Votos para una nueva década

Antes de que termine el año habrá, supongo, nuevos motivos de alarma: la sentencia del procés, el brexit salvaje del ogro Johnson… Se ha vuelto un hábito vivir sobre el polvorín, se acabaron los años de estabilidad y tregua que tanto dieron de sí y tanta buena prensa tuvieron en los mercados y la economía. Ahora, en cambio, se estila una dinámica voluble y frágil, donde los momentos de calma son efímeros y cobran realce las salidas de tono y de pata de banco, las boutades de Rufián cuando era rufián, que ahora es tachado por los suyos de botifler (traidor) una vez domesticado de portavoz. El clima político es arisco y faltón. Rivera atribuye a Sánchez estar al frente de una “banda” y ser el señor del “botín”. Así que el vituperio avisa del ambiente preelectoral de rigor. Porque se denosta cuando vienen urnas, como un tic que va en el manual de campaña. Y es cierto que los nubarrones avisan de la meteorología política.

Las delegaciones territoriales del INE ya han comenzado a pedir a los ayuntamientos los datos censales y el listado de locales electorales, para tener, como pidió Sánchez a Santos Cerdán, la maquinaria lista para el 10-N. El 20-N se cumplirán 44 años de la muerte de Franco, cuyos restos serán exhumados como demolido -a lo que parece- el monumento que le honra en la Avenida de Anaga de Santa Cruz. O sea que diez días antes de ese aniversario palindrómico, seríamos convocados a desbloquear España mediante unas nuevas elecciones. No está mal. Votar, ¿qué hay mejor? Pero está también el hartazgo tras la sobredosis de urnas reciente. Votar nunca es una maldición Pero sí parece tal cosa que a Rajoy y a Sánchez les haya sucedido lo mismo con idéntica tropa (123 diputados). Al del PP, en 2015, el bloqueo de la investidura lo llevó a enfrentar una nueva batalla electoral y le resultó rentable, ganó adeptos y escaños y mereció la abstención del PSOE.

El déjà vu de Sánchez (Domingo Negrín los puso ante el espejo en el DIARIO en una viñeta de Suja y resulta que hubo una foto real de la escena) es una suerte de reencarnación de Rajoy, que en el Foro Premium de esta casa hizo revelaciones de aquellos días tan parecidos a estos de Sánchez en funciones y convino en que la estabilidad se alcanza tarde o temprano. Pero la política es inestable por definición. Italia, la movediza democracia de los gobiernos fugaces, nos parecía un caso extremo. Ahora cada vez somos más Italia, y, si las piezas encajan, iremos a elecciones en paralelo. Salvini censura a Conte para ir a votar por esas mismas fechas de otoño.

El contador electoral ya empezó a funcionar, ante la sospecha -más que razonable- de que el 23 de septiembre, la fecha límite, pueda no haber investidura y haya, por consiguiente, que disolver las cámaras y abrir las urnas el 10-N, camino de fin de año y de una década. En los cálculos de Sánchez, Iván Redondo y Tezanos salen unos 150 escaños para el PSOE, un batacazo de Cs, la leve remontada del PP, cierto descaecimiento de Podemos, retroceso de Vox y múltiples sorpresas en provincias: catalanes, valencianos, vascos, canarios… Si es cierto que Clavijo se resiste a salir fuera del foco en CC, lejano y solo en el Senado, quién se atreve a descartar que se abra el melón de la candidatura con la mismísima Oramas. Y Melisa hace cábalas con temores fundados sobre su continuidad. Pero nada esta escrito y es política, ese vaivén. Habrá entonces investidura y nos montaremos en 2020. Comienza una nueva década. Ahora uno piensa que todo encaja y tenía que suceder tal cual sucedió.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

Crónica de un mundo de líderes canallas

1.Gorbachov tomó la pluma y estampó su firma en el documento del desarme junto a Reagan, y ambos inauguraron en la Casa Blanca una era promisoria de paz tras la guerra fría. Los dos países se comprometían a eliminar misiles de alcance intermedio (INF), destruir armamento atómico de corto y medio alcance, abriendo un período de desnuclearización en Europa en un avance histórico hacia el desmantelamiento futuro de las armas más potentes con que hacer guerras devastadoras. Era un acto solemne transmitido a todo el mundo en pleno auge electrónico de la aldea global. Fue el 8 de diciembre de 1987, un día para los libros de texto, como dijo Mijail Gorbachov, porque desligaba la época de mayor riesgo de guerra nuclear de una nueva etapa de desmilitarización de la vida de la humanidad. ¿Qué destino tienen después las plumas con que los mandatarios sellan sus acuerdos más célebres? Nos pica la curiosidad. Reagan y Gorbachov se las intercambiaron, y sus rúbricas plasmaron un deseo ferviente de paz, un acto de buena voluntad universal de quienes tenían, precisamente, en sus manos el botón nuclear. Las manos volvieron a ser bondadosas, eligieron el cielo, la antítesis de la tónica política del actual infierno. Se ha impuesto la ira, siendo cierto que sigue intacto el paréntesis sin guerras mundiales. Me importa menos a dónde van a parar las plumas de los nuevos dignatarios que signan acuerdos por doquier que van a la basura. Este, en cambio, duró más de 30 años.

2.Pero hemos capitulado. Estrenamos la crisis de los acuerdos y, como veremos en este glosario a vuela pluma de la visión de un mundo de los líderes más canallas que se recuerdan, se ha puesto de moda tentar al diablo de la guerra nuclear. Cuando conocí a Gorbachov en su retiro veraniego de la Mareta estaba orgulloso de sus esfuerzos a favor de la paz, que le merecieron el consiguiente Nobel. Tenía en Washington 56 años (Reagan, 76); en Lanzarote ya superaba los 60 y la sonrisa que lucía en el despacho Oval parecía cansada. Acababa de dejar el poder. Hoy, anciano, viudo y descreído, ha manifestado, tras la ruptura por Trump de su contrato con Reagan que el mundo se aboca a un desatino caótico: la autodestrucción por las armas más diabólicas. No sólo el cambio climático nos amarga la existencia y la dieta con los enérgicos propósitos de la ONU, es también la atmósfera política apocalíptica que respira el mundo lo que nos sumerge en esta tristeza ecuménica que anhela otra raza de líderes con más inteligencia emocional. Con estos vamos proa al marisco. Nunca hubo tantos torpes sinvergüenzas con la batuta de la orquesta. Y así suena el mundo, así desafina y chirría. Los perversos líderes de hoy han salido, en su mayoría, de las urnas, lo cual abunda en el descrédito del voto y la democracia en numerosos confines. Y obliga a una dramática reflexión: si las urnas ya no son libres, bajo una era de ciberataques e intromisión electrónica en las opiniones de la gente, ¿de qué democracia monstruosa estamos hablando?

