LA NOTICIA

En la pocilga de esta crisis hay todavía muchos desechos de los estragos que ha ocasionado en empresas, mano de obra y administraciones. La crisis dejó el sistema en los huesos. Para el arrastre. Los nervios desquiciados a mucha gente. A saber el recuento de víctimas y victimarios. Lo cierto es que ya ha habido algún suicidio sospechoso en la capital tinerfeña (a poco del de un hijo de Madof, el legendario estafador de los millonarios), acaso un efecto colateral de la tragedia económica de esta generación. Quién sabe. La historia de Suárez Gil, el ‘zorro plateado’, desmenuzada en todos sus detalles y sin que sirva de atenuante a la arrancada de encañonar a su mujer con un arma de fuego de un excedido arsenal, termina desembocando en las mismas aguas de la crisis en que han naufragado tantos iconos del éxito social y económico en los dos años del crack. Empieza uno a aburrirse hasta del lenguaje al uso: rescate, primas de riesgo, bonos de la deuda…, ah, y el ataque de los mercados, como la guerra de las galaxias contra el euro caído en desgracia. Todo pasa a ser mentira: ahora resulta que no es tan determinante luchar con eficacia contra el déficit, sino responder satisfactoriamente a los plazos de pago de la deuda, con lo cual estamos asistiendo al viejo dilema de los países subdesarrollados de América Latina en los años 70, cuando se planteaban si pagar o no la dichosa deuda externa. Lo mismo. Se ha puesto muy pesado el mundo económico y político. Los gobiernos y los dirigentes pierden prestigio a pasos agigantados (la encuesta del CIS viene calificando a los políticos como el tercer problema del país, y ya nos hemos acostumbrado a que sea así, sin alternativa, como si la democracia fuera finalmente una gran decepción sin remedio: frustrante), las elecciones pasan factura a unos y otros. Aquel 11-S de 2001 le dio la vuelta al calcetín, todo pasó a ser otro mundo de otro modo. Todo va más deprisa cada vez. Internet pronto quedará viejo y obsoleto, supongo. Obama, la aureola de Obama duró lo que un caramelo en la puerta de un colegio, y ya mismo, como si el hito del primer presidente negro de los EE.UU. fuera una noticia de hace cincuenta años y no de tan sólo dos, el voto dio un volantazo y donde predominaron los demócratas ahora prevalecen los republicanos, y donde la limitada Sarah Palin era el hazmerreír se ha convertido en la diosa del ‘tea party’ de los mil demonios, a cuya cruzada radical –seguramente de forma injusta- achacan el atentado de un perturbado en Arizona. Todo también es muy previsible, como escrito en un guión que de antemano presuponemos. Eta reitera que se retira, pero sin entregar las armas, como quien anuncia que dimite para hacerse querer y nunca se va, o como quien gasta la misma broma pesada hasta el agotamiento. Que no, que Eta no se rinde, que Batasuna no condena la violencia, que no, que esa “no es la noticia”, que diría Rubalcaba. En este hartazgo del cotarro, por llamarlo de algún modo, tropiezo con la siguiente noticia: una mujer muere a los 60 años en Canarias, dejando una fortuna en herencia. Se llamaba Concha, Concepción Valencia, vivía en un chalet de Telde desde hacía trece años, era controladora aérea (por cierto, hasta el sábado seguimos en estado de alarma en los aeropuertos). No sé si sabía que a cien mil canarios se eleva este año la cifra de parados sin prestación que dejarán de percibir los 426 euros y no tendrán donde caerse muertos. Era soltera y no tenía muy buen concepto del ser humano. Dejó todos sus ahorros, 3 millones de euros, a 50 burros, 225 linces y 400 perros y gatos. Y ésta sí es la noticia.

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DESCUBRIENDO A OTADUY

 

Otaduy –quédense con este apellido- escribió una novela sobre Tenerife hace más de 50 años. Se lee fácil, se vive como un texto logrado, y es una rareza literaria como pocas sobre la isla. Esta obra que surge como del cementerio de los libros de ‘La sombra del viento’ es una novela recién nacida que llevaba, por tanto, más de medio siglo escrita y guardada. Ese tipo de hallazgos que a uno llega a conmover.

