Opinión

EL AÑO MALO DE BUENA SUERTE

El gordo de la lotería era un mito en Canarias, máxime en Tenerife, la isla negada ante la suerte de Navidad, que el día que el primer premio le tocó, los décimos habían sido devueltos, porque era un número feo, y nos pareció que ese ‘feo’ a la suerte aumentaba el desencuentro. En cambio, este 79.250, que ha caído en ocho provincias como un bombardeo selectivo de millones, eligió, al fin, Tenerife, y estoy seguro que el Teide, en la astrología de la suerte, algo influyó. Me explico.

La víspera, la sombra del volcán apuntó en la atmósfera al apareamiento de astros del eclipse de madrugada, que me hizo recordar el paso del Halley por la isla en el 86, cuando nos concentraron en las Teresitas y alguien hizo circular aquella noche en la playa la leyenda de que el avistamiento traería suerte, mala o buena, ya se vería, para el que mirara al cometa. Este eclipse ha traído buena suerte, que diría Alex Rovira.

A la lotería de Navidad suele acompañarle otra superstición, dentro de cierta nigromancia fatalista que también rodea a la suerte, según la cual toca donde se haya cebado la desgracia. Ha sido un año malo para Canarias. Una año nefasto como todos los de la crisis que padecemos. La autonomía con más paro se merecía el gordo, aunque sea un cacho. Garachico, un puerto pujante, era la puerta de entrada de las fortunas de la isla hasta el siglo XVIII de la erupción del volcán en que la colada de lava sepultó su hegemonía. Ahora, la diosa fortuna ha vuelto sobre sus pasos y le ha compensado con 3 millones de euros en décimos del gordo de la lotería de 2010, que no son los 450 millones de Barcelona, pero se agradecen.

A La Palma, vapuleada a borrascas, desplatanada (que sería el término réplica a aplatanada, en relación con los reveses de su monocultivo central), a menudo aislada por aire, malherida por el turismo y en trance de reconversión general obligatoria, toma parte en la fiesta y no se puede quejar. Un estudiante de San Andrés y Sauces en Granada y la venta por Internet le ha deparado un puñado considerable de millones, que sólo en broma cabría atribuir al parentesco del número, el 00147, uno de los más pequeños de la historia, con su danza de los enanos. Al mapa local de la suerte se suma, por último, Fuerteventura con un décimo de un quinto por 5.000 euros que alguien compró en un bazar, y ya tiene para un apuro.

La suerte no se equivoca cuando premia a quien se la merece porque la busca sin desmayo, a veces, durante toda la vida. La suerte del Nobel Vargas Llosa, cuando nadie lo esperaba. La de las aguas canarias, que es la ley nacional más importante de la historia de la autonomía después del Estatuto, fruto de la perseverancia de quienes no cedieron un ápice a una política tabú. Si Las Palmas de Gran Canaria logra hacerse con el título de capital cultural de Europa en 2016, a Jerónimo Saavedra le tendrán que hacer un monumento. Es cuestión de fe y de currárselo. Pero la lotería no toca siempre al más necesitado, al paria que sueña con ella quitándose 20 euros del dinero para comer.

Dicen que esta vez ha sido repartido. Que vuelve el eslogan de ‘Islas afortunadas’. Que ayuda a la promoción turística, porque sales en todos sitios, como en una champions league de la buena suerte. Que es como decir que da suerte venir a Canarias. Aquello de qué suerte viajar a las islas. Y yo quiero creer en esas cosas. Porque ya hemos tocado fondo. Y alguna vez tenemos que salir a flote. Pienso en los más de 250.000 parados, en los 15.000 requeteparados sin los 426 euros. En el año que nos espera. “¡Viva, San Roquito!” Hasta los cabildos lo corean, con el aguinaldo de la moratoria de la deuda al menos por un año tras el anuncio del presidente en el Parlamento el día que cayó el gordo por quinta vez en un año malo, malo de solemnidad. El Teide tuvo algo que ver. Seguro.

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LOS ‘SINDE’

 

Méndez Núñez y Teobaldo Power distan pocos metros. Casi se diría (no lo he comprobado) que se puede divisar el drago del consistorio alongando la cabeza desde Viera y Clavijo (o Pérez Galdós, que siempre me lío con esta calle que cambia de nombre según qué tramo). A la misma hora, en ambos sitios de la ciudad, se celebraban plenos contestados en la calle: el de los Presupuestos 2011 en el Parlamento y el del PGO en el Ayuntamiento.

