DAGUERROTIPO DE OLARTE

 

Olarte no es la sombra chinesca de una máscara de Carnaval de ultratumba, aunque exista el Olarte de Calero, que sí es de pega, y al original le traicione su alter ego bienhumorado, con sus ‘golpes’ y el histrionismo provocador de un transformista en la era de Lady Gaga. Pancho Guerra habría disfrutado con el ingenio y léxico de Olarte el personaje. Ahora, el veterano colombófilo regresa con el PP, como si se reencarnara en el mito de los 70, de Richard Bach, ‘Juan Salvador Gaviota’, sobre una marea azul sin las siete estrellas verdes de Taburiente. Si nada se tuerce, Soria acomete la segunda resurrección de una vaca sagrada, tras invocar el espíritu de Bravo de Laguna. La de Olarte es una exhumación doble, él mismo desentierra las siglas de Unión Canaria (fundada en el 77), para ‘jubilarse’ (sic) en el PP de dos o de tres al Parlamento por Gran Canaria, fiel a la leyenda de político pragmático. Rajoy avisa de pactos: el PP adopta a un nacionalista que preconizó para Canarias un Estado libre asociado.

Olarte es una biografía. Sus memorias en la tramoya de medio siglo son las de un hombre que se funde en el paisaje de un país que resurge de sus cenizas. Lo captó Matías Vega y son célebres sus travesías del desierto ‘a la busca del poder perdido’ con que apadrinó a Román Rodríguez. Suárez me dijo en Los Rodeos, delante de Fernando Fernández, que Olarte le sería leal de vicepresidente. Lo fue hasta que Fernández pidió la confianza del Parlamento; entonces, ´Kissinger’ (como él lo apodaba) salió disparado al pasillo y, al encararnos, me dijo: “Esta es mi oportunidad”. Una vez en la presidencia, le declaró la guerra ‘arancelaria’ a Felipe González. “Madrid va a saber lo que vale un peine” (copyright de Lorenzo Olarte). De frágil salud de hierro (combate su diabetes por último con los consejos de una nutricionista coreana de Las Palmas) está ‘todo el día’ viajando a China como un albatros. La voz de Olarte es inconfundible. El cloquío lo pilló J. M. Bermúdez, y Calero clavó la simulación. María Lecuona, la lagunera con la que se casó, lo confundía con Calero oyéndolo en casa. Reuní a Olarte y Cubillo en televisión: el primero acusó al segundo de haber querido atentar contra él, y los dos abogados se fueron una vez reconciliados. Una vida sobre un alambre. El caso ‘Puerto Marena’: el misterioso voto 31. El asesinato de su secretario: la cornada al excrítico taurino. El animal político vuelve a la carretera a mil por hora. ¿Quién dijo a 110?

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CUADERNO DE BITÁCORA DE OLARTE RUMBO AL PP

 

Lorenzo Olarte, el veterano dirigente canario que lo ha sido todo en la vida pública de las islas y aun en la nacional jugó un papel clave e influyente en tiempos de UCD y Suárez, se resiste a permanecer en el ostracismo, y regresa a la política en las filas del PP. Olarte pondrá distancia de sus postulados nacionalistas para enrolarse en un partido de ámbito estatal, desenterrando las siglas de Unión Canaria, que fundara en el 77, para tender un puente sobre el vacío con la organización de Soria y Rajoy.

Su fichaje cuenta con la bendición del aparato nacional del PP y con el respaldo personal de Soria, que de este modo continúa reforzándose ante la cita electoral del 22 de mayo con la repesca de peces gordos (o pesos pesados) de la política canaria, como el expresidente del Parlamento José Miguel Bravo de Laguna, y ahora el expresidentes del Gobierno canario Lorenzo Olarte, que sería así el segundo activo procedente de la esfera nacionalista, tras la incorporación pública, desde la semana pasada, del exalcalde de Valle Gran Rey y exdiputado autonómico Esteban Bethencourt.

La llegada de Olarte al PP me ha sido confirmada en una fuente segura. Concurriría en la lista popular al Parlamento por Gran Canaria de número 2 ó 3, en caso de que la segunda plaza recayera, por criterios de igualdad, en una mujer. Tiene ganas de volver al terreno polìtico, aun a costa de hacerlo a la sombra de otro líder, habiendo sido toda la vida un ariete hiperactivo con vocación de ganador. Su frágil salud de hierro (es diabético y ha dado por último con un tratamiento eficaz de una nutricionista coreana en Las Palmas, que le permite perder kilos y paliar los efectos de una enfermedad crónica) no le ha impedido, durante estos años en la retaguardia, viajar una veintena de veces a China, país con el que guarda lazos muy estrechos en calidad de asesor y promotor del Puerto de la Luz y de Las Palmas como base de los intereses de Pekín en África. Como avanzadilla de China no ha logrado el respaldo económico que esperaba en las islas y en su entorno se le describe decepcionado con ese desinterés y abocado a aplazar una importante cita de empresarios de dicha nacionalidad que debía organizar este mismo año. Ha ‘mendigado’ financiación para la cumbre y le han dado la espalda.