Llegó a mis manos a través del exeurodiputado Manuel Medina, amigo común del autor y el que suscribe. Otaduy es un desconocido para los lectores, apenas ha publicado un volumen de cuentos y una novela breve, y, sin embargo, se nos anuncia discretamente como padre de “una extensa obra narrativa en proceso de publicación”, que ya mismo me dispongo a demandar a su editor para que no se retrase como ésta. Llama la atención. Hay cierta bruma que envuelve la narrativa, una obra automaldita, de este ferrolano autodidacta, inédito y sugerente hasta el punto de poder convertirse en ‘fenómeno Otaduy’.

Leo con sorpresa y avidez su novela sobre la isla, sobre las islas, ‘Tenerife y las palabras. Cuadernos de Canarias’ (Ediciones Hontanar, 2010). Tiene intensidad y despacha un estilo sin pretensiones que avisa de la presencia de un escritor bien dotado que se basta por sí mismo. Es una sucesión de escenas que no tienen por qué llevar un orden argumental, ni siquiera el argumento existe, pero los personajes –reales y camuflados bajo otra identidad- entran y salen como gustaba a Roberto Bolaño en ‘Los detectives salvajes’; a veces recuerda al escritor chileno tomando café con leche en bares hasta altas horas. Nos lleva de la mano con aquella habilidad de Salinger en ‘El guardián entre el centeno’. Y uno se pregunta qué ha sucedido con este Luis Otaduy Guerreiro, que hace cincuenta y tantos años, cuando el mundo era feliz e indocumentado, fue capaz de escribir esta novela y luego sentarse a esperar hasta tener 80 años para que los demás la pudiéramos leer.

Hay pocas novelas sobre Canarias con esta calidad observadora de un huésped certero y con esta fuerza narrativa que es más meritoria por esa ambición de la que carece. Fue escrita en las guardias de la mili, con la fogosidad de una juventud mujeriega y enamoradiza, y con un olfato para quedarse con todo: sobre el paisaje, las costumbres, el deje, el mago, la gastronomía… Y la soledad, el aislamiento mítico que divorcia al isleño del ‘godo’, preso en la jaula para servir a la patria sin sentir incomodidad alguna, sintiendo una íntima fascinación por ello: “A veces pienso si estoy en el limbo, si estas siete islas en vez de un paraíso son un limbo; más que la distancia, más que el mar, separa el silencio”. Perplejo por el trasiego de barcos de todo el mundo, proclama, “aquí hay vida”. Traspasa la frontera de cristal de Santa Cruz a La Laguna y descifra su morfología: “Sabe a América andina, a Castilla trasplantada, a monjas de piel oscura, a cielo azul, rosarios y palmeras”. Un sensitivo Otaduy comprende a la primera el misterio de estas islas: “Aquí me han entrado ganas de ir a América”. Y, sin embargo, se percata a la primera del otro extraño emparejamiento con Europa, un puente insospechado en la España de mediados del XX, cuando, viajando por la isla, escribe: “La ciudad más próxima a La Orotava es Londres, el camino del plátano termina allí”.

Lo que más me interesa de este novelista clandestino es –ya lo he dicho- su modo narrativo y la mirada que posa en todo lo que ve. Describe los sitios con la memoria fotográfica de un pintor hiperrealista y se expresa con una poética pausada de diario de a bordo. De verdad que incita a no dejar de leer lo que se le ocurre o le ocurre con la visión del Teide ante una tapa de lapas, o cuando coge la guagua para ir al Puerto de la Cruz, donde “pasan inglesas en bikini, pasan francesas y vuelven a pasar inglesas”, o pasa el dromedario con turistas. 

No sé qué tiene Otaduy que seduce y dan ganas de compartirlo, darlo a conocer para que otros lo descubran también. Seguro que les intrigará saber por qué saltan de una página a otra si no hay thriller, ni suspense, ni ‘engodo’, sino un complaciente hilo emotivo de los amores, amigos y recuerdos de la mili que el autor ya octogenario desempolva sin limar la frescura casi marina de tales acontecimientos juveniles.

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LA AVENIDA RICARDO MELCHIOR EN SENEGAL

 

En Senegal se han ido estrechando los lazos con Tenerife. El día 16 dedicarán una avenida al presidente del Cabildo de la isla, Ricardo Melchior, en Saint Louis, la segunda capital del país africano que preside Abdoulaye Wade y la primera ciudad europea fundada en África. Al político tinerfeño lo avalan en la nación de los cayucos las iniciativas solidarias que ha liderado desde la institución que preside. El mismo día inaugurarán un invernadero y una fábrica de reproducción de jatropha, la planta destinada a producir biocombustible.

