Carmelo Rivero - El blog de Carmelo Rivero

La violenta estadística

En el ranking de la vergüenza Canarias suele copar los puestos de cabeza, a sabiendas de que en las cuestiones más nobles en ocasiones ocupa los vagones de cola. No es una maldición bíblica, no va en el ADN de las islas por aquello del aislamiento y la marginación. Es una consecuencia de errores concatenados, de mala gestión pública y de negligencia de la autoridad correspondiente. Valga el dato fehaciente de que en vísperas de la gran crisis teníamos el 9 por ciento de paro, y no este 21 por ciento que desborda toda esperanza de poner freno al riesgo de exclusión.

¿Por qué hablamos hoy de las estadísticas del bochorno? Somos con deshonra líderes en violencia machista, como señalábamos ayer en portada. Y el mismo día que todos nos conjuramos para expandir la consigna del ¡basta ya! contra la violencia de género reaparece el demonio en una vivienda de San Isidro, y Granadilla recorre toda España con el presunto asesinato machista que añade demérito al combate de esta lacra en una tierra que se avergüenza de prodigarse en crímenes y denuncias de esta naturaleza.

En la muerte se naufraga a menudo indagando las causas últimas. Es el caso de los dos indigentes (que comienzan a llamarse sin hogar, porque el lenguaje también tiene culpas) que han perdido la vida en las calles de Santa Cruz esta semana en un margen de 24 horas. La ciudad tiene un centenar de vagabundos y personas sin techo que buscan refugio en barrancos, asentamientos improvisados, zaguanes y cajeros de bancos. Viven en la calle y mueren en la calle, y la sociedad asiste impotente a un fenómeno agravado por las circunstancias múltiples de la pobreza, la droga y la salud mental. ¿Estamos haciendo las cosas bien? ¿Las administraciones adquieren conciencia bastante y ponen los medios suficientes? En este caso las soluciones no se agotan en el escalón asistencial de la UMA del Ayuntamiento, como prueban los hechos. No es un asunto epistémico banal dar con la realidad y la verdad del problema. Se necesitan psiquiatras, especialistas que atiendan a enfermos mentales que ponen en riesgo sus vidas y las de los demás por falta de medicación. El estribillo de estas asignaturas pendientes no puede eternizar la necesaria adopción de medidas y recursos.

Dijimos que estamos en puestos de cabeza en las estadísticas de la vergüenza. En abandono escolar temprano y desescolarización de cero a tres años,en hogares en riesgos de exclusión y pobreza, en paro, en dependencia sin prestación, en listas de espera, en imprudencias juveniles en la carretera, en suicidio demográfico, en litigios, en ninis, en rupturas y divorcios, y en violencia machista, como acabamos de comprobar.

No nos miró ningún tuerto un día infausto de porcentajes malvados. Todo el problema está en nuestras manos. Poner manos a la obra no es una frase hecha hoy. Es nuestro deber no darnos por vencidos. La solución a la violencia de género no será fácil, pero tampoco imposible. En manos de todos está.

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Pedro Sánchez: “Los canarios depositan su confianza en el PSOE. No defraudaremos”

CARMELO RIVERO

El presidente en funciones apura los últimos instantes de una minicampaña decisiva para su partido, para su candidato en Santa Cruz de Tenerife, Héctor Gómez, y para el conjunto del país envuelto en graves conflictos. Este domingo se convierte en el gran test de muchas decisiones de calado. Las urnas no son ajenas al momento que se vive en España y en Europa en la desembocadura de un año atravesado por signos desconcertantes respecto al porvenir. En ambos casos, la palabra bloqueo condiciona los próximos movimientos. Y el contexto volcánico de Cataluña y las secuelas de la exhumación de Franco impregnan la atmósfera electoral de un clima de suspense, si cabe, inédito en este país. Sánchez ha volado a las Islas en los últimos meses por distintos motivos. Desde las convocatorias electorales a los incendios de Gran Canaria, pasando por el centenario de César Manrique y sus propias vacaciones familiares, el presidente y líder del PSOE se ha bañado en las aguas de nuestros problemas. En la entrevista que concedió en exclusiva a DIARIO DE AVISOS afirma que las prioridades de las Islas son asumidas por su Gobierno como “propias”. Confía en no defraudar a los canarios si sigue al frente del Ejecutivo y celebra que haya sido sorteada una crisis turística en tiempo récord.

-En su primera etapa de Gobierno ha podido afrontar asuntos relevantes para las Islas. En general, ¿las singularidades canarias son asumibles por el Estado o destacaría alguna dificultad?
“Conozco de primera mano las singularidades del Archipiélago y puedo decir que encajan perfectamente en un Estado diverso, plural, lleno de peculiaridades y, por tanto, rico, como es España. El año pasado el Congreso de los Diputados dio luz verde a la reforma del Estatuto de Canarias y seguimos apostando por un REF que responda a las particularidades de las islas. Soy consciente de que ha habido una sensación de lejanía y abandono por parte de la Península. Pero, desde que el Partido Socialista llegó al Gobierno de España, asumimos como propias las prioridades del Archipiélago. Y ahora, además, hay conexión total con el Gobierno de Canarias.”

-La quiebra de Thomas Cook motivó un real decreto con ayudas especiales aprobado por el Consejo de Ministros y la Diputación Permanente. A su juicio, ¿se ha evitado a tiempo una crisis turística?
“Como ha venido haciendo el Gobierno en funciones ante cualquier crisis o emergencia, hemos procurado responder con rapidez y eficacia. En este caso, el 26 de septiembre tuvimos la primera noticia de la quiebra de Thomas Cook y ya el 11 de octubre, muy rápido, aprobamos en Consejo de Ministros un Real Decreto-ley de medidas urgentes, con una dotación de más de 700 millones de euros. Hemos puesto en marcha líneas de apoyo financiero a empresas y autónomos y políticas de empleo para paliar los efectos de la quiebra de Thomas Cook y también medidas para impulsar la modernización del sector y la mejora de la conectividad aérea. Son medidas tomadas de acuerdo con el Gobierno de Canarias, los cabildos insulares, los sectores implicados y los agentes sociales. Por tanto, quiero lanzar un mensaje de apoyo y certidumbre al turismo canario, un sector que da empleos directos e indirectos a miles de personas en las Islas y que siempre nos tendrá a su lado. Porque Canarias es una de las señas de identidad imprescindible del prestigio de la marca España en el mundo.”

-¿Cuando visitó Gran Canaria tras los graves incendios de agosto, cuál fue su impresión?
“De ese viaje a Gran Canaria recuerdo dos cosas: por un lado, la desolación por la magnitud de la catástrofe. Pero, por otro lado, la tremenda respuesta humana del pueblo canario. El poder de destrucción de esas llamas solo podía ser apagado por aquellos ‘bombhéroes’ de los que hablaba el cartel de la Autopista Norte de Tenerife. Y la excelente labor de todos los profesionales implicados en la extinción que se vio reforzada por la solidaridad de los vecinos y la coordinación de las instituciones. Ese viaje me reafirmó en que la naturaleza no puede esperar más y que todos los partidos políticos debemos tomarnos en serio la lucha contra la emergencia climática.”