Olarte fue asesor áulico de Suárez en la Transición, con despacho en la Moncloa al lado del ‘jefe’, y timoneó en las islas el CDS tras la desaparición de UCD. Personalmente, recuerdo haber cubierto el congreso exprés de aquel partido milimétricamente calculado por el propio Olarte, cuyos acólitos entraron por una puerta convencidos de pertenecer a una fuerza de centro nacional y salieron por otra transformados en nacionalistas cofundadores de una futura Coalición Canaria que iba a gobernar las islas cuatro legislaturas seguidas. El carisma de este veterano ‘Andreotti’ canario, paradigma del político incombustible, le ha granjeado siempre  simpatías aisladas (rara vez fidelidades duraderas) a lo largo de su carrera, que explican por sí mismas los continuos sobresaltos que ha dado como líder. Olarte es, en sí mismo, un partido constituido por él. Este llanero solitario se ha curtido en mil batallas (guerra de guerrillas) con la tropa de un solo hombre disfrazado de mil maneras hasta dar la sensación de ser una multitud. Su soledad es célebre, como su don natural para el efectismo político. Consiguió ser presidente en las filas de un partido minoritario en el seno de una alianza de centro-derecha y nacionalista cuando Fernando Fernández perdió el cargo al solicitar la confianza de la cámara. Fernández lo llamaba ‘Kissinger’, cuando Olarte era su vicepresidente.

EL AVAL (O VALS) DE SUAREZ

Al bajarse del avión, Suárez me dijo una vez, en Los Rodeos, delante de Fernández, que Olarte le iba a ser fiel en el Gobierno, y, aunque era más el aval de un amigo que el de un político, Olarte bailó ese vals y cumplió el vaticinio, eso sí con una carta bajo la manga: a la primera de cambio, en cuanto Fernández dudó, consumó la jugada que había estado pensando todo el tiempo. No bien había terminado Fernández de decir en el estrado que presentaba la cuestión de confianza, y Olarte salió enfilado al pasillo y me dijo estas palabras: “Ésta es la mía”. Cuando fue investido, Tomás Padrón (que ahora emprende el viaje contrario tras el anuncio de su retirada) le obsequió un naife, el cuchillo artesanal canario, con esta coletilla en mi presencia: “Para que te protejas de las puñaladas por la espalda”.

Fue un presidente enérgico y reivindicativo, que plantó cara a Madrid y a Bruselas, negándose a aplicar el descreste arancelario a que obligaba Europa a Canarias entre tanto no se compensara a los cabildos por la pérdida de ingresos que iban a sufrir, y así protagonizó un episodio histórico que dio alas al incipiente nacionalismo insular, al obligar al entonces Secretario de Estado de Hacienda, José Borrell, a viajar a Canarias y finalmente ceder, pese a las amenazas del ministro Solchaga de sacar los ‘tanques’ de la Constitución a la calle para doblegar la rebelión fiscal de las islas. Acudí al aeropuerto a entrevistar a Borrell, que pisó la isla con la arrogancia de Mourinho y la abandonó después de que aquí le bajaran los humos entre Olarte y José Miguel González, que era el consejero de Hacienda. Me hice amigo de Borrell y aquella vez recibió una lección.

Suyas (copyrigt de Olarte) son algunas célebres sentencias o greguerías del léxico político insular, en clave nacionalista, como ‘Madrid va a saber lo que vale un peine’, o ‘Entre Canarias y la Zarzuela hay una corta distancia, y entre canarias y la Moncloa una distancia sideral’. Olarte, abogado en ocasiones de causas perdidas, suele decir, también, que en los juzgados se dictan sentencias inverosímiles: “He visto burros volando”.

