PROHIBIR

 

A los gobiernos les entusiasma la idea de prohibir, como una manera drástica de sentir que ejercen el poder. No se entiende gobernar sin prohibir algo. Busque algo que prohibir y mande, dicta el oráculo del poder a todo poderoso que se precie en la tierra. Y esto vale para dictaduras y democracias, ambas rehenes de un mismo tic. Prohibir. En la España finisecular se prohibía mucho, como si el cambio de siglo y milenio impusiera dejar las cosas claras y el chocolate espeso, antes de afrontar una nueva era, que ‘era’ un misterio. Pero si en los años 60 nos prometíamos un mundo libérrimo, sin guerras y con mucho sexo, y no fue así ni John Lennon vivió para contarlo, esta primera década del siglo XXI ha sido desalentadora. Ni este mundo sin polos aparentemente ya tan opuestos, ni la caída del muro de Berlín, ni la llegada de un presidente negro a la Casa Blanca son síntomas de cambio. La crisis nos arrancó de ese sueño. Y toca, de nuevo, prohibir.

A Europa le ha entrado una fiebre prohibicionista en lo económico que causa espanto. 2011 va a ser un año harakiri. Hemos aprobado los presupuestos más austeros de la historia como quien se dispone a una dieta de adelgazamiento más severa que una huelga de hambre. Y a la vuelta de unos días, tendremos un mundo anoréxico, mal de la cabeza. Tengo la sospecha (no ser economista es una suerte para poder decirlo) de que nos hemos hecho el harakiri y no tardaremos mucho en darnos cuenta.

Prohibir. Prohibir la inversión, como máxima expresión de ese culto a la austeridad. A una ‘velocidad’ de vértigo hemos pasado de circular a 200 kilómetros por hora a hacerlo a 20, y a paso de tortuga tiramos por tierra todos los dogmas. Lo que hasta ayer mismo eran axiomas intocables del Estado de bienestar, ahora se vuelven principios fundamentales de un nuevo mundo ascético, a pan y agua, que nos irá devolviendo paulatinamente a la cueva de la que venimos.

La gran paradoja es que los señores (amos del mundo, uníos) que se han cargado todo esto, los de las hedge funds y demás productos volátiles que fingieron ser la nueva economía de un nuevo mundo, son ahora más ricos que antes de que saltara todo por los aires. Y los miles de millones restantes (es decir, la gran mayoría, exceptuada esa élite de ladrones) estamos, estaremos pagando los platos rotos seguramente el resto de nuestras vidas. Nos jodieron bien jodidos. Y no tenemos una fórmula de recambio. Salvo prohibirnos a nosotros mismos todos los derechos que habíamos conquistado.

Ya puestos, a algunos gobiernos (el español es un ejemplo muy gráfico) les ha faltado tiempo para prohibir fumar a trancas y barrancas, haciendo primero una ley y luego otra, y cuando llegue el PP otra, a su vez. Prohibir fumar a machamartillo puede llegar a ser tan incauto como legalizar las drogas sin la debida campaña de educación previa. Y en ésas estamos, precisamente hoy.

¿Alguien ha medido las consecuencias ‘sanitarias’ (las mentales cuentan) de machacar más allá de lo tolerable a ese prototipo de hombre-mujer de la crisis profunda, parado, condenado a jubilarse después de muerto, al que se suprimen los 426 euros y encima se le quita el pitillo de la boca delante de la gente? País.

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EL AVE QUE NO ANIDA EN CANARIAS

  

La ola de frío y nieve que adorna Europa de una estampa navideña tan bucólica como ingrata, cotiza al alza el destino turístico de este solar que acepta de buen grado hacer de balneario oportunista de alemanes, ingleses y de cuantos anhelen pasar unas pascuas junto al mar bajo temperaturas decentes con la trilogía de Stieg Larsson en versión e-book bajo el brazo.

Tenemos que seguir vendiéndonos con aquel eslogan de pega que no fallaba nunca, el de ‘eterna primavera’, cuyas resonancias mitológicas de paraíso homérico a salvo del frío y la nieve y de jardín de doradas manzanas de la inmortalidad nos conviene airear, doce siglos después, para despertar la curiosidad ajena en la Europa polar que tiene posibles para hacerse la cirugía plástica y, cómo no, si se la ahorra tomando un avión y escapando del crudo clima a las ‘Islas Afortunadas’, membrete que debemos al amigo Plinio, el padre de la ‘marca canaria’.

