SOROCHE

Volver a casa tras ponerle los cuernos al verano isleño con el invierno peruano, sorteando las olas de calor y las serpientes informativas (por ofidios de la pachamama, cóndor y puma), hace del regreso una vieja liturgia que practico cada vez con más convicción y regodeo. Me sienta bien el viaje y todo cobra otro sentido -reivindicativo- en el avión de vuelta. No traigo jet lag, acaso resaca del soroche de las alturas andinas. Era invierno duro en América del Sur, un invierno austral peruano que se disfrazaba taimadamente con un sol estival a mediodía, para rearmarse al caer la tarde y atacarte a traición en mangas de camisa. El clima inequívoco del desierto, que ya me engañó una vez en Tinduf. Este otro desierto urbano lleva a las casas de noche el frío orgulloso del Pacífico, así cierres bien las ventanas. Lima -Lima, la horrible, tituló Sebastián Salazar Bondy un polémico ensayo- escribe el mismo guión cuando garúa bajo la panza de burro. Así que vengo del frío de Bryce Echenique, de J.E. Benavides y de Vargas Llosa. Con los libros que elegí de compañía, con los que tomaba café en La Croissantería de Plaza del Sol. Un café expreso con magdalenas recién salidas del horno, y estas sí que eran de Proust: la nostalgia de la arcadia era parte del paladar. Volar al Hemisferio Sur es llevarle la contraria al tiempo y al espacio, todo sucede al revés (hasta un fuerte seísmo en la sierra perdonó): las sombras giran de día en sentido contrario a las agujas del reloj, y las espirales de las conchas de las caracolas, en sentido inverso al hemisferio norte. Como si ese mismo fenómeno mágico (efecto Coriolis) hiciera de Perú el reverso del mundo: crece económicamente por minuto, mientras EE.UU. y Europa viven horas aciagas. Plaza del Sol -un hervidero humano en el centro comercial- era una microciudad perfecta: compraba El Comercio y La República, podía almorzar a placer, leía a Jaime Bayly matando en Morirás mañana, salía a pasear, compraba en la esquina una bolsa de camotes, y los soles (más de tres por un euro) engordaban la ficción de contramundo, como esas sombras levógiras, liberándome del trauma de la crisis. Ahora, de vuelta de Ica a Ítaca, tras el breve autoexilio de un mes, me traigo, entre los libros, los apotegmas de Monterroso, uno de los cuales dice: “Al amigo que se aleja/ ábrele pronto la puerta”.

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EL SEÍSMO DE PUCALLPA: PERÚ VIVE UN ‘INOFENSIVO’ TERREMOTO DE 7 GRADOS

 

 

El seísmo registrado este miércoles en la selva central de Perú (de 7 grados en la escala de Richter), con epicentro cerca de la agropecuaria Pucallpa, a más de 500 kilómetros de Lima, y sin víctimas mortales (una veintena de heridos) ni daños materiales de consideración, se sintió en casi todo el país, así como en Bolivia, Brasil y Ecuador. La profundidad del epicentro (146 kilómetros) es la causa de que el radio de acción de la sacudida tuviera tal amplitud y que, a su vez, resultara inocuo.

Pese a las primeras noticias tranquilizadoras de la policía de Contamama, cuya comisaría está situada cerca de donde se desató el evento, se temió –con el recuerdo vivo del terremoto de Ica de 2007- un balance desolador en las áreas pobladas más inaccesibles. Pero, siendo Perú un país de alto riesgo sísmico, por estar en el anillo del Pacífico,  sabe que sus ‘remezones’ son superficiales y, por tanto, muy lesivos en la costa, moderadamente devastadores en las zonas andinas intermedias y, por suerte, profundos y poco preocupantes en la Amazonía, como en este caso.

Los heridos, todos ellos leves, se concentraron en el departamento de Junín. A un matrimonio de Perené se le derrumbó la casa de precarios materiales, y dieciocho escolares de Huancayo y Jauja se cayeron en la evacuación. Una mujer que murió de un infarto, en Pisco, distante del epicentro, dio pábulo a la controversia de si fue una muerte casual o desencadenada por las secuelas psicológicas del terremoto que padeció esta ciudad turística de mar hace cuatro años (el de Ica), que prácticamente la borró del mapa. El nuevo presidente, Ollanta Humala, debutó días atrás en el cargo visitando, precisamente, Pisco, dado del alto valor simbólico de esta ciudad castigada por aquel terremoto traumático.

