SANTO ES EL GRIAL QUE BUSCA SIN ÉXITO EUROPA

 

 

Al economista más famoso de los Estados Unidos, Paul Krugman, le cuesta poco soltar lo que piensa. No es hombre de medias tintas. Así que en su blog uno encuentra a alguien que dice al pan pan y al vino vino. Afirma en su artículo, publicado también en el New York Times, que la Gran Depresión fue mala para Europa, pero “esta será peor”. Krugman les dijo por escrito a los españoles, en el vórtice de esta crisis, que el error fue entrar en el euro, una moneda sin concierto económico y fiscal, y que con la peseta habría sido más fácil sortear las curvas de esta crisis. No se corta tampoco a la hora de maldecir la austeridad como receta. En su opinión, no sirve para remontar esta situación. Como dice este economista y periodista galardonado en 2008 con el Premio Nobel, dado que con austeridad a machamartillo los países de la eurozona van de mal en peor, de crisis en recesión, queda probado que la terapia no funciona, sino más bien agrava el estado de enfermedad global de la economía. Y deja en el aire la sospecha de que en Europa los economistas, los dirigentes, los bancos y el sursuncorda están perdidos, ahogados en un mar de confusión, sin saber qué hacer. Krugman es norteamericano y allí les ha ido mejor que a la UE, es cierto, y también lo es que esta crisis no tiene literalmente parangón con la de los años 30, al menos para ellos por defecto y para nosotros por exceso. El propio Rajoy tira por tierra todo asomo de optimismo (a coro el PP repite que prefiere vender pesimismo, en contraste con el optimismo infundado de Zapatero de los brotes verdes) cuando, al presentar su reforma laboral, descartó cualquier repunte a corto plazo del empleo y sí, en cambio, de las cifras de paro. Les ofrezco un regalo envenenado que maldita las ganas que tengo de traerlo aquí, pero es parte del guión si queremos que nos rebajen el objetivo de déficit, vino a decir en otras palabras. Claro que esta, o cualquier otra reforma, tendrá un efecto que no será placebo, ni tampoco la panacea, pero servirá de marco para el nuevo lienzo de relaciones laborales, y ya se verá si ese cuadro crea empleo o lo destruye. Por ahora, Rajoy teme a Merkel –como el resto de dirigentes europeos, Sarkozy incluido- y hace lo que le manda por un sentido, si se quiere, patriótico y desesperado. Recortarle a la gente –que está con la soga al cuello- 40.000 millones más en los Presupuestos de marzo sería un crimen. Esta no es sólo una apreciación mía, sino del propio presidente. De ahí que confíe en que Luis de Guindos logre antes la indulgencia de Berlín (y, acto seguido, la de Bruselas) y obtenga un permiso de déficit del 5 y pico en lugar del 4,4%. Si no fuera por las elecciones andaluzas (y asturianas) ya habríamos sufrido recortes de mayor calado a ‘la griega’, probablemente. Otra para Krugman (de mi cosecha): ¿Cómo se explica que el mismo día que España aprueba en el Congreso la reforma del sistema financiero, otras de las exigencias impepinables de los mercados, estos la hayan recibido a cañonazos hundiendo a los bancos en la bolsa? ¿Estaremos en manos de unos cretinos, lunáticos e irresponsables gestores de la crisis en Europa, o son tan geniales que el día de mañana los haremos santos?

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LAS CARRERAS OPUESTAS DEL DUQUE Y EL PRESO DECANO

 