3.Trump, en esta viñeta de Suja, de DIARIO DE AVISOS, fincha el tenedor en la bola del planeta y se levanta cada día más disparatado, más fuera de sí, más energúmeno. Es un paranoico y tiene todo el poder. Punto. Woodward (Miedo: Trump en la Casa Blanca) cuenta en su libro sobre el magnate presidente que algunos subordinados desoyen sus órdenes comparándolo con un niño de quinto o sexto grado malcriado y déspota. Sus últimas hazañas: la sobreactuación contra Putin (asediado por manifestantes que piden elecciones libres), suspendiendo la tregua de las armas más dañinas para desactivar el impeachment por sus lazos con Moscú (el rusiagate); las redadas inhumanas contra inmigrantes latinos cuyos hijos lloran desconsolados esperándolos en vano en las puertas de los colegios; la ira, el odio contra cuatro congresistas demócratas de color (“Vuelvan a su país”) y su encendida cruzada supremacista blanca, que ha traído como consecuencia el atentado de Crusius con un fusil de asalto AK-47 contra personas indefensas en un centro comercial de El Paso (Texas) tras diez en horas en coche para cazar a mexicanos en un baño de sangre, y antes la matanza de las mezquitas de Christchurch contra musulmanes… Trump (ágrafo, pero adepto a teorías como la gran sustitución, que alienta un escritor francés a la baja que se apellida Camus por casualidad, no sin algunas simpatías veladas en autores como Houellebecq, y que han generado una corriente de rechazo a los invasores) se merece el premio Nobel que aún no se ha creado al líder malévolo de su época. Se creará.

4.¿Es China la buena de la película o el presidente más poderoso de medio mundo y pronto de su práctica totalidad está haciéndose, no ya con la ruleta, sino con el casino entero y su moneda cotiza a la baja a capricho del amo de Oriente? Xi Jinping, que visitó Gran Canaria hace tres años para conocer la Casa de Colón, porque su país ha puesto el ojo y las perras en América (como en África, nuestro continente ignorado, donde anida la mayor riqueza y la peor vileza, también, de los dueños del poder y las vidas de millones de seres obligados a huir hacia la caridad de los barcos de rescate o la muerte), ha extendido su nueva ruta de la seda, a la manera colonialista de los chinos: invirtiendo en desarrollo para generar expansión. Su Huawei, sus tentáculos cada vez en más dominios, y esta semana, en una nueva vuelta de tuerca de su colega americano, en la titánica guerra comercial que vienen librando desde 2018 con la imposición de aranceles, decidió devaluar el yuan y dejar a todas las bolsas del mundo, incluidas las posaderas del loco Trump, con el culo al aire.

5.Y nosotros, europeos, españoles y canarios (con nuestra cuota zanata de vecindad africana), temerosos del brexit doméstico salvaje que se nos viene encima. Sabedores de que desatará una tormenta en nuestro turismo, nuestras exportaciones agrarias, nuestros paisanos residentes en la pérfida Albión, en la economía, la política y la cultura… Nosotros, que repelimos a Nelson, ahora cautelosamente deseando que lo ingleses no se vayan. Ya decía alguien (no parece que fuera Pérez Minik) que los dos mayores errores de Canarias fueron dejar salir a Franco y no dejar entrar a Nelson, lo que nos habría hecho súbditos de otro descerebrado, entre los comensales que devoran el mundo, ese clon de Trump, Boris Johnson, de greñas pajizas.

6.El sedal de un pez. Europa no vive sus mejores días, pero guarda las formas, los dirigentes, salvo contadas excepciones (Viktor Orban en Hungría, Salvini en Italia, Johnson en Reino Unido…) son lo mejor que se despacha en la política internacional, si los comparamos, además del trío del paréntesis, con Jair Bolsonaro (el Trump tropical), en Brasil, que honra como héroes a militares torturadores y es partidario de repartir armas a todo el mundo y sería incapaz de amar a un hijo homosexual…; Maduro, que estira el chicle del chavismo sin Chávez hasta límites ya inconcebibles con miles de víctimas sobre sus espaldas; Kim Jong-un, que lanza misiles y envía “cartas hermosas” a Trump desde Corea del Norte; Erdogan, que finge golpes de Estado en Turquía para hacer escabechinas masivas, o el príncipe heredero saudí, Mohamed bin Salman, que ordenó asesinar al periodista Jamal Khashoggi en brutal carnicería en el consulado saudí de Estambul. Sí, esos son el desierto y la fauna que rodea el oasis de Europa visto así. Europa tiene a Merkel, tiene a Macron, tiene a Juncker, tiene a Sánchez… Pero Europa le ve de nuevo las orejas al lobo de la crisis y se asusta con razón. Y no corren los mejores vientos de este a oeste, en mitad de una partida de matones jugado al póker con el porvenir de siete mil millones de cabezas que no paran de pisotear a modo de alfombra. El riesgo es continuo si a alguno de estos insensatos se le ocurre apretar el botón nuclear. La maldita idea que quitaba el sueño semanas atrás en estas páginas a Bernard-Henri Lévy. Un pequeño incidente puede desatar un gran conflicto. A veces -no es el caso-, basta que un guardia civil corte el sedal de un pez en aguas en disputa para que Gibraltar ponga el grito e el cielo. Jamás estuvo la esfera que degluten los maníacos que la gobiernan tan cerca de una guerra total. La que Stephen Hawking temía al pedir que conquistáramos cuanto antes el espacio. En Tenerife, Hawking no mencionó específicamente este tema en los días que lo seguí pegado a su silla de ruedas, sí reiteró el mantra de mudarnos de planeta para prevenir la desaparición de la humanidad (no es solo el cambio climático, es la guerra también, dadas las manos que mecen la cuna). La guerra que el Papa maldice cada vez que expresa sus presentimientos.

7.Como los conflictos se prolongan. Siria, donde la primera dama es una esposa occidental que secunda a pie juntillas la guerra de su príncipe azul, y tantos otros focos que mantienen activa la industria armamentística, hasta desembocar en el nuevo contencioso que acaba de sumarse a la ola pendenciera internacional: la abolición del tratado nuclear con Irán, la región más explosiva del planeta. Es otro de los espejos rotos de Trump, inagotable en su escalada de terror y en su obsesión por anular los pactos de Obama, en un continuo ataque de celos. ¿Terminará yendo a parar la sangre al río entre tanto incidente invidente, entre drones y barcos petroleros capturados en el estrecho de Ormuz, la estratégica bocana del Golfo Pérsico que atesora las minas de crudo? ¿O este tira y afloja es un capítulo más de la guerra de tuits sucedánea de la guerra fría, pero de segunda fila, en consonancia con el listón de la horda de bestias pardas que por desgracia nos ha tocado sufrir en esta era de mayor avance tecnológico y peor catadura humana de la política.

