Opinión

EL PACTO

 

La palabra ‘pacto’, la más socorrida en las islas en el ‘ranking’ mensual, no figura entre las favoritas del español en la última edición del día ‘e’ del Instituto Cervantes. Los internautas (ese oráculo omnisciente que encumbramos con beatería entre todos) eligió el sábado el nombre de un estado mexicano, ‘Querétaro’ (“isla de las salamandras azules” es la más afortunada de sus múltiples definiciones). ‘Pacto’ no es comparable a ‘sueño’, nominada por el psiquiatra L. R. Marcos, o, incluso, ‘libertad’, defendida con ahínco literario y político por el Nobel Vargas Llosa, que fue a promocionarla a Pekín, como un jardinero a ver si florece. Pero en nuestro léxico político local, resulta que ‘pacto’, como digo (un pacto para dos millones de canarios), es la palabra de moda y hoy mismo se aloja en un hotel de Santa Cruz en el acto formal de la firma de ese auténtico armisticio entre nacionalistas y socialistas, tras 18 años de escaramuzas, como las interminables guerras feudales. No es palabra que goce de mucho prestigio (aunque éste se fraguó en La Moncloa, su hábitat natural), porque reinterpreta el veredicto de las urnas, pero nadie discutirá que, ‘gracias’ (otra de las palabras más votadas en la ciberencuesta) a los fluctuantes pactos, ha sido posible conciliar estas islas, con su antropofagia incorregible. Uno de los ‘ingenieros’ (técnico-industriales) más fogueados en pactos en Canarias acaba de bajarse del caballo. Yo le vi, en el 88, regalar a Olarte, tras la investidura, un ‘naife’ (o cuchillo canario) de madera para responder a las puñaladas por la espalda, como en las historias de malevos de Borges en los arrabales. La palabra ‘pacto’ tiene resonancias pendencieras. (La Palma es ‘casus belli’ para API, que sufrió su 11-J.) A José Saramago le encantaban los canarismos de origen portugués (desde millo, fechillo o gaveta hasta ‘¡fo!’, para decir ¡qué asco!). En el aniversario de la muerte del Nobel de Azinhaga (Portugal), sus cenizas han sido cubiertas con tierra conejera bajo un olivo junto al río Tajo. Lo recuerdo, en una entrevista con Juan Cruz, reivindicando las palabras desacreditadas (robadas, diría Eduardo Galeano), como amor, amistad, beso… En cierta ocasión, me dijo que se consideraba amigo de un fantasma, el de Manrique, que ya había muerto cuando él llegó a Lanzarote a vivir en 1993, aquel año en que los nacionalistas rompieron el jarrón con los socialistas y se pelearon hasta hoy (¿por qué pacto me lleva a jarrón?). Ahora, los dos fantasmas se citan con los jóvenes indignados del 15M por las calles de arriba abajo.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión 1 comentario

DEL 15-M AL 15-J: EL PRIMER MES, LAS PRIMERAS GRIETAS

Al mes de surgir el movimiento 15-M, los perroflautas se apoderaron de la estética de las sentadas, y el mal olor obligó a levantar la carpa en algunos espacios públicos. La primera grieta del despliegue juvenil e intergeneracional en la Puerta del Sol y otras plazas del Estado fue la falta de higiene. La segunda ha sido la violencia verbal y, en ocasiones, física, a las puertas de consistorios y parlamentos. Las escenas de Barcelona, donde se prodigan el insulto y el desprecio a la labor de los parlamentarios elegidos en las urnas, así como la bulla déspota contra los concejales de Santa Cruz de Tenerife el día de la toma de posesión, y la cacerolada nocturna en Madrid a las puertas de la casa del alcalde -“por joder”- contra la decisión municipal de suspender la música en Chueca, resquebrajan la imagen pacífica de los primeros portavoces del movimiento, que se legitimaban de ser la voz de la conciencia de un sistema –una vez acogido el hashtag ‘democraciarealya’- mejorable y perfectible. El peligro de esta revuelta silenciosa era el ruido y el Cojo Manteca de turno. La democracia tiene mecanismos expeditivos para ponerse a salvo de atentados a la libertad del ejercicio público de la política, y, en ese caso, el 15-M quedaría reducido, por una barraganada, a una simple mancha del sistema, aislada en el cordón sanitario que de inmediato se repetiría en todo el país. Es cierto que los jóvenes de Puerta del Sol, que por lo que se ve no han perdido la cabeza, censuraron los incidentes. Indignados contra las malas prácticas de la democracia, ahora toca –en un paréntesis obligado de urgencia- pasar a estar también indignados contra los infiltrados antisistema. O el movimiento irá languideciendo, triturado por quienes lo desprestigian con la ira del nuevo facha ‘okupa’ de la calle sin ley.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión 3 comentarios