La carrera de Urdangarín, huyendo de las preguntas de una reportera en Washington, y la del preso decano de España, Miguel Montes Neiro, al salir de la cárcel con indultos, agarrado de la mano de sus hijas, de frente hacia las cámaras de los periodistas, son reacciones similares en su naturaleza y a la vez se contraponen: ambos corren, pero en sentido y por motivos inversos. Neiro, experto en fugas, esta vez esprinta para que lo vea la prensa recobrando la libertad tras más de 30 años encadenando condenas entre rejas por robos sin reinserción posible. El duque de Palma emprende, no ya el viaje contrario –lo cual sería exagerar, habida cuenta su presunción de inocencia-, pero sí una huida que, siendo hacia delante, da la espalda a las cámaras, y evita dar la cara, lo cual implica un grado de bochorno o incomodidad por el escándalo público de sus actividades en el Instituto Nóos, que difiere, drásticamente, de la imagen del hombre libre sin nada que ocultar, y paradójicamente, sí puede decirse que un ladrón de reconocida trayectoria como el reo más antiguo del país, se erige en ese personaje que corre hacia los fotógrafos con sus hijas celebrando la libertad. Las dos caras de la moneda. La que se ve y la que no se deja ver.

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En ‘Las Mañanas del Mencey’ (Teide Radio Onda Cero) JOSE MIGUEL RUANO: “ES UN ERROR ESTE ENFRENTAMIENTO CON SORIA”

 

El presidente del grupo parlamentario de CC, José Miguel Ruano, sorprendió este lunes en  ‘Las Mañanas del Mencey’, de Teide Radio Onda Cero, al señalar que “nos estamos equivocando al dirigir nuestros dardos contra el ministro Soria, cayendo así en su juego y limitando a un debate local lo que, en realidad, ha de ser un debate de Estado”.

Ruano, anterior consejero del Gobierno en las áreas de Presidencia, Justicia y Seguridad, recomendó, durante la entrevista en Teide Radio Onda Cero (FM 94.0), que el Gobierno canario se siente a discutir y negociar con el gabinete de Rajoy, de tú a tú, para llegar a un acuerdo en  el conflicto de las prospecciones petrolíferas. “Dado que hay una concurrencia de intereses del Gobierno de España con el de Canarias, no hay otra alternativa que discutir los efectos ecológicos y económicos”

Asimismo, aconsejó acudir directamente al Ministerio de Fomento para esclarecer el contencioso de la bonificación de tasas aéreas, “que es un derecho contemplado en  el REF”.

A su juicio, las actuales divergencias de Canarias con Madrid (tasas aéreas, petróleo y primas sobre las energías renovables) son “asuntos graves para las islas” y constituye “un error convertirlo en un enfrentamiento de CC con Soria, que juega en su doble condición de ministro y líder del PP de las islas”. Considera el presidente del grupo nacionalista en el Parlamento que “estamos cayendo en la trampa de Soria, que juega a la confusión entre ministro y dirigente canario de su partido”.

“Son temas de Estado, no locales”, insistió, “y procede establecer el nivel de relación política con el Gobierno de España”. En otro momento de sus declaraciones, admitió que José Manuel Soria pueda llegar a ser “un interlocutor competente”.

Ruano pidió que su partido abra un “proceso de autocrítica” ante el Congreso que CC tiene previsto celebrar en junio. Según él, “tras el batacazo electoral del 20-N, “lo importante es ver cómo recomponemos el liderazgo de la agenda política canaria”. En su opinión, CC ha sabido responder históricamente ante contenciosos decisivos con Madrid y Bruselas, y “ahora tenemos que saber volver a liderar la política canaria”. Considera que el electorado pasó factura a su partido “por la relación con el PSOE”.

También se refirió a la “canariedad” que se le debe demandar a los representantes canarios. “Mucha gente dirá que es y se siente sobre todo canario cuando se le pregunta en las encuestas. Se trata de ver cómo ejercemos esa canariedad. Que el ministro Soria es canario no lo niego, pero ejercer la canariedad es mucho más. Tiene que ver con la identidad.”

No se mostró partidario de fusionar las fuerzas nacionalistas en un solo partido. “Unidad programática, sí. Pero aún no se ha alcanzado el grado de madurez para una unidad orgánica. Ya hubo una primera experiencia de coalición electoral y programática en las pasadas elecciones generales y por ahí debemos seguir avanzando. En otro caso, las diferencias podrían lastrar nuestro crecimiento y CC debe aspirar a crecer en Gran Canaria”.