EL OLARTE DE CALERO

Calero (el humorista) imita a la perfección la voz de Olarte; de hecho los llevé a los dos a ‘Hora 23’, en la TVC, y era como si hablara el mismo personaje clonificado. Me consta que se inspiró, a su vez, en José Manuel Bermúdez, que estiraba las coletillas del político grancanario con una gran similitud fonética. Es un político con reconocimientos insospechados como jurista o colombófilo, la faceta que siempre empleó para hacer el cuento garciamarquiano de las cartas de amor que sus progenitores se remitían con ayuda de palomas mensajeras. Siempre estuvo convencido de que Cubillo, en un acto desproporcionado, planeó matarlo. Y un día los reuní a ambos en ‘La Caverna’, el programa que hacía en televisión, y se lo pregunté a bocajarro  al abogado independentista delante de Olarte, la presunta víctima. Olarte se fijó en las cejas de Cubillo, dice que se le empinaron, y el fundador del Mpaiac trató de desmentir la acusación. Quedaron como amigos, Olarte aceptó las disculpas y contó que había comprado billetes con dragos para recaudar fondos con que financiar el regreso de Cubillo de Argel.

En la biografía de Olarte asomó el turbio asunto de Puerto Marena, a finales de los 80, cuando Antonio González Viéitez (ICU) lo asoció con una operación inmobiliaria en Fuerteventura asegurando que había participado en la petición colegiada de un crédito de más de mil millones de pesetas a la Caja Insular de Ahorros, incurriendo así en tráfico de influencia, al estar la entidad sometida al control del gobierno del que formaba parte. La denuncia quedó archivada y la comisión parlamentaria de investigación lo absolvió gracias a su propio voto en una famosa treta política con la cooperación de, al menos, un diputado que nunca fue identificado más allá de la rumorología.

Le tocó dar luz verde a la creación de la Universidad de Las Palmas, y siempre bromeaba cuando le tildaban de ‘canarión’ recordando que le había ‘robado’ a Tenerife una lagunera, su esposa María Lecuona. Y fue el padrino político de Román Rodríguez cuando en el seno de CC le cerraron el paso a su candidatura a la presidencia, portazo que nunca perdonó.

Si hubiera que ilustrar con un ejemplo al político que no se fía ni de su sombra, ése es Olarte; si hubiera que buscar el prototipo de político solo, sin edecanes, ni equipo, ni corte de adulones, ése también es Olarte, y si hubiera que explicar con un caso gráfico cómo se las arregla un político camaleónico para sobrevivir a todas las travesías del desierto, ése, sin duda, es el caso de Lorenzo Olarte Cullen, hijo de jurista represaliado, que empezó joven al frente del Cabildo de Gran Canaria y puede que culmine medio siglo de vida política como diputado autonómico y después senador (si no nos reserva ninguna sorpresa más).

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LA VENDA EN LOS OJOS ANTES QUE EN LA HERIDA

 

La fiebre de ocurrencias del monopol de moda para ahorrar energía revela, una vez más, la capacidad de fabulación del Gobierno de Zapatero. Algunas de las recetas que más da que hablar en los mentideros, como la ‘adormecedora’ reducción de velocidad a 110, contrasta con la decisión de otros gobiernos europeos de hacer todo lo contrario, con tal de aumentar la productividad. Esta es la clásica bola de nieve, que empieza sustituyendo bombillas convencionales y ópticas de semáforos por diodos emisores de luz de bajo consumo (LED) y acaba cambiando neumáticos, cerrando la oficina a la luz del día, restringiendo circular en días pares o impares y llevándose el Ministerio al extrarradio para oxigenar el tráfico en la ciudad.

El carnaval de disposiciones, en manos del Consejo de Ministros, se asemeja al repertorio más jocoso de una murga cualquiera, cuando más chocante sea la cancaburrada más impacta en la opinión pública, y el vulgo se entretiene con la serpiente de turno y no piensa en la verdadera acritud del asunto. Que no es otra que lo grave, alarmante y chiripitifláutico (en blanco y negro y ‘mala sombra’) de una posible crisis energética en puertas.

De estallar ésta, las islas Canarias se enfrentarían a una alerta roja económica, como pocas veces, con escasas reservas petrolíferas, si acaso, para un par de meses, dada nuestra extravagante importación de crudo procedente del exterior, y sin gas por la tozudez de unos pocos opositores sin alternativa y por la dejadez de unas corporaciones serviles. La dependencia energética es, siempre se nos advirtió (desde los famosos seminarios cívico-militares de Capitanía), nuestro talón de Aquiles. Somos, sin duda, el territorio de todo el Estado más vulnerable ante una eventualidad de esa naturaleza.

