EL INVENTO TINERFEÑO DE LA RECEPCION ON-LINE

 

El invento de Manuel Luque está llamado a revolucionar el sistema tradicional de recepción de hoteles implantado en todo el mundo. Este ingeniero en Informática de Sistemas por la Universidad Autónoma de Barcelona, que acaba de presentarme el consultor José Ramón Sanz, lanza ahora desde Tenerife un nuevo sistema de recepción hotelera on-line a través de Internet, cuya patente mundial para los próximos veinte años le ha supuesto una inversión de 60.000 euros.

El descubridor demuestra así la fe que deposita en su método, para el que no sólo ha invertido tres años de investigación en un producto inédito de I+D+i+d, con la colaboración de la Universidad de La Laguna, sino que, encima, como acabo de decir, ha puesto de su bolsillo una cifra suculenta de dinero que lo obliga a endeudarse con un banco confiando en que la idea resulte, tarde o temprano, rentable. Quién sabe si Manuel Luque se hará millonario un día con este sistema de ‘checking’ de hotel, extrapolable a hospitales, urbanizaciones, grandes empresas, universidades y toda suerte de complejos compartimentados en departamentos y habitaciones que requieren control de alojamiento y máxima seguridad.

Consiste en sustituir la vetusta recepción (creando nuevos puestos de trabajo especializado sin duda y extinguiendo otros obsoletos, también) y así sortear la servidumbre de hacer cola, sustituyéndolo por una recepción virtual, en la que el cliente y usuario podrá confirmar su reserva desde casa a través del ordenador o móvil y recibir (por email o sms) el código numérico o de barras de su habitación. Se introduce, asimismo, la opción de la huella dactilar. Con esa llave virtual entrará en el hotel sin identificarse ni avisar a nadie y cuando abandone la habitación el sistema alertará que queda libre. (La puerta será modificada con el artilugio digital pertinente.) Podrá abonar por el mismo procedimiento todos los gastos de minibar, televisión de pago, ‘room service’,etc. Evitará mostrar (y, en su caso, olvidar enojosamente) la documentación personal. Garantiza el anonimato y confidencialidad sobre sus movimientos, sea cual fuere su intencionalidad como huésped (aquí caben todas las conjeturas ‘berlusconianas’ al respecto). La gestión, me asegura, finalmente, su creador, “será ágil, cómoda y eficaz”. Y, sobre todo, me digo a su vez, acorde a los nuevos tiempos (hablando con este emprendedor de 40 años, tímido y afable, a uno le empieza a parecer, de pronto, que el régimen hotelero vigente es una antigualla, algo en lo que no habíamos caído).

Luque ha tenido una idea sabia, ha sabido dar en el clavo con una aportación que, de forma casi insólita en un mundo donde casi todo está inventado, resulta que quedaba esto por hacer. Bien visto ahora a toro pasado, cuando ya hemos conocido los pormenores del invento de este ingeniero informático, licenciado en derecho y diplomado en Ciencias Empresariales en paro, llama la atención que, con tanto genio que anda suelto por ahí, nadie hubiera caído en la cuenta de que en la sociedad de las nuevas tecnologías algo había quedado caduco en uno de los sectores económicos que mueven el mundo: la vieja y arcaica (y entrañable) recepción de hotel (escuela de generaciones de profesionales del sector, que, por otra parte, estoy seguro que sobrevivirá con otro formato y otras funciones, dada la importancia del trato personal).

Ahora sólo falta que una cadena hotelera española, o europea, o americana lea esto y compre el sistema a su diseñador. Tenga la completa seguridad Manuel Luque que no le haré pasar por caja.

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‘ESPIRAL’ DE ‘YERROS’

 

Martín Chirino, ‘Martin’ (palabra llana, dice el artista), no se merecía este incidente de la ciudad que le consideraba su escultor favorito. A Santa Cruz le gusta Chirino y a Chirino le gusta Santa Cruz, como prueban la espiral del Parlamento, la cabeza africana de CajaCanarias y la ‘Lady Tenerife’, recostada junto al Colegio de Arquitectos,  como la novia del guerrero yacente de Goslar. ¿Cómo iban la ciudad y el escultor a malquistarse?