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Por qué no me callo MARES PETRIFICADOS



‘Los mares petrificados’, última entrega del realizador Miguel G. Morales, con guión de Leoncio González, recupera la figura de Domingo López Torres, el autor clandestino de ‘Lo imprevisto’ en la sórdida cárcel de Fyffes y de ‘Diario de un sol de verano’, al que Pedro Guerra musica mimetizándose en los versos, que no son versos ahogados, del poeta que acabó en el fondo del mar. Aquí DLT emerge a la superficie con el pecio de su breve literatura. Lo mataron en la guerra antes de cumplir 30 años: enfundado en un saco, lo hundieron en el litoral de Santa Cruz. El documental lo rescata del olvido en el Guimerá la misma noche que fue ajusticiado hace 75 años. Es un poeta precoz y un “surrealista furibundo”, como lo definía Pérez Minik (su antólogo indignado por la suerte del compañero de fatigas de Gaceta de Arte), quizá el que más congenió con Breton en Tenerife y que se inmolaba si hacía falta “por el éxito” de sus ideas, que eran socialistas. A DLT se le conoce poco, pero tanto el hispanista C.B.Morris como el también poeta Andrés Sánchez Robayna no lo han dejado morir en el mundo de las letras. Producto de la casualidad, García Morales, ‘poseído’ por el espíritu de la generación más audaz de la cultura canaria desde su película ‘Aislados’, tenía las fuentes a mano: la hija de la novia del poeta y un sobrino, vecinos del cineasta, le aportaron las ‘pruebas’ sin salir de su calle. Durante un semestre de 2003 moderé un ciclo sobre Gaceta de Arte en CajaCanarias, y una tarde se presentó Luchi Pérez Reyes, hija de Maruca, la prometida del poeta, que pasea con él por Santa Cruz, con la pereza de las fotos viejas, sin poder adivinar el drama que el destino les tenía reservado. En una cajita de bombones las dos mujeres conservaron durante setenta años los recuerdos y manuscritos. García Morales (entonces le picó la curiosidad) y Leoncio González, con los que me alié en ‘Punto de Vista’, en la aventura iniciática de la TVC, dibujan una película necesaria, que no se agota en sí misma: deshecho el letargo, se sugieren nuevas aproximaciones al personaje, como el desgraciado episodio de la barca, al que sobrevive López Torres, pero no dos de sus grandes amigos ‘cazadores de estrellas marinas’, J.A.Rojas y J.A.de la Rosa, el accidente que aquella vez nos desveló en la Caja el ponente José Luis Rivero. Cine testamentario el de García Morales (Dámaso, Aldecoa, María Rosa Alonso, Juan Ismael), siempre revelador. Ahora, el perseverante biógrafo cultural indaga en uno de mis faros  favoritos, César Manrique, epónimo de la segunda mitad del siglo XX canario, que fue –él lo pudo decir- profeta en su tierra.

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GARZÓN SE QUEDA SIN TOGA

 

 


En la fase de desarrollo actual de la teosofía democrática española el juez es dios. O lo era hasta ayer para ser más exactos. Con la memoria histórica (si se prefiere, la exhumación de los cadáveres del franquismo) acallada por la vía del silencio administrativo o la pérdida del rastro como en el caso de Lorca, lo cual comporta un doble duelo de las familias de los desaparecidos, y con la separación de poderes, de hecho, en tela de ‘juicio’, no ha de extrañar que esta condena intempestiva a Garzón haga albergar las primeras sospechas hasta ahora de una posible politización de la justicia.

Nada descabellado si partimos de la base de que heredamos la larga rémora de la, por otra parte, contrastada ‘judicialización de la política’. Pero este debate quedará, supongo, como latiguillo recurrente para alimentar conspiraciones arduamente dirimibles.

Once años de inhabilitación por ordenar escuchas de presos por corrupción con sus abogados (caso Gurtel)  implica, a todos los efectos prácticos, decir adiós a la toga, pues, aunque no se ha explicado, deberá, posteriormente, presentarse de nuevo a las oposiciones para reintegrarse, no de modo automático, sino al cabo de otra espera extra. A Garzón lo acaban de condenar a dejar de ser juez.

