Opinión

LA PLAZA BARTOLOMÉ GARCÍA LORENZO

 

 

LA PLAZA DE BARTOLOMÉ GARCÍA LORENZO


En la plaza de García Escámez, la barriada insurgente junto a Somosierra en los años 70 en Tenerife, nos hemos vuelto a reunir, con cierta alopecia, arrugas y canas, un grupo de testigos presenciales del momento político en que fue asesinado, hace 35 años, el joven estudiante Bartolomé García Lorenzo.

 

La plaza, la misma plaza que explotó tras el suceso como hacen los volcanes, ahora –el miércoles 21 de septiembre- estaba serena y escuchaba con un silencio entrecortado las palabras de Dulce García Lorenzo, hermana del estudiante de Magisterio, de 21 años, deportista y risueño, “alto, atlético y tremendamente cariñoso”, que unos policías ofuscados mataron a quemarropa.

 

La muerte de Bartolomé fue un aldabonazo en la conciencia de los jóvenes inconformistas que movilizábamos a la gente con tal de precipitar la ruptura democrática. Sucedió a las once y cuarto de la mañana del 22 de septiembre, era miércoles, corría el año 1976 –no cualquier año, el año después de la muerte del dictador, y en plena Transición boquiabierta-.

 

En el recorte de periódico pegado en el tablón, junto a la mesa para los invitados al debate en ‘la placita’, leí rodeado de vecinos la crónica de Miguel Tejera Jordán, documentada, meticulosa, con la enumeración de los detalles periciales del caso, los 33 impactos de bala en la puerta –que quedó como un colador-, a ambos lados de las jambas. “No estaba armado”, subraya el periodista, saliendo al paso de los primeros rumores interesados que desdibujaban los hechos como si de un tiroteo cruzado se tratara.

 

Aquello fue una ignominiosa carnicería. Bartolomé estaba en casa con una prima y una pequeña de la familia. La policía llegó con exageración a Somosierra. Dijeron después que pretendían encontrar a ‘El Rubio’, un delincuente legendario de Arucas buscado por el presunto secuestro del industrial tabaquero Eufemiano Fuentes. Yo estaba al corriente de los pormenores de toda aquella historia cutre de policías desorientados porque seguí la noticia al pie de Las Meleguinas, el chalet de Fuentes en Santa Brígida. Iban tras el rastro de un fantasma. “¡Huye, Rubio!”, había gritado alguien en su Arucas natal, y ‘Rubio’ se quedó.

 

Cuando desapareció Eufemiano Fuentes (el poderoso empresario franquista que había participado en ‘las brigadas del amanecer’ durante la guerra y en el trayecto a Cádiz habría tirado a más de un preso político por la borda al grito de “¡Patitos al agua!”), en un aparente rapto nunca esclarecido, el primer sospechoso fue Ángel Cabrera Batista, ‘El Rubio’, una leyenda del rudo hampa local. ¿Fue ‘El Rubio!’ culpable del secuestro y asesinato del hombre que amasó una fortuna con el tabaco? Nunca lo sabremos, y el letrado que lo defendió siempre lo puso en duda. ¿Fue visto Eufemiano, con posterioridad, en algún escondite latinoamericano vivo y coleando? Hubo testigos que, a la vuelta, daban fe de ello, pero se mitificaron en exceso ambas figuras –el presunto falso secuestrado y el captor escurridizo- y la verdad permaneció oculta en el silencio sepulcral que guardaría hasta la muerte Ángel Cabrera, muchos años después, cuando decidió regresar a su tierra y entregarse.

 

Cerró el pico, enfermo y alucinado, y se llevó el secreto a la tumba. Sin embargo, Bartolomé García Lorenzo, la mañana del 22  de septiembre de 1976, cayó gravemente herido detrás de la puerta, cuando la cerró instintivamente por el sobresalto, intimidado por media docena de agentes convencidos de que habían dado con el refugio tinerfeño de ‘El Rubio’. Ahora, en la plaza de su barrio de nacimiento, los vecinos seguían haciéndose las mismas preguntas sin respuesta sobre el equívoco mortal.

 

Bartolomé fue hospitalizado y murió a los dos días. Tras los disparos, entró un agente en el despacho del gobernador Mombiedro dela Torrey le dio la noticia de que había sido batido ‘El Rubio’ en Somosierra. Cuando comprobó el error, el gobernador se desmoronó. La escena la relató el jueves en Teide Radio-Onda Cero el periodista Leopoldo Fernández. El Gobierno Civil, ante la dimensión del despropósito, instó al juzgado a abrir diligencias; los policías fueron condenados a dos años de prisión e inhabilitados, pero en la práctica –fuera por la vía de un perdón soterrado o por la desidia y complicidad de los últimos mohicanos de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado del franquismo- siguieron ascendiendo en el escalafón.

 

Fue la misma inercia permisiva y consentidora que libró de la cárcel al comisario Matute, que mató a patadas a Antonio González Ramos –un obrero de Philips Morris insuficientemente reivindicado- durante un salvaje interrogatorio en 1975, o que dejó impune el asesinato por parte de un guardia civil del estudiante de Biológicas Javier Fernández Quesada, en 1977, crímenes encadenados que recordaban en esta ocasión en García Escámez el abogado laboralista Alfredo Horas y el historiador Ignacio Reyes.

 

A las once y cuarto de aquel 22 de septiembre, la policía tocó a la puerta del tercer piso en el portal 4º del bloque dela DivinaPastorae hirió de una ráfaga al joven Bartolomé, que dio un portazo y pidió un médico. Era inocente.

 

Este pasó a ser un crimen político, un detonador social que lanzó a la gente a la calle en una de las revueltas más acaloradas y emotivas que se vivieron en aquellos días terminales del régimen. El ambiente estaba caldeado por la mítica huelga de Cesea, que era la primera legal en la provincia. No olvido los choques entre vecinos y fuerzas del orden, que repelían a los primeros con pelotas de goma, las carreras y el despliegue de antidisturbios. Había un caldo de cultivo, como mencionó en el acto el periodista y dramaturgo Cirilo Leal. Horas reconstruyó escenas de una confrontación social con la dictadura en la espera y la esperanza de un cambio de sistema que hoy se revela deficiente.

 

Debatimos, con la muerte de Bartolomé de fondo, sobrela Canariasque salía de la represión y estrenaba un embrionario nacionalismo de izquierda aún entonces por definir. La calle era un volcán. Explotaba con cualquier pretexto. Bartolomé fue una espoleta. Su muerte, 35 años después, sigue viva en el corazón del barrio. Los amigos han cobrado años y desencantos, pero, como contaba uno de ellos, Canono, es imposible olvidar a Bartolomé, “era de esas personas que daba ganas de estar a su lado todo el tiempo”. Alguien lo llamará carisma. Su hermana lo llamó ‘espiritualismo’, fuerza interior. Tenía 21 años tan sólo, era senderista, buceador, afectuoso y waterpolista, cantante, teatrero, un alegre seguidor de Los Beatles, José Feliciano y Víctor Jara, un muchacho vital.

 

“No te dejaron ser padre, ni maestro, silenciaron tu armónica y tu flauta dulce, tus canciones y abrazos”, leyó, casi recitó Dulce, una hermana conmovida que advirtió al comienzo del homenaje: “Ésta es la primera y última vez que la familia habla en un acto público.” Pidió “flores, canciones y versos” para recordar en el futuro al hermano malogrado que, por su carácter, estaba llamado a ser alguien feliz. Los concejales de ‘Sí se Puede’ piensan solicitar en el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife que esta plaza de García Escámez lleve el nombre de Bartolomé García Lorenzo. Qué menos, si hay un poco de memoria y de justicia.