El seísmo de Pullpa (al que siguió una réplica de 5.2 grados), ocasionado por un desplazamiento de la placa de Nazca, coincide, en efecto, con el cuarto aniversario del que sufriera el departamento de Ica (que por peso económico ya es el segundo en importancia del país), con una magnitud de 7.9 grados y costó la vida a más de medio millar de personas.

En esta ocasión, en que el epicentro se localizó en una zona poco poblada y con escasas construcciones, de una accidentada orografía, hubo igualmente una reacción de pánico de los vecinos, que se echaron a la calle y quedaron incomunicados telefónicamente. Algunos cerros se desprendieron. Pero, de inmediato, se observó que el susto no era comparable al de cuatro años atrás. La falta de noticias fue la noticia. Lo que se propagó al instante fue un silencio informativo desesperante, dada la lejanía y el colapso telefónico.

La ventaja de este temblor, respecto al del 15 de agosto de 2007, es que se vivió con Perú de día, a las 12:46, lo que le restó dramatismo inmediato a un suceso por otra parte frecuente en este país y cuantos atraviesan el cinturón de fuego del Pacífico. El terremoto se sintió en la  capital, Lima, donde oscilaron levemente algunos edificios y afectó también momentáneamente a las comunicaciones telefónicas, así como en la citada Ica (aún sensible a cualquier movimiento telúrico por el trágico recuerdo a flor de piel de su terrible antecedente) y, de modo desigual, en buena parte de la geografía de este extenso país andino. A su vez, tuvo resonancia en los países fronterizos, como Brasil (el epicentro casi invadió su territorio), Bolivia y Ecuador.

Desde que se supo que Estados Unidos, en la víspera, había sido pasto de un seísmo de 5.8 grados en la escala de Richter, Perú y toda la costa del Pacífico pusieron las barbas a remojar.

Pucallpa (‘Tierra Colorada’ en quechua), al noreste de Lima, capital del departamento de Ucayali, en el llano amazónico, vive del comercio, la pesca, la agricultura, la ganadería, la industria maderera y el turismo ecológico. Está poblada por unas 200.000 personas.

Ha sido revelador descubrir que este país tiene una escala particular de preferencias informativas. La prioridad corresponde por entero a cuanto sucede en la costa, toda la vertiente oeste del extenso país. Era evidente, pese a la dimensión del caso, la inhibición de las emisoras de radio, que apenas se tomaban la molestia de informar al respecto. En particular, la RPP, emisora referente durante el grave terremoto de 2007, le dio de lado a la noticia durante las primeras horas.

El hecho de que el corazón del seísmo esta vez no radicara en las grandes urbes que dan al mar, sino en la intrincada selva central y nororiental, explica ese desinterés. El mismo que percibo entre el Perú desarrollado, que muestra un índice estratosférico de crecimiento (por encima del 9%) y el Perú profundo que languidece en medio de la pobreza en la sierra y la selva, donde ahora le ha tocado este terremoto inofensivo en la ruleta sísmica de un subcontinente habituado a rehacerse tras cada nuevo episodio destructivo de la naturaleza.

Por un instante, el seísmo pudo desviar la mirada de este país, pero no lo consiguió por su discreta incidencia. A Perú le obsesiona ahora la inseguridad callejera, verdadera ‘papa caliente’ en el país que parió el tubérculo hace 8.000 años. Los robos, asaltos y secuestros desafían al gobierno del nacionalista Humala, que ha creado un consejo nacional de seguridad ciudadana bajo su dirección personal para limpiar las calles de una criminalidad que es el principal Talón de Aquiles de Perú, la ‘China’ de América por su alto crecimiento.