Hasta aquí todo muy convencional, como en los viejos tiempos: las protestas se dilucidaban sobre el asfalto y los eslóganes (algunos para criminólogos prometían otro día incendiar el Parlamento con sus señorías dentro, como si mencionaran la palabra bomba dentro de un avión: para temblar) eran proferidos por gargantas humanas. Nada de realidad virtual, puro atavismo que nos congraciaba con algunas frases hechas como aquella de ‘tomar el pulso de la calle’. Aquí, en estado puro la expresión.

Los abucheos y pitos se podían oír de extremo a extremo entre las dos vías de Santa Cruz, las cabezas de los manifestantes contra el Plan General se mecían como una ola, mientras en la calle del compositor de los Cantos Canarios los concentrados de la Intersindical se parapetaban tras las vallas, vigilados de cerca por la policía como fans de un concierto rock; su rugido se escuchaba nítidamente en el hemiciclo donde el fantasma de una tijera gigante recortaba las cuentas públicas para el año llamado a ser el principio del fin de la crisis. Por algún año se empieza.

Se calcula que unos 15.000 paisanos se quedarán a dos velas a partir de febrero, sin la paga de 426 euros. ¿Qué harán? Casimiro Curbelo amenaza con fletar un barco con 5.000 gomeros dentro para plantarlos frente a la fachada de la ‘casa de la piedra’, en Cabo Llanos, sede de la Presidencia, si el Gobierno no le abona los 6 millones que le adeuda. ¿Lo hará? (Casimiro, el Gobierno, tanto monta…). El ‘yo acuso’ de la calle en estos plenos decisorios de Santa Cruz y en el que a la misma hora, en Madrid, celebraba el Congreso para sacar los presupuestos 2011 del Estado con los votos del ‘tripartito español’  PSOE-PNV-CC, la Antitabaco y, hela aquí, la ‘ley Sinde’ contra las webs piratas, parece ser una señal.

Esta última ley se quedó ‘sin de…cidir’, por falta de apoyos del Gobierno, derrotado no sólo desde la calle, donde los convocados por Twitter abroncaban a la ministra González Sinde, de Cultura, que, según los impúdicos papeles de Wikileaks, se venía reuniendo a la sordina en la embajada de Estados Unidos para que el yanqui presionara al PP a favor de la ley antidescargas. Bochorno tras bochorno.

Por torpes, los partidos se están quedando con el trasero (por qué no llamarlo culo) al aire, destapadas sus vergüenzas por la red de Assange, o invadidas de internautas ‘anonimus’ sus páginas webs cada vez que se lo proponen los nuevos amos de la opinión pública: los hadckers, organizados en plataformas que desafían a las siglas del Gobierno y la oposición.

Pronto las ‘manifas’ (cuánto odio este término) en la calle pasarán de moda y perderán sentido, en favor de los avatares en masa movilizados en la red y los ataques de denegación de servicio (DDoS), como los sufridos por el Ministerio de Cultura y la SGAE en este pulso de la ‘ley Sinde’ contra el ciberactivismo pujante. Esto va tan deprisa…, y no ha hecho sino empezar. Hasta quedarnos ‘sin…de…mocracia’ por culpa de unas organizaciones obsoletas, unos diputados encerrados en su cubículo de hormigón mientras en la calle truena y se les bloquea el ordenador. O espabilan o los ‘sinde’ (los sin derecho a 426 euros, a un puesto de trabajo, a un techo y un plato de comida) se los comen por los pies el día menos pensado.

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PROHIBIR

 

A los gobiernos les entusiasma la idea de prohibir, como una manera drástica de sentir que ejercen el poder. No se entiende gobernar sin prohibir algo. Busque algo que prohibir y mande, dicta el oráculo del poder a todo poderoso que se precie en la tierra. Y esto vale para dictaduras y democracias, ambas rehenes de un mismo tic. Prohibir. En la España finisecular se prohibía mucho, como si el cambio de siglo y milenio impusiera dejar las cosas claras y el chocolate espeso, antes de afrontar una nueva era, que ‘era’ un misterio. Pero si en los años 60 nos prometíamos un mundo libérrimo, sin guerras y con mucho sexo, y no fue así ni John Lennon vivió para contarlo, esta primera década del siglo XXI ha sido desalentadora. Ni este mundo sin polos aparentemente ya tan opuestos, ni la caída del muro de Berlín, ni la llegada de un presidente negro a la Casa Blanca son síntomas de cambio. La crisis nos arrancó de ese sueño. Y toca, de nuevo, prohibir.