La opinión pública en el exterior, a cuyo ‘tribunal’ ético suele someterse este país con los complejos del aislamiento de posguerra a flor de piel, la lectura que se hace de la ‘purga de Garzón’ es despectiva para la democracia española y su sistema judicial, tenido por carca y nostálgico, un baldón a todas luces injusto que sólo se explica por la dimensión pública de un juez de su proyección internacional. Bien es cierto que la mayoría de los medios de comunicación que abordan el caso desde el extranjero glosan la figura del magistrado que persiguió a Pinochet, a ETA y a célebres narcotraficantes. Y en España se guarda, en cambio, de Garzón también el recuerdo de sus desvelos por acaparar sumarios mediáticos, que en ocasiones le han indispuesto con determinados compañeros quién sabe si a la espera de pasarle factura. Es probable –yo diría que más que probable- que detrás de esta sentencia como éste se esconda, sin faltar al rigor de la ley, un escarmiento ejemplar al juez que iba por libre y que siempre prefirió los focos a la discreción.

Pero no estamos en la era de los jueces romanos anteriores al imperio, que carecían de suficientes conocimientos en Derecho y se valían del auxilio de jurisconsultos para el desempeño fundado de su labor. Garzón era, por encima de todo, el icono de la ‘autoridad’ judicial instalada por encima de la voluntad de los demás mortales, cuyo poder parecía ilimitado, dado, no sólo su carisma, sino también su brillante palmarés.

Han defenestrado al juez más relevante –quizá no el más ‘justo’- de la democracia. No ha sido víctima de un atentado de ETA, como tantas veces se temió, ni de una venganza sórdida ordenada por cualquier capo de la droga que esté pudriéndose en la cárcel con cargo al juez que no tenía miedo. No, sus verdugos han sido sus propios compañeros de profesión. Víctima de errores propios cometidos sin poder imaginar represalias (excesos que en otros casos fueron solventados de un modo procedimental con sanciones y la nulidad de las pruebas) y, sobre todo, de un desmedido afán corporativo, ajeno a las ideologías, de acabar, a costa suya, con una peligrosa tendencia a hacer ‘carrera’ en la carrera judicial.

Ahora Garzón, que aún ha de enfrentarse a dos veredictos pendientes (por la estrafalaria causa de las víctimas de la dictadura franquista y la no menos esperpéntica odisea de las conferencias de Nueva York), pasa de la condición de juez a símbolo de algo todavía por definir y acuñar: ¿acaso de la represión judicial?

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TÀPIES ERA TÀPIES


Tàpies era un hombre asequible, o al menos de tal modo alcanzo a recordarlo, cierto que vagamente, respecto de la ocasión en que pudimos –Martín y yo-  entrevistarlo, cuando siendo jóvenes y ubicuos no dejábamos escapar ninguna oportunidad de conocer a un genio. Nos dividíamos y escribíamos juntos como si nos desdobláramos. Entonces, Antoni Tàpies ya era un artista –pintor y escultor- renombrado en el país, pero guardo la sensación de que, acaso porque era pronto, se le respetaba y hasta veneraba como una autoridad del arte por contestatario, antes aun que por una autodidacta audacia sin límites. El famoso calcetín que enarboló mucho más tarde como síntesis de sus preocupaciones sociales y plásticas lo define hoy; en cambio, hace más de 30 años –cuando las paredes del Colegio de Arquitectos eran un templo subterráneo de artistas de primer orden y nosotros no nos despegábamos de allí tarde y noche- sus telas diagramadas eran objeto de adoración mística por parte de una izquierda volitiva, que no ansiaba poder alguno como en nuestro días de congresos por y para el gobierno de las gentes, cuya admiración por el artista catalán que acaba de fallecer a los 88 años de edad era, en sí misma, una declaración de fe. Tàpies ha tenido siempre un pie en el budismo zen  y otro en la realidad política de su país. Era antifranquista y pisó la cárcel por serlo y ejercerlo. Los cuadros con cruces y equis, los brochazos de tinta negra, sus secretismos y sincretismos, como su amistad con Picasso y Miró, tensaban una biografía plástica inclasificable y personal, con la que conseguía eso que un día me dijo Pedro González como el canon ideal de todo pintor relevante: que hagas lo que hagas, lleve tu sello y seas genuinamente tú. Tàpies era Tàpies.