Hace un par de años, con motivo de unos Carnavales y una tormenta, el Ayuntamiento retiró el brazo de hierro de la espiral, y dejó en la Plaza de Europa un muñón desganado que recuerda someramente a la ‘Femme Bouteille’, de Miró, recluida en el Viera y Clavijo. La escultura malograda se titula ‘El sueño de los continentes’, homenaje a la unidad de Europa (seccionada como ahora ya sugiere el profético sajazo) y de las dos Alemanias, sin que el agravio llegara a oídos de Merkel. El propio autor, pendiente por último de una indemnización judicial, tiene otras obras en paradero desconocido y su caso abunda en un vandalismo que se ceba en el arte, mediante graffiteros incívicos, desatinos municipales, o ladrones como los que usurparon en Bélgica hace poco una figura de Dalí (‘La mujer de los cajones’, léase bien). Uno siempre le echa un ojo al guerrero tumbado de Henry Moore por si han ‘arramblado’ con él. El día que faltó estaba en el TEA.

Chirino es un canario extranjerizado, un isleño con sed de continente (parafraseando a María Rosa Alonso), que descubrió África antes de esta revolución árabe de los jazmines a la pedrada limpia en la plaza de Tahrir, y creó sus ‘afrocanes’. Lo conocí una noche de hace más de treinta años, en una discoteca de Madrid, donde Martín (Rivero) y yo presentamos el disco ‘Ach-Guañac’, de Taburiente, editado por Ariola. Hablamos de identidad y de sus espirales de hierro hasta la madrugada. Trasterrado en Madrid, como Millares y Padorno, la imputación-amputación de ‘canario que se fue’ era un estigma lacerante.

El escultor de los aeróvoros y espirales ama a Santa Cruz y Nueva York, donde Westerdahl (empleado de banca) y Rockefeller (banquero) le abrieron las puertas. El Rey pidió tener un ‘chirino’ en los jardines de la Zarzuela para verlo desde el despacho, como en su último mensaje navideño. Las ‘ladies’ de Chirino a Sylvia Plath,  que conoció a través de Ted Hughes, honran a la poeta del amor trágico que se quitó la vida. Esta semana toca decidir. El Ayuntamiento no debe caer en una ‘espiral’ de ‘yerros’ con uno de sus mejores embajadores.

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LA ‘ESPIRAL’ DE UN DESAGUISADO MUNICIPAL

 

Martín Chirino, ‘Martin’ (con acento en la ‘a’), como a él le gusta que le llamen los amigos, ha saltado a la actualidad por una de sus obras en Santa Cruz, ciudad de la que siempre me habló con afecto como una vieja amiga. A Santa Cruz le gusta Chirino y a Chirino le gusta Santa Cruz, como prueban su espiral del Parlamento, su cabeza africana del patio de CajaCanarias y su ‘Lady Tenerife’,  en la plaza del Colegio de Arquitectos. ¿Cómo iban la ciudad y el escultor a pelearse?

Pues hace un par de años, en vísperas de los Carnavales, el Ayuntamiento mutiló insensatamente la escultura del artista en la Plaza de Europa, titulada ‘El sueño de los continentes’, que compuso en homenaje a la unidad de Europa y de las dos Alemanias, cosa (la amputación municipal carnavalera) que a la Merkel le haría maldita gracia si algún asesor lee esto y se lo cuenta. El guillotinazo de la escultura con el pretexto de evitar que se hicieran daño las máscaras al tropezar con la espiral de hierro que gira en el aire cerca del suelo, resurge como noticia tras recurrir el escultor a los tribunales en demanda de una reparación económica y artística. El propio Chirino tiene otras obras en paradero desconocido y este caso abunda en la leyenda negra de los escultores vandalizados por los graffiteros menos respetuosos con el arte o los ladrones profesionales, como los que se llevaron en agosto una figura de Dalí (‘La mujer de los cajones’, leer bien) de una muestra en Bélgica.

He contado alguna vez que, como pateó a menudo la Rambla (de Santa Cruz, su nuevo nombre), continuamente le echo un ojo en su emplazamiento frente al edificio singular de Emilio Machado, por si un día no está. Y sucedió tal cosa. Pero era una ausencia justificada, por mudanza temporal al TEA para una exposición. Es que nunca se sabe.