 

 

 

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GALDÓS, MANRIQUE

A la pregunta ‘¿qué canari@ es el más importante de la historia de las islas?’, centenares de internautas vienen opinando, desde hace semanas, en facebook, ayudándome a dar con la respuesta. En absoluto consensuable, acertar con la figura representativa del orbe canario resulta una ardua polémica. Cuando se me ocurrió formular esta pregunta en la red no podía imaginarlo. Elegir entre Bencomo y Pedrito, el guanche doblegado y el campeón del mundo que nació de pie, no es un trivial cualquiera, sino pasar 600 años por el cedazo de un sondeo como si buscáramos una aguja en un pajar. Tras Galdós y Manrique, que encabezan el rankin, los internautas añadieron cuarenta nombres más, incluidos el guanche y el futbolista (Secundino, Betancourt, Kraus, Negrín, Viera, Sabandeños, Pedro Guerra, M.R.Alonso, Domínguez, Blahnik, Power, Estévanez, Minik, Antonio González, Cubillo, Josefina Pla…). El escritor que acarició el Nobel y el artista que mejor sintonizó con los canarios de su tiempo van empatados en reñida competencia. No deberíamos inhibirnos de hacer estas preguntas para contribuir a definir una suerte de identidad colectiva que cese de tirar barro a la pared. En el último debate de la nacionalidad, planeó un acertijo envenenado sobre unos escaños ociosos hasta ahora en historia cultural de Canarias; fue en aquella inesperada disquisición entre Paulino Rivero y Soria sobre la vitola de canariedad de Galdós o Nicolás Estévanez. En ese charco me he metido con esta provocación nada demoscópica. Uno de los votantes cuestiona insistentemente la importancia para Canarias del autor de los ‘Episodios nacionales’ por haberse ido a vivir a Madrid. Reticencia esta que va y viene, pese a los esfuerzos de Pérez Vidal por acreditar la huella canaria en la obra del novelista. Galdós deberá pagar siempre esa odiosa gabela por haberse sacudido el polvo de las islas en Cádiz, según la leyenda que le persigue como sus deudas hasta la muerte. A Manrique se le postula como celebrity con mayor benevolencia, es cierto, pero, al final, le sobarían a cuenta de su heterodoxia ecologista por sus intervenciones paisajísticas, que son lo mejor de su arte. En sus manos lo dejo.

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LA NOCHE Y LA ALBORADA

 

A estas alturas del año que parecía llamado a bajar el telón de la crisis, nos preguntamos entre bastidores: ¿Cómo está el mundo? Hecho unos zorros y  fuera de sí, cuyos líderes, orates del gran manicomio mundial, no dan pie con bola. Aquí, en Perú, donde retomo el hilo, descubro a economistas, como Jorge González Izquierdo, que cuentan cómo está el mundo por televisión con la pedagogía de un niño. Lehman Brothers (septiembre de 2008) clausuró un imperio financiero, víctima de los préstamos subprime (todos nos hemos vuelto a la fuerza economistas exprés), y fue la mayor quiebra de la historia, a falta de saber ahora qué va a pasar con EE.UU., ese coloso que restituye ‘El hundimiento del Titanic’, de Hans Magnus Enzensberger, a una nueva vigencia con ojos de Perú mirando la deriva del norte. Me encuentro en el arca peruana de Noé que crece al 9%, como si navegara cargada de oro en medio de la tempestad de los mares de la crisis del mundo (a los peruanos les pongo de ejemplo la España ‘superávit’ para que no cometan los mismos errores) y, en un acto reflejo, releo al autor que tradujo a César Vallejo al alemán. Si el mundo se hunde (es metáfora), entonces esto no es 2011, sino 2001, y las profecías milenaristas se retrasaron diez años en el reloj de la historia. Así que las librerías, invadidas de una actualidad novelada,  deberían colocar en los expositores el ‘Apocalipsis’ del Nuevo Testamento, esa obra insular (escrita en la isla de Patmos por un desterrado discípulo de Jesucristo), para ver pasar los cataclismos sin perder la esperanza en la salvación. Bajo las noticias apocalípticas con que España espera al Papa, sabemos que estamos cayendo, aún no a dónde. Es la caída de un modelo político –la democracia desgastada-, económico –el capitalismo con pecado concebido-, hegemónico –China viene, EE.UU. se va yendo cayendo-, ideológico –a izquierda y derecha, una sequía -, ético – la corrupción desbordó el vaso-, de partidos, sindicatos…, amén. La crisis que importamos de EEUU en agosto de 2007 y esta nueva recesión que viene asomando afectarán a nuestros bolsillos y a nuestras cabezas y ya no seremos los mismos seres humanos cuando esto acabe el día menos pensado de 2016 o 2017, y entonces, como una teofanía celestial, cante el gallo del nuevo mundo.

