EL DÍA DE LAS LETRAS Y EL DIA DE LAS CIENCIAS

 

Con el desliz de los parlamentarios, trocando ciencia por letras, habiendo errado en la elección del físico Blas Cabrera como eje de la fiesta literaria de 2012  en Canarias, se corre el riesgo, de no reemplazarlo, con mejor criterio, por un escritor propiamente dicho, de acabar infligiendo al científico conejero un trato injusto con su memoria.

Si se le sustituye con acierto, cabe a continuación restituirle eso que llamamos el honor, el derecho de imagen, etcétera, con la celebración del Día de las Ciencias Canarias, empezando por él y continuando con los que están en la mente de todos (Agustín de Bethencourt, Antonio González…). Alguna vez habrá que desempolvar a Blas Cabrera y Felipe como se ha hecho de modo consensuado con el ingeniero afincado en Rusia. Hágasele el homenaje acorde a su categoría aprovechando el desaguisado.

La personalidad del sabio conejero, uno de los mejores físicos y científicos de su época, no puede quedar arrumbada sin mayor enmienda una vez se restablezca la lógica con la designación que corresponda en su lugar para el próximo Día de las Letras Canarias. Lo que empezó siendo una metedura de pata no puede quedar resuelto con desconsideración pasando página.

Estamos ante uno de los grandes sabios canarios y europeos de la historia: parió leyes científicas, corrigió otras y logró la consagración de la mano de Einstein y Marie Curie. Era un gran físico experimental que centró sus esfuerzos en un área de enorme incidencia en múltiples campos: las propiedades magnéticas de la materia. Y sobresalió también como divulgador, con más de un centenar de trabajos fundamentales de su especialidad, lo que no lo convertía necesariamente en narrador de ambiciones literarias (no era ésa tampoco, seguramente, su pretensión). No olvidemos que ocupó en la Real Academia Española el sillón de su maestro Ramón y Cajal.

¿Cuál ha sido el desafuero? Confundir, precisamente, a un científico con un escritor y ubicarlo en un contexto equivocado, el de las letras, nítidamente destinado a poetas, novelistas, ensayistas o historiadores, según la voluntad parlamentaria en su origen. Claro que según el canon de María Moliner cabría conceptuar ciencia y literatura en el mismo universo del conocimiento, y sería deseable tal cosa pero sin atajos; la propuesta primera del Parlamento, repito, al crear el Día de las Letras Canarias no se prestaba a confusión alguna.

El caso de Tomás Morales es paradigmático de un poeta modernista de factura suficiente para merecer mejor trato de la crítica española, que, con excepciones, peca de distracción imperdonable a la hora insertarlo en el sitio que se ha ganado por derecho propio. (A los poetas canarios, por lo general, con las raras excepciones de Manolo Padorno y, por último, de José María Millares Sall y el jovencísimo Félix Francisco Casanova, se les omite editorialmente e ignora por parte de la crítica peninsular, por más que Armas Marcelo haya convocado ahora a los escritores locales, en el Foro Literario 2016 de Las Palmas, a dejar de llorar –“el llanto del aislacionismo”- y abandonar “la dejadez, el aplatanamiento”, para trascender más afuera –mar afuera-, donde no se les oye.)

A los paisanos de Morales (Moya, 1884, Las Palmas de Gran Canaria, 1921) nos cabe autoinculparnos de atenderlo con cierta pereza, salvo en esta ocasión, coincidiendo con el 90º aniversario de su muerte.

El fiasco del físico conejero (1878-1945) fallecido en México a la edad de 67 años, un exilio obligado por la depuración franquista de los catedráticos desafectos al régimen, merece un resarcimiento con reflejos, hecho desde la generosidad, sin incurrir en obstinación. 

Pésima imagen en la intraisla que aún abochorna más de puertas afuera. Valga este desvarío de la política respecto de la cultura (con la que suelen venirle mal dadas, por una negligente desinformación de bulto, a los hechos me remito) para reclamar en el debate del Estado de la nacionalidad, que está a la vuelta de la esquina, una digna aproximación al panorama de las letras, las ciencias y las artes (cultura, creación e industria)  en las islas, más allá de la cansina cantinela de reproches gratuitos y previsibles contra la política cultural del gobierno de turno desde la oposición y las respuestas a la defensiva desde el poder, si se quiere avanzar en este campo de una vez por todas. Tras decenios de indiferencia, la ausencia desde la política de interés por  la cultura (botón de muestra es el patinazo del Día de las Letras) ya no es de recibo.

