OTRA VEZ EL MEDITERRÁNEO

Los microclimas políticos regionales que difieren entre sí hacen imposible ahora mismo una radiografía global del mapa social, económico y político de un presunto mundo interrelacionado. La crisis es el telón de fondo, pero cada estado y área geográfica han acentuado sus diferencias como nunca, hasta hacer irreconocible el rostro de este siglo. La revolución juvenil del Magreb, tanto vía Facebook y Twitter como megáfono en mano cuando las autoridades apagaron Internet, hace saltar por los aires, de modo autónomo, uno de los escenarios geopolíticos en apariencia más estables bajo regímenes autoritarios que despreciaron las demandas de libertad de un pueblo cada vez mejor informado de su retraso y su atavismo. Aquí las redes sociales estoy convencido de que han obrado el milagro de hacer ver la naturaleza de esa marginación saltando por encima de la censura local. Y, sin embargo, el riesgo es que detrás de esta insurgencia adolescente que oxigena países con las ventanas cerradas venga a pescar en río revuelto el islamismo radical que está al acecho, sin dar la cara. Europa es un falso proceso en marcha. Está completamente paralizado como proyecto político plurinacional. Y el euro sobrevive porque Francia y Alemania no han decidido darle la estocada. Por ahora. La visita de Angela Merkel a España este jueves tiene rango de test a una de las economías que ponen en peligro la continuidad de la moneda única. La Unión Europea, a fecha de hoy, es un espejismo. Estados Unidos naufraga en su ‘crisis’ de identidad. No sabe si lidera aún el mundo o está ya fuera del marco y en el cuadro sólo queda la huella de su paso. Un fantasma gobierna un ficticio mundo global, cada vez más localista. Asia manda. China hace tiempo que dirige el cotarro. Y está India. Y está Brasil. Y en la Casa Blanca está Obama mirando al jardín de espaldas por la puerta acristalada del despacho oval. Solo. Sin el mundo ya a sus pies. El resto es América Latina. A su aire: Chávez, Evo, Castro…, cada uno a lo suyo. Ahora arde África por arriba. Todo vuelve a suceder a orillas del Mediterráneo.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

LOS NIÑOS ROBADOS

 

Una de las leyendas urbanas más extendidas es la de los niños robados en los supermercados para traficar con sus órganos. Nunca le di crédito.

Y la de los niños presuntamente muertos en las clínicas y hospitales nada más nacer para ser vendidos a familias sin hijos. La de los bebés de madres prostitutas y drogodependientes tasados en unos miles de euros para su venta en el supuesto mercado negro de las adopciones irregulares. Costaba creerlo. Y está la vieja fábula de los niños expósitos abandonados por madres sin recursos en los tornos de las iglesias. No cabe la menor duda.

Y los niños ‘colocados’ por los orfanatos en hogares pudientes a tanto la pieza. Los vendidos, revendidos y a veces devueltos por defectos de fabricación Ese horror de la crónica negra del mundo infantil, que incluye la ‘adquisición’ de ejemplares para consumo sexual de una lacra infecta de pedofilia adoptiva disfrazada de una paternidad ejemplar. Toda esa mierda humana en que ha degenerado esta especie que abochornaría a ese pariente gorila del zoo londinense que, por lo visto, camina de pie.

Hagamos la pregunta: ¿Está usted convencido de que su padre y su madre son los auténticos?

Existen bancos de ADN que ya conservan las pruebas del delito.

La creencia popular estaba preparada hasta ahora, por una ‘berlusconización’ tan atávica como socialmente consentida, para la sorpresa de saberse fruto de una infidelidad. Pero admitirse hijo robado, sustraído a la fuerza o bajo patraña, hijo falsificado como en la dictadura argentina de Videla, es una ignominia que desborda toda capacidad moral y se prolonga hasta nuestros días, desprovista ya de todo precedente político con la llegada de Franco, reducida a razones económicas sin más.

Los centenares de casos del hurto de niños (dos, al menos, en Canarias, donde se cuentan asimismo por decenas) que acaban de ser denunciados ante la Fiscalía General de Estado ponen al descubierto, sin concesiones a ninguna clase de superchería, la existencia contrastada de personas adultas que han llegado al convencimiento de que fueron arrebatados de los brazos de sus padres biológicos desde los años 40 de la posguerra civil.

La amalgama de casos tiene origen en presas republicanas embarazadas, que perdieron sus hijos en favor de familias estériles franquistas o que querían sumar nuevos hijos. Después, este negocio sórdido de la paternidad postiza derivó en esas truculentas historias de incubadoras públicas y privadas, donde los bebés, de pronto, perecían y todo era un embuste y eran vendidos dentro de una trama organizada de médicos, comadronas y enfermeras bajo una impunidad socialmente tejida a conveniencia de familias bien (he leído con desgarro toda una abundante casuística en los foros de Internet que desconocía por completo y que se me antoja un escándalo social que permanecía agazapado, quizá por vergüenza, a falta de esta espoleta de los primeros casos judicializados). Algunos curas y monjas y funcionarios de registros civiles y hasta operarios de cementerios cooperaron en el oprobio encubierto hasta nuestros días.