La Avenida Ricardo Melchior en esta ciudad construida en una isla del río Senegal (capital política del África occidental francesa hasta principios del siglo XX) simboliza un idilio entre Senegal y Tenerife que data de la crisis de los cayucos de mediados de la década pasada.  El presidente del Cabildo se reunió con Wade, un histórico dirigente octogenario que está de vuelta de las políticas erráticas de Europa de colonización del continente negro. Hablaron de la inmigración salvaje y suicida a Canarias a través del mar, y Wade vio atendidas sus demandas por el Cabildo de la isla después de que el Gobierno español le conminara sin éxito a disuadir a sus jóvenes inmigrantes de la ruta temeraria a las islas si no quería perder lar ayudas de Europa.

La política de donante internacional del Cabildo –inversión solidaria a cambio del cese de los cayucos- resultó paliativa. Senegal y Tenerife han cimentado una cooperación fructífera de largo recorrido, y el 16, Melchior asistirá al acto en que se pondrá su nombre una extensa avenida de Saint Louis, la ‘Venecia africana’, Patrimonio de la Humanidad desde 2000, una ciudad mítica inmortalizada, a causa de un naufragio, en el célebre cuadro ‘La balsa de la Medusa’, de Théodore Géricault, que cuelga de las paredes del Louvre.

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EL TURISTA QUE VIENE DEL FRIO

 

El controvertido tema de los brotes verdes, que puso de moda Zapatero y ahora rescata Paulino Rivero, invita a extremar las precauciones sobre el año económico que acabamos de emprender. Para que no se tuerza un optimismo fundado en convicciones fiables, y devenga la versión más catastrofista de los amigos del todo va mal, incluso a peor y los Reyes nos dejarán carbón el jueves bajo la lógica de a perro flaco todo son pulgas.

Llegados a 2011, y visto el último parte del paro correspondiente a diciembre que publicó el martes el Ministerio de Trabajo (e Inmigración, termómetro de que el empleo remonta cuando ella repunta en nuestras costas y aeropuertos), ya nadie a estas alturas debe tener dudas de que en Canarias hay una tendencia favorable en el mercado laboral, pues desde mayo (con una salvedad no alarmante en octubre) baja, mes a mes, el desempleo en la comunidad que tiene la tasa más alta de todo el Estado. En el último mes del año pasado, las islas registraron unos 2.000 parados menos, la quinta parte de toda España (más de 10.000). De manera que, aunque persiste la pérdida de afiliados a la Seguridad Social, se reaviva la oferta de trabajo.

No es despreciable el hecho de que diciembre haya sido el mejor mes laboral del país en la última década, si, finalmente, es una señal de que la crisis tocó fondo y comienza la lenta rehabilitación de una economía que estaba en coma.

En Canarias, no sólo debemos mirar al barómetro del Ministerio de Trabajo (ya no digo al del CIS de diciembre, que torpedea toda tentativa de levantar el ánimo, vertiendo un jarro de agua fría sobre 2011, con la mayoría de los encuestados esperando que empeore el desempleo, la inseguridad, las drogas, el medio ambiente, la vivienda, la inmigración y las pensiones), sino, también, a la evolución del paro en Alemania, de cuyo restablecimiento dependemos en gran medida: es, junto a Reino Unido, un emisor clave de clientes turísticos de nuestro destino, con Günter Grass a la cabeza hospedándose en La Palma.

Y el último informe (esta misma semana) de la Oficina Federal de Estadística refleja cifras de contratación que baten un récord de empleo, lo cual es la mejor noticia que recibe Canarias en este umbral de año, al lado del recorte del paro local. La Alemania de Angela Merkel, la senderista de La Gomera, vive un milagro económico en toda regla: se comporta como si no hubiera tal crisis a su alrededor, con índices de pleno empleo en algunos länder y tan sólo un 6,2% de paro en todo el Estado.

El reto de reducir a la mínima expresión ese volumen desproporcionado de 254.000 parados en el archipiélago pasa por la revitalización del turismo, sobre lo que parece existir un amplio consenso. De ahí que la bonificación de las tasas aeroportuarias puede ser considerada la medida más eficaz del año 2010 para Canarias (al menos, para el el turismo y la economía de las islas).