Conmemoremos la fiesta literaria como corresponde en torno a la figura del poeta de ‘Las Rosas de Hércules’, que en Cuba admiraba Nicolás Guillén, nuestro malogrado médico y político Tomás Morales, que empezó muy pronto a escribir, con la urgencia de una vida que iba a ser corta, y que antes de decir adiós a los 37 años pudo conocer a Rubén Darío y Gómez de la Serna en Madrid. Y abrir paso a las letras de su tierra levantando los diques que suelen estancarla.

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LA TUMBA DEL FARAÓN

 

En poco más de veinte años, hemos asistido a sendos vuelcos de la historia: en Europa del este y ahora en el mundo árabe. La caída del faraón (en lo que parece el otoño de la fisiología política y humana de una saga de patriarcas medulares, ya anacrónicos) confirma la ola (gigantesca, el tsunami) de una marea virtual de cien millones de jóvenes que amenaza a los regímenes apergaminados del mundo árabe desde el Atlántico al Golfo Pérsico.

En las islas decimos que hace tiempo que África emigra poco. La crisis nos devaluó. Seguimos con suma atención el curso de los acontecimientos (qué torpe visita a Obiang de José Bono y los diputados españoles). Falta saber la hoja de ruta de esta ola, sus próximas escalas y el grado de pasividad o influencia de Europa y Estados Unidos si se adentra en Marruecos. En los 70, los canarios perdimos la retaguardia del Sáhara, y ahora nos llegan los turistas desviados del Magreb: la prioridad es blindar nuestra seguridad. Cierto que los enamorados (como hoy nuestro San Valentín) acuden a la Plaza de la Liberación, celebran bodas, ella con hiyab blanco, él en vaqueros, los ancianos con galabeya y turbante. ¿’Haz el amor, no hagas la guerra’ (la consigna del mayo del 68 francés), prenderá en esta ocasión hasta el final? Sí, África viene menos, sus jóvenes se quedan allí. Las redes sociales les abren los ojos. Una patera, sin embargo, llegó en enero a Fuerteventura, con inmigrantes políticos, que huían de la represión marroquí tras el desalojo del campamento de Gdeim Izik. Miles de tunecinos invaden ahora la isla italiana de Lampedusa, en estado de emergencia humanitaria.

En tan corto período de entresiglos, las placas tectónicas de la historia se reacomodan. Facebook y Twitter han ayudado a derrocar dos dictadores en menos de un mes. Esta revolución exprés bate récords. Llama la atención el perfil de mártires y líderes: el joven vendedor ambulante inmolado en Túnez y el ejecutivo de Google, héroe de la plaza de Tahrir: Mohamed Bouazizi y Wael Ghoneim. Definitivamente, 2011 no tiene nada que ver con los dos mil diez años precedentes de historia de las revoluciones del mundo, camino de los libros de texto. ¿Quién mueve los hilos de la revuelta inalámbrica? ¿Quién está detrás de los jazmines y las piedras? El premio por haber puesto en fuga a Ben Ali y Mubarak, dos pillastres que dejaron de dar miedo, debe ser la democracia y no el fundamentalismo islámico (Teherán, 1979). Era por el precio de los alimentos, pero también por el precio de la libertad.

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LA TUMBA DEL FARAÓN

 

Ha caído Mubarak. En Tahrir, la Plaza de la Liberación, cuyo nombre hoy cobra todo su significado, los jóvenes que se lanzaron a la calle han logrado derrocar al dictador. En 2011 hemos empezado por descubrir que eran posibles todavía las revoluciones. Incluso, que éstas en tan sólo unos días lograrían sus objetivos. Las revoluciones de antes duraban más, la de Cuba en Sierra Maestra, la rusa de 1917, la de la Nicaragua de Somoza por los sandinistas, guerras de guerrillas, luchas en la calle, asaltos a cuarteles y un reguero de sangre inevitable antes del triunfo. ¡Patria o muerte!, coreaban Fidel y el Che.