Y a juzgar por los movimientos de piezas en toda Europa, con el incremento del precio del barril de brent (que anuncia una inminente subida de los tipos de interés por parte del Banco central Europeo) y el descontrol de los pozos en Libia bajo un clima bélico de duración indefinida, no esta el horno para bollos, para bombillas y recauchutados. Sino para hacer cuanto antes la tarea: dotar al archipiélago de la capacidad energética que requiere (ante una crisis incierta), con el fin de desterrar el fantasma de un desabastecimiento de consecuencias desastrosas. Confió en que, al margen de la simpática chismografía sobre la variedad de tiritas disponibles para en caso de rasguños eléctricos, alguien esté comprando vendas de verdad por si se produce la herida que nadie desea. Prevenir antes que curar.

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EZEQUIEL

 

                          

Uno puede hacer como que no le afecta que se vayan antes de tiempo personas que precisa. Y es mentira. Ezequiel Pérez Plasencia era un escritor sin fama, pero se trataba ya de un autor preceptivo que tenía un lugar asegurado en la historia desde hacía tiempo, con lo justo, una obra lacónica y conmovedora.

Nos deja el inventario de esos pocos libros vitales que hablan por él como en Pavese, de los solitarios célebres, escritos con desolación, en el epicentro de su ‘tartamundo’. Era un lector fluido que, en efecto, se atrabancaba al hablar, alguien sensible, futbolero y enamoradizo. Conocía la química de las palabras. Sus narraciones, un receso en La Habana, las columnas periodísticas, los microrrelatos como Monterroso, la novela ‘El orden del día’…, ese reguero de pólvora que conduce a la hoguera de un hombre que se dejó la piel en la literatura nos explica quién fue. Un hijo de Camus y Cortázar en el raro paritorio de las letras de la isla. Vivió enrabietado con la soledad como Poe, al filo del infierno, y fue valiente consigo mismo, digno perdedor (‘la ilusión de los vencidos’), puso mar de por medio para replantearse en Cartagena (Murcia), donde el destino le tenía reservada una cita con amigos en la que iba a atragantarse mortalmente mientras comía.

Nadie elige el lugar donde morir, mucho menos donde la vida le ha sido devuelta. En su último artículo como bloguero, ‘Palabras’, del día dieciséis de este mes, dice que “el silencio es una cobardía; la palabra, una queja o defensa”. El suyo, un “silencio observador” (y coraza), seguía siendo el dos de mayo, en otra entrega, su “mejor arma”, hasta esa declaración final contra el aliado de la timidez. El mismo día deslizó un guiño a los “adioses definitivos” y sugirió la tesis de los placeres cotidianos (donde no faltara el aroma del café) antes de “unirte para siempre con el universo”. Su muerte resucita el compromiso político de nuestra generación, me acordé estos días de su hermano Nicolás, el concejal comunista. La tarde en que me invitó con Juan Cruz a presentarle en el Foro Literario (otra librería dimisionaria) ‘El regreso de Calvert Casey’, el autor de ‘Egos revueltos’ lo emparentó con Borges, y Ezequiel me tocó nervioso con el pie bajo la mesa, feliz. Me sopló que soñaba con el Alfaguara, pero el éxito de su vida fue ganar el Juan Rulfo de cuentos, en 1999, con ‘Decena de un cronopio’, entre más de 5.000 autores de todo el mundo. Benchomo y La Isla lo publicaron. Sus textos inéditos son ahora su ‘textamento’.

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EN LA RADIO, COMO DE COSTUMBRE

       