De todos es sabido que, entre la multitud foránea, se cuelan a menudo practicantes del balconing ciegos de alcohol, de cuando en cuando algún pedófilo vergonzante huido de las redes policiales, o un mafioso siciliano condenado en rebeldía a cadena perpetua por degollar a tres miembros de una familia por encargo de la Cosa Nostra, como el prófugo Salvatore Marino, sorprendido en el sur de Tenerife. No es el primero, ni será el último de un listado de camorristas, narcotraficantes y traficantes de armas, genocidas, nazis y otras malas hierbas, que confirman las peores sospechas de Roberto Saviano, el autor de `’Gomorra’. La cara y la cruz de esta parada y fonda que nos da de comer a más de dos millones de estómagos compelidos a simpatizar con rufianes y turistas de bien.

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‘DOSMILONCES’

Y esto ya es 2011, con más visitas en Facebook que en Google, lo cual no sé si es para alegrarse. No es mala hora para venir al mundo –lo dice un debutante papá tardío-, porque el nuevo huésped isleño –año nuevo, vida nueva, 7.000 millones pronto- no se va a enterar del tsunami que sepultó el estado de bienestar y la socialdemocracia de Anthony Giddens y cia. Tendrá una tierra y un mar (ya sé que hay una ‘ola’ que cuestiona esta aseveración) y sacará el petróleo.

Los ‘hijos de la crisis’, sin el pan bebé bajo el brazo (la otra lotería del niño), nacen con el cheque sin fondo de las dos de la madrugada, como el primero que vio la ‘luz –más cara- al final del túnel’ en el Materno Infantil de Las Palmas. Les recibe un país sin humo en estado de alarma. Para cuando tomen café en el bar no tendrán ni pitillo ni periódico. Hans Magnus Enzensberger nos contagiaba de fe en los ‘desayunos del Mencey’: siempre habrá diarios de papel, son parte del ‘breakfast’ (cómo quiera que se diga en alemán).

No,  no es mal año para venir al mundo, pero quién iba a imaginar que sería el primero sin el ‘papel’ de Iñaki en la sociedad española de la información. A Gabilondo, en Madrid, a finales de los 90, había que sacarle las palabras con cuchara –le turbaba hablar de sí mismo y, sin embargo, le desahogaba, como a Vargas Llosa sincerándose sobre la familia el día del Nobel-. Hasta que me reveló su pesadilla: que murmuraran a sus espaldas que debiera retirarse, como vio hacerle a su maestro, Antonio Calderón, padre del ‘teatro del aire’. Sin Iñaki, un modo de periodismo está ahora mismo en el aire.

Con 68 años, uno más que el pensionista del 2027 (¿habrá periodistas para entonces?), está ‘como una puncha’, como pasó con Walter Cronkite y Larry King, después de correr los sanfermines del oficio y chuparse el 23-F bajo secuestro en TVE esperando esa noche la cinta con las palabras del Rey. Antes de este cierre de CNN+, en la SER era dios. “No es que Iñaki Gabilondo esté en la SER, es que la SER está en Iñaki Gabilondo”, nos dijo Augusto Delkáder para la biografía del periodista donostiarra, ‘Ciudadano en Gran Vía’.

País de pobres gentes preguntándose si ir a votar esta vez. Felices vástagos ‘dosmilonces’, el ruido electoral no les dejará ‘dormir’.

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VIEJO AÑO NUEVO

 

El año que está a punto de expirar, pronto, dentro de escasas horas, dejará de tener que ver con nuestras vidas, como una novia que nos deja, una casa de la que nos mudamos, un trabajo que dejamos atrás. Todas estas sensaciones de desarraigo y búsqueda de raíces nuevas nos asaltan en estas fechas cada año, con una reiteración que no evita la postura expectante de uno ante el misterio del año que viene, cargado de todo lo que ignoramos y ansiamos adivinar.

Yo he tenido este año que dice adiós la suerte de ser padre y ésa (no sé por qué pongo el acento aún) es mi historia, mi acontecimiento. 2010 me deja una huella para toda la vida, lo que altera esa norma de los años que pasan de largo en una infalible y repetitiva Nochevieja. Esta vez no. 2010 ya nunca me dejará indiferente en su marchamo, como si este año me acompañara para siempre en la memoria y en la figura del vástago que ha venido a llenar la casa como si hubiera estado, en realidad, vacía antes de que llegara él.