Esta revuelta de las redes sociales ha resultado, por lo general, pacífica, salvo los muertos de la represión y los inmolados a lo bonzo. La revolución de los jazmines, la tunecina, la del vendedor de verduras ambulante, la de alza de los precio, la del precio de la libertad. En medio de este océano de crisis de las ‘suprime’, de los hipotecados del mundo, de la banca sin escrúpulos y la pirámide de Madoff, llegan estos disturbios de Facebook y Twitter en el Magreb.

Nace la libertad en la región dilapidada durante decenios por sus dictadores disfrazados de reyes, electos y líderes espirituales. Es la gripe de los manumisos, el virus de la democracia, y no tenemos una OMS para medir las dimensiones del contagio de esta pandemia norteafricana, que nos lleva a mirar a Yemen, Jordania, Libia, Argelia y….. ¡Marruecos!

Las primeras manifestaciones han comenzado a fraguarse en Rabat. Se anuncian movimientos callejeros para el 20. España, Europa tienen que mirar para Marruecos, y esta vez los derechos humanos exigen mayor sensibilidad que tras el desalojo del campamento de El Aaiún y las persecuciones a los saharauis, algunos huidos en pateras a Fuerteventura. O se exigen cambios al rey Mohamed VI, transparencia y democracia o se monta un Túnez, un Egipto aquí al lado. Y Mohamed se convertirá en Mubarak.

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EL INVENTO TINERFEÑO DE LA RECEPCION ON-LINE

 

El invento de Manuel Luque está llamado a revolucionar el sistema tradicional de recepción de hoteles implantado en todo el mundo. Este ingeniero en Informática de Sistemas por la Universidad Autónoma de Barcelona, que acaba de presentarme el consultor José Ramón Sanz, lanza ahora desde Tenerife un nuevo sistema de recepción hotelera on-line a través de Internet, cuya patente mundial para los próximos veinte años le ha supuesto una inversión de 60.000 euros.

El descubridor demuestra así la fe que deposita en su método, para el que no sólo ha invertido tres años de investigación en un producto inédito de I+D+i+d, con la colaboración de la Universidad de La Laguna, sino que, encima, como acabo de decir, ha puesto de su bolsillo una cifra suculenta de dinero que lo obliga a endeudarse con un banco confiando en que la idea resulte, tarde o temprano, rentable. Quién sabe si Manuel Luque se hará millonario un día con este sistema de ‘checking’ de hotel, extrapolable a hospitales, urbanizaciones, grandes empresas, universidades y toda suerte de complejos compartimentados en departamentos y habitaciones que requieren control de alojamiento y máxima seguridad.

Consiste en sustituir la vetusta recepción (creando nuevos puestos de trabajo especializado sin duda y extinguiendo otros obsoletos, también) y así sortear la servidumbre de hacer cola, sustituyéndolo por una recepción virtual, en la que el cliente y usuario podrá confirmar su reserva desde casa a través del ordenador o móvil y recibir (por email o sms) el código numérico o de barras de su habitación. Se introduce, asimismo, la opción de la huella dactilar. Con esa llave virtual entrará en el hotel sin identificarse ni avisar a nadie y cuando abandone la habitación el sistema alertará que queda libre. (La puerta será modificada con el artilugio digital pertinente.) Podrá abonar por el mismo procedimiento todos los gastos de minibar, televisión de pago, ‘room service’,etc. Evitará mostrar (y, en su caso, olvidar enojosamente) la documentación personal. Garantiza el anonimato y confidencialidad sobre sus movimientos, sea cual fuere su intencionalidad como huésped (aquí caben todas las conjeturas ‘berlusconianas’ al respecto). La gestión, me asegura, finalmente, su creador, “será ágil, cómoda y eficaz”. Y, sobre todo, me digo a su vez, acorde a los nuevos tiempos (hablando con este emprendedor de 40 años, tímido y afable, a uno le empieza a parecer, de pronto, que el régimen hotelero vigente es una antigualla, algo en lo que no habíamos caído).

Luque ha tenido una idea sabia, ha sabido dar en el clavo con una aportación que, de forma casi insólita en un mundo donde casi todo está inventado, resulta que quedaba esto por hacer. Bien visto ahora a toro pasado, cuando ya hemos conocido los pormenores del invento de este ingeniero informático, licenciado en derecho y diplomado en Ciencias Empresariales en paro, llama la atención que, con tanto genio que anda suelto por ahí, nadie hubiera caído en la cuenta de que en la sociedad de las nuevas tecnologías algo había quedado caduco en uno de los sectores económicos que mueven el mundo: la vieja y arcaica (y entrañable) recepción de hotel (escuela de generaciones de profesionales del sector, que, por otra parte, estoy seguro que sobrevivirá con otro formato y otras funciones, dada la importancia del trato personal).