Sigue pasando, y las recientes detenciones de presuntos implicados en la compraventa de niños de madres indigentes y toxicómanas de Tenerife, casos que fueron ‘abortados’ por la Guardia Civil, son la punta de ese iceberg.

¿Qué hará ahora Cándido Conde-Pumpido ante la avalancha de denunciantes en bloque? Mirar para otro lado sería inútil e indigno. Se calcula que los afectados son más de 300.000. Y quieren conocer la verdad con urgencia, manchados por una filiación impostora. Bastó que a sólo uno de ellos llamaran por teléfono con la revelación de que había sido un niño robado según el testimonio de alguien que acababa de morir, para que el movimiento de hijos en busca de padres biológicos y padres en busca de hijos naturales desaparecidos se pusiera en marcha y llegara a las puertas de la fiscalía con pancartas y lágrimas en los ojos. Los delitos contra la humanidad no prescriben.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión 366 comentarios

AUDITORIO ADÁN

El Auditorio Adán Martín, el nuevo nombre con el que este viernes ha hecho justicia el pleno del Cabildo de Tenerife, es hoy uno de los grandes contenedores de cultura de la isla y de Europa.  Y es, como en Chillida con Tindaya, el fruto del sueño de un visionario cargado de utopía y de razón. Adán Martín no podría tener mejor casa donde habite su alma.

Antes de este Auditorio, como antes del TEA (Herzog & De Meuron), el déficit de infraestructuras culturales en la capital era clamoroso, como siempre ponía de manifiesto desde la viceconsejería de Cultura Dulce Xerach. De manera que felicitarnos por gozar de estas instalaciones de primerísima división arquitectónica en el mundo no debería de causarnos ningún hastío ni pudor. Y, sin embargo, tengo la sensación de que ha quedado inoculado insanamente en el inconciente colectivo un cierto ‘sentimiento de culpa’ por ese aparente exceso de ‘lujo’ para una ‘ciudad menor’, que aún no hemos conseguido extirparnos.

Adán Martín se merecía este homenaje de la institución que presidió, por la voluntad, férrea diría, que sostuvo desde el origen de la idea hasta su culminación en 2003 (ya ausente del Cabildo), venciendo sin complejos provincianos una resistencia que siempre juzgué inconsecuente (aunque en absoluto baldía, porque toda polémica moviliza la opinión adormecida, que no es poco), inspirada por motivos de una ciega oposición política y no sólo por sólidas convicciones de austeridad y celo en el gasto público. El Auditorio es hijo de una época de bonanza, no leamos su creación a la luz de esta crisis que ha arrasado con todo lo que suene y huela a cultura. Y es un producto inteligente, una apuesta, cuando se podía, por disponer de argumentos de peso, de alta ingeniería y arquitectura puntera, con los que hacer de Santa Cruz una capital, al fin, de verdad de la comunidad turística que somos, abierta y cosmopolita, una vez metidos en este indescifrable  siglo XXI.

El Auditorio es hoy el símbolo arquitectónico de la ciudad turística y cultural. No disponemos de otro edificio tan potente que suscite la mirada y la admiración de fuera, un efecto de enorme interés para un lugar cuyo deseo supremo es ser visitado por todo el mundo. Adán Martín no exageraba cuando decía que sería un icono.

Sentados a una misma mesa con cualquier pretexto, le pregunté en una ocasión a Adán por el Auditorio. Y me contó la historia del sueño que albergaba desde que conoció al arquitecto Santiago Calatrava cuando aún no era dios. Lo contrató justo antes de que fuera prohibitivo y estaba convencido de que el Auditorio iba a ser un (el) símbolo de Santa Cruz y de Tenerife.

A Calatrava, poco tiempo después, empezaron a disputárselo las principales capitales. Paseando por Buenos Aires con Lucía, cuando éramos novios, reconocí a lo lejos la firma de Calatrava en un puente que llevaba el sello inequívoco del arquitecto valenciano, el Puente de la Mujer, en Puerto Madero, que sintetiza a una pareja bailando un tango. Lo cruzamos juntos cuando a nosotros dos nos pasaban cosas que al poco tiempo nos obligarían a tender un puente entre América y Canarias. Prueba de ello es que hoy, cuando escribo estas líneas en Santa Cruz, mi esposa y mi hijo Ángel pasean por las calles de Perú, la otra orilla de la familia.

