Opinión

A cien segundos de la medianoche

Hemos acabado todos en la casa de Asterión, al que acusaban de soberbia, tal vez de misantropía y de locura. “Algún atardecer he pisado la calle,” admite el personaje de Borges, que retorna siempre antes de la noche al hogar por temor a que la plebe lo reconozca. Juega en los corredores a creerse perseguido por el minotauro, se deja caer por las azoteas, enloquece y finge recibir a su doble, le muestra la casa, que se multiplica en estancias infinitas. La casa es del tamaño del mundo. “Mejor dicho es el mundo”, sentencia.
Hemos asistido, en pleno siglo de los mayores avances tecnológicos, a la disputa de hacernos con una simple mascarilla, a fabricarlas artesanalmente, a cubrirnos la cara con pedazos de papel. Somos el resultado de una metamorfosis en el túnel del tiempo hasta convertirnos en gentes de un viejo tiempo menesteroso que había desaparecido de nuestra memoria. Somos, o mejor, hemos vuelto a ser de una época antigua, cuando había que arreglárselas con lo poco que había y tirar hacia delante. “De niño, éramos así, austeros y todo escaseaba”, escucho al cliente que ayer compraba el pan delante de mí, con gesto triste y resignado.
El reloj. Toda esta vuelta atrás, en mitad del nuevo cambio de hora la pasada madrugada, me trajo el recuerdo de un reloj singular. Un grupo de científicos americanos concibió la idea de crear una revista divulgativa sobre los peligros del fin del mundo, el reloj del Apocalipsis. Cada equis tiempo, alejaban o acercaban las manecillas respecto de la medianoche, el momento del temido desenlace . The Bulletin of Atomic Scientists (El Boletín de Científicos Atómicos) comenzó poniendo el foco del anti-big bang en los peligros concernientes a la energía nuclear y todo armamento de destrucción masiva. Cuando apareció por primera vez como representación premonitoria en la portada de la revista, en 1947, el reloj situó la distancia del cataclismo, según la posición de la aguja, en 7 minutos. Ha sido curiosa la historia de este reloj al abrigo de la evolución de los grandes acontecimientos de la humanidad. A comienzos de los 90, pasamos a estar a 17 minutos, con la firma de los tratados de reducción de armamento entre Estados Unidos y la URSS, pero en 1953 estuvimos ya a dos minutos de la medianoche a raíz de las pruebas nucleares de ambas potencias. El minutero se acercó a tres minutos en 2015 y tres años después confluyeron nuevas amenazas que lo aproximaron a la hora fatídica, a tan solo dos minutos del juicio final: de nuevo, los riesgos nucleares, la bombas biológicas y el cambio climático.
Pero fue el otro día, a comienzos de este año bisiesto 2020, que el reloj del fin del mundo sufrió un nuevo ajuste y nos quedamos a tan solo cien segundos de la medianoche innombrable. El fin del mundo, según los científicos del tiempo, estaba más cerca que nunca. Lo habíamos olvidado, pero esto ocurrió hace solo unas semanas. Recuerdo cuando dimos la noticia anecdóticamente en la contraportada de DIARIO DE AVISOS del diagnóstico de los sabios, que cuentan entre ellos con trece premios Nobel. La tormenta perfecta, le leí decir entonces al periodista científico de El País Javier Salas. Este año nos confundió a todos con sus galas de dígitos simétricos y su donosura. Pero los científicos repararon en los riesgos objetivos, y, en buena lógica, el comité del Reloj del Juicio Final rodó veinte segundos las manecillas, “más cerca del apocalipsis que nunca”. El mensaje a líderes y habitantes del planeta no podía ser otro: el riesgo era máximo. La doble hélice del cambio climático y el peligro nuclear se había multiplicado, con el agravante de que los puentes de la comunicación entre los máximos dirigentes simulaban estar rotos. En mitad de la guerra comercial y de aranceles y otras desavenencias, no estábamos ante el mejor pórtico de la paz mundial y el consenso de las potencias. Pero hasta ese momento todas las especulaciones se referían a la carrera armamentística, al hacha desenterrada entre Estados Unidos e Irán por su programa nuclear y los constantes misiles de Corea del Norte. Rusia no entraba en razones cada vez que se cruzaba en el camino de los yanquis. Y la niña Greta Thunberg alimentaba la idea de un deterioro climático irreversible. Estábamos prevenidos de que la elevación del mar amenazaba nuestras playas y costas, y no se nos ocultaba la alarma, pues el centro de Izaña es uno de los principales detectores de las emisiones de dióxido de carbono del mundo. Tengo muy presente aquel artículo de Salas sobre el día en que el reloj apocalíptico señaló su peor hora para la humanidad, a cien segundos de su exterminio. Ese día eran estos de principios de 2020. Y no dejó de parecernos un simpático flirteo con la ciencia ficción, simbolizado en las manecillas de un reloj admonitorio. A su juicio, el momento más feliz y distendido de la humanidad había sido en 1991, cuando George Bush padre y Mijail Gorbachov rubricaron el Tratado de Reducción de Armas Estratégicas y el desarme atómico parecía al alcance de la mano tras la Guerra Fría. El reloj puso el fin del mundo a 17 minutos de la medianoche. Gorbachov había propiciado la caída del muro de Berlín y firmó ese acuerdo de la distensión plenamente convencido del paso que daba. Como he recordado alguna vez, le pregunté un año más tarde si era consciente de que sus actos habían cambiado la historia y respondió escuetamente: “Sí”. El mundo llevaba una deriva que parecía de ensueño. Creímos que el futuro sería mejor que nunca antes jamás. El reloj celebró otros instantes afables de los máximos dirigentes, pero incluso fue benévolo cuando estuvo tan cerca una conflagración mundial como en 1962, durante la crisis de los misiles cubanos. El reloj señalaba, paradójicamente, siete minutos confortables de distancia de la medianoche apocalíptica. Fidel, entonces, bramó contra el acuerdo de Kennedy y Kruschov para retirar las armas soviéticas de la isla caribeña, y en La Habana tuve el privilegio de poder preguntarle en 1998 por aquellas circunstancias decisivas: “Kennedy fue magnánimo, no acabó con nosotros por aire, nos habría borrado del mapa”, me sorprendió agradecido del enemigo al cabo de 36 años. Pese a todos aquellos peligros para la paz, el reloj de los científicos no halló tantos riesgos como hace unas semanas en que pronosticó que estábamos a cien segundos del final. Y ahora que estamos en el vórtice de la profecía, no podemos sino preguntarnos de qué tamaño será su escalofriante acierto. No lo podemos saber aún. Ni lo queremos saber. Porque no consentiremos que suceda.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión 1 comentario

La marcha azul

Marruecos tira la piedra y esconde la mano. Su estilo es la diplomacia de los hechos consumados. Para las Islas no es nada nuevo; para un gobernante desmemoriado en Madrid la treta puede surtir efecto. Hay que aguzar los sentidos si no queremos que nos sorprendan males mayores. Las leyes marítimas que acaba de aprobar el Parlamento marroquí para delimitar sus fronteras tienen dos consecuencias perversas: usurpar el mar del Sahara en flagrante violación del derecho internacional y, en lo que nos atañe e inquieta, alargar sobre las Islas la sombra de un territorio fantasma con capital ilusoria en Rabat.