Si las islas consiguen en verdad un millón más de turistas en 2011, vía Rynair, nada cabe objetar si tenemos un mínimo de cordura, lejos de aquellos reproches de los años 80-90 hacia el turismo de aluvión (pendenciero en las Verónicas o San Bartolomé de Tirajana, que todavía no practicaba el ‘balconing’, pero ya arrojaba el mobiliario por el balcón del hotel bajo el ‘pedo’ y alucinación de turno) en favor de un hipotético cliente con calidad y poder adquisitivo que nunca vimos crecer de forma convincente pese a la media docena de hoteles de lujo que se alzaron al calor de la buena intención de los teóricos del sector. Ese debate estaba bien para los años de estómago contento, y se cae por su propio peso cuando la economía se estanca y su único motor es, de nuevo, el turismo de masas, con el cuentavisitantes en cada aeropuerto sumando sin parar como si fueran amigos en Facebook.

Por desgracia, a Canarias sólo llegan las aves (y metafóricamente las de fuselajes, los aviones) y no los ‘Aves’, cuya profusión en la España peninsular hasta resulta insultante para un isleño del mismo Estado, excluido de antemano de todo disfrute de una porción de esa alta velocidad harto costosa, que es un atractivo turístico al que no podemos aspirar y por el que no se nos compensa como debiera para competir en igualdad de condiciones, por ejemplo, con el Levante español, ahora que el Ave Madrid-Valencia ha sido inaugurado por la flor y nata de la política española, salvo Rubalcaba, que volvió a hacer de avatar de Zapatero en Afganistan.

Ave María Purísma, recemos. De ésta se sale rezando, si no fuera por la cantidad de incrédulos que hay.

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CENTENARIO LEZAMA

 

Lezama, como Borges, un autor poco premiado y, sin embargo, fundamental, hace que éste sea un domingo lujoso de poeta grande, grandullón y asmático como Proust, que era también terco escribiendo contra toda inspiración.

Hoy es el centenario del nacimiento de José Lezama Lima (19 de diciembre de 1910 – 9 de agosto de 1976), el poeta y prosista cubano que alteró el curso de las letras del siglo XX, con su ‘Paradiso’, su ‘Muerte de Narciso’ y su ‘Enemigo rumor’. El escritor ‘aislado’, que le habría venido al dedillo al cineasta Miguel G. Morales, un poeta de “soledad suficiente, digna y necesaria’, escribe Raúl Rivero.

En la Habana, la ciudad se visita y deletrea con ayuda de la prosa de Alejo Carpentier, pero el ‘universo’ de Lezama es también la urbe barroca de su ‘paraíso’ insular. Cuesta a veces la poesía de Lezama, hermética por definición, pero se cuela a raudales, como una tromba verbal y se parece al deleite de leer el ‘Ulises’ de Joyce, te queda la música y, revolcándose en ella, las palabras significan lo que el usuario disponga.

Poesía agorofóbica, cocinada en el hogar, a fuego lento, copiosa y fulgurante. Alianza Literaria la editó completa en un volumen de unas 600 páginas. Es “una fiesta innombrable”, usando una fracción de verso del poeta fumador, sumergirse en el océano Lezama, habida cuenta de que el autor que nació hace hoy cien años decía que la poesía es “un caracol nocturno en un rectángulo de agua”.

En Tenerife, Andrés Sánchez Robayna y Alejandro Kravietz dialogan, de isla a isla, con la obra de Lezama Lima, hijo del coronel José María Lezama y de Rosa Lima, a la que dedicó “toda” su poesía, y de Platón y Góngora, a los que dedicó toda la atención. Isleño hasta la parálisis, apenas viajó fuera de Cuba, el poeta y narrador construyó una obra oscura, llena de luces interiores que han ido encendiéndose con el paso del tiempo hasta atraer la mirada de la crítica internacional, y hoy, un siglo después, se presta a ser desenredada como una madeja.