A Europa le ha entrado una fiebre prohibicionista en lo económico que causa espanto. 2011 va a ser un año harakiri. Hemos aprobado los presupuestos más austeros de la historia como quien se dispone a una dieta de adelgazamiento más severa que una huelga de hambre. Y a la vuelta de unos días, tendremos un mundo anoréxico, mal de la cabeza. Tengo la sospecha (no ser economista es una suerte para poder decirlo) de que nos hemos hecho el harakiri y no tardaremos mucho en darnos cuenta.

Prohibir. Prohibir la inversión, como máxima expresión de ese culto a la austeridad. A una ‘velocidad’ de vértigo hemos pasado de circular a 200 kilómetros por hora a hacerlo a 20, y a paso de tortuga tiramos por tierra todos los dogmas. Lo que hasta ayer mismo eran axiomas intocables del Estado de bienestar, ahora se vuelven principios fundamentales de un nuevo mundo ascético, a pan y agua, que nos irá devolviendo paulatinamente a la cueva de la que venimos.

La gran paradoja es que los señores (amos del mundo, uníos) que se han cargado todo esto, los de las hedge funds y demás productos volátiles que fingieron ser la nueva economía de un nuevo mundo, son ahora más ricos que antes de que saltara todo por los aires. Y los miles de millones restantes (es decir, la gran mayoría, exceptuada esa élite de ladrones) estamos, estaremos pagando los platos rotos seguramente el resto de nuestras vidas. Nos jodieron bien jodidos. Y no tenemos una fórmula de recambio. Salvo prohibirnos a nosotros mismos todos los derechos que habíamos conquistado.

Ya puestos, a algunos gobiernos (el español es un ejemplo muy gráfico) les ha faltado tiempo para prohibir fumar a trancas y barrancas, haciendo primero una ley y luego otra, y cuando llegue el PP otra, a su vez. Prohibir fumar a machamartillo puede llegar a ser tan incauto como legalizar las drogas sin la debida campaña de educación previa. Y en ésas estamos, precisamente hoy.

¿Alguien ha medido las consecuencias ‘sanitarias’ (las mentales cuentan) de machacar más allá de lo tolerable a ese prototipo de hombre-mujer de la crisis profunda, parado, condenado a jubilarse después de muerto, al que se suprimen los 426 euros y encima se le quita el pitillo de la boca delante de la gente? País.

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EL AVE QUE NO ANIDA EN CANARIAS

  

La ola de frío y nieve que adorna Europa de una estampa navideña tan bucólica como ingrata, cotiza al alza el destino turístico de este solar que acepta de buen grado hacer de balneario oportunista de alemanes, ingleses y de cuantos anhelen pasar unas pascuas junto al mar bajo temperaturas decentes con la trilogía de Stieg Larsson en versión e-book bajo el brazo.

Tenemos que seguir vendiéndonos con aquel eslogan de pega que no fallaba nunca, el de ‘eterna primavera’, cuyas resonancias mitológicas de paraíso homérico a salvo del frío y la nieve y de jardín de doradas manzanas de la inmortalidad nos conviene airear, doce siglos después, para despertar la curiosidad ajena en la Europa polar que tiene posibles para hacerse la cirugía plástica y, cómo no, si se la ahorra tomando un avión y escapando del crudo clima a las ‘Islas Afortunadas’, membrete que debemos al amigo Plinio, el padre de la ‘marca canaria’.

Si las islas consiguen en verdad un millón más de turistas en 2011, vía Rynair, nada cabe objetar si tenemos un mínimo de cordura, lejos de aquellos reproches de los años 80-90 hacia el turismo de aluvión (pendenciero en las Verónicas o San Bartolomé de Tirajana, que todavía no practicaba el ‘balconing’, pero ya arrojaba el mobiliario por el balcón del hotel bajo el ‘pedo’ y alucinación de turno) en favor de un hipotético cliente con calidad y poder adquisitivo que nunca vimos crecer de forma convincente pese a la media docena de hoteles de lujo que se alzaron al calor de la buena intención de los teóricos del sector. Ese debate estaba bien para los años de estómago contento, y se cae por su propio peso cuando la economía se estanca y su único motor es, de nuevo, el turismo de masas, con el cuentavisitantes en cada aeropuerto sumando sin parar como si fueran amigos en Facebook.

