LAS ‘DESCONTROLADAS’ RELACIONES CON MARRUECOS

 

Sin necesidad de ir muy lejos, este día de hoy es el más indicado para ejercer la defensa oportuna de los derechos de los ciudadanos, de la gran mayoría, o, si se prefiere, la ‘inmensa minoría’, de  Juan Ramón Jiménez, frente al chantaje de las minorías sectarias y privilegiadas de este país. Un día para establecer con la historia doméstica los debidos ajustes y expresar en voz alta las enmiendas a que hubiera lugar. El Día de la Constitución nos convoca a saldar cuentas con algunos demonios familiares.

La resaca del caos aéreo el viernes negro agranda, a medida que pasan las horas, la gravedad de los sucesos. Los expedientes disciplinarios y la acción de la justicia deberán devolver a los ciudadanos –damnificados o espectadores pasivos- el amparo legal y la salvaguarda del Estado que durante unas horas parecieron suspendidos y violentados por una acción descabellada impropia de profesionales de nada.

Digo que este día nos ayuda a recomponer muchas cosas. No sólo el pandemónium aéreo. También toca revisar el curso de los acontecimientos, desde 1975, del contencioso del Sáhara Occidental, cuya tensión, tras el desalojo intempestivo del campamento de Gdaim Izik a las afueras de El Aaiún, ha ido aumentando respecto a España, hasta el punto de que, mientras nos ahogábamos en las miasmas del infierno aéreo del puente, el Parlamento de Rabat acordaba el viernes instar a su Gobierno a reexaminar las relaciones bilaterales con España a raíz del pronunciamiento del jueves del Congreso español, que condenó (evitando citar sumisamente al reino alauí) la violencia desatada durante el desmantelamiento de las jaimas de protesta de los sahararuis.

Marruecos ha abierto un nuevo capítulo, que irá a más, y del que no somos aún conscientes porque la revuelta de los controladores la solapó durante el fin de semana. La escalada marroquí contempla, abiertamente, la reclamación de Ceuta y Melilla, las dos ciudades autónomas por cuya soberanía España ha modulado siempre su política de paños calientes hacia Rabat. Los partidos mayoritarios y los plenos de las dos cámaras marroquíes han optado por tensar la cuerda, más allá del anuncio del mismo jueves del portavoz del Gobierno, Khalid Naciri, de reevaluar las relaciones, para pasar directamente a reivindicar, y pedir al ejecutivo que lo haga formalmente, la descolonización de Ceuta y Melilla “y los presidios ocupados” (sic). Las fuerzas políticas que lo propugnan solicitan que el gobierno remita el expediente de ambas plazas a la Cuarta Comisión de la ONU que se ocupa de este tipo de procesos pendientes en el mundo. A su vez, solicitan crear comisiones de audición para las víctimas de los crímenes contra la humanidad cometidos por el Estado español en su “guerra colonial contra el pueblo marroquí en el Norte y el Sur del Reino”. El ministro marroquí de Exteriores, Fassi-Fihri, en su intervención irrespetuosa en el Parlamento Europeo, tras una condena similar a la del Congreso, eligió a los españoles como diana de su menosprecio y petulancia , porque, a su juicio, actúan condicionados por un “complejo de inferioridad” respecto a la evacuación de su Ejército del Sáhara en 1975. Marruecos no tiene límites en su altanería.

Vienen caminando días irritados entre España y Marruecos, que incluye marchas (tan de guión para Rabat, que rentabilizó hace 35 años una muy célebre sobre el Sáhara Occidental, la ‘marcha verde’, con la que se forjaron la ocupación ilegal del territorio y los acuerdos ignominiosos de Madrid), tanto contra España como, específicamente, contra el inamistoso PP. Una con este último fin convocada en Ceuta fue aplazada arteramente a última hora para no hacerla coincidir con el polvorín aeroportuario, dado que habría tenido menor repercusión mediática en España, como ha sucedido con los propios acuerdos parlamentarios de Rabat. Se las saben todas.

El régimen alauí, como describen los papeles de Wkikileaks, en medio de la chismografía indiscriminada sobre líderes y países, es generalizadamente corrupto. Cabe suponer la agenda de favores que desplegarán sus eficientes servicios diplomáticos para corregir la nefasta imagen internacional que Marruecos se ha granjeado desde el 8 de noviembre (desalojo a la fuerza del campamento) hasta hoy, bajo un apagón informativo y múltiples denuncias de torturas, crímenes y detenciones.