 

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OLLANTA SE PROCLAMA PRESIDENTE DE LOS POBRES EN PERÚ

 

La llegada al poder en Perú del nacionalista Ollanta Humala, que tomó posesión ayer, el mismo día que su país conmemoraba 190 años de la independencia de España, con el Príncipe de Asturias entre los invitados, parecía algo imposible hasta la víspera de las elecciones celebradas en junio. Como en una astracanada, Alan García no se presentó en el Congreso para transferir la banda presidencial a su sucesor, apelando a los nefastos recuerdos de 1990, cuando fue abroncado en la misma ceremonia por dejar el país en la ruina.

 

La bestia negra de la burguesía peruana moderó su discurso en la última campaña electoral  y cambio de caballo, Lula en lugar de Hugo Chávez, para vencer y convencer a sus paisanos de que no pensaba darle la vuelta al país como a un calcetín. “No vengo en son de guerra, sino en son de paz, sin venganza ni rencor”, enfatizó ayer en la recta final de un mensaje ante el Congreso, que, no obstante, levantó ronchas en la bancada fujimorista (la gran derrotada en la segunda vuelta), cuando el nuevo presidente, al jurar el cargo, invocó la Constitución de 1979 en contra de la de 1993, aprobada por Fujimori tras un autogolpe.

esde que llegué al país, hace una semana, me encontré un Perú exultante por la racha de buenas noticias económicas, culturales y hasta deportivas que le sonríen con viento a favor. Lo primero que sorprende es hallarse en un país latinoamericano que no habla nuestro mismo idioma: aquí no se menciona para nada la palabra austeridad, ni se conjuga el verbo recortar, como si uno estuviera en otro mundo, ése que añora no sólo la Europa estragada por una larga crisis, sino –ironía de la historia- el gigante del norte, EE.UU., al borde de una suspensión de pagos que resulta esperpéntica. Lo primero que se dijo ayer, tras acceder al poder Humala, es que dispondrá de más dinero que ningún gobierno en la historia de Perú. El de Alan García ha sido eficiente en materia económica (deja unas reservas de 47.000 millones de dólares y se había encontrado con 15.000 millones), si bien demostró una completa ineptitud para afrontar con éxito la exclusión social en uno de los países que más crece en todo el continente. La misma impericia que exhibió en la reconstrucción de Pisco (en Ica) tras el seísmo de agosto de 2007.

Humala (que accede al poder con un descenso de popularidad causado por un extraño viaje de negocios de un hermano suyo a Rusia) se erigió en su mensaje en adalid de los pobres. Citó a Mandela y a Mariátegui (sociólogo y fundador del socialismo peruano), y con tales alforjas (y la de su propio padre, Isaac Humala, el rígido patriarca de una saga de hijos políticos contestatarios, que lo escuchaba con rostro severo entre los invitados en la cámara), juró gobernar para todos, corrigiendo la desigualdad, sin sufrir del soroche (mal de altura) de otros gobiernos, que no se adentraron en la Amazonía, para alumbrar lo que denominó “una patria inclusiva”. En su gobierno figura unamujer que conocen bien los canarios: la cantante e investigadora afroperuana Susana Baca.

La pregunta que todos se hacen es qué Perú (el ‘modelo peruano’, al que ayer aludió) tiene en la cabeza Humala, cuyo nombre incaico significa “el guerrero que desde su atalaya todo lo ve”. Miraba repetidas veces al palco donde estaban su esposa y tres hijos de corta edad y juró por ellos acabar con la pobreza. Su triunfo, a priori, ratifica la deriva hacia la izquierda de los últimos comicios de la región, pese a lo cual gozó del respaldo de Vargas Llosa ante el riesgo de recaer en las redes de Fujimori. Consciente de todas las sospechas que lo marcan, se cuidó de no hacer un discurso radical. Abrazó la economía de mercado (“abierta al mundo”) y los tratados de libre comercio (los ‘telecés’) con los que se ha comprometido su país, y puso el acento en lo que más sintoniza con la gente: subirá el salario mínimo de 600 a 750 soles (el euro se cambiaba ayer por 3,71 soles), adecuará el gas de consumo interno, prevendrá la obesidad, dará desayuno y almuerzo en todas las escuelas, mejorará el sueldo a policías y militares, perseguirá sin contemplaciones a violadores, maltratadores, narcotraficantes y corruptos, y dirigirá personalmente un consejo nacional de seguridad ciudadana. Quizá la única concesión a su genética política fue la defensa que hizo de la integración de Perú en un panamericanismo propio de Bolívar y San Martín (el emancipador del país). Lanzó una idea que permite toda clase de conjeturas: asignar “trabajos físicos” a los penados por graves delitos. Fujimori cumple 25 años de prisión por crímenes de Estado. Pero su hermano Antauro, también, por asaltar la comisaría de Andahuaylas.