Por desgracia, a Canarias sólo llegan las aves (y metafóricamente las de fuselajes, los aviones) y no los ‘Aves’, cuya profusión en la España peninsular hasta resulta insultante para un isleño del mismo Estado, excluido de antemano de todo disfrute de una porción de esa alta velocidad harto costosa, que es un atractivo turístico al que no podemos aspirar y por el que no se nos compensa como debiera para competir en igualdad de condiciones, por ejemplo, con el Levante español, ahora que el Ave Madrid-Valencia ha sido inaugurado por la flor y nata de la política española, salvo Rubalcaba, que volvió a hacer de avatar de Zapatero en Afganistan.

Ave María Purísma, recemos. De ésta se sale rezando, si no fuera por la cantidad de incrédulos que hay.

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CENTENARIO LEZAMA

 

Lezama, como Borges, un autor poco premiado y, sin embargo, fundamental, hace que éste sea un domingo lujoso de poeta grande, grandullón y asmático como Proust, que era también terco escribiendo contra toda inspiración.

Hoy es el centenario del nacimiento de José Lezama Lima (19 de diciembre de 1910 – 9 de agosto de 1976), el poeta y prosista cubano que alteró el curso de las letras del siglo XX, con su ‘Paradiso’, su ‘Muerte de Narciso’ y su ‘Enemigo rumor’. El escritor ‘aislado’, que le habría venido al dedillo al cineasta Miguel G. Morales, un poeta de “soledad suficiente, digna y necesaria’, escribe Raúl Rivero.

En la Habana, la ciudad se visita y deletrea con ayuda de la prosa de Alejo Carpentier, pero el ‘universo’ de Lezama es también la urbe barroca de su ‘paraíso’ insular. Cuesta a veces la poesía de Lezama, hermética por definición, pero se cuela a raudales, como una tromba verbal y se parece al deleite de leer el ‘Ulises’ de Joyce, te queda la música y, revolcándose en ella, las palabras significan lo que el usuario disponga.

Poesía agorofóbica, cocinada en el hogar, a fuego lento, copiosa y fulgurante. Alianza Literaria la editó completa en un volumen de unas 600 páginas. Es “una fiesta innombrable”, usando una fracción de verso del poeta fumador, sumergirse en el océano Lezama, habida cuenta de que el autor que nació hace hoy cien años decía que la poesía es “un caracol nocturno en un rectángulo de agua”.

En Tenerife, Andrés Sánchez Robayna y Alejandro Kravietz dialogan, de isla a isla, con la obra de Lezama Lima, hijo del coronel José María Lezama y de Rosa Lima, a la que dedicó “toda” su poesía, y de Platón y Góngora, a los que dedicó toda la atención. Isleño hasta la parálisis, apenas viajó fuera de Cuba, el poeta y narrador construyó una obra oscura, llena de luces interiores que han ido encendiéndose con el paso del tiempo hasta atraer la mirada de la crítica internacional, y hoy, un siglo después, se presta a ser desenredada como una madeja.

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LA PATERA Y LA METEDURA DE PATA

 

Entre 2006 y 2009 fallecieron en la travesía de África a Europa, con destino preferentemente a Canarias, unos 84.500 inmigrantes. El dato escalofriante ha sido revelado ahora en un estudio de la Oficina Municipal de Inmigración de Nuadibú, la Universidad Rey Juan Carlos y otras instituciones. Durante ese período eran frecuentes los naufragios en las costas canarias (algunos tan dramáticos como el de los Cocoteros, la patera que encalló en 2009 en unas rocas a 20 metros de la orilla lanzaroteña, con más de dos decenas de muertos, muchos de ellos niños).