Ahora sólo falta que una cadena hotelera española, o europea, o americana lea esto y compre el sistema a su diseñador. Tenga la completa seguridad Manuel Luque que no le haré pasar por caja.

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‘ESPIRAL’ DE ‘YERROS’

 

Martín Chirino, ‘Martin’ (palabra llana, dice el artista), no se merecía este incidente de la ciudad que le consideraba su escultor favorito. A Santa Cruz le gusta Chirino y a Chirino le gusta Santa Cruz, como prueban la espiral del Parlamento, la cabeza africana de CajaCanarias y la ‘Lady Tenerife’, recostada junto al Colegio de Arquitectos,  como la novia del guerrero yacente de Goslar. ¿Cómo iban la ciudad y el escultor a malquistarse?

Hace un par de años, con motivo de unos Carnavales y una tormenta, el Ayuntamiento retiró el brazo de hierro de la espiral, y dejó en la Plaza de Europa un muñón desganado que recuerda someramente a la ‘Femme Bouteille’, de Miró, recluida en el Viera y Clavijo. La escultura malograda se titula ‘El sueño de los continentes’, homenaje a la unidad de Europa (seccionada como ahora ya sugiere el profético sajazo) y de las dos Alemanias, sin que el agravio llegara a oídos de Merkel. El propio autor, pendiente por último de una indemnización judicial, tiene otras obras en paradero desconocido y su caso abunda en un vandalismo que se ceba en el arte, mediante graffiteros incívicos, desatinos municipales, o ladrones como los que usurparon en Bélgica hace poco una figura de Dalí (‘La mujer de los cajones’, léase bien). Uno siempre le echa un ojo al guerrero tumbado de Henry Moore por si han ‘arramblado’ con él. El día que faltó estaba en el TEA.

Chirino es un canario extranjerizado, un isleño con sed de continente (parafraseando a María Rosa Alonso), que descubrió África antes de esta revolución árabe de los jazmines a la pedrada limpia en la plaza de Tahrir, y creó sus ‘afrocanes’. Lo conocí una noche de hace más de treinta años, en una discoteca de Madrid, donde Martín (Rivero) y yo presentamos el disco ‘Ach-Guañac’, de Taburiente, editado por Ariola. Hablamos de identidad y de sus espirales de hierro hasta la madrugada. Trasterrado en Madrid, como Millares y Padorno, la imputación-amputación de ‘canario que se fue’ era un estigma lacerante.

El escultor de los aeróvoros y espirales ama a Santa Cruz y Nueva York, donde Westerdahl (empleado de banca) y Rockefeller (banquero) le abrieron las puertas. El Rey pidió tener un ‘chirino’ en los jardines de la Zarzuela para verlo desde el despacho, como en su último mensaje navideño. Las ‘ladies’ de Chirino a Sylvia Plath,  que conoció a través de Ted Hughes, honran a la poeta del amor trágico que se quitó la vida. Esta semana toca decidir. El Ayuntamiento no debe caer en una ‘espiral’ de ‘yerros’ con uno de sus mejores embajadores.

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LA ‘ESPIRAL’ DE UN DESAGUISADO MUNICIPAL

 

Martín Chirino, ‘Martin’ (con acento en la ‘a’), como a él le gusta que le llamen los amigos, ha saltado a la actualidad por una de sus obras en Santa Cruz, ciudad de la que siempre me habló con afecto como una vieja amiga. A Santa Cruz le gusta Chirino y a Chirino le gusta Santa Cruz, como prueban su espiral del Parlamento, su cabeza africana del patio de CajaCanarias y su ‘Lady Tenerife’,  en la plaza del Colegio de Arquitectos. ¿Cómo iban la ciudad y el escultor a pelearse?

