros nos cansamos de hablar de democracia y no nos damos cuenta de que el que gobierna no es democrático. No vale la pena hablar de democracia como solemos hacerlo; lo que yo quiero decir es que una democracia funciona como fachada de una realidad distinta que no es democrática. Suele pasar y ha pasado siempre, ahora muchísimo más con la globalización económica del mundo. Es verdad que el dinero no tenía color, pues ahora no tiene ni raza, ni nacionalidad. El dinero es su propia raza y hay una nación, un país, una entidad que se llama dinero y no es, en absoluto, democrática. Si queremos dar un contenido a la democracia, lo primero es garantizar la participación ciudadana sistemática, continua y cotidiana en todo. Entonces la democracia empezará a tener un sentido, pero mientras el poder real esté en manos de un grupo minoritario de señores que pueden hacer tambalear una economía, un país… Hoy los gobiernos no son sino comisarios de ese poder. No es el señor Kohl (la entrevista se celebró en 1995, cuando Helmut Kohl era el canciller alemán) el que manda en Europa, lo parece pero no, son los funcionarios quienes mandan ahora en Europa, son las multinacionales que quieren hacer de Europa un supermercado y los gobiernos están allí para cumplir y nada más, da igual que sea de centro, derecha o izquierda. Esta ideología puede influir al menos estéticamente, pero no vale la pena que nos engañemos a nosotros mismos, hay que enfrentarse con la verdad, porque es la única forma de cambiarla”.

-No estamos en Portugal, sino en Lanzarote. ¿Cómo llega usted a la Isla?
“Yo llegué aquí por una casualidad, porque mi mujer tenía una hermana que vive aquí hace 14-15 años y vinimos invitados por ella y su marido. Yo pensaba que venía a Lanzarote de vacaciones, pero a raíz de la publicación de El Evangelio según Jesucristo, en una intervención disparatada, por no decir estúpida, del Gobierno de mi país, prohibiendo que la novela fuera presentada a un premio literario europeo, eso me dejó francamente muy triste e infeliz. Porque mientras vivimos bajo una dictadura eso se preveía, pero que en democracia alguien se permitiera prohibir que un libro participara en ese premio… Fue entonces que yo andaba buscando una casa cerca Lisboa para estar más tranquilo, y todo esto acabó por convertirse en la idea de mudarnos a Lanzarote, inicialmente para quedarnos un tiempo aquí y otro en Lisboa, pero después muy rápidamente mi mujer y yo nos dimos cuenta de que estábamos perfectamente aquí y además muy cerca de Lisboa. Es que es más rápido llegar a Lisboa desde Lanzarote que desde algún pueblo del norte de Portugal.”

-¿Y cómo se siente viviendo en una isla tras hacerlo en el continente?
“Es una cosa extrañísima, es como si hubiéramos hablado de premoniciones. Yo he escrito una novela que se llama La balsa de piedra y que es sobre la idea de una isla que flota en el océano hasta el Atlántico Sur. Esto lo publiqué en el 86 y cinco o seis años después estoy en una isla. Isla que me han dicho, aunque todavía no oficialmente, que me ha hecho su hijo adoptivo, lo que me ha emocionado muchísimo. Esta no es mi tierra, pero ya es tierra mía”.

-¿Ya conoce los vínculos históricos entre Lanzarote y Portugal?
“He leído que durante dos años, en el siglo XV, fue portuguesa. Bueno, es una forma no de recuperar la isla para Portugal, pero sí de hacer visible Portugal aquí.”

-¿Qué le dicen en Portugal de que usted esté en Lanzarote?
“En un principio, no ha gustado mucho el cambio y sigue sin gustar, y yo puedo entenderlo, es cierto que no ha cambiado nada la relación con mi país. Hace un año estuve allí para presentar la novela, pero hay como una espina que tienen y me dicen, pero tú no tenías que irte a vivir a Lanzarote. Y aunque yo diga que no pasa nada, es como cambiar de casa.”