Calatrava es inconfundible de Venecia a Nueva York, hasta donde también le persiguen sus contestatarios. Adán Martín insistió siempre, cuando las críticas por las variaciones presupuestarias consustanciales a los proyectos de ingeniería y arquitectura arreciaban más agriamente en la isla, en que había que culminar el edificio y que llegaría el día en que Tenerife se sentiría orgulloso de su Auditorio. Hoy, ya sin los condicionantes políticos de aquel período agitado, creo que nadie discute que ese momento ha llegado, que en Santa Cruz, en Tenerife, en Canarias, le damos la razón a Adán porque el Auditorio de la Avenida de la Constitución, en efecto, nos prestigia.

La mañana que supo que sonaría como un templo celestial, Víctor Pablo Pérez me relató exultante en los Desayunos del Mencey que había sometido la sala sinfónica a una especie de test de stress y que el resultado había sido mágico. Narró leyendas terriles de teatros estéticamente impecables que el día ‘d’ de la prueba acústica definitiva sonaban a cacharro, ya sin remedio, sin saber qué hacer con el armatoste. Luego he escuchado hacer objeciones a este respecto sobre nuestro Auditorio, pero sigo creyendo el veredicto autorizado del exigente exdirector de la Orquesta Sinfónica de Tenerife.

Domingo Berriel me contaba esta mañana en ‘Da Gigi’, la pizzería de la Avenida de Anaga, que recordaba el primer día en que Adán y Calatrava se sentaron a hablar. El arquitecto dibujó en una servilleta los primeros trazos del ojo de teide, como una vez me dijo el propio Calatrava que había concebido su caja de música en la isla del volcán que mira al mar como quien ha salido antes del fondo de él. Esa servilleta la debió de guardar alguien.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión 5 comentarios

ÁNGEL BENZA

Ángel Benza no corrió para cobrar el cheque bebé, se retrasó tres días. Nació en noviembre sin ese pan bajo el brazo: su madre, peruana, no llevaba dos años en la isla. Nos vetaron el premio gordo. Nació con tres kilos setenta gramos. Hoy pesa el doble.

¿Por qué Ángel? Por el abuelo materno, el abogado de Ica que estudió la carrera de mayor y ejerció hasta su muerte prematura. Las cuatro hijas que engendraron Ángel y Emilia les dieron cuatro nietos varones y una nieta que baila como Shakira. ¿Y Benza? Un príncipe guanche.

Ángel se pasea por Santa Cruz en su carro de bebé, ‘repochadito’ como si lo llevaran en parihuelas. Habrá que recordarle que es príncipe de mentira. Dice ‘agú’ en su idioma (para el babel del pinganillo). La ropa le queda chica en seguida y necesita renovar su fondo de armario. Montañas de pañales dodot que le cambiamos a raudales repiten un olor dulzón a ‘pulga’ de jamón y queso amarillo. Se tornará verde o azul, según la biliverdina. Los abuelos paternos Zaida y Carmelo, de Santa Cruz, celebran al nieto que nunca esperaron del hijo que parecía solterón vitalicio. Un nieto cabalístico, el número 7. “Nacer es aquí una fiesta innombrable”, escribía Lezama en su isla. Mi caso es el de un padre después de los 50, como diría Fontanarrosa. En la Plaza Weyler, Wolfredo Wildpret me habló de padres a edades prohibidas: “Trae un hijo”. La palabra hijo cobra actualidad en Tenerife con la compraventa de hijos de madres pobres y heroinómanas. Hijos de su madre. Madres heroínas.

Hijo de la pachamama, de sangre canaria y amerindia, Ángel no llora desde la primera noche de puerperio. Reserva sus mejores llantos para el yantar a su hora en las areolas nutricias de su madre. O ante una vacuna: queja justificada. Pero sonríe cuando despierta y a cada instante. Y hace del baño termal un alborozo de brazos y piernas a siete centímetros de profundidad en la artesa de plástico donde casi no cabe.

Aquel día, cuando su madre y yo nos conocimos de verdad, tras bajar del Machu Pichu, Perú se puso a temblar a nuestros pies (7.9º en la escala de Richter, con epicentro en Pisco). El periodista Javier Cabrera, lívido, me dijo algo razonable en la carretera de Huacachina a Ica: “¡Esto se acabó!”, al trote de aquel caballo loco. Tras el terremoto, Lucía y yo nos casamos. Hace dos meses y medio, nació aquí Ángel Benza, al que me encanta sentir en brazos, el calor de su cabecita tierna y el hilito de baba que deja caer sobre mi cuello.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión 2 comentarios

INDIGNAOS

El ‘¡Indignaos!’ del nonagenario Stéphane Hessel, un opúsculo de apenas 32 páginas, que una modesta editorial familiar parisina vende a tres euros desde hace unas semanas, convoca a los jóvenes franceses (y pronto de otras muchas nacionalidades, con las ediciones previstas en múltiples idiomas) a rebelarse contra los poderes fácticos que nos oprimen (banqueros, mercados y especuladores).