8.Ha vuelto el racismo por la puerta grande, tras décadas de la muerte de Luther King. Acaba de morir Toni Morrison y debemos releer su discurso (cuando alcanzó la gloria literaria en Estocolmo) del pájaro en la mano contra la xenofobia y la esclavitud y en defensa del lenguaje (¿cuál es el lenguaje instaurado hoy?: la irracional adoración de la guerra; esta es la orilla en la que estamos indefensos y expectantes, o, mejor, aturdidos, atemorizados). La moraleja de la paradoja de un mundo que se ha vuelto inmundo es que ese retroceso gana acólitos y el terrorismo antes encarnado en Estados Unidos por Bin Laden cede su sitio a lobos solitarios exterminadores de refugiados, la invasión de los foráneos que Trump, como dice María Rozman, pregona alentando los más bajos instintos de su sociedad. Salvini, el deslenguado enemigo número uno de los parias que emigran, el ultra que anhela gobernar a las bravas y que acaba de romper la baraja del poder en Italia para hacerse con todos los triunfos. Gobernantes pirómanos recogen la antorcha de los más incendiarios dirigentes del pasado, que sembraron la semilla de la Segunda Guerra Mundial. No hemos ido hacia delante, como predicaban los profetas de las nuevas tecnologías, sino hacia atrás, más atrás que hace cincuenta años, cuando el hombre pisó la Luna y nos prometimos un mundo más libre, más justo y más feliz.

9.No, en tanto las cifras de la desigualdad rebasen límites que amenazan con una situación irreversible, de discriminación patológica insuperable y de riesgo nunca tan cierto de una guerra nuclear. Acaso no sean nuestros oídos los que escuchen las sirenas bajo ese suflé de armas desconocidas, o quizá no caigan sobre nuestras cabezas nunca, pero serán nuestros hijos, si nadie lo remedia, los testigos directos o indirectos de la nueva nube de hongo que estos líderes lunáticos están invocando a cada bocado y dentellada con el tenedor de Lucifer.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

La horchata en las venas de Sánchez

Cuando este era un país de pandereta y castañuelas sucedían las cosas más banales o trascendentales y todo estaba escrito y prescrito por la herencia de la dictadura. Le daban el Nobel a Cela, como antes a Jacinto Benavente, y no se libraba de la cicuta nacional. Ahora alardeamos de ingeniería democrática y estamos en un bucle que constituye un déjà vu muy reciente. Hace tan solo tres años, Rajoy era lo que hoy Sánchez, un presidente con 123 diputados en busca de una mayoría que necesitaba la abstención de su adversario, el PSOE. Rajoy tuvo la suerte de Draghi que le ayudó con un salvavidas verbal (“El BCE está dispuesto a hacer lo que sea necesario para preservar el euro. Y, créanme, será suficiente”, fueron sus palabras providenciales en Londres el 26 de julio de 2012) a evitar el rescate europeo durante la crisis económica, la Gran Recesión, y con esa baraka vio caer a Sánchez en el PSOE y obtuvo la connivencia socialista para echar a andar. El resto de la historia acabó sonriendo a Sánchez y costó al gallego el final de su carrera política, como no tuvo reparo en admitir en su reaparición, un año después, en el Foro Premium de esta casa, que en noviembre cumple su primer cuatrienio.

Las dos Españas resulta que tienen estas simetrías propias de un presidente clon, con las vidas paralelas y similares episodios de mendigación de una investidura contra natura. Todos los vientos que soplan llevan una misma dirección: la repetición de elecciones generales en otoño, que quién sabe si acabarán coincidiendo con las de Italia tras el Hermoso que le acaba de hacer el vicepresidente Matteo Salvini al censurar al presidente Giuseppe Conte. Todo, si no se produce un giro inesperado en el centroderecha. En España, pues mientras en Italia aspira al poder volviendo a votar, aquí Ciudadanos huye de las urnas como gato escaldado del agua fría, y ya ayer asomaron la patita de una reconsideración in extremis si Sánchez se empecina y lleva su amenaza hasta las últimas consecuencias.

Hemos visto muchas cabriolas en la vida de Sánchez, posiblemente el político europeo con mejor guion para inspirar una serie de Netflix. Su ascenso recorriendo España en coche para optar a la secretaría general tras la dimisión de Rubalcaba. El debate con su alter ego que pasó a la historia porque de un exabrupto (lo llamó “indecente” y con el tiempo se arrepintió) surgiría la teoría del no es no. Su travesía del desierto tras la investidura fallida y la posterior dimisión. La caída y vuelta a empezar y la moción de censura del primer extraparlamentario y, finalmente, la presidencia del Gobierno, al consumarse el ardid de su consejero de cabecera, Iván Redondo (que también ideó después adelantar elecciones tras la foto de la Plaza de Colón, como presumiblemente ahora haya tenido la misma idea para superar el bloqueo y ganar diputados en la crisis de la derecha).

Rajoy nos confesó en Tenerife que su propuesta al PSOE de gobierno de coalición iba en serio y que estaba convencido de que algún día se produciría ese abrazo del oso, como en Alemania. Rajoy nos añadió que, a su juicio, Sánchez debería ser más explícito con Casado o con Rivera e incitarlos a un pacto de gobierno de verdad. Que es por el que suspiran los empresarios. Y que, a juzgar por la deriva de los acontecimientos, está tan lejos de ser realidad como aquel gobierno con Podemos con Irene Montero de vicepresidenta que estaba llamado a fracasar antes del parto, que es lo único en lo que el matrimonio de Podemos gana a Sánchez: tres partos a dos.

De aquellas confesiones de Rajoy en Tenerife en el Foro Premium se desprendía que Sánchez lo tenía difícil. Hemos visto la declinación de Rivera, probablemente el suicidio en directo de un político llamado a triunfar y hoy abandonado por sus leales cofundadores como por una multitud de militantes y dirigentes que lo seguían con los ojos cerrados en estas islas (y aquellas penínsulas) hasta que todo saltó por los aires. En la búsqueda del centro ahora bogan más Sánchez y Casado que el centrípeto por antonomasia que vino a jugar la baza de un partido eje y se despeñó por el barranco de la derecha deslumbrado por el mal del sorpasso que ya aquejó a Iglesias respecto al PSOE y a Rivera lo tiene eclipsado respecto a Casado. Si hay elecciones, es cierto que el paisaje se desbrozará en alguna medida. Con los cálculos de Tezanos, reputado prestidigitador de profecías autocumplidas, Sánchez confía en bordear los 150 escaños, y sus oponentes quedarían a una distancia humillante, batiéndose el cobre de ser meras comparsas o abstenerse en comandita para que empiece la función y algún día escampe. Ante una lista mayoritaria por goleada, a Sánchez le harían cola PP,Ciudadanos y Podemos, y todos los restos se aplicarían a hacer ecuaciones para sumar en las chiripas. “De acuerdo, vamos a elecciones, es lo más presumible, y tras la audiencia con el Rey, quedó más claro. Las encuestas nos son favorables, pero esto es una ruleta rusa”, me reconoció sin ambages esta semana un influyente socialista que sabe lo que se cuece en el círculo del presidente, que tiene horchata en las venas y es capaz de atreverse. Repetir elecciones, como todo hace pensar que va a suceder, tiene efectos colaterales. En partidos pequeños que que se han quedado sin poder regional, como le sucede a CC, no se descarta una lucha fratricida por la candidatura. Ana Oramas no sólo tendría que temer por el segundo escaño que ganó su compañera Guadalupe González Taño en una refutación clamorosa de los vaticinios de Tezanos, sino por su propia renovación como cartel, si es cierto que, una vez caída la monarquía del partido en el poder, alguien tiene que pagar el pato por la interferencia de Clavijo para hacerse con un lugar bajo el sol aforante del Senado. Y en Ciudadanos tiemblan con razón por el riesgo de que Melisa no salga. Acaso, el PP levante cabeza, como augura el sentido común, y una suerte de bipartidismo disparejo, con el PSOE descolgado y los populares a rebufo desde el foso, baje los humos a Rivera y a Abascal. Ese nuevo bipartidismo nos acercaría a la hipótesis de Rajoy. La Gran Coalición. O será lo que Dios quiera. Como ya no está Felipe González, que en tiempos era dios, cabe averiguar ahora si Sánchez lo es. Parte con la ventaja de haber resucitado.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