FIEBRE DEL SÁBADO

 

La rebelión kamikaze del PSOE palmero, cuyo abrazo municipal al PP atiza la hoguera del pacto autonómico con CC, y los otros cadáveres del sábado con cargo a nacionalistas y populares, no hacen sino desenmascarar el rostro oculto de la política canaria: su indomesticable insularismo. Denostado a la sazón (no sin razón) cuando era privativo del nacionalismo retraído e isloteñista de los 80, penetra ahora como esas bacterias de moda en la granítica estructura regional del PSOE, y progresa como método de hacer política en Canarias sin injerencias bajo los muros de la isla. El insularismo, en esencia, es terco, como la idea temperamental de que el mundo acaba y empieza en la orilla de la isla de uno. Está ahí, infranqueable, a menudo agitando la olla del pleito –hace tiempo que no-, y sale al descubierto cuando se quitan todas las capas de la cebolla y lo que queda es ese rescoldo silvestre de una Canarias profunda que luego desaparece. Aquí no se salva ningún partido. El arrebato del PSOE palmero, que montó esta vez su batalla de las Termópilas frente a Zapatero y Rubalcaba si se ponían delante, ya ha costado el carnet a ocho concejales guillotinados ipso facto por desobedecer el burofax del partido. El incidente no arruina el crédito regionalista del socialismo canario, que bebe en el espíritu Carballo Cotanda, el ‘Canarias es posible’ del saavedrismo que Manolo Padorno adverbializó con aquel ‘jerónimamente’, y todos los galones que lo adornan como un ente disciplinado hasta el martirio si hace falta. En su descargo, cuenta que el partido que ha sido referente de unidad vive días de mudanza, y, tras el varapalo electoral  (el PP atesora este lunes el mayor poder municipal de la democracia en España) y la pausa de liderazgo, surge el sálvese quien pueda y otras mezquindades de náufrago, mito de la isla. La crisis de la economía es también la de los partidos, como claman los jóvenes a las puertas de los ayuntamientos bajo una represión de polis al porrazo limpio como la Grecia de los coroneles que denunciaron Costa Gavras y Semprún. Los pactos en cascada CC-PSOE han sido la penúltima falacia en el reino de taifas. Salvo la capital y el cabildo de Tenerife, parecen un trabalenguas. Soria ‘vasconiza’ La Palma con el duopolio PP-PSOE para torpedear el ‘pacto de La Moncloa’. Paulino Rivero y José Miguel Pérez han de hacer encaje de bolillos para seducir al ‘castrismo’ benahorita borrado del mapa, sin olvidar, a sensu contrario, qué penitencia imponer a la alcaldesa de La Oliva por prescindir de sí misma.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

FIEBRE DE SÁBADO: PACTOS AL ESCABECHE

La rebelión kamikaze del PSOE palmero, cuyo abrazo al oso PP en los pactos municipales de este sábado, atiza la hoguera del pacto autonómico con CC, es un episodio que desenmascara la verdadera realidad política canaria. El insularismo, denostado con razón cuando era marca exclusiva y excluyente del nacionalismo retrógrado de los años 80, penetra como por aluminosis en la hasta ahora monolítica estructura regional del PSOE, y pone de manifiesto que el método tiene éxito bajo cualquier sigla como expresión de un divisionismo inconfesable que caracteriza a la política -una vez quitadas las capas de la cebolla-, en la Canarias profunda. Esta, haberla hayla en la polícroma paleta política local.