 

 

 

 

 

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FRESNADILLO


El crítico que no sea un consumado cineasta, cocinero antes que fraile, tienta al bárbaro que lleva dentro, como el dogmático y shakespeariano Harold Bloom –genial tragaldabas literario- despotricando licenciosamente de García Márquez por ‘aburrido’. Salvando las distancias, el ‘re-incidente’ Carlos Boyero, a quien otros colegas repudiaron en su día en una carta hasta los mismísimos, tacha el thriller de Fresnadillo (‘Intruders’, con Clive Owen, inauguró el viernes el Festival de San Sebastián) de “estética hueca”, y “tontería” sin suspense. La película va de miedo, así que el ínclito la mata en su videoblog. A Woody Allen, robinsoneando en Manhattan, lo ninguneaban los críticos USA con majadería, hasta que se ganó el Príncipe de Asturias y una escultura pedestre en una calle ovetense, en la que me fotografié en mayo fingiendo pasear con el director de ‘Annie Hall’. Boyero prolonga la vacante de Ángel Fernández-Santos, el célebre crítico-autor, que con Joaquín Vidal (cine y toros) cocinaban en El País exquisiteces literarias. J. C. Fresnadillo se ha hecho un nombre en EE.UU. desde el corto ‘Esposados’ (que acarició el Oscar) y por eso está en la agenda de Spielberg. Con ‘Intruders’ recabó un éxito completo (público y crítica) en Toronto, la puerta que abre otra puerta: Hollywood. Tras ’28 semanas después’, le esperan más secuelas (‘El Cuervo’, ‘Los inmortales’) y la adaptación del videojuego Bioshock. Sin medrar en los círculos viciosos del endogámico cine español, se ha buscado la vida. Es uno de mis héroes. Denigrar al que despunta por libre: esa pose de gregarios. Mediocres. Participé de extra –forcejeaba con el malogrado José Conde- en ‘Óscar, el color del destino’, la ópera prima de Lucas Fernández, al que la crítica más estreñida despellejó por ‘outsider’. En los Goya ignoraron con desidia la banda sonora de Diego Navarro y a Paola Bontempi (la actriz acaba de enterrar a un hermano, Felipe Camiroaga, estrella de la televisión chilena, tras un accidente aéreo). Pero el cine precede a la mala leche del cine. En la calle Sin Salida (Duggi), el pionero don Miguel Brito, atusándose la barba, nos contaba de niños sus proyecciones míticas -finales del XIX-, en el hall del Guimerá con un cinematógrafo Lumiere. Fernando Gabriel cita las bobinas de ‘La Edadde Oro’, de Buñuel, enterradas en las islas en la guerra civil. En los 70 hacíamos festivales de cine canario amateur en CajaCanarias: entre ‘Yaiza Borges’ y los costumbristas, irrumpieron los Ríos, y de ellos Guillermo Ríos (‘Nasija’ ya lo consagra), y Fresnadillo es el hijo darwiniano de toda esa intrahistoria medular.

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EL GAS, DESBLOQUEADO EN CANARIAS, TRAS MAS DE 20 AÑOS

 

El uso del gas en Canarias, una decisión del Parlamento paralizada desde hace más de 20 años, ha quedado desbloqueado definitivamente, con el acuerdo adoptado ahora por los empresarios canarios presentes en Gascan (compañía transportista de gas natural creada para introducir esta fuente de energía en las islas) de vender sus acciones (un 42%) a Enagas, Empresa Nacional de Gas, transportista exclusivo en España. La firma de la operación estaba prevista para este viernes.

 

El coste de la misma, 3 millones de euros, supone una revalorización del 7% para los accionistas canarios, que así recuperan lo invertido en 2002. Los empresarios locales que, finalmente, se han rendido vendiendo sus acciones estaban agrupados en Regional Canaria de Energía SL. Eran inversores reconocidos en distintos sectores económicos que desesperaron durante todos estos años por las trabas sociales que frenaban la empresa. La venta de acciones ha sigo ‘cocinada’ con sigilo desde hace meses, con la intervención personal del presidente del Gobierno canario, Paulino Rivero.

 

La citada compraventa no ha estado exenta de dificultades, y estuvo a punto de fracasar, lo que hubiera puesto en riesgo la viabilidad de Gasificadora Regional de Canarias (Gascan), provocando su disolución. Finalmente, los empresarios locales accedieron a vender sus acciones con  el citado 7% de rentabilidad, lejos de cualquier ganancia desmedida.

 

El gas entrará así, por fin, en Canarias, como está contemplado en el Plan Energético de Canarias (Pecan) aprobado por el Parlamento en 1989. Gascan, participada ahora en un 47% por Endesa, un 42% por Enagas y el restante 11% por el Gobierno autónomo (a través dela Sociedadpara el Desarrollo Económico de Canarias, Sodecan), recibe de este modo a un socio providencial para sus fines. Enagas, dada su sobrada experiencia en el sector, podrá liderar la agilización de la puesta en marcha de la gasificadora de Granadilla (Tenerife).

 

Una vez se ponga en marcha esta obra de recepción, almacenamiento y regasificación de gas natural licuado (con toda probabilidad, cuanto antes, el próximo año), fuentes que conocen el proyecto aseguran que los escollos existentes para la planta de gas de Gran Canaria y el debate sobre su emplazamiento en tierra o en el mar en Arinaga, quedarán, igualmente, allanados. La instalación de cada una de estas plantas regasificadoras creará entre 400 y 600 puestos de trabajo.

 

Los empresarios canarios de Gascan que han alcanzado este acuerdo de venta con Enagas habían mantenido una reunión clave y discreta, hace pocos días, con Paulino Rivero, en la que se despejó el camino para la incorporación del nuevo accionista.

 

Este acuerdo descongela la financiación de la gasificadora de Granadilla por parte dela UniónEuropeay es un acicate para el respaldo del Ministerio de Industria. La introducción del gas es crucial para las islas, tanto desde el punto de vista ecológico, teniendo en cuenta las emisiones de gases de efecto invernadero (contamina menos que el petróleo, toda vez que el gas natural emite un 27% menos de CO2 en la combustión que el fuel oil), como económico, ya que se calcula que representará un ahorro anual de más de cien millones de euros en cada una de las dos islas mayores, Tenerife y Gran Canaria.

 

Éste era uno de los cuellos de botella del modelo económico canario, dada la dependencia casi total del petróleo que condiciona el desarrollo de Canarias en su conjunto. El Pecan de 1989 apostaba por el gas natural y abandonaba la opción del carbón. Canarias se convertía en pionera dentro del Estado en la propuesta de centrales eléctricas de ciclo combinado a partir del gas. Se trata de un objetivo estrella de los últimos gobiernos canarios, que abogaban sin éxito por la utilización de energías renovables (tal como establecen los planes eléctricos insulares en marcha) y, de resto, la combinación de combustibles fósiles y gas. El citado Pecan establecía que en 2015 las islas dependerían en un 71,9% del petróleo, un 20% del gas natural, y un 8,1% de energías renovables.

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EL PERÚ DE OLLANTA HUMALA

 

Perú vive el debut del presidente Ollanta Humala (con el que se escora a la izquierda nacionalista como otros estados de la región) bajo un agitado debate sobre su Talón de Aquiles, la criminalidad callejera, que afea su imagen de país en alza. El gobierno declara la guerra a la delincuencia común con miles de policías en la calle. Humala se estrena hablando de seguridad, mientras el mundo habla de economía.

Dos niñas, Romina y Ariana, populares por haber sobrevivido a sendos atentados, ponen rostro a la catarsis nacional. “Que Dios te bendiga, cuídate”, le dice Romina en un mensaje desde el hospital donde sigue después de un año, a la última víctima, herida hace pocas semanas.

El caso de Ariana se ha erigido en una cuestión de Estado, alentada por el propio padre de la niña. El congresista Renzo Reggiardo, un locuaz exfujimorista, sabe que lidera una causa sensible: la lucha contra el bandidaje, auténtica lacra de Lima y Trujillo.