Estaba en la radio, en Radio Club, me disponía a ‘enlatar’ una entrevista. Entonces vivía prácticamente en la radio, con lo cual no es de extrañar que me cogiera con los bártulos del oficio, delante de un micrófono, con un invitado, en el estudio de grabación. De pronto, se oyó un bullicio en el pasillo y salí disparado al control central. En esa época, con Paco Padrón de director, dábamos ‘flashes informativos’ cada vez que había una noticia de impacto. Aquella era una bomba en Madrid y nos quedamos enganchados a la ‘cadena’ (la Cadena SER) durante la transmisión estremecedora en directo de la votación de investidura de Calvo Sotelo, y, tras la intromisión de Tejero, la narración que siguió en voz baja y entrecortada. En cuanto pudimos, empezamos a informar desde aquí, recuerdo bien, con el valiente testimonio antigolpista que nos hizo aquella noche Vicente Álvarez Pedreira, un presidente de la Junta Preautonómica que tenía aspecto tímido y precavido y, sin embargo, dio muestras de arrojo y convicción constitucional. Paco llamó a Capitanía, que, al menos, formalmente, se puso al lado del Rey, y todos continuamos en la radio, expectantes, hasta la intervención televisada de Don Juan Carlos, confirmando que ordenaba la retirada de los tanques de Miláns del Bosch. Años después, Iñaki Gabilondo me contó cómo se fraguó clandestinamente, siendo él jefe de Informativos de la televisión pública, la grabación providencial del Rey bajo el secuestro de TVE por parte de los golpistas. (El Rey se olía lo que se estaba cociendo, de ahí la demisión previa de Suárez, y una de las tesis más extendidas es que tanto él como algunas fuerzas democráticas estaban en la onda de aceptar una ‘solución De Gaulle’, si la situación se seguía deteriorando en el seno del Ejército, consistente en dar paso a un gobierno de concentración de todo el arco político con un militar de prestigio al frente. Pero Alfonso Armada, autonominado para ese papel, defraudó al Rey, del que había sido preceptor.) Aquella noche en vela fue, nunca lo olvidaré, la ‘noche de los transistores’, con ‘el Butanito’ (José María García) describiendo en directo los pormenores del ‘tejerazo’ desde el exterior del Congreso. Claro que pensé que todos iríamos al trullo, todos los que teníamos un rejo izquierdista, o que nos meterían en ‘cintura’ como habíamos visto en el Chile de Pinochet. Como quiera que mi hermano y yo promovíamos entonces el Movimiento de la Nueva Canción Popular Canaria, estábamos muy familiarizados con los sucesos del Estadio Nacional chileno y el aniquilamiento visceral de Víctor Jara. Curiosamente, junto a las de Taburiente, Caco Senante o Los Sabandeños, cantábamos de memoria la canción de Raimon ‘Al vent’. Había mucho compromiso y renuencia a todo golpe, habríamos salido a la calle como en los 70: ya en las manifestaciones por la muerte de Javier Fernández Quesada o Bartolomé García Lorenzo se vio que, a las primeras de cambio, la gente montaba en cólera.

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LETRAS Y MOSCAS

                    

Ustedes se preguntarán dónde está la Librería La Prensa en Santa Cruz. No está, pero existió. Entre sus paredes hacinadas de libros, yo me sentía de niño como Daniel Sempere en ‘La sombra del viento’: vocacionalmente escritor. Mi tío, el librero, vendía bajo cuerda ejemplares de ‘La prisión de Fyffes’, de J.A.Rial, y títulos de Ruedo Ibérico escondidos bajo el mostrador. Los libros prohibidos. A las horas vacías, entraban clientes fugaces que pagaban y desaparecían. Había una venta subrepticia de obras malditas cuando las letras no eran libres.

Te enterabas de historias orales y escritas, oyendo y leyendo en la esquina ilustrada de Castillo con Suárez Guerra (hoy, la tienda ‘Stradivarius’ pone música a la letra del local). A viva voz, el abogado José Arozena celebraba el hallazgo de ‘Cien años de soledad’, cuando el debut de García Márquez era noticia. Luis Alemany entraba sin pelos en la lengua. Había a menudo periodistas de paso hacia ‘La Tarde’, que estaba cerca. De ahí que en este Día de las Letras Canarias, dedicado al poeta Tomás Morales (90 años de su muerte), deba decir que están cayendo compañeros en paro como moscas. 2011, o el año de la riada de periodistas despedidos. El periodismo en la ‘calle’, cruel ironía del oficio.

Cuando estalló la polémica con los parlamentarios sobre Blas Cabrera para la próxima edición, salió a relucir el nombre opcional del periodista Pancho Guerra, autor ‘material’ de Pepe Monagas. Y me acordé de los escritores clandestinos, de Otaduy, los presos de ‘las musas cautivas’, o mi amigo Julio Hernández, que redactó miles de folios inéditos poseído del síndrome Monagas. Y de los escritores muertos. En la librería leí la edición príncipe de ‘Mararía’, de R.Arozarena, un libro misterioso, a la medida de la fábula de Zafón. Un día vi pasar de largo a F. F. Casanova (el Rimbaud canario), competimos por el Julio Tovar, quedamos finalistas, y él ganó con su fascinante ‘invernadero’. Armas Marcelo desenvaina ahora, como Unamuno, contra “la dejadez, el aplatanamiento…, el llanto del aislacionismo” de sus paisanos escritores. La primavera de las letras canarias fue en los 70. El premio ‘Pérez Armas’ de la Caja era el faro. Escribir en ‘La isla de los niños’, de R.G.Luis, y tropezarse en la calle con un autor, era una pasada. Me escapé a La Habana a comprar libros, con un encargo de Lázaro Santana: le traje el ‘Espejo de Paciencia’, de Silvestre de Balboa. Primer texto literario de Cuba. Autor: un canario del siglo XVII. Cuando nos comíamos el mundo sin cáscara, como, años más tarde, Galdós.