Chirino es un escultor lúcido de su tiempo, que descubrió África antes de esta moda, y creó sus ‘afrocanes’ legendarios. Lo conocí una noche, hace unos treinta años, en una discoteca de Madrid, donde Martín y yo presentamos un disco de Taburiente editado por Ariola. Levantó la mano y preguntó sobre los guanches en el coloquio. Luego, seguimos toda la noche hablando de las islas, del continente de al lado y, finalmente, de la espiral, su leit motiv. Chirino arrastraba aún por entonces el estigma más impertinente de Canarias en aquellos años  posfranquistas, la condición de desterrado, por haberse ido a Madrid en los 50 con los dos manolos (Millares y Padorno). Esa imputación de ‘canario que se fue’ se deshizo en poco tiempo.

He hablado mucho todos estos años con el escultor de los aeróboros que aprendió a forjar el hierro en los astilleros del puerto de La Luz, al calor de su padre. Que viajó a Nueva York con la intrepidez de una tierra que emigró a América sin medir la distancia, y se ganó la amistad de David Rockefeller, que le abrió las puertas de la ciudad. Don Juan Carlos pidió tener un ‘chirino’ en el jardín de la Zarzuela, donde él pudiera verlo desde la puerta acristalada del despacho, y en el último mensaje navideño vi por la tele la escultura que su autor me había comentado. De Chirino podemos estar hablando hasta mañana: de sus ‘ladies’ para Sylvia Plath, la poeta que se quitó la vida, y que el artista conociera a través del poeta Ted Hughes, una pareja que vivió un amor desgraciado. Y de su ‘Lady Tenerife’, la dama recostada a la que saludaba todos los días durante los meses que viví cerca de ella. Y acabaríamos sacando los trapos malditos de la historia intrainsular, el manifiesto de El Hierro sobre la identidad africana de las islas. Y el Caam. Pero sólo quería decir que el Ayuntamiento está obligado a reparar cuanto antes ese flagrante desatino cometido con la obra de uno de sus mejores embajadores en el mundo. Me consta.

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OTRA VEZ EL MEDITERRÁNEO

Los microclimas políticos regionales que difieren entre sí hacen imposible ahora mismo una radiografía global del mapa social, económico y político de un presunto mundo interrelacionado. La crisis es el telón de fondo, pero cada estado y área geográfica han acentuado sus diferencias como nunca, hasta hacer irreconocible el rostro de este siglo. La revolución juvenil del Magreb, tanto vía Facebook y Twitter como megáfono en mano cuando las autoridades apagaron Internet, hace saltar por los aires, de modo autónomo, uno de los escenarios geopolíticos en apariencia más estables bajo regímenes autoritarios que despreciaron las demandas de libertad de un pueblo cada vez mejor informado de su retraso y su atavismo. Aquí las redes sociales estoy convencido de que han obrado el milagro de hacer ver la naturaleza de esa marginación saltando por encima de la censura local. Y, sin embargo, el riesgo es que detrás de esta insurgencia adolescente que oxigena países con las ventanas cerradas venga a pescar en río revuelto el islamismo radical que está al acecho, sin dar la cara. Europa es un falso proceso en marcha. Está completamente paralizado como proyecto político plurinacional. Y el euro sobrevive porque Francia y Alemania no han decidido darle la estocada. Por ahora. La visita de Angela Merkel a España este jueves tiene rango de test a una de las economías que ponen en peligro la continuidad de la moneda única. La Unión Europea, a fecha de hoy, es un espejismo. Estados Unidos naufraga en su ‘crisis’ de identidad. No sabe si lidera aún el mundo o está ya fuera del marco y en el cuadro sólo queda la huella de su paso. Un fantasma gobierna un ficticio mundo global, cada vez más localista. Asia manda. China hace tiempo que dirige el cotarro. Y está India. Y está Brasil. Y en la Casa Blanca está Obama mirando al jardín de espaldas por la puerta acristalada del despacho oval. Solo. Sin el mundo ya a sus pies. El resto es América Latina. A su aire: Chávez, Evo, Castro…, cada uno a lo suyo. Ahora arde África por arriba. Todo vuelve a suceder a orillas del Mediterráneo.

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LOS NIÑOS ROBADOS

 

Una de las leyendas urbanas más extendidas es la de los niños robados en los supermercados para traficar con sus órganos. Nunca le di crédito.

Y la de los niños presuntamente muertos en las clínicas y hospitales nada más nacer para ser vendidos a familias sin hijos. La de los bebés de madres prostitutas y drogodependientes tasados en unos miles de euros para su venta en el supuesto mercado negro de las adopciones irregulares. Costaba creerlo. Y está la vieja fábula de los niños expósitos abandonados por madres sin recursos en los tornos de las iglesias. No cabe la menor duda.

