POLANCO


El último gran empresario nacional de la comunicación fue Polanco. Tenía un sexto sentido para ello y descubrió Tenerife con esa misma pericia.

Sugería ‘vender’ que este sol no es quemón (“un clima templado”), frente al del Caribe, que rasga las piedras. Pensaba envejecer aquí, retirarse en el Abama, la isla que creó en la isla en que creyó, la inversión e invención de su vida. Estaba enamorado de Tenerife. En la puerta del despacho, en Santillana, en Madrid, me despidió contando las horas que le faltaban para venir aquel fin de semana.

Habría cumplido ahora 81 años. Se ha dejado de hablar muy pronto de Polanco, el líder de la comunicación de la democracia en España, que acarreaba su propio mito como si no fuera con él. “Me quieren meter en la cárcel”, nos espetó una noche en Radio Club a Xuáncar y a mí, cuando sufrió con Cebrián el asedio político del ‘caso Canal Plus’. Habló de Aznar esa noche herido por las falsas promesas de poner fin a la cacería. Era campechano y asertivo, amigo de Felipe González y Carlos Fuentes… En una cena de ‘Son Latino’, el autor mejicano cantó una ranchera y Polanco un bolero. Asiduo del festival de Las Vistas, admiraba aquella marea humana en la playa.

A mi hermano Martín y a mí nos costaba entender que cada verano, puntualmente, nos citara en su hotel Jardín Tropical para charlar un rato. En una ocasión llegó transparente. Había estado vomitando todo el tiempo. “El almuerzo me cayó mal”. Pero no suspendió la cita, hasta que insistimos en quedar para otro día. Te llamaba al móvil, “soy Jesús Polanco”, y parecía una broma. Antonio, su guardaespaldas, nos llamaba cuando lo veía solo. Y en España seguían tejiendo la leyenda de su poder.

“¿Me dejan ayudarles?”, nos dijo el dueño de ‘El País’, delante de Paco Padrón, cuando La Gaceta naufragaba en pérdidas hace veinte años. Trabajó hasta los fines de semana para levantar empresas. El trabajo era su carpe diem desde que empezó vendiendo libros a domicilio. Un día cobró conciencia de haber levantado un imperio: cruzó el pasillo y un empleado no le cedió el paso en la puerta, porque no lo conocía. Pero en la Plaza de la Candelaria decía que el Olimpo era su negocio más redondo. En voz baja nos hizo esta confesión premonitoria: “Yo entiendo de libros y periódicos, me pregunto si la televisión será la ruina”. Deberíamos hablar más de Jesús de Polanco, de la actualidad de su ausencia.

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JÓVENES AUNQUE SOBRADAMENTE DEMÓCRATAS EN EL MAGREB

 

La revuelta popular de Túnez que provocó este viernes la caída estrepitosa del sórdido régimen de Ben Ali desata en todo el Magreb una ola de pánico, por ver las barbas del vecino arder, entre una casta de dirigentes obsoletos, ancianos y achacosos, que se aferran al poder con ayuda de una represión policial sin límites. De Túnez a Marruecos (donde reina, excepcionalmente, un joven monarca con manazas de heredero dictador) algo inusitado está empezando a suceder: a cada uno de estos autócratas disfrazados de demócratas se les ha caído el bisoñé.

Y los jóvenes iracundos que acaban de derrocar por sorpresa (de nuevo los servicios secretos de las potencias haciendo un memorable ridículo) al ‘cuasi mafioso’ mandatario tunecino, según la opinión de EE.UU., han acuñado una modalidad de protesta insaciable que no se arredra ante el fuego de una policía déspota y avanza en la calle como verdaderos zombis hasta derribar las paredes del poder. Las fotos son escalofriantes, los muertos son de verdad. Los jóvenes se salen con la suya, son la generación de la dignidad.

El estallido social de la crisis, que no se reflejó sino tibiamente en algunas capitales europeas, en cambio, en el norte de África sí se ha expandido como la detonación de una bomba, primero en El Aaiún (nuestra pesadilla, la deuda histórica con un pueblo siempre solventada plegándose al aliado alauí), y, seguidamente, en Túnez y Argel y otras ciudades de ambos países, a raíz de la subida de los precios básicos. En la antigua capital del Sáhara Occidental, el pasado 8 de noviembre, los agentes marroquíes desmantelaban a la fuerza el campamento improvisado en Agdaym Izik, donde unos 20.000 saharauis reclamaban viviendas y empleo (ni siquiera antepusieron la demanda del referéndum de autodeterminación, que produce urticaria en Rabat). Las protestas sociales en estos tres países (Marruecos, Argelia y Túnez), y las de carácter religioso en Egipto alentadas por cristianos coptos contra la inseguridad en las iglesias, tambalean un Magreb que, hasta ahora, tanto Europa como Estados Unidos consideraban bajo control, en manos de gobiernos amigos, aunque corruptos y represivos. La turística competencia de paraísos podridos.