-En las Islas se sigue con preocupación la recta final del brexit. El turismo y las exportaciones agrícolas históricas hacia un puerto tradicional como la actual city bautizada por ello como Canary Wharf están en juego. ¿Qué consecuencias prevé su Gobierno para Canarias?
“Todos los escenarios están ya estudiados y abordados. Desde el Gobierno de España, llevamos meses haciendo una labor interministerial para elaborar planes de contingencia muy precisos. De hecho, ya en el mes de marzo aprobamos un Real Decreto-Ley para el caso de que tengamos que enfrentarnos a lo que se ha llamado un brexit duro o salida no consensuada con el Gobierno británico. Sé que los agricultores, pescadores y ganaderos de las Islas están especialmente preocupados por sus exportaciones, y que los empresarios que trabajan con clientes británicos residentes están inquietos. Pero quiero dejar clara una cosa: estamos preparados para cualquier escenario de salida del Reino Unido de la Unión Europea. Sea cual sea, supondrá un cambio en la manera de relacionarnos con el Reino Unido, pero siempre mantendremos una estrecha colaboración en defensa de los intereses de ambos países, como ha venido poniéndose de manifiesto por ambas partes.”

-¿Cree fundados los temores de que las ayudas europeas a Canarias y el resto de RUP disminuirán en el nuevo escenario presupuestario de la UE para 2021-2027??
“Aquí también quiero aportar tranquilidad y certidumbre. Tanto el Gobierno de Canarias, en colaboración estrecha con Madeira, como el Gobierno de España defienden y defenderán los intereses de las Regiones Ultraperiféricas y garantizarán las partidas presupuestarias que Canarias necesita, tanto en el Marco Financiero Plurianual como en otros proyectos y medidas complementarios.”

-¿Cómo valora el cambio político obrado en las Islas tras las pasadas elecciones, con la caída de Coalición Canaria tras más de un cuarto de siglo en el poder, y la llegada del Gobierno de progreso del socialista Ángel Víctor Torres?
“Como comprenderá, como secretario general del PSOE, me siento muy orgulloso de los resultados electorales que hemos sacado en Canarias en todas las últimas elecciones y especialmente en las autonómicas, donde el trabajo en la oposición del PSOE se ha visto recompensado con un gobierno progresista al servicio de Canarias. Tras décadas de una gestión conservadora por parte de Coalición Canaria, el pueblo canario ha decidido depositar su confianza en el PSOE y tengan por seguro que no les vamos a defraudar. Ángel Víctor está haciendo una labor encomiable al frente del Gobierno del Archipiélago, y los cambios ya se están notando. Canarias necesitaba un Gobierno progresista que impulsara las mejoras que hacen falta. Ahora sí que lo tiene.”

-Estamos a tan solo 48 horas de que se abran a las urnas. ¿Cómo afronta las elecciones de este domingo?
“Con serenidad, con respeto y con determinación. Quiero ofrecer a los canarios y al conjunto de los españoles un Gobierno progresista, sólido y coherente, que salga del bloqueo y que empiece a tomar las decisiones y a emprender las reformas que España necesita ahora. Y también que pueda frenar a la ultraderecha. Se lo diré más claro: Vox es una invención de Aznar para desestabilizar a Rajoy que se le ha ido de las manos. Y frente a ello, el único voto útil para un Gobierno fuerte es el PSOE. Es el momento de votar al PSOE para que pueda haber un Gobierno progresista, o votar a cualquier otro para impedirlo.”

-¿El PSOE está abierto a gobiernos de coalición para desbloquear la parálisis de la vida política del país?
“Siempre he defendido que lo que España necesita es un gobierno progresista fuerte y cohesionado, y que no dependa de los independentistas. Pero en una democracia parlamentaria como la nuestra, un partido sin mayoría absoluta no puede desbloquear por sí solo la vida política del país. Quien tiene la capacidad es el conjunto del Parlamento. Por eso he propuesto que, si no se alcanza un acuerdo para investir al nuevo gobierno, los partidos permitan gobernar a la lista más votada. Pero, hoy por hoy, la única garantía de que haya gobierno es el PSOE, porque parece que ningún otro partido está dispuesto a desbloquear la situación.”

-Los sucesos de Cataluña parecen exigir un ejercicio de imaginación política. Como presidente, ¿qué piensa hacer?
“Lo que ya estamos haciendo: responder con firmeza y serenidad y apelar a la ley y al diálogo. El conflicto catalán solo se puede solucionar con la Constitución en una mano y con un proyecto de futuro en la otra. Cataluña es tan plural y diversa como lo es Canarias y el resto de España. La diferencia es que el independentismo ha vendido falsas promesas a una parte de la población, y esas mentiras generan ilusiones que luego se convierten en rabia y frustración. Lo último puede ser comprensible, pero la violencia nunca es justificada. Por eso, estamos poniendo todo nuestro empeño en rebajar la tensión y hacer lo posible por devolver la normalidad a la sociedad catalana. La solución a la fractura social en Cataluña solo saldrá del diálogo, pero antes es imprescindible que se cumpla la ley. Por eso exigimos a los dirigentes catalanes que condenen la violencia y hablen con la parte de la sociedad catalana que no es independentista.”

-¿Está convencido de que su decisión de exhumar a Franco cierra ese capítulo de la historia de España?
“España debe ser fruto del perdón, pero nunca del olvido. La exhumación del dictador, respaldada por los tres poderes públicos –primero el legislativo, luego el ejecutivo y, por último, el judicial–, ha sido un hito con el que España ha dado un paso más en su madurez democrática, demostrando que somos un país europeo avanzado, moderno y justo. La Transición cerró políticamente el capítulo de la dictadura, pero quedaba pendiente el acto de sacar a Franco del lugar donde reposan miles de las víctimas del franquismo. Ha sido un paso fundamental en la reparación que merecen las víctimas. Pero tenemos que ir más allá. No solo vamos a seguir colaborando en la apertura de las fosas para acabar con el dolor de las familias, sino que reformaremos el Código Penal para incluir como delito la apología del franquismo e ilegalizaremos la Fundación Francisco Franco.”

-Por último, ¿presidente, cuáles son los ejes de futuro para España que espera acometer tras el 10-N si continúa al frente del Gobierno?
“Tenemos que favorecer las condiciones para que se cree empleo digno y de calidad. Debemos ofrecer un proyecto económico competitivo pero sostenible, que no deje a nadie atrás y reparta de forma justa la riqueza. Tenemos que reforzar, ahora más que nunca, los pilares de nuestro Estado del Bienestar: la educación y la sanidad. Y, por supuesto, garantizar el futuro de las pensiones de nuestros mayores. Además, hemos de seguir avanzando en la conquista de la igualdad plena entre hombres y mujeres. Por otra parte, es urgente abordar la respuesta a la emergencia climática, así como los retos que plantea la digitalización. En definitiva, tenemos que avanzar. Y estamos en disposición de hacerlo.”