-Más de uno le ha transferido la competencia de dar continuidad al legado de César Manrique.
“Lo que César Manrique ha hecho por Lanzarote es algo que quizá todavía incluso los lanzarotenos no tengan una percepción completa, porque no sólo ha hecho lo de Timanfaya, el Mirador del Río, los Jameos… Ha hecho más, ha implantado aquí un espíritu. Y me parece una exageración decir que yo continúo a César. Para nada, de ninguna forma. Quienes tienen que continuar y preservar lo que César Manrique ha hecho son todos los lanzaroteños. Eso sí yo soy, un lanzaroteño adoptivo, y estaré al lado de todos los habitantes de la isla en esa tarea no como el continuador de César Manrique”.

-Vino a verle el presidente de Portugal, Mario Soares, quizá a enmendar aquel error.
“Estuvo aquí, vino a vernos a mi mujer y a mi. Vienen amigos y conocidos y a veces desconocidos. No es la primera vez que me llaman a la puerta gente que no conozco, sobre todo portugueses, que vienen y algunos no saben siquiera cuál es la dirección y preguntan a la policía o en el Ayuntamiento dónde vivo. Conozco a extranjeros, pintores alemanes, etc., que están por aquí, gente que ha elegido esta isla para vivir y trabajar, pero parece que en mi caso tengo una relación más íntima con la gente porque no nos aislamos, la relación es distinta, y eso creo que es lo que ha llevado el Cabildo a pensar, a este señor hay que hacer hijo adoptivo”.

-También están los antecedentes, los portuguesismos, los viejos lazos históricos…
“A mí lo que me encantaría es que gente de Portugal, universitarios que realizan estudios históricos, empezaran a conocer más a Canarias, como una práctica normal, es decir, que vinieran a profundizar en la relación, no sólo la histórica, sino la que puede crearse ahora mismo entre Portugal y este archipiélago. Claro que está Madeira al lado que ha tenido una relación mucho mas estrecha con Canarias. Pero tenemos que acercarnos más en todo lo que tiene que ver con la agricultura, el léxico…, palabras portuguesas algunas ya deformadas y transformadas. Y hay que hacer el viaje en sentido contrario, de Canarias a Portugal, como ahora mismo el pintor Pepe Dámaso, que ha hecho una exposición sobre Pessoa en Lisboa. Tenemos que crear más lazos, porque hay razones de todo tipo, comenzando por las históricas, para que ese acercamiento se consolide.”

-En Lanzarote estuvo recientemente la escritora norteamericana Susan Sontag y habló de los volcanes. Lógicamente el mundo de los volcanes le apasiona, ha escrito sobre ellos, es una fan de los volcanes. ¿Cuál es su experiencia con la naturaleza de la isla?
“Ella tiene una novela interesantísima que se llama El amante del volcán, y cuando llego aquí y visitó Timanfaya dijo: “Si yo hubiera conocido esto antes, mi novela sería diferente”, porque es verdad que aquí uno se da cuenta de lo que es un volcán. En casos como el Vesubio o el Etna, que son montañas enormes, ocurre un poco como con el Teide. Pero aquí la percepción es más directa, más impactante. Timanfaya tiene una fuerza excepcional. El presidente de la República nuestra se quedó asombrado y amigos míos que vienen aquí y los llevo a Timanfaya se quedan asombrados. A mí siempre me han gustado las piedras. A veces digo, para hacerlo de una forma gráfica y directa, que entre una piedra que está cerca y el horizonte que está allá yo me quedo con la piedra. Aquí están las piedras, las cenizas, la lava, lo que queda de una eclosión geológica impresionante como esta, una relación que quizá yo estaba esperando en toda mi vida; es decir, un lugar, la tierra quemada, como si fuera el principio del mundo o el final de estos dos extremos. Esto, a lo mejor, es lo que siempre he querido tener para mí y nada me gusta más que andar por ahí, por esos volcanes, sentado con el viento que resopla como loco y subiendo las montañas. La montaña blanca que está allí detrás (señala por la ventana hacia el exterior) ya la subí, tiene 650 metros, pero, bueno, hay que subirla, llegar arriba, y tener esa sensación extraordinaria de mirar a un lado y a otro de la isla, el mar a un lado y el valle de la Geria, y todo eso y los pueblecitos son una cosa impresionante, mucho mejor que visto desde el avión, donde la mirada lo aplasta todo, es una mirada plana, y desde la montaña es otra cosa.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