Las víctimas recientes de la patera hundida en la isla de Christmas, en aguas australianas del Índico, que se cuentan por decenas, nos retrotraen a aquellos años no lejanos, antes de la crisis, en que entre la costa occidental de África y Canarias se desató un colapso de cayucos y demás embarcaciones de madera, con esquelas anónimas en prensa de víctimas que iban quedando por el camino en el cementerio de la travesía. Miles de adultos y, finalmente, menores de edad lograron arribar a las islas, y, en un número considerable, conseguían sortear las expulsiones y continuaban viaje clandestino a la Península, rumbo a una Europa de doble rasero (la metedura de pata de Europa) que necesitaba y necesita mano de obra inmigrante a toda costa y, no obstante, practicaba y continúa practicando una política inmisericorde y seudoxenófoba, que ha terminado por calar en las decisiones de las instituciones europeas, rayando una segregación racial sistemática.

Pese a la adversidad económica, que es la causa principal del descenso instantáneo de ese tráfico de personas indocumentadas, episodios como el de la bebé nacida cerca de la isla de Alborán en una patera que salió de Marruecos con dirección a Almería (la llamaron ‘Happiness’, ‘Felicidad’), confirma que hay aún una lista de espera de inmigrantes potenciales aguardando en los países vecinos su oportunidad para dar el salto. En Mauritania se estima que montan guardia actualmente unas 4.000 personas para venir. Muchas de ellas, a buen seguro, son mujeres embarazadas, como la madre nigeriana de la bebé que nació en alta mar, a quienes las mafias y redes captan bajo engaño, pues les hacen creer que, si nace en España, su hijo obtendría la nacionalidad por razón del territorio (iure soli), cuando en realidad le corresponde la de sus padres (iure sanguini). En el naufragio del parto viajaban en la patera, por este motivo, siete mujeres gestantes, convencidas de un privilegio que, al tomar tierra, forma parte de todas las falacias con que se dejan embaucar antes de jugarse la vida.

Desde Marruecos ha comenzado, todavía tímidamente es cierto, a reactivarse un flujo intimidatorio de pateras hacia España. Tiene que ver, naturalmente, con el enfriamiento de las relaciones entre los dos países, a raíz del desalojo a la fuerza del campamento saharaui de Gdaim Izik en El Aaiún, por cuya causa la imagen del reino alauí entre los españoles ha empeorado sensiblemente, según el barómetro del Real Instituto Elcano, conocido ayer (Marruecos merece de nota un 3,9 y sólo aventaja en percepción a Irán). Ni la reanudación de las negociaciones entre marroquíes y polisarios en Manhasset, en las afueras de Nueva York, disipa la sospecha de que Rabat viola los derechos humanos y no ahorra en métodos de chantaje para conseguir sus fines. En ese sentido, el fomento de la inmigración clandestina hacia Canarias y sur de España forma parte del guión.

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ÁRBOLES DE CAPA CAÍDA

 

Permítanme aparcar los asuntos políticos y económicos de la actualidad, y dirigir la mirada al Jardín Botánico del Puerto de la Cruz, el histórico Jardín de Aclimatación de La Orotava creado en el siglo XVIII por el VI Marqués de Villanueva del Prado, una joya de la botánica a la que, por cierto, no acabamos de tratar como icono único de la biografía natural de la isla.

Los efectos catastróficos del último temporal en algunas de sus especies más valiosas (el árbol del pan, la araucaria más antigua o el nogal candil) obligan a este templo de la botánica tropical y subtropical a cerrar temporalmente. La noticia, contada en portada por Diario de Avisos, altera el orden convencional de prelación periodística marcado por la política y la economía; raramente se destaca un episodio de esta ‘naturaleza’, nunca mejor dicho.

Este mismo rotativo elegía en su primera página una frase del naturalista Humboldt, el genio alemán: “Tenerife es célebre… Casi todos los viajeros alrededor del mundo la evocan”. Los daños del Jardín Botánico conmueven a cualquier espíritu sensible con el medio ambiente, son días de luto de nuestro palacio portuense de los árboles del mundo.

En los días del Nobel Vargas Llosa en Estocolmo, nos viene a la memoria el discurso de Saramago ante la Academia sueca, el día que recibió el mismo galardón. Habló de su abuelo Jerónimo Melrinho, el pastor de Azinagha, “que, al presentir que la muerte venía a buscarlo, se despidió de los árboles de su huerto uno por uno, abrazándolos y llorando porque sabía que no los volvería a ver”.