El librito, un best seller inesoerado en la Francia sublevada por la iracundia juvenil contra el retraso de la edad de jubilación impuesta por Sarkozy, es un panfleto certero que resume el espíritu contestarlo de esta época en crisis. Sirve como anillo al dedo para el caso galo y el griego, para el irlandés y el tunecino y todo el norte de África lanzado a la calle con una rabia adolescente.

No sirve, en cambio, para una España obsecuente cansada de sus partidos y líderes, cuyos estudiantes permanecen ajenos a los recortes de gastos y libertades; esto último exaspera particularmente al antiguo luchador contra los nazis que pasó por campos de concentración y ayudó a redactar la Declaración Universal de los Derechos Humanos antes de desahogarse en este folleto envenenado. No es obra para jóvenes españoles desmovilizados, que contrastan tanto con los de aquel activismo estudiantil que conocí en la Universidad de La Laguna contra el franquismo y sus rescoldos, durante las huelgas generales por el crimen policial de Javier Fernández Quesada a las puertas del centro, o por la muerte de Bartolomé García Lorenzo, acribillado por agentes que lo confundieron con El Rubio.

Franco y las víctimas inocentes (añado a Antonio González Ramos, a manos del comisario Matute) desataban la cólera juvenil en la calle, como los abusos del dictador y la crisis en Túnez han provocado un estallido social inédito de jóvenes dispuestos a morir. En Egipto, Mauritania y Argelia se han quemado a lo bonzo unos jóvenes desquiciados por los precios y la represión, que imitan al vendedor ambulante tunecino, que inmolándose tras serle confiscado el carro de verduras, fue la espoleta de la revolución espontánea que acabó con Ben Ali.

Que no sea ése exactamente el mensaje contenido en el alegato de Hesel, de 93 años, ‘Indignez vous!’ (‘¡Indignaos!’), una invitación a la protesta cívica sin violencia, no deja de ser una opción en casos extremos, como los de las autocracias africanas. El libro es estimulante como terapia para al menos cabrearse frente al desgobierno del mundo en manos de poderes financieros que lo devoran todo dejándonos cara de lerdos.

Hay muchos modos de decir ¡basta! y soltar los demonios. Dada la ola de reformas y  prohibiciones, muchas de éstas justificadas aunque inoportunas, apetece indignarse, cada cual a su manera, bien irrumpiendo, se me ocurre (no me hagan caso), en un bar pitillo en boca o invadiendo en masa la vía pública expeliendo humo a grandes bocanadas. A falta de conciencia política, de tan adormecida, por qué no una gran fumata en defensa de la libertad individual, dicho por un exconvicto de Condal y Peñamil. También prohibir se convierte en ocasiones para el gobernante en una formidable cortina de humo.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión 4 comentarios

LA GENERACIÓN DE TINDAYA

Tindaya. Chillida. Desde hace, al menos, 16 años, el nombre del célebre escultor vasco y el de la montaña sagrada de los aborígenes majoreros unieron sus destinos. Y la peripecia que ambos habrían de correr marcaría definitivamente la vida del artista, incluso es posible que contribuyera a precipitar el desenlace de su enfermedad, y desató una polémica visceral entre ecologistas –refractarios a la idea de tocar el macizo- y defensores del proyecto de vaciar el cono para rellenarlo con un cubo por donde transite la luz de la luna y el sol libremente bajo un símil de tolerancia.

Lo llamaron de todo. Y dicen que los insultos y el calvario de un proceso interminable en el que sobrenadó entre sospechas de corrupción y tejemaneje de políticos y empresarios, lo sumió en una depresión. Desplegaron las pancartas y la fusilería opositora del monumento logró su objetivo de abortar el sueño del creador del peine del viento. Chillida había concebido una noche una montaña como ésa –tardó años en encontrarla, después de visitar otras muchas en islas y continentes- horadada para hacer dentro la escultura.

Es posible que un sector del ecologismo antiChillida ‘chillara’ con auténtica convicción conservacionista de la montaña adorada por los habitantes prehispánicos y de los más de doscientos podomorfos declarados bien de interés cultural.. A algunas otras voces detractoras las empujaba, sin embargo, cierta renuencia enfermiza a toda obra que se anuncie por todo lo alto. Cuando esto sucede, se excitan los instintos más beligerantes de grupos dispuestos a armarla.

El acuerdo suscrito suscrito este martes en Donosti entre el presidente canario, el titular del Cabildo de Fuerteventura, el consejero de Ordenaciòn Territorial y la familia del artista, desbloquea definitivamente la obra, convoca el concurso y halla un modo de financiarlo sin poner un euro el Gobierno: lo costearán las constructoras, que después explotarán turísticamente la instalación. La noticia coincide –seguramernte no por casualidad- con la gala de apertura de Fitur en Madrid y las horas bajas del recién cerrado museo Chillida-Leku a causa de la ‘aguafiestas’ crisis económica.