Y los niños ‘colocados’ por los orfanatos en hogares pudientes a tanto la pieza. Los vendidos, revendidos y a veces devueltos por defectos de fabricación Ese horror de la crónica negra del mundo infantil, que incluye la ‘adquisición’ de ejemplares para consumo sexual de una lacra infecta de pedofilia adoptiva disfrazada de una paternidad ejemplar. Toda esa mierda humana en que ha degenerado esta especie que abochornaría a ese pariente gorila del zoo londinense que, por lo visto, camina de pie.

Hagamos la pregunta: ¿Está usted convencido de que su padre y su madre son los auténticos?

Existen bancos de ADN que ya conservan las pruebas del delito.

La creencia popular estaba preparada hasta ahora, por una ‘berlusconización’ tan atávica como socialmente consentida, para la sorpresa de saberse fruto de una infidelidad. Pero admitirse hijo robado, sustraído a la fuerza o bajo patraña, hijo falsificado como en la dictadura argentina de Videla, es una ignominia que desborda toda capacidad moral y se prolonga hasta nuestros días, desprovista ya de todo precedente político con la llegada de Franco, reducida a razones económicas sin más.

Los centenares de casos del hurto de niños (dos, al menos, en Canarias, donde se cuentan asimismo por decenas) que acaban de ser denunciados ante la Fiscalía General de Estado ponen al descubierto, sin concesiones a ninguna clase de superchería, la existencia contrastada de personas adultas que han llegado al convencimiento de que fueron arrebatados de los brazos de sus padres biológicos desde los años 40 de la posguerra civil.

La amalgama de casos tiene origen en presas republicanas embarazadas, que perdieron sus hijos en favor de familias estériles franquistas o que querían sumar nuevos hijos. Después, este negocio sórdido de la paternidad postiza derivó en esas truculentas historias de incubadoras públicas y privadas, donde los bebés, de pronto, perecían y todo era un embuste y eran vendidos dentro de una trama organizada de médicos, comadronas y enfermeras bajo una impunidad socialmente tejida a conveniencia de familias bien (he leído con desgarro toda una abundante casuística en los foros de Internet que desconocía por completo y que se me antoja un escándalo social que permanecía agazapado, quizá por vergüenza, a falta de esta espoleta de los primeros casos judicializados). Algunos curas y monjas y funcionarios de registros civiles y hasta operarios de cementerios cooperaron en el oprobio encubierto hasta nuestros días.

Sigue pasando, y las recientes detenciones de presuntos implicados en la compraventa de niños de madres indigentes y toxicómanas de Tenerife, casos que fueron ‘abortados’ por la Guardia Civil, son la punta de ese iceberg.

¿Qué hará ahora Cándido Conde-Pumpido ante la avalancha de denunciantes en bloque? Mirar para otro lado sería inútil e indigno. Se calcula que los afectados son más de 300.000. Y quieren conocer la verdad con urgencia, manchados por una filiación impostora. Bastó que a sólo uno de ellos llamaran por teléfono con la revelación de que había sido un niño robado según el testimonio de alguien que acababa de morir, para que el movimiento de hijos en busca de padres biológicos y padres en busca de hijos naturales desaparecidos se pusiera en marcha y llegara a las puertas de la fiscalía con pancartas y lágrimas en los ojos. Los delitos contra la humanidad no prescriben.

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AUDITORIO ADÁN

El Auditorio Adán Martín, el nuevo nombre con el que este viernes ha hecho justicia el pleno del Cabildo de Tenerife, es hoy uno de los grandes contenedores de cultura de la isla y de Europa.  Y es, como en Chillida con Tindaya, el fruto del sueño de un visionario cargado de utopía y de razón. Adán Martín no podría tener mejor casa donde habite su alma.

Antes de este Auditorio, como antes del TEA (Herzog & De Meuron), el déficit de infraestructuras culturales en la capital era clamoroso, como siempre ponía de manifiesto desde la viceconsejería de Cultura Dulce Xerach. De manera que felicitarnos por gozar de estas instalaciones de primerísima división arquitectónica en el mundo no debería de causarnos ningún hastío ni pudor. Y, sin embargo, tengo la sensación de que ha quedado inoculado insanamente en el inconciente colectivo un cierto ‘sentimiento de culpa’ por ese aparente exceso de ‘lujo’ para una ‘ciudad menor’, que aún no hemos conseguido extirparnos.