Pues hace un par de años, en vísperas de los Carnavales, el Ayuntamiento mutiló insensatamente la escultura del artista en la Plaza de Europa, titulada ‘El sueño de los continentes’, que compuso en homenaje a la unidad de Europa y de las dos Alemanias, cosa (la amputación municipal carnavalera) que a la Merkel le haría maldita gracia si algún asesor lee esto y se lo cuenta. El guillotinazo de la escultura con el pretexto de evitar que se hicieran daño las máscaras al tropezar con la espiral de hierro que gira en el aire cerca del suelo, resurge como noticia tras recurrir el escultor a los tribunales en demanda de una reparación económica y artística. El propio Chirino tiene otras obras en paradero desconocido y este caso abunda en la leyenda negra de los escultores vandalizados por los graffiteros menos respetuosos con el arte o los ladrones profesionales, como los que se llevaron en agosto una figura de Dalí (‘La mujer de los cajones’, leer bien) de una muestra en Bélgica.

He contado alguna vez que, como pateó a menudo la Rambla (de Santa Cruz, su nuevo nombre), continuamente le echo un ojo en su emplazamiento frente al edificio singular de Emilio Machado, por si un día no está. Y sucedió tal cosa. Pero era una ausencia justificada, por mudanza temporal al TEA para una exposición. Es que nunca se sabe.

Chirino es un escultor lúcido de su tiempo, que descubrió África antes de esta moda, y creó sus ‘afrocanes’ legendarios. Lo conocí una noche, hace unos treinta años, en una discoteca de Madrid, donde Martín y yo presentamos un disco de Taburiente editado por Ariola. Levantó la mano y preguntó sobre los guanches en el coloquio. Luego, seguimos toda la noche hablando de las islas, del continente de al lado y, finalmente, de la espiral, su leit motiv. Chirino arrastraba aún por entonces el estigma más impertinente de Canarias en aquellos años  posfranquistas, la condición de desterrado, por haberse ido a Madrid en los 50 con los dos manolos (Millares y Padorno). Esa imputación de ‘canario que se fue’ se deshizo en poco tiempo.

He hablado mucho todos estos años con el escultor de los aeróboros que aprendió a forjar el hierro en los astilleros del puerto de La Luz, al calor de su padre. Que viajó a Nueva York con la intrepidez de una tierra que emigró a América sin medir la distancia, y se ganó la amistad de David Rockefeller, que le abrió las puertas de la ciudad. Don Juan Carlos pidió tener un ‘chirino’ en el jardín de la Zarzuela, donde él pudiera verlo desde la puerta acristalada del despacho, y en el último mensaje navideño vi por la tele la escultura que su autor me había comentado. De Chirino podemos estar hablando hasta mañana: de sus ‘ladies’ para Sylvia Plath, la poeta que se quitó la vida, y que el artista conociera a través del poeta Ted Hughes, una pareja que vivió un amor desgraciado. Y de su ‘Lady Tenerife’, la dama recostada a la que saludaba todos los días durante los meses que viví cerca de ella. Y acabaríamos sacando los trapos malditos de la historia intrainsular, el manifiesto de El Hierro sobre la identidad africana de las islas. Y el Caam. Pero sólo quería decir que el Ayuntamiento está obligado a reparar cuanto antes ese flagrante desatino cometido con la obra de uno de sus mejores embajadores en el mundo. Me consta.

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OTRA VEZ EL MEDITERRÁNEO

Los microclimas políticos regionales que difieren entre sí hacen imposible ahora mismo una radiografía global del mapa social, económico y político de un presunto mundo interrelacionado. La crisis es el telón de fondo, pero cada estado y área geográfica han acentuado sus diferencias como nunca, hasta hacer irreconocible el rostro de este siglo. La revolución juvenil del Magreb, tanto vía Facebook y Twitter como megáfono en mano cuando las autoridades apagaron Internet, hace saltar por los aires, de modo autónomo, uno de los escenarios geopolíticos en apariencia más estables bajo regímenes autoritarios que despreciaron las demandas de libertad de un pueblo cada vez mejor informado de su retraso y su atavismo. Aquí las redes sociales estoy convencido de que han obrado el milagro de hacer ver la naturaleza de esa marginación saltando por encima de la censura local. Y, sin embargo, el riesgo es que detrás de esta insurgencia adolescente que oxigena países con las ventanas cerradas venga a pescar en río revuelto el islamismo radical que está al acecho, sin dar la cara. Europa es un falso proceso en marcha. Está completamente paralizado como proyecto político plurinacional. Y el euro sobrevive porque Francia y Alemania no han decidido darle la estocada. Por ahora. La visita de Angela Merkel a España este jueves tiene rango de test a una de las economías que ponen en peligro la continuidad de la moneda única. La Unión Europea, a fecha de hoy, es un espejismo. Estados Unidos naufraga en su ‘crisis’ de identidad. No sabe si lidera aún el mundo o está ya fuera del marco y en el cuadro sólo queda la huella de su paso. Un fantasma gobierna un ficticio mundo global, cada vez más localista. Asia manda. China hace tiempo que dirige el cotarro. Y está India. Y está Brasil. Y en la Casa Blanca está Obama mirando al jardín de espaldas por la puerta acristalada del despacho oval. Solo. Sin el mundo ya a sus pies. El resto es América Latina. A su aire: Chávez, Evo, Castro…, cada uno a lo suyo. Ahora arde África por arriba. Todo vuelve a suceder a orillas del Mediterráneo.