No deja de ser una triste ironía que cuando el nacionalismo comienza a curarse su perverso insularismo ancestral, queriendo lábilmente homologarse entre los llamados partidos autonomistas, haya saltado la bacteria de una soja a otra contagiando a la fuerza históricamente vertebrada bajo una sola voz. Es un punto de inflexión en la acreditada vocación regionalista del socialismo canario, que guarda en su haber el espíritu Carballo Cotanda, el ‘Canarias es posible’ del saavedrismo que Manolo Padorno adverbializó con aquel ‘jerónimamente’, y todos los galones que han prestigiado a este partido de numantinamente disciplinado. Tampoco constituye la quiebra definitiva de una cultura de regionalismo y conmilitancia en el partido que ha sido hasta hoy referente de la unidad; es, eso sí, una prueba más de los tiempos que corren, bajo la losa de un estado ‘crítico’ generalizado, que descalabra la economía y los partidos y todos los proyectos de carácter colectivo. El ‘sálvese quien pueda’ y el individualismo más feroz encuentra así el terreno abonado, máxime en este período de interinidad que vive el PSOE en España y que en los militantes y cargos públicos, por lo que se ve, anima a transgredir una de las reglas de oro del partido: la disciplina.

El insularismo y el municipalismo, desde este sábado, entierran esos principios que vacunaban las viejas tentaciones, de los que hacían gala socialistas y nacionalistas (y ya se verá, llegado el caso, si también los populares), antes de cerrar un pretendido pacto para Canarias ‘en cascada’, la penúltima falacia en años de intentonas fallidas en tal sentido. No es un fracaso de la democracia, ni de la política canaria en particular, que están por encima de la disidencias puntuales (alimentadas, por último, en los casos municipales de Fuerteventura y la Gomera, de esta legislatura, en que la indisciplina no fue abortada y ahora sirve de inspiración al socialismo palmero); es un test de estrés a la madurez real del PSOE y CC, cuyos tribalismos locales e insulares más encendidos les han jugado una mala pasada en el trabalenguas de este archipiélago fracturado por definición, que pese a ello no duda en reclamarse como una auténtica autonomía. Los Llanos de Aridane y la Aldea (y otros ayuntamientos donde los concejales han hecho oídos sordos a las directrices regionales y federales de cada partido; ahí está el caso kafkiano de La Oliva, donde no sólo el PP contravino al aparato, sino que la propia Claudina Morales se vale del apoyo de los populares y de NC para asegurarse la alcaldía, mientras la fuerza nacionalista que ella misma preside aboga oficialmente por pactar con el PSOE) no emborronan la historia (de unidad interna) de ninguno de los partidos. Es reflejo de la lucha de poder y del oportunismo en corto, que relega a un segundo plano la gobernabilidad de Canarias. En el seno del PSOE reproduce, tras el mal resultado del 22-M, las heridas de la pugna por la secretaría general (de ahí los expedientes a la ejecutiva insular y la agrupación de la capital en La Palma, de dudoso recorrido al estar implicados diputados por esa circunscripción que son clave en el Parlamento). Y en CC, algunas picarescas de este sábado evidencian tiranteces similares y personalismos.

La escabechina de los ediles rebeldes del PSOE en Santa Cruz de La Palma y Los Llanos de Aridane, expulsados ipso facto por la dirección federal del partido, contribuyen a enmendar una anomalía que podría tener consecuencias en las próximas horas en el pacto autonómico CC-PSOE, contribuyendo a allanar “graves” deslealtades, según las calificó el portavoz nacionalista, José Miguel Barragán. El expediente de los dos concejales nacionalistas en La Aldea, otro tanto. Las espadas en alto en El Hierro, donde prevaleció la lista más votada en cada municipio a expensas de pactos por sellar, evita el colofón de esta ‘cascada’ de indisciplinas.

La compleja sociología política de estas islas explica mal los esfuerzos por hacer viable un gobierno de dos socios que se juran estabilidad saltando por encima de sus propias infidencias históricas. Si el PSOE peca de insularismo en las islas occidentales y se presta a un pacto a la vasca con el PP para desalojar a los nacionalistas en La Palma, El Hierro y varios municipios de Tenerife, sin menoscabo de esa alianza a que aspira con los nacionalistas en el Gobierno, ni que decir tiene que CC abunda en un doble lenguaje similar, cerrando filas con los populares en las islas orientales y, sin embargo, dando por sentado su objetivo de gobernar con el PSOE la comunidad autónoma durante los próximos cuatro años (lo que podemos denominar ‘Pacto de la Moncloa’, habida cuenta un precedente tan ostensible, como consagraron las vallas del PP durante la campaña). La doble vida (y vía) parece aclimatarse en todos los partidos, convertida en manual de pactos en el presente y futuro, donde todos jueguen con todos al doble juego sin ningún rubor.