De hecho, mi mujer y mi suegra se han aplicado estos días a reformar la vivienda, pintarla, diría que agrandarla transformando el ropero en una nueva habitación irreconocible, y todo esto no tiene otra justificación que la presencia de Ángel Benza, ese nuevo ciudadano que acaba de nacer en medio de la crisis como el habitante de un mundo nuevo que como el nuevo año desconocemos por completo cómo piensa ser.

Y ese suspense que llamamos futuro es un tal 2011, otro capítulo de la novela de nuestras vidas en que seguimos siendo actores en busca de papel. Esa novela coral que dicen que ya va por 7.000 millones de personajes.

Feliz año nuevo.

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EL FIESTÓN DEL FMI

 

La jeta del FMI, el gendarme de la austeridad, que impone una disciplina de gasto estajanovista desde hace más de medio siglo a países en crisis y que en la actual depresión ha metido en cintura a todo el que se mueve, incluida España, desborda lo éticamente tolerable.

Ya de por sí al director gerente de la institución, Dominique Strauss- Khan, rodea cierta leyenda de ‘viejo verde’, y esta vez, en la velada de Navidad del día 11, se le ha ido la mano, dado el desmesurado fiestón que ofreció a más de 2.000 periodistas, fondomonetaristas e invitados múltiples en la doble sede del organismo guardián del ajuste mundial.

Una vergüenza, semejante al reparto de bonos millonarios de los altos ejecutivos de los bancos socorridos con dinero público en los primeros embates de la crisis financiera. Un desmadre, como el lujo asiático al que se resisten a renunciar mandatarios africanos y asiáticos propiamente pese a la miseria y abandono de sus pueblos.

Cuentan las crónicas de Washington que en la calle 19, muy cerca de la Casa Blanca, el FMI tiró la casa por la ventana, gastó generosamente en bandas de salsa y techno, discotecas bañadas en el sudor de una lujuria promisoria y desestresante de los padres del recorte universal, restaurantes de comidas plurinacionales y barra libre de postres, café y alcohol.

Este despilfarro a lo bestia provoca un estupor elemental que cuesta creer que nadie evitara a tiempo, como si de la cabeza caliente de la economía mundial, el cerebro de las recetas más draconianas de ahorro y astenia inversora de los presupuestos de los países más desarrollados, se hubiera adueñado una bandada de pajaritos preñados que nubló radicalmente el más mínimo sentido común de estos señores en cuyas manos estamos los desgraciados parias de la crisis que hemos restringido el menú de Navidad, imbéciles de nosotros.

Chiquitas cabezas para exigir la inmolación, por imperativo de la austeridad, de los dirigentes más quemados de la historia política, de Gordon Brown a Zapatero, pasando por griegos e irlandeses intervenidos, a quienes, a la vista de esta indecencia, les entrarán dudas (también náuseas) sobre el acierto y conveniencia de instrucciones tan estrictas y hasta estúpidamente autolesivas como dictan a todo estado que recibe su ayuda, como si, en realidad, fueran modos de tortura disfrazada ideados por una mente perversa que disfrutara haciendo sufrir a esos países de la lista negra con la sordidez de un club de déspotas dirigido por un sátrapa brutal del capitalismo moribundo, mientras manosea y deja escapar risitas de mujeriego ya fondón a la subordinada de turno con la que anda amancebado según las malas lenguas. Es evidente que semejante satanización del organismo resulta descabellada, pese a ser ciertas algunas acusaciones vertidas en su día contra Strauss-Khan por un romance pasajero con una empleada. La torpeza se debe a la soberbia, que es moneda de uso corriente últimamente entre pequeños y grandes líderes (locales o mundiales, municipales o transnacionales, la peor generación de la política que se sepa, por corrupta y sinvergonzona).