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LOS NIÑOS ROBADOS

 

Una de las leyendas urbanas más extendidas es la de los niños robados en los supermercados para traficar con sus órganos. Nunca le di crédito.

Y la de los niños presuntamente muertos en las clínicas y hospitales nada más nacer para ser vendidos a familias sin hijos. La de los bebés de madres prostitutas y drogodependientes tasados en unos miles de euros para su venta en el supuesto mercado negro de las adopciones irregulares. Costaba creerlo. Y está la vieja fábula de los niños expósitos abandonados por madres sin recursos en los tornos de las iglesias. No cabe la menor duda.

Y los niños ‘colocados’ por los orfanatos en hogares pudientes a tanto la pieza. Los vendidos, revendidos y a veces devueltos por defectos de fabricación Ese horror de la crónica negra del mundo infantil, que incluye la ‘adquisición’ de ejemplares para consumo sexual de una lacra infecta de pedofilia adoptiva disfrazada de una paternidad ejemplar. Toda esa mierda humana en que ha degenerado esta especie que abochornaría a ese pariente gorila del zoo londinense que, por lo visto, camina de pie.

Hagamos la pregunta: ¿Está usted convencido de que su padre y su madre son los auténticos?

Existen bancos de ADN que ya conservan las pruebas del delito.

La creencia popular estaba preparada hasta ahora, por una ‘berlusconización’ tan atávica como socialmente consentida, para la sorpresa de saberse fruto de una infidelidad. Pero admitirse hijo robado, sustraído a la fuerza o bajo patraña, hijo falsificado como en la dictadura argentina de Videla, es una ignominia que desborda toda capacidad moral y se prolonga hasta nuestros días, desprovista ya de todo precedente político con la llegada de Franco, reducida a razones económicas sin más.

Los centenares de casos del hurto de niños (dos, al menos, en Canarias, donde se cuentan asimismo por decenas) que acaban de ser denunciados ante la Fiscalía General de Estado ponen al descubierto, sin concesiones a ninguna clase de superchería, la existencia contrastada de personas adultas que han llegado al convencimiento de que fueron arrebatados de los brazos de sus padres biológicos desde los años 40 de la posguerra civil.

La amalgama de casos tiene origen en presas republicanas embarazadas, que perdieron sus hijos en favor de familias estériles franquistas o que querían sumar nuevos hijos. Después, este negocio sórdido de la paternidad postiza derivó en esas truculentas historias de incubadoras públicas y privadas, donde los bebés, de pronto, perecían y todo era un embuste y eran vendidos dentro de una trama organizada de médicos, comadronas y enfermeras bajo una impunidad socialmente tejida a conveniencia de familias bien (he leído con desgarro toda una abundante casuística en los foros de Internet que desconocía por completo y que se me antoja un escándalo social que permanecía agazapado, quizá por vergüenza, a falta de esta espoleta de los primeros casos judicializados). Algunos curas y monjas y funcionarios de registros civiles y hasta operarios de cementerios cooperaron en el oprobio encubierto hasta nuestros días.

Sigue pasando, y las recientes detenciones de presuntos implicados en la compraventa de niños de madres indigentes y toxicómanas de Tenerife, casos que fueron ‘abortados’ por la Guardia Civil, son la punta de ese iceberg.