En los foros de Internet afloran con profusión las opiniones más reacias a que se dé luz verde a la escultura póstuma de Chillida. Me resulta cavernícola la maldad de maldecir, aun tras la muerte del artista, este proyecto-herencia de uno de los mejores escultores de su siglo, sin que las principales objeciones se hayan visto precedidas de un juicio riguroso sobre la ‘naturaleza’ de la montaña y el cariz de la obra a realizar en su seno. Es un alarde de ingeniería que, en efecto, sugiere algunas preguntas antes de proceder a  dar el visto bueno. Pero, sólo por la dimensión internacional de Chillida, en Fuerteventura tienen razón quienes califican de reclamo turístico de primer orden (como lo fuera César Manrique para Lanzarote) el monumento que ideó el escultor y que no pudo ver realizado en vida.

Han transcurrido unos 16 años. Una generación completa de canarios, desde que nació, ha oído hablar del sueño de Chillida en Tindaya. Ésta era, por tanto, una deuda generacional. Una deuda con la historia, en la que muchos han hablado más de la cuenta, sin que el único aludido de verdad haya podido abrir la boca por mediación de algún portavoz: el guanche de Maxorata, el majo, que era ajeno al valor de su tesoro de traquita de Tindaya y Tebeto, y esculpió sus siluetas de pie en el roquedal por cuyas laderas descienden los caminos del agua. ¿Qué opinión le habría merecido la idea de Eduardo Chillida y su amigo el ingeniero José Antonio Fernández Ordóñez, que los ha sobrevivido a ambos? Sólo ellos dos ahora, en diálogo de ultratumba con los antepasados de la isla, saben la respuesta correcta.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión 2 comentarios

PAGAR POR TRABAJAR

Las picarescas de la crisis. Pagar por aparentar trabajar. Y, finalmente, por no trabajar de hecho. El primer caso de este nuevo fraude ha sido detectado en Tenerife en un bar donde constaba, sorprendentemente, una plantilla de más de 40 personas, lo cual es imposible.

La noticia me llega a través de una fuente autorizada de CC.OO.: un número de parados ha optado por pagar al empresario el importe de su cotización a la Seguridad Social, a cambio de figurar con un contrato trampa, que consiste en dar de alta al trabajador, sin que éste tenga que cumplir ninguna obligación laboral y sin que perciba sueldo alguno por la pantomima.

El fraude ha sido localizado estos días.  El economista de CC.OO. José Miguel González, director del gabinete técnico del sindicato, me da los detalles. Se trata de un nuevo fenómeno protagonizado por personas en paro dispuestas, aunque resulte insólito, a costearse su propia Seguridad Social a través de un empresario, que supuestamente les contrata, pero, en la práctica, es mentira. El intermediario, es una obviedad, supuestamente obtiene alguna ganancia por prestarse a este camuflaje de trabajadores fantasmas.

Candidatos a elegir esta vía fraudulenta son, por ejemplo, inmigrantes desempleados, sin cobertura social, y cuya prioridad es acreditar, ante los requisitos de la Ley de Extranjería, su arraigo laboral, al ver peligrar el derecho de residencia. Asimismo, cabe suponer que el truco interese a trabajadores que no quieran perder períodos de cotización con el fin de percibir posteriormente las prestaciones de desempleo y jubilarse cuando corresponda.

Los contratos masivos e irregulares como el citado caso constituyen un fraude. Pero es indudable que la crisis origina toda una variedad de picardías para hacer de la necesidad virtud ante el mazazo del paro. Pagar por fingir trabajar, con tal de no dejar de cotizar a la Seguridad Social, es una moda (entre comillas) que surge de las nuevas condiciones del mercado laboral ante el riesgo de sufrir un paro de larga duración.

El origen de los 300 euros de promedio que han de aportar al falso empleador los parados que quieren cotizar se me antoja un misterio, dada la carencia de ingresos económicos. Se lo pregunto al economista de CC.OO. De la economía sumergida, naturalmente, responde. ¿Y por qué no hacerse autónomos directamente y así no exponerse a incumplir la ley? Ah -aclara sin mostrar ninguna sorpresa ante este contrasentido-, porque no tendrían las mismas ventajas, los mismos derechos pasivos que un trabajador dependiente, en caso de bajas y subsidios.

Los paganinis ‘beneficiarios’ de este timo laboral son, por tanto, las víctimas de la crisis, los parados, aquellos de entre este colectivo que se erigen en financiadores de su Seguridad Social, un esperpento de la crisis. El empresario cómplice les hace un ‘favor’ seguramente interesado; existe temor a que se descubra el montaje, de ahí que haya trascendido de modo aislado, pero se sobreentiende que sea una práctica con una mayor casuística a estas alturas.

Éste no es el único hallazgo de la picaresca del mercado laboral. El mismo sindicato acaba de conocer la denuncia de una joven trabajadora, que reclamó mayor salario al empresario y éste le sugirió una manera de conseguir un suplemento del sueldo: ejercer la prostitución.