Anamnesis de Canarias

Como en toda situación anómala de salud, Canarias necesita ir al médico. No ha habido un vuelco electoral y un cambio de Gobierno, de cabildos y ayuntamientos por capricho del azar. Sino porque la sociedad está enferma y mentían quienes proclamaban una bonanza colectiva, un nirvana regional fruto de un embelesamiento político curtido en la molicie de unas cuantas poltronas complacidas. La crudeza de los síntomas (empleo, vivienda, sanidad, dependencia, exclusión, pobreza…) obligaba a adoptar políticas de choque disruptivas y no se hizo. Al igual que los municipios que siguen los pasos de La Laguna y se declaran en emergencia climática, las dolencias y afecciones socioeconómicas de las Islas exigirían tratamientos fulminantes cuando no cirugía, de corto y medio plazo. O lo siguiente es la UVI.

El turismo está avisando, y no contenta a ningún canario inteligente decirle que Tenerife resiste mejor, mientras Fuerteventura y Gran Canaria derrapan junto al abismo. Aquí tenemos que salir adelante todos y todas las Islas. O el barco no se mantiene a flote y nos vamos a pique. Está el problema, pero ¿alguien ha pedido cita? ¿Al doctor de los problemas de los pueblos? ¿O, al menos, al hechicero, al pitoniso, al zahorí?

Cuando vivía Telesforo Bravo, le consultaban los problemas del agua, porque era un zahorí. Pero de un tiempo a esta parte se nos han muerto algunos sabios, y necesitamos sabios, que no resabidos, doctores para la buena salud del Archipiélago. Hace un decenio, este país, Canarias y España al unísono pese al desajuste horario, tuvieron noticia de una crisis económica (que José Carlos Francisco denominó “la peor de nuestras vidas”), de la que nadie podía sospechar qué alcance tenía y cuánto iba a durar, bajo un estado de escepticismo. No tardó en haber dos polos de opinión opuestos, para no perder la costumbre. En las páginas de salmón de algún diario leí que los expertos hablaban de una recesión como un caballo. En España, en 2009 y hasta en 2010 se rebajaba el diagnóstico, y el buen estado de ánimo se vio reflejado en aquel alarde de que aquí no pasa nada y yo lo arreglo con un plan B. Nos atiborraron los economistas a citas de Keynes y Friedman, la receta expansiva y la monetaria confrontadas como el aceite y el vinagre. No sabíamos por entonces que íbamos a hacer un máster en economía de andar por casa (como dice Leopoldo Abadía), que nos desayunaríamos con primas de riesgo mojadas en café con leche, tipos de interés del BCE y ráfagas de austeridad. Odiaríamos a la pobre Merkel y nos pondríamos en manos de dios Draghi. Había, como digo, dos bandos, casi como en el 36, los que abrazaban los recortes de Rajoy como un acto de fe y los que acamparon en la Puerta del Sol y nació el 15-M.

No sé qué va a pasar ahora con la desaceleración (que es el vocablo avanzadilla que nos envían los Gobiernos antes de proclamar la recesión, tras susurrarnos que es una simple ralentización), la caída del turismo en destinos como Canarias y Baleares, y del PIB. Pero no estamos en febrero de 2008 delante del televisor viendo debatir a Solbes con Pizarro en Antena 3 sobre la longitud, magnitud y profundidad de aquella crisis ignota que tiró por tierra a Lehman Brothers. Esta vez tenemos la lección aprendida. Solbes negó la crisis que anunciaba Pizarro y fue su penitencia. Si lo que ahora asoma es un catarro, que lo digan y se prescriban las aspirinas oportunas. Pero si el cóctel del brexit salvaje de Boris Johnson, el auge de los competidores y la zozobra de la eurozona, más la vergüenza a volar es un asunto feo, cuanto antes se reaccione mejor, antes de que sea tarde. Nadie se toma en serio que Canarias es un polvorín con el 20 por ciento de paro y el doble de riesgo de exclusión y pobreza (para muestra la portada del DIARIO ayer). Conviene quitarse de los ojos vendas de cuatro años. Que hablen claro. O pecaremos de lo mismo de siempre: de desinformación. Lo contrario de toda buena anamnesis.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