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LA PATERA Y LA METEDURA DE PATA

 

Entre 2006 y 2009 fallecieron en la travesía de África a Europa, con destino preferentemente a Canarias, unos 84.500 inmigrantes. El dato escalofriante ha sido revelado ahora en un estudio de la Oficina Municipal de Inmigración de Nuadibú, la Universidad Rey Juan Carlos y otras instituciones. Durante ese período eran frecuentes los naufragios en las costas canarias (algunos tan dramáticos como el de los Cocoteros, la patera que encalló en 2009 en unas rocas a 20 metros de la orilla lanzaroteña, con más de dos decenas de muertos, muchos de ellos niños).

Las víctimas recientes de la patera hundida en la isla de Christmas, en aguas australianas del Índico, que se cuentan por decenas, nos retrotraen a aquellos años no lejanos, antes de la crisis, en que entre la costa occidental de África y Canarias se desató un colapso de cayucos y demás embarcaciones de madera, con esquelas anónimas en prensa de víctimas que iban quedando por el camino en el cementerio de la travesía. Miles de adultos y, finalmente, menores de edad lograron arribar a las islas, y, en un número considerable, conseguían sortear las expulsiones y continuaban viaje clandestino a la Península, rumbo a una Europa de doble rasero (la metedura de pata de Europa) que necesitaba y necesita mano de obra inmigrante a toda costa y, no obstante, practicaba y continúa practicando una política inmisericorde y seudoxenófoba, que ha terminado por calar en las decisiones de las instituciones europeas, rayando una segregación racial sistemática.

Pese a la adversidad económica, que es la causa principal del descenso instantáneo de ese tráfico de personas indocumentadas, episodios como el de la bebé nacida cerca de la isla de Alborán en una patera que salió de Marruecos con dirección a Almería (la llamaron ‘Happiness’, ‘Felicidad’), confirma que hay aún una lista de espera de inmigrantes potenciales aguardando en los países vecinos su oportunidad para dar el salto. En Mauritania se estima que montan guardia actualmente unas 4.000 personas para venir. Muchas de ellas, a buen seguro, son mujeres embarazadas, como la madre nigeriana de la bebé que nació en alta mar, a quienes las mafias y redes captan bajo engaño, pues les hacen creer que, si nace en España, su hijo obtendría la nacionalidad por razón del territorio (iure soli), cuando en realidad le corresponde la de sus padres (iure sanguini). En el naufragio del parto viajaban en la patera, por este motivo, siete mujeres gestantes, convencidas de un privilegio que, al tomar tierra, forma parte de todas las falacias con que se dejan embaucar antes de jugarse la vida.

Desde Marruecos ha comenzado, todavía tímidamente es cierto, a reactivarse un flujo intimidatorio de pateras hacia España. Tiene que ver, naturalmente, con el enfriamiento de las relaciones entre los dos países, a raíz del desalojo a la fuerza del campamento saharaui de Gdaim Izik en El Aaiún, por cuya causa la imagen del reino alauí entre los españoles ha empeorado sensiblemente, según el barómetro del Real Instituto Elcano, conocido ayer (Marruecos merece de nota un 3,9 y sólo aventaja en percepción a Irán). Ni la reanudación de las negociaciones entre marroquíes y polisarios en Manhasset, en las afueras de Nueva York, disipa la sospecha de que Rabat viola los derechos humanos y no ahorra en métodos de chantaje para conseguir sus fines. En ese sentido, el fomento de la inmigración clandestina hacia Canarias y sur de España forma parte del guión.

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ÁRBOLES DE CAPA CAÍDA

 

Permítanme aparcar los asuntos políticos y económicos de la actualidad, y dirigir la mirada al Jardín Botánico del Puerto de la Cruz, el histórico Jardín de Aclimatación de La Orotava creado en el siglo XVIII por el VI Marqués de Villanueva del Prado, una joya de la botánica a la que, por cierto, no acabamos de tratar como icono único de la biografía natural de la isla.

Los efectos catastróficos del último temporal en algunas de sus especies más valiosas (el árbol del pan, la araucaria más antigua o el nogal candil) obligan a este templo de la botánica tropical y subtropical a cerrar temporalmente. La noticia, contada en portada por Diario de Avisos, altera el orden convencional de prelación periodística marcado por la política y la economía; raramente se destaca un episodio de esta ‘naturaleza’, nunca mejor dicho.