Todos los analistas daban por seguro que el exmilitar tildado de extremista (él mismo y Antauro se sublevaron contra Fujimori, en los estertores del régimen, en el 2000, cuando el artero asesor presidencial Montesinos huía en un velero) jamás se sentaría en el despacho presidencial del Palacio de Gobierno y se estrellaría, una y otra vez, contra la muralla de líderes centristas, ante el temor de la mayoría de los peruanos de que con él se instalara en Lima el chavismo en estado puro. Pero la predestinación al fracaso del látigo del fujimorismo experimentó un giro de 180 grados cuando la pléyade de favoritos moderados (desde Alejandro Toledo a PPK, el gallo tapado, iniciales de Pedro Pablo Kuczynski) cayó víctima de una división suicida que dispersó el voto, y en la segunda vuelta quedaron, cara a cara, nada menos que la hija de Fujimori, la envolvente Keiko, y el ‘coco’ Humala. El 5 de junio, el peruano eligió al militar para que pusiera orden en una nación boyante económicamente, pero castigada por una miseria andina lacerante en la selva y la sierra y por una inseguridad ciudadana que ha transformado en pillaje la violencia terrorista heredada de los años 80 y 90. Humala, al revés que su pasado, se convierte así en la esperanza de 30 millones de peruanos (sin descontar los tres millones de emigrantes), a los que ofreció crear una compañía aérea de bandera y más aeropuertos.

Perú, un país en estado de gracia, que marca goles en la Copa América, recibe el Nobel de Literatura y celebra cien años del hallazgo del Machu Pichu, salta ahora sobre sus propios fantasmas y, como a Lula, le da la oportunidad al político que el sistema no quería.

 

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LINDO PERÚ


Visto desde América, donde me encuentro, el mundo (ya lo dijo Eduardo Galeano) está patas arriba. La foto aérea de la crisis, si coloreáramos el planeta, es la de una pandemia de Grecia a EEUU. En este contexto sin ‘norte’, surge la apatía de gobernar; de ahí la fuga madrugadora de Zapatero hacia su León adoptivo, inapetente a un escaño en la bancada de Rubalcaba y veremos si a las canonjías también, con el recuerdo de  Tony Blair, que, con el esperma de la política aún en la frente, agarró la suya al vuelo. Es dramático. Hay una ‘generación perdida’ de líderes de izquierda, Obama inclusive, por efectos de esta lacra sistémica, y otra de derechas –Rajoy se mece en esa cuna- encantada de conocerse. En América Latina, en cambio, la izquierda arrasa, como ahora mismo Ollanta Humala en Perú.  Aquí -lindo Perú de moda-, estoy en las antípodas, en zona no contaminada. El gobierno de Ollanta nada insultantemente en la abundancia presupuestaria y epicúreos spots  de televisión, como el de Gianmarco de la cerveza Cristal. Sonrisas y lágrimas de emoción, como las de la cantante afroperuana Susana Baca, amiga de Canarias, al asumir el Ministerio de Cultura. Ese plus de sentimentalismo extinguido en Europa que humaniza al representante público frente a la distopía política que nos espera. Perú es un caso aparte (crece como China) y el propio Ollanta lo es: rara metamorfosis de espécimen forjado por un padre seco y espartano,  don Isaac. Hay cierta ingenuidad ilustrada (que bebe en Mariátegui, el socialista faro de los peruanos) en este gobierno nacionalista de los pobres temido por la burguesía, por si de la tutela de Lula regresa a la de Chávez; tiene un instinto ´quinceeme’ refundador de la democracia: más transparencia y azote de la corrupción. Eran las fiestas patrias, la gente viviendo la calle y la tele repitiendo los goles de Guerrero en la Copa América. Claro que Perú no se libra de la crispación (la investidura fue una tangana entre fujimoristas y humalistas, ‘casa de cuervos’, que escribió la poeta Blanca Varela, ante la cara de susto del Príncipe), pero el ciudadano retiene la pasión por la política que nosotros ya quisiéramos para el 20-N. Si bien en Lima o Ica ésta sea una pasión compartida con la del período de ‘cierra puertas’ (las rebajas).