La utopía de Tomás Padrón

La comisaria europea Loyola de Palacio se hizo adepta a la utopía de Tomás Padrón de convertir El Hierro en la primera isla de la UE capaz de autoabastecerse con energía limpia. La recuerdo en Tenerife, de paso a la isla de Padrón, transmitiendo una gran simpatía por aquella idea quimérica: Gorona del Viento, me dijo, sería la pauta de lo que Europa debía ser. Pero conviene saber que esta anuencia de hoy sin fisuras en defensa del medio ambiente no era ni su sombra en aquellos años finiseculares de los 90. Las empresas energéticas se resistían a jubilar los combustibles fósiles y el cambio climático era, en cierto modo, un anatema. A Loyola de Palacio la convenció un político isleño que remaba a contracorriente. Padrón, ingeniero técnico industrial de Unelco, había puesto la luz en los pueblos de su isla -de ahí su popularidad hasta hacerse con el vicariato- y creyó al ingeniero de energías renovables de la empresa, Ricardo Melchior, que le metió la idea en la cabeza en los años 80. Melchior se pasó a la política de altos vuelos y Padrón se quedó con la matraquilla de los molinos de viento.
Esta semana, la central hidroeólica que concibieron al alimón batió el récord de permanencia del suministro de energía renovable al sistema eléctrico, más de 18 días y 9 horas, su anterior registro. Se abre paso el objetivo del cien por cien de autoabastecimiento de energía limpia. Gorona lleva todo el año inyectando viento en la red, más de la mitad de la electricidad de la isla ha tenido ese origen en estos siete meses. Europa puede sentirse orgullosa de tener una isla sostenible como El Hierro, capaz de dar ejemplo al continente con la esencia de un frasco que resume el esfuerzo de los grandes líderes y Estados firmantes del Acuerdo de París (2015). Esta es la clase de metáforas que Europa necesita para dotarse de nuevos bríos como punta de lanza en un tiempo de polos opuestos: quienes abanderan la lucha contra el cambio climático y quienes niegan la mayor y se resisten a mitigar las emisiones de CO2. Los alisios de El Hierro son un chorro de aire fresco en mitad de ese antagonismo. Es una isla correligionaria de esa otra isla en Europa que es la pequeña Greta Thunberg, la activista infantil sueca que ha puesto a girar todos los molinos de viento del corazón de Europa contra el escepticismo de la ultraderecha. Tomás Padrón cogió sin pensárselo dos veces la antorcha de César Manrique en el Mirador de la Peña. Yo me abono a la tesis de Saramago sobre el fantasma ambulante de Manrique por todo el archipiélago. Manrique, Padrón y Paco Sánchez, ¡qué tres! Este centenario de Manrique es la celebración de sus ideas, y entre ellas, las ecologistas que infundió en los baptisterios de cada isla como un evangelizador.
Tomas Padrón fue el único canario que en 2005 vio venir el Delta. Era domingo y suspendió las clases del lunes, y del Gobierno regional le dijeron: “¿Quiénes coño son ustedes para suspender las clases?”. Su respuesta fue: “Somos el Gobierno de la isla”. Y después cayó la tormenta tropical sobre Tenerife. En tiempos, pensaron despoblar El Hierro. Tomás me dice que esa idea naufragó, pero no la isla, que ha seguido existiendo, pese a aquella amenaza que habría consistido, según sospecha, en sacar a los habitantes y meterlos en barriadas de Tenerife y Gran Canaria, y dejar El Hierro como un coto de caza para ir periódicamente con botas altas a profanar sus montes con perros adiestrados. Lee todo lo que se cuenta sobre el futuro aciago de las islas que desaparecerán bajo el mar, según los augurios de las cumbres climáticas; tampoco ignora los pronósticos de ciertos geólogos ingleses sobre la erupción catastrófica de La Palma y el tsunami que arrasaría con herreños y demás canarios hasta llegar a Nueva York. Tiene, socarrón, bajo la manga un as: el volcán submarino de La Restinga, que un día asomará la cabeza diciendo, aquí estoy yo.
Padrón, David contra Goliat. Tenía arrancadas como el conejero y se ponía al frente de la manifestación contra el radar de Malpaso o la lanzadera de cohetes desde el Faro de la Orchilla, como solía decir. Quería guardar la isla como oro en paño. Ahora hay que meterle energía solar, marina y geotérmica, me decía este jueves, a raíz del récord. La niña sueca debería venir sin vergüenza a volar a El Hierro a encontrarse con Tomás Padrón y con el fantasma de Manrique. Y con el dios del IAC, Paco Sánchez, que convenció a Cousteau para que incluyera el cielo entre los derechos de las generaciones futuras. Tenemos el privilegio de vivir en islas, el lugar que los dioses designaban para retirarse a sus vidas eternas. Hay cierta inercia que enlaza nuestro Punto Fijo, la Punta de la Orchilla del Meridiano Cero, que novelara Umberto Eco, con las puertas del Riksdag, el Parlamento sueco, donde la niña ecologista se sienta a protestar tras las olas de calor.
El Hierro ha hecho su proeza esta semana con alisios, mientras Europa sufre su verano más tórrido. El estado de opinión es sensible al calentamiento global y cada vez más pasajeros sienten vergüenza a volar, rechazo a la contaminación de las rutas aéreas y a la huella de carbono de hoteles y restaurantes de los destinos turísticos. Y esto va a más. Ha llovido mucho desde que Loyola de Palacios dio el sí de Europa a Gorona del Viento, todo un caso de éxito en una isla que ya no pasa desapercibida. Nos hemos protegido no poco (tenemos reservas de la biosfera, patrimonios mundiales…), pero esta corriente de opinión con la nueva conciencia turística… nos alerta. ¿En qué pensábamos mientras contábamos los millones de visitantes sin tener los hoteles, las ciudades y los bienes culturales en estado óptimo de sostenibilidad? ¿Nos hemos confiado? ¿Ya es tarde? ¿Estamos a tiempo? Le estamos viendo ahora mismo las orejas al lobo en las Islas, el turismo decae y la economía crece por debajo de la media nacional. Entonces es cuando miramos al cielo, al sol, al mar y a los cuatro vientos en busca de respuestas y soluciones.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

Clavijo y Antona: nunca llegó a ser amor

Clavijo y Antona tenían química personal, según se puso de manifiesto en el período más crítico del anterior mandato, cuando el lagunero expulsó a los socialistas del Gobierno en diciembre de 2016, pero no cualquier día, sino aquel viernes víspera de Nochebuena, nada menos que el 23, a tiempo de que Patricia Hernández y su milicia no se comieran el turrón. Clavijo invitó a cenar varias veces al palmero y desplegó sus artes de seducción como ahora a Egea, con tal de abortar el atisbo de una moción de censura, de la que solo tenía indicios por las páginas de DIARIO DE AVISOS.

Pero en Génova, cuando Rajoy, Asier Antona tuvo en aquellas fechas una intervención-soflama delante de Fernando Martínez-Maíllo (hoy en el ostracismo) y despejó todas las dudas. Dijo que no se llamaran a engaño, que en las Islas el adversario político del PP en términos no ideológicos, sino de espacio electoral era, precisamente, CC. Cuando Rajoy nos visitó en junio, bajo el siroco de los pactos de birlibirloque, mostró un sincero afecto por Antona, una mezcla de afinidad paternal y de gratitud por lealtades de guerra. La política, bélicamente comprensible, es un despropósito en tiempos de paz. Los partidos y sus dirigentes se mueven en su salsa cuando están en el frente de batalla, y descubren sus vergüenzas cuando se arrellanan en el escaño y dirimen sus diferencias sin armas ni bagajes, sin la pistola de Indalecio Prieto, sin los disparos al techo de Tejero y sin la sombra de ETA a sus espaldas. De ahí la nostalgia de la Transición, que era en realidad un armisticio, la tregua, un acto de conciliación. Lo hemos visto en Pablo Iglesias, desbravado, sin la iracundia del 15-M, que, falto de reflejos, ha dejado pasar el tren del Gobierno. Pero Antona tenía esa idea dentro, y la conocían sus confidentes, además de algún testigo de aquella revelación ante Maíllo en Génova. Solo apoyó a Clavijo en los afeites del Presupuesto, pero lo dejó plantado y sin novia cuando lo citó al altar para que entrara en el Gobierno a ocupar las vacantes del PSOE. Y lo volvió a hacer en junio, cuando Clavijo le ofreció el puesto de presidente-guiñol, y miró para otro lado asintiendo mímicamente a Zapata cuando en Génova (Casado&Egea) le ordenaron hacerse el harakiri para que el Cabildo fuera para CC.

Antona, el estatúder del PP para estas provincias, afirma no rendirse. Acepta la recompensa de un escaño del Senado por no atrincherarse en las islas contra su partido en Madrid y deja el recado de que volverá como candidato si hay elecciones internas para el cargo que ahora cede a Madrid como quien deposita una fianza para seguir libre. Sabe que le ofrecen oropeles y espera a que la esfera dé vueltas. Siempre pasa igual, el mundo gira y en breve la historia es otra.