Esta ficha no se movió sorpresivamente este miércoles en la Cámara de Representantes marroquí; responde a un procedimiento iniciado en 2017, y ya entonces alertamos en nuestro periódico de la semilla de la discordia. La amenaza ahora ya está plasmada en el papel y en la misma premeditación se incluye, pasando por la ONU, ampliar la plataforma continental para disputarnos los minerales de la llamada tecnología verde que atesora la cadena montañosa de nuestras islas abuelas al sur. Marruecos es el reino de los cielos, los mares y las islas del Atlántico Medio, en el imaginario de sus monarcas. A nosotros esos sueños de grandeza nos salpican de lleno, siempre preguntándonos qué hacer y qué no hacer, y cómo hacernos valer sin dejar pasar por alto nada de lo que mañana nos podamos arrepentir. “Es un derecho soberano que Marruecos no necesita consultar con otro país”. Esta fue la respuesta en caliente, en julio de 2017, que recogió la agencia Efe, del portavoz del Gobierno marroquí, Mustafa Jalfi, tras el primer acuerdo del Ejecutivo sobre estas leyes nada inocentes, ante la pregunta de si obedecía a un diferendo territorial con España por las aguas de Canarias.

Estamos en pleno siroco africano sobre un mar de pateras y cayucos. A Marruecos le tenemos cogida la medida desde los 70, cuando la frustrada descolonización del Sahara. En las calles de la capital grancanaria los saharauis, tras la invasión de su parte del desierto por Rabat, esquivaban a los agentes marroquíes camuflados en una ciudad transitada de polisarios. Tenía y tiene unos pocos buenos amigos el rey alauí en nuestras Islas, pero había alguna que otra casa donde eran bien recibidos los saharauis, pese al lobby promarroquí, y una asociación de amigos del Sahara, que servía de embajada del pueblo ocupado, un sitio amable donde pernoctar. Entonces, Hassan II era un monarca influyente que se recluía en los palacios opulentos de sus dominios y movía las fichas de un tablero al rojo vivo, donde se sentía necesario y estratégico para Europa. Jacques Chirac tutelaba su esgrima de mandatario sinuoso, y él intimidaba de ese modo a mauritanos y polisarios, y se engallaba frente a Argel dando vueltas con su rito rototraslatorio de marear la perdiz hasta conseguir el objetivo. Hassan II era un referente africano para las democracias europeas. En Canarias no caía simpático, pero había buena fe en gobernantes como Saavedra en la idea de tender puentes de buena vecindad comercial y turística.

En ese intento de llevarse bien convenían huéspedes españoles como Juan Goytisolo, tomando té con menta en la plaza de todas las palabras, Xmáa-El-Fna, donde se enardece Marraquech. Los canarios lo íbamos a ver, departíamos en su arcadia marroquí de los lazos inexistentes, pues la desconfianza nos ha alejado siempre al uno del otro. Salvo el recordatorio de las pateras, nos hemos dado la espalda. Había otra cosa inquietante. Durante estos años, los gobernantes que volvían de hablar con el rey alauí comentaban lo del mapa. Un atlas en su despacho, que mostraba coloreado de amarillo el Gran Magreb, contenía nuestras Islas, Ceuta y Melilla. No había deleite en la relación, sino detalles de mal gusto, una cierta descortesía de un vecino arrogante.

La guerra del Sáhara de los años 80, entre polisarios y marroquíes, involucró a las islas involuntariamente y se cobró vidas humanas. Los pescadores isleños secuestrados por los efectivos de la RASD vivieron una suerte de síndrome de Estocolmo cuando invitaban a sus captores a apadrinar a sus hijos que bautizaban en Las Palmas al recobrar la libertad. En Tinduf, Mohamed Abdelaziz (heredero incombustible de El Uali, el joven fundador del Polisario muerto en combate) nos pidió opinión a los periodistas y yo di la mía: que los pesqueros canarios que llevaran la bandera tricolor fueran protegidos en mitad de la guerra. Marruecos no eran monjas ursulinas. Están por esclarecerse aún algunos graves atentados cometidos por los dos bandos. Rabat ha toreado siempre a la ONU tras apropiarse del Sahara hace más de 40 años. Es un caso inaudito de desobediencia internacional desde Kurt Waldheim a António Guterres pasando por Pérez de Cuéllar, Boutros-Ghali, Kofi Annan y Ban Ki-moon.

Somos como la pequeña Cuba a pocas millas de un Estado que no es de fiar, dotado de una capacidad de espera exasperante. En esta callada respuesta a los requerimientos de Naciones Unidas, Marruecos ha ejercido una dilatada represión de puertas adentro. Por esa causa, en Lanzarote fuimos testigos de la huelga de hambre de Aminetu Haidar, a finales de 2009, que no se rindió hasta que la dejaron volver a El Aaiún. En los vuelos a Marruecos son continuos los vetos a visitantes incómodos para el régimen. La coartada es el freno al islamismo que ejerce a ojos de París, a cambio del territorio y ahora las aguas del Sahara. Cuando Franco agonizaba Hassan lanzó la marcha verde que desató el conflicto. Esta vez, el heredero siguió el manual paterno, ante un Sánchez interino saliendo de unas urnas endiabladas. Las leyes son la marcha azul para el control de las aguas ajenas del Sahara, España y Canarias. Estamos asistiendo al capítulo central de una vieja historia no resuelta. El mapa del rey en la pared de su despacho. La persecución de polisarios por las calles de Las Palmas. El ninguneo a la ONU. La disputa del petróleo y el telurio. Y las aguas extraterritoriales. Nada de lo que acontezca a partir de ahora nos será indiferente. Todo nos compete y concierne de un modo absoluto. Es nuestro futuro y nadie ha de tomarse más confianzas de las necesarias. También eso tiene un límite, que habrá que establecer de una vez por todas.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

La Gomera, en boca de todo el mundo

Nunca hemos tenido ingleses y canarios los relojes tan en sintonía como este viernes de cesura y divorcio de Londres y Bruselas. Las campanas del Big Ben (silenciosas por obras) sonaron sentimentalmente en nuestros oídos, y bromeamos con la disputa del punto fijo reclamando el Meridiano Cero que nos arrebató Greenwich en el fondo de la historia. Y nos dieron las diez y las once, como en la canción de amor y desamor de Sabina una noche en la barra de un bar. Nosotros, que somos los más ingleses de España, y que tenemos un puerto que nos nombra todos los días junto a la City londinense, que hemos tenido nuestros roces y diferencias cuando nos importunó el Almirante y que hemos leído y comentado a sus autores en las páginas de Pérez Minik, y que hasta hemos tenido el honor de unas menciones memorables de Shakespeare sobre los vinos que “perfuman la sangre”, estamos pasando el Rubicón del duelo de este adiós. Como en una ruptura matrimonial, un verso partido en dos hemistiquios. Ni Nelson ni el Canary Wharf, ni el malvasía de Falstaff, ni los millones de turistas asiduos van a perder el visado de nuestro idilio y fricción de los últimos siglos.

Pero el brexit eligió mal día. Estaba Europa, estábamos pendientes del coronavirus de La Gomera como de un plebiscito, mirando el reloj. Poco antes de que dieran las once de la noche (las 12 en España y en Europa) y cayera el telón el 31 de enero en Reino Unido (más desunido que nunca), este viernes en las Islas recibimos la noticia del positivo del turista alemán de Hermigua. (Como dice Woody Allen, por qué demonios lo llaman positivo). Y se dispararon todas las alarmas, porque era el primer caso de contagio en todo el país, y en Europa se nos puso el foco como islas de confinamiento.