Ahora bien, que la institución elegida por el G-20 en la reciente cumbre de Seúl como el árbitro de la recuperación económica del mundo, organice, el año que más fondos está recibiendo de los países para combatir la crisis, una bacanal sin cortarse un pelo, es un insulto a los ciudadanos, que empiezan a hartarse de verdad de la incompetencia y bajeza moral de muchos de sus dirigentes. Hasta que unos cuantos miles no tengan nada que perder, y entonces…

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EL GOCHO PALMÓ

Las iniciales CAP en Venezuela tenían una resonancia casi mítica. Carlos Andrés Pérez, el estadista autodidacta, se desenvolvía en Caracas como el amo del país, estuviera en el poder o en espera de volver a estarlo; te convocaba en su sede privada en la tumultuosa capital, un edificio enteramente suyo protegido por guardaespaldas en todas las plantas, y sentías que allí estaba, seguía estando, el verdadero poder de Venezuela, en aquella personalidad enigmática e hiperactiva que le mandaba recuerdos conmigo a Felipe González pensando que el presidente en España me era tan asequible como él.

La noticia de su muerte no se presta a engaños, como otras en América, pensadas para que los dejen en paz. A CAP le temía y le odiaba Hugo Chávez, que anhelaba arrancarlo de Miami y extraditarlo a Venezuela; una vieja enemistad recíproca que se desató en febrero de 1992, cuando el entonces teniente coronel de paracaidistas le dio un golpe de Estado fallido al Gocho, que era un presidente con fama de invencible.

Se le paró la máquina en medio de una conversación, a tenor del comentario familiar; se despertó animado y poco a poco se le fue acabando el aire, una muerte natural tras una vida de caballo. Pero Carlos Andrés Pérez parecía inmortal después de haber sorteado todos los obstáculos de la política y la vida, incluida la cárcel y el exilio. A los pocos días de su reelección, en el umbral del 89, las medidas severas de austeridad –¿a qué nos recuerda, por cierto, estos días en este otro mundo bajo otra crisis?- que aplicó contra la sangría económica del país a sugerencia del FMI y el Banco Mundial –‘el paquetazo’- le costaron una revuelta popular que muchos recordarán –imágenes de la turba rompiendo escaparates y robando en los  supermercados- porque dio la vuelta al mundo bajo el nombre de ‘caracazo’, término que se empezó a utilizar para denominar situaciones parecidas.

Aquellas elecciones las cubrí para la SER porque Paco Padrón lo propuso en Madrid, y trabé una estrecha relación con el candidato ‘adeco’ más célebre de la historia de la democracia venezolana desde la misma madrugada en que llegué al país, alquilé un taxi y llegué volando a la sede de Radio Caracas Televisión, temiendo quedarme sin entrevista, a pocos minutos del cierre de la campaña y del veto oficial a cualquier declaración a la prensa a partir de ese momento.

Carlos Andrés venía en medio de una nube de cabezas del fondo de un pasillo y estaba a punto de desaparecer camino del parking del edificio tras su último mensaje en televisión. Los escoltas me cerraron el paso y yo le grité con fuerza, elevando el magnetofón, que era “un periodista canario”. El ‘hombre que camina’, como lo habían bautizado quince años antes en su primera campaña electoral, se paró en seco, agitó las manos en el aire y me señaló: “¿Canario, de verdad?” Le hice la entrevista, la última de la campaña, y me prometió concederme la primera de su reelección. Pocas horas después, cuando se supo oficialmente que había ganado al copeiano Eduardo Fernández, ‘el Tigre’, emití en Hora 25 la exclusiva internacional, sus primeras declaraciones a un periodista tras volver al poder venciendo la resistencia de su propio partido, Acción Democrática, que no lo quería a sabiendas de que se lo tendría que tragar por la presión de la gente, que, por esas razones misteriosas del carisma, veía en él a su caudillo.

Desde ese instante, lo vi repetidas veces. Me hablaba de Felipe González – “mi amigo”-, de España y de unos ascendientes canarios remotos por vía paterna. De Rómulo Betancourt, su mentor, el padre de la democracia venezolana, de origen tinerfeño, con lazos familiares en El Farrobo, de La Orotava. Del busto de la broma de la pipa del expresidente, que solía ‘esfumarse’.