La lección que imparte el descalabro tunecino a cargo de miles de jóvenes airados contra el gobierno por las tasas de paro y el encarecimiento de los productos básicos como el aceite y el azúcar, a costa de la sangre derramada estos días, es que el Magreb no está tan a buen recaudo como presumían las potencias norteamericana y europea, una vez más tan pueriles inocentemente. Y la hipótesis de un efecto dominó que desestabilice por completo esta zona sensible donde se está implantando Al Qaeda, enciende todas las alarmas del entumecido mundo occidental que da la sensación de que no se entera nuevamente, de que esta repentina insurgencia africana del tipo ‘mayo del 68’ les ha cogido con el paso cambiado.

Tanto la UE como EE.UU. han alardeado de tener atados en corto a estos países sospechosos pero de fachada segura, incluso económicamente solventes hasta la llegada de la crisis, como en el caso de Túnez, regido por este autócrata ahora huido como buen roedor, que desbancó a finales de los 80 a un histórico pero esclerotizado Habib Burguiba, cuya cara no se me puede olvidar porque era la imagen de la llegada de una democracia a África en mis años púberes de periodista. Americanos y europeos se felicitaban hasta el otro día del régimen de Ben Ali, un gobernante abducido por su segunda esposa, que había sido vendedora ambulante y se transformó en una enferma facinerosa que amasaba fortuna mientras su marido, ya caduco y estragado por un cáncer de próstata, hacía dejación del poder entretenido en jugar con su único hijo varón de cinco años, que vino al mundo tras una sucesión repetitiva de hijas que no lograron rendirlo. En los ‘papeles de Wikileaks’ se describe al clan Trabalesi (Leila Trabalesi es la susodicha primera dama) y al patriarca otoñal como una ‘cuasi mafia’.

Pero tanto USA como UE lo tenían por un país aliado (aquello que respondió Roosevelt sobre Somoza, “sí, es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta”) e ignoraron la golfada de un gobierno corrupto y abusivo, hasta que una turbamulta de jóvenes hartos tiró por la calle de en medio el otro día y resulta que acabaron con el dictador. El imperio –ni con Obama- nunca aprende. Otra en la frente.

Túnez es el espejo de otros estados magrebíes. Puede que no pase nada o puede que pase. En Argelia, en Egipto (dos líderes de avanzada edad y penosa salud) y hasta en Marruecos. España, Francia, Italia, Europa han mirado estas últimas semanas para otro lado, insensibles hasta la exasperación ante los desmanes, por ejemplo, de Rabat; no han querido saber nada de la violación de los derechos humanos de Marruecos contra los saharauis, a los que desalojó de las jaimas a lo bestia y luego persiguió como a una plaga por las calles y las casas de El Aaiún, sin permitir la presencia de periodistas. Una ignominia que pesa sobre las espaldas de los adalides europeos de los derechos humanos, incapaces de condenar a Marruecos, y una vergüenza de las autoridades españolas, que flirtearon con una indigesta versión oficial, con tal de no pronunciar la palabra “condena” al lado de la palabra Rabat.

Canarias ha permanecido expectante e incrédula ante estos sucesos, y los de Túnez y Argelia, con mayor firmeza que Madrid, exigiendo que el gobierno español pusiera en su sitio al marroquí por decencia humanitaria, sin tener por ello que desbordar el vaso de las buenas relaciones entre dos estados con mayoría de edad. Pero, no sólo España, sino la UE en su conjunto (“Ningún suceso va a alterar la relación entre Marruecos y la UE”, sentenció la ministra española de Exteriores Trinidad Jiménez, en un renuncio infantil de la postura española proclive a dar la razón incondicional al socio) optó por hacer caso omiso a los incidentes de noviembre, para premiar a Marruecos con un acuerdo agrícola ventajoso en detrimento del tomate isleño, andaluz y del levante español, y reforzar sus lazos contemplados en el estatus avanzado que Bruselas ha concedido al reino alauí.