De aquellas cenas queda un viso de amistad, pero entre Clavijo y Antona nunca hubo un pacto de sangre. Ahora, al ver al de CC tomar las de Villadiego, rumbo al Senado de los elefantes, el secretario general del PP, Teodoro García Egea, ha sufrido una de esas decepciones inconfesables. Pues nada más cimentarse el pacto de progreso -que a la contra le gusta llamar de las flores, para hacer tópicos de un acuerdo marchito-, Egea auguró una mayoría de centroderecha para otoño. Ahora, sin Clavijo ni Antona, que eran las dos cabezas que entregaba Coalición a Egea para un Gobierno a la desesperada, solo resta al de Murcia confiar en Australia Navarro. Aunque esto ni sea Australia ni sea Navarra.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

La historia y el plató

Don Johnson y Philip Michael Thomas protagonizaban la serie de televisón Corrupción en Miami, cuyo último capítulo lo emitió en Estados Unidos la NBC en 1989. Se cumplen 30 años y marcó una época. La saga de televisión Hierro, que acabo de ver con la intriga partícipe de un vecino del plató del rodaje, demuestra que la historias y los escenarios tienen similar trascendencia en un paraje bucólico de los Estados Unidos que en nuestra local realidad siempre escéptica de pasar desapercibida. Uno lee A sangre fría, de Truman Capote -dicen que hijo adoptivo de palmero-, su novela-documento (non-fiction-novel), y se hace esa reflexión, pues el docudrama isleño suele ser prolífico en tramas que superan al atraco y asesinato de la familia Clutter, el matrimonio y sus dos hijos , en Holcomb, el pequeño edén metodista de Kansas,ocurrido hace ahora exactamente 60 años.

Y para demostrarlo nos enumeramos unos cuantos episodios escabrosos o de evidente impacto social, recreando, de paso, las imágenes que vimos o vivimos in situ: a Dámaso el del Batán, que nos inspiró una de aquellas odiseas de los buenos tiempos de Radio Club; a el Corredera de Telde ejecutado a garrote vil, del que retengo un recuerdo personal con el testimonio imborrable de Pedro Lezcano, autor del romance sobre el prófugo legendario; a Ángel Cabrera Batista, el Rubio, de Arucas, cuyos pasos seguí como un obseso hasta la casa familiar tras el secuestro del industrial Eufemiano Fuentes en Las Meleguinas, que si me descuido me cuesta un disgusto con la policía: baste decir que aquellas noches dormía en casas distintas por temor a caer en una redada de sospechas a ciegas … De manera que estos y tantos otros lances de la Canarias profunda han sido situaciones límite del último medio siglo del que uno ha sido testigo o actor que hacen pensar que los guionistas de las nuevas series de éxito, los cineastas en definitiva, no solo tienen en las islas un considerable incentivo fiscal, sino, además, un vivero insólito de contrastes y fenotipos, además del variopinto paisaje del finisterre herreño de sobra celebrado por una industria que cotiza las horas de sol.

La última cena de Robert Maxwell en el Mencey y su cadáver flotando en nuestras aguas arrastrado por la corriente de Canarias, lejos de su yate Lady Ghislaine, sorprendió al novelista Alberto Vázquez Figueroa en mitad de una trama ajena al suceso, pero las crónicas y reportajes que nos leyó en El País sobre la muerte inusitada del magnate británico de origen checoslovaco, dueño de uno de los mayores imporios mediáticos del mundo, le hicieron concebir un giro argumental. Y nos citó a mi hermano Martín y a mí en el mismo escenario de la última noche en tierra del editor y supuesto espía del Mossad, el hotel Mencey, donde el sommelier había corrido tras el corpulento empresario para entregarle la chaqueta que dejaba olvidada tras una cena interrumpida por continuas llamadas a través del Motorola, que era un móvil aparatoso hace casi 30 años, cuando sucedieron los hechos luctuosos aún sin resolver. Y Figueroa escribió Ciudadano Max. Hace ahora exactamente 40 años, el catalán Jordi Sierra i Fabra nos tomó de personajes en su novela En Canarias se ha puesto el sol sobre una guerra civil en las islas en tiempos del MPAIAC, el contexto sociopolítico que estos días ha recordado Juan Manuel García Ramos a raíz del cataclismo de CC tras las elecciones del 26-M.

Netflix, HBO, Movistar + y las cadenas televisivas de este país tienen aquí un granero de series de género policiaco y cine negro. El novelista Lorenzo Silva (La niebla y la doncella, con su pareja de guardias civiles Bevilacqua y Chamorro) es otro de los pioneros en la materia, descubridor literario del macondo gomero de 300 kilómetros cuadrados de extensión y emoción contenida de hechos calientes o húmedos tocados por los alisios de la historia en un lugar central para la humanidad si nos remontamos a 1492. En Cannes, allá por mayo, el Grand Theatre Lumière se puso en pie para ovacionar la película de Corneliu Porumboiu, La Gomera (The Whistlers), en su premiere mundial en la sección oficial, una cinta en la que un policía corrupto ligado a la mafia se traslada a la isla colombina para aprender el silbo al objeto de organizar la fuga de un poderoso malhechor en prisión. Como la ya célebre Borgen, la serie de televisión danesa sobre las complicidades de la prensa y el poder y las interioridades de los partidos, basta con repasar las páginas de DIARIO DE AVISOS durante estos últimos años para encontrar la materia prima que anhelan los seriéfilos de un género en auge en la pequeña pantalla. Dudo de que en otras latitudes de la conflagrativa política española se encuentren a la vez el plató y la historia. Hojeo los números del DIARIO que hemos ido cocinando a fuego lento hasta esta explosión final, y me entretengo como un lector de verano componiendo un puzzle mental de personajes y situaciones más propias de una ficción premeditada que de una vorágine de sucesos reales y de protagonistas de carne y hueso abocados por el destino a un desenlace que ni el guionista más rebuscado habría podido concebir.

La historia es tan potente, con sus amenazas y coacciones a un medio de comunicación, su caso Grúas y escándalos en las páginas de un medio en mitad de un apagón informativo bajo una cortina de humo lo más parecida a Alicia en el país de las maravillas; las demandas y movilizaciones ciudadanas en defensa de sus viviendas en Añaza, las asambleas en los garajes de las Chumberas y demás bloques con aluminosis, las quejas en las playas por los vertidos y la contaminación… Los lobbies de empresarios afines domesticando voluntades; el negocio de la noche y un asesinato a manos de sicarios una noche a la salida de la Escuela de Idiomas; las mordidas a cargo de una gran constructora; los pecados capitales de una región turística; la compraventa de medios; el submundo político de una ciudad en llamas judiciales, y el caciquismo… La vida cotidiana de Canarias discurría entre gobiernos rotos y gestos de prepotencia del poder hegemónico en el Gobierno, ayuntamientos y cabildos. Todo el poder todo en las manos de un partido eterno. La riqueza, en medio de grandes bolsas de paro y pobreza. Un estado de control de la opinión que apercibía por todas las esquinas a través de sus corifeos con que el lobo, tarde o temprano, se iba a comer a las voces discrepantes. A la voz discrepante. Un día y otro pasaban cosas, bajo el silencio de las ondas amigas y una lealtad rotativa. Las islas son un síntoma de lo que pasa en el continente. Europa está a la baja y sin líderes. España es un náufrago exhausto tras la crisis, la corrupción y la división política. Ahora mismo carece en la oposición de estadistas (Casado, Iglesias, Rivera… malu, malu). Pero, con todo, es tan intenso y apasionado cuanto sucede de islas adentro (Clavijo se evade a Madrid, Antona se debate en tierra movediza, Ciudadanos se deshace a pedazos, y suma y sigue en la resaca infinita), que hasta la investidura requetefallida de Sánchez queda relegada a un segundo plano. Silencio, se rueda. Canarias Vice.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

Investidura y censura

Un cabildo no es una diputación, pero en la Meseta a Canarias se le conoce poco y mal, y no se toman un minuto en deshacer entuertos y malentendidos. Un cabildo tiene políticamente un significado casi mítico, como los dragos centenarios. En La Gomera, Casimiro Curbelo lo asociaba a un tagoror e invocaba los pactos de colactación de los guanches (bebían leche del mismo gánigo y lo enterraban, sólo si el trato se rompía excavaban en el lugar y lo hacían añicos). Los cabildos fueron contrapuestos a la autonomía. Los llamados cabildistas querían un gobierno de cabildos, una federación helvética en lugar de un Ejecutivo que estuviera por encima del bien y del mal jerárquicamente y rigiera los destinos de todas las islas, incluida La Graciosa y, si se tercia, San Borondón.