Adán Martín se merecía este homenaje de la institución que presidió, por la voluntad, férrea diría, que sostuvo desde el origen de la idea hasta su culminación en 2003 (ya ausente del Cabildo), venciendo sin complejos provincianos una resistencia que siempre juzgué inconsecuente (aunque en absoluto baldía, porque toda polémica moviliza la opinión adormecida, que no es poco), inspirada por motivos de una ciega oposición política y no sólo por sólidas convicciones de austeridad y celo en el gasto público. El Auditorio es hijo de una época de bonanza, no leamos su creación a la luz de esta crisis que ha arrasado con todo lo que suene y huela a cultura. Y es un producto inteligente, una apuesta, cuando se podía, por disponer de argumentos de peso, de alta ingeniería y arquitectura puntera, con los que hacer de Santa Cruz una capital, al fin, de verdad de la comunidad turística que somos, abierta y cosmopolita, una vez metidos en este indescifrable  siglo XXI.

El Auditorio es hoy el símbolo arquitectónico de la ciudad turística y cultural. No disponemos de otro edificio tan potente que suscite la mirada y la admiración de fuera, un efecto de enorme interés para un lugar cuyo deseo supremo es ser visitado por todo el mundo. Adán Martín no exageraba cuando decía que sería un icono.

Sentados a una misma mesa con cualquier pretexto, le pregunté en una ocasión a Adán por el Auditorio. Y me contó la historia del sueño que albergaba desde que conoció al arquitecto Santiago Calatrava cuando aún no era dios. Lo contrató justo antes de que fuera prohibitivo y estaba convencido de que el Auditorio iba a ser un (el) símbolo de Santa Cruz y de Tenerife.

A Calatrava, poco tiempo después, empezaron a disputárselo las principales capitales. Paseando por Buenos Aires con Lucía, cuando éramos novios, reconocí a lo lejos la firma de Calatrava en un puente que llevaba el sello inequívoco del arquitecto valenciano, el Puente de la Mujer, en Puerto Madero, que sintetiza a una pareja bailando un tango. Lo cruzamos juntos cuando a nosotros dos nos pasaban cosas que al poco tiempo nos obligarían a tender un puente entre América y Canarias. Prueba de ello es que hoy, cuando escribo estas líneas en Santa Cruz, mi esposa y mi hijo Ángel pasean por las calles de Perú, la otra orilla de la familia.

Calatrava es inconfundible de Venecia a Nueva York, hasta donde también le persiguen sus contestatarios. Adán Martín insistió siempre, cuando las críticas por las variaciones presupuestarias consustanciales a los proyectos de ingeniería y arquitectura arreciaban más agriamente en la isla, en que había que culminar el edificio y que llegaría el día en que Tenerife se sentiría orgulloso de su Auditorio. Hoy, ya sin los condicionantes políticos de aquel período agitado, creo que nadie discute que ese momento ha llegado, que en Santa Cruz, en Tenerife, en Canarias, le damos la razón a Adán porque el Auditorio de la Avenida de la Constitución, en efecto, nos prestigia.

La mañana que supo que sonaría como un templo celestial, Víctor Pablo Pérez me relató exultante en los Desayunos del Mencey que había sometido la sala sinfónica a una especie de test de stress y que el resultado había sido mágico. Narró leyendas terriles de teatros estéticamente impecables que el día ‘d’ de la prueba acústica definitiva sonaban a cacharro, ya sin remedio, sin saber qué hacer con el armatoste. Luego he escuchado hacer objeciones a este respecto sobre nuestro Auditorio, pero sigo creyendo el veredicto autorizado del exigente exdirector de la Orquesta Sinfónica de Tenerife.

Domingo Berriel me contaba esta mañana en ‘Da Gigi’, la pizzería de la Avenida de Anaga, que recordaba el primer día en que Adán y Calatrava se sentaron a hablar. El arquitecto dibujó en una servilleta los primeros trazos del ojo de teide, como una vez me dijo el propio Calatrava que había concebido su caja de música en la isla del volcán que mira al mar como quien ha salido antes del fondo de él. Esa servilleta la debió de guardar alguien.

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ÁNGEL BENZA

Ángel Benza no corrió para cobrar el cheque bebé, se retrasó tres días. Nació en noviembre sin ese pan bajo el brazo: su madre, peruana, no llevaba dos años en la isla. Nos vetaron el premio gordo. Nació con tres kilos setenta gramos. Hoy pesa el doble.