Mis crímenes favoritos

Al llegar pregunté cómo iban mis ‘crímenes favoritos’. Encabeza la lista el de la empresaria Myriam Fefer por presunto encargo de su propia hija, Eva Bracamonte, que ya purga prisión provisional. Hay una sustanciosa herencia de por medio y una familia endiablada: el hermano culpa a la hermana, y el padre llamó una noche a un programa de televisión para decirle al abogado de su hija, entrevistado en directo por la reputada periodista Rosa María Palacios, que le podía “mamar los huevos y chupar la pinga” (sic).  El periodista y escritor Beto Ortiz se ganó esta amenaza del padre de una azafata televisiva a la que involucró en la historia: “Te voy a enviar un francotirador”.  No se lo mandó decir con nadie.

Otro es el caso abierto ‘Tozzini-Bertelo’, que conmocionó en los90 ala alta sociedad de una Lima pendenciera digna capital de novela negra. Dos hermanos acusados de planear doce años atrás la muerte de sus padres, ante la pereza de la justicia, apuntan a una esperpéntica pareja de presuntos asesinos: Alicia Alvarado, una ruda asistente doméstica despedida antes de los hechos, y su siniestro hijo, Jorge Culquicóndor, ya con antecedentes violentos en su hoja de servicio. No te aburres delante de la irresistible telerrealidad peruana (que es de mejor calidad que la española). El programa matutino ‘América noticias’ dedica un noventa por ciento del tiempo a asaltos, raptos  y violaciones, y el homicida suele  brindar su testimonio a la cámara.

En mi lista negra constan dos episodios más, etiquetados con el género ‘crímenes pasionales’. La cantante ‘vernacular’ (folclórica) Alicia Delgado, murió a manos de un sicario contratado, al parecer, por su propia pareja lésbica, Avencia Mesa, también intérprete, apodada ‘La Pistolita’, por tener que hacerse respetar con su arma de fuego ante su público, frecuentemente ebrio. Y luego está el asesinato del carismático estilista Marco Antonio, asiduo de la televisión, fábrica de ángeles y demonios.

En este viaje, el culebrón de turno corresponde a una pareja de estudiantes limeños de ingeniería forestal, que se perdieron durante una excursión por el valle del Colca (Arequipa). Rosario Ponce, a la que le tiran piedras, pudo ser rescatada en estado de shock, pero el novio, Ciro Castillo, lleva desaparecido cerca de cinco meses, y todas las miradas la buscan, mientras la joven, sonriendo sin venir a cuento y no sabiendo responder a la lluvia de sospechas, le envía mensajes a la víctima en facebook como si estuviera vivo. La gente la insulta lapidariamente cuando asoma la cabeza. Al ser encontrada, la joven no preguntó por el chico, sino “quién ganó las elecciones”.

El factor Vargas Llosa

Pero este es un pueblo entrañable, con un corazón a prueba de terremoto. Lo vi con mis ojos aquel día de agosto de 2007, en que un temblor de 7.9 grados en la escala de Richter, que duró casi tres minutos, afectó a medio millón de personas y mató a medio millar. Vi hasta qué punto es un pueblo solidario, aferrado a su tierra. El peruano es muy peruano. Vuela con la imaginación a su país, su calle, su casa, allá donde esté en el mundo. Y sus vacaciones son las de la niñez. Julio Ramón Ribeyro –les remito a las aguas de sus cuentos- decía que, estando a solas en Múnich, bajo el frío, soñaba todo el tiempo que estaba pasando “unas clásicas vacaciones” en la sierra peruana, mientras, para sentar las madres de la nostalgia, escribía la novela ‘Crónica de San Gabriel’.

Otra cosa que sucede con el peruano es que le duele todo lo que le pasa a su país, esté dentro o fuera, como le ocurría a César Vallejo en París a solas. Ahora vela por su despegue turístico, al calor del centenario este año de su joya incaica, la ciudadela de Machu Picchu. Vive en una ola de peruanidad.  Eran fechas patrias, en el 190º aniversario de la independencia. Motivos de orgullo nacional para invertir una baja autoestima atávica no le faltan: la cocina de Gastón Acurio (les recomiendo su ensayo ‘Peruanicemos el mundo’), el chef peruano de mayor proyección, del que Ferran Adriá me dijo en Tenerife que era su prolongación en América; el cebiche, que luce Perú en la pechera; el pisco (del que se deriva el famoso trago ‘pisco sour’), cuya paternidad defiende frente a Chile con tanto fervor como el territorio fronterizo que ambos estados discuten enLa Haya; el tenor Juan Diego Flórez (amigo de Canarias y heredero de Kraus); el célebre fotógrafo de la ‘jet-set’ mundial de la moda Mario Testino; la campeona del mundo de ajedrez sub-20, Deysi Cori…, y su consagrada literatura. La cantante afroperuana Susana Baca, ministra de Cultura, está llamada a desempolvar las raíces de toda esa identidad.

En los restaurantes, donde la gaseosa nacional ‘Inca Kola’ ha desplazado ala Coca Cola, se ofrecen servilletas con el lema ‘Viva el Perú’. En la calle se leen pintadas y letreros con el rótulo ‘El orgullo de ser peruano’. Y una filosofía de vida casi hedonista inspira campañas y spots, como en la cerveza que promociona el cantante más conocido, Gianmarco, en televisión, o el eslogan de la cadena de supermercados ‘Plaza Vea’: ‘Llevamos más felicidad a más peruanos’. Perú comienza a creerse, máxime desde la concesión del Nobel de Literatura a Mario Vargas Llosa (el primer Nobel peruano), cuya talla contagia toda la nueva grandeza de un país grande de por sí que se achicaba fácilmente. Hasta los goles de Guerrero enla Copa América(Perú obtuvo el bronce) lavan su desprestigio futbolístico (y el naufragio económico de equipos históricos, como la ‘U’, que entrena Chemo del Solar) y convierten al seleccionador, el uruguayo Sergio Markarián, en un referente mediático. Pero esta terapia de grupo de todo un país, contra los estragos del terremoto de 2007, colisiona con las bandas de marcas, que asaltan y, a menudo, matan.

La bala rozó el corazón

El jueves 4 de agosto, en Lima, saltó la agenda política por los aires. El congresista Renzo Reggiardo, que se negó a apoyar en las últimas elecciones a Keiko Fujimori (hija del político de origen japonés, en prisión tras gobernar diez años en los noventa, en los que se dio un autogolpe) corrió hacia la calle al oír disparos cerca de su oficina y halló a su esposa tirada en el suelo y a su hija Ariana, de nueve años, bañada en sangre. Él mismo la evacuó a un hospital y pensó que se le moría en los brazos. La bala le atravesó el pecho y pasó rozando el corazón. La pequeña ya ha sido dada de alta convertida en heroína.

Un año antes, Romina Cornejo, que tenía cuatro añitos, fue tiroteada por un desalmado, José Astuhuamán, alias ‘Papita’, pendiente de condena. En ambos hechos, la policía cree acreditada la condición de ‘raqueteros’ (criminales que actúan al azar), auténtico cáncer del país. El Congreso creó una comisión especial de seguridad ciudadana y le cedió a Reggiardo la presidencia. El propio Humala preside personalmente un consejo nacional de seguridad ciudadana de nueva creación.

La polémica derivó en seguida, sin ir más allá, hacia el espantajo de la pena de muerte para estos casos, y el fiscal de la nación, José Peláez, propone reabrir la isla-penal ‘El Frontón’ para recluir a los presos peligrosos. La cárcel fue clausurada hace veinticinco años tras un motín de reos por terrorismo que resultaron en su mayoría muertos.