Cuando España entró en 1986 en la Comunidad Económica Europea -y a su lado, los canarios, con las suspicacias sobre el REF- El País me envió a La Gomera a preguntar qué necesitaban de Europa y obtuvieron un Plan de Desarrollo comunitario. La isla de Casimiro Curbelo ha despegado, es otra, y se esfuerza en mostrarse acogedora con los alemanes que la visitan. En un grupo de media docena de jóvenes germanos se encuentra el primer contagiado en España de la enfermedad más famosa ahora mismo en el mundo. Dada la enorme alarma desatada (minutos después, Europa asistía al primer funeral de sus 70 años de existencia), La Gomera se convirtió, sin querer, en la isla donde ahuyentar a este raudo coronavirus para contener su expansión. Era la hora del brexit y en mala hora La Gomera sonó en los despachos de Europa, y Merkel, la senderista adepta del Garajonay, por un instante aparcó la pesadilla inglesa, en plena cuenta atrás, y se ocupó de sus compatriotas aislados en el hospital de la isla que conoce tan bien. Pero hemos leído en el DIARIO al catedrático Basilio Valladares y las declaraciones del doctor Sierra y las del supermédico del centro de alertas de Sanidad, Fernando Simón, y salvo las polémicas conjeturas del cirujano Cavadas (“los muertos en China son cien veces más, cabe pensar”), los expertos convocan a la calma por la baja letalidad de la epidemia china originada en un mercado mayorista de animales vivos en Wuhan, y recuerdan que hubo otros síndromes respiratorios más severos este mismo siglo.

De manera que estas son las primeras cicatrices de 2020, el brexit y el coronavirus. El contagio de las malas ideas, esa gripe de nuestro tiempo. Todo envuelto en una profunda consternación por la marcha de los ingleses y, de paso, el miedo a que la muerte viaje por el aire, por los aviones y la traigan los turistas, algo tan sumamente injusto cuando hay percances más dañinos, como nuestra propia gripe común. El problema es dónde reside la verdad y si aún podemos salvarla del desastre. El mutis por el foro de la cuna teatral de Europa se fundó en la propagación de la mentira de las predicciones económicas de la salida. En 2016 (el año de dos noticias infaustas, el triunfo de Trump y el referéndum del brexit), el Diccionario Oxford declaró palabra del año la posverdad, aquel concepto acuñado por un sociólogo norteamericano que llevó The Economist a un editorial a propósito de las últimas elecciones en EE.UU. y la victoria de un populista con un discurso xenófobo y antisistema. La posverdad -la falacia consentida- es un bulo emocional que regala los oídos de la gente cabreada por su fracaso en la vida. Antipoética y tosca, conmueve y apela a los sentidos como una falleba eficaz que asegura las fronteras; esa política de autoayuda, que destruye a su paso. La posverdad como virus.

Europa se defiende de su primera escisión en 70 años y anuncia una conferencia para mayo que durará dos años para dar con el desencanto, con la cepa del euroescepticismo. Hace 35 años, cuando los canarios pusimos un pie en Bruselas, la Unión era una docena de Estados; ahora, ya sin el inglés, suman 27. Nadie estos días menciona que en el 82 se apeó la danesa Groenlandia, una isla más grande que toda la Comunidad, pero apenas poblada, cuyos esquimales deploraban que los europeos les esquilmaran sus fondos pesqueros. Algunos laboristas británicos enviaron telegramas felicitando a los groenlandeses por su referéndum, que cito como precedente del brexit. De aquellos polvos vienen estos lodos. Y así se escribe la historia de la histriónica patada de Boris Johnson como una coz a los cimientos de la UE, que en el reportaje de Jorge Berástegui parece haber dolido en el alma a los propios ingleses vecinos del Puerto de la Cruz.

La pasada legislatura estuvo marcada por dos referendos, en Reino Unido y en Cataluña (2016 y 2017). Con la antena puesta en el cambio climático, la revolución digital, el problema migratorio y el futuro de Europa, los nuevos dirigentes de la UE prestan a estos urgentes desafíos protocolos de socorro y prevención, pues se trata de epidemias, incluido el euroescepticismo. La Gomera vio salir a Colón rumbo a un Nuevo Mundo, y desde este viernes sentimos que algo se rompe y el mundo en 2020 no está en su mejor momento. El patógeno chino y el brexit nos involucran, no somos ajenos a ambos problemas, sino actores directos, tanto porque el coronavirus ha tocado a nuestra puerta, como porque la acaba de cerrar un amigo que se ha ido.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

Curar con c de cáncer

Unos cuantos fenómenos recientes establecen las reglas de juego de esta década recién iniciada. No será la política, ni la economía la que únicamente nos rija, sino, sobre todo, la ciencia. Porque la salud apaga los otros frentes y pone sus condiciones. Lo hemos visto esta última semana a raíz del coronavirus, capaz de eclipsar brexit, Cataluña, el feliz balance del empleo… A una misma generación la sacudieron el Sida, el cambio climático y la madre de todas las crisis. Los nuevos contratiempos para la salud, estas gripes feroces y los coronavirus, colapsan la oferta de géneros en los mercados de la noticia. Y en el futuro inmediato, las terapias se disputarán la demanda, que es global y aprensiva.

Hay enfermedades crónicas o nuevas de toda laya. En el infierno de nuestros horrores están esos miedos a la muerte por una mala pasada de la salud. En eso somos cortoplacistas, vivimos al día, pero anhelamos vivir mucho, y solo será posible con ayuda de la ciencia, que se ha puesto las pilas en todo el mundo. Una de las grandezas de la ciencia en el último soplo de la pasada década y ya en el umbral de esta fue oír hablar de curación del cáncer. Porque hemos visto desaparecer a tantas personas cercanas, de la noche a la mañana, que vencer esta enfermedad se ha convertido en un gran paso para la humanidad, como lo fue llegar a la Luna. Hoy la decana de los males letales celebra su día mundial, y paramos el reloj. El cáncer será más curable que nunca en esta década. Resulta impactante que buena parte de las enfermedades que llevan esa marca de agua fotografían, a su vez, lo subsanable. La noticia del siglo por entregas. Los avances terapéuticos y el diagnóstico precoz han impulsado la estadística. La investigación va a toda pastilla, como comprendí cuando este año dimos la noticia en el DIARIO de que el célebre oncólogo español Barbacid y su equipo habían logrado curar en ratones el virulento cáncer de páncreas, y que la terapia estará disponible en cinco años. A Punset se lo llevó un cáncer de pulmón; al abogado tinerfeño Ángel Isidro Guimerá, uno de páncreas; a Adán Martín, un infausto cáncer linfático. Víctimas de la causa que hoy nos convoca. El cáncer de próstata tiene una tasa de supervivencia del 90% en España; el de mama, un 85%. El de colon ya registra una recuperación del 63%. Cada 10 años, avanza la lucha contra el cáncer con diez puntos de ventaja. Estamos a las puertas de algo grande. Otro eminente oncólogo español, Joan Massagué, ha logrado con sus tanques en Nueva York meter en cintura a la metástasis, responsable del 90 por ciento de las muertes por este desencadenante. Los padres de la esperanza contra el cáncer anuncian que en breve será controlado como una infección. Y se borrará el estigma social, que es peor que la enfermedad. Lideran un ejército de lo que el psiquiatra Luis Rojas Marcos llamó, tras el 11-S de Nueva York, los ángeles anónimos de la catástrofe. A menudo los científicos dan ejemplo a los políticos. Lo decía José Luis Sampedro. Y va a misa.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

Greta contra Da Vinci

En una de las películas de Spielberg, el protagonista hace vida en la terminal de un aeropuerto, adonde llegó procedente de un país que, al aterrizar, había sufrido un golpe de Estado, perdiendo hasta su propia identidad. Los aeropuertos tienen una suerte de soberanía de sede de babel de naturaleza virtual que los mitifica como paraísos cosmopolitas. Son la ciudad en la que quisiéramos vivir todo el tiempo, abierta a los pasos de quienes entran y salen, y donde la curiosidad de asomarse al balcón, tan antigua como la niñez, para ver a los que transitan, resulta inagotable y su percepción nos remite a la infancia como en la magdalena evocadora de Proust. En los aeropuertos pasan las historias más secretas, como el polémico encuentro de Ábalos y Delcy Rodríguez, la vicepresidenta de Maduro, a la que Ana Oramas imagina rodeada de lingotes de oro. Pero vengo a hablar de otra cosa.