Treinta y seis años después de autonomía con gobiernos y cabildos en un matrimonio de conveniencia, cabe decir que el diseño no salió mal. El ejecutivo regional se cargó de un plumazo la división provincial de Primo de Rivera (1927) y aquí empezamos a ser un pueblo y no unos reinos de taifas. Pero los cabildos mandan mucho y representan mucho para la tranquilidad de cada fracción de canario, que tiende a ser de su isla primero y de Canarias después. Si no hubiera cabildos, existiría una especie de vacío vertiginoso, pues el ayuntamiento satisface las necesidades de vecindad y el Gobierno cubre el expediente de un imaginario regional que nos adecua al Estado de las Autonomías, pero la isla, el ámbito insular, quedaría huérfano de estamento, y de ahí al alzamiento de los bimbaches o la rebelión de los gomeros encaramados de nuevo a la Torre del Conde solo habría un paso.

De modo que esa es la trascendencia que ATI -pues de las raíces se trata, del origen de los tiempos de este vicariato de UCD que derivó en Coalición- concede al Cabildo de Tenerife, y API al de La Palma, en vísperas de perder los feudos respectivos por medio de una doble censura cuando den las doce del mediodía y mañana sea miércoles. Perder el Cabildo es tocar fondo, quedar en ascuas, agotar toda la capacidad de poder (los ayuntamientos periféricos que resisten no cuentan en esa escala de valores), retroceder 32 años, al kilómetro cero en que Segura perdió la plaza en la Plaza de España en favor de Adán Martín, que se reveló clarividente y eficaz. Es toda una simbología y todo un formato de partido que deja de ser fundamental, una deconstrucción en toda regla. Perder el cabildo, los cabildos (también Fuerteventura, Lanzarote y El Hierro) es una sentencia, una capitulación, ahora que rememoramos la de Nelson en 1797. Esto explica el grado de perturbación que el acontecimiento desata a 24 horas de hacerse realidad. E, incluso, la ignominiosa murmuración sobre posibles padrinos de tamayazos de verdad, como dice Tinerfe Fumero en esta edición de DIARIO DE AVISOS, para abortar la elección del socialista Pedro Martín; materia de juzgado si se consuman las sospechas, que en otras latitudes han costado más de un disgusto penal.

En la España que hoy vota la investidura de Pedro Sánchez, una de las diecisiete autonomías está distraída en su duelo particular: la censura mañana de los cabildos que desposee a CC de sus últimas sillas curules y da la puntilla a toda una época y a un modelo de política que por definición fue insularista o insulareña y nunca creyó tanto en la autonomía como en el gobierno de la isla, su epicentro argumental y el de este seísmo.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

La investidura, el pulso y el impulso político

Casas insulares. Somos un falansterio, un pandemónium, una arcadia de aquelarres, un quilombo, una ristra de espadañas y cuando todas las campanas se sueltan a repicar y las cigüeñas tabletean su pico amaranto estamos ante un hecho único: algo ocurre a la vez en toda Canarias, cosa extraña, porque somos nuestras tribus de siempre, casas insulares, en el mítico hogar homologable. El 26-M se inició una traca de acontecimientos con impacto casi unánime en todas las islas. No se había producido una hecatombe política semejante seguramente nunca. Solo el auge del socialismo canario resucitado explica la demolición de los bastiones de ATI y las murallas de CC. Como en Esperando a los bárbaros, de Coetzee, esta historia se asemeja a una larga estadía en el poder, bajo la amenaza de que un día asaltarán el primer puesto fronterizo y todo el territorio gobernable los ninguneados por el régimen.

Canarias ahora es un solar tras la batalla, con los depuestos en sus madrigueras y los nuevos regidores revisando las cuentas para ver hasta cuánto aquellos se saltaron la regla de gasto. Vienen los nuevos, urgidos por las emergencias sociales, a implantar medidas perentorias, como una renta ciudadana, una ecotasa o la prioridad climática, y no pueden defraudar, pues de la derrota solo se sale airoso si el vencedor se duerme en los laureles y pierde así toda la razón. Ahora no es como cuando Nelson, que bastó con rechazar a los ingleses (los que ahora nos rechazan a nosotros con su brexit en standby); no bastará con cuatro arponazos bien dados, pues el éxito de esta campaña se mide en cuatro años, no en cuatro asaltos. Y son cuatro los partidos aliados que quieren coger por los cuernos cuatro miuras (la pobreza, el paro, la dependencia y el cambio climático) por seguir con el mismo numeral.

Hace cincuenta años, cuando empecé a forjarme periodista, el hombre llegó a la Luna. Tenemos esa impronta de la proeza universal. Jesús Hermida apostoló del simpar Apolo 11. Somos prosélitos de Hermida. Si el hombre pisó la Luna, de qué no será capaz aquí abajo, en su propia casa. De qué no seremos capaces los canarios en nuestras casas insulares. ¿Salir de los vagones de cola de las estadísticas? He ahí el “pequeño paso para el hombre” que este Gobierno está obligado a dar, si hay Presupuesto General y Gobierno también en España.

Pese a que los sondeos le son favorables al PSOE y, en menor medida, al PP, hoy, vísperas del debate de investidura en el Congreso, lo razonable sería convenir, tras el acercamiento PSOE-Podemos de última hora, que habrá humo blanco y no elecciones el 17 de noviembre. Hay una sintonía política esta vez entre Canarias y Madrid, como si fueran mundos paralelos (no es lo usual). El cambio en España barrió con el estamento político del PP. La era popular salió malherida de la crisis económica de 2008, como a CC le dejó secuelas, y en ambos casos el efecto desgaste se hizo patente una década después, como si ese fuera el ciclo de los ritmos circadianos de la política. La política se hace a base de impulsos, y un impulso puede durar días, meses o años, a unos más que a otros en términos de poder; a CC le duró algo más de un cuarto de siglo y al PP poco más de un lustro. Ahora esta nueva etapa simultánea en España y en Canarias tiene un mismo actor principal: el PSOE. Como en 1982, con Felipe González en la Moncloa y, pocos meses más tarde, Jerónimo Saavedra en Canarias. La novedosa irrupción de Manuel Hermoso en las Islas se alimentaba de la idea de que el socialismo era poco sensible con los temas vernáculos y las llamadas especificidades canarias, como los cabildos o el REF. Hermoso era un dirigente intuitivo y sagaz, que leía los momentos políticos con astucia, y no albergaba prejuicios ideológicos, era capaz -como demostró- de aglutinar a izquierdas y derechas y, de paso, condimentarlas de nacionalismo en aquella contingencia donde CiU y PNV eran la moda emergente de la política española. En Canarias, la fórmula prendió, porque el nacionalismo supo acreditarse de bálsamo frente al centralismo de los demás partidos y para la autodefensa de la lejanía. A Hermoso le salió una carambola de éxito y gobernó en ayuntamientos, cabildos y la comunidad, ejerció de bisagra de Estado y hasta tuvo un pie en el Parlamento Europeo. Bingo. El caso Hermoso es de tesis doctoral de politólogos y gurús como Iván Redondo.