La violencia, grabada con fuego en el inconsciente  del país, tras el decenio negro de Sendero Luminoso en los 80 (su líder, Abimael Guzmán, fue detenido en 1992) y la lucha subversiva del MRTA, pervive en la sierra y la selva en focos de narcoterrorismo. Humala, un excomandante que se alzó contra Fujimori al término del régimen, cuando el maquiavélico asesor del presidente, Vladimiro Montesinos (el que grababa videos, los ‘vladivídeos’, con sus graves corruptelas), huía en un velero, asume con la presidencia la jefatura de las Fuerzas Armadas, y se pone  a prueba con el caso de su hermano Antauro. Este cumple 25 años de prisión por el ‘Andahuaylazo’, el asalto a una comisaría que costó la vida de cuatro agentes, y espera ser amnistiado o indultado, con la aquiescencia de su padre, el patriarca de los Humala, don Isaac. La misma sospecha recaía sobre Keiko, si ganaba, respecto a su padre, con idéntica condena por crímenes de lesa humanidad y corrupción. En un arenal junto ala Panamericana Nortede Lima, han aparecido los restos de nueve campesinos de Santa, los ‘nueve santeños’, asesinados hace 19 años por el ‘grupo Colina’, escuadrón de la muerte creado en tiempos de Fujimori. Perú está saliendo debajo de la tierra.

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12-S

En una sola década, como de una tacada, nuestra civilización ha asistido a dos sobresaltos colosales que infligieron un daño irreversible a nuestras vidas: el 11-S y la crisis económica de 2008, esta  aún lejos de remitir. Nadie podrá decir que el siglo XXI le aburra. Como torres más grandes se han caído (estas son ‘torres orgullosas’, como decía Neruda), el mismo miedo al terrorismo se traslada a la economía y los mismos fantasmas –de las sombras del desierto a las sombras de los mercados y los acreedores- nos amenazan severamente de nuevo. Estamos a la espera de ver caer los torreones de Europa y la madre que la parió, Grecia, con su siglo de Pericles periclitado por Yorgos Papandreu, camino de enterrar el país bajo sus propias ruinas. La querencia por la maldición –el anatema favorito de milenaristas militantes que aquí urdieron inmolarse en el Teide y ocurrencias por el estilo- ha ido engendrando un siglo deforme, monstruoso, muy del estilo de Francis Bacon y sus ‘perros que gruñen’, y tan desesperado como el joven andrógino del ‘grito’ de Munch, ese cuadro premonitorio de finales del XIX. Las imágenes espectrales de las torres por los suelos (una obra de arte, dijo el infame Damien Hirst), con gentes rodeadas de una nube de polvo ceniciento que parecía cubrir todo Nueva York, el 11-S de 2001, aún nos estremecen. Pero enseguida volvimos a volar con el miedo cosido al cuerpo, y empezaron a pasar cosas dignas de Satanás cuando se desató un aquelarre de calamidades: el SOS del cambio climático (que no es ninguna broma), el timo de la gripe A y luego esta crisis sospechosa (¿quién está detrás hinchándose a costa de nuestro pánico?). Todo empezó en Atenas y en Atenas todo parece acabar: Europa es una gran ‘zona cero’. Es lo que llamo el 12-S. Dejemos a los muertos en paz, a Bin Laden, a sus víctimas y a los soldados sepultados en las dos estúpidas guerras. El domingo, un amigo se quejaba de la maldad. Si este va a ser el siglo del infierno, bajo cuyo hálito fáustico prosperan los que pactan con el diablo, con su pan se lo coman en la política, la economía o los medios de comunicación. Muñoz Molina escuchaba jazz tras el 11-S en las ‘Ventanas de Manhattan’. Ahora los mefistofélicos mercados, los ‘binladen’ de la crisis, lanzan sus aviones bomba contra las torres bursátiles y siembran de países cadáveres medio mundo. El próximo presidente yanqui, dentro de un año, será un tipo ultra (del ‘tea party’) si Obama no resucita tras el atentado de  Standard & Poors. ¿Y ahora qué? Díganmelo a mí. “Por tu luz soy más grande que todo lo que veo”, dijo Juan Ramón. A seguir en medio de la noche, hasta que se haga de día.

 

 

 

 

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OASIS PERÚ, ¡ASU MARE!

                       

Cuando hace cuatro años -era agosto- salí de Perú, dejé un país noqueado por los bandazos de la tierra en uno de los peores seísmos de su historia. Los peruanos tienen una muletilla, ¡’asu mare’!, para expresar perplejidad o admiración. Ahora, como entonces, ese mantra popular da en el clavo, y no a causa del nuevo terremoto ‘inofensivo’ que azotó la selva el pasado 24 de agosto. Esta vez encuentro un Perú que, si bien se reconstruye a paso lento, me deja con la boca abierta por su vitalidad económica.

Un economista con vocación didáctica, Jorge González Izquierdo, reseña un diagnóstico que deja a Perú fuera de peligro del terremoto bursátil (lo dijo con estas palabras: “El crack de las bolsas ni cosquillas nos hace”) y apenas le augura un leve carraspeo de su fuerte crecimiento. Perú se desentiende de la crisis, vive en otro mundo, como un oasis. ¡’Asu mare’!

Ayer, paseando por las galerías de la gran superficie de Ica, Plaza del Sol, me trastabillaba con la gente. Pedí mi café expreso habitual (4 soles, 1.2 euros) en ‘La Croissantería’ (donde el día del partido de vuelta dela Supercopalos goles de Messi en la gran pantalla de plasma sabían a sus mullidas magdalenas ‘Muffin’ recién salidas del horno) y no conseguí mesa. Los locales de ‘Claro’, la empresa de telefonía, las franquicias de comida rápida, el parque infantil con cochitos locos, el supermercado ‘Tottus’, la tienda de ropa ‘Topitop’, o ‘Sodimac’ (un ‘home center’ de enormes dimensiones) estaban igualmente abarrotados. En la librería, el amante del escándalo Jaime Bayly ajusta cuentas con sus enemigos particulares y publica ‘Morirás mañana’, que aquí consigues en versión pirata a diez soles, cuatro veces más barato que la edición original de Alfaguara. Bayly, autoexiliado, ‘está muerto’ en Perú por cinco años, porque  apoyó a Keiko Fujimori frente a Ollanta Humala, el nuevo presidente.

Perú es un país superseguro si se habla de economía, pero infraseguro en la calle. Y este último es el problema. La casa de la exesposa del presidente saliente, Alan García, en  un barrio exclusivo de Lima, fue asaltada por ladrones, que treparon la pared y se llevaron algunos regalos recibidos de jefes de Estado durante el último mandato (lo que delata a Alan por llevárselos a casa). En la última semana, secuestraron a un adolescente, hijo de un empresario coreano; pedían de rescate cinco millones de soles. Entre tanto, una joven estudiante es objeto de la ira de un sector sobresaltado de los peruanos, que la acusan arrojándole piedras  de haber asesinado a su novio durante una excursión. Y dos niñas heridas en sendos atentados protagonizan una cruzada nacional contra la delincuencia. El seísmo inocuo de Pucallpa (200.000 habitantes), sin muertos, pasó, por tanto, inadvertido en medio de este volcán.

El hecho es que el gobierno del nacionalista Ollanta Humala tiene más dinero que ningún otro en la historia del país, y el ministro de Economía y Finanzas, Luis Miguel Castilla, un hombre que sonríe, tan distinto a sus colegas sombríos de Europa, “levanta los candados” de la inversión pública y el gasto social. Esa desinhibición contable es lo primero que me impacta. En cambio, las noticias de Canarias que me llegan, el mismo cuento de España, Europa y Estados Unidos, nos emplazan a nuevos ajustes, como si el décimo aniversario del 11-S sólo encajara en medio de una hecatombe mundial.

Tengo la sensación, en este viaje del ocaso al cénit, de estar en medio de una broma larga de cinco semanas de estancia en un estado de incredulidad. Cuando volé de Madrid a Lima, atrás quedaba, bajo una catalepsia económica, una España abocada a adelantar las elecciones, y al poco de aterrizar en el Jorge Chávez, se tambaleó la primera potencia del mundo y después Francia. Palabras mayores.  De ahí que esto sea estar en la otra cara de la luna, y me sorprendo admirando con envidia empalagosa el río de familias comprando, como digo, en la boca del lobo.