Este mismo rotativo elegía en su primera página una frase del naturalista Humboldt, el genio alemán: “Tenerife es célebre… Casi todos los viajeros alrededor del mundo la evocan”. Los daños del Jardín Botánico conmueven a cualquier espíritu sensible con el medio ambiente, son días de luto de nuestro palacio portuense de los árboles del mundo.

En los días del Nobel Vargas Llosa en Estocolmo, nos viene a la memoria el discurso de Saramago ante la Academia sueca, el día que recibió el mismo galardón. Habló de su abuelo Jerónimo Melrinho, el pastor de Azinagha, “que, al presentir que la muerte venía a buscarlo, se despidió de los árboles de su huerto uno por uno, abrazándolos y llorando porque sabía que no los volvería a ver”.

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Y TRUMAN CAPOTE PASABA POR ALLÍ

 

Si un tipo coge un rifle y va y mata a los dueños de la constructora que lo había despedido y después se sube al coche para descerrajar otros tantos disparos a dos empleados de una sucursal bancaria y llevárselos por delante, podemos convenir que está loco. También está en paro, que es un modo de locura transitoria con brotes compulsivos los lunes al sol, como vimos en la película de Fernando León.

El albañil de esta historia de terror real de Olot (Girona), una ciudad galvanizada por la ola de crímenes del celador de un geriátrico que confiesa haber matado al menos a once ancianos, actuó evidentemente por venganza contra quienes le habían dado trabajo en los últimos veinte años, pero, al igual que el enfermero del asilo, no debe de estar bien de la cabeza. Los vecinos lo describen como alguien solitario y misógino, que vivía con su padre y cazaba jabalíes, y al salir del trabajo solía pasearse vestido de sheriff con pistolas de plástico y un sombrero, o de noche se adentraba en el monte con algún arma en bandolera.

La crisis es en sí misma una manifestación de locura del sistema económico. La loca crisis contagió a un marido armado, que irrumpió en la junta de una escuela en Florida (EE.UU.) y dibujó primero con un aerosol la V de ‘Vendetta’, del cómic justiciero de Alan Moore, y después procedió a secuestrar a los reunidos realizando varios disparos hasta ser abatido por un vigilante providencial. Según la cámara de seguridad que lo filmó todo, estaba dispuesto a matar a alguien como protesta por el hecho de que su esposa había sido despedida del centro.

La policía investiga una extraña muerte por disparo, esta semana, en un edificio de Santa Cruz, de un conocido agente de aduanas por si tuviera relación con problemas económicos (la crisis mata a la japonesa) y de salud. El cuerpo sin vida en el cuarto de baño, tras la detonación que conmocionó a todos en el edificio Olimpo, procedente de unas oficinas en la segunda planta, había sufrido el impacto de una pistola de 9 mm. Parabelum.

Tres casos expeditivos a sangre y fuego en Olot, Florida y Santa Cruz de Tenerife, como si Truman Capote velara los muertos de la crisis para seguir novelando el miedo humano sin límites.

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ESTADO DE ALARMA II

Este partido todavía no ha terminado. Ahora toca jugar la prórroga. Y el caso es que los controladores aéreos sufrieron una goleada el 3 de diciembre cuando fueron militarizados tras un plante asilvestrado, como si perdieran el balón en la hierba y se quedaron mirando al cielo, y al día siguiente del partido maratoniano, ya bajo estado de alarma, volvieron a tener la pelota en los pies, pero sólo consiguieron empatar. Ahora, el Gobierno pide al Congreso –y sabe que tiene los votos con el sí de CiU por anticipado- que prorrogue el estado de alarma hasta el 15 de enero para garantizar unas Navidades en paz en los aeropuertos. Prórroga y desempate.

A Canarias, la damnificada por antonomasia si hay un nuevo colapso aéreo, la noticia calma los temores del Gobierno autónomo, que fue el primero en poner el grito en el cielo el 3 y el 4, como si fueran las terminaciones de los números de la lotería a los que juegan los controladores cojoneros. Los 8 aeropuertos canarios, como las aguas, aspiran a ser archipielágicos, formando una Aena propia, sin asomo de privatización como Barajas o el Prat. Si con el estado de alarma bis, las ‘aguas’ de Aena vuelven a su cauce, lo agradecerán muchos miles de pasajeros en las islas y en todo el Estado (de alarma).