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Y TRUMAN CAPOTE PASABA POR ALLÍ

 

Si un tipo coge un rifle y va y mata a los dueños de la constructora que lo había despedido y después se sube al coche para descerrajar otros tantos disparos a dos empleados de una sucursal bancaria y llevárselos por delante, podemos convenir que está loco. También está en paro, que es un modo de locura transitoria con brotes compulsivos los lunes al sol, como vimos en la película de Fernando León.

El albañil de esta historia de terror real de Olot (Girona), una ciudad galvanizada por la ola de crímenes del celador de un geriátrico que confiesa haber matado al menos a once ancianos, actuó evidentemente por venganza contra quienes le habían dado trabajo en los últimos veinte años, pero, al igual que el enfermero del asilo, no debe de estar bien de la cabeza. Los vecinos lo describen como alguien solitario y misógino, que vivía con su padre y cazaba jabalíes, y al salir del trabajo solía pasearse vestido de sheriff con pistolas de plástico y un sombrero, o de noche se adentraba en el monte con algún arma en bandolera.

La crisis es en sí misma una manifestación de locura del sistema económico. La loca crisis contagió a un marido armado, que irrumpió en la junta de una escuela en Florida (EE.UU.) y dibujó primero con un aerosol la V de ‘Vendetta’, del cómic justiciero de Alan Moore, y después procedió a secuestrar a los reunidos realizando varios disparos hasta ser abatido por un vigilante providencial. Según la cámara de seguridad que lo filmó todo, estaba dispuesto a matar a alguien como protesta por el hecho de que su esposa había sido despedida del centro.

La policía investiga una extraña muerte por disparo, esta semana, en un edificio de Santa Cruz, de un conocido agente de aduanas por si tuviera relación con problemas económicos (la crisis mata a la japonesa) y de salud. El cuerpo sin vida en el cuarto de baño, tras la detonación que conmocionó a todos en el edificio Olimpo, procedente de unas oficinas en la segunda planta, había sufrido el impacto de una pistola de 9 mm. Parabelum.

Tres casos expeditivos a sangre y fuego en Olot, Florida y Santa Cruz de Tenerife, como si Truman Capote velara los muertos de la crisis para seguir novelando el miedo humano sin límites.

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ESTADO DE ALARMA II

Este partido todavía no ha terminado. Ahora toca jugar la prórroga. Y el caso es que los controladores aéreos sufrieron una goleada el 3 de diciembre cuando fueron militarizados tras un plante asilvestrado, como si perdieran el balón en la hierba y se quedaron mirando al cielo, y al día siguiente del partido maratoniano, ya bajo estado de alarma, volvieron a tener la pelota en los pies, pero sólo consiguieron empatar. Ahora, el Gobierno pide al Congreso –y sabe que tiene los votos con el sí de CiU por anticipado- que prorrogue el estado de alarma hasta el 15 de enero para garantizar unas Navidades en paz en los aeropuertos. Prórroga y desempate.

A Canarias, la damnificada por antonomasia si hay un nuevo colapso aéreo, la noticia calma los temores del Gobierno autónomo, que fue el primero en poner el grito en el cielo el 3 y el 4, como si fueran las terminaciones de los números de la lotería a los que juegan los controladores cojoneros. Los 8 aeropuertos canarios, como las aguas, aspiran a ser archipielágicos, formando una Aena propia, sin asomo de privatización como Barajas o el Prat. Si con el estado de alarma bis, las ‘aguas’ de Aena vuelven a su cauce, lo agradecerán muchos miles de pasajeros en las islas y en todo el Estado (de alarma).

¿Hace bien el Gobierno estirando la medida de excepción ya no para sofocar un incendio, sino para prevenirlo, como quien se pone la venda antes de la herida? En otras circunstancias se diría que es un absurdo abuso del uso de la fuerza y, como ya está diciendo el PP, una manifestación más de la incapacidad del gabinete de Zapatero para resolver un problema. Pero a nadie se le esconde que los controladores son, sindicalmente hablando, un caso aparte, que, en su modus operandi y teatralidad, propenden a la astracanada y el desmadre circense, y que ya le vimos las orejas al lobo como para tropezar por segunda vez en la misma piedra con cara virginal de Caperucita Roja.