A Canarias no le agrada esta situación. (El nuevo embajador español en Marruecos es, por cierto, el canario Alberto Navarro, uno de los funcionarios mejor valorados a su paso por Bruselas.) Nos debe preocupar tanto la posibilidad de la reanudación de la guerra entre el Frente Polisario y Marruecos a causa del fracaso del acuerdo de paz del 91, como esta premeditada confrontación de Rabat con Madrid, cuyo desenlace es imprevisible. Marruecos es hábil en gestionar los momentos políticos más débiles de España; lo hizo Hassan II en el 75 cuando aprovechó la agonía de Franco para invadir el Sáhara, y lo vuelve a hacer ahora su hijo, Mohamed VI, presumiendo que Zapatero bastante lío tiene con repeler los ataques de los mercados de la deuda. Pretende forzar a España para que respalde oficialmente su proyecto de autonomía para el Sáhara y no dudará en ‘sumar’ voluntades en esa dirección. Lo que este nuevo escenario nos pueda deparar a los canarios, en nuestra sensible política de equidistancia en el conflicto, es toda una incógnita. Pero Canarias debe ejercer sabiamente su particular ‘diplomacia’ en este conflicto y pedir ser oída por Madrid ante los pasos que haya de darse, con el fin de no quedar a la intemperie y pagar los platos rotos.

Marruecos conoce nuestro talón de Aquiles, la inmigración, el turismo, la seguridad. Y hará algo. Si no actuamos con prevención e inteligencia. Pero si con el despropósito de los controladores se acabó mediante el uso del Ejército, este otro contencioso exige, en cambio, dosis extremas de diplomacia y disuasión. España se enfrenta a una guerra psicológica con y de Marruecos, al tiempo que se sacude al enemigo de los mercados de la deuda. Una situación inédita, que describe a un país haciendo auténticos malabarismos contra un mismo adversario, la codicia: de los mercados y de los estados.

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UN PAIS DE LOCOS, UNA LEY PARA LOCOS

España es de esos países que no necesitan enemigos fuera porque, de acuerdo con la sentencia de Churchill adoptada por Tinerfe Fumero en este periódico, los tiene de sobra dentro. Esta vez los controladores aéreos, simulando fuego amigo, ‘enfermaron’ masivamente y dejaron el puesto de trabajo por el bien de la seguridad aérea (de sus privilegios laborales), pero en la práctica generaron la situación más grave que se recuerda en  la historia aeroportuaria del país. La militarización del servicio ordenada el mismo viernes y el estado de alarma -inaudito en tres décadas de democracia- decretado en la mañana del sábado por el Gobierno desactivó una subversión de trabajadores de cuello blanco que provocó, pese a todo, pérdidas millonarias en empresas y daños irreparables en personas frustradas de antemano por la crisis.

El Gobierno ha de dar explicaciones. Nadie lo discute. Debe justificar por qué eligió un mal día -la víspera del puente de la Constitución de máximo tráfico aéreo- para aprobar el decreto que incendió el conflicto (en  él se especifican las 1.670 horas anuales de curro real, sin permisos ni bajas de tapadillo, y esto endemonió a una casta intocable de profesionales duchos en orquestar  escaqueos). Ha de convencernos de que hizo bien y que, por tanto, Esteban González Pons erró el tiro al criticar la inoportunidad del Consejo de Ministros del viernes. Como tendrá que convencernos Zapatero de que no ha estado ‘missing’,  sino que Rubalcaba ha sido su encarnación en las comparecencias de esta crisis. Pero nadie negará a este gobierno, ni siquiera al cuestionado ministro de Fomento, la rapidez y acierto de sus decisiones una vez desatada la mayor insensatez de la historia sindical del país, sumiendo en el ridículo más espantoso a un colectivo que, con la cabeza agachada, abandonó la ‘suite-trinchera’ y volvió al tajo con uniforme verde caqui en cuanto le leyeron sus derechos antes den pasar a disposición judicial. Eran señoritos, nunca trabajadores en huelga; una acepción como ésta cargada de historia no merece semejante deshonra.