¿Hace bien el Gobierno estirando la medida de excepción ya no para sofocar un incendio, sino para prevenirlo, como quien se pone la venda antes de la herida? En otras circunstancias se diría que es un absurdo abuso del uso de la fuerza y, como ya está diciendo el PP, una manifestación más de la incapacidad del gabinete de Zapatero para resolver un problema. Pero a nadie se le esconde que los controladores son, sindicalmente hablando, un caso aparte, que, en su modus operandi y teatralidad, propenden a la astracanada y el desmadre circense, y que ya le vimos las orejas al lobo como para tropezar por segunda vez en la misma piedra con cara virginal de Caperucita Roja.

Mientras dilucida la fiscalía los cargos y penas que se les imputa, estos ‘señores de la guerra’ del aire no son de fiar. Y acaso por su impronta insurrecta les vaya como anillo al dedo someterse al ordeno y mando militar, bajo cuyo influjo ceden sus fuerzas, retornan a las consolas a pies juntillas hipnotizados como C.W.Briggs en ‘La maldición del escorpión de Jade’, y vuelve la normalidad a los aeródromos, antes auténticos campos de batalla.

Zapatero ha hallado un filón en las torres de control como el náufrago que se salva de noche bajo el foco providencial del faro de la isla. Y aunque teme sin disimulo que la revuelta se repita, pues de perdidos, al río, también se regocija gestionando, manu militari, una situación (al menos, una) con el respaldo incondicional de los ciudadanos, que les recuerda las viejas adhesiones demoscópicamente probadas al cheque bebé. La primera acción de gobierno casi en años que cuenta con apoyo popular no iba a agotarla en tan sólo unos días, así que hilo a la cometa hasta el 15 de enero. Qué menos.

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EL TOMATE MARROQUÍ

 Europa nos muestra, una vez más, su fortaleza moral y coherencia interna, tras alcanzar ahora con Marruecos –que raya la perfección como estado cínico- tres acuerdos, a cual mejor, en el seno del consejo de asociación mutua, ese estatus privilegiado que Bruselas otorgó a Rabat hace un par de años por sus méritos democráticos en África, su potencial económico y su defensa de los derechos humanos fuera de toda duda, es un suponer.

De la tríada de convenios suscritos con la jeta de los mercaderes, que hace caso omiso de los muertos y heridos y detenidos y desaparecidos y torturados de El Aaiún, sobresale, a ojos de Canarias (y de la Comunidad Valenciana y el sureste español), el referido a la denominada ‘liberalización comercial agrícola y pesquera’, que, dicho en román paladino, trata de hacer la vista gorda para que Marruecos cuele más tomates en los mercados europeos (de 233.000 toneladas pasará en  cuatro años, a partir de 2011, a 285.000).

Lo que escuece de este enjuague de amigos entre la UE y Rabat es que la Europa decana en democracia que se llena la boca de condenas de la violación de los derechos humanos en el mundo, le pone la alfombra a Marruecos justo pocas semanas después de una grave crisis de legitimidad internacional del régimen alauí, tras haber desmantelado sin escrúpulos un campamento de jaimas que pedía mejoras sociales y atropellado a la población saharaui en El Aaiún. Tragarse sin anestesia, como ha hecho Europa en esta ocasión, la versión indigesta del inefable ministro marroquí de Exteriores, Fassi-Fihri, que ya puso a parir a los periodistas españoles en las narices de la ministra Trinidad Jiménez, ya es tener buen saque.

Ahora, como viene siendo de rigor desde que la UE mima a Marruecos bajo la suposición de que frena el islamismo y una convincente cuenta de resultados comercial, a los canarios nos toca quejarnos de otro golpe bajo (no pintamos nada, corearemos) con un derecho al pataleo que sirve para bien poco. El partenariado con Marruecos (enterémonos de una vez) tiene un valor estratégico para Europa “fundamental”, mientras Canarias es una menesterosa RUP con autofama de plañidera abocada a verle las orejas al lobo en la nueva perspectiva financiera que comienza a regir en 2014. No hay un euro (cuando decíamos duro sonaba mejor) para islas, pero hay mucho morro para salvar las posaderas del reino de Mohamed, sumido en su mayor desprestigio internacional desde la muerte de Hassan II.