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LA PUERTA SECRETA


Limitar el apelativo de Viejo Mundo a la Eurafrasia precolombina, cuando es el mundo, globalmente, el que está viejo,  víctima de una progeria acelerada de origen económico, ya no tiene sentido. Un mundo achacoso que no encuentra salida a la crisis. Desde Tenerife me llegan emails de desolación ante el pesimismo por las últimas incidencias económicas. “Lo mejor es tomar distancia”, determina uno de ellos. Así que, hallándome del lado del Nuevo Mundo que vio venir al Almirante procedente de La Gomera, albergo una ‘lejana’ esperanza, acaso ficcional  –aquí, al sur, nació el realismo mágico-, de que exista una salida a la ignominia de esta hecatombe. A la vejez del mundo se añaden los lobos: los mercados. Pero la crisis, más feroz que el cambio climático, no es un cuento (ni siquiera de los hermanos Grimm, que pondrían un final feliz), si bien los mercados sí son lobos (fondos) de inversión, de pensiones o deuda soberana y los despiadados ‘hedge funds’, pronto huérfanos de su gurú, George Soros, que se retira tras décadas de Popper y capitalismo buenista, con evidentes sombras. Los ataques enfurecidos de los mercados a España e Italia (crean una tendencia falsa con la que especular) te meten o te sacan de su dédalo favorito: las primas de riesgo, con las que se enriquecen bellacamente a costa del miedo ajeno. Un apocalipsis repugnante, en tanto los políticos demócratas no están a la altura y siembran dudas sobre su capacitación, sin lideres, ideas ni ganas (el último en desistir es Zapatero), para dar con la salida. Las verdades reveladas a raíz de la crisis son como cadáveres que salen a flote. La política se confiesa destronada por la banca, los mercados y las agencias de calificación (cómplices necesarias, ahora contra EE.UU.). Los organismos internacionales, una sarta de inútiles, fingen como timos, con cargo a presupuestos extravagantes. Partidos, sindicatos…, a la baja, celebran la falacia del sistema. Con EE.UU bordeando el ‘default’ y degradada la solvencia, y la UE sin aire para el euro,  el modelo de sociedad abierta predispone a otras más cerradas (la China que viene), que no necesitan discutir tanto. ¡Qué negocio hemos hecho! La caricatura rápida de Obama encanecido confirma la tesis de partida: mundo viejo, demonio nuevo (de la burbuja a la bola de nieve). Pero existe, estoy seguro, una puerta secreta del mundo para salir de este infierno.