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Por qué no me callo. DOS BARBAS

“Fue, por lo tanto pasó”, dejó escrito la poeta polaca Wislawa Szymborska, en el último poema de su libro postrero, ‘Aquí’, y que ‘ahora’ releo con la noticia de su muerte, que me cuesta trabajo creer, yo que la suponía –ya casi frisando los 90- eterna. Alejada del mundo, en su apartamento suburbial de Cracovia, junto a una copa de coñac, la entrañable disidente escribía como un oráculo, se burlaba del orden establecido y lanzaba destellos de sabia lucidez. En ese poema final, ‘Metafísica’, dejó caer las dos palabras, “fue, pasó”. Patxi López recitó en su discurso de investidura ‘Nada dos veces’, de Szymborska: “No es el mismo ningún día…” Y entonces te la imaginas sentada ante la ventana esperando a su propia transparencia. Con los versos más sencillos obtuvo el Nobel (1996). Yo sentía una extraña conexión con esta frágil muñeca longeva víctima de Hitler que vivía en su pequeño nido de pájaro como una anciana perdida en el mapa ajena a su celebridad. La leía repetidas veces y no pocas me reía con ella. Este verso es aplicable a Rubalcaba: “Por los sueños no se paga ni un céntimo”. Decía que “la vida en la tierra sale bastante barata”. No cuesta soñar, y al químico secretario general del PSOE acaso los sueños le ayuden a dar con la fórmula para que el partido no muera desangrado entre ‘alfredos’ y ‘chacones’. Mientras ella vivía, yo la recordaba cada vez que algo tímidamente íntimo hacía feliz a alguien a mi alrededor, y me decía que ese era el genuino ‘efecto Szymborska’. Ironías del destino describía en sus poemas desnudos. Ironías del destino, este congreso federal del partido que resucita de los funerales del 20N, elige el pasado para reinventar el futuro. Fue, pasó. Rubalcaba vuelve. Era un verso suelto del PSOE, que perdió las elecciones generales, en efecto, y, sin embargo, como decía Szymborska, todos seguimos siendo nuestro propio adolescente “por el mero hecho de que tenemos la misma fecha de nacimiento”. Y Rubalcaba ha ganado el congreso de la ‘renovación’ amagando contrala Santa Sedey la contrarreforma, como un adolescente radical del 15M en la plaza de Tahrir. Ahora pacifica el patio, para que la sangre no llegue al río en otro ‘Port Said’. Europa está muerta de frío, pero el balón sigue rodando. Sobrevivimos como el euro. El viejo corredor, que ahora esprinta, juega con Rajoy este curioso partido de veteranos, que, inopinadamente, tienen en común llevarle la contraria a los asesores de imagen. “Tu cara, la mía, la de quién”, dice la poeta sobre rostros que se parecen. Quizá convenía a este tiempo dos personas, dos barbas, cortadas por la misma tijera, para timonearnos.

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LA TRAGEDIA DE PORT SAID

La guerra del fútbol. La matanza de Port Said, en el Egipto posrevolucionario y desmadrado, tras un partido de fútbol entre dos equipos histórica e histéricamente rivales, desentierra los fantasmas de viejas confrontaciones que fueron más allá del deporte para desembocar en un conflicto armado. En Port Said, el Masry venció 3-1 al Ahly, pero, mientras se disputaba el encuentro –no sin lances e incidentes-, una pancarta de la afición local ya advertía de antemano de forma nítida y premonitoria: “Hoy os vamos a matar”. Era fútbol, pero no era un partido de fútbol sino una guerra de fútbol.