Bajo el sofisma de que estos estados norteafricanos prooccidentales actúan de cortafuego del radicalismo islámico y frenan la inmigración clandestina, Bruselas y Washington han consentido la continua violación de los derechos humanos y la falta de libertad de expresión –incluso el apagón informativo cerrando el paso a cualquier periodista que pretendiera meter las narices en sus razias políticas-. Los primeros saharauis que lograron evadirse burlando el cerco marroquí y llegaron en patera este mes a Fuerteventura colocan de nuevo a España –como hace un año Aminatu Haidar al ponerse en huelga de hambre en Lanzarote- en una de esas posiciones incómodas con Marruecos, por falta de tradición en el cumplimiento del precepto de saber ponerse en su sitio: han pedido asilo político, y el Ministerio de Interior no ha tenido más remedio que admitir a trámite a cinco de las solicitudes. Es que algunos trajeron consigo hasta pruebas gráficas y fílmicas del atropello de los gendarmes marroquíes contra sus personas, y negarles tal derecho sería un escándalo.

Así que éstas tenemos en el Magreb vecino. Bastó que el pasado 17 de diciembre un joven vendedor de verduras, que fuera manoteado por un policía que le prohibió la actividad, se quemara a lo bonzo ante una sede oficial, acabando con su vida, para que prendiera fuego esta inesperada revolución inédita de jóvenes musulmanes aunque sobradamente demócratas, como aquellos ‘jasp’ de la campaña publicitaria de los 90, que eran jóvenes aunque sobradamente preparados.

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EL MESSI DE LA POLÍTICA CANARIA ES…

El debate del estado de la nacionalidad (22 y 23 de febrero) acapara una lógica expectación (intriga, diríamos, en honor a Hammet, padre de la novela negra, género que rige la actualidad últimamente en las islas), por cuanto tres meses exactamente después se celebrarán elecciones autonómicas y locales a cara de perro, las de mayor suspense (esta vez Hitchcock entra en escena) de las siete legislaturas que concluirán ese día (22 de mayo).

A sangre y fuego se medirán los candidatos (Paulino Rivero y Soria, a falta del socialista José Miguel Pérez, ausente, como se sabe, de la cámara que hablará por boca de Manuel Marcos). Será un debate electoral propiamente dicho. A careta quitada (aunque ahora se pone de moda a calzón quitado). Me dice al oído el presidente del Parlamento, Antonio Castro: “Si yo fuera periodista, no me lo perdería”. Castro guarda constancia de casi toda la historia política de esta tierra desde la preautonomía. Habrá que hacerle caso.

Soria tendrá que explicar ese día por qué abandonó el pacto tras la foto de Zapatero y Paulino Rivero en la Moncloa. Fue iniciativa suya, según algún albacea del secreto. Vio la foto, se rebotó, llamó a Rajoy en caliente, le propuso la estampida, se tomaron la mañana dándole vueltas y, finalmente, le dieron el ok: “Haz lo que creas conveniente”. Pasaron las horas y desde dentro (esto es de sobra conocido) le salieron voces refractarias a abandonar los cargos, los cobertores del poder y sentir el frío de la oposición. Pero Soria es frío, a su vez, y no pestañeó, confía en sacar rentabilidad a la decisión de tener las manos libres. Se le hacía cuesta arriba presentarse a las elecciones yendo de la mano del socio que apuntala a Zapatero, el enemigo número uno del PP.

Ese pleno del debate será como el próximo derby. Le pregunté en Radio Club a Castro quién es el Messi de la política canaria y no dudó un segundo: “Paulino Rivero”. Lo dijo a bote pronto, bien para zanjar cualquier malicia sobre el desafecto entre ambos desde el episodio del último congreso de CC, que afeó la candidatura de Torres Stinga avalada por el presidente del Gobierno, o bien por convicción. Lo cortés no quita lo valiente. Castro es palmero (tanto por diplomático como por caballero). Castro es un político que espera.

En CC todos están a verlas venir. Si Paulino Rivero gana o queda segundo y preside el gobierno, cerrarán filas; si queda tercero y lejos de la presidencia, La Palma y El Hierro (API y AHI) formarán una pinza para girar hacia un pacto con el PSOE, a fin de obtener la vicepresidencia y la consejería de Economía y Hacienda. Esa es la pieza a cazar. Castro –que ha decidido no aspirar a seguir como presidente del Parlamento- la quiere cazar él (teoría toda ella expuesta así sin mayor refutación o validez que la meramente barajada en los mentideros habitualmente bien informados). Pero es disciplinado. pese a ser un defensor nada entusiasta del pacto de CC con el PSOE para sacar adelante los presupuestos de 2011 y, de paso, evitar que un adelanto de las elecciones generales las hiciera coincidir con las autonómicas, auténtico terror de los nacionalistas. Castro es esto, un nacionalista, que pugnó sin éxito por la reunificación de la ‘familia’ escindida, y, por muchas leyendas negras tejidas en torno a su presunto amago de deserción en la célebre moción de censura de Hermoso a Saavedra en los 90, ha permanecido fiel a las filas de la alianza política que ayudó a forjar.