Habíamos caído en España en los últimos años en un tedioso convencionalismo. Las guerras púnicas de la corrupción (el casual etnómino latino), el caso Bárcenas y Gürtel tendrían efecto retardado. Ya dijimos que la crisis pasó factura a los gobiernos de Europa, de España y de Canarias. Pero hasta que no llegó Sánchez y puso la censura sobre la mesa no había surgido el impulso que cambiara las cosas. Las encuestas habían perdido reputación, saboteadas por la añagaza de los votantes, y los partidos hechos de aquella burbuja, como Ciudadanos y Podemos, subían en los sondeos y bajaban en las urnas, donde se oculta la verdad. Fue la censura de Sánchez el punto de inflexión y después Tezanos infligió la profecía autocumplida. Hoy el PSOE es el resultado de un impulso, que cambió su suerte. La jugada maestra.

El cambio en Canarias es producto de una cadena de hechos, la suma de factores, incluido -en buena parte- el azar, pero materializa, sobre todo, un estado de opinión, una atmósfera y una cultura. La cultura del cambio. Bajo ese ecosistema, donde las piezas tienden a atraerse por obra de su bosón de Higgs, fructifican los grandes cambios. Albert Rivera cogió impulso, pero declinó. Pudo ser vicepresidente del Gobierno y un hombre de Estado y optó por la peor imitación (“no es no”, ya huérfano el eslogan de autor); pudo tener una harca de ministros, y ahora pierde leales a espuertas, desde Barcelona hasta El Hierro. Ciudadanos tuvo la sartén por el mango y se ha quedado sin el mango y la sartén. Con que Pablo Casado se rodee de mejores edecanes y escupa la pipa de aceituna que le atraganta en Canarias, tenemos bipartidismo para rato, donde Podemos es la gran incógnita. Sánchez tiene instinto y no ha perdido el impulso. Últimamente usa del talento de la vieja política, que lo tenía a raudales, no esta estolidez. Rivera naufraga por sus errores tacticistas. Como Clavijo no llegó a la orilla no por no saber nadar, sino por no desconfiar más de sí mismo o hubiera visto venir la ola. Sánchez ha perdido el tiempo (como le pasó a Pedro Martín con el PP) esperando a Pablo Casado y Rivera, que no eran Godot, pero estaban haciendo teatro del absurdo. Si Sánchez pacta mañana con Podemos, podemos decir que esta vez Canarias lo hizo primero. Y el impulso lo tomó, entonces, Ángel Víctor Torres, que le dio la vuelta al calcetín.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

De la Luna a Tenerife

En plena epifanía del 50 aniversario del viaje y abordaje del hombre en la Luna, hoy cobra todo su esplendor la vocación de las Islas en esta materia, sus vínculos con aquel vuelco que dio la historia con la sola huella de una pisada trascendental en el satélite virgen de nuestro entorno. Neil Armstrong, protagonista de la hazaña que haría célebres hasta a quienes, como Jesús Hermida, la narraron, dijo y dejó una frase para la posteridad: “Es un pequeño paso para el hombre, un gran paso para la humanidad”. En realidad, como trató siempre de aclarar el propio Armstrong, el audio se presta a equívoco: él quiso, al parecer, referirse al modesto paso de “un hombre”, pero su adagio se hizo memorable en su versión más genérica y solemne.

El célebre astronauta pionero, que fundó el turismo espacial, vino a Tenerife en 2011 (el medio siglo del viaje inaugural de Gagarin), y paseó sobre esta isla y La Palma, lo cual no dejaba de tener cierta connotación especial/espacial, pues no eran los pasos de un hombre cualquiera, sino del mismo que dio aquella gran zancada para la humanidad. Neil Armstrong y su compañero de marcha lunar Buzz Aldrin eran invitados estelares del festival Starmus que organizaba en Tenerife Garik Israelian y que trajo más tarde a Stephen Hawking, en lo que constituiría la reafirmación de una idea premonitoria, pues Armstrong con su huella había inaugurado la travesía humana a la Luna y Hawking era firme partidario de colonizar otros satélites y planetas, dado el estado deplorable de la Tierra por la huella de carbono del hombre.

En las Islas es fácil enamorarse del espacio y, por ende, de la astrofísica, como preconizó en los años 60 el padre de esta disciplina en este país, Francisco Sánchez, que ahora saca a la luz un libro con las reminiscencias de aquella primera semilla, Soñando estrellas, así nació y se consolidó la Astrofísica en España, cuya presentación está prevista para mañana, en el Leal de La Laguna. Sánchez parió la Astrofísica en la universidad española en plena efervescencia de la carrera espacial y su Instituto de Astrofísica de Canarias es, en sus orígenes, contemporáneo del Apolo 11 que cruzó los cielos camino de la Luna.

En un recordado vuelo a París en el Concorde (1990), me tocó de compañero de asiento un hombre afable que irradiaba la curiosidad, ya no de un pasajero corriente, sino de alguien que sabía lo que entrañaba volar en aquel cohete espacial, que nos puso en la Ciudad de la Luz en un abrir y cerrar de ojos. No sé por qué le comenté, en mitad de un diálogo sin pies ni cabeza, que los gomeros habían estado en todas partes y en toda ocasión, pero que a buen seguro no habrían podido estar metidos en algo tan insólito como el primer viaje del hombre a la Luna. Y mi vecino del Concorde me miró con un aire sarcástico de victoria: “Yo estuve. Y soy gomero”. Era Félix Herrera Cabello, físico solar, natural de Agulo, con una dilatada biografía científica, que había trabajado para la Nasa desde su fundación, primero en Perú y después en la estación de Maspalomas, en Gran Canaria. Desde esta última, aquel día, 16 de julio de 1969, él era una pieza clave en la aventura de Armstrong, Collins y Aldrin, pues de su pericia dependía la última palabra, a la hora de decidir si se procedía al alunizaje o se abortaba. “Yo vigilaba las vibraciones del sol, y ese era un asunto muy serio en la misión.” Herrera era un experto en el seguimiento, telemetría, comando y comunicaciones con los vehículos espaciales. Y estaba allí, a mi lado, rumbo a París en uno de aquellos Concorde, que más tarde dejarían de volar como el hombre a la Luna.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?