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LA ISLA DE UTOYA


La ‘salvaje’ Europa, que alardeaba de buenos modales y Estado del bienestar, remata a sus muertos a quemarropa. No hablo del bochorno de la agonía griega en la UE, sino de jóvenes estupefactos encañonados por un ultra de 1,90 y ojos verdes en la Noruega atónita donde no mataban ni a una mosca. La misma Europa en que volaron los trenes de Madrid y el metro de Londres, y en una calle de Amsterdam fue acribillado el cineasta Theo van Gogh, que pasaba en bicicleta. Sì, la que dice encarnar la civilización frente a la barbarie, como si releyéramos a Coetzee. Pero ese mapa de roles quedó obsoleto, como prueba ahora extremadamente el paraíso noruego, edèn en el ranking de la felicidad, que mi amigo Juan Carlos Mateu viene censando desde hace años. Hoy es un infierno. Caían los muros y volvieron las necias alambradas sobre las ruinas del Acuerdo de Schengen, tras la primavera árabe. Nos habìamos reunido el miércoles en el Kastillo de La Laguna Alfonso González Jerez, Job Ledesma, Mario Alonso y el que suscribe, en el marco de Mumes, a diletar sobre el mestizaje canario, 48 horas antes de la doble masacre nórdica -¡quièn nos lo iba a decir!-, del coche bomba de Oslo y el derramamiento de sangre a espuertas de la isla de Utoya, perpetrado por un ultra descerebrado, de vida bucólica y lecturas tangenciales de Stuart Mill, Orwell y Kafka, con delirios de caballero templario y poseído de una islamofoboia deletérea, al que se le atragantaron los laboristas (culpables de la invasión musulmana de Europa, según el sujeto). Disfrazado de policía, penetrò en la isla campamento de los pupilos del partido del gobierno y dispuso de 90 minutos de exterminio casi orgiástico, corroído por el descenso de su equipo de fùtbol. Este efebo rubio llevaba el demonio dentro: tanto él como el suceso resucitarían a Truman Capote. A ese paso, Europa imita al tìpico majara de EE.UU. tanto como importa su moda. La Noruega crisol de culturas –de argentinos a pakistaníes- parió también a un maníaco podrido de racismo. ¡Racha mala de juventud inmolada!: asimismo, apareció muerta la cantante con moño de muñeca yonqui Amy Winehouse –se veía venir- en su apartamento de Londres. ¡Dios ponga su mano en las manzanas de la Puerta de la Sol!


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EL PAISAJE DE MARIANO VEGA

 

“Nos asusta del muerto su identificación plena con el paisaje”.

(Mariano Vega)

 

Pienso en Mariano Vega en alguna de las maneras más invisibles de ser discreto en la vida. Él inventó la suya. Pasaba de puntillas, quedamente. Fue trasparentándose como el aire, cada vez más sabio en su nirvana, a medida que iba cobrando años y se sentía más seguro de sí mismo y libre. Mariano Vega-Luque dice mucho ahora, mucho más que antes, cuando se daba poca importancia.

Le concedí todo mi respeto y admiración en vida, hablábamos de la tal poesía como una amiga soltera que podía ser de muchos a la vez. Hablábamos de teatro, que le traía por la calle de la amargura ante la crisis de fondos para el último montaje. De poesía conversamos, digo, sobre todo. Recuerdo que me dijo en una cafetería que era un poeta de guardia esperándola, y en una sobremesa enLa Palma, brindamos por ella con copa y todo. Mariano Vega, que acaba de morir este domingo como si cerrara la puerta sin hacer ruido, era complaciente y generoso; te regalaba elogios desmesurados. ¡Cuánto poder estimulante tienen ciertas palabras en ciertos amigos y momentos, incluso cuánto curan, como dice Alex Rovira!

Nos entrevistábamos mutuamente –esa impostura a que obliga responder sobre uno, habituado a hacer preguntas ajenas-, y él siempre lo hacía con una enorme condescendencia, desde su exquisita afición a las palabras y la radio. Una vez, en medio de una entrevista televisiva que grabó para Canal 7, preguntó por el artesonado de mis comentarios en Radio Club, tenía esa curiosidad sincera por conocer el andamiaje literario de los demás, revelando, de paso, su faceta de lector fino de radio. Al poeta precoz Félix Francisco Casanova le preguntó qué palabra le daba mala espina, y el también novelista autor de ‘El don de Vorace’ le contestó desde la cama de su casa tras recibir el Pérez Armas, una: “Trascendental”. Odiaba ese vocablo que, sin embargo, le perseguiría póstumamente, cuando empezó a trascender con pisadas de Rimbaud.

Mariano Vega deja poemarios, ensayos, teatro, literatura bien escrita y bien publicada y premiada, y seguramente alguna otra obra inédita, que su inconsolable compañera y esposa Olga Bencomo dará a la luz. Ninguna palabra le va a asediar en su contra a Mariano Vega, que era amigo de todas las palabras, hasta de las malas palabras, como si las quisiera redefinir con una bonhomía que traspasaba el idioma sin alzar la voz. Mariano habría acabado con la crispación por decreto de las musas. Le espera una posteridad agradecida, estoy seguro, un destino propio en la historia de las letras. Sus cuadros poéticos colgados en las paredes del Círculo de Bellas Artes, líneas y versos en suspensión, lo definen con la síntesis que cultivaba en estrofas taoístas.