Se admiten más ejemplos ilustrativos de los desatinos a que aboca la crisis en la relación entre trabajadores y empresarios, al margen de toda reforma laboral, se pinte como se pinte.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión 1 comentario

POLANCO


El último gran empresario nacional de la comunicación fue Polanco. Tenía un sexto sentido para ello y descubrió Tenerife con esa misma pericia.

Sugería ‘vender’ que este sol no es quemón (“un clima templado”), frente al del Caribe, que rasga las piedras. Pensaba envejecer aquí, retirarse en el Abama, la isla que creó en la isla en que creyó, la inversión e invención de su vida. Estaba enamorado de Tenerife. En la puerta del despacho, en Santillana, en Madrid, me despidió contando las horas que le faltaban para venir aquel fin de semana.

Habría cumplido ahora 81 años. Se ha dejado de hablar muy pronto de Polanco, el líder de la comunicación de la democracia en España, que acarreaba su propio mito como si no fuera con él. “Me quieren meter en la cárcel”, nos espetó una noche en Radio Club a Xuáncar y a mí, cuando sufrió con Cebrián el asedio político del ‘caso Canal Plus’. Habló de Aznar esa noche herido por las falsas promesas de poner fin a la cacería. Era campechano y asertivo, amigo de Felipe González y Carlos Fuentes… En una cena de ‘Son Latino’, el autor mejicano cantó una ranchera y Polanco un bolero. Asiduo del festival de Las Vistas, admiraba aquella marea humana en la playa.

A mi hermano Martín y a mí nos costaba entender que cada verano, puntualmente, nos citara en su hotel Jardín Tropical para charlar un rato. En una ocasión llegó transparente. Había estado vomitando todo el tiempo. “El almuerzo me cayó mal”. Pero no suspendió la cita, hasta que insistimos en quedar para otro día. Te llamaba al móvil, “soy Jesús Polanco”, y parecía una broma. Antonio, su guardaespaldas, nos llamaba cuando lo veía solo. Y en España seguían tejiendo la leyenda de su poder.

“¿Me dejan ayudarles?”, nos dijo el dueño de ‘El País’, delante de Paco Padrón, cuando La Gaceta naufragaba en pérdidas hace veinte años. Trabajó hasta los fines de semana para levantar empresas. El trabajo era su carpe diem desde que empezó vendiendo libros a domicilio. Un día cobró conciencia de haber levantado un imperio: cruzó el pasillo y un empleado no le cedió el paso en la puerta, porque no lo conocía. Pero en la Plaza de la Candelaria decía que el Olimpo era su negocio más redondo. En voz baja nos hizo esta confesión premonitoria: “Yo entiendo de libros y periódicos, me pregunto si la televisión será la ruina”. Deberíamos hablar más de Jesús de Polanco, de la actualidad de su ausencia.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión 2 comentarios

JÓVENES AUNQUE SOBRADAMENTE DEMÓCRATAS EN EL MAGREB

 

La revuelta popular de Túnez que provocó este viernes la caída estrepitosa del sórdido régimen de Ben Ali desata en todo el Magreb una ola de pánico, por ver las barbas del vecino arder, entre una casta de dirigentes obsoletos, ancianos y achacosos, que se aferran al poder con ayuda de una represión policial sin límites. De Túnez a Marruecos (donde reina, excepcionalmente, un joven monarca con manazas de heredero dictador) algo inusitado está empezando a suceder: a cada uno de estos autócratas disfrazados de demócratas se les ha caído el bisoñé.

Y los jóvenes iracundos que acaban de derrocar por sorpresa (de nuevo los servicios secretos de las potencias haciendo un memorable ridículo) al ‘cuasi mafioso’ mandatario tunecino, según la opinión de EE.UU., han acuñado una modalidad de protesta insaciable que no se arredra ante el fuego de una policía déspota y avanza en la calle como verdaderos zombis hasta derribar las paredes del poder. Las fotos son escalofriantes, los muertos son de verdad. Los jóvenes se salen con la suya, son la generación de la dignidad.

El estallido social de la crisis, que no se reflejó sino tibiamente en algunas capitales europeas, en cambio, en el norte de África sí se ha expandido como la detonación de una bomba, primero en El Aaiún (nuestra pesadilla, la deuda histórica con un pueblo siempre solventada plegándose al aliado alauí), y, seguidamente, en Túnez y Argel y otras ciudades de ambos países, a raíz de la subida de los precios básicos. En la antigua capital del Sáhara Occidental, el pasado 8 de noviembre, los agentes marroquíes desmantelaban a la fuerza el campamento improvisado en Agdaym Izik, donde unos 20.000 saharauis reclamaban viviendas y empleo (ni siquiera antepusieron la demanda del referéndum de autodeterminación, que produce urticaria en Rabat). Las protestas sociales en estos tres países (Marruecos, Argelia y Túnez), y las de carácter religioso en Egipto alentadas por cristianos coptos contra la inseguridad en las iglesias, tambalean un Magreb que, hasta ahora, tanto Europa como Estados Unidos consideraban bajo control, en manos de gobiernos amigos, aunque corruptos y represivos. La turística competencia de paraísos podridos.