¿Qué hará ahora Cándido Conde-Pumpido ante la avalancha de denunciantes en bloque? Mirar para otro lado sería inútil e indigno. Se calcula que los afectados son más de 300.000. Y quieren conocer la verdad con urgencia, manchados por una filiación impostora. Bastó que a sólo uno de ellos llamaran por teléfono con la revelación de que había sido un niño robado según el testimonio de alguien que acababa de morir, para que el movimiento de hijos en busca de padres biológicos y padres en busca de hijos naturales desaparecidos se pusiera en marcha y llegara a las puertas de la fiscalía con pancartas y lágrimas en los ojos. Los delitos contra la humanidad no prescriben.

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AUDITORIO ADÁN

El Auditorio Adán Martín, el nuevo nombre con el que este viernes ha hecho justicia el pleno del Cabildo de Tenerife, es hoy uno de los grandes contenedores de cultura de la isla y de Europa.  Y es, como en Chillida con Tindaya, el fruto del sueño de un visionario cargado de utopía y de razón. Adán Martín no podría tener mejor casa donde habite su alma.

Antes de este Auditorio, como antes del TEA (Herzog & De Meuron), el déficit de infraestructuras culturales en la capital era clamoroso, como siempre ponía de manifiesto desde la viceconsejería de Cultura Dulce Xerach. De manera que felicitarnos por gozar de estas instalaciones de primerísima división arquitectónica en el mundo no debería de causarnos ningún hastío ni pudor. Y, sin embargo, tengo la sensación de que ha quedado inoculado insanamente en el inconciente colectivo un cierto ‘sentimiento de culpa’ por ese aparente exceso de ‘lujo’ para una ‘ciudad menor’, que aún no hemos conseguido extirparnos.

Adán Martín se merecía este homenaje de la institución que presidió, por la voluntad, férrea diría, que sostuvo desde el origen de la idea hasta su culminación en 2003 (ya ausente del Cabildo), venciendo sin complejos provincianos una resistencia que siempre juzgué inconsecuente (aunque en absoluto baldía, porque toda polémica moviliza la opinión adormecida, que no es poco), inspirada por motivos de una ciega oposición política y no sólo por sólidas convicciones de austeridad y celo en el gasto público. El Auditorio es hijo de una época de bonanza, no leamos su creación a la luz de esta crisis que ha arrasado con todo lo que suene y huela a cultura. Y es un producto inteligente, una apuesta, cuando se podía, por disponer de argumentos de peso, de alta ingeniería y arquitectura puntera, con los que hacer de Santa Cruz una capital, al fin, de verdad de la comunidad turística que somos, abierta y cosmopolita, una vez metidos en este indescifrable  siglo XXI.

El Auditorio es hoy el símbolo arquitectónico de la ciudad turística y cultural. No disponemos de otro edificio tan potente que suscite la mirada y la admiración de fuera, un efecto de enorme interés para un lugar cuyo deseo supremo es ser visitado por todo el mundo. Adán Martín no exageraba cuando decía que sería un icono.

Sentados a una misma mesa con cualquier pretexto, le pregunté en una ocasión a Adán por el Auditorio. Y me contó la historia del sueño que albergaba desde que conoció al arquitecto Santiago Calatrava cuando aún no era dios. Lo contrató justo antes de que fuera prohibitivo y estaba convencido de que el Auditorio iba a ser un (el) símbolo de Santa Cruz y de Tenerife.

A Calatrava, poco tiempo después, empezaron a disputárselo las principales capitales. Paseando por Buenos Aires con Lucía, cuando éramos novios, reconocí a lo lejos la firma de Calatrava en un puente que llevaba el sello inequívoco del arquitecto valenciano, el Puente de la Mujer, en Puerto Madero, que sintetiza a una pareja bailando un tango. Lo cruzamos juntos cuando a nosotros dos nos pasaban cosas que al poco tiempo nos obligarían a tender un puente entre América y Canarias. Prueba de ello es que hoy, cuando escribo estas líneas en Santa Cruz, mi esposa y mi hijo Ángel pasean por las calles de Perú, la otra orilla de la familia.