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Pablo Casado (PP): “Mi primera preocupación sobre Canarias es el 21% de paro y la evolución turística tras la quiebra de Thomas Cook”

CARMELO RIVERO

El PP se dispone a afrontar esta semana su destino en la política española durante los próximos años. Tras perder la presidencia de Rajoy en la inusitada moción de censura de Sánchez, se convierte esta cita sobrevenida con las urnas, el próximo domingo, en una oportunidad de oro para su actual líder, Pablo Casado. El joven dirigente de 38 años (Palencia, 1981) que preside su partido desde julio pasado, viene de cosechar un mal resultado el 28 de abril, cuando el PP cayó a plomo, desde 137 escaños hasta 66, y asume, desde el debate de hoy, los días que restan para el examen de esta reválida como una carrera contrarreloj, en la que no descarta nada, incluso ganar la partida al PSOE. Es un militante del PP del siglo XXI, en el que se enroló en 2003, y aspira a resetear una organización que cogió en sus manos cuando estaba más dañada por los zarpazos de las acusaciones de corrupción y los años de poder. El duelo entre Sánchez y Casado no es aún el de González y Aznar, pero todo se andará. Este abogado de ancha experiencia en los altos pasillos de palacio, como director de gabinete de este último en su estancia en la Moncloa, ve con satisfacción que las encuestas le sonríen, y ha llegado a estimularse tanto que anima a los suyos a creer en el triunfo. Solo tiene en contra la escisión que erosionó al PP por la derecha con la irrupción de Vox (nuestra encuesta hoy le concede un claro repunte), y el temor a que el recalentamiento de Cataluña y la exhumación de Franco suministren más combustible a su más íntimo competidor. Por lo demás, en la entrevista con DIARIO DE AVISOS, Casado se muestra como un político sin ira. Esa es su mejor faceta en un tiempo tan crispado como este en que el caladero donde están los votos sigue siendo el centro, máxime este centro sin dueño oficial hasta que el domingo conozcamos su identidad. Dice el periodista Fernando Jáuregui que Casado es el político actual que más se parece a Suárez. Él evitó apropiárselo en la pregunta pertinente.

-¿Cómo ve, a escasos días de las elecciones, la situación del país? ¿Qué porvenir le sugieren los conflictos presentes?

“Complicado y complejo. La desaceleración económica está llegando a las familias y Sánchez está demostrando imprevisión e inacción ante el desafío secesionista. Pero quiero también enviar un mensaje optimista. España es un gran país y siempre ha salido de las situaciones difíciles. Quiero recuperar la concordia, la cordura y la convivencia, el respeto al imperio de la ley en toda España, y el prestigio del Estado. Nadie tiene derecho a romper lo que con tanto esfuerzo, tiempo y dedicación se ha construido a lo largo de estos años”.

-¿Canarias se entiende fuera de Canarias? Sus singularidades están en el guión de la política de Estado o los partidos nacionales se ven exigidos de un máster específico sobre los problemas de las Islas?

“Por supuesto. Canarias se entiende y a Canarias se la quiere. Para el PP, Canarias, con su singularidad y personalidad propia, siempre ha sido central en su proyecto para España. La aportación del PP al Régimen Especial ha sido siempre fundamental y firme la defensa en Bruselas de los intereses canarios”.

-Usted tiene experiencia en política nacional, conoce de cerca las Islas. Subráyenos sus grandes preocupaciones sobre Canarias en un momento como este.

“La primera preocupación es común y de ella deriva todo lo demás. El empleo. Canarias tiene más de un 21% de tasa de desempleo y en el último trimestre se han perdido 8.500 puestos de trabajo. Es necesario generar más y mejor empleo. Ahora, en lo inmediato, hay que evitar que la desaceleración acentúe sus efectos. Además, es necesario hablar del turismo, cuya evolución en Canarias y en toda España me preocupa. La quiebra de Thomas Cook, el cierre de bases de Ryanair, la reapertura de otros destinos…. Tenemos que aprobar una ley de turismo para que haya unidad de mercado en este sector; asimismo, reducir las tasas aeroportuarias e instaurar en los aeropuertos de las Islas la quinta libertad, con el fin de que las aerolíneas de otro país puedan desembarcar y embarcar pasajeros en aeropuertos canarios para ir a un tercer país”.

-Los quiebros producidos en materia de pactos en Canarias tras el 26-M abocaron a su partido a expulsar a consejeros insulares en La Palma para luego dar marcha atrás. Un impulso y arrepentimiento que parecen impropios de una fuerza política madura…

“Los resultados de las elecciones del 26 de mayo demostraron la capacidad de pacto y acuerdo del PP en toda España, incluso entre fuerzas que no se hablaban entre ellas. Hemos sido la fuerza central y centrada que ha dado estabilidad ante unos resultados que en ocasiones eran muy complejos a la hora de gestionarlos por la fragmentación política, y los españoles así lo han entendido”.

-No fue un episodio menor aquella gestión del voto palmero. Le pregunto de otra manera. ¿Qué sucedió exactamente para que el PP promoviera una alianza tan estrecha con CC en esta comunidad hasta el punto de preferir estar en la oposición antes que pactar con el PSOE? La Palma y Lanzarote son ejemplos de que pueden convivir.

“Coalición Canaria ha apoyado en varias ocasiones la investidura de presidentes del PP en Madrid y la última gran rebaja fiscal del Gobierno de CC fue fruto del apoyo presupuestario del PP. El Gobierno del PSOE en Canarias ya ha anunciado una subida masiva de impuestos. Esa es la razón.”

-¿Descarta una Gran Coalición con el PSOE, incluso en caso de victoria del PP el 10-N?

“Yo salgo a ganar las elecciones y si el PP obtiene un diputado más que el PSOE, le garantizo que habrá Gobierno”.

-Se aprecia un distanciamiento entre ustedes y Cs y Vox. ¿Su viaje al centro es definitivo? [Su referente ahora parece ser más la UCD, habida cuenta de que en su renovada imagen (si hacemos caso omiso a la barba) cabría apreciar ciertos destellos de Suárez…]

“Nosotros siempre hemos estado en el mismo sitio. Somos una formación de centro derecha, reformista y liberal. Con Cs, nuestro socio preferente, gobernamos en comunidades autónomas y ayuntamientos. Esos gobiernos están funcionando muy bien y, muchos de ellos ya han tomado importantes decisiones que tienen que ver con lo que verdaderamente preocupa a los ciudadanos”.

-A medida que se acerca el 10-N, se reaviva la llama del procés tras la sentencia del Supremo. ¿Qué solución baraja para el caso catalán?

“La solución pasa por que la ley se cumpla. Le pedí a Sánchez que enviara el requerimiento a Quim Torra y aplicar la Ley de Seguridad Nacional para tomar el control político de los Mossos y quitárselo a un presidente de la Generalitat que alienta y jalea las barricadas y ahora quiere investigarlos. Es necesario devolver la presencia del Estado a Cataluña, prestigiarlo y defender lo común, que es lo que ahora está en juego. Durante muchos años los intereses de los ciudadanos no independentistas no se han tomado en cuenta. Hay que defender la libertad y la convivencia”.

-¿Cuál es su posición sobre la exhumación de Franco?

“El 10-N no se vota sobre nuestro pasado, sino sobre nuestro futuro. El PP no quiere rehacer la historia de España sino que quiere volver a hacer historia creando millones de empleos, reduciendo el paro, dando oportunidades a los autónomos y posibilitando que los jóvenes se puedan emancipar. Como dijo Santos Juliá, el pasado, pasado está, y tenemos la obligación de conocerlo, pero no nos podemos dejar enredar en sus redes, porque hoy no es ayer”.