El peruano disfruta celebrando un pasado inca opulento, el mito de país rico que le otorgó el conquistador Pizarro, que confiaba encontrar un Perú bañado en oro. En su escudo nacional exhibe una cornucopia, símbolo de abundancia. El mito ahora es real, salvo para el hondo Perú inhóspito que nada en la nada. No es embeleco. Y apena pensar que este sueño reverso pueda tener los días contados, como tantos estados emergentes que acabaron en estado de emergencia.

La China de América

El huésped, que carga con la quiebra en el maletín inconsciente, ante un gatuperio consumista sin descanso, haya o no ‘cierra puertas’ (rebajas), se ve tentado a ir de uno en uno contándoles su caso –la morgue económica de Europa, las alegrías que su país pagó caro- para que moderen el gasto y, como dicen por aquí, “guarden pan para mayo”. Perú crece al 9%, esla Chinade América, y guarda en la caja de reservas internacionales el descaro de 47.000 millones de dólares. Un colchón de ricachón.

¿Es oro todo lo que reluce en este país donde el metal más cotizado (que invocan los chiringuitos amarillos de las calles de Santa Cruz) les sale debajo de las piedras, según la opinión popular? No es para tanto, pero la fiebre del oro en Perú, país que lo exporta (quinto productor del mundo), recuerda a las historias de nuestras galerías de agua narradas en ‘Guad’. Como en la novela de Alfonso García Ramos, la mera sospecha de una veta en medio de una explotación agraria, se convierte en un acto de fe. Unos se arruinan y otros se hacen de oro.

 

Pero Perú tiene el oro mal repartido. ‘El Perú es un mendigo sentado en un banco de oro’, dice una famosa sentencia anónima. Un tercio de la población, disgregada en la sierra y la selva, es pobre de solemnidad, y en los inviernos polares de Puno mueren decenas de niños indefectiblemente. Humala promete llevar los dígitos de PIB que le salen por las orejas a Perú hasta la puerta de los pobres dela Amazonía. LaLima intelectual, la agraria Ica y la blanca Arequipa culta del novelista Jorge Eduardo Benavides, que de la isla saltó a Madrid, son un Perú pata negra, pero Huancavelica, Puno, Cuzco, buena parte de la selva sacudida ahora por el temblor, Ayacucho y la cordillera sur suman un Perú profundo que vive a dos velas. Las comunicaciones terrestres por tortuosas carreteras, a falta de más aeropuertos, estigmatizan a los cerros más apartados. Es el hambre andina. Que desmiente el milagro económico nacional.

En la selva central que sintió el ‘remezón’, de Lima aLa Merced,  tardamos nueve horas por paisajes de ensueño.La Mercedes Tenerife con río, el río Chanchamayo, que nace y se mece casi interminable, como si lo describiera Claudio Magris buscando su origen perdido en algún remoto  chorro entre rocas, hasta convertirse en río Perené, afluente del Amazonas. Es la selva en su apogeo. Los rostros de las mujeres ancianas son acartonados y oscuros, de una vejez inconfesable. Sentada en la estación, una de esas campesinas carga en su manta a la espalda coca para ‘chaccharla’ (masticarla en quechua) y comida para el camino. Su estampa es singular, lleva calado un sombrero blanco, duro y alto, de yeso, como calamina para paliar el sol. Son viejitas muy ágiles las de por aquí. Una sube al bus cargada de un saco de choclos y queso, y se mueve como una ardilla; da las gracias y bendice a los clientes y salta del autocar de dos pisos para subirse al siguiente como una chicuela. Son pequeñas de estatura, se las ve por el arcén acarreando toda clase de cargas a pie como si el cansancio no fuera con ellas. Llegados a Tarma, la ciudad de las flores, el ómnibus para frente a una empresa de ‘combis’ y autocares que lleva este nombre: ‘Los canarios’. Poco antes, Ticlio alcanza una altura de vértigo,4.818 metros(el punto más elevado de toda la cordillera central), con lo que el ‘soroche’ (mal de altura) merodea como un hechizo a los pasajeros, entre los cuales me encuentro, y más de uno lo suelta por la boca. Me ‘choca’, como dicen aquí, y paso el maltrago. ¡9 horas de carretera, una pesadilla! Hace dos semanas se derrumbó un cerro que sepultó la carretera central, paso obligado de las montañas a Lima. Cada uno cogió su equipaje para hacer kilómetros a pie, salvo Rosana Gaby, que se plantó en medio de una vía estrecha y obligó al primer ‘carro’ que pasó a evacuar a su familia por las buenas o por las malas.

En los tramos más secos (la región está en verano y Perú en invierno) sólo crece el ichu, alimento de las llamas en estas zonas recónditas. Pero no faltan recursos naturales. El secreto de Perú: exporta desde harina de pescado, espárragos o alcachofas hasta oro, plata, cobre, plomo y zinc, pasando por café, petróleo y  gas, sin olvidarnos del guano –excremento de las aves de los islotes- con el que pagó una vez su deuda externa. Humala, que con ayuda de Lula venció a Keiko y a la maldición de caer en la segunda vuelta tachado de secundar a Chávez, juró por sus hijos que con este bagaje combatirá la exclusión social que se hacina en la trastienda del país.

El seísmo de Pucallpa

Pobreza y delincuencia, un cóctel perfecto para cercenar el desarrollo. Los sambenitos difaman a un Perú boyante. Incluso, el de narcopaís, inmerso en campañas oficiales para erradicar el cultivo ilícito de la hoja de coca. Y, naturalmente, el de país sísmico, como ha vuelto a recordar ahora el terremoto de 7 grados en la escala de Richter que sembró el pánico en Pucallpa y la selva central, fiel a su cita con los países que atraviesan el cinturón de fuego del Pacífico. Pero ‘viveza’, como admiten los propios peruanos (mitad astucia, mitad talento) les sobra. Me llama la atención su cultura de reciclaje  (todo se aprovecha y reutiliza) y de compraventa que lleva en las venas (la misma cosa se vende y revende incluso en el seno de las familias). Pero debo decir que en uno de los numerosos kiosquitos de esquina, el vendedor me devolvió la moneda: le había dado por error cinco soles en lugar de uno por una bolsa de camotes (batata).

Pese a la desaceleración de EE.UU. y Europa, Perú seguirá siendo un país privilegiado: crecerá más de un 6%  (tres puntos menos por la bajada de los precios de los metales y de la demanda exterior). El semanario ‘The Economist’ lo conceptúa como sexto país con mayor crecimiento económico del mundo. ¿Ese vals económico peruano en un extenso territorio (el tercero de América del Sur y vigésimo más grande dela Tierra) habitado por 30 millones de personas, está a salvo de perder el compás? El ministro de Economía admite “cautela” en 2012. Pero enseguida saca pecho: si el mundo decae, el país se levanta: el dinero norteamericano, a cero de interés hasta 2013 en su país, buscaría refugio en Perú.

Me veo explicando el proceso ‘kafkiano’ de España del superávit al déficit como un sonámbulo haciendo proselitismo. Les dibujo el mismo monólogo a la sanguina,  ‘que viene el coco’, les digo goyescamente, sin mucho poder de convicción ante el escepticismo retratado en su rostros. Y, al tiempo, veo desfilar una bandada de jóvenes ofreciendo insistentemente en los centros comerciales tarjetas de crédito gratuitas. ¿A qué me recuerda? ¿Acertará Perú a recoger velas a tiempo? “El mar pliega las alas al atardecer”, escribió la poeta limeña Blanca Varela.