No es el mayor fan de Paulino Rivero, pero tiene altura de miras y reflejos. “¿El Messi de la política canaria?”, se repreguntó a sí mismo cuando le requerí esa respuesta con la foto mañanera del futbolista en la prensa alzando el balón de oro. Y añadió sin inmutarse: “Paulino Rivero”. El 22 de febrero seguirá las palabras del presidente en el estrado con el oído sobre su cabeza, como el oráculo que es, aunque otros vean en él una espada de Damocles.

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LA NOTICIA

En la pocilga de esta crisis hay todavía muchos desechos de los estragos que ha ocasionado en empresas, mano de obra y administraciones. La crisis dejó el sistema en los huesos. Para el arrastre. Los nervios desquiciados a mucha gente. A saber el recuento de víctimas y victimarios. Lo cierto es que ya ha habido algún suicidio sospechoso en la capital tinerfeña (a poco del de un hijo de Madof, el legendario estafador de los millonarios), acaso un efecto colateral de la tragedia económica de esta generación. Quién sabe. La historia de Suárez Gil, el ‘zorro plateado’, desmenuzada en todos sus detalles y sin que sirva de atenuante a la arrancada de encañonar a su mujer con un arma de fuego de un excedido arsenal, termina desembocando en las mismas aguas de la crisis en que han naufragado tantos iconos del éxito social y económico en los dos años del crack. Empieza uno a aburrirse hasta del lenguaje al uso: rescate, primas de riesgo, bonos de la deuda…, ah, y el ataque de los mercados, como la guerra de las galaxias contra el euro caído en desgracia. Todo pasa a ser mentira: ahora resulta que no es tan determinante luchar con eficacia contra el déficit, sino responder satisfactoriamente a los plazos de pago de la deuda, con lo cual estamos asistiendo al viejo dilema de los países subdesarrollados de América Latina en los años 70, cuando se planteaban si pagar o no la dichosa deuda externa. Lo mismo. Se ha puesto muy pesado el mundo económico y político. Los gobiernos y los dirigentes pierden prestigio a pasos agigantados (la encuesta del CIS viene calificando a los políticos como el tercer problema del país, y ya nos hemos acostumbrado a que sea así, sin alternativa, como si la democracia fuera finalmente una gran decepción sin remedio: frustrante), las elecciones pasan factura a unos y otros. Aquel 11-S de 2001 le dio la vuelta al calcetín, todo pasó a ser otro mundo de otro modo. Todo va más deprisa cada vez. Internet pronto quedará viejo y obsoleto, supongo. Obama, la aureola de Obama duró lo que un caramelo en la puerta de un colegio, y ya mismo, como si el hito del primer presidente negro de los EE.UU. fuera una noticia de hace cincuenta años y no de tan sólo dos, el voto dio un volantazo y donde predominaron los demócratas ahora prevalecen los republicanos, y donde la limitada Sarah Palin era el hazmerreír se ha convertido en la diosa del ‘tea party’ de los mil demonios, a cuya cruzada radical –seguramente de forma injusta- achacan el atentado de un perturbado en Arizona. Todo también es muy previsible, como escrito en un guión que de antemano presuponemos. Eta reitera que se retira, pero sin entregar las armas, como quien anuncia que dimite para hacerse querer y nunca se va, o como quien gasta la misma broma pesada hasta el agotamiento. Que no, que Eta no se rinde, que Batasuna no condena la violencia, que no, que esa “no es la noticia”, que diría Rubalcaba. En este hartazgo del cotarro, por llamarlo de algún modo, tropiezo con la siguiente noticia: una mujer muere a los 60 años en Canarias, dejando una fortuna en herencia. Se llamaba Concha, Concepción Valencia, vivía en un chalet de Telde desde hacía trece años, era controladora aérea (por cierto, hasta el sábado seguimos en estado de alarma en los aeropuertos). No sé si sabía que a cien mil canarios se eleva este año la cifra de parados sin prestación que dejarán de percibir los 426 euros y no tendrán donde caerse muertos. Era soltera y no tenía muy buen concepto del ser humano. Dejó todos sus ahorros, 3 millones de euros, a 50 burros, 225 linces y 400 perros y gatos. Y ésta sí es la noticia.