-A raíz del capítulo mencionado sobre el PP en las Islas tras el 26-M, hubo cambios en su cúpula. ¿En su equipo directivo qué valoración hace del expresidente del PP canario Asier Antona?, ¿qué papel le toca jugar en el ámbito nacional?

“Siempre ha demostrado talento político y una gran generosidad con el partido. Ahora, todos juntos, estamos centrados en ganar las elecciones del próximo 10 de noviembre”.

-¿Si gobierna, habrá ministros canarios?

“Yo sé qué es lo que quiero para Canarias, pero ahora lo que toca es ganar las elecciones”.

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El estadista y el estadillo de cuentas

Canarias es una caja de sorpresas. Hemos visto confluir en pocas horas sobre este peñasco a Putin, a Xi Jinping y a un Kennedy, como si se hubiera convocado una cita de estadistas y apellidos de alcurnia de la alta política internacional en esta especie de Malta del Atlántico, con las mismas credenciales que la isla del Mediterráneo cuando Bush y Gorbachov se reunieron tras la caída del muro de Berlín hace 30 años para cocinar a fuego lento el final de la Guerra Fría. Se dice pronto: el ruso, el chino y el yanqui, tres tigres, y ninguno triste.
En aquel entonces, Malta había sido elegida, entre otras razones inconfesables, porque no había un overbooking de sedes de grandes organismos, guardaba cierta discreción y era un sitio estratégico. Nosotros, además, somos un sitio agradable, amén de anómalo y pintoresco. Viene el presidente chino a ver el Teide, nuestro Louvre o Notre Dame, y el ruso hace transbordo de aviones en el hangar. En la víspera, un sobrino de John F. Kennedy irrumpe en la isla y pregona contra el cambio climático en Adeje, nuestra ONU particular. Ahí no acaba el desfile. A mediados de diciembre vendrá, por lo visto, el ministro de Estado de Asuntos Exteriores de India a inaugurar un monumento a Gandhi, asimismo, en la babelia del sur, que capitaliza en cierta forma esta vorágine de visitas intrigantes.
Una entrada y salida de visitantes tal habría sido harto sospechosa antes de la citada cumbre de Malta que certificó la caída del Telón de Acero. Lo cual no obsta para albergar el recelo de que algo se está cociendo en las alturas, donde cabe un cierto quid pro quo: chinos, rusos, americanos e hindúes hacen migas yendo y viniendo a nuestras islas, y a cambio, nos surten de turistas con la promoción. Hacemos caja con estas visitas. Ya se habla de millones de chinos, mientras la competencia rechina, entre las expectativas de nuevos clientes de la industria turística local. Será real o presuntuoso, pero no incierto.
Durante la II Guerra Mundial, alemanes, ingleses y norteamericanos conspiraron respecto a nosotros, a nuestras espaldas; de manera que es de agradecer que ahora lo puedan estar haciendo de nuevo, pero a cara descubierta y, de paso, nos conviene tras la quiebra de Thomas Cook. Es como si en los años 40 Churchill hubiera venido a supervisar personalmente la operación Pilgrim para invadir Gran Canaria, de la que acabamos de conocer nuevos detalles, y no en el 59, cuando el peligro había pasado y fue al Puerto de la Cruz con Onassis tras un viaje en un yate lujoso con taburetes de piel de pene de ballena (tal cual). Habrá que dejar volar la imaginación y no tomarnos nada demasiado en serio. ¡Qué más da si estos estadistas, con tanto frecuentarnos, nos meten en el mapa de sus reuniones secretas y no tan secretas, y el día menos pensado montan una cumbre de lo que sea que nunca sirven para nada! Que vengan y traigan turistas. Malta fue otra cosa, como Yalta tras aquella guerra en que nos quisieron tomar por asalto las tres potencias. La de Malta, la cumbre que cumple dentro de unos días 30 años de la entente a bordo de un crucero soviético, fue un hallazgo de la diplomacia de líderes de altos vuelos. Lo que hay ahora es una jarca de atorrantes. Es raro el que tiene tres dedos de frente. Si se les ocurre traerse una cumbre de pantomima al uso, igual espantan el turismo. Mejor que vengan como el chino, 24 horas con excursión al Teide, o como el ruso, 24 minutos y si te vi no me acuerdo. Viene el estadista y se nos alegra el estadillo de cuentas.

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La maravilla insular que adoran en China

La fama es algo que llevan las Islas de un modo implícito. Como hay una temporalidad insular que no tiene nada que ver con la del continente (viene a decir María Zambrano, que vivió en Puerto Rico y Cuba, y escribió Islas, un libro coqueto y hermoso), y eso al margen de la hora menos en Canarias. O sea que es una prebenda nacer en una isla y vivir en ella. Y nos sentimos admirados, puesto que viene a vernos gente importante. En este sentido, tener un Teide, que es como un pin monumental en la solapa de Tenerife, supone un activo extraordinario, un plus a tales efectos. Todos los mandatarios que han de cruzar el cielo en sus idas y venidas con América se acuerdan de este caravasar del Atlántico Medio donde estamos los canarios y programan, con antelación, una escala para visitar el Teide; esta especie de visita obligada del hombre sobre la tierra desde la antigüedad, cuando era considerado la Columna del Cielo y mucho tiempo después el poeta irlandés John Donne llegó a decir que “se encuentra tan alto que quizás la Luna viajera podría chocar”.

Estos chinos milenarios que son muy cultos y lo leen todo conocen las connotaciones idealizadas del Teide y cómo no alguien como el Gran Timonel que aspira a ser el hombre más poderoso del planeta, cómo no va a querer mirarlo de frente, medirse cara cara con el gigante que vio arder Colón camino de América. El presidente chino que nos visitó este fin de semana no es un mandarín de paso, sino el núcleo del Partido Comunista chino, un rango que lo convierte en un gobernante de mandato indefinido, una especie de monarca, de rey comunista, que no se plantea dejar los bártulos al cabo de una década como Hu Jintao o Jiang Zemin, sus predecesores, que también vinieron a Canarias tras la estela del Teide. Xi Jinping y su esposa, la excantante Peng Liyuan, han hecho esta parada, de regreso de una cumbre en Brasil, como quien cumple una promesa de visitar una imagen idolatrada. Como quiera que Jinping es ateo, esta es una visita profana, una superstición del hombre oriental coronado emperador que nos deparará evidentes beneficios en nuestra cuenta de resultados. No sé si serán un millón de turistas chinos, pero serán legión, como me dijo el arquitecto Fernando Menis, que frecuenta la Tsinghua University, en Pekín. La noticia de esta estancia tinerfeña del todopoderoso Xi Jinping, que viene de darse un baño de multitudes en el mayor desfile de la historia de su país, hace un mes, por el 70 aniversario de la fundación de China, no tiene parangón ni allí ni aquí. Ni Trump que viniera se le compara, pues Trump tiene los días contados en la Casa Blanca, caiga o no por el impeachment, y este no tiene límite temporal ni fronteras en sus dominios gracias a la Nueva Ruta de la Seda, que extiende las inversiones chinas de grandes infraestructuras por los cinco continentes en una suerte de Plan Marshall para dominar el mundo, con la firma de Xi Jinping y su pensamiento sobre el socialismo para una nueva era, convertido en dogma de la Carta Magna de su enorme nación. Xi quiere ver con sus ojos en esta nueva década cómo le arrebata la primacía al adversario yanqui gracias al torpe de Trump. La guerra comercial que ambos tejen de día y destejen de noche es parte de ese pulso.