La semana ha agitado el debate sobre la vergüenza de volar, que alientan líderes adolescentes contra el cambio climático, como Greta Thunberg, el icono precoz de la nueva conciencia nórdica, o Vanessa Nakate, la joven activista de Uganda que aboga por las selvas tropicales del Congo. La paradoja de Canarias es que acaba de declarar la emergencia climática y su Gobierno parece ciertamente comprometido contra las emisiones de CO2, pero aquí una tercera parte de la economía depende del turismo, del transporte aéreo, de nuestro mito aeroportuario y de la familiaridad de volar. Nakate resalta que su país no se entiende sin la agricultura. Un canario, por su parte, se preguntaría qué hacer para confrontar el calentamiento global sin tener que combatir sus yacimientos turísticos y su contacto con el exterior. Sería enfrentar al isleño al dilema de luchar contra el cambio climático o contra el aislamiento. Nadie ignora que el tráfico aéreo experimenta un auge que devora a la atmósfera: el 57% de la movilidad es por aire; eran unos 300 millones de pasajeros en los años 70 y ahora van por cerca de 5.000.

El actual debate se extiende por las grandes capitales, pero ya despunta, bajo la primera piel de esta controversia, una doble mirada incompatible: la de las islas respecto a la de los continentes. Lo que en la Europa continental tiene encaje, en las regiones insulares se convierte en una amenaza, que hostiga aún más su mayor inferioridad: la distancia. El flygskam, o vergüenza de volar, es una bienintencionada propuesta, devenida en movimiento internacional, de la citada Greta Thunberg, que alerta de la polución de los aviones, por encima de otros medios de transporte, como coches y trenes, y que ha logrado sembrar en los gobiernos la idea de legislar contra Ícaro mediante un impuesto al queroseno e ir más allá: prohibir, llegado el caso, los vuelos cortos, de una hora para empezar a hablar.

Las islas se han llevado las manos a la cabeza, porque en los manifiestos al uso se declara que volar lejos en unas pocas horas “es un sueño que pertenece al pasado”. En ese pasado soñaba eso mismo Leonardo da Vinci: en el hombre pájaro. Y en el siglo XVIII se hicieron realidad los globos aerostáticos. Los canarios vamos por un carril retrospectivo: presionamos para que nos bajen el billete aéreo y afuera piden lo contrario, incluso abolirnos volar. En la cumbre de presidentes de regiones ultraperiféricas de San Martin han acordado solicitar a la UE, a iniciativa de Canarias, la salvedad de las islas para que se module en nuestros territorios el gravamen del queroseno. No es un tema menor, acaso estemos ante el mayor asunto que nos compete, pues nos va en ello la economía, la forma de vida, el porvenir. Mientras la Comisión Europea se lo piensa, algunos países como el neerlandés o el belga anuncian una tasa de siete euros por pasajero. Lo que viene caminando, como digo, es aún más drástico: la prohibición de volar. El Ámsterdam-Bruselas será el primer vuelo del mundo prohibido por motivos climáticos (el Parlamento holandés y el francés estudian suprimir vuelos internos si el recorrido en avión equivale a tres horas de tren). La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, proyecta eliminar el puente aéreo con Madrid, el de mayor actividad en El Prat y en Barajas. De nuevo conviene asomar la cabeza en esta vorágine, recordando a las ciudades continentales que para tales restricciones gozan de alternativas terrestres; en las islas volar es la única posibilidad para entrar y salir, sí o sí. Aplicar dogmáticamente el nuevo canon de extinguir los vuelos de corto recorrido conduciría al esperpento de derogar las conexiones entre nuestras propias islas y restablecer la peor de nuestras pesadillas: el aislamiento y la incomunicación. Ha de hablarse del derecho a la accesibilidad.

El síntoma ha sido Borrell, el alto representante europeo para la Política Exterior, Mr. Pesc, al tentar este miércoles al diablo cuestionando, con poca fortuna, lo que llamó el síndrome de Greta, para referirse a los jóvenes que se manifiestan contra el cambio climático sin medir las consecuencias. Huelga añadir que le llovieron las críticas en las filas propias y ajenas, pues ya la presidenta de la Comisión, Von der Leyen, auspicia el Pacto Verde Europeo, y hay un consenso general en Europa contra el negacionismo de Trump en esta materia. Borrell ha matizado sus palabras. Pero el síndrome de Greta (que viajó en velero a la cumbre climática de Nueva York y regresó en catamarán a la de Madrid) tiene sentido, como concepto, para hablar de lo que hablamos: de la excepción de las islas que, tarde o temprano, tendrá que irrumpir en su discurso, o estaríamos ante una visión eurocentrípeta, ante un supremacismo continental que nos excluye a las islas en la lucha contra el cambio climático. La ministra española de Transición Ecológica, Teresa Ribera, ignorando esto último, arguyó el impuesto al avión porque “volar es de ricos”. Las autoridades canarias, que elaboran, precisamente, una ley contra el cambio climático, han debido enmendarle la plana. No tenemos trenes para salir al mundo y los viajeros no tienen otra manera fluida de venir. ¿Qué hacemos en tanto no dispongamos de aeronaves eléctricas? Si un pasajero ferroviario emite 14 gramos de dióxido de carbono por kilómetro y otro que use el avión, 285 gramos, es que estamos perdidos. Y entonces solo cabe soñar en seguir volando a contracorriente.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

Vientos, mares, suspicacias…

África está tan cerca que le evitamos la mirada y le damos la espalda, como se quejaba Pepe Dámaso en los años 60 cuando era el único representante español en el festival de artes plásticas de Dakar y lo fue a ver Marpessa Dawn, la bella Eurídice de Orfeo Negro. Llevamos casi medio siglo haciendo caso omiso de África, hasta que vinieron las primeras pateras y rompieron el velo que nos separaba como una cortina de humo. Crucé una vez esa tela como el espectador que atraviesa la pantalla y entra en la película. De noche, Argel, por cuya batalla éramos fans de Gillo Pontecorvo y conocíamos las guerrillas del FLN en la mítica Casbah, se confunde con Canarias, las calles resultan familiares y en las ventanas se adivina el mismo fisgoneo de los vecinos de nuestros barrios. De día supongo que se agudizan las diferencias con sus avenidas coloniales francesas. Pero yo pernocté en el continente la primera vez, era de noche, y al día siguiente me encontré metido de lleno en el desierto, como en una escena de Vázquez Figueroa, y también me agradó, como si estuviera en las estepas de Fuerteventura, lo mismo aquí que allá. Dámaso ha hablado siempre de ciertas facciones de indigenismo negroide en algunas plazas de Canarias, como en el Santa Catalina. Ahora vuelve ese color a nuestro entorno con los pasajeros supervivientes de las nuevas pateras. En agosto del 94 abrieron esa ruta dos jóvenes saharauis que siguieron la luz del Faro de la Entallada. En la siguiente década, irrumpieron los cayucos, que son más grandes, vienen de más lejos y transportan a más inmigrantes. De tal modo que Canarias es como Lampedusa o Lesbos.