Se le paró el corazón este fin de semana. Fin de trayecto del político ‘locomotora’, que era el penúltimo de doce hermanos, y tuvo en sus manos un país inmensamente rico en el 74, cuando Venezuela nadaba en petrodólares y Arturo Uslar Pietri la llamó ‘Venezuela Saudí’. En su casa, al norte de Caracas, el autor de ‘Oficio de difuntos’      me recibió rodeado de libros, en su famosa biblioteca que cubría las paredes, pesaroso por el rumbo de la patria desde aquella abundancia mal aprovechada en su día. CAP no supo gestionar el país la primera vez, se empachó de tanto oro negro y dejó en la calle un refrán que me repetían los caraqueños con cierta complicidad: “Carlos Andrés robaba y dejaba robar”. Él sabía que, aunque su compañero de partido Jaime Lusinchi –“el gobierno del borracho y la barragana”, su secretaria Blanca Ibáñez, se ha dicho y repetido tantas veces en un país que habla sin papas en la boca- había sido un desastre y parecía tocarle el turno al democristiano Copei, el pueblo no le iba a fallar. ¿Acaso porque esperaba que les dejara robar haciendo bueno el chisme?

Estaba metido en algunas faenas inconfesables y, en ese despacho que digo pertrechado de personal armado de su cuartel general, me citó un día para ofrecerme una exclusiva. Cuando llegué, desalojaron el despacho varios gerifaltes de su partido –los conocía bien porque en Venezuela cada edecán en los años de aquella democracia podrida no sólo ejercía su cuota de influencia, sino que alardeaba públicamente de mover los hilos-, y CAP me propuso quedarme unos días en el país, “para una entrevista sonada con alguien importante”. La entrevista se demoraba porque el personaje no acababa de llegar a Venezuela, hasta que no pude esperar más y regresé a Canarias. Habría tenido que seguir allí meses, porque el personaje en cuestión siempre sospeché que había sido Edén Pastora, el Comandante Cero, el famoso sandinista que tomó el Palacio Nacional de Managua en el 78, y que un día apareció por Venezuela convertido en desertor y apadrinado por CAP. A Carlos Andrés Pérez lo acabaron destituyendo del cargo de presidente por malversación de fondos reservados para patrocinar a Violeta Chamorro, la presidenta nicaragüense que acabó con el sandinismo. A veces, cobraban fuerza los rumores de que el Gocho era de la CIA.

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EL MISMO AÑO CON DISTINTO COLLAR

Algunas cosas son previsibles y se van a dar inexorablemente. Subirá el recibo de la luz para disgusto del consumidor que no está para cargar más gastos en su contabilidad doméstica (en este país en que todos ya somos a la fuerza ‘economistas camuflados’ de la mano de Tim Harford). Hablo de enero.

Entrará en vigor la ley Antitabaco que dudo que se aplique a rajatabla y temo criminalice al fumador como pasa con la droga, prohibida inútilmente para beneficio de nuevos sórdidos intereses donde el control sanitario carece de toda legislación, y que avanza en dirección contraria, hacia la legalización pura y dura, he ahí una suculenta paradoja.

El nuevo Código Penal le dará la vuelta al calcetín de lo que entendemos por delito. Salen de la cárcel unos cuantos centenares de ‘muleros’, o ‘camellos’ de poca monta, y, entre otras novedades que obligan a jueces y abogados a ponerse a estudiar como en los tiempos de Aranzadi en mano cuando no había Internet, nos enteramos de cosas jocosas, como que las víctimas pueden quedarse con el coche del infractor en concepto de pago por las lesiones.

La Ley Sinde saldrá por narices, con el nuevo apoyo holgado con que contará ZP, que ya, una vez cumplimentadas las genuflexiones correspondientes de los ‘montillas’ para facilitar la investidura de Artur Mas, ha zanjado los rumores en su entorno, garantizando que agotará la legislatura hasta 2012. Así que Sinde sacará su ley contra las descargas ilegales y en las islas sabremos si CC sigue ‘mandando’ lo mismo en Madrid con la incorporación de CiU al pacto de estabilidad, o empezarán a decaer algunas de las promesas que le hizo el PSOE por su apoyo a los presupuestos cuando tenía la soga al cuello, dado que ya los ‘canarios’ dejarían de ser imprescindibles y “bastante tienen con sus aguas” (dirán).

Veremos manifestaciones en la calle y en la red contra las reformas (y la Ley Sinde, consiguientemente), ese doble campo de batalla al que asistimos con los ciberactivistas atacando la web de la SGAE y el Ministerio de Cultura como si arremetieran contra los enemigos de Wikileaks, y con CC.OO y UGT planeando una nueva huelga general convencional, a pie de calle, como viejos rockeros románticos oxidados en la foto sepia de la historia. (Seguimos en ‘estado de alarma’, por cierto, que ya hasta se nos olvida).