Este es el momento y el contexto de la visita al Teide. En mitad de la mayor contienda por el liderazgo económico el presidente chino ha querido saludar al Teide, de tú a tú, dos gigantes, y regalarnos una porción de su demanda turística, pues el comunismo de mercado que inventó Deng Xiaoping, aquel que dijo que “enriquecerse es honroso”, ha dado grandes frutos y dígitos al PIB de un país con 1.400 millones de habitantes y millonarios a tutiplén. Ha venido en la cresta de una ola, tras los fastos del septuagésimo aniversario y su reciente ascensión a los altares de la nomenklatura del poder en su país, como el único estadista equiparable a Mao Zedong (a quien siempre conocimos, antes de la transliteración, como Mao Tse-Tung).

El Teide es nuestro mejor reclamo diplomático, nuestra Capilla Sixtina, la musa del paraíso que todos quieren conocer una vez en la vida. En tiempos con medios de transporte menos confortables los grandes viajeros y científicos cubrían largas travesías, con la recompensa de ver el Teide. Esa gesta de asomarse a estos terruños como un trabajo de Hércules en medio de la dificultad, no era cualquier cosa. Se dice pronto que Humboldt se lo planteara y dicho y hecho, hace 220 años (“¡qué espectáculo!, ¡qué gozo! Me voy casi en lágrimas”, escribió) en aquella odisea que lo llevó a la otra orilla a hacer una auténtica obra maestra por los siglos de los siglos: Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Continente. Y otros se quedaron con el desconsuelo de no haber podido desembarcar en el puerto de Santa Cruz, como le pasó al mismísimo Darwin, por temor a que trajera el cólera a bordo del Beagle.

El poeta catalán Joan Margarit, que es uno de los nuestros, suele escribir mucho sobre su enamoramiento de Santa Cruz y de Tenerife, y esta semana en que le han concedido el Premio Cervantes no hemos dudado en sacar pecho de sus amables piropos al carisma de la ciudad y a las “lunas románticas de Tenerife”. La adopción tinerfeña y canaria de Margarit nos ayuda a conquistar otros corazones. Por aquí venían y quedaban entusiasmados poetas y pintores de otras latitudes, haciendo buena esa idea de la isla misteriosa en los versos y recuerdos del poeta y arquitecto en Para tener casa hay que ganar la guerra. Las escalas de estos iconos y celebridades en Tenerife resultan altamente rentables, pues con ellas se nutre el inventario de visitantes al año. El Teide es una vedette en China desde los tiempos de Hu Jintao, que abordó la isla con la misma matraquilla de ver el volcán. Ahora, ese prestigio se multiplica con la excursión de Xi Jinping. Fidel Castro no dejó pasar la oportunidad de personarse en el Teide en otra escala intercontinental. Y ahora que La Habana cumple 500 años, caemos en la cuenta de que entre Cuba y nosotros hemos enamorado a medio mundo con nuestra fama legendaria de islas de ensueño donde se encuentran las grandes maravillas.

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El baile de la investidura

En las elecciones, a veces, las urnas las carga el diablo. Este 10-N era una salida de pata de banco por el bloqueo empecinado de la oposición, que hacía cálculos interesados con el tracking interno de cada partido por si otra consulta le venía bien. El propio Sánchez, en el callejón sin salida en que se metió, tuvo la sospecha de que repetir comicios le iba a convenir fecundamente. Nadie cayó en la cuenta de que el beneficiario fuera a ser Vox. Como en la novela de Vargas Llosa La fiesta del Chivo, Abascal hacía de Balaguer, un hombre discreto al que nadie veía como rival. Todos hablaban como si él no estuviera presente, haciendo planes para el día después de las elecciones, y, cuando la situación se prestó, alzó la voz. Balaguer era calladito. Abascal tiene cara de niño bueno y cae bien a las madres televidentes.

En el debate a cinco había un cadáver político. Todos vieron que Albert Rivera no era él, como si ya no estuviera disputándose nada y aquello fuera su testamento electoral. Ya en los prolegómenos de la pequeña campaña, Rivera se desnudó y dijo que si tenía que irse, se iría, y avanzó el mismo argumento que ha repetido con motivo de su dimisión, formalizada en el día de ayer ante la Ejecutiva de su partido: aquello de los futbolistas que se retiran y afirman que fuera del fútbol también hay vida. Lo de ser mejor hijo, mejor padre y mejor pareja no está nada mal, pero Rivera olvida que, además de ello, se puede ser buen político o buen abogado sin menoscabo de los demás roles. Su marcha no se debe al abandono de los deberes familiares, sino a los errores de bulto cometidos como dirigente de un partido nacional, al sentirse tentado a dar el sorpasso a Casado tras verse con más de medio centenar de diputados obtenidos el 28 de abril, y obstinarse en no facilitar la investidura de Sánchez. Habría sido ministro de Exteriores, sin necesidad de mancharse las manos en la antropofagia diaria de la política caníbal nacional de puertas adentro que tanto temen los partidos de centro. Y habría colocado a quienes ahora no tienen ni escaño donde sentarse. Y habría mirado al PP por encima del hombro, si eso es lo que quería. Y habría… Pero hemos visto cómo se las gasta Cs en Canarias y un partido así no tiene remedio.

La gran lección del éxito y fracaso vertiginosos de Rivera es lo volátil del poder que depende de los votos de la gente de a pie, que no es patrimonio de nadie. La gente quita y pone, eleva a los altares o manda al infierno al líder según sus actos. Creyó el votante de centro que Rivera había dilapidado su confianza, le había traicionado, y el domingo se la otorgó a otros partidos, incluso con rabia y desdén: al PP, a Vox y quién sabe a cuántos más. El voto de centro aporta una liquidez a la democracia que no tienen otros con mayor fijación ideológica. Por eso el PSOE ha mantenido sus dominios, con 120 escaños donde tenía 123, y Unidas Podemos, otro tanto, con la caída del desgaste del callejón sin salida que ha castigado a todos, menos a Casado y Abascal, que son los hombres del frac, los recaudadores tras la subasta de los bienes de Rivera. Ahora la cosa está más clara, como en un baile de Carnaval sin caretas. El que quiera, que elija pareja y siga bailando. Pero ya no engaña a nadie, ni siquiera a sí mismo.

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Tienen la palabra las urnas

En estos últimos 30 años, tras la caída del muro de Berlín, Europa ha dado pasos de gigante. Pero en este momento de impasse fatalmente histórico se abre un silencio dramático, una incertidumbre de ánimo ante el torrente de calamidades que invita a una atrevida resistencia, como en la duda de Hamlet, el ser o no ser, incluida la esperanza de que los sueños nos rescaten a tiempo en última instancia. Ahora, cuando las muestras de cólera política se trasladan a los parlamentos y calles, en España nos disponemos este domingo a votar en libertad. Pero los fantasmas de la guerra fría han vuelto y las cizañas que siembran las ideologías más aviesas han hecho reverdecer la hojarasca de los años fratricidas que padeció el continente. Domingo, este, que avienta todos los temores a un retroceso social, político y económico. Si de las urnas esperamos por definición la mejor de las salidas a los continuos atascos parlamentarios, esta vez no podríamos perdonarnos un nuevo bloqueo tras el escrutinio de esta noche.
¿Qué hay de cierto sobre la ola de ultraderecha que recorre España, sobre ese voto de castigo y nostalgia que se conjura en torno a Vox? La única certidumbre es que se acabó lo de vanagloriarnos de que éramos la salvedad de Europa donde no prendía la añoranza del dictador. Ahora esta es bien explícita. En España este domingo se habla de Vox. Y no es un día cualquiera, es un día electoral.