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EL DÍA DE LAS LETRAS Y EL DIA DE LAS CIENCIAS

 

Con el desliz de los parlamentarios, trocando ciencia por letras, habiendo errado en la elección del físico Blas Cabrera como eje de la fiesta literaria de 2012  en Canarias, se corre el riesgo, de no reemplazarlo, con mejor criterio, por un escritor propiamente dicho, de acabar infligiendo al científico conejero un trato injusto con su memoria.

Si se le sustituye con acierto, cabe a continuación restituirle eso que llamamos el honor, el derecho de imagen, etcétera, con la celebración del Día de las Ciencias Canarias, empezando por él y continuando con los que están en la mente de todos (Agustín de Bethencourt, Antonio González…). Alguna vez habrá que desempolvar a Blas Cabrera y Felipe como se ha hecho de modo consensuado con el ingeniero afincado en Rusia. Hágasele el homenaje acorde a su categoría aprovechando el desaguisado.

La personalidad del sabio conejero, uno de los mejores físicos y científicos de su época, no puede quedar arrumbada sin mayor enmienda una vez se restablezca la lógica con la designación que corresponda en su lugar para el próximo Día de las Letras Canarias. Lo que empezó siendo una metedura de pata no puede quedar resuelto con desconsideración pasando página.

Estamos ante uno de los grandes sabios canarios y europeos de la historia: parió leyes científicas, corrigió otras y logró la consagración de la mano de Einstein y Marie Curie. Era un gran físico experimental que centró sus esfuerzos en un área de enorme incidencia en múltiples campos: las propiedades magnéticas de la materia. Y sobresalió también como divulgador, con más de un centenar de trabajos fundamentales de su especialidad, lo que no lo convertía necesariamente en narrador de ambiciones literarias (no era ésa tampoco, seguramente, su pretensión). No olvidemos que ocupó en la Real Academia Española el sillón de su maestro Ramón y Cajal.

¿Cuál ha sido el desafuero? Confundir, precisamente, a un científico con un escritor y ubicarlo en un contexto equivocado, el de las letras, nítidamente destinado a poetas, novelistas, ensayistas o historiadores, según la voluntad parlamentaria en su origen. Claro que según el canon de María Moliner cabría conceptuar ciencia y literatura en el mismo universo del conocimiento, y sería deseable tal cosa pero sin atajos; la propuesta primera del Parlamento, repito, al crear el Día de las Letras Canarias no se prestaba a confusión alguna.

El caso de Tomás Morales es paradigmático de un poeta modernista de factura suficiente para merecer mejor trato de la crítica española, que, con excepciones, peca de distracción imperdonable a la hora insertarlo en el sitio que se ha ganado por derecho propio. (A los poetas canarios, por lo general, con las raras excepciones de Manolo Padorno y, por último, de José María Millares Sall y el jovencísimo Félix Francisco Casanova, se les omite editorialmente e ignora por parte de la crítica peninsular, por más que Armas Marcelo haya convocado ahora a los escritores locales, en el Foro Literario 2016 de Las Palmas, a dejar de llorar –“el llanto del aislacionismo”- y abandonar “la dejadez, el aplatanamiento”, para trascender más afuera –mar afuera-, donde no se les oye.)

A los paisanos de Morales (Moya, 1884, Las Palmas de Gran Canaria, 1921) nos cabe autoinculparnos de atenderlo con cierta pereza, salvo en esta ocasión, coincidiendo con el 90º aniversario de su muerte.

El fiasco del físico conejero (1878-1945) fallecido en México a la edad de 67 años, un exilio obligado por la depuración franquista de los catedráticos desafectos al régimen, merece un resarcimiento con reflejos, hecho desde la generosidad, sin incurrir en obstinación. 

Pésima imagen en la intraisla que aún abochorna más de puertas afuera. Valga este desvarío de la política respecto de la cultura (con la que suelen venirle mal dadas, por una negligente desinformación de bulto, a los hechos me remito) para reclamar en el debate del Estado de la nacionalidad, que está a la vuelta de la esquina, una digna aproximación al panorama de las letras, las ciencias y las artes (cultura, creación e industria)  en las islas, más allá de la cansina cantinela de reproches gratuitos y previsibles contra la política cultural del gobierno de turno desde la oposición y las respuestas a la defensiva desde el poder, si se quiere avanzar en este campo de una vez por todas. Tras decenios de indiferencia, la ausencia desde la política de interés por  la cultura (botón de muestra es el patinazo del Día de las Letras) ya no es de recibo.