Cierto que marroquíes y polisarios vuelven esta semana a sus inútiles negociaciones. Es una vertiente más de una tragicomedia que dura más de tres décadas. Pero España, que hizo equilibrismos sobre el alambre para no condenar la violencia marroquí en Gdaim Izik y El Aaiún en los días negros de noviembre sin prensa por prohibición expresa de este país amigo de las Europas y Españas de las libertades, por fin se quita la presión. “Queda así zanjada la cuestión a nivel europeo”, festejó la ministra española de Exteriores como quien se quita una muela. Y lo penoso del asunto es que es verdad. Europa le borra las huellas a los esbirros del rey marroquí para que no quede ni rastro de sus tropelías. España puede ya dormir tranquila. El ‘tomate’ de Ceuta y Melilla tendrá que esperar en Naciones Unidas.

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“ES LA CULTURA, IMBÉCIL”

Mario Vargas Llosa adora la lectura desde niño. Aprendió a leer a los cinco años, nos recordaba en su discurso autobiográfico de la Academia sueca, en la antevíspera de recibir en mano el Nobel literario. Loas a la lectura del autor laureado con la gloria de las letras en los días que el informe PISA nos preguntaba por qué los estudiantes canarios, y en buena parte los españoles casi sin excepción, leen tan mal, sin comprender el sentido de las palabras, que son las luces del alma del escritor y que se encienden o apagan así se les entienda o ignore. Luego resulta –me decía la consejera Milagros Luis Brito el viernes en El Sauzal, en el Museo de la Lucha Canaria que se inauguraba- que la realidad no es tan simple, que hay luces y sombras, los alumnos isleños tienen buena lectura comprensiva en textos continuos (un fragmento de ‘La ciudad y los perros’, por ejemplo) y se distraen y confunden cuando se enfrentan a una lectura fragmentaria y discontinua (retazos de ‘Conversación en la Catedral’, ‘La fiesta del Chivo’ y ‘El sueño del celta’, por abundar en obras del mismo Nobel peruano-hispano).

Lo cierto es que esta actualidad de la lectura, en un clima de revisión de la ortografía, y los premios recientes de Ana María Matute (Cervantes) y el Nobel Vargas Llosa, dos lectores y escritores donde pugnan ambas facetas como en Borges (más orgulloso de los libros leídos que de los escritos), agita el gran debate de la cultura. Al menos en las islas. En medio de la crisis de la economía y de la crisis de la conciencia del papel de la cultura en la vida de las gentes y en la vitalidad económica de un país.

El Parlamento abordará este lunes, en el marco de un homenaje al admirado Juan Marichal (lector y escritor ejemplar), contenido en las jornadas que organiza y cordina el amigo Oswaldo Brito sobre ‘Ideas para el futuro’, un debate sobre la creación intelectual y la industrial cultural en Canarias, coincidiendo con la reciente conclusión del primer plan estratégico de la cultura en las islas.  Debo decir que el tema es oportuno y el título da en el clavo.

En la apertura de la temporada lírica del Teatro de la Scala de Milán, se desató la semana pasada una inesperada revuelta alentada por estudiantes, trabajadores y artistas contra los recortes presupuestarios asestados a la cultura y la universidad. El día que en Europa, en sus grandes y pequeñas capitales continentales e insulares, asistamos a un ‘mayo del 68’ por la cultura estaremos empezando a cambiar la historia.

En Canarias (no así en todas partes, Cataluña, por ejemplo, y tantos casos similares) aceptamos de brazos cruzados, cuando no nos tiramos piedras sobre nosotros mismos gentes de la cultura, que ayuntamientos, cabildos y gobierno cercenen brutalmente los presupuestos dedicados a este área, bajo el síndrome maniático de la austeridad mal entendida (cortar por lo sano cuantos gastos superfluos hubiera perpetuados fruto de una mala ‘cultura’ del despilfarro, está fuera de toda discusión, pero ir a degüello del capítulo de inversión pública es algo que, para empezar no goza de unanimidad, Bruselas dice una cosa y E.E.U.U. la contraria).