¿Por qué Ángel? Por el abuelo materno, el abogado de Ica que estudió la carrera de mayor y ejerció hasta su muerte prematura. Las cuatro hijas que engendraron Ángel y Emilia les dieron cuatro nietos varones y una nieta que baila como Shakira. ¿Y Benza? Un príncipe guanche.

Ángel se pasea por Santa Cruz en su carro de bebé, ‘repochadito’ como si lo llevaran en parihuelas. Habrá que recordarle que es príncipe de mentira. Dice ‘agú’ en su idioma (para el babel del pinganillo). La ropa le queda chica en seguida y necesita renovar su fondo de armario. Montañas de pañales dodot que le cambiamos a raudales repiten un olor dulzón a ‘pulga’ de jamón y queso amarillo. Se tornará verde o azul, según la biliverdina. Los abuelos paternos Zaida y Carmelo, de Santa Cruz, celebran al nieto que nunca esperaron del hijo que parecía solterón vitalicio. Un nieto cabalístico, el número 7. “Nacer es aquí una fiesta innombrable”, escribía Lezama en su isla. Mi caso es el de un padre después de los 50, como diría Fontanarrosa. En la Plaza Weyler, Wolfredo Wildpret me habló de padres a edades prohibidas: “Trae un hijo”. La palabra hijo cobra actualidad en Tenerife con la compraventa de hijos de madres pobres y heroinómanas. Hijos de su madre. Madres heroínas.

Hijo de la pachamama, de sangre canaria y amerindia, Ángel no llora desde la primera noche de puerperio. Reserva sus mejores llantos para el yantar a su hora en las areolas nutricias de su madre. O ante una vacuna: queja justificada. Pero sonríe cuando despierta y a cada instante. Y hace del baño termal un alborozo de brazos y piernas a siete centímetros de profundidad en la artesa de plástico donde casi no cabe.

Aquel día, cuando su madre y yo nos conocimos de verdad, tras bajar del Machu Pichu, Perú se puso a temblar a nuestros pies (7.9º en la escala de Richter, con epicentro en Pisco). El periodista Javier Cabrera, lívido, me dijo algo razonable en la carretera de Huacachina a Ica: “¡Esto se acabó!”, al trote de aquel caballo loco. Tras el terremoto, Lucía y yo nos casamos. Hace dos meses y medio, nació aquí Ángel Benza, al que me encanta sentir en brazos, el calor de su cabecita tierna y el hilito de baba que deja caer sobre mi cuello.

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INDIGNAOS

El ‘¡Indignaos!’ del nonagenario Stéphane Hessel, un opúsculo de apenas 32 páginas, que una modesta editorial familiar parisina vende a tres euros desde hace unas semanas, convoca a los jóvenes franceses (y pronto de otras muchas nacionalidades, con las ediciones previstas en múltiples idiomas) a rebelarse contra los poderes fácticos que nos oprimen (banqueros, mercados y especuladores).

El librito, un best seller inesoerado en la Francia sublevada por la iracundia juvenil contra el retraso de la edad de jubilación impuesta por Sarkozy, es un panfleto certero que resume el espíritu contestarlo de esta época en crisis. Sirve como anillo al dedo para el caso galo y el griego, para el irlandés y el tunecino y todo el norte de África lanzado a la calle con una rabia adolescente.

No sirve, en cambio, para una España obsecuente cansada de sus partidos y líderes, cuyos estudiantes permanecen ajenos a los recortes de gastos y libertades; esto último exaspera particularmente al antiguo luchador contra los nazis que pasó por campos de concentración y ayudó a redactar la Declaración Universal de los Derechos Humanos antes de desahogarse en este folleto envenenado. No es obra para jóvenes españoles desmovilizados, que contrastan tanto con los de aquel activismo estudiantil que conocí en la Universidad de La Laguna contra el franquismo y sus rescoldos, durante las huelgas generales por el crimen policial de Javier Fernández Quesada a las puertas del centro, o por la muerte de Bartolomé García Lorenzo, acribillado por agentes que lo confundieron con El Rubio.