¿Emigrarán los españoles -en paro epidémico- a Perú, como hasta antesdeayer hicieran los peruanos a España, en tiempos de vacas gordas, movidos por el cambio ventajoso de las remesas en euros (casi a cuatro soles)? Cabe tal posibilidad, para sonrojo de la embajada española en Lima, que ha negado el visado abusivamente a todo peruano que pretendiera visitar España. Pero la fama de vellocino de oro de América desde que el inca Atahualpa le regaló inútilmente al conquistador un cuarto lleno del preciado metal como rescate a cambio de su libertad, sin conseguirla, atrae ya a canarios y españoles, inversores y profesionales. La paisana presentadora de televisión Verónica Homs, que suelo ver en ‘América TV’ en el programa ‘Lima limón’, es un buen ejemplo de ello. Siempre se dijo ‘vale un Perú’  a lo que tenía mucho valor. Las palabras vuelven ahora sobre sus pasos.

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SI TE DICEN QUE YA NO ESTOY EN RADIO CLUB

 

 

 

En los últimos 32 años he vivido en Radio Club. Mañana, tarde y noche en un caravasar. El lunes día 5 le di un abrazo por última vez a la puerta principal de la emisora enla Avenidade Anaga –como en un ‘planking’ puesto en pie-, por si, en efecto, no vuelvo a franquearla nunca más después de la noticia, que ha sido la más amarga de las noticias que me han contado en los últimos tiempos y que hablaba de un señor de 54 años, casado y con un hijo de diez meses, al que despedían después de más de tres décadas de trabajo en una empresa que no cotizó por él ala SeguridadSocial, aunque parezca inverosímil. El sujeto de la noticia era el mismo al que se la daban. O sea, yo.

La soledad del despedido sólo la sabe el que la padece. Es lo más parecido a un cero eléctrico emocional. Un apagón. En mi caso, me apagaron por dentro. Pero, por más que reclamé, no me ‘pagaron’ por fuera un céntimo de indemnización por los servicios prestados. Eso no. En esta crisis, han sido despedidos centenares de compañeros de profesión, que engrosaban las listas del paro. Mi caso es tan relevante o irrelevante como cada uno de ellos, ni más ni menos; sólo el grado de conocimiento de mi persona es lo que abulta la noticia. Buena parte de los periodistas parados, por suerte, quedaron con las espaldas cubiertas temporalmente bajo una prestación por desempleo. En mi caso, no tengo derecho a ese ‘privilegio’ universal y, por mucho que a algunos les cueste creerlo, tendré que ‘malvenderme’ para vivir mes a mes, multiplicando a partir de ahora las posibles colaboraciones por las horas que no tiene el día. O mi familia sufrirá con carácter inmediato  los efectos de un despropósito camino de los tribunales. No tengo las reservas que se me suponen tras una larga vida profesional, y quienes con la mala fe que les caracteriza (saltando de alegría al verme en la calle) me alinean con el poder -esa añagaza que difunden de siempre cuatro trileros-troleros de este oficio para desprestigiarme-, siento defraudarles: no soy de su ralea y por eso nunca me enriquecí. La mayoría de los compañeros parados, como digo, fueron indemnizados antes de perder el puesto de trabajo. A mí me han señalado el camino de la puerta con la frialdad de una flecha pintada en la pared. Y me he ido, a la espera de lo que diga un juez.

Conté los escalones, pensé en 32 años mientras los bajaba por última vez hacia mi ‘Yoknapatawpha’ del alma, que quienes me conocen saben que esla Avenidade Anaga, el condado de ‘Da Gigi’. Y no me traicionaron las lágrimas del desgarro casi visceral que representaba para mí tan sólo pensar que no volvería a subir esos peldaños para hablar por la radio con la gente como cada uno de los días de los últimos 32 años vividos delante de un micrófono. He hablado más por la radio entre esas cuatro paredes que fuera de ellas en todo este tiempo. Me dije que me despedían porque habría durado demasiado una imposible historia de amor.

Yo he querido a Radio Club con la pasión de un amor sin fin, que superó todos los estragos y traiciones. Me la presentó formalmente Paco Padrón en 1979, y un poco antes, estando de paso con mi hermano Martín, lo hizo Juan Rolo, sin saber que de niño ya había pisado aquellos estudios de Suárez Guerra de la mano de una diosa de la radio: Genoveva del Castillo, que me recitó en antena unos versos de mi propia inspiración. Después, el idilio cogió un rumbo fatídico: parecía que era para toda la vida. Y eso es fatal si un día se rompe traumáticamente. El lunes se rompió de un modo unilateral. ¿Se acabó el amor de Radio Club hacia mí? Sin duda. Bajé las escaleras metabolizando ese desengaño horrible. No entiendes que te dejen de querer. Ni siquiera las paredes, las mesas, los micrófonos. Y, por supuesto, las personas que tienen la última palabra. Creo que hay un puñado de compañeros y compañeras, que allí quedan o ya se han marchado, que me guardan de verdad el afecto que yo les profeso. Pero es inevitable sufrir el duelo del adiós. Mi propio pésame.

Le dije a quien me transmitió la decisión que cometían “un crimen” conmigo. Porque eso es lo que sentí. Un disparo en la frente. Me fui a casa desangrándome por dentro. Con el Premio Canarias haciéndose pedazos por el camino, creyendo oír las burlas de más de uno detrás de mí. Hablo en serio. Acaso es la profesión la que me expulsa. Siempre fui un inadaptado. Tuve miedo a parecer petulante por el misántropo que me acompaña como un heterónimo de Pessoa. Y me mantuve demasiado solo, sin formar camarillas, clanes, sectas puntocom. En lugar de ‘padrino’ de nada ni de nadie, sí me sentí muchas veces estos años ‘padre’ (y a veces padre frustrado) de muchos buenos periodistas que iba viendo nacer y prosperar en las élites ejecutivas de este oficio de artesanos tristes, como dice Alfonso González Jerez. Solo. He estado siempre más tiempo solo que rodeado. Mis amigos son los de antes, durante y después, o sea los mismos, una media docena escasa, a quienes veo de San Juan a Corpus (fíjense, cuanto conspiramos, por cierto). Y ahora me apena dar este disgusto a quienes eran mis amigos en la sombra. Que los oyentes me perdonen por que les deje de hablar. Echaré de menos los ‘comentarios’ y ‘los desayunos del Mencey’. Echaré de menos a ‘Multiópticas Rodríguez’, que no me quitó el patrocinio ni en los peores trances de la crisis. Guardo un recuerdo de Gilberto Alemán inventando oficios cuando se quedó si el oficio de toda su vida. Éste del que me echan.

El lunes día5, ala una, la directora de Radio Club Tenerife, Lourdes Santana, fue la persona designada para darme la mala noticia dela SER.“No vas a seguir en Radio Club”. Sin indemnización, sin derecho a paro. En la calle. A sabiendas de que es falso, me despiden como un ‘colaborador’ ocasional (32 años de pasantía). Esa idea no cabe en ninguna cabeza, y decenas de miles de oyentes son testigos de las horas en que me prodigué cada día ante el micrófono de Radio Club, como una fratría donde trabajar era para mí vivir. La mentira apoteósica que nadie se cree, ni los crédulos interesados, o estaríamos todos locos.

Cuando Polanco vivía yo creía ingenuamente que viviría cien años. Polanco era un hombre poderoso cargado de sencillez. Una vez me dijo en la puerta de su despacho de Santillana, en Madrid, con desconsuelo. “¿Y ahora te vas para Tenerife? ¡Qué suerte! Yo tengo que esperar hasta el viernes por desgracia”. Adoraba a la isla, al sol de la isla, donde tenía una emisora en la que yo trabajaba de sol a sol. Una noche, en el despacho de Xuáncar, nos anunció con los ojos humedecidos que estaba dispuesto a ir a la cárcel antes de pagar la fianza por el ‘caso Canal Plus’, la indecente persecución contra él y Cebrián. Uno de aquellos veranos en que se mudaba a Tenerife para olvidarse del mundo, tardó en recibirnos a mi hermano y a mí –algo tan impropio en él que era para extrañarse-. Tardó mucho. Y al cabo de un largo rato, irrumpió en el vestíbulo del Jardín Tropical –‘su hotel general’ antes del Abama- y nos contó que había estado vomitando toda la tarde. Fue la primera vez que caí en la cuenta de que Polanco era humano y un día se iba a morir.