La misma realidad que tozudamente ha vuelto a desbaratar la idea de acuerdos en cascada, exige, tras este sábado, los máximos esfuerzos de sensatez para no hacer añicos el concepto mismo de autonomía, con que despedimos el siglo XX,  en una tierra que acaba de retroceder ochenta años, hasta el mismísimo espíritu de la división provincial, de las dos Canarias, con dos modelos ideológicos distintos, dos tipos de sensibilidades políticas opuestas, y dos clases adversativas de puñalada entre políticos locales que reniegan de una recomendable rivalidad de dirigentes, para fundar el principio más visceral de la enemistad a muerte entre siglas y líderes (sin que se aprecie síntoma alguno del efecto 15M en la actual clase política de las islas por el momento).

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

PATARROYO, OTADUY …

 

Se hacen personajes de la columna; un día aparecieron aquí entrometidos en escena y uno les sigue los pasos como si en verdad formaran parte de una trama sin querer. Estoy hablando, a propósito, de Patarroyo, Otaduy, Chirino, o Vargas Llosa, pendiente ayer en vilo del Perú que, según él, elegía dramáticamente “entre el cáncer y el SIDA”, entre Ollanta Humala y Keiko Fujimori. Mi admirado Manuel Elkin Patarroyo, que vuelve hoy, por fin, a la isla, invitado por Basilio Valladares a dar la esperada conferencia de su guerra sin cuartel contra la feroz malaria (décimo aniversario del I. U. de Enfermedades Tropicales, 18:30 h., Facultad de Farmacia), debería considerar entre las infecciones a vacunar el mal demoníaco de las democracias (de América, pero también de Europa) tentadas por una recurrente ‘nostalgia de dictadura’, que vendría a ser el nombre del patógeno resistente. De paso, en esta psicosis colectiva del ‘E.coli’, habría que meter en cuarentena (quise decir en cintura) a la facción ultra de académicos de la historia, cuya diarrea mental de diccionario bacterializa a Negrín (con un enanismo cuasi xenófobo) y condesciende con Franco. Como si dieran alas, a lo mossos D`Squadra, al descaecido 15M (que nadie dé por muerto), trasnochan de la caverna de la historia para esta ‘boutade’. Son una epidemia. El sábado, presentando en la Feria del Libro del Parque la novela de Luis Otaduy, ‘Tenerife y las palabras. Cuadernos de Canarias’, el autor se recordó corriendo delante de los grises en la plaza roja de Atocha y, poco después, convertido en alférez en Tenerife, donde antes del golpe celebró una reunión en Las Raíces el dictador (salvo mejor opinión de los sabios con sable). Manuel Medina retrató a Otaduy como un joven refractario al régimen que insufló ánimo al grupo lagunero de izquierda. (La pandemia grado 5 de la izquierda en Europa es otro bacilo para echarle de comer aparte). El escritor ha vuelto a la isla 55 años después de hacer las milicias universitarias cuando aquí, con los puertos ‘francos’, se vivía mejor que en Madrid. Pero estábamos a dos días y medio de barco de Cádiz, y ahora llegan a Las Palmas, en dos horas y media de avión, los jueces de la capitalidad europea de la cultura 2016, a pasear por Triana como una calle de África en Europa entre las esculturas ‘afro’ de Chirino. Otaduy nos ve como Madagascar, con los pies aquí y la cabeza en otra parte: en América o Europa. Ya en su día, el propio guanche llegó hasta Venecia, como novela Juan Manuel García Ramos, dándole la razón.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

GILBERTO ALEMÁN, QUE ESTÁS EN SAN BORONDÓN

 

Si Gilberto Alemán hubiera sabido que se iba a morir el Día de Canarias, habría sonreído de satisfacción. Le gustaban las fechas redondas, el 14 de abril por la República, y supongo que el 30 de mayo le habría parecido una estupenda ironía de la historia, tratándose de un nacionalista que no tenía pleito en el pico. En su última escala en el hospital, le quedaba apenas un hilo de voz`. “¿Sabes?, estoy a punto de cumplir los 80”. Y los celebró poco después como un drago con vocación centenaria. Ahora sospecho que le hacía ilusión llevarse esa edad consigo, como siempre quiso pasar del centenar de libros publicados. El último, sobre sus elfos de Anaga, lo presentamos juntos en CajaCanarias como cuando hacíamos periodismo los tres, Martín, él y yo, en la revista ‘Archipiélago canario’, o en su agencia de prensa independiente SID, o en las postrimerías de ‘La Tarde’, cuando se propuso reflotar el viejo catamarán donde yo había empezado a colaborar a los 12 años a las órdenes de don Víctor Zurita.