El problema reside en una clase política anclada en el concepto trasnochado de cultura baladí, de gueto para diletantes perfectamente prescindible por ser un elitista ‘capricho de cuatro’. Se olvidan los ‘sénecas’ de la cultura partidaria (partidaria de triturar la cultura) que ha aflorado desde hace años toda una industria cultural, que crea empleo y empresas, de la que depende un porcentaje del PIB que ya igualó al del sector primario y, si no lo impiden los tijeretazos presupuestarios de la iracundia ‘neocon’, pronto lo superaría. Creación intelectual e industria de la cultura equivalen a escribir y editar buenos libros, a enseñar a leer comprensivamente a los niños como festejaba Vargas Llosa 70 años después de aprender a descifrar las palabras, una vez reconocido su talento como autor, y a permitir que sus obras, impresas en papel o reproducidas e eBooks, lleguen al máximo de lectores. Una sociedad que no entienda esto, está perdida.

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LA ERRATA DEL MAR DE CANARIAS

 

La noción de ‘Mar canario’, sustentada política y ensayísticamente por nacionalistas como Victoriano Ríos y socialistas como Santiago Pérez, era, no obstante, hasta ahora una cuasi utopía que chocaba con el escepticismo, cuando no la abierta oposición, del partido en el gobierno de turno, y las objeciones tecnicistas de quienes invocaban la Convención del Mar de Montego May, en Jamaica, suscrita en el 82, bajo cuya autoridad quedaría descartado el reconocimiento de las aguas de los archipiélagos que no fueran estados propios, como es el caso que nos ocupa.

Sin embargo, cuando los políticos ‘aterrizan’ y ponen los pies sobre la tierra, porque la coyuntura obliga, suelen desdecirse de dogmas que habían enarbolado empecinadamente. La delimitación de las aguas canarias, el famoso ‘Mar canario’ que parecía inviable a ojos del derecho Internacional, ahora ha sido  por ensalmo posible. El pacto de octubre entre Zapatero y Paulino Rivero (entre el Gobierno socialista y CC sobre los Presupuestos estatales de 2011) dejó todas las pegas en papel ‘mojado’ y concertó, como condición sine qua non de los nacionalistas, la declaración de este espacio marítimo, que el compositor Benito Cabrera había concebido ya como “una sobre el mismo mar”. Canarias, de este modo, si no prosperan zancadillas que perturben este acuerdo, gana en superficie territorial, que otorga al

acuerdo una evidente rentabilidad: las islas obtendrían así mayor financiación, como se encargó de resaltar el diputado de CC José Luis Perestelo.

Estas aguas interiores dejarán de dividir, para empezar a unir las islas, y el sinsentido histórico, la errata política, desaparecerá, para bien del sentido común, que había faltado hasta ahora en que Canarias, para mayor incongruencia que el pleito mismo, pasaba por ser un archipiélago sin mar, más allá de las 24 millas territoriales de rigor.

El hecho de que los barcos puedan atravesar pasillos internacionales entre nuestras islas, a causa de este atavismo político ancestral, no concita demasiado estupor. El PP sostiene que esta delimitación aprobada ahora por socialistas y nacionalistas en la Comisión de Asuntos Exteriores del Congreso (con suficiente rango como para que no tenga necesidad de ser elevado al pleno de la cámara) no va a impedir que siga habiendo agua de nadie entre algunas islas, dado que la proposición de ley aprobada que deberá sancionar también el Senado sería incompatible con la convención del mar en vigor.

Cuesta creer que el Congreso apruebe una norma a sabiendas de que será ‘desmentida’ por el derecho Internacional, por cubrir un mero trámite formal (de mentirijillas) de un pacto insostenible. El diputado José Segura desmontó esta superchería, que parece reservada para cuando se debata el espinoso asunto de las 200 millas con Marruecos (está el horno como para bollos), con el petróleo de por medio. De momento, hombre, parece de cajón: de persistir una Canarias sin mar, obligaría a la RAE (ahora de moda por el cambio de regidor y de ortografía) a revisar la definición de archipiélago. Ahí es nada.

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