En los años 70, la famosa ‘guerra del fútbol’, según la bautizó Ryszard Kupuscinski, enfrentó a Honduras y El Salvador: el origen era una disputa fronteriza por la reforma agraria y el destino de la población campesina, mientras ambas selecciones de fútbol libraban una eliminatoria al rojo vivo para acudir al Mundial de México. Los salvadoreños consiguieron la plaza, pero miles de víctimas quedaron por el camino en una fricción extradeportiva que dejó un reguero de sangre.

En la revuelta del estadio egipcio, al término del encuentro, la hinchada local saltó al campo, sin oposición policial, con palos y cuchillos dispuesta a vengarse de afrentas antiguas y pleitos más recientes. En el primer caso, reprochaban al visitante, al parecer, que no les hubiera permitido entrenar en sus instalaciones de El Cairo durante la guerra con Israel. Y en el segundo, todo apunta a que, con oscuras ayudas de amigos del derrocado Mubarak, los fanáticos aficionados la emprendieron con los seguidores del Ahly, apodados Los Ultras, a los que se atribuye una participación activa durante la primavera árabe en la plaza de Tahrir.

El fútbol, una vez más, trasciende en un estadio –convertido en campo de batalla- de la condición de un mero juego a la de un ajuste de cuentas. Y en esta ocasión, amenaza con revertir la revolución misma, que acaba de quitar el poder a un dictador y de dárselo en las urnas a los islamistas. Un país sobre una pirámide invertida, que se tambalea sin estabilidad y sufre pérdidas turísticas superiores al 60% (que benefician, entre otros lugares de refugio, a Canarias) y que, un año después de las célebres concentraciones en la mítica plaza, se pregunta si el destino les ha jugado una mala pasada, bajo la sombra del faraón Hosni Mubarak, que antes de morir por enfermedad o por orden de los tribunales, parece haber resucitado por obra y gracia de un balón que entró tres veces en la portería visitante sin lograr aplacar la cólera de los hinchas locales nostálgicos del dictador. Ganar no les bastó.

 

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Por qué no me callo. ROBERTO DE ARMAS

Cuenta Roberto de Armas que José Saramago, el hombre más serio del mundo, posó para él, pero el fotógrafo no se rindió hasta arrancarle una sonrisa. A veces, con un chiste aflora la colección de rostros que llevamos bajo la cara oficial. Los relatos de este Ansel Adams canario, de sus viajes a otras islas, son historias robinsonianas de un cazador de imágenes que habitan en el Pacífico. ¿Por qué, cada equis tiempo, Roberto de Armas, ganador del segundo premio internacional al mejor libro culinario de fotografía, zarpa de su Mirador de Vistabella, camino dela Polinesia, al encuentro de un enjambre de islas que le hacen feliz? Esa extraña seducción de los territorios lejanos tiene que ver con la naturaleza íntima del alma. El alma del fotógrafo. En una de las calles próximas al mirador hay una casa blanca, con un buzón en la pared. Tocas y entras en un sitio que es ese sitio y todos los sitios que ha recorrido el artista que trabaja allí. Las fotos que empapelan el recinto te transportan al océano que el fotógrafo conoce como la palma de la mano desde que voló con J.J. Bacallado, tras la estela de Darwin, a las Galápagos. Entonces nos conocimos. Sus fotos, publicadas en El País Semanal –aquel reportaje que fue portada de la revista- descubrían la mano, el ojo y, por tanto, el alma de este explorador de la isla del día de antes que parece salido de la novela de Umberto Eco. En el estudio de la casa blanca, cuelgan fotos mágicas, claro. Mientras él prepara el escenario de nuestra propia foto para Diario de Avisos, Leopoldo Fernández, José Antonio Pardellas, Óscar Herrera y yo mismo nos dejamos ir. Durante ese lapso de tiempo hemos saltado de una isla a otra, de la de Juan Fernández a la de Gauguin, dela Islade Pascua a las Marquesas, ese misterioso periplo nos lleva de los (monumentos) moais a los maoríes (indígenas) de un triángulo de islas del Pacífico que tiene en Roberto de Armas a su más fiel notario, como prueban los ‘tesoros’ de la mítica cultura que culminará este año. Antes de que nos inmortalice en blanco y negro, nos cuenta la historia de un beso. Es una imagen urbana localizada en París, los novios son los únicos que pasean y a solas se besan, la foto recoge justo ese instante, lo congela como para que dure todo el tiempo. El autor nos informa de que fue una foto casual con una cámara de bolsillo que estrenaba. Pasaba por allí, vio a la gente asomada al puente, le picó la curiosidad, miró hacia abajo y disparó. ¿Por qué la foto de un beso nos deja con la boca abierta? Todo está en las caras. Aquella sonrisa robada a Saramago. Y la foto que Roberto le hizo una vez a un pletórico y sonriente Adán Martín.