La lección que imparte el descalabro tunecino a cargo de miles de jóvenes airados contra el gobierno por las tasas de paro y el encarecimiento de los productos básicos como el aceite y el azúcar, a costa de la sangre derramada estos días, es que el Magreb no está tan a buen recaudo como presumían las potencias norteamericana y europea, una vez más tan pueriles inocentemente. Y la hipótesis de un efecto dominó que desestabilice por completo esta zona sensible donde se está implantando Al Qaeda, enciende todas las alarmas del entumecido mundo occidental que da la sensación de que no se entera nuevamente, de que esta repentina insurgencia africana del tipo ‘mayo del 68’ les ha cogido con el paso cambiado.

Tanto la UE como EE.UU. han alardeado de tener atados en corto a estos países sospechosos pero de fachada segura, incluso económicamente solventes hasta la llegada de la crisis, como en el caso de Túnez, regido por este autócrata ahora huido como buen roedor, que desbancó a finales de los 80 a un histórico pero esclerotizado Habib Burguiba, cuya cara no se me puede olvidar porque era la imagen de la llegada de una democracia a África en mis años púberes de periodista. Americanos y europeos se felicitaban hasta el otro día del régimen de Ben Ali, un gobernante abducido por su segunda esposa, que había sido vendedora ambulante y se transformó en una enferma facinerosa que amasaba fortuna mientras su marido, ya caduco y estragado por un cáncer de próstata, hacía dejación del poder entretenido en jugar con su único hijo varón de cinco años, que vino al mundo tras una sucesión repetitiva de hijas que no lograron rendirlo. En los ‘papeles de Wikileaks’ se describe al clan Trabalesi (Leila Trabalesi es la susodicha primera dama) y al patriarca otoñal como una ‘cuasi mafia’.

Pero tanto USA como UE lo tenían por un país aliado (aquello que respondió Roosevelt sobre Somoza, “sí, es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta”) e ignoraron la golfada de un gobierno corrupto y abusivo, hasta que una turbamulta de jóvenes hartos tiró por la calle de en medio el otro día y resulta que acabaron con el dictador. El imperio –ni con Obama- nunca aprende. Otra en la frente.

Túnez es el espejo de otros estados magrebíes. Puede que no pase nada o puede que pase. En Argelia, en Egipto (dos líderes de avanzada edad y penosa salud) y hasta en Marruecos. España, Francia, Italia, Europa han mirado estas últimas semanas para otro lado, insensibles hasta la exasperación ante los desmanes, por ejemplo, de Rabat; no han querido saber nada de la violación de los derechos humanos de Marruecos contra los saharauis, a los que desalojó de las jaimas a lo bestia y luego persiguió como a una plaga por las calles y las casas de El Aaiún, sin permitir la presencia de periodistas. Una ignominia que pesa sobre las espaldas de los adalides europeos de los derechos humanos, incapaces de condenar a Marruecos, y una vergüenza de las autoridades españolas, que flirtearon con una indigesta versión oficial, con tal de no pronunciar la palabra “condena” al lado de la palabra Rabat.

Canarias ha permanecido expectante e incrédula ante estos sucesos, y los de Túnez y Argelia, con mayor firmeza que Madrid, exigiendo que el gobierno español pusiera en su sitio al marroquí por decencia humanitaria, sin tener por ello que desbordar el vaso de las buenas relaciones entre dos estados con mayoría de edad. Pero, no sólo España, sino la UE en su conjunto (“Ningún suceso va a alterar la relación entre Marruecos y la UE”, sentenció la ministra española de Exteriores Trinidad Jiménez, en un renuncio infantil de la postura española proclive a dar la razón incondicional al socio) optó por hacer caso omiso a los incidentes de noviembre, para premiar a Marruecos con un acuerdo agrícola ventajoso en detrimento del tomate isleño, andaluz y del levante español, y reforzar sus lazos contemplados en el estatus avanzado que Bruselas ha concedido al reino alauí.

Bajo el sofisma de que estos estados norteafricanos prooccidentales actúan de cortafuego del radicalismo islámico y frenan la inmigración clandestina, Bruselas y Washington han consentido la continua violación de los derechos humanos y la falta de libertad de expresión –incluso el apagón informativo cerrando el paso a cualquier periodista que pretendiera meter las narices en sus razias políticas-. Los primeros saharauis que lograron evadirse burlando el cerco marroquí y llegaron en patera este mes a Fuerteventura colocan de nuevo a España –como hace un año Aminatu Haidar al ponerse en huelga de hambre en Lanzarote- en una de esas posiciones incómodas con Marruecos, por falta de tradición en el cumplimiento del precepto de saber ponerse en su sitio: han pedido asilo político, y el Ministerio de Interior no ha tenido más remedio que admitir a trámite a cinco de las solicitudes. Es que algunos trajeron consigo hasta pruebas gráficas y fílmicas del atropello de los gendarmes marroquíes contra sus personas, y negarles tal derecho sería un escándalo.