Para un isleño, el África bereber es un reencuentro con un territorio congelado en la memoria ancestral. Tenemos la huella de ese útero desértico, acaso alberguemos recuerdos primitivos de aborígenes parientes del tuareg que procedieron en los tiempos remotos a poblar las islas en las primeras oleadas de migrantes. Toda esta analepsis de antecedentes no nos ha de extrañar, pero la realidad en que vivimos ahora, en 2020, es otra. Nos hemos atribuido una identidad nueva, postiza y ajena por completo a África, primero para alardear solo de América y, después, para ejercer cierta impostura europea. Las tres caras, siendo auténticas, nunca hemos logrado conciliarlas.

El siroco rompe todo simulacro, con su llegada impetuosa de vientos del desierto y sus nubes asfixiantes de polvo en suspensión. O sea que es la calima una matraquilla africana que afila los dientes y nos muerde la memoria. Estos canarios qué se habrán creído. Desde Juba II, el rey de los mauritanos en los albores de la era, estamos en ese punto de mira, por más que hagamos renuncia de historias y prehistorias; los arcanos son los arcanos, el relato de los clásicos y las mitologías nos devuelven a nuestro origen y emplazamiento. Canarias borró las huellas y desconoció sus propios portulanos. Pero las olas nos devuelven en la orilla la imagen de quiénes somos.

España había perdido sus últimas colonias, tras 400 años de tradición expansionista (1492-1898), constreñida por los duelos de británicos y franceses, nuevos amos, y se había refugiado en sus posesiones en África. Ahí nació el africanismo español, con su visión holística del continente, como el último residuo imperial. Eso explica que Franco creara su Instituto de Estudios Africanos. Después, cuando Marruecos ocupó el Sahara y retornaron los últimos paisanos de Fos Bucraa, hicimos borrón y cuenta nueva. Pronto hará cincuenta años que le quitamos el saludo a África, en gran parte por reticencias respecto a Rabat. Por ese motivo se dio un giro inconfesable en la opinión pública de las Islas sobre la OTAN. Remisos como éramos sobre bases militares de cualquier procedencia, pacifistas a carta cabal, tras la muerte de Franco y el abrazo del oso de Marruecos a las jaimas del vecino saharaui, las Islas vieron las orejas al lobo. Y de ahí se pasó a sopesar vivir bajo el paraguas militar de la OTAN (nuestros dirigentes quisieron saber con discreción si quedábamos dentro de esa cobertura y yo mismo se lo volví a preguntar no hace mucho a Javier Solana, que fue secretario general de la Cosa).

En la España peninsular hay ahora una doble preocupación africana, y del mismo modo que en los años 80 Madrid usaba a los canarios para entenderse con América, ahora que Marlaska va y viene siguiendo la estela de pateras y cayucos, y la ministra de Exteriores ya sabe lo que es volar a Rabat para sofocar la marcha azul de sus leyes inamistosas, nos toca a los canarios girar la cabeza y mirar de frente a África sin vanidad ni dejación de nuestro deber. Canarias haría bien en tomarse en serio su lugar en el mapa. Conviene repasar la historia, el informe de Juba II sobre las Islae Fortunatae, su interés por fijar el primer meridiano del Orbis Terrarum, nuestras primeras noticias en Plinio el Viejo; leer y estudiar los problemas del mar, de las pesquerías (cuando el banco se llamaba canario sahariano); los antecedentes políticos y económicos; las espirales de Chirino y su cabeza africana en la trasera de CajaCanarias; los lazos de Sedar Senghor y García Cabrera; la cultura prehispánica de nuestros museos con sus momias guanches, y ponerse al día.

Los cayucos y las pateras con bebés y mujeres embarazadas han forzado una cumbre migratoria en Gran Canaria este jueves, tras oír cómo un juez comparaba los CIE con las cárceles de la dictadura. Y el diferendo sobre las fronteras marítimas con Marruecos, con los tesoros minerales en disputa, tensaron el debate parlamentario en Tenerife esta semana. Todo esto aconseja reajustar las prioridades de Canarias, para colocar donde corresponde en la agenda a África. Que no sea por la calima que caigamos en la cuenta de dónde estamos. En tiempos, Felipe González, por espadas menos filosas y desafiantes, erigió al delegado del Gobierno Eligio Hernández en lo más parecido a un ministro para África. Aún sin esa encomienda expresa, el palmero Anselmo Pestana, que acaba con el turnismo de tinerfeños y grancanarios en ese mismo puesto, recibe una herencia de guiños y políticas gestuales entre las dos orillas que invita a estar sobre aviso. El cielo que nos cubre, a veces a riesgo de cegarnos, sabe de las dudas que sobrevuelan la convivencia con quienes compartimos el aire, el mar y, cómo no, las suspicacias.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

La violenta estadística

En el ranking de la vergüenza Canarias suele copar los puestos de cabeza, a sabiendas de que en las cuestiones más nobles en ocasiones ocupa los vagones de cola. No es una maldición bíblica, no va en el ADN de las islas por aquello del aislamiento y la marginación. Es una consecuencia de errores concatenados, de mala gestión pública y de negligencia de la autoridad correspondiente. Valga el dato fehaciente de que en vísperas de la gran crisis teníamos el 9 por ciento de paro, y no este 21 por ciento que desborda toda esperanza de poner freno al riesgo de exclusión.

¿Por qué hablamos hoy de las estadísticas del bochorno? Somos con deshonra líderes en violencia machista, como señalábamos ayer en portada. Y el mismo día que todos nos conjuramos para expandir la consigna del ¡basta ya! contra la violencia de género reaparece el demonio en una vivienda de San Isidro, y Granadilla recorre toda España con el presunto asesinato machista que añade demérito al combate de esta lacra en una tierra que se avergüenza de prodigarse en crímenes y denuncias de esta naturaleza.

En la muerte se naufraga a menudo indagando las causas últimas. Es el caso de los dos indigentes (que comienzan a llamarse sin hogar, porque el lenguaje también tiene culpas) que han perdido la vida en las calles de Santa Cruz esta semana en un margen de 24 horas. La ciudad tiene un centenar de vagabundos y personas sin techo que buscan refugio en barrancos, asentamientos improvisados, zaguanes y cajeros de bancos. Viven en la calle y mueren en la calle, y la sociedad asiste impotente a un fenómeno agravado por las circunstancias múltiples de la pobreza, la droga y la salud mental. ¿Estamos haciendo las cosas bien? ¿Las administraciones adquieren conciencia bastante y ponen los medios suficientes? En este caso las soluciones no se agotan en el escalón asistencial de la UMA del Ayuntamiento, como prueban los hechos. No es un asunto epistémico banal dar con la realidad y la verdad del problema. Se necesitan psiquiatras, especialistas que atiendan a enfermos mentales que ponen en riesgo sus vidas y las de los demás por falta de medicación. El estribillo de estas asignaturas pendientes no puede eternizar la necesaria adopción de medidas y recursos.

Dijimos que estamos en puestos de cabeza en las estadísticas de la vergüenza. En abandono escolar temprano y desescolarización de cero a tres años,en hogares en riesgos de exclusión y pobreza, en paro, en dependencia sin prestación, en listas de espera, en imprudencias juveniles en la carretera, en suicidio demográfico, en litigios, en ninis, en rupturas y divorcios, y en violencia machista, como acabamos de comprobar.