Claro que éramos, somos, seremos una panda de nostálgicos sin remedio. Con decir que Gilberto me brindó durante años las mejores horas confidenciales que he pasado con un amigo. Me sentaba a su mesa del Montecarlo al mediodía, tras la tertulia en ‘Tajaraste’, en Radio Club, y me hablaba de lo humano y lo divino: recordaba mucho a su padre Ventura, detenido y torturado con aceite de ricino, del día que lo vio tomando café con uno de sus delatores y aprendió una lección casi imposible de tolerancia. De su madre Luisa arrullándolo con un pie en la cuna y leyendo a “un tal Unamuno”. Del callejón de Briones, en La Laguna, donde Manolo y Pisaflores, dos barrenderos “moros”, le limpiaban las boñigas al ganado. De su amigo Manuel Hermoso, que le dio la alternativa en la política municipal, siendo él independentista, y el alcalde, de UCD. Me hablaba de Iris, su mujer, la concertista, hija de Álvaro Fariña y sobrina de Óscar Domínguez, familia artística y versada como su saga de los ‘Alemanes’. De sus hijas y de sus nietos, no saben ellos cómo los quería. De cuando fundó ATAN con Wolfredo Wildpret hace cuarenta años, y de cuando puso nombre a un volcán, el Teneguía, porque nadie sabía cómo llamarlo.

Era maestro y lo mandaron a enseñar a la escuela de El Tablado. Siete horas de camino pedregoso, un arriero y los libros a lomos del mulo. La Palma era un mundo. Cuando llegó, fue a la venta de Marcelino. Estaba llena y se sentó en el chaplón. De pronto, un hombre se abalanzó sobre otro con un cuchillo. “¡Te voy a matar!”. Gilberto se quedó blanco como la pared y todos se echaron a reír en su cara. Habían conseguido asustar al maestrito recién llegado.

Durante años mirábamos al mar desde allí, con sus ojos de Morgan Freeman, en su escaño del café Montecarlo, en la Avenida de Anaga, delante de un güisqui, que él llamaba ‘manzanilla’, y con el cigarrillo en la mano que por poco lo mata antes de tiempo. Hubo una época en que frecuentábamos de noche la casa que tenía en la calle Sabino Berthelot, y luego supimos que estaba vigilada por la policía. Corrían los años más turbulentos de la política canaria, cuando la transición daba paso a la democracia y Cubillo desde Árgel inflamaba las islas con su guerra orsonwelliana de las ondas. A Gilberto lo acorralaron hasta el punto que se exilió. Cuando regresó, partió de cero, y yo le vi las orejas al lobo de este oficio desagradecido, le daban la espalda, era un ‘apestado’ oficial, lo habían expulsado del paraíso. Porque Gilberto fue el enfant terrible por excelencia del periodismo canario en los 60 y 70, un Gay Talese que iba por libre, un raro, un gallo de pelea, cuya fatuidad lo traicionaba al filo de una timidez ególatra que imitaba a la soberbia. Se ganó la vida, entonces, reproduciendo en carpetas fotos antiguas en blanco y negro. Y algunas puertas se le abrían: Paco Padrón lo acogió en Radio Club (donde se despidió con el Teide de Oro en la era de Xuáncar) y volvió a ser Gilberto Alemán, un periodista de mucho cuidado, aquel que yo había conocido en El Día escribiendo como una metralleta las crónicas de la muerte y las revueltas por Javier Fernández Quesada y Bartolomé García Lorenzo, y el que fue llamado a dirigir este periódico, Diario de Avisos, que pasaría a manos de su amigo Leopoldo Fernández. Recuerdo nítidamente esos días. Cuando le dieron el Premio Canarias se le saltaron las lágrimas de la punta de los dedos cansados de aporrear la Olivetti entre mesas con olor a orín, que es a lo que huelen las buenas redacciones de periódicos, como decía Elfidio Alonso Rodríguez. Tenía premios para parar un tren, pero nunca tuvo dinero suficiente.