Así que éstas tenemos en el Magreb vecino. Bastó que el pasado 17 de diciembre un joven vendedor de verduras, que fuera manoteado por un policía que le prohibió la actividad, se quemara a lo bonzo ante una sede oficial, acabando con su vida, para que prendiera fuego esta inesperada revolución inédita de jóvenes musulmanes aunque sobradamente demócratas, como aquellos ‘jasp’ de la campaña publicitaria de los 90, que eran jóvenes aunque sobradamente preparados.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión 1 comentario

EL MESSI DE LA POLÍTICA CANARIA ES…

El debate del estado de la nacionalidad (22 y 23 de febrero) acapara una lógica expectación (intriga, diríamos, en honor a Hammet, padre de la novela negra, género que rige la actualidad últimamente en las islas), por cuanto tres meses exactamente después se celebrarán elecciones autonómicas y locales a cara de perro, las de mayor suspense (esta vez Hitchcock entra en escena) de las siete legislaturas que concluirán ese día (22 de mayo).

A sangre y fuego se medirán los candidatos (Paulino Rivero y Soria, a falta del socialista José Miguel Pérez, ausente, como se sabe, de la cámara que hablará por boca de Manuel Marcos). Será un debate electoral propiamente dicho. A careta quitada (aunque ahora se pone de moda a calzón quitado). Me dice al oído el presidente del Parlamento, Antonio Castro: “Si yo fuera periodista, no me lo perdería”. Castro guarda constancia de casi toda la historia política de esta tierra desde la preautonomía. Habrá que hacerle caso.

Soria tendrá que explicar ese día por qué abandonó el pacto tras la foto de Zapatero y Paulino Rivero en la Moncloa. Fue iniciativa suya, según algún albacea del secreto. Vio la foto, se rebotó, llamó a Rajoy en caliente, le propuso la estampida, se tomaron la mañana dándole vueltas y, finalmente, le dieron el ok: “Haz lo que creas conveniente”. Pasaron las horas y desde dentro (esto es de sobra conocido) le salieron voces refractarias a abandonar los cargos, los cobertores del poder y sentir el frío de la oposición. Pero Soria es frío, a su vez, y no pestañeó, confía en sacar rentabilidad a la decisión de tener las manos libres. Se le hacía cuesta arriba presentarse a las elecciones yendo de la mano del socio que apuntala a Zapatero, el enemigo número uno del PP.

Ese pleno del debate será como el próximo derby. Le pregunté en Radio Club a Castro quién es el Messi de la política canaria y no dudó un segundo: “Paulino Rivero”. Lo dijo a bote pronto, bien para zanjar cualquier malicia sobre el desafecto entre ambos desde el episodio del último congreso de CC, que afeó la candidatura de Torres Stinga avalada por el presidente del Gobierno, o bien por convicción. Lo cortés no quita lo valiente. Castro es palmero (tanto por diplomático como por caballero). Castro es un político que espera.

En CC todos están a verlas venir. Si Paulino Rivero gana o queda segundo y preside el gobierno, cerrarán filas; si queda tercero y lejos de la presidencia, La Palma y El Hierro (API y AHI) formarán una pinza para girar hacia un pacto con el PSOE, a fin de obtener la vicepresidencia y la consejería de Economía y Hacienda. Esa es la pieza a cazar. Castro –que ha decidido no aspirar a seguir como presidente del Parlamento- la quiere cazar él (teoría toda ella expuesta así sin mayor refutación o validez que la meramente barajada en los mentideros habitualmente bien informados). Pero es disciplinado. pese a ser un defensor nada entusiasta del pacto de CC con el PSOE para sacar adelante los presupuestos de 2011 y, de paso, evitar que un adelanto de las elecciones generales las hiciera coincidir con las autonómicas, auténtico terror de los nacionalistas. Castro es esto, un nacionalista, que pugnó sin éxito por la reunificación de la ‘familia’ escindida, y, por muchas leyendas negras tejidas en torno a su presunto amago de deserción en la célebre moción de censura de Hermoso a Saavedra en los 90, ha permanecido fiel a las filas de la alianza política que ayudó a forjar.

No es el mayor fan de Paulino Rivero, pero tiene altura de miras y reflejos. “¿El Messi de la política canaria?”, se repreguntó a sí mismo cuando le requerí esa respuesta con la foto mañanera del futbolista en la prensa alzando el balón de oro. Y añadió sin inmutarse: “Paulino Rivero”. El 22 de febrero seguirá las palabras del presidente en el estrado con el oído sobre su cabeza, como el oráculo que es, aunque otros vean en él una espada de Damocles.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?