Miramos a Garzón y a Videla. Y nos dan lástima los dos lo mismo que Mourinho, por razones distintas de sinrazón.

Ahí está al llegar. El mismo año con distinto collar, con ‘la vara del opresor’, las ‘botas resonantes’ y la ‘túnica empapada de sangre’, que dijera el Papa en la bendición ‘Urbi et Orbe’, como si tomara el testigo a Obama, que se nos diluye como un azucarillo en el café, si no acaba antes con el tea party, que es el partido del te.

Y una última cosa que también ya se sabe, qué va, que no va a ocurrir: ni el Rey ni Zapatero dimiten. Lo dijeron casi al unísono.

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TEIDES DE ORO EN TIEMPOS DE CRISIS

 

En la misma sala de cámara del Auditorio, con la emotividad de la fecha, coincidieron el futbolista canario más relevante de la historia, Pedro Rodríguez Ledesma –‘Pedrito’-, la sociedad ‘locomotora’ insular –‘Turismo de Tenerife’- y la memoria del político que nos dejó este año –Adán Martín-. Los teides de oro de Radio Club han vuelto a concitar la resonancia social de unos premios que nacieron hace 27 años y han descrito un viaje por los sabios y las instituciones de la ciencia, la cultura, la economía, el deporte y la política de las islas. Entre el público, los allegados del trío de galardonados y una concurrida afluencia fiel a la cita, que integra el masivo club de fans de esta convocatoria casi inexcusable del año.

Me conmovieron las palabras de la viuda. “Creía que el deber estaba por encima del querer”, dijo Pilar Parejo de Adán Martín en su retrato inconsolable del marido poliédrico que era “un cabezota, un trabajador incansable que le ganó tantas batallas al cáncer y contagiaba a todos con su ilusión”. Aquel hombre tenía una fe en la supervivencia desmedida, capaz de hacer proyectos de futuro con la soga al cuello convencido de que la muerte no iba con él. Pilar (ese fue también su papel en lo que ambos llamaban “nuestra enfermedad”) leyó con voz entrecortada unos folios personales sobre las cualidades humanas del político que perseguía una idea hasta el final contra viento y marea, como prueba el edificio desde el que hablaba.

De hecho, los tres distinguidos mantenían entre sí lazos que daban a la velada una coherencia imperceptible, pero evidente a medida que fueron tomando la palabra. La entidad mixta Turismo de Tenerife, que alberga el Cabildo desde el 92, es una de las herramientas diseñadas por el ‘ingeniero’ Adán Martín –pionero por instinto- para promocionar la isla en el exterior. José Manuel Bermúdez, uno de sus discípulos, recogió el premio como si Adán recibiera esa noche Teide y medio.

Y tocó el turno a Pedrito, la mejor metáfora del elogio recurrente a la generación canaria del talento, esa que los dirigentes –y Adán el primero- suelen invocar en  la isla para explicar cuánto de cierto hay en que esta tierra ha sido, es y será capaz de salir de cualquier crisis por sus propios medios. Frágil como un bailarín –con esa vocación de ballet que tiene el fútbol de su equipo-, Pedrito dirigió unas palabras al público sintiéndose parte de la sinfonía de la noche: el amor a la patria chica, que versificara Nicolás Estévanez; el valor del esfuerzo y el afán de superación que resaltó en su discurso el presidente Paulino Rivero, y la condición de estandarte de la mejor imagen del éxito de la marca insular.

El presentador, Santiago Negrín, y la anfitriona Lourdes Santana, directora del medio, invitaron a las sucesivas ediciones. Si 27 años se han pasado volando, otros 27 están por llegar. Cuando hace tanto, Paco Padrón nos reunió en su despacho para deliberar sobre los primeros acreedores al teide individual (Antonio González González) y al colectivo (Los Sabnandeños), era insospechado el prestigio y duración que iba a alcanzar este emblema del ‘orgullo’ de una tierra por sus mejores exponentes. Una historia de rigor y arraigo acredita los Teides de Oro de Radio Club Tenerife, capaces, como digo, de resistir otro arreón temporal como éste.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?