En el nombre del BOE

La edición de hoy del BOE ha despertado una expectación inusitada en las Islas. No se debe -o no solo- al hecho histórico que representa la promulgación oficial del nuevo Estatuto de Autonomía de Canarias, que cuando nos ponemos cursis y magníficos, denominamos Carta Magna. No, el interés mediático, político y de los círculos cotillas se debe al culebrón del aforamiento del presidente. En Canarias hemos asistido a un duelo de poderes inédito en tres décadas y media de autonomía. Una mañana inopinada, determinados medios de comunicación enarbolaron en primera titulares sobre el agravio de la Justicia a Clavijo al demorarse en el tiempo el informe del fiscal sobre si lo imputa o no por el caso Grúas. Diversas asociaciones de fiscales y jueces -entre ellas, las mayoritarias- reaccionaron ayer como basiliscos, con la razón de la ofensa infligida. Se indignan por la intromisión del poder ejecutivo, al urgir un trámite del procedimiento -la Justicia, de por sí, es lenta- y hacerlo con evidente intención de presionar a la Fiscalía en vísperas de que el BOE sancione el Estatuto y los aforamientos pasen a mejor vida. No ha estado fino el Gobierno, ni prudente en las formas; algunos voceros, con ánimo de secundar la temeraria campaña institucional, se excedieron en la parafernalia y el resultado ha sido ese: el comunicado del cabreo previsible de jueces y fiscales. ¿En qué cabeza cabe que, a estas alturas del partido, con el Poder Judicial de este país en estado de máxima alerta por las posibles injerencias gubernamentales en la instrucción del procés, tuviera un pase semejante ofensiva en el cantón insular? El caso Grúas tenía las horas contadas en el ámbito del Tribunal Superior de Justicia de Canarias, que actuaba de parada y fonda en tanto el rey mandaba el Estatuto al BOE y el aforamiento del presidente decaía en el acto. La polémica tenía el destino de un globo en plena suspensión alcanzado por el pico del ave del BOE y desinflado como un bostezo. Ahora, comienza la resaca de ese culebroncillo local, pues las heridas quedan abiertas, jueces y fiscales tienen motivos para ir a la huelga el día 19 con la consigna de exigir medios y salarios para trabajar en condiciones, y esto que ha sucedido inter nos va a dejar el recuerdo de una pataleta.

Ahora, vayamos a lo mollar de esta edición bestseller del BOE. Lo verdaderamente trascendental es que, tras más de veinte años, esta tierra, por fin, se dota de un estatuto de primer nivel. O de Primera División, para entendernos mejor, dado que el fútbol ya es un lenguaje en sí mismo universal. Un Estatuto que autoriza al presidente a disolver la Cámara y convocar elecciones anticipadas como corresponde a una autonomía con mayoría de edad; que amplifica el hemiciclo e introduce la circunscripción regional, como un salto en el tiempo que consolida la cohesión de estas islas como pueblo, a la manera de una autopista para recorrer el Archipiélago como una tierra única, y que, amén de las numerosas novedades, introduce el mar en la geografía política del canario, que es tanto como describir el mapa auténtico de una realidad sólida y líquida que permanecía tergiversada, como cuando Jerónimo Saavedra, siendo ministro, nos bajó de aquel recuadro junto a las Islas Baleares y nos devolvió al Atlántico medio. Hoy, por tanto, es un día grande por todo esto, al margen de niñadas políticas.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?
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