No nos miró ningún tuerto un día infausto de porcentajes malvados. Todo el problema está en nuestras manos. Poner manos a la obra no es una frase hecha hoy. Es nuestro deber no darnos por vencidos. La solución a la violencia de género no será fácil, pero tampoco imposible. En manos de todos está.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

Pedro Sánchez: “Los canarios depositan su confianza en el PSOE. No defraudaremos”

CARMELO RIVERO

El presidente en funciones apura los últimos instantes de una minicampaña decisiva para su partido, para su candidato en Santa Cruz de Tenerife, Héctor Gómez, y para el conjunto del país envuelto en graves conflictos. Este domingo se convierte en el gran test de muchas decisiones de calado. Las urnas no son ajenas al momento que se vive en España y en Europa en la desembocadura de un año atravesado por signos desconcertantes respecto al porvenir. En ambos casos, la palabra bloqueo condiciona los próximos movimientos. Y el contexto volcánico de Cataluña y las secuelas de la exhumación de Franco impregnan la atmósfera electoral de un clima de suspense, si cabe, inédito en este país. Sánchez ha volado a las Islas en los últimos meses por distintos motivos. Desde las convocatorias electorales a los incendios de Gran Canaria, pasando por el centenario de César Manrique y sus propias vacaciones familiares, el presidente y líder del PSOE se ha bañado en las aguas de nuestros problemas. En la entrevista que concedió en exclusiva a DIARIO DE AVISOS afirma que las prioridades de las Islas son asumidas por su Gobierno como “propias”. Confía en no defraudar a los canarios si sigue al frente del Ejecutivo y celebra que haya sido sorteada una crisis turística en tiempo récord.

-En su primera etapa de Gobierno ha podido afrontar asuntos relevantes para las Islas. En general, ¿las singularidades canarias son asumibles por el Estado o destacaría alguna dificultad?
“Conozco de primera mano las singularidades del Archipiélago y puedo decir que encajan perfectamente en un Estado diverso, plural, lleno de peculiaridades y, por tanto, rico, como es España. El año pasado el Congreso de los Diputados dio luz verde a la reforma del Estatuto de Canarias y seguimos apostando por un REF que responda a las particularidades de las islas. Soy consciente de que ha habido una sensación de lejanía y abandono por parte de la Península. Pero, desde que el Partido Socialista llegó al Gobierno de España, asumimos como propias las prioridades del Archipiélago. Y ahora, además, hay conexión total con el Gobierno de Canarias.”

-La quiebra de Thomas Cook motivó un real decreto con ayudas especiales aprobado por el Consejo de Ministros y la Diputación Permanente. A su juicio, ¿se ha evitado a tiempo una crisis turística?
“Como ha venido haciendo el Gobierno en funciones ante cualquier crisis o emergencia, hemos procurado responder con rapidez y eficacia. En este caso, el 26 de septiembre tuvimos la primera noticia de la quiebra de Thomas Cook y ya el 11 de octubre, muy rápido, aprobamos en Consejo de Ministros un Real Decreto-ley de medidas urgentes, con una dotación de más de 700 millones de euros. Hemos puesto en marcha líneas de apoyo financiero a empresas y autónomos y políticas de empleo para paliar los efectos de la quiebra de Thomas Cook y también medidas para impulsar la modernización del sector y la mejora de la conectividad aérea. Son medidas tomadas de acuerdo con el Gobierno de Canarias, los cabildos insulares, los sectores implicados y los agentes sociales. Por tanto, quiero lanzar un mensaje de apoyo y certidumbre al turismo canario, un sector que da empleos directos e indirectos a miles de personas en las Islas y que siempre nos tendrá a su lado. Porque Canarias es una de las señas de identidad imprescindible del prestigio de la marca España en el mundo.”

-¿Cuando visitó Gran Canaria tras los graves incendios de agosto, cuál fue su impresión?
“De ese viaje a Gran Canaria recuerdo dos cosas: por un lado, la desolación por la magnitud de la catástrofe. Pero, por otro lado, la tremenda respuesta humana del pueblo canario. El poder de destrucción de esas llamas solo podía ser apagado por aquellos ‘bombhéroes’ de los que hablaba el cartel de la Autopista Norte de Tenerife. Y la excelente labor de todos los profesionales implicados en la extinción que se vio reforzada por la solidaridad de los vecinos y la coordinación de las instituciones. Ese viaje me reafirmó en que la naturaleza no puede esperar más y que todos los partidos políticos debemos tomarnos en serio la lucha contra la emergencia climática.”

-En las Islas se sigue con preocupación la recta final del brexit. El turismo y las exportaciones agrícolas históricas hacia un puerto tradicional como la actual city bautizada por ello como Canary Wharf están en juego. ¿Qué consecuencias prevé su Gobierno para Canarias?
“Todos los escenarios están ya estudiados y abordados. Desde el Gobierno de España, llevamos meses haciendo una labor interministerial para elaborar planes de contingencia muy precisos. De hecho, ya en el mes de marzo aprobamos un Real Decreto-Ley para el caso de que tengamos que enfrentarnos a lo que se ha llamado un brexit duro o salida no consensuada con el Gobierno británico. Sé que los agricultores, pescadores y ganaderos de las Islas están especialmente preocupados por sus exportaciones, y que los empresarios que trabajan con clientes británicos residentes están inquietos. Pero quiero dejar clara una cosa: estamos preparados para cualquier escenario de salida del Reino Unido de la Unión Europea. Sea cual sea, supondrá un cambio en la manera de relacionarnos con el Reino Unido, pero siempre mantendremos una estrecha colaboración en defensa de los intereses de ambos países, como ha venido poniéndose de manifiesto por ambas partes.”

-¿Cree fundados los temores de que las ayudas europeas a Canarias y el resto de RUP disminuirán en el nuevo escenario presupuestario de la UE para 2021-2027??
“Aquí también quiero aportar tranquilidad y certidumbre. Tanto el Gobierno de Canarias, en colaboración estrecha con Madeira, como el Gobierno de España defienden y defenderán los intereses de las Regiones Ultraperiféricas y garantizarán las partidas presupuestarias que Canarias necesita, tanto en el Marco Financiero Plurianual como en otros proyectos y medidas complementarios.”

-¿Cómo valora el cambio político obrado en las Islas tras las pasadas elecciones, con la caída de Coalición Canaria tras más de un cuarto de siglo en el poder, y la llegada del Gobierno de progreso del socialista Ángel Víctor Torres?
“Como comprenderá, como secretario general del PSOE, me siento muy orgulloso de los resultados electorales que hemos sacado en Canarias en todas las últimas elecciones y especialmente en las autonómicas, donde el trabajo en la oposición del PSOE se ha visto recompensado con un gobierno progresista al servicio de Canarias. Tras décadas de una gestión conservadora por parte de Coalición Canaria, el pueblo canario ha decidido depositar su confianza en el PSOE y tengan por seguro que no les vamos a defraudar. Ángel Víctor está haciendo una labor encomiable al frente del Gobierno del Archipiélago, y los cambios ya se están notando. Canarias necesitaba un Gobierno progresista que impulsara las mejoras que hacen falta. Ahora sí que lo tiene.”

-Estamos a tan solo 48 horas de que se abran a las urnas. ¿Cómo afronta las elecciones de este domingo?
“Con serenidad, con respeto y con determinación. Quiero ofrecer a los canarios y al conjunto de los españoles un Gobierno progresista, sólido y coherente, que salga del bloqueo y que empiece a tomar las decisiones y a emprender las reformas que España necesita ahora. Y también que pueda frenar a la ultraderecha. Se lo diré más claro: Vox es una invención de Aznar para desestabilizar a Rajoy que se le ha ido de las manos. Y frente a ello, el único voto útil para un Gobierno fuerte es el PSOE. Es el momento de votar al PSOE para que pueda haber un Gobierno progresista, o votar a cualquier otro para impedirlo.”