Así que el manual de oposición del PP alguna vez ha de aportar una coartada para su credibilidad. No cabe decir ‘no’ mecánicamente sin pecar de robot. La política es, cada día más, la verdad de las emociones. Y el viernes y el sábado, en este país, no había un colectivo objeto de mayor repulsa ciudadana que el de los controladores aéreos. Dudo que en toda la historia reciente, del 23-F al 3-D, lo haya habido, salvo el triste período negro que le tocó arrostrar a la Guardia Civil. De ahí que eché en falta en Rajoy, uno de los rehenes del secuestro, un gesto de estadista desde Lanzarote de apoyo al Gobierno de su país durante las horas críticas del desastre, y que aplazara todas las diferencias políticas sobre el caso para el día después. Rajoy es un tipo inteligente, aunque se le repute de darse a la pereza, y atribuyo una obsesión antizapatero tan majadera al consejo de encamarse hasta las elecciones (los políticos no siempre deben seguir al pie de la letra las consignas de los asesores). 

La noche de este ‘golpe al Estado’ sólo cabía estar al lado del Gobierno y de los derechos de los ciudadanos consagrados en la ley que conmemoramos el lunes. 600.000 personas estaban retenidas por 2.000. No era un pulso de partidos, sino un precedente peligroso, un acto terrible (alguien dirá, un acto terrorista, llevado de la calentura, y la verdad es que si no conociéramos a los autores, habríamos pensando al princioio en una ‘alqaedada’). Si Reagan militarizó y despidió a miles de controladores en el 81 por una huelga de éstas, lo hizo calcando un plan de Carter, que era demócrata. Hay decisiones en situaciones de emergencia que son de Estado, no de partidos ni ideologías.  

Una vez quedó atrás el problema (el cierre del espacio aéreo, pero no, al menos por quince días, la militarización y el estado de alarma), ahora queda el otro problema en esta puro. El futuro del control aéreo en España. La enérgica reacción del presidente canario, demandando una ley de militarización y el despido de los responsables, ha puesto el foco sobre la herida. Que Canarias es la comunidad más afectada es tal obviedad, que ha de formar parte activa de la solución del problema. Las ideas que las islas puedan poner sobre la mesa -algunas de ellas las ha desgranado ya el presidente Paulino Rivero, cuyo gabinete denunció al día siguiente en los tribunales a los controladores- son de utilidad en el ámbito estatal. La convicción de Rubalcaba de que “no volverá a suceder” no calma el desasosiego de los dos archipiélagos y el territorio peninsular. Ni el de los ciudadanos, que, con motivo, se preguntan que sería de este país si mañana los médicos abandonan en bloque los hospitales dejando atrás a los pacientes, y los maestros desertan de las aulas dando la espalda a los alumnos, y en Endesa y Red Eléctrica les dé por dejarnos sin luz. ¿Existe la ley que pare a tiempo los pies de un colectivo enloquecido?

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GOLPE AL ESTADO

El ‘golpe al Estado’ de los controladores aéreos españoles este 3-D contra el Gobierno de Zapatero, a ojos de Europa, es una reedición de aquel ‘tejerazo’ paleto y montaraz que tanto nos avergonzó en su día. Esta ‘alqaedada’, que han asestado un golpe impensable a la economía, a la imagen, a la estabilidad de un país sumido en una profunda crisis, pasa a la historia de las chapuzas más célebres recreadas por Luis Carandell. A Canarias, el paro le retorció el cuello y la dejó sin aire.

El presidente Zapatero, ya entrada la noche, firmò la orden de militarizar el servicio público del control aéreo, como quien decide in extremis repeler un ataque en toda regla contra los intereses del Estado apretando un botón. Habían sido violentados los derechos de los ciudadanos del país, como si todos hubiéramos quedado presos, sin poder movernos, a expensas de unos activistas invisibles, pero capaces de cegar el cielo y suspender todos los vuelos. Los controladores comenzaron a abandonar masivamente sus puestos de trabajo a media tarde, como miembros de una secta camino del degolladero. Estaban debidamente sincronizados, como protesta por los acuerdos que el Consejo de Ministros había adoptado horas antes sobre la regulación de su jornada laboral -que no incluye a partir de ahora los permisos y bajas-, y paralizaron los aeropuertos obligando al cierre del espacio aéreo, como si de un atentado fundamentalista dantesco se tratara. 

Con la militarización del servicio, los absentistas se exponen a ser acusados de sedición, penado con años de cárcel, y ya anoche la Fiscalía de Madrid abría diligencias para establecer la posible comisión de esa figura delictiva. Fue el presidente canario -por tratarse la suya de la comunidad más afectada por el aislamiento aéreo, a falta de Renfe y carreteras por territorio continuo- el primero en mencionar las dos medidas: la intervención del Ejército y la actuación de la Fiscalía. Canarias, como Baleares, es la víctima propiciatoria de las continuas huelgas encubiertas de los controladores, pues el malestar social está asegurado. pero esta vez, la ‘yihad’ del colectivo cruzó una raya peligrosa, como si perdiera los estribos, para ejercer más allá de una medida de presión, un chantaje con “rehenes” -los propios ciudadanos, en opinión de José Blanco, erigido en ministro antimafia de un sector enfrentado al Gobierno-.