Franco y las víctimas inocentes (añado a Antonio González Ramos, a manos del comisario Matute) desataban la cólera juvenil en la calle, como los abusos del dictador y la crisis en Túnez han provocado un estallido social inédito de jóvenes dispuestos a morir. En Egipto, Mauritania y Argelia se han quemado a lo bonzo unos jóvenes desquiciados por los precios y la represión, que imitan al vendedor ambulante tunecino, que inmolándose tras serle confiscado el carro de verduras, fue la espoleta de la revolución espontánea que acabó con Ben Ali.

Que no sea ése exactamente el mensaje contenido en el alegato de Hesel, de 93 años, ‘Indignez vous!’ (‘¡Indignaos!’), una invitación a la protesta cívica sin violencia, no deja de ser una opción en casos extremos, como los de las autocracias africanas. El libro es estimulante como terapia para al menos cabrearse frente al desgobierno del mundo en manos de poderes financieros que lo devoran todo dejándonos cara de lerdos.

Hay muchos modos de decir ¡basta! y soltar los demonios. Dada la ola de reformas y  prohibiciones, muchas de éstas justificadas aunque inoportunas, apetece indignarse, cada cual a su manera, bien irrumpiendo, se me ocurre (no me hagan caso), en un bar pitillo en boca o invadiendo en masa la vía pública expeliendo humo a grandes bocanadas. A falta de conciencia política, de tan adormecida, por qué no una gran fumata en defensa de la libertad individual, dicho por un exconvicto de Condal y Peñamil. También prohibir se convierte en ocasiones para el gobernante en una formidable cortina de humo.

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LA GENERACIÓN DE TINDAYA

Tindaya. Chillida. Desde hace, al menos, 16 años, el nombre del célebre escultor vasco y el de la montaña sagrada de los aborígenes majoreros unieron sus destinos. Y la peripecia que ambos habrían de correr marcaría definitivamente la vida del artista, incluso es posible que contribuyera a precipitar el desenlace de su enfermedad, y desató una polémica visceral entre ecologistas –refractarios a la idea de tocar el macizo- y defensores del proyecto de vaciar el cono para rellenarlo con un cubo por donde transite la luz de la luna y el sol libremente bajo un símil de tolerancia.

Lo llamaron de todo. Y dicen que los insultos y el calvario de un proceso interminable en el que sobrenadó entre sospechas de corrupción y tejemaneje de políticos y empresarios, lo sumió en una depresión. Desplegaron las pancartas y la fusilería opositora del monumento logró su objetivo de abortar el sueño del creador del peine del viento. Chillida había concebido una noche una montaña como ésa –tardó años en encontrarla, después de visitar otras muchas en islas y continentes- horadada para hacer dentro la escultura.

Es posible que un sector del ecologismo antiChillida ‘chillara’ con auténtica convicción conservacionista de la montaña adorada por los habitantes prehispánicos y de los más de doscientos podomorfos declarados bien de interés cultural.. A algunas otras voces detractoras las empujaba, sin embargo, cierta renuencia enfermiza a toda obra que se anuncie por todo lo alto. Cuando esto sucede, se excitan los instintos más beligerantes de grupos dispuestos a armarla.

El acuerdo suscrito suscrito este martes en Donosti entre el presidente canario, el titular del Cabildo de Fuerteventura, el consejero de Ordenaciòn Territorial y la familia del artista, desbloquea definitivamente la obra, convoca el concurso y halla un modo de financiarlo sin poner un euro el Gobierno: lo costearán las constructoras, que después explotarán turísticamente la instalación. La noticia coincide –seguramernte no por casualidad- con la gala de apertura de Fitur en Madrid y las horas bajas del recién cerrado museo Chillida-Leku a causa de la ‘aguafiestas’ crisis económica.

En los foros de Internet afloran con profusión las opiniones más reacias a que se dé luz verde a la escultura póstuma de Chillida. Me resulta cavernícola la maldad de maldecir, aun tras la muerte del artista, este proyecto-herencia de uno de los mejores escultores de su siglo, sin que las principales objeciones se hayan visto precedidas de un juicio riguroso sobre la ‘naturaleza’ de la montaña y el cariz de la obra a realizar en su seno. Es un alarde de ingeniería que, en efecto, sugiere algunas preguntas antes de proceder a  dar el visto bueno. Pero, sólo por la dimensión internacional de Chillida, en Fuerteventura tienen razón quienes califican de reclamo turístico de primer orden (como lo fuera César Manrique para Lanzarote) el monumento que ideó el escultor y que no pudo ver realizado en vida.