Acaso de Mariano Vega ‘trascienda’ por su voz, como Frank Sinatra. Tenía un arpa en la garganta que se disputaban los documentalistas, hablaba con el instrumento de los elegidos para ganarse la vida como locutor, y él obedeció el dictado del destino ejerciendo en RNE y TVE hasta jubilarse. Pero también le aguarda el sitio que le corresponde en nuestro olimpo insular, como el poeta callado que no buscaba versos, le bastaba con hacerse el encontradizo, como me dijo aquella tarde en la barra del café. O como dramaturgo parco pero audaz, inmortalizado en ‘Apaga la luz y enciende los sueños’, que ofertó al Leal cuando reabrió las puertas tras una siesta interminable. O como cuentista (‘la vieja moneda de Coly’), que no necesitó prodigarse. O quién sabe si como novelista introspectivo de la isla, en su ‘Pie de lluvia’. Queda por compilar los artículos en la edición de papel de este diario.

Yo lamento quedarme más solo sin Mariano, qué quieren que les diga, egoístamente; aun siendo esporádicos los encuentros que tuvimos, era mi interlocutor favorito, casi exclusivo, en el tema que nos unía confidencialmente, la vagarosa poesía que nos acompaña desde que nacemos hasta la muerte, para seguir su vuelo sin nosotros, de rama en rama, de árbol en árbol y de sol a sol, dispuesta a alcanzar el horizonte, como miran los mares. Ese paisaje.

 

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CANTATA

 

La butaca del Auditorio, colgada en lo alto, ejercía de minarete para ver el mundo en 36 años, del estreno en el Guimerá (otra butaca, otro tiempo, 1975, yo era un pibe) de la ‘Cantata del Mencey Loco’, por Los Sabandeños, a esta recreación sinfónica, orquestada por Emilio Coello y tenazmente acariciada por Víctor Pablo Pérez, con la connivencia de Cristóbal dela Rosa(por el Cabildo). El guanche, desde que llegó en cárabos o balsas de odre, hace 25 siglos, nos interpela como enigma, pero el oficialismo decadente lo acalló con un malditismo culposo que proviene del franquismo –hoy hace 75 años del golpe- como a perpetuidad. A Pedro Hernández y colaboradores les marcó el ‘Natura y Cultura’, coetáneo de la ‘cantata’, porque el libro desempolvaba al aborigen, que estaba mal visto, y las pegas les persiguen en su versión digital –buscar Gevic-. Cuando la ‘cantata’ irrumpió en escena (fue de noche aquel año fronterizo, Franco se apagaba, una marea humana como la dela PlazaTahriravivabala Transicióny las islas se personarían en la guerra del Sáhara) era tan peligroso cantarla como escucharla. En los recitales, Elfidio Alonso, ‘enfant terrible’ del régimen, se desahogaba en cada presentación y el grupo aguardaba con un nudo en la garganta el siguiente tema. El guanche –el disco del mismo nombre, que Carlos García mimó como a un hijo, se agotó rápidamente- escocía en la zafia censura, y ese tic de país ignorante que repudia a guanches o tartessos lo heredaron palurdos políticos, ya en democracia, cuando Cubillo, antes de ser ensartado con un machete submarino, pinchaba la ‘cantata’ en la radio desde Argel. El concierto-disco ha sido en julio, como en el debut. Había hasta un público recién nacido: mi hijo de ocho meses, en líneas generales, se comportó. En estos saltos de memoria en el vacío pasan los años como rayos -¡más de un tercio de siglo!- de una ‘cantata’ a otra, de Quique a Benito Cabrera sobre un escenario del siglo XXI, viendo juntos ala Orquesta Sinfónicade Tenerife y Los Sabandeños -dueto de masas-, para desenterrar, nuevamente, al pariente incómodo. Cuscoy decía que el guanche vio llegar a Lugo “en silencio”, y Viera y Clavijo tenía una frase demoledora: “El general no era un ángel de la paz, era un conquistador”. Gil Roldán (recitado por Rodríguez Abad, tras Melián, Rabal y Madariaga) canta la enajenación de Beneharo por no ser libre. Las canciones de libertad de Los Sabandeños son una mina: de la rebelión de los gomeros (Casimiro Curbelo tiene ahí una fuente de inspiración) a la del perenquén. En la nube de cabezas del Auditorio creí ver a Hermógenes Afonso.

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