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DESCUBRIENDO A OTADUY

 

Otaduy –quédense con este apellido- escribió una novela sobre Tenerife hace más de 50 años. Se lee fácil, se vive como un texto logrado, y es una rareza literaria como pocas sobre la isla. Esta obra que surge como del cementerio de los libros de ‘La sombra del viento’ es una novela recién nacida que llevaba, por tanto, más de medio siglo escrita y guardada. Ese tipo de hallazgos que a uno llega a conmover.

Llegó a mis manos a través del exeurodiputado Manuel Medina, amigo común del autor y el que suscribe. Otaduy es un desconocido para los lectores, apenas ha publicado un volumen de cuentos y una novela breve, y, sin embargo, se nos anuncia discretamente como padre de “una extensa obra narrativa en proceso de publicación”, que ya mismo me dispongo a demandar a su editor para que no se retrase como ésta. Llama la atención. Hay cierta bruma que envuelve la narrativa, una obra automaldita, de este ferrolano autodidacta, inédito y sugerente hasta el punto de poder convertirse en ‘fenómeno Otaduy’.

Leo con sorpresa y avidez su novela sobre la isla, sobre las islas, ‘Tenerife y las palabras. Cuadernos de Canarias’ (Ediciones Hontanar, 2010). Tiene intensidad y despacha un estilo sin pretensiones que avisa de la presencia de un escritor bien dotado que se basta por sí mismo. Es una sucesión de escenas que no tienen por qué llevar un orden argumental, ni siquiera el argumento existe, pero los personajes –reales y camuflados bajo otra identidad- entran y salen como gustaba a Roberto Bolaño en ‘Los detectives salvajes’; a veces recuerda al escritor chileno tomando café con leche en bares hasta altas horas. Nos lleva de la mano con aquella habilidad de Salinger en ‘El guardián entre el centeno’. Y uno se pregunta qué ha sucedido con este Luis Otaduy Guerreiro, que hace cincuenta y tantos años, cuando el mundo era feliz e indocumentado, fue capaz de escribir esta novela y luego sentarse a esperar hasta tener 80 años para que los demás la pudiéramos leer.

Hay pocas novelas sobre Canarias con esta calidad observadora de un huésped certero y con esta fuerza narrativa que es más meritoria por esa ambición de la que carece. Fue escrita en las guardias de la mili, con la fogosidad de una juventud mujeriega y enamoradiza, y con un olfato para quedarse con todo: sobre el paisaje, las costumbres, el deje, el mago, la gastronomía… Y la soledad, el aislamiento mítico que divorcia al isleño del ‘godo’, preso en la jaula para servir a la patria sin sentir incomodidad alguna, sintiendo una íntima fascinación por ello: “A veces pienso si estoy en el limbo, si estas siete islas en vez de un paraíso son un limbo; más que la distancia, más que el mar, separa el silencio”. Perplejo por el trasiego de barcos de todo el mundo, proclama, “aquí hay vida”. Traspasa la frontera de cristal de Santa Cruz a La Laguna y descifra su morfología: “Sabe a América andina, a Castilla trasplantada, a monjas de piel oscura, a cielo azul, rosarios y palmeras”. Un sensitivo Otaduy comprende a la primera el misterio de estas islas: “Aquí me han entrado ganas de ir a América”. Y, sin embargo, se percata a la primera del otro extraño emparejamiento con Europa, un puente insospechado en la España de mediados del XX, cuando, viajando por la isla, escribe: “La ciudad más próxima a La Orotava es Londres, el camino del plátano termina allí”.

Lo que más me interesa de este novelista clandestino es –ya lo he dicho- su modo narrativo y la mirada que posa en todo lo que ve. Describe los sitios con la memoria fotográfica de un pintor hiperrealista y se expresa con una poética pausada de diario de a bordo. De verdad que incita a no dejar de leer lo que se le ocurre o le ocurre con la visión del Teide ante una tapa de lapas, o cuando coge la guagua para ir al Puerto de la Cruz, donde “pasan inglesas en bikini, pasan francesas y vuelven a pasar inglesas”, o pasa el dromedario con turistas. 

No sé qué tiene Otaduy que seduce y dan ganas de compartirlo, darlo a conocer para que otros lo descubran también. Seguro que les intrigará saber por qué saltan de una página a otra si no hay thriller, ni suspense, ni ‘engodo’, sino un complaciente hilo emotivo de los amores, amigos y recuerdos de la mili que el autor ya octogenario desempolva sin limar la frescura casi marina de tales acontecimientos juveniles.