Han transcurrido unos 16 años. Una generación completa de canarios, desde que nació, ha oído hablar del sueño de Chillida en Tindaya. Ésta era, por tanto, una deuda generacional. Una deuda con la historia, en la que muchos han hablado más de la cuenta, sin que el único aludido de verdad haya podido abrir la boca por mediación de algún portavoz: el guanche de Maxorata, el majo, que era ajeno al valor de su tesoro de traquita de Tindaya y Tebeto, y esculpió sus siluetas de pie en el roquedal por cuyas laderas descienden los caminos del agua. ¿Qué opinión le habría merecido la idea de Eduardo Chillida y su amigo el ingeniero José Antonio Fernández Ordóñez, que los ha sobrevivido a ambos? Sólo ellos dos ahora, en diálogo de ultratumba con los antepasados de la isla, saben la respuesta correcta.

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PAGAR POR TRABAJAR

Las picarescas de la crisis. Pagar por aparentar trabajar. Y, finalmente, por no trabajar de hecho. El primer caso de este nuevo fraude ha sido detectado en Tenerife en un bar donde constaba, sorprendentemente, una plantilla de más de 40 personas, lo cual es imposible.

La noticia me llega a través de una fuente autorizada de CC.OO.: un número de parados ha optado por pagar al empresario el importe de su cotización a la Seguridad Social, a cambio de figurar con un contrato trampa, que consiste en dar de alta al trabajador, sin que éste tenga que cumplir ninguna obligación laboral y sin que perciba sueldo alguno por la pantomima.

El fraude ha sido localizado estos días.  El economista de CC.OO. José Miguel González, director del gabinete técnico del sindicato, me da los detalles. Se trata de un nuevo fenómeno protagonizado por personas en paro dispuestas, aunque resulte insólito, a costearse su propia Seguridad Social a través de un empresario, que supuestamente les contrata, pero, en la práctica, es mentira. El intermediario, es una obviedad, supuestamente obtiene alguna ganancia por prestarse a este camuflaje de trabajadores fantasmas.

Candidatos a elegir esta vía fraudulenta son, por ejemplo, inmigrantes desempleados, sin cobertura social, y cuya prioridad es acreditar, ante los requisitos de la Ley de Extranjería, su arraigo laboral, al ver peligrar el derecho de residencia. Asimismo, cabe suponer que el truco interese a trabajadores que no quieran perder períodos de cotización con el fin de percibir posteriormente las prestaciones de desempleo y jubilarse cuando corresponda.

Los contratos masivos e irregulares como el citado caso constituyen un fraude. Pero es indudable que la crisis origina toda una variedad de picardías para hacer de la necesidad virtud ante el mazazo del paro. Pagar por fingir trabajar, con tal de no dejar de cotizar a la Seguridad Social, es una moda (entre comillas) que surge de las nuevas condiciones del mercado laboral ante el riesgo de sufrir un paro de larga duración.

El origen de los 300 euros de promedio que han de aportar al falso empleador los parados que quieren cotizar se me antoja un misterio, dada la carencia de ingresos económicos. Se lo pregunto al economista de CC.OO. De la economía sumergida, naturalmente, responde. ¿Y por qué no hacerse autónomos directamente y así no exponerse a incumplir la ley? Ah -aclara sin mostrar ninguna sorpresa ante este contrasentido-, porque no tendrían las mismas ventajas, los mismos derechos pasivos que un trabajador dependiente, en caso de bajas y subsidios.

Los paganinis ‘beneficiarios’ de este timo laboral son, por tanto, las víctimas de la crisis, los parados, aquellos de entre este colectivo que se erigen en financiadores de su Seguridad Social, un esperpento de la crisis. El empresario cómplice les hace un ‘favor’ seguramente interesado; existe temor a que se descubra el montaje, de ahí que haya trascendido de modo aislado, pero se sobreentiende que sea una práctica con una mayor casuística a estas alturas.

Éste no es el único hallazgo de la picaresca del mercado laboral. El mismo sindicato acaba de conocer la denuncia de una joven trabajadora, que reclamó mayor salario al empresario y éste le sugirió una manera de conseguir un suplemento del sueldo: ejercer la prostitución.

Se admiten más ejemplos ilustrativos de los desatinos a que aboca la crisis en la relación entre trabajadores y empresarios, al margen de toda reforma laboral, se pinte como se pinte.

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