Conmemoremos la fiesta literaria como corresponde en torno a la figura del poeta de ‘Las Rosas de Hércules’, que en Cuba admiraba Nicolás Guillén, nuestro malogrado médico y político Tomás Morales, que empezó muy pronto a escribir, con la urgencia de una vida que iba a ser corta, y que antes de decir adiós a los 37 años pudo conocer a Rubén Darío y Gómez de la Serna en Madrid. Y abrir paso a las letras de su tierra levantando los diques que suelen estancarla.

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LA TUMBA DEL FARAÓN

 

En poco más de veinte años, hemos asistido a sendos vuelcos de la historia: en Europa del este y ahora en el mundo árabe. La caída del faraón (en lo que parece el otoño de la fisiología política y humana de una saga de patriarcas medulares, ya anacrónicos) confirma la ola (gigantesca, el tsunami) de una marea virtual de cien millones de jóvenes que amenaza a los regímenes apergaminados del mundo árabe desde el Atlántico al Golfo Pérsico.

En las islas decimos que hace tiempo que África emigra poco. La crisis nos devaluó. Seguimos con suma atención el curso de los acontecimientos (qué torpe visita a Obiang de José Bono y los diputados españoles). Falta saber la hoja de ruta de esta ola, sus próximas escalas y el grado de pasividad o influencia de Europa y Estados Unidos si se adentra en Marruecos. En los 70, los canarios perdimos la retaguardia del Sáhara, y ahora nos llegan los turistas desviados del Magreb: la prioridad es blindar nuestra seguridad. Cierto que los enamorados (como hoy nuestro San Valentín) acuden a la Plaza de la Liberación, celebran bodas, ella con hiyab blanco, él en vaqueros, los ancianos con galabeya y turbante. ¿’Haz el amor, no hagas la guerra’ (la consigna del mayo del 68 francés), prenderá en esta ocasión hasta el final? Sí, África viene menos, sus jóvenes se quedan allí. Las redes sociales les abren los ojos. Una patera, sin embargo, llegó en enero a Fuerteventura, con inmigrantes políticos, que huían de la represión marroquí tras el desalojo del campamento de Gdeim Izik. Miles de tunecinos invaden ahora la isla italiana de Lampedusa, en estado de emergencia humanitaria.

En tan corto período de entresiglos, las placas tectónicas de la historia se reacomodan. Facebook y Twitter han ayudado a derrocar dos dictadores en menos de un mes. Esta revolución exprés bate récords. Llama la atención el perfil de mártires y líderes: el joven vendedor ambulante inmolado en Túnez y el ejecutivo de Google, héroe de la plaza de Tahrir: Mohamed Bouazizi y Wael Ghoneim. Definitivamente, 2011 no tiene nada que ver con los dos mil diez años precedentes de historia de las revoluciones del mundo, camino de los libros de texto. ¿Quién mueve los hilos de la revuelta inalámbrica? ¿Quién está detrás de los jazmines y las piedras? El premio por haber puesto en fuga a Ben Ali y Mubarak, dos pillastres que dejaron de dar miedo, debe ser la democracia y no el fundamentalismo islámico (Teherán, 1979). Era por el precio de los alimentos, pero también por el precio de la libertad.

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LA TUMBA DEL FARAÓN

 

Ha caído Mubarak. En Tahrir, la Plaza de la Liberación, cuyo nombre hoy cobra todo su significado, los jóvenes que se lanzaron a la calle han logrado derrocar al dictador. En 2011 hemos empezado por descubrir que eran posibles todavía las revoluciones. Incluso, que éstas en tan sólo unos días lograrían sus objetivos. Las revoluciones de antes duraban más, la de Cuba en Sierra Maestra, la rusa de 1917, la de la Nicaragua de Somoza por los sandinistas, guerras de guerrillas, luchas en la calle, asaltos a cuarteles y un reguero de sangre inevitable antes del triunfo. ¡Patria o muerte!, coreaban Fidel y el Che.

Esta revuelta de las redes sociales ha resultado, por lo general, pacífica, salvo los muertos de la represión y los inmolados a lo bonzo. La revolución de los jazmines, la tunecina, la del vendedor de verduras ambulante, la de alza de los precio, la del precio de la libertad. En medio de este océano de crisis de las ‘suprime’, de los hipotecados del mundo, de la banca sin escrúpulos y la pirámide de Madoff, llegan estos disturbios de Facebook y Twitter en el Magreb.