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LA AVENIDA RICARDO MELCHIOR EN SENEGAL

 

En Senegal se han ido estrechando los lazos con Tenerife. El día 16 dedicarán una avenida al presidente del Cabildo de la isla, Ricardo Melchior, en Saint Louis, la segunda capital del país africano que preside Abdoulaye Wade y la primera ciudad europea fundada en África. Al político tinerfeño lo avalan en la nación de los cayucos las iniciativas solidarias que ha liderado desde la institución que preside. El mismo día inaugurarán un invernadero y una fábrica de reproducción de jatropha, la planta destinada a producir biocombustible.

La Avenida Ricardo Melchior en esta ciudad construida en una isla del río Senegal (capital política del África occidental francesa hasta principios del siglo XX) simboliza un idilio entre Senegal y Tenerife que data de la crisis de los cayucos de mediados de la década pasada.  El presidente del Cabildo se reunió con Wade, un histórico dirigente octogenario que está de vuelta de las políticas erráticas de Europa de colonización del continente negro. Hablaron de la inmigración salvaje y suicida a Canarias a través del mar, y Wade vio atendidas sus demandas por el Cabildo de la isla después de que el Gobierno español le conminara sin éxito a disuadir a sus jóvenes inmigrantes de la ruta temeraria a las islas si no quería perder lar ayudas de Europa.

La política de donante internacional del Cabildo –inversión solidaria a cambio del cese de los cayucos- resultó paliativa. Senegal y Tenerife han cimentado una cooperación fructífera de largo recorrido, y el 16, Melchior asistirá al acto en que se pondrá su nombre una extensa avenida de Saint Louis, la ‘Venecia africana’, Patrimonio de la Humanidad desde 2000, una ciudad mítica inmortalizada, a causa de un naufragio, en el célebre cuadro ‘La balsa de la Medusa’, de Théodore Géricault, que cuelga de las paredes del Louvre.

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EL TURISTA QUE VIENE DEL FRIO

 

El controvertido tema de los brotes verdes, que puso de moda Zapatero y ahora rescata Paulino Rivero, invita a extremar las precauciones sobre el año económico que acabamos de emprender. Para que no se tuerza un optimismo fundado en convicciones fiables, y devenga la versión más catastrofista de los amigos del todo va mal, incluso a peor y los Reyes nos dejarán carbón el jueves bajo la lógica de a perro flaco todo son pulgas.

Llegados a 2011, y visto el último parte del paro correspondiente a diciembre que publicó el martes el Ministerio de Trabajo (e Inmigración, termómetro de que el empleo remonta cuando ella repunta en nuestras costas y aeropuertos), ya nadie a estas alturas debe tener dudas de que en Canarias hay una tendencia favorable en el mercado laboral, pues desde mayo (con una salvedad no alarmante en octubre) baja, mes a mes, el desempleo en la comunidad que tiene la tasa más alta de todo el Estado. En el último mes del año pasado, las islas registraron unos 2.000 parados menos, la quinta parte de toda España (más de 10.000). De manera que, aunque persiste la pérdida de afiliados a la Seguridad Social, se reaviva la oferta de trabajo.

No es despreciable el hecho de que diciembre haya sido el mejor mes laboral del país en la última década, si, finalmente, es una señal de que la crisis tocó fondo y comienza la lenta rehabilitación de una economía que estaba en coma.

En Canarias, no sólo debemos mirar al barómetro del Ministerio de Trabajo (ya no digo al del CIS de diciembre, que torpedea toda tentativa de levantar el ánimo, vertiendo un jarro de agua fría sobre 2011, con la mayoría de los encuestados esperando que empeore el desempleo, la inseguridad, las drogas, el medio ambiente, la vivienda, la inmigración y las pensiones), sino, también, a la evolución del paro en Alemania, de cuyo restablecimiento dependemos en gran medida: es, junto a Reino Unido, un emisor clave de clientes turísticos de nuestro destino, con Günter Grass a la cabeza hospedándose en La Palma.

Y el último informe (esta misma semana) de la Oficina Federal de Estadística refleja cifras de contratación que baten un récord de empleo, lo cual es la mejor noticia que recibe Canarias en este umbral de año, al lado del recorte del paro local. La Alemania de Angela Merkel, la senderista de La Gomera, vive un milagro económico en toda regla: se comporta como si no hubiera tal crisis a su alrededor, con índices de pleno empleo en algunos länder y tan sólo un 6,2% de paro en todo el Estado.