La FAPE le rindió el homenaje al periodista insurrecto que fue testigo de su tiempo a solas como un D.J.Salinger entre el centeno. Yo lo quise fraternalmente, filialmente, o éramos un par de conmilitones coetáneos por casualidad a los que la vida, siendo de generaciones diferentes, nos había puesto en el mismo camino, contra los mismos molinos. Me consta que tuvo lealtades y desafectos. Paco Pomares le dio alas cuando le concedió una columna diaria y editó sus obras de bolsillo. Miguel Zerolo lo nombró cronista oficial de Santa Cruz. Se ha ido uno de los últimos polemistas (que le pregunten a José Antonio Pardellas, dos discutidores bienavenidos). Se ha ido un poeta, un actor con tablas, que habría podido quedarse en Madrid, donde fregó vasos y platos para estudiar periodismo; se ha ido con viento fresco a ese sitio que los dos buscábamos con la mirada puesta en el muelle desde la cafetería, ese destino soñado para el que redactó, incluso, una Constitución, por si sonaba la flauta y salía a flote. Y, donde ustedes lo ven, resulta que el ‘puñetero’ islote salió y allí es donde él está como un cónsul.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión 1 comentario

MARÍA ROSA ALONSO


De la pasta que estaba hecha María Rosa Alonso (la mejor musa para hoy, Día de Canarias) va quedando poca gente, una vida durada, con aquella inagotable curiosidad que la llevaba a perseguir los pasos perdidos de un guanche en Venecia. “Todo me interesa”. En la casa de su sobrino Elfidio, en La Laguna, cuando retornó, pasó unos años que le parecían postreros -a los 91-, y creía, por pura lógica cartesiana, que se iba a morir. “Para lo que me queda, vivo”. Se ha muerto a los 101, cuando ya no le cabían más años en el frasco de su vida. Pero entonces, sin la cifosis de la vejez haciéndole mella, se prometía reconstruir la historia de la literatura canaria. Una noche la vi aparecer enfundada en una bufanda. “Tengo fiebre”. Y se puso a hilvanar un discurso como si la gripe le trajera sin cuidado. Era vehemente y tenía prontos de “fosforito”, como decía ella misma: “esa ira ósea mía”. Pero sobre todo, era la curiosidad personificada. Me lo dijo el psiquiatra Carlos Castilla del Pino, ya octogenario: se vive lo que la curiosidad dura. En esa casa, Calero (mi amigo Juan Luis Calero, cómplices literarios) compartía largas veladas con la autora de ‘La luz llega del Este’, su mejor libro (donde narra el ‘obsequio’ del mencey a la ciudad de la laguna pantanosa). Hablaban de la muerte o de la calma, de lo que se ofreciera. Javier Marías añoraba sus carcajadas en la casa de sus padres. Aquella mujer estaba enamorada de la cultura, un amor con escenas de celo: quería viajarlo todo. Como no era televidente, como Emilio Lledó, leía y hacía excursiones. A Jesús de Polanco, Tenerife le recordaba a María Rosa Alonso en Madrid. La progenie de ese amor, los libros, los llevaba escondidos por la calle para ir a clase, porque estaba mal visto que una niña estudiara. Venía de un siglo de papel, de desayunar con periódicos para estar al día (el ‘aggiornamento’ que admiraba de Pablo VI), de aprender a querer las palabras con Ortega y Gasset (“¡hablaba como escribía!”) y a no errarlas con Américo Castro, que casi la mata por una falta ortográfica. Cuando le dieron el Premio Canarias, la noticia saltó a Venezuela, donde vivió y trabajó cuando aquí la querían poco. Y hablamos de América con esa familiaridad que ponemos en el tema, de Caracas como si fuera Santa Cruz, del hermoso país que computamos como si fuera una isla nuestra. Y era inevitable en su presencia terminar hablando de Viera y Clavijo, Viana o Cairasco. Esa nómina a la que ahora se suma ella, cuando sus cenizas se esparcen por la Punta del Hidalgo, un día como hoy, que nos nombra a todos.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