Las pérdidas turísticas de Canarias y el conjunto del Estado, en la operación salida del puente de la Constitución, pasan a un segundo plano, con ser considerables, y cobra toda su trascendencia el pulso  político que han querido librar los controladores -el sindicato USCA usó la estratagema de convocar una rueda de prensa autoexculpatoria a la misma hora que se ‘enfermaba ‘ a la vez más de la mitad del colectivo- midiendo sus fuerzas con el gabinete de Zapatero. En tiempos de gloria sindical -antes del monumental descrédito que ahora soportan-, el mismo gremio alardeaba de tener cogido al gobierno por sus partes pudendas y de hacerlo caer si quisiera.

La jornada del caos mostró los rostros de los pasajeros en tierra con la palidez y la ira, en efecto, de unos rehenes bajo un secuestro fantasma, cuyos autores se atrincheraban en un hotel cerca de Barajas. La destemplaza de Rajoy, retenido en Canarias, era tan visible como su desconcierto al vacilar entre el instionto procedimental de meterle caña al Gobierno o a unos incívicos profesionales de dudosa simpatía entre los votantes.

Que una huelga salvaje nos haya devuelto a la España donde mandaban los militares no es, desde luego, la mejor noticia, en el bien entendido de que a estas alturas de la democracia lazs Fuerzas Armadas se han ganado un reconocimiento merecido por labores cívicas y solidarias que borran viejos clichés. El decreto ley que pone el control aéreo en manos del Ministerio de Defensa estaba perfectamente meditado, pues fue uno de los acuerdos del Consejo de Ministros antes de que se desatara a las pocas horas la crisis aeroportuaria. Convendremos que, al margen del efecto disuasorio del que todavía gozan en este país los militares, su intervención -amén de contar con controladores propios para suplir parcialmente las bajas- debe de estar justificada por los aspectos legales del asunto, es decir por la posibilidad, sólo en ese caso, de situar a los huelguistas entre la espada y la pared: entre volver a la consola o cometer sedición. ¿No habrá en el futuro que endurecer adecuadamente este delito -hoy castigado con un máximo de 12 meses de prisión y en el caso de los cabecillas con un tope de 2 años- en el Código Penal, cuya modificáción es inminente, como sugería ayer el presidente canario en su comparecencia? 

El caso es que Aena comenzó su estrellato de la semana con el anuncio de su privatización y lo terminó con el de la militarización. Del mismo modo que el Gobierno de Zapatero venía de pertrecharse contra el ataque de los especuladores de los mercado de la deuda y ha acabado, qjuién lo iba a decir, viviendo horas de auténtica ‘guerra’ de nervios, que nos remontaban a una noche de transistores como si leyéramos a Javier Cercas en ‘Anatomía de un instante’; de nuevo sonaron palabras como ultimátum, intervino el Ejército en auxilio del Gobierno y esta vez buscamos en las ediciones digitales de los diarios la evolución de los acontecimientos, y recurrimos como siempre a la radio, y pusimos la tele, como entonces, pero esta vez no habló el Rey, porque estaba en Mar del Plata.

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TOM HANKS EN ‘LA TERMINAL’

Los ocho aeropuertos de Canarias abren la boca y el turismo nos da de comer. No tenemos más alternativa ya metidos en la otra boca de lobo de la crisis, y no nos va mal. El número de visitantes crece, y aunque en el pasado abogábamos por la calidad antes que por la cantidad, conscientes del número excesivo de camas dde nuestra planta alojativa, hemos terminado por sucumbir al vellocino de oro de la masa, que pernocta y deja una lluvia fina de dinero, a todas luces provindencial.

Tiempo habrá de renovar hoteles y apartamentos obsoletos (si algún día la quimera se vuelve verdad) y, entre tanto, que se llenen  cuanto más mejor. Son tiempos de vacas flacas, la sed de ingresos aparca axiomas tomados por sabios y se impone salir del paso a trompicones, con la lección aprendida, con el turismo de memoria. El turismo está respondiendo a un desafío histórico, sobre sus hombros recae la hazaña de sacar las islas a flote en medio de esta crisis larga y antipática.