Hace 27 años estuve (éramos un reducido grupo de tres compañeros), frente a frente con el hombre que cambió el mundo y acabó con la guerra fría: Mijaíl Gorbachov. Era un flamante jubilado de la política, que ahora me asombro al comprobar su edad entonces, 60 años, dos menos de los que yo tengo en la actualidad. Gorbachov ha sobrevivido a todos los contratiempos de su vida y de la nuestra; murió su esposa, Raísa, de leucemia, y el mundo ha enfermado del clima aceleradamente. Él presidía en aquel momento la Cruz Verde Internacional y acababa de clausurar la Cumbre de la Tierra. Era un Nobel de la Paz comprometido contra el cambio climático, como el sobrino de John F. Kennedy que nos visita mañana en el sur. Pero, además, ha asistido al declive de sus mayores esfuerzos por el desarme, a la vista de los nuevos líderes de los dos bloques extinguidos y vueltos a recomponer: Trump y Putin. A sus 88 años, el viejo patriarca de la nueva Rusia, el último hombre que presidió la Unión Soviética, previene sobre los riesgos del armamentismo rampante, que contradice su famosa cumbre en Malta con Bush padre, semanas después de la caída del muro de Berlín. Allí se fundó este mundo del día después de la Guerra Fría en el que hemos vivido, sin saber cuánto va a durar a partir de ahora, 30 años más tarde.

Mijaíl Gorbachov nos decía en Lanzarote a cuantos le seguíamos a pie por la costa de la isla, “¡adelante!”, la palabra, quizá la única o la favorita de cuantas había aprendido en español. “¡Adelante!”, repetía como un mantra, consciente de que empujaba con sus consignas hacia un nuevo pensamiento internacional de Este a Oeste. No se separaba de ella, la elegante Raísa, desenvuelta y europea en el vestir, con aquella pamela que lucía al caminar una mañana por los alrededores de La Mareta, en Teguise, haciéndose fotos con los turistas, alegre y rutilante, sin acaso adivinar que le quedaban siete años de vida. “Se acabó todo”, iba a decir entonces un marido destrozado, caído de un cielo de estadistas que dieron la vuelta al calcetín del siglo XX, pero un hombre, al fin y al cabo, de carne y hueso, solo y viudo. Era la primera dama que había tenido la Unión Soviética en toda su historia, pues Gorbachov se negó a ocultarla como sus antecesores, y en el extranjero era más celebrada que en su país reacio a aceptar una Nancy Reagan o Hillary Clinton en el búnker del Kremlin.

Nos hicimos amigos en aquellas vacaciones del matrimonio, gracias a su intérprete militar, Wladimir Persov, que me dejaba sumarme a las incursiones matutinas a paso ligero de dos senderistas en plena forma. Venían de soportar un intento de golpe de Estado y de dejar el poder por la precipitación de los acontecimientos provocados por sus dos consignas favoritas: la glásnost y la perestroika, la transparencia y la reconstrucción de una nación enferma. Gorbachov era Suárez en un país de zares, la antítesis de Stalin y todos sus delirios tiránicos. Era un comunista con piel de cordero que fabricó la génesis de una democracia inevitable tras su llegada. El muro cayó tal día como ayer, un 9 de noviembre de 1989, porque Gorbachov abonó el terreno para que eso pasara. Gorbachov tenía un semblante afectuoso en un rostro marcado en la frente por la mancha más famosa de la iconografía política internacional. Un día, me sorprendió dándome un abrazo en público, que me ruborizó. Su mayor virtud era su grandeza sentimental. Nos había abierto las puertas de su casa a Lucas Fernández, a Martín Rivero y a mí. Y nos había mostrado su afecto Le cogimos cariño al instante cuantos le tratamos aquellos días de descanso del guerrero de Goslar de Stávropol.

Ha sobrevido a Kohl, el padre de la reunificación alemana y a Reagan o George Bush, con los que rubricó acuerdos, incluso el de mayor dimensión histórica para la eliminación de misiles de alcance intermedio (INF). No cabe en líderes de esa talla (es uno de los últimos de los grandes políticos del mundo vivos) consentir sin frustración el auge de una ola de simpatía hacia los mitos de la Alemania nazi o la España franquista. No es domingo para andarse con tonterías. Han transcurrido 30 años de la demolición de la tapia de Berlín y Merkel avizora, como una constante electoral, el advenimiento de la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), que ya es la tercera fuerza política del país, como auguran en España las encuestas para Vox a partir de hoy, 44 años después de la muerte de Franco y tras escasas semanas de su exhumación y nueva sepultura. En Alemania, los ultras festejan la caída del muro como una victoria contra el comunismo del Este, pero anhelan levantar otros muros contra inmigrantes y refugiados. En España, la campaña electoral se tiñó de Cataluña, que levanta otra clase de muros a su vez. Saldrá de las urnas esta noche un país donde la ultraderecha ya no será testimonial. “Fue una invención de Aznar para desestabilizar a Mariano Rajoy, que se le ha ido de las manos”, dijo el viernes Pedro Sánchez en la entrevista en exclusiva con DIARIO DE AVISOS. La historia nunca se acaba de escribir. Ni 30 años después. Hoy, de nuevo, tienen la palabra las urnas.

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Viaje al centro el día 10

Este martes 5 de noviembre pone de manifiesto el relevante dígito que en la escala ideológica encarna el centro, precisamente el 5. Sánchez se declaró portador del 4 en el dorsal, en una entrevista con El Español. Desde anoche, los votantes emprenden una progresión que conduce al domingo como día diez. Simbólicamente, no se puede pedir mayor significación a este martes quinario, donde el centro se expresa en la fecha del mes, día 5, como una invocación esencial del espíritu que tres partidos se disputan, como vimos en el debate, por cierto, a cinco: PSOE, PP y Cs.

En los extremos no está planteada una batalla equivalente, pues ni Podemos, ni Más País, ni Vox contienden por nada que decida su porvenir. Acaso Iglesias y Errejón, antiguos conmilitones, tienen cuitas y confidencias que dirimir, pero ambos no compiten con Abascal por ningún vivero, ni se roban el pan afeándose la bandera de mil metros cuadrados o el concepto de violencia intrafamiliar en lugar de género.

El centro político solo es cuestión de tres. El primero que lo tuvo a tiro fue Rivera, pero erró el disparo cuando tenía la diana delante de los ojos, en la mayor torpeza que se recuerda en un dirigente de su estirpe. Tenía todos los precedentes a mano para no equivocarse, pero el centro, siendo el gran caladero (el 30% de los votantes anida en ese remanso), es también un estupendo cementerio de grandes dirigentes. Le pasó a Adolfo Suárez, que instauró la democracia con ayuda de UCD, el partido de centro por excelencia, y que sucumbió a las divisiones internas como le está pasando a Rivera, que ha visto apearse del tren a Roldán, a Carreras, a Nart y casi, en lontananza, a Garicano, que era el Anthony Giddens que inspiró la tercera vía de Tony Blair, el laborista del centro inglés.