Pero yo nunca reparé en que jugaba con fuego trabajando en un sitio sin estar en plantilla, llevado de eso que ya no se usa ni ahora, ni antes de la crisis: la buena fe. Yo cumplí todo este tiempo con mis obligaciones y pequé de confiado. A decir verdad, nunca pensé que viviría muchos años. Hace diez meses, cuando mi hijo Ángel Benza nació, me prometí regularizar mi situación laboral en la radio. Por él. Lo primero que hice, ante el cambio de dirección (Lourdes Santana por Xuáncar, camino dela COPE), fue hacérselo saber a la empresa, pero no fue posible alcanzar acuerdo alguno y ahora los tribunales tendrán que decidir: si soy un colaborador ‘machaca’ esporádico o, formalmente, un trabajador por cuenta ajena con todos los derechos, que tenía que estar en nómina desde hace 32 años. Yo siempre supe que no podía enfermarme para no dejar de trabajar. Ahora sé que no podré jubilarme dignamente nunca. ¿Quién me devuelve 32 años sin cotización?

Polanco, en efecto, murió. Yla Ser, a mi juicio, empezó a dar bandazos como un muñeco de trapo, sin alma. Ya no está Daniel Gavela. Ni Antonio García Ferrera. Ni Carlos Llamas. Ni los González, Castaño y Lama, ni… No queda nadie de entonces, con quienes conviví meses en Radio Madrid mientras hacía con mi hermano Martín la biografía de Iñaki Gabilondo, que tampoco ya está ante los micrófonos dela SER. Incluso, en sus días de mayor gloria, con más de tres millones de oyentes, el genio de la radio en España me preguntó en el comedor de su casa: “¿Qué dicen de mí los jefes? ¿Crees que me quieren?” Su mayor temor era que un día le dijeran en la cara, como al histórico Antonio Calderón: “No vas a seguir enla SER”.

Me acordé el lunes de Iñaki.

En Buenos Aires, antes de que cayera la tarde y nos acribillara a balazos el frío, me cité en una taberna con Carlos Carnicero. Cuando llegué, estaba escribiendo en el ordenador, en una de las mesas, feliz como un niño con barba postiza de adulto glotón en su arcadia. “Sí, aquí la verdad es que soy muy feliz”, nos dijo a mi esposa y a mí como si presintiera que no podía ser duradera una dicha tan grande. Cuando nos despedimos, se me grabó su mirada melancólica de español a gusto en América, que le llevaba la contraria a Cernuda triste y trasterrado. Carnicero no tenía nostalgia de España, ni mucho menos, le aburrían los monotemas de sus compatriotas y agradecía tomar distancia y vivir allá lejos, cuando no en Cuba. Pero me dijo adiós con un presentimiento en los ojos infantiles temiendo que le quitaran el juguete de Argentina de las manos. Y, por si acaso, cerró el ordenador, que también dijo adiós.

Cuando el otro día lo despidieron recordé aquella escena,. Son esas premoniciones que vamos acumulando en la vida. Cuánto dicen, incautas, las miradas. Cuánto callan las palabras para no desmentirse. En otra arcadia mesetaria dela Españapeninsular, imagino a Carlos Blanco, ya autodespedido dela SER, en una placentera ‘prejubilación’ que ya quisiera para mí poder disfrutar algún día. Me temo, Ángel, que no va a ser posible, salvo trabajar toda la vida que me reste.

Pasé las últimas vacaciones en Perú. Busqué hasta el último día un mamey por encargo de mi amigo José Antonio Pardellas, se lo conseguí. De vuelta al ferragosto de Santa Cruz, se lo entregué en mano. Y los dos ya sabíamos que no íbamos a volver a estar en la tertulia de ‘Tajaraste’. ¡Qué se va a hacer!

Cuando Martín y yo escribíamos en ‘Triunfo’ o ‘El País’; cuando yo le di a los 12 años aquel soneto a don Víctor Zurita, que lo publicó en ‘La Tarde’; cuando nuestro tío Paco el librero nos leía de noche los artículos que escribía a lápiz sobre ópera; cuando Manuel García Padrón me contrató en su despacho de abogado de la calle Castillo con la condición de estudiar a todas horas si no tocaban la puerta o sonaba el teléfono, me dictaron lecciones de humanidad que nunca olvidaré. Por eso este lunes, una vez despedido, me acordé de todos ellos. ¿Por qué nos habremos deshumanizado tanto? Ni siquiera en ‘Up in the Air’ funcionan los despidos telemáticos, y el que ha visto la película sabe que Ryan Bingham (George Clooney) acaba imponiéndose a la máquina y es rehabilitado para despedir en persona a los trabajadores que caen en desgracia, una vez fracasada la videoconferencia. El guión de mi historia es aún más macabro: te despiden cara a cara sin la paga del mes y, al irte, ese sitio ya es tu cenotafio.

Me levanté el lunes, me duché y me afeité para ir a mi propio funeral en Radio Club. Ahora que estoy muerto en la radio puedo decir qué se siente. Ganas de volver a empezar. De cero.

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SIETE CLAVES

 

‘Canarias: Siete claves políticas’ se publicó hace 20 años. Era un libro coral de coautores, que escribí junto a Martín, y regresa a mis manos, cuando retornan los socios al Gobierno, como si una resaca dispusiera qué historias se repiten. Apareció en la colección ‘La quinta columna’ de Ediciones Idea y el Centro dela CulturaPopularCanaria. Nos tomábamos muy en serio aquel bisoño autogobierno cuando a todos quitaba el sueño el siglo XXI. Un retrato para conocernos en una tierra de desconocidos. Eran días febriles, a finales del siglo pasado, con la división universitaria en la calle. La cohesión vino después. Los gobiernos –los pactos- se rompían sistemáticamente; la estabilidad (el volcán dormido) también es algo nuevo. El trasunto del tándem Saavedra-Hermoso (1991) es la entente entre Paulino Rivero y José Miguel Pérez (2011), que regresan al escenario del ‘crimen’ en la máquina del tiempo a evitar el derramamiento de sangre. Era un libro dialogado para echar por tierra la acrimonia del momento. El ‘pacto de hormigón’ y ‘aluminosis’ (copyright de Tomás Padrón) duró la mitad; la censura de Hermoso va durando 18 años. Padorno inventó el adverbio ‘jerónimamente’ para definir el ‘estilo Saavedra’ (‘el Miterrand canario’, me dijo un corresponsal francés), que nos confesó sus dos deseos: embajador ante el Vaticano y ministro de Cultura. Un libro introspectivo para escuchar la respiración política de las islas, su apnea al borde del infarto. Fernando Fernández apodaba ‘Kissinger’ a Olarte, a quien sólo cabía hacer una entrevista policíaca: le mataron al secretario, decía que el MPAIAC le quiso matar a él, y declaró la ‘guerra del descreste’. Hermoso se metió a Las Palmas en el bolsillo, precedido de una fama fricativa de político anticanarión. Y nos reveló que un ministro catalán de Felipe González, le dijo: “Declararos independientes de una vez” (sé quién fue ese ministro). A Oswaldo Brito había que verle en cada envión desde la tribuna de oradores: ¡qué buen parlamentario era! Mauricio tomaba café con leche sin parar para hablarnos de la maldición que le impedía llegar a puerto: a alcalde o a secretario general del PCE. Una desidia a vómitos (ese cólico miserere insular) lo condena al olvido, de no ser por conducir sin carnet. Y Cubillo volvía de sufrir un atentado, gracias a la intercesión del socialista Alberto de Armas (hablando de olvidos). Eligio Hernández tiene los detalles. En el prólogo, Juan Cruz, cita a Scalfari, de ‘La Reppublica’: “Periodista es gente que le dice a la gente lo que le pasa a la gente”. ¡Cuántas cosas nos pasaban (por la cabeza) en 1991!