-¿El PSOE está abierto a gobiernos de coalición para desbloquear la parálisis de la vida política del país?
“Siempre he defendido que lo que España necesita es un gobierno progresista fuerte y cohesionado, y que no dependa de los independentistas. Pero en una democracia parlamentaria como la nuestra, un partido sin mayoría absoluta no puede desbloquear por sí solo la vida política del país. Quien tiene la capacidad es el conjunto del Parlamento. Por eso he propuesto que, si no se alcanza un acuerdo para investir al nuevo gobierno, los partidos permitan gobernar a la lista más votada. Pero, hoy por hoy, la única garantía de que haya gobierno es el PSOE, porque parece que ningún otro partido está dispuesto a desbloquear la situación.”

-Los sucesos de Cataluña parecen exigir un ejercicio de imaginación política. Como presidente, ¿qué piensa hacer?
“Lo que ya estamos haciendo: responder con firmeza y serenidad y apelar a la ley y al diálogo. El conflicto catalán solo se puede solucionar con la Constitución en una mano y con un proyecto de futuro en la otra. Cataluña es tan plural y diversa como lo es Canarias y el resto de España. La diferencia es que el independentismo ha vendido falsas promesas a una parte de la población, y esas mentiras generan ilusiones que luego se convierten en rabia y frustración. Lo último puede ser comprensible, pero la violencia nunca es justificada. Por eso, estamos poniendo todo nuestro empeño en rebajar la tensión y hacer lo posible por devolver la normalidad a la sociedad catalana. La solución a la fractura social en Cataluña solo saldrá del diálogo, pero antes es imprescindible que se cumpla la ley. Por eso exigimos a los dirigentes catalanes que condenen la violencia y hablen con la parte de la sociedad catalana que no es independentista.”

-¿Está convencido de que su decisión de exhumar a Franco cierra ese capítulo de la historia de España?
“España debe ser fruto del perdón, pero nunca del olvido. La exhumación del dictador, respaldada por los tres poderes públicos –primero el legislativo, luego el ejecutivo y, por último, el judicial–, ha sido un hito con el que España ha dado un paso más en su madurez democrática, demostrando que somos un país europeo avanzado, moderno y justo. La Transición cerró políticamente el capítulo de la dictadura, pero quedaba pendiente el acto de sacar a Franco del lugar donde reposan miles de las víctimas del franquismo. Ha sido un paso fundamental en la reparación que merecen las víctimas. Pero tenemos que ir más allá. No solo vamos a seguir colaborando en la apertura de las fosas para acabar con el dolor de las familias, sino que reformaremos el Código Penal para incluir como delito la apología del franquismo e ilegalizaremos la Fundación Francisco Franco.”

-Por último, ¿presidente, cuáles son los ejes de futuro para España que espera acometer tras el 10-N si continúa al frente del Gobierno?
“Tenemos que favorecer las condiciones para que se cree empleo digno y de calidad. Debemos ofrecer un proyecto económico competitivo pero sostenible, que no deje a nadie atrás y reparta de forma justa la riqueza. Tenemos que reforzar, ahora más que nunca, los pilares de nuestro Estado del Bienestar: la educación y la sanidad. Y, por supuesto, garantizar el futuro de las pensiones de nuestros mayores. Además, hemos de seguir avanzando en la conquista de la igualdad plena entre hombres y mujeres. Por otra parte, es urgente abordar la respuesta a la emergencia climática, así como los retos que plantea la digitalización. En definitiva, tenemos que avanzar. Y estamos en disposición de hacerlo.”

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

Pablo Casado (PP): “Mi primera preocupación sobre Canarias es el 21% de paro y la evolución turística tras la quiebra de Thomas Cook”

CARMELO RIVERO

El PP se dispone a afrontar esta semana su destino en la política española durante los próximos años. Tras perder la presidencia de Rajoy en la inusitada moción de censura de Sánchez, se convierte esta cita sobrevenida con las urnas, el próximo domingo, en una oportunidad de oro para su actual líder, Pablo Casado. El joven dirigente de 38 años (Palencia, 1981) que preside su partido desde julio pasado, viene de cosechar un mal resultado el 28 de abril, cuando el PP cayó a plomo, desde 137 escaños hasta 66, y asume, desde el debate de hoy, los días que restan para el examen de esta reválida como una carrera contrarreloj, en la que no descarta nada, incluso ganar la partida al PSOE. Es un militante del PP del siglo XXI, en el que se enroló en 2003, y aspira a resetear una organización que cogió en sus manos cuando estaba más dañada por los zarpazos de las acusaciones de corrupción y los años de poder. El duelo entre Sánchez y Casado no es aún el de González y Aznar, pero todo se andará. Este abogado de ancha experiencia en los altos pasillos de palacio, como director de gabinete de este último en su estancia en la Moncloa, ve con satisfacción que las encuestas le sonríen, y ha llegado a estimularse tanto que anima a los suyos a creer en el triunfo. Solo tiene en contra la escisión que erosionó al PP por la derecha con la irrupción de Vox (nuestra encuesta hoy le concede un claro repunte), y el temor a que el recalentamiento de Cataluña y la exhumación de Franco suministren más combustible a su más íntimo competidor. Por lo demás, en la entrevista con DIARIO DE AVISOS, Casado se muestra como un político sin ira. Esa es su mejor faceta en un tiempo tan crispado como este en que el caladero donde están los votos sigue siendo el centro, máxime este centro sin dueño oficial hasta que el domingo conozcamos su identidad. Dice el periodista Fernando Jáuregui que Casado es el político actual que más se parece a Suárez. Él evitó apropiárselo en la pregunta pertinente.

-¿Cómo ve, a escasos días de las elecciones, la situación del país? ¿Qué porvenir le sugieren los conflictos presentes?

“Complicado y complejo. La desaceleración económica está llegando a las familias y Sánchez está demostrando imprevisión e inacción ante el desafío secesionista. Pero quiero también enviar un mensaje optimista. España es un gran país y siempre ha salido de las situaciones difíciles. Quiero recuperar la concordia, la cordura y la convivencia, el respeto al imperio de la ley en toda España, y el prestigio del Estado. Nadie tiene derecho a romper lo que con tanto esfuerzo, tiempo y dedicación se ha construido a lo largo de estos años”.

-¿Canarias se entiende fuera de Canarias? Sus singularidades están en el guión de la política de Estado o los partidos nacionales se ven exigidos de un máster específico sobre los problemas de las Islas?

“Por supuesto. Canarias se entiende y a Canarias se la quiere. Para el PP, Canarias, con su singularidad y personalidad propia, siempre ha sido central en su proyecto para España. La aportación del PP al Régimen Especial ha sido siempre fundamental y firme la defensa en Bruselas de los intereses canarios”.

-Usted tiene experiencia en política nacional, conoce de cerca las Islas. Subráyenos sus grandes preocupaciones sobre Canarias en un momento como este.

“La primera preocupación es común y de ella deriva todo lo demás. El empleo. Canarias tiene más de un 21% de tasa de desempleo y en el último trimestre se han perdido 8.500 puestos de trabajo. Es necesario generar más y mejor empleo. Ahora, en lo inmediato, hay que evitar que la desaceleración acentúe sus efectos. Además, es necesario hablar del turismo, cuya evolución en Canarias y en toda España me preocupa. La quiebra de Thomas Cook, el cierre de bases de Ryanair, la reapertura de otros destinos…. Tenemos que aprobar una ley de turismo para que haya unidad de mercado en este sector; asimismo, reducir las tasas aeroportuarias e instaurar en los aeropuertos de las Islas la quinta libertad, con el fin de que las aerolíneas de otro país puedan desembarcar y embarcar pasajeros en aeropuertos canarios para ir a un tercer país”.