En ese camposanto han caído continuamente líderes que prometían. Anoche se percibió en el debate de la Academia el celo por el credo del centro que comparten como una sirena los tres. Sánchez corteja ese ecuador del espectro político como hiciera Felipe González y como pretendiera toda la socialdemocracia europea consciente de la mácula marxista de la Internacional Socialista en los viejos tiempos. Ya nadie gobierna en Europa desde la izquierda sin poner un ojo en el centro.

A Pablo Casado, la ecuación del viraje a la derecha por temor o resquemor hacia Vox -que huyó de la madriguera con el botín de la bandera y los signos de Franco y el 155- le costó caro en abril, cuando se desplomó en las urnas. Ahora se ha dejado la barba que cubre el rastro de aquel rubor en su nuevo rostro de centro y pide el voto del 5 con serena beatitud como una síntesis de Sánchez y Rivera, dos por uno.
En la cabalistica electoral estos criterios son los que traen de cabeza a los gurús de los candidatos. Ni Tezanos, siquiera, es capaz de adivinar con su alquimia la piedra filosofal de este sincretismo. Pero el domingo sabremos quién se lleva el gato al agua. Quien eligió la fecha del día 10 dobló la apuesta: gana aquel al que le toque el 5 en la ruleta política del domingo.

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El ‘régimen’ electoral

Si uno repasa la reciente historia de las Islas, apenas unos meses, es decir tan siquiera medio año… O sea, si uno se sitúa en la frontera de lo que ha sucedido en el Archipiélago política y socialmente en 2019, entre la víspera de las elecciones autonómicas y locales del 26 de mayo y los acontecimientos ulteriores, propios de una serie de Netflix, y recorre con la memoria el poder omnímodo del que hacía gala Coalición Canaria, que era el sursum corda, Jasón y el vellocino de oro, el rey Arturo y el Santo Grial, todo a la vez, se da cuenta de hasta qué punto siempre podemos decir ante la acromegalia del poder que torres más altas han caído.

Unas elecciones son una prueba de fuego, una apuesta de azar y mercadotecnia, una ruleta rusa y cuatro golpes de efecto. A Sánchez Cataluña le quita y Franco le da, y la sede de la cumbre del clima añade unos réditos propiamente de izquierdas. Bolsonaro la rechazó por climofobia y Piñera se la quitó en Chile de encima con la coartada de los disturbios por el precio del metro de Santiago. Como en esta tregua de falacias que es una campaña electoral no cabe esperar promesas fiables en el debate de mañana, ya tenemos el chip emocional apercibido. Conocemos los antecedentes de estas elecciones más que de ninguna otra, cuánto se juegan el PSOE y el PP en el centro del rectángulo, cuánto hay de antropofagia en ambos partidos respecto a la cándida madriguera de Rivera caída en desgracia. Para Casado, estas elecciones son el máster de su carrera politica al frente del PP, una reválida generosa de Sánchez obsequio de la casa para el popular, que ha pasado en seis meses de besar la lona a pretender dar el sorpasso a quien le sirve la mesa de esta segunda oportunidad.

Canarias siempre es un laboratorio a mano y una metáfora de lo que nos rodea. Le vemos el colmillo retorcido al catalán del procés y nos recuerda a nuestros vernáculos episodios nacionales de ámbito local, dicho en términos galdosianos como guiño al centenario del paisano en Madrid. Hablamos de los cuarenta años del régimen de Franco y celebramos el final de decenios de control político de la sociedad canaria por parte de un Gobierno monocolor que se mimetizó en instituciones, patronales y medios de comunicación como si fuera un sistema de partido único: el régimen de CC. Lo saludable del cambio político que estrena esta tierra estos días es la sensación de que corre el aire, y un simple desvelamiento por este diario de un concierto a voces como el del caso Juan Luis Guerra, que retrata los manejos de la politica y los medios bajo la dinastía de Coalición, nos habría arrojado a los leones (damnatio ad bestias) como en la antigua Roma, y en cambio ya han visto cómo ha reaccionado, todos a una, la comunicacion en Canarias, excepción hecha de unas pocas voces leales todavía al espectro de CC que actúan por inercia como a mediados de los setenta, con nostalgia y complicidad casi metabólicas. Ya digo que en las islas la historia se recrea en sus simbolismos.

Y ahora asistimos a una semana de infiernos, como si en el corto marco de ocho días de campaña electoral fuera posible vencer los demonios familiares de este país condenado a una división frustrante genéticamente ineludible. El no es no ha hecho estragos en este cuatrienio electoral. Esos vientos han traído estos lodos a Ciudadanos, y otro tanto le sucederá al PP si al día siguiente del escrutinio no retoma el sentido de Estado, como estoy seguro que sí hará. El PP no es Coalición, que anda por las esquinas con las inquinas contra los medios que ejercieron la libertad de expresión, como este, al que culpa, en un exceso de tasación mediática, de haber perdido la verticalidad del poder. No, el PP es un partido que ha estado en gobiernos y oposiciones, mientras CC tiene maneras que recuerdan a UPyD si no le sale bien la pegatina con Nueva Canarias el domingo 10-N y salva los muebles.

Los partidos en Canarias solían tener cálculos plausibles de cómo se iba a resolver cualquier ecuación en las urnas. Hasta que el 26 de mayo saltaron por los aires todas las tabulaciones y pronósticos. El poder se derrite en un instante insospechado tras un resultado electoral adverso o al cabo de una negociación aritméticamente envenenada que se tuerza en el momento final. Ambas cosas pasaron en Canarias a raíz de aquel 26 de mayo. Y de ese fatal desenlace se tarda en salir por razones postraumáticas, que en política se saldan con dimisiones. Ahora, en Ciudadanos velan armas con esa sensación premonitoria de una mala corazonada. Sin venir a cuento, y poniendo la venda antes que la herida, Albert Rivera ha insinuado su renuncia como el cataplasma para salvar el partido en caso de naufragio en las urnas este domingo. Y ha sonado Inés Arrimadas como la sucesora. La joven catalana y pronto madre lideresa resta crédito a ese relevo poselectoral. “Venceremos a las encuestas”, predijo a DIARIO DE AVISOS, y si la de Tezanos (como ya se apoda a la del CIS) tiene razón y Cs se desmorona pero no sucumbe podríamos encontrarnos con un gobierno bicéfalo -pese al parecer de Arrimadas en este periódico-. A la pareja Sánchez-Rivera la aplaudirían en Europa bajo la crisis y el brexit, tan necesitada de líderes de la generación y estilo de Macron ante la inmninente marcha de Merkel y la renovación de la cúpula comunitaria. España tiene la suerte que no tiene el resto de la UE. Los principales dirigentes son homologables con ese perfil.