Mientras dilucida la fiscalía los cargos y penas que se les imputa, estos ‘señores de la guerra’ del aire no son de fiar. Y acaso por su impronta insurrecta les vaya como anillo al dedo someterse al ordeno y mando militar, bajo cuyo influjo ceden sus fuerzas, retornan a las consolas a pies juntillas hipnotizados como C.W.Briggs en ‘La maldición del escorpión de Jade’, y vuelve la normalidad a los aeródromos, antes auténticos campos de batalla.

Zapatero ha hallado un filón en las torres de control como el náufrago que se salva de noche bajo el foco providencial del faro de la isla. Y aunque teme sin disimulo que la revuelta se repita, pues de perdidos, al río, también se regocija gestionando, manu militari, una situación (al menos, una) con el respaldo incondicional de los ciudadanos, que les recuerda las viejas adhesiones demoscópicamente probadas al cheque bebé. La primera acción de gobierno casi en años que cuenta con apoyo popular no iba a agotarla en tan sólo unos días, así que hilo a la cometa hasta el 15 de enero. Qué menos.

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EL TOMATE MARROQUÍ

 Europa nos muestra, una vez más, su fortaleza moral y coherencia interna, tras alcanzar ahora con Marruecos –que raya la perfección como estado cínico- tres acuerdos, a cual mejor, en el seno del consejo de asociación mutua, ese estatus privilegiado que Bruselas otorgó a Rabat hace un par de años por sus méritos democráticos en África, su potencial económico y su defensa de los derechos humanos fuera de toda duda, es un suponer.

De la tríada de convenios suscritos con la jeta de los mercaderes, que hace caso omiso de los muertos y heridos y detenidos y desaparecidos y torturados de El Aaiún, sobresale, a ojos de Canarias (y de la Comunidad Valenciana y el sureste español), el referido a la denominada ‘liberalización comercial agrícola y pesquera’, que, dicho en román paladino, trata de hacer la vista gorda para que Marruecos cuele más tomates en los mercados europeos (de 233.000 toneladas pasará en  cuatro años, a partir de 2011, a 285.000).

Lo que escuece de este enjuague de amigos entre la UE y Rabat es que la Europa decana en democracia que se llena la boca de condenas de la violación de los derechos humanos en el mundo, le pone la alfombra a Marruecos justo pocas semanas después de una grave crisis de legitimidad internacional del régimen alauí, tras haber desmantelado sin escrúpulos un campamento de jaimas que pedía mejoras sociales y atropellado a la población saharaui en El Aaiún. Tragarse sin anestesia, como ha hecho Europa en esta ocasión, la versión indigesta del inefable ministro marroquí de Exteriores, Fassi-Fihri, que ya puso a parir a los periodistas españoles en las narices de la ministra Trinidad Jiménez, ya es tener buen saque.

Ahora, como viene siendo de rigor desde que la UE mima a Marruecos bajo la suposición de que frena el islamismo y una convincente cuenta de resultados comercial, a los canarios nos toca quejarnos de otro golpe bajo (no pintamos nada, corearemos) con un derecho al pataleo que sirve para bien poco. El partenariado con Marruecos (enterémonos de una vez) tiene un valor estratégico para Europa “fundamental”, mientras Canarias es una menesterosa RUP con autofama de plañidera abocada a verle las orejas al lobo en la nueva perspectiva financiera que comienza a regir en 2014. No hay un euro (cuando decíamos duro sonaba mejor) para islas, pero hay mucho morro para salvar las posaderas del reino de Mohamed, sumido en su mayor desprestigio internacional desde la muerte de Hassan II.

Cierto que marroquíes y polisarios vuelven esta semana a sus inútiles negociaciones. Es una vertiente más de una tragicomedia que dura más de tres décadas. Pero España, que hizo equilibrismos sobre el alambre para no condenar la violencia marroquí en Gdaim Izik y El Aaiún en los días negros de noviembre sin prensa por prohibición expresa de este país amigo de las Europas y Españas de las libertades, por fin se quita la presión. “Queda así zanjada la cuestión a nivel europeo”, festejó la ministra española de Exteriores como quien se quita una muela. Y lo penoso del asunto es que es verdad. Europa le borra las huellas a los esbirros del rey marroquí para que no quede ni rastro de sus tropelías. España puede ya dormir tranquila. El ‘tomate’ de Ceuta y Melilla tendrá que esperar en Naciones Unidas.

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