Nace la libertad en la región dilapidada durante decenios por sus dictadores disfrazados de reyes, electos y líderes espirituales. Es la gripe de los manumisos, el virus de la democracia, y no tenemos una OMS para medir las dimensiones del contagio de esta pandemia norteafricana, que nos lleva a mirar a Yemen, Jordania, Libia, Argelia y….. ¡Marruecos!

Las primeras manifestaciones han comenzado a fraguarse en Rabat. Se anuncian movimientos callejeros para el 20. España, Europa tienen que mirar para Marruecos, y esta vez los derechos humanos exigen mayor sensibilidad que tras el desalojo del campamento de El Aaiún y las persecuciones a los saharauis, algunos huidos en pateras a Fuerteventura. O se exigen cambios al rey Mohamed VI, transparencia y democracia o se monta un Túnez, un Egipto aquí al lado. Y Mohamed se convertirá en Mubarak.

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EL INVENTO TINERFEÑO DE LA RECEPCION ON-LINE

 

El invento de Manuel Luque está llamado a revolucionar el sistema tradicional de recepción de hoteles implantado en todo el mundo. Este ingeniero en Informática de Sistemas por la Universidad Autónoma de Barcelona, que acaba de presentarme el consultor José Ramón Sanz, lanza ahora desde Tenerife un nuevo sistema de recepción hotelera on-line a través de Internet, cuya patente mundial para los próximos veinte años le ha supuesto una inversión de 60.000 euros.

El descubridor demuestra así la fe que deposita en su método, para el que no sólo ha invertido tres años de investigación en un producto inédito de I+D+i+d, con la colaboración de la Universidad de La Laguna, sino que, encima, como acabo de decir, ha puesto de su bolsillo una cifra suculenta de dinero que lo obliga a endeudarse con un banco confiando en que la idea resulte, tarde o temprano, rentable. Quién sabe si Manuel Luque se hará millonario un día con este sistema de ‘checking’ de hotel, extrapolable a hospitales, urbanizaciones, grandes empresas, universidades y toda suerte de complejos compartimentados en departamentos y habitaciones que requieren control de alojamiento y máxima seguridad.

Consiste en sustituir la vetusta recepción (creando nuevos puestos de trabajo especializado sin duda y extinguiendo otros obsoletos, también) y así sortear la servidumbre de hacer cola, sustituyéndolo por una recepción virtual, en la que el cliente y usuario podrá confirmar su reserva desde casa a través del ordenador o móvil y recibir (por email o sms) el código numérico o de barras de su habitación. Se introduce, asimismo, la opción de la huella dactilar. Con esa llave virtual entrará en el hotel sin identificarse ni avisar a nadie y cuando abandone la habitación el sistema alertará que queda libre. (La puerta será modificada con el artilugio digital pertinente.) Podrá abonar por el mismo procedimiento todos los gastos de minibar, televisión de pago, ‘room service’,etc. Evitará mostrar (y, en su caso, olvidar enojosamente) la documentación personal. Garantiza el anonimato y confidencialidad sobre sus movimientos, sea cual fuere su intencionalidad como huésped (aquí caben todas las conjeturas ‘berlusconianas’ al respecto). La gestión, me asegura, finalmente, su creador, “será ágil, cómoda y eficaz”. Y, sobre todo, me digo a su vez, acorde a los nuevos tiempos (hablando con este emprendedor de 40 años, tímido y afable, a uno le empieza a parecer, de pronto, que el régimen hotelero vigente es una antigualla, algo en lo que no habíamos caído).

Luque ha tenido una idea sabia, ha sabido dar en el clavo con una aportación que, de forma casi insólita en un mundo donde casi todo está inventado, resulta que quedaba esto por hacer. Bien visto ahora a toro pasado, cuando ya hemos conocido los pormenores del invento de este ingeniero informático, licenciado en derecho y diplomado en Ciencias Empresariales en paro, llama la atención que, con tanto genio que anda suelto por ahí, nadie hubiera caído en la cuenta de que en la sociedad de las nuevas tecnologías algo había quedado caduco en uno de los sectores económicos que mueven el mundo: la vieja y arcaica (y entrañable) recepción de hotel (escuela de generaciones de profesionales del sector, que, por otra parte, estoy seguro que sobrevivirá con otro formato y otras funciones, dada la importancia del trato personal).

Ahora sólo falta que una cadena hotelera española, o europea, o americana lea esto y compre el sistema a su diseñador. Tenga la completa seguridad Manuel Luque que no le haré pasar por caja.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?