El reto de reducir a la mínima expresión ese volumen desproporcionado de 254.000 parados en el archipiélago pasa por la revitalización del turismo, sobre lo que parece existir un amplio consenso. De ahí que la bonificación de las tasas aeroportuarias puede ser considerada la medida más eficaz del año 2010 para Canarias (al menos, para el el turismo y la economía de las islas).

De todos es sabido que, entre la multitud foránea, se cuelan a menudo practicantes del balconing ciegos de alcohol, de cuando en cuando algún pedófilo vergonzante huido de las redes policiales, o un mafioso siciliano condenado en rebeldía a cadena perpetua por degollar a tres miembros de una familia por encargo de la Cosa Nostra, como el prófugo Salvatore Marino, sorprendido en el sur de Tenerife. No es el primero, ni será el último de un listado de camorristas, narcotraficantes y traficantes de armas, genocidas, nazis y otras malas hierbas, que confirman las peores sospechas de Roberto Saviano, el autor de `’Gomorra’. La cara y la cruz de esta parada y fonda que nos da de comer a más de dos millones de estómagos compelidos a simpatizar con rufianes y turistas de bien.

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‘DOSMILONCES’

Y esto ya es 2011, con más visitas en Facebook que en Google, lo cual no sé si es para alegrarse. No es mala hora para venir al mundo –lo dice un debutante papá tardío-, porque el nuevo huésped isleño –año nuevo, vida nueva, 7.000 millones pronto- no se va a enterar del tsunami que sepultó el estado de bienestar y la socialdemocracia de Anthony Giddens y cia. Tendrá una tierra y un mar (ya sé que hay una ‘ola’ que cuestiona esta aseveración) y sacará el petróleo.

Los ‘hijos de la crisis’, sin el pan bebé bajo el brazo (la otra lotería del niño), nacen con el cheque sin fondo de las dos de la madrugada, como el primero que vio la ‘luz –más cara- al final del túnel’ en el Materno Infantil de Las Palmas. Les recibe un país sin humo en estado de alarma. Para cuando tomen café en el bar no tendrán ni pitillo ni periódico. Hans Magnus Enzensberger nos contagiaba de fe en los ‘desayunos del Mencey’: siempre habrá diarios de papel, son parte del ‘breakfast’ (cómo quiera que se diga en alemán).

No,  no es mal año para venir al mundo, pero quién iba a imaginar que sería el primero sin el ‘papel’ de Iñaki en la sociedad española de la información. A Gabilondo, en Madrid, a finales de los 90, había que sacarle las palabras con cuchara –le turbaba hablar de sí mismo y, sin embargo, le desahogaba, como a Vargas Llosa sincerándose sobre la familia el día del Nobel-. Hasta que me reveló su pesadilla: que murmuraran a sus espaldas que debiera retirarse, como vio hacerle a su maestro, Antonio Calderón, padre del ‘teatro del aire’. Sin Iñaki, un modo de periodismo está ahora mismo en el aire.

Con 68 años, uno más que el pensionista del 2027 (¿habrá periodistas para entonces?), está ‘como una puncha’, como pasó con Walter Cronkite y Larry King, después de correr los sanfermines del oficio y chuparse el 23-F bajo secuestro en TVE esperando esa noche la cinta con las palabras del Rey. Antes de este cierre de CNN+, en la SER era dios. “No es que Iñaki Gabilondo esté en la SER, es que la SER está en Iñaki Gabilondo”, nos dijo Augusto Delkáder para la biografía del periodista donostiarra, ‘Ciudadano en Gran Vía’.

País de pobres gentes preguntándose si ir a votar esta vez. Felices vástagos ‘dosmilonces’, el ruido electoral no les dejará ‘dormir’.

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VIEJO AÑO NUEVO

 

El año que está a punto de expirar, pronto, dentro de escasas horas, dejará de tener que ver con nuestras vidas, como una novia que nos deja, una casa de la que nos mudamos, un trabajo que dejamos atrás. Todas estas sensaciones de desarraigo y búsqueda de raíces nuevas nos asaltan en estas fechas cada año, con una reiteración que no evita la postura expectante de uno ante el misterio del año que viene, cargado de todo lo que ignoramos y ansiamos adivinar.