EL PODER

Pactar es lo convenido y lo conveniente en Canarias. No es nuevo, ni será prescindible a lo largo de mucho tiempo en el horizonte, toda vez que las mayorías absolutas en el Parlamento (31 de 60 diputados) no parecen estar, ni de lejos, al alcance de los actuales partidos. Se ha demonizado con mucha ligereza el sistema electoral canario, que, siendo perfectible, ha respondido a lo que querían de él los grandes partidos garantes de la autonomía: que consolidara fuerzas archipielágicas consistentes y evitara la atomización de la cámara, algo que en los albores del autogobierno generó no pocos sobresaltos rayanos en la ingobernabilidad (el socorrido voto 31, amén de las agrupaciones insularistas predispuestas a bloquear los presupuestos bajo la añagaza de que lesionaban los intereses de un solo territorio, etc.). Hoy tenemos una autonomía reglamentada, cuyas barreras electorales, con ser altas, no han impedido la entrada en el hemiciclo de Nueva Canarias (3 escaños), un chorro de aire fresco y pluralidad al debate. Y una autonomía que ha de mejorar sensiblemente (en su mecánica legislativa, en su apertura a la sociedad, en su trato a las iniciativas populares, en su eficacia y rendimiento y en su austeridad y recorte de privilegios). Vengo deslizando la idea de que se han hecho necesarias escuelas de democracia. No es ninguna tontería. Los cachorros del 15-M piden rápidos retoques al sistema para que sea más participativo, transparente y útil. Añado que para que la democracia funcione ha de estar pilotada por políticos con la debida cualificación; cada día chirrían más los dirigentes indocumentados, que se rodean de un excesivo aparato de asesores para cubrir sus deficiencias personales. A quienes restan mérito al resultado del domingo exfoliando las culpas del PSOE en virtud de la crisis e ignorando la apisonadora del PP, cabe recomendarles una relectura de episodios similares en otros países de Europa. Rajoy está, desde este 22 de mayo, revestido de toda la autoridad moral para requerir (como hizo este lunes ante su comité ejcutivo) un adelanto electoral, que, debidamente convocado sin estridencias, debe enmarcarse en lo que llamamos normalidad y que los mercados esperan de un estado inestable ‘per se’como el español. No hacerlo, acaso alimente sospechas e incertidumbres, que desestabilicen la economía aún más (como sucede con las restantes economías de los países ‘pigs’). Respecto a Canarias, los diques nacionalistas han resistido el tsunami popular, y ese empate a 21 escaños (pese a la diferencia de votos a favor del PP) avala los dos estilos antagónicos dentro de la política canaria que encarnan Paulino Rivero (CC) y José Manuel Soria (PP). Un pacto virtual entre CC y PSOE para cogobernar la comunidad autónoma y numerosas instituciones sin mayoría absoluta, formaría parte también de la normalidad. Al PSOE de José Miguel Pérez, herido de muerte por los estragos de sus familias escindidas y la pérdida de marca por la crisis, ese pacto le viene bien para maquillar la severa derrota, y a los nacionalistas les resuelve por el camino más asequible tanto el gobierno como las corporaciones con mayoría simple (algunas tan sensibles como su feudo Santa Cruz de Tenerife, La Laguna y el Cabildo de la misma isla). Nada impide, sin embargo, que se imponga cierta incoherencia en los pactos en uno y otro nivel y asistamos a mayorías PP-PSOE en algunas instituciones, si bien parece inevitable el reencuentro de nacionalistas y socialistas, que gobernaron juntos por última vez en los primeros años de la década de los 90. De ese modo, el PSOE volvería a tocar poder 18 años después, como si su estadía en la oposición acabara de cumplir exactamente la mayoría de edad.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión 1 comentario

EL TUIT

 