Y las noticias que se tienen de la evolución de la demanda dibujan un panorama alentador: un millón de turistas más el año que viene, de la mano de Ryanair, según el anuncio del Gobierno canario, que ata en corto este convenio con la reina del low cost para que inyecte viajeros a las islas y monte cuatro sedes.

Las cuentas de una  oleada de turistas como ésa, cifra, en números redondos, la ‘llegada’ de 1.500 millones y el gobierno calcula que creará entre 25.000 y 30.000 puestos de trabajo. Son las previsiones de un gobierno, y, por tanto, cabe concederle ciderto margen de euforia, pero por mucho o por poco que yerre en el pronóstico, todo se andará, será un’ chute’ turístico en toda regla.

¿Qné sucede? Que controladores, pilotos (para el Sepla es parte del manual de estilo) y trabajadores de Aena moscas con la privatización que hoy aprobará el Consejo de Ministros, parecen conjurarse en un pacto fáustico para hacer de nuestros aeropuertos en Navidades un infierno. Supondría un descalabro para las arcas resentidas del primer sector de laeconomía insular, y el daño de imagen del caos aeroportuario en fechas sensibles alcanzaría una gran magnitud,  como en el ayuno del tragaldabas que suplica la ración hasta vejarse, con los miles de viajeros tirados en las terminales como Tom Hanks en el aeropuierto JFK en la película de Spielberg y las islas dando el espectáculo en toda Europa de un destino trampa. La ratonera.

La entrevista Paulino Rivero-José Blanco fió al consejo de ministros de hoy, viernes, la estipulación de garantías para el archipiélago en caso de que se consusuma esa alineación de planetas en las siete islas para asestar a esta tierra un golpe bajo tan mísero. De poder evitarse, porque Aena resuelva el conflicto de los días de descanso de los pilotos y persuada de estabilidad en el trabajo a su personal amenazado con la entrada de capital privado, o desactive el paro encubierto de los controladores, Canarias se daría esta Navidad con un canto en el pecho. Pero, entre los nueve mandamientos de Zapatero figura la venta parcial del organismo y el archipiélago, que está en contra de esta medida porque se niega a que un servicio público estratégico pase a manos privadas, permanece en medio de la refriega, llevándose la peor parte. 

Querer ignorar una y otra vez que las islas son un territorio discontinuo condenadas a volar por narices es no querer enterarse de la misa la mitad.

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EL WIKIPERIODISMO DEL FUTURO

Si el tal Julian Assange, el reverso del mito orwelliano del Gran Hermano, triunfa con su web y derriba finalmente a la secretaria de Estado estadounidense y pone contra las cuerdas (o se lleva también por delante) al mismísimo Obama, y acaba con la CIA, con la diplomacia yanqui, con el sursuncorda profundo del poder norteamericano, y monta un pollo global con los arsenaldes nucleares en manos de líderes zaheridos públicamente o quién sabe de qué `pifostio´ sea capaz, esta profesión de antiguo conocida como periodismo (la de cogérselo todo con papel de fumar, cuando no estaba prohibido) se habrá ido al garete.

Devoro los ‘papeles secretos’ de Wikileaks como usted, y, ahíto del empacho, convengamos que divierte y excita navegar por las cloacas del poder en estado puro, en su estado más sórdido e infame, pillar al espía in fraganti, con las manos en la masa. Es un gustazo. Todas las revelaciones (si lo son) publicadas hasta ahora tienen morbo, y las que atañen a España, sin desperdicio, hablan del sumidero de las chapuzas para tapar el ‘caso Couso’ (dudo de la versión de López Aguilar y Julio Pérez plegándose al embajador americano para coadyuvar en el archivo de la causa) y los tejemanejes para encubrir los  vuelos de la CIA o mercadear con los presos de Guantánamo.

De acuerdo que son unas filtraciones apetitosas, cuyo consumo no discrimina entre lectores avezados de prensa sesuda y usuarios doctos en telebasura a la carta. Pero el caso Watergate era otra cosa. Sin nostalgias del oficio prehistórico de papel y lápiz, antes del iPod, digamos que el periodismo de investigación de toda la vida se forjaba con el método meticuloso de consultar las fuentes, contrastar la información, reconstruir los hechos y acabar averiguando la verdad antes de publicarla. El hackerperiodismo (o usemos el término ‘cracker’, que prefieren los gurús del ‘software libre’) es un corta y pega compulsivo que amasa centenares de miles de documentos confidencialdes, obtenidos por procedimientos inconfesables y difundidos en la barra libre de los portales de Internet y, ahora por último, en diarios convencionales de solvencia, ante la necesidad de sublimar su fe de rigor y sortear, a su vez, problemas de distribución en la red.