-Los quiebros producidos en materia de pactos en Canarias tras el 26-M abocaron a su partido a expulsar a consejeros insulares en La Palma para luego dar marcha atrás. Un impulso y arrepentimiento que parecen impropios de una fuerza política madura…

“Los resultados de las elecciones del 26 de mayo demostraron la capacidad de pacto y acuerdo del PP en toda España, incluso entre fuerzas que no se hablaban entre ellas. Hemos sido la fuerza central y centrada que ha dado estabilidad ante unos resultados que en ocasiones eran muy complejos a la hora de gestionarlos por la fragmentación política, y los españoles así lo han entendido”.

-No fue un episodio menor aquella gestión del voto palmero. Le pregunto de otra manera. ¿Qué sucedió exactamente para que el PP promoviera una alianza tan estrecha con CC en esta comunidad hasta el punto de preferir estar en la oposición antes que pactar con el PSOE? La Palma y Lanzarote son ejemplos de que pueden convivir.

“Coalición Canaria ha apoyado en varias ocasiones la investidura de presidentes del PP en Madrid y la última gran rebaja fiscal del Gobierno de CC fue fruto del apoyo presupuestario del PP. El Gobierno del PSOE en Canarias ya ha anunciado una subida masiva de impuestos. Esa es la razón.”

-¿Descarta una Gran Coalición con el PSOE, incluso en caso de victoria del PP el 10-N?

“Yo salgo a ganar las elecciones y si el PP obtiene un diputado más que el PSOE, le garantizo que habrá Gobierno”.

-Se aprecia un distanciamiento entre ustedes y Cs y Vox. ¿Su viaje al centro es definitivo? [Su referente ahora parece ser más la UCD, habida cuenta de que en su renovada imagen (si hacemos caso omiso a la barba) cabría apreciar ciertos destellos de Suárez…]

“Nosotros siempre hemos estado en el mismo sitio. Somos una formación de centro derecha, reformista y liberal. Con Cs, nuestro socio preferente, gobernamos en comunidades autónomas y ayuntamientos. Esos gobiernos están funcionando muy bien y, muchos de ellos ya han tomado importantes decisiones que tienen que ver con lo que verdaderamente preocupa a los ciudadanos”.

-A medida que se acerca el 10-N, se reaviva la llama del procés tras la sentencia del Supremo. ¿Qué solución baraja para el caso catalán?

“La solución pasa por que la ley se cumpla. Le pedí a Sánchez que enviara el requerimiento a Quim Torra y aplicar la Ley de Seguridad Nacional para tomar el control político de los Mossos y quitárselo a un presidente de la Generalitat que alienta y jalea las barricadas y ahora quiere investigarlos. Es necesario devolver la presencia del Estado a Cataluña, prestigiarlo y defender lo común, que es lo que ahora está en juego. Durante muchos años los intereses de los ciudadanos no independentistas no se han tomado en cuenta. Hay que defender la libertad y la convivencia”.

-¿Cuál es su posición sobre la exhumación de Franco?

“El 10-N no se vota sobre nuestro pasado, sino sobre nuestro futuro. El PP no quiere rehacer la historia de España sino que quiere volver a hacer historia creando millones de empleos, reduciendo el paro, dando oportunidades a los autónomos y posibilitando que los jóvenes se puedan emancipar. Como dijo Santos Juliá, el pasado, pasado está, y tenemos la obligación de conocerlo, pero no nos podemos dejar enredar en sus redes, porque hoy no es ayer”.

-A raíz del capítulo mencionado sobre el PP en las Islas tras el 26-M, hubo cambios en su cúpula. ¿En su equipo directivo qué valoración hace del expresidente del PP canario Asier Antona?, ¿qué papel le toca jugar en el ámbito nacional?

“Siempre ha demostrado talento político y una gran generosidad con el partido. Ahora, todos juntos, estamos centrados en ganar las elecciones del próximo 10 de noviembre”.

-¿Si gobierna, habrá ministros canarios?

“Yo sé qué es lo que quiero para Canarias, pero ahora lo que toca es ganar las elecciones”.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

El estadista y el estadillo de cuentas

Canarias es una caja de sorpresas. Hemos visto confluir en pocas horas sobre este peñasco a Putin, a Xi Jinping y a un Kennedy, como si se hubiera convocado una cita de estadistas y apellidos de alcurnia de la alta política internacional en esta especie de Malta del Atlántico, con las mismas credenciales que la isla del Mediterráneo cuando Bush y Gorbachov se reunieron tras la caída del muro de Berlín hace 30 años para cocinar a fuego lento el final de la Guerra Fría. Se dice pronto: el ruso, el chino y el yanqui, tres tigres, y ninguno triste.
En aquel entonces, Malta había sido elegida, entre otras razones inconfesables, porque no había un overbooking de sedes de grandes organismos, guardaba cierta discreción y era un sitio estratégico. Nosotros, además, somos un sitio agradable, amén de anómalo y pintoresco. Viene el presidente chino a ver el Teide, nuestro Louvre o Notre Dame, y el ruso hace transbordo de aviones en el hangar. En la víspera, un sobrino de John F. Kennedy irrumpe en la isla y pregona contra el cambio climático en Adeje, nuestra ONU particular. Ahí no acaba el desfile. A mediados de diciembre vendrá, por lo visto, el ministro de Estado de Asuntos Exteriores de India a inaugurar un monumento a Gandhi, asimismo, en la babelia del sur, que capitaliza en cierta forma esta vorágine de visitas intrigantes.
Una entrada y salida de visitantes tal habría sido harto sospechosa antes de la citada cumbre de Malta que certificó la caída del Telón de Acero. Lo cual no obsta para albergar el recelo de que algo se está cociendo en las alturas, donde cabe un cierto quid pro quo: chinos, rusos, americanos e hindúes hacen migas yendo y viniendo a nuestras islas, y a cambio, nos surten de turistas con la promoción. Hacemos caja con estas visitas. Ya se habla de millones de chinos, mientras la competencia rechina, entre las expectativas de nuevos clientes de la industria turística local. Será real o presuntuoso, pero no incierto.
Durante la II Guerra Mundial, alemanes, ingleses y norteamericanos conspiraron respecto a nosotros, a nuestras espaldas; de manera que es de agradecer que ahora lo puedan estar haciendo de nuevo, pero a cara descubierta y, de paso, nos conviene tras la quiebra de Thomas Cook. Es como si en los años 40 Churchill hubiera venido a supervisar personalmente la operación Pilgrim para invadir Gran Canaria, de la que acabamos de conocer nuevos detalles, y no en el 59, cuando el peligro había pasado y fue al Puerto de la Cruz con Onassis tras un viaje en un yate lujoso con taburetes de piel de pene de ballena (tal cual). Habrá que dejar volar la imaginación y no tomarnos nada demasiado en serio. ¡Qué más da si estos estadistas, con tanto frecuentarnos, nos meten en el mapa de sus reuniones secretas y no tan secretas, y el día menos pensado montan una cumbre de lo que sea que nunca sirven para nada! Que vengan y traigan turistas. Malta fue otra cosa, como Yalta tras aquella guerra en que nos quisieron tomar por asalto las tres potencias. La de Malta, la cumbre que cumple dentro de unos días 30 años de la entente a bordo de un crucero soviético, fue un hallazgo de la diplomacia de líderes de altos vuelos. Lo que hay ahora es una jarca de atorrantes. Es raro el que tiene tres dedos de frente. Si se les ocurre traerse una cumbre de pantomima al uso, igual espantan el turismo. Mejor que vengan como el chino, 24 horas con excursión al Teide, o como el ruso, 24 minutos y si te vi no me acuerdo. Viene el estadista y se nos alegra el estadillo de cuentas.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?