Calatrava es inconfundible de Venecia a Nueva York, hasta donde también le persiguen sus contestatarios. Adán Martín insistió siempre, cuando las críticas por las variaciones presupuestarias consustanciales a los proyectos de ingeniería y arquitectura arreciaban más agriamente en la isla, en que había que culminar el edificio y que llegaría el día en que Tenerife se sentiría orgulloso de su Auditorio. Hoy, ya sin los condicionantes políticos de aquel período agitado, creo que nadie discute que ese momento ha llegado, que en Santa Cruz, en Tenerife, en Canarias, le damos la razón a Adán porque el Auditorio de la Avenida de la Constitución, en efecto, nos prestigia.

La mañana que supo que sonaría como un templo celestial, Víctor Pablo Pérez me relató exultante en los Desayunos del Mencey que había sometido la sala sinfónica a una especie de test de stress y que el resultado había sido mágico. Narró leyendas terriles de teatros estéticamente impecables que el día ‘d’ de la prueba acústica definitiva sonaban a cacharro, ya sin remedio, sin saber qué hacer con el armatoste. Luego he escuchado hacer objeciones a este respecto sobre nuestro Auditorio, pero sigo creyendo el veredicto autorizado del exigente exdirector de la Orquesta Sinfónica de Tenerife.

Domingo Berriel me contaba esta mañana en ‘Da Gigi’, la pizzería de la Avenida de Anaga, que recordaba el primer día en que Adán y Calatrava se sentaron a hablar. El arquitecto dibujó en una servilleta los primeros trazos del ojo de teide, como una vez me dijo el propio Calatrava que había concebido su caja de música en la isla del volcán que mira al mar como quien ha salido antes del fondo de él. Esa servilleta la debió de guardar alguien.

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ÁNGEL BENZA

Ángel Benza no corrió para cobrar el cheque bebé, se retrasó tres días. Nació en noviembre sin ese pan bajo el brazo: su madre, peruana, no llevaba dos años en la isla. Nos vetaron el premio gordo. Nació con tres kilos setenta gramos. Hoy pesa el doble.

¿Por qué Ángel? Por el abuelo materno, el abogado de Ica que estudió la carrera de mayor y ejerció hasta su muerte prematura. Las cuatro hijas que engendraron Ángel y Emilia les dieron cuatro nietos varones y una nieta que baila como Shakira. ¿Y Benza? Un príncipe guanche.

Ángel se pasea por Santa Cruz en su carro de bebé, ‘repochadito’ como si lo llevaran en parihuelas. Habrá que recordarle que es príncipe de mentira. Dice ‘agú’ en su idioma (para el babel del pinganillo). La ropa le queda chica en seguida y necesita renovar su fondo de armario. Montañas de pañales dodot que le cambiamos a raudales repiten un olor dulzón a ‘pulga’ de jamón y queso amarillo. Se tornará verde o azul, según la biliverdina. Los abuelos paternos Zaida y Carmelo, de Santa Cruz, celebran al nieto que nunca esperaron del hijo que parecía solterón vitalicio. Un nieto cabalístico, el número 7. “Nacer es aquí una fiesta innombrable”, escribía Lezama en su isla. Mi caso es el de un padre después de los 50, como diría Fontanarrosa. En la Plaza Weyler, Wolfredo Wildpret me habló de padres a edades prohibidas: “Trae un hijo”. La palabra hijo cobra actualidad en Tenerife con la compraventa de hijos de madres pobres y heroinómanas. Hijos de su madre. Madres heroínas.

Hijo de la pachamama, de sangre canaria y amerindia, Ángel no llora desde la primera noche de puerperio. Reserva sus mejores llantos para el yantar a su hora en las areolas nutricias de su madre. O ante una vacuna: queja justificada. Pero sonríe cuando despierta y a cada instante. Y hace del baño termal un alborozo de brazos y piernas a siete centímetros de profundidad en la artesa de plástico donde casi no cabe.

Aquel día, cuando su madre y yo nos conocimos de verdad, tras bajar del Machu Pichu, Perú se puso a temblar a nuestros pies (7.9º en la escala de Richter, con epicentro en Pisco). El periodista Javier Cabrera, lívido, me dijo algo razonable en la carretera de Huacachina a Ica: “¡Esto se acabó!”, al trote de aquel caballo loco. Tras el terremoto, Lucía y yo nos casamos. Hace dos meses y medio, nació aquí Ángel Benza, al que me encanta sentir en brazos, el calor de su cabecita tierna y el hilito de baba que deja caer sobre mi cuello.

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