No me cabe la menor duda -digo con dolor- de que este periodismo ciudadano o fulano valeroso, vengador y justiciero se va a imponer. Es más directo, hiriente y fácil. Las viejas reglas de la veracidad quedan refutadas por este envión de Wikileaks. O mucho me equivoco. Hacía tiempo que en la redacciones ganaba terreno la pereza de ponerse a investigar. Los nuevos cachorros del ciberperiodismo han hallado la fórmula, y su héroe, este rubio australiano perseguido por violación, seguramente sin fundamento con tal de cortarle las alas sus poderosos adversarios, les ha enseñado el camino (por otra parte, me alegra ver a los piratas icautos del pinchazo telefónico y el ocaso de la vida privada probando sju propia medicina, qué quieren que les diga, una cosa no quita la otra).

En lo sucesivo, las fuentes se reducen a una: el que filtra, el soplón (lo de ‘garganta profunda’ no se puede chotear, o perdería todo su glamour). Los medios (de obtener información, de asaltarla ionformáticamente por las bravas) justifican el fin. Al fin. Hemos tocado fondo.

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Fuga de cómicos

Leslie Nielsen (imdb.com)

A los cómicos les ha dado ahora por desaparecer del mapa. Leslie Nielsen (84 años), el de ‘Aterriza como puedas’, se ha ido haciendo mutis por el foro, y pronto nadie se acordará de él, como ocurre con todo aquél que tiene la mala suerte de morirse. A cada deceso, se impone una amnesia instantánea que borra del recuerdo colectivo quién fue ése que se fue. En un pispás. Es un efecto fulminante, y cada día resulta más efectivo el olvido póstumo de la gente que quisimos e, incluso, admiramos, a medida que nos hacemos más insensibles y circunspectos, mal que nos pese y nos pasa.

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La ciclogénesis

El faldón de la semana que empieza y el de la semana que viene es, como hace dos años y medio, la crisis. Pero estas primeras horas de la semana, a toda página, absorbe toda la atención la borrasca (el temporal sobre las islas), la borrasca (el temporal político sobre Cataluña) y la borrasca (el temporal de los secretos de bisutería sobre la Casa Blanca). O sea, la ciclogénesis explosiva, eso que los climatólogos llaman ‘la bomba atmosférica’.

De la borrasca atlántica queda una falsa impresión del Delta al que se parecía, en el pronóstico, calcado al original, el mismo día de hace cinco años (la famosa teoría de los ciclos que el físico palmero Guillermo Rodríguez, con poca fortuna, repitió hasta la saciedad). Lo llamaban ‘Andresito’ en las redes sociales, y antes ‘Andrés’, pero fue yendo a menos y le fueron quitando importancia (también las borrascas cotizan al alza cuanto mayor ferocidad aseguren por anticipado, es el signo de los tiempos: a mayor jodienda, mayor mérito y más cachet).

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‘Mas’ Cataluña en la era Zapatero

Artur Mas muestra su DNI para poder emitir su voto. / EFE

La ‘tormenta’ política catalana y la borrasca canaria (ésta, genuina meteorológicamente y de proporciones preocupantes) se desataron a la vez, acaparando la mirada del resto del Estado, que ya paladea el clásico de esta noche en el Camp Nou, al que acudirá un Laporta erigido formalmente en diputado independentista.

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La caverna marroquí

Los graves incidentes de El Aaiún sentencian a Marruecos, a las puertas de otro diálogo inviable de paz. No hay silencios que duren mil años, ni el silencio impuesto por Rabat –la diplomacia que hechiza- al conflicto del que pende su reino desde la marcha verde, que el sábado cumplió 35 años. Ni una década de alto el fuego acalla la voz de los saharauis; bastó hace un año una huelga de hambre para hacer saltar por los aires un cerrojo infame, y todavía hoy aquellas imágenes de Aminatu Haidar acampando en el aeropuerto de Lanzarote, como en estas jaimas arrasadas de El Aaiún, hablan por sí solas. La batalla campal de Agadym Izik erosiona aún más la maltrecha credibilidad de uno de los pocos países de la región en los que Europa quiere confiar, pese al insulto a la inteligencia de su canciller Fassi Fihri, que el miércoles se confundió de país y despotricó de los periodistas españoles en Madrid como si lo hiciera de los suyos en Rabat.

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