Bob Dylan cumplirá mañana 70 años y no desentonaría entre los cachorros de la Puerta del Sol o la Plaza de la Candelaria: genéticamente, tipifica la protesta de los 60. Contra Franco cantábamos ‘Al vent’ a coro con Raimon, hicimos una sentada cuando prohibieron a Lluis Llach en Santa Cruz, y Fernández Caldas fue un rector digno que dimitió al invadir la policía el campus universitario para silenciar al cantautor de ‘L´Estaca’. Es mayo, un mayo a la francesa hispanizado, el escándalo de Dominique-Strauss Khan y nuestra resaca electoral son la comidilla de la prensa extranjera. La resonancia mediática de este movimiento que nos ‘emplaza’ y su impacto en las redes sociales obligan de oficio a sus promotores –sean quienes fueren- a adoptar algunas formalidades. Los lunes al sol, titulaba Fernando León su cinta sobre el paro. Indignarse por las fallas de la democracia y el marchamo de la crisis (Stéphane Hessel en el bolsillo) exige ser trabucaire todos los días. El éxito de esta ‘primavera española’, si quiere cuajar, radica en tener las ideas claras (el que dijo, “vale, pero a mí me jode un huevo que me graben”, de rechazo a la prensa, contravende tolerancia). En la Plaza de Tahrir, referente lúdico sin paralelismos con España, el objetivo era el dictador; deuda aquí saldada por defunción del nuestro hace treinta y muchos años; el fin es otro: remozar un sistema prematuramente achacoso y ‘desbancar’ a la democracia, desbancarizarla. Hay una montaña de razones para exhortar a una ‘democraciarealya’. Partidos y sindicatos, concientemente obsoletos, se temían esto y aguardaban a que la tormenta tocara a la puerta de sus casas como en el cuento de Buzzatti. Ahora me veo en los 70 frente a frente con García Trevijano, en un suntuario despacho madrileño amueblado con metacrilato, junto a la sala de reuniones donde conspiraba la Platajunta -los cabecillas tensos de la ‘spanishtransition’-, y oigo al abogado ansioso de poder arengándome sus ruptura frente a la reforma de Suárez y proponerme, “¿tú te sumarías en tu isla?”, en medio de la entrevista. Madrid políticamente estaba al rojo vivo, bajo el miedo a la secreta. Conversé con Calvo Serer en un taxi; con Nazario Aguado a pie, con carlistas y comunistas (reportajes en la hemeroteca de este periódico): eran demócratas viscerales y posibilistas ‘juntos pero revueltos’, y se pusieron de acuerdo. Este es el reto del 15-M. “La juventud promete y ella cumple”, dijo Aleixandre. Falta concreción. Más ‘tuit’ y menos suite. La izquierda se desangra en Europa. ¿Abrirán escuelas de democracia algún día?

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

LA PUERTA CERRADA DEL SOL

 

La movilización del 15-M en el último tercio de la campaña electoral ha sido un acicate para ésta, un revulsivo, y confieso mis simpatías por esta irrupción contestataria, que ahonda en las raíces de un problema –el problema- de la crisis: los partidos, las organizaciones todas, por lo general, no funcionan en la buena dirección. Sería un error –y una exageración- equiparar las concentraciones de Puerta del Sol y las del resto de ciudades, incluidas las canarias-, con la Plaza de Tahrir, en El Cairo, corazón de la revuelta que acabó con Mubarak. No creo que haya muchos demócratas –desde luego, no cuenten conmigo- que transijan con esa clase de comparaciones a la ligera. La democracia –la española no es una excepción- es un modelo perfectible, pero su continuidad es innegociable. Los partidos, sindicatos y todos lo demás estamentos que han ido perdiendo músculo participativo, reducidos, por la inercia y el dirigismo, a máquinas de poder, han de cambiar, y lo saben. Esta indignación juvenil inspirada en el panfleto certero del nonagenario Stéphane Hessel, tiene la virtud de aclamar esa regeneración en la plaza pública, como una demanda social, a sabiendas de que sólo así los aparatos políticos se sentirán urgidos. La Puerta del Sol, en este sentido, ejerce la fuerza mediática de los desencantados de las redes sociales, cuyo ‘papel’ correspondía hasta ahora a la prensa: los políticos suelen reaccionar a golpe de titulares. Y las prohibidas concentraciones de Madrid y resto del Estado –la Junta Electoral se ha cubierto de gloria con semejante ‘des-medida’- han conseguido el eco periodístico que los partidos –despreciando a los periodistas con ruedas de prensa sin preguntas y bloques electorales infumables televisados por imperativo legal- no obtuvieron en los medios de comunicación por derecho propio. Para huir del oportunismo novelero de un mero happening electoralista, los cuadros mejor preparados de esta corriente de opinión habrán de constituirse en grupos de trabajo para los meses venideros, o podrán morir de un éxito efímero.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?