De manera que lo primero que habría que hacer es desdramatizar esta nueva consulta del domingo, pues sea cual fuera el veredicto, todos adivinan lo que piensa la mítica sibila: que ya no habrá ningún valiente irresponsable que ponga piedras en el camino del desbloqueo político que nos ha traído hasta aquí. O el coste será el harakiri. El PSOE que gane estas elecciones segun todos los indicios viene con la mosca detrás de la oreja del soberanismo catalán y todo apunta a que tras las algaradas se abrirá paso una etapa de consenso constitucional. Le dará o no le dará votos la exhumacion de Franco, pero el hecho ya es irreversible y con él se pasa página. Asunto cerrado. Franco ha dejado de ser una anomalía histórica. Ya la democracia lo enterró. El 11-N no tiene excusas. Solo hay deberes por hacer una vez que todas las lecciones ya están aprendidas y las secuelas del régimen (el de antañazo y el de este semestre de 2019) pasaron a mejor vida.

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Nuestros amigos los ingleses

La flema inglesa ya es historia. Este paquidermo que tienen de primer ministro ha tirado por tierra siglos de estereotipo y filiación. El nuevo matonismo inglés, más cercano al hooligan vandálico de la Premier League, rompe definitivamente con el gentleman victoriano. Y la centenaria reina tiene movimientos de títere de pueblo que nos tienta a buscar dónde se ocultan los hilos que mueven la marioneta. En definitiva, permanecemos en estado de shock, al menos en Canarias, que debe de ser el lugar más anglófilo de todo el Estado. Aquí tenemos la calle de Horacio Nelson y allí aún nos nombran en el Canary Wharf, que es la city de los rascacielos sobre el antiguo puerto de los canarios desde el siglo XVI. No nos puede la nostalgia; es el corazón el que se rebela, es el Greenwich de nuestra misma hora del Meridiano; son los recuerdos y las cosas de comer. Porque si se nos van los ingleses, la cuenta de resultados se va a resentir. No solo importaremos semillas de papas danesas y tiraremos los tomates por los barrancos ante el cierre de la libertad comercial con nuestra hermana isleña del Canal de la Mancha. Es que los turistas darán media vuelta, y será como darnos la espalda tras doscientos años de familiaridad. No entenderemos qué nos pasa, pero no nos sentiremos bien. El good bye de Boris Johnson tiene un impacto en la idiosincrasia y el talante de nuestros respectivos pueblos. Ni el inglés será el mismo sin nosoros, ni los canarios vamos a permanecer impasibles ante el brexit salvaje que abandera este populismo más del señor Hyde que del doctor Jekyll, como si toda esa legión de antieuropeos embravecidos se hubieran tomado la pócima diabólica y estuviésemos ante un trastorno colectivo de personalidad. No cabe hallarle otra explicación al desatino de los políticos británicos conservadores. Por si hubiera dudas, el premier dice que preferiría estar muerto en una cuneta que pedirle a Bruselas una nueva prórroga para la desconexión.

En los años 60, cuando tres beatles, Paul McCartney, George Harrison y Ringo Starr, vinieron a Los Realejos, a la casa de un amigo alemán, y se mojaron los pies en el muelle, como dice su biógrafo Nicolás González Lemus, y frecuentaban el desaparecido Flamingo, tomaban café en el Bar Dinámico y no les dejaron tocar en el Lido San Telmo para maldición de quien los vetó en el colmo de la ignorancia, no estaban de vacaciones en ningun lugar exótico del planeta. Se sentían en casa, porque éramos parte de su universo cotidiano. Los ingleses, desde niños, conocían las islas de ahí al lado, adonde tenían que ir una y mil veces en sus vidas. Lemus ha historiado esa vinculación comercial, turística y sentimental. Somos un destino de ocio de primer nivel gracias a ellos, que nos pusieron en el mapa del turismo. Primero fueron los viajeros tísicos que buscaban curarse en un clima seco, poco húmedo y aireado por los alisios, y dejaron de ir a Funchal para establecerse en el valle de La Orotava, en el Puerto de la Cruz. Paul McCartney casi se ahoga en el charco de la Soga, en la Playa Martiánez, y lo cuenta en sus memorias de aquel viaje. Fue una temeridad que estuvo a punto en efecto de abortar el fenómeno Beatles justo antes de que estallara a su regreso bajo el enorme éxito del primer disco del grupo, Please Please Me , editado en 1963 poco antes de evadise hacia Canarias, prolongación natural de la Inglaterra que nos tenía en la palma de la mano. Aquí sanaban sus enfermos de turberculosis, aquí comerciaron los ingleses y aquí descubrieron el solárium que anhelaban en invierno. Ellos, los inventores reales del turismo, los que crearon el hábito de viajar, tenían el mejor concepto de nosotros. Iban y venían como lo más natural del mundo. ¿Qué iba a hacer Agatha Christie cuando se separa y entra en depresión en 1927, sino venir con su hija y su secretaria a Tenerife, al Puerto de la Cruz, y después salta a Las Palmas, y escribe relatos inspirados en estas islas, y evita bañarse en las aguas rebeldes donde casi la palma McCartney, prefiere tumbarse en la orilla y dejarse acariciar por el sol.

Hemos sido compinches. Cuesta creer esta castración. A Nelson no lo dejamos entrar, pero ahora nos sabe mal que los ingleses quieran irse; nos atañe de una manera compleja su divorcio con Europa. Es posible que en ninguna otra parte de España y acaso del propio continente se perciba este instante traumático con la amarga sensación que produce en Canarias. Churchill, que paseó por los santuarios ingleses del Puerto hace ahora 60 años, haciendo la uve de victoria con los dedos de la mano a la salida del Lido enfundado en un abrigo con sombrero y puro, pasajero del yate de Onassis, tiene ese axioma demoledor con que aleccionó a un neófito parlamentario de su partido: “Nuestros adversarios están enfrente, nuestros enemigos atrás”. Boris Johnson no gana para desertores, incluido su propio hermano. Mañana la reina Isabel II firmará la ley recién aprobada que arruina la pretensión del premier de causar baja en la UE por las buenas o por las malas el 31 de octubre, y también mañana el espasmódico tory se propone invocar /convocar elecciones anticipadas antes de esa fecha. No está el horno para bollos después de tildar al laborista Jeremy Corbyn de “nenaza” y “gallina” como para recabar su apoyo ante una nueva cita con las urnas. Muerto en la cuneta y con el Parlamento, en breve, clausurado, el sucesor de Theresa May comienza a moverse como un fantasma, en minoría y abocado a dimitir.

Los viajeros y naturalistas que precedieron al boom turístico, y en gran parte lo propiciaron, se sintieron fascinados con nuestro paisaje, que al principio se resumía en el Teide, cuando era considerado el mayor volcán del mundo. Luego la postal del valle de La Orotava conformó un habitat entrañable para nuestros huéspedes británicos. El filósofo Bertrand Russell, Nobel inglés, se sentó a hablar con los responsables de Gaceta de Arte en una visita a la isla en el 35, en la ciudad turística del norte. Y de ese encuentro Pérez Minik -de cuya muerte se cumplen ahora 30 años- se fijó en “las aristas de su cara” y “su ojos de acero, siempre alertas”. Russell y todos aquellos polímatas ingleses idolatrados en nuestro pequeño mundo insular, a las puertas de una gran guerra, eran entonces tolerantes y subversivos. Ahora se les ha metido el enemigo en casa, como decía Churchill. Se van nuestros amigos los ingleses. Y nos sentimos raramente más solos sin su compañía congénere. Nosotros, ingleses y canarios, isleños de Europa.

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