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SOROCHE

Volver a casa tras ponerle los cuernos al verano isleño con el invierno peruano, sorteando las olas de calor y las serpientes informativas (por ofidios de la pachamama, cóndor y puma), hace del regreso una vieja liturgia que practico cada vez con más convicción y regodeo. Me sienta bien el viaje y todo cobra otro sentido -reivindicativo- en el avión de vuelta. No traigo jet lag, acaso resaca del soroche de las alturas andinas. Era invierno duro en América del Sur, un invierno austral peruano que se disfrazaba taimadamente con un sol estival a mediodía, para rearmarse al caer la tarde y atacarte a traición en mangas de camisa. El clima inequívoco del desierto, que ya me engañó una vez en Tinduf. Este otro desierto urbano lleva a las casas de noche el frío orgulloso del Pacífico, así cierres bien las ventanas. Lima -Lima, la horrible, tituló Sebastián Salazar Bondy un polémico ensayo- escribe el mismo guión cuando garúa bajo la panza de burro. Así que vengo del frío de Bryce Echenique, de J.E. Benavides y de Vargas Llosa. Con los libros que elegí de compañía, con los que tomaba café en La Croissantería de Plaza del Sol. Un café expreso con magdalenas recién salidas del horno, y estas sí que eran de Proust: la nostalgia de la arcadia era parte del paladar. Volar al Hemisferio Sur es llevarle la contraria al tiempo y al espacio, todo sucede al revés (hasta un fuerte seísmo en la sierra perdonó): las sombras giran de día en sentido contrario a las agujas del reloj, y las espirales de las conchas de las caracolas, en sentido inverso al hemisferio norte. Como si ese mismo fenómeno mágico (efecto Coriolis) hiciera de Perú el reverso del mundo: crece económicamente por minuto, mientras EE.UU. y Europa viven horas aciagas. Plaza del Sol -un hervidero humano en el centro comercial- era una microciudad perfecta: compraba El Comercio y La República, podía almorzar a placer, leía a Jaime Bayly matando en Morirás mañana, salía a pasear, compraba en la esquina una bolsa de camotes, y los soles (más de tres por un euro) engordaban la ficción de contramundo, como esas sombras levógiras, liberándome del trauma de la crisis. Ahora, de vuelta de Ica a Ítaca, tras el breve autoexilio de un mes, me traigo, entre los libros, los apotegmas de Monterroso, uno de los cuales dice: “Al amigo que se aleja/ ábrele pronto la puerta”.

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EL SEÍSMO DE PUCALLPA: PERÚ VIVE UN ‘INOFENSIVO’ TERREMOTO DE 7 GRADOS

 

 

El seísmo registrado este miércoles en la selva central de Perú (de 7 grados en la escala de Richter), con epicentro cerca de la agropecuaria Pucallpa, a más de 500 kilómetros de Lima, y sin víctimas mortales (una veintena de heridos) ni daños materiales de consideración, se sintió en casi todo el país, así como en Bolivia, Brasil y Ecuador. La profundidad del epicentro (146 kilómetros) es la causa de que el radio de acción de la sacudida tuviera tal amplitud y que, a su vez, resultara inocuo.

Pese a las primeras noticias tranquilizadoras de la policía de Contamama, cuya comisaría está situada cerca de donde se desató el evento, se temió –con el recuerdo vivo del terremoto de Ica de 2007- un balance desolador en las áreas pobladas más inaccesibles. Pero, siendo Perú un país de alto riesgo sísmico, por estar en el anillo del Pacífico,  sabe que sus ‘remezones’ son superficiales y, por tanto, muy lesivos en la costa, moderadamente devastadores en las zonas andinas intermedias y, por suerte, profundos y poco preocupantes en la Amazonía, como en este caso.

Los heridos, todos ellos leves, se concentraron en el departamento de Junín. A un matrimonio de Perené se le derrumbó la casa de precarios materiales, y dieciocho escolares de Huancayo y Jauja se cayeron en la evacuación. Una mujer que murió de un infarto, en Pisco, distante del epicentro, dio pábulo a la controversia de si fue una muerte casual o desencadenada por las secuelas psicológicas del terremoto que padeció esta ciudad turística de mar hace cuatro años (el de Ica), que prácticamente la borró del mapa. El nuevo presidente, Ollanta Humala, debutó días atrás en el cargo visitando, precisamente, Pisco, dado del alto valor simbólico de esta ciudad castigada por aquel terremoto traumático.

El seísmo de Pullpa (al que siguió una réplica de 5.2 grados), ocasionado por un desplazamiento de la placa de Nazca, coincide, en efecto, con el cuarto aniversario del que sufriera el departamento de Ica (que por peso económico ya es el segundo en importancia del país), con una magnitud de 7.9 grados y costó la vida a más de medio millar de personas.

En esta ocasión, en que el epicentro se localizó en una zona poco poblada y con escasas construcciones, de una accidentada orografía, hubo igualmente una reacción de pánico de los vecinos, que se echaron a la calle y quedaron incomunicados telefónicamente. Algunos cerros se desprendieron. Pero, de inmediato, se observó que el susto no era comparable al de cuatro años atrás. La falta de noticias fue la noticia. Lo que se propagó al instante fue un silencio informativo desesperante, dada la lejanía y el colapso telefónico.

La ventaja de este temblor, respecto al del 15 de agosto de 2007, es que se vivió con Perú de día, a las 12:46, lo que le restó dramatismo inmediato a un suceso por otra parte frecuente en este país y cuantos atraviesan el cinturón de fuego del Pacífico. El terremoto se sintió en la  capital, Lima, donde oscilaron levemente algunos edificios y afectó también momentáneamente a las comunicaciones telefónicas, así como en la citada Ica (aún sensible a cualquier movimiento telúrico por el trágico recuerdo a flor de piel de su terrible antecedente) y, de modo desigual, en buena parte de la geografía de este extenso país andino. A su vez, tuvo resonancia en los países fronterizos, como Brasil (el epicentro casi invadió su territorio), Bolivia y Ecuador.

Desde que se supo que Estados Unidos, en la víspera, había sido pasto de un seísmo de 5.8 grados en la escala de Richter, Perú y toda la costa del Pacífico pusieron las barbas a remojar.

Pucallpa (‘Tierra Colorada’ en quechua), al noreste de Lima, capital del departamento de Ucayali, en el llano amazónico, vive del comercio, la pesca, la agricultura, la ganadería, la industria maderera y el turismo ecológico. Está poblada por unas 200.000 personas.

Ha sido revelador descubrir que este país tiene una escala particular de preferencias informativas. La prioridad corresponde por entero a cuanto sucede en la costa, toda la vertiente oeste del extenso país. Era evidente, pese a la dimensión del caso, la inhibición de las emisoras de radio, que apenas se tomaban la molestia de informar al respecto. En particular, la RPP, emisora referente durante el grave terremoto de 2007, le dio de lado a la noticia durante las primeras horas.

El hecho de que el corazón del seísmo esta vez no radicara en las grandes urbes que dan al mar, sino en la intrincada selva central y nororiental, explica ese desinterés. El mismo que percibo entre el Perú desarrollado, que muestra un índice estratosférico de crecimiento (por encima del 9%) y el Perú profundo que languidece en medio de la pobreza en la sierra y la selva, donde ahora le ha tocado este terremoto inofensivo en la ruleta sísmica de un subcontinente habituado a rehacerse tras cada nuevo episodio destructivo de la naturaleza.

Por un instante, el seísmo pudo desviar la mirada de este país, pero no lo consiguió por su discreta incidencia. A Perú le obsesiona ahora la inseguridad callejera, verdadera ‘papa caliente’ en el país que parió el tubérculo hace 8.000 años. Los robos, asaltos y secuestros desafían al gobierno del nacionalista Humala, que ha creado un consejo nacional de seguridad ciudadana bajo su dirección personal para limpiar las calles de una criminalidad que es el principal Talón de Aquiles de Perú, la ‘China’ de América por su alto crecimiento.

 

 

 

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