 

 

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SPANAIR DEJA DE VOLAR Y DA ‘ALAS’ AL PARO

Spanair deja de volar. Este viernes 27-E deja un reguero de parados en plena etapa sombría de la economía del país, que no acaba de ver la luz y ya da por descontado que la oscuridad va para rato. La quiebra de la aerolínea es un mazazo para las islas, en nuestro Talón de Aquiles, el transporte aéreo.

No dudo que su hueco, una vez se superen las primeras horas de shock de los miles de pasajeros que se quedaron en tierra o se vieron en la tesitura de volar sin equipaje –esa incongruencia  ‘sobrevoló’ los minutos de incertidumbre mientras los directivos permanecían reunidos en un hotel de Barcelona en consejo de administración liquidando la empresa- , será cubierto por Iberia, Air Europa, Ryanair … Pero a Canarias la aíslan estas cosas, estos pésames empresariales.

Necesitábamos más plazas y frecuencias por razones de movilidad doméstica y turística. No es una noticia que deje indiferente al archipiélago. Ni mucho menos. La crisis del 11-S, hace diez años, que tuvo un impacto feroz en los gigantes de la aviación, fue una enorme amenaza para las islas, que cada vez que hay una nube de cenizas en el cielo de Europa, una huelga de controladores o pilotos –como ahora mismo en Iberia-, o un estornudo sindical en un aeropuerto neurálgico emisor de viajeros, nos ponemos a temblar como si nos entrara una gripe repentina. Somos altamente sensibles al tráfico aéreo. Porque por ahí respiramos.

Nuestras autopistas están allá arriba, debemos tenerlo presente: si falla un transportista, sufrimos de inmediato un déficit en la oferta de vuelos, más aislamiento sobreañadido. Las islas, envueltas en sus debates fogosos, como estos días sucede con la bonificación de las tasas aéreas, se acuestan un viernes negro en la estadística laboral con esta pésima noticia caída del cielo.

Desde el aparatoso accidente de agosto de 2008 en Barajas (vuelo 5022, la mayor catástrofe en España en un cuarto de siglo, la mayor de Europa en veinte años, 154 muertos en total, la mayoría paisanos nuestros, pues el avión despegó sin éxito con destino a Gran Canaria, y los técnicos procesados lo serán de una compañía desaparecida para mayor dislate), Spanair se tambaleó, y esta autodisolución, asediada por las pérdidas que venía acumulando y la espantada del socio preferente qatarí tras el cierre del grifo dela Generalitat–acuciada por su ajuste y por la legislación europea sobre la libre competencia-, es una consecuencia retardada de aquella ‘caída en desgracia’.

Me resulta una noticia escandalosamente ilustrativa del devenir de la economía española en la frontera de dos años feos que se van a parecer demasiado, 2011 y 2012, si no se nos deteriora más si cabe este último por un efecto ‘dorian gray’ presumible, tal como nos lo ‘pintan’ los organismos internacionales. El paro. Spanair deja en la calle de golpe a cuatro mil trabajadores, engordando brutalmente las cifras de la EPA, que ya elevaban a cinco millones trescientas mil personas el censo maldito de ‘manos sin obra’.

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