Yo he tenido este año que dice adiós la suerte de ser padre y ésa (no sé por qué pongo el acento aún) es mi historia, mi acontecimiento. 2010 me deja una huella para toda la vida, lo que altera esa norma de los años que pasan de largo en una infalible y repetitiva Nochevieja. Esta vez no. 2010 ya nunca me dejará indiferente en su marchamo, como si este año me acompañara para siempre en la memoria y en la figura del vástago que ha venido a llenar la casa como si hubiera estado, en realidad, vacía antes de que llegara él.

De hecho, mi mujer y mi suegra se han aplicado estos días a reformar la vivienda, pintarla, diría que agrandarla transformando el ropero en una nueva habitación irreconocible, y todo esto no tiene otra justificación que la presencia de Ángel Benza, ese nuevo ciudadano que acaba de nacer en medio de la crisis como el habitante de un mundo nuevo que como el nuevo año desconocemos por completo cómo piensa ser.

Y ese suspense que llamamos futuro es un tal 2011, otro capítulo de la novela de nuestras vidas en que seguimos siendo actores en busca de papel. Esa novela coral que dicen que ya va por 7.000 millones de personajes.

Feliz año nuevo.

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EL FIESTÓN DEL FMI

 

La jeta del FMI, el gendarme de la austeridad, que impone una disciplina de gasto estajanovista desde hace más de medio siglo a países en crisis y que en la actual depresión ha metido en cintura a todo el que se mueve, incluida España, desborda lo éticamente tolerable.

Ya de por sí al director gerente de la institución, Dominique Strauss- Khan, rodea cierta leyenda de ‘viejo verde’, y esta vez, en la velada de Navidad del día 11, se le ha ido la mano, dado el desmesurado fiestón que ofreció a más de 2.000 periodistas, fondomonetaristas e invitados múltiples en la doble sede del organismo guardián del ajuste mundial.

Una vergüenza, semejante al reparto de bonos millonarios de los altos ejecutivos de los bancos socorridos con dinero público en los primeros embates de la crisis financiera. Un desmadre, como el lujo asiático al que se resisten a renunciar mandatarios africanos y asiáticos propiamente pese a la miseria y abandono de sus pueblos.

Cuentan las crónicas de Washington que en la calle 19, muy cerca de la Casa Blanca, el FMI tiró la casa por la ventana, gastó generosamente en bandas de salsa y techno, discotecas bañadas en el sudor de una lujuria promisoria y desestresante de los padres del recorte universal, restaurantes de comidas plurinacionales y barra libre de postres, café y alcohol.

Este despilfarro a lo bestia provoca un estupor elemental que cuesta creer que nadie evitara a tiempo, como si de la cabeza caliente de la economía mundial, el cerebro de las recetas más draconianas de ahorro y astenia inversora de los presupuestos de los países más desarrollados, se hubiera adueñado una bandada de pajaritos preñados que nubló radicalmente el más mínimo sentido común de estos señores en cuyas manos estamos los desgraciados parias de la crisis que hemos restringido el menú de Navidad, imbéciles de nosotros.

Chiquitas cabezas para exigir la inmolación, por imperativo de la austeridad, de los dirigentes más quemados de la historia política, de Gordon Brown a Zapatero, pasando por griegos e irlandeses intervenidos, a quienes, a la vista de esta indecencia, les entrarán dudas (también náuseas) sobre el acierto y conveniencia de instrucciones tan estrictas y hasta estúpidamente autolesivas como dictan a todo estado que recibe su ayuda, como si, en realidad, fueran modos de tortura disfrazada ideados por una mente perversa que disfrutara haciendo sufrir a esos países de la lista negra con la sordidez de un club de déspotas dirigido por un sátrapa brutal del capitalismo moribundo, mientras manosea y deja escapar risitas de mujeriego ya fondón a la subordinada de turno con la que anda amancebado según las malas lenguas. Es evidente que semejante satanización del organismo resulta descabellada, pese a ser ciertas algunas acusaciones vertidas en su día contra Strauss-Khan por un romance pasajero con una empleada. La torpeza se debe a la soberbia, que es moneda de uso corriente últimamente entre pequeños y grandes líderes (locales o mundiales, municipales o transnacionales, la peor generación de la política que se sepa, por corrupta y sinvergonzona).

Ahora bien, que la institución elegida por el G-20 en la reciente cumbre de Seúl como el árbitro de la recuperación económica del mundo, organice, el año que más fondos está recibiendo de los países para combatir la crisis, una bacanal sin cortarse un pelo, es un insulto a los ciudadanos, que empiezan a hartarse de verdad de la incompetencia y bajeza moral de muchos de sus dirigentes. Hasta que unos cuantos miles no tengan nada que perder, y entonces…

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión 1 comentario