EL DÍA DESPUÉS

No está la democracia europea como para tirar voladores, ni los Toste para bromitas recurrentes como ésta sin ánimo de recochineo para el sector de los fogueteros en crisis. Pero ese sentimiento repentino de éxtasis que embarga al voluble europeíto de turno ante la irrupción de un par de gobiernos tecnócratas sin el aval de las urnas –Italia y nada menos que la preterida Grecia, madre de este invento-, me produce ‘desasosiego’, como decía Pessoa, que era un poeta hipocondríaco alerta a las señales del mundo. Este ‘día después’ en España es, con estos antecedentes, un signo de salud democrática, por lo que se ve, a contracorriente: el nuevo gobierno sale –¡oh, albricias!- de un proceso electoral y no de la tutela golpista de la banca y los intereses espurios de los mercados contra la soberanía popular de estados  supuestamente democráticos. Los mercados ‘indignados’ nos han metido dos goles por la escuadra. En Europa –abocada al caos, como si ‘La tierra baldía’, de Elliot fuera un poema de hoy y el grial de la reconstrucción tras las ruinas tuviera que esperar unos cuantos países rotos más- están pasando cosas que abochornan a cualquier demócrata con principios: gobiernos y gobernantes borrados del mapa por la ‘magia-codicia’ de los especuladores, como se rebota Juan Tamariz. Un obsecuente funcionario del ‘Gran Hermano’  Goldman Sachs -Monti asesoró al poderoso banco USA– manda en Italia sin votos, entre aplausos. De ahí que hoy, en nuestra resaca electoral, cabría decir –parodiando en buena hora al amigo J. M. Pitti- que “ha ganado la democracia”. Noticia nada irrelevante, bajo los auspicios que recorren el continente. Que los corresponsales extranjeros sentenciaran que “gane quien gane, gobernará Merkel”, refleja esa deserción política que se instala peligrosamente en Europa, donde, con la ‘prima de riesgo’ por todo axioma, se quitan y ponen gobiernos a dedo, sin un mínimo reparo formal como el del golpe hondureño. Somos víctimas de los designios deliberados de los mercados, que tienen las perras y ladran a España con verdades o mentiras sobre su deuda soberana. Al nuevo gobierno de Rajoy, llamado a no defraudar a cinco millones de parados y más-menos quinientos puntos básicos de diferencial con el bono alemán, Europa le da la bienvenida, aunque dada su procedencia genuinamente democrática en estos tiempos pueda llamarle la atención. Un diputado italiano, fiel a la ocasional vis cómica de esa cámara irreverente, lucía un brazalete negro ante la llegada de Mario Monti, y a cuantos le daban el pésame, explicó: “Ha muerto la democracia”.

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UN DEBATE INTELIGENTE

 

Había un raro sigilo, como el del ‘tremor’ de El Hierro, entre los tres candidatos y sus equipos de campaña, cuando llegaron a los estudios dela TelevisiónCanaria, anoche, para participar en el segundo y último debate televisado antes del domingo, que ofreció Canarias RadioLa Autonómica.PabloMatos y Ana Oramas, que midieron sus fuerzas toda la noche, dejaban entrever la lucha por un diputado que está en el aire. Y José Segura, en el centro por sorteo, defendía mejor que Rubalcaba los logros sociales de su partido.

Confieso que la función de moderarlos que me correspondía me suscitaba ciertas dudas, visto lo sucedido en el primer cuerpo a cuerpo entre Soria, Franquis y Quevedo. El de anoche fue un debate tenso en las posiciones de partida, pero, a mi juicio, cordial en las formas, de nivel, y en algunas ocasiones alcanzó picos de cierta  fricción, que le dieron viveza.

El rifirrafe Soria-Franquis del pasado domingo se reencarnó este jueves en el duelo Ana Oramas-Pablo Matos. Ambos, ante la mirada –y a veces los gestos divertidos- del socialista José Segura, no cesaron todas la noche de perseguirse con una pregunta inmutable cada uno. Oramas requería de Matos el compromiso ante las cámaras de que el PP, una vez en el Gobierno, respetaría las inversiones para Canarias en materia de empleo. Y Matos, candidato del PP, por su parte, no cejó en su demanda de que ella se disculpara por haber asegurado que los populares no defendieron ninguna -de las 1.500- enmiendas en los Presupuestos a favor de Canarias. Matos citó las que habían sido avaladas por su partido, y abrió una sucesión de intervenciones, en un clima ciertamente tirante pero correcto, en las que pedía a la candidata nacionalista que diera marcha atrás y se excusara por la inexactitud de sus palabras. Oramas –cabeza de lista de CC-NC-PNC por la provincia tinerfeña- reafirmó, una vez tras otra, su tesis y dijo que ninguna de esas enmiendas fue sustentada en pleno por el PP, sino en comisión, pese a lo cual ambos candidatos se enzarzaron el resto de la noche –sin llegar a perder las formas- en sus mutuos reproches.

De resto, como digo, fue un debate tenso y contenido en las estrategias de cada partido, pero fluido y salpicado de contenciosos momentáneos. No faltó el clásico diferendo entre los candidatos de ámbito estatal y la nacionalista sobre el pedigrí de ‘canariedad’ del diputado de las islas que llega al Congreso bajo cualquiera de las distintas  siglas.

Un debate de esta naturaleza es acordado por los coordinadores de campaña, en cuanto a su formato y contenido, con mucha antelación, pero siempre queda en el tejado del moderador la arriesgada decisión de consentir interrupciones o no. No estaba palmariamente claro qué querían los candidatos, si interferirse o no durante la hora que dura el debate. El sondeo previo, a última hora, con los responsables de los tres partidos nos dio a entender que podrían ‘pisarse’ unos a otros si no lo hacían con exageración, impidiéndole hablar, y que preferiblemente se produjeran los cruces en las segundas intervenciones de cada bloque.

Había un margen de decisión demasiado ancho en manos del moderador, y no me tranquilizaba la idea, siendo conciente del valor que los partidos le daban al debate en la recta final de una campaña con diputados clave en juego.  En líneas generales, cumplieron las reglas del juego. Y le hicieron la vida más fácil al moderador, liberándome del peso de cualquier contingencia que afectara a unos más que a otros.

Ana Oramas es una candidata telegénica, y lo sabe. Mira a la cámara cara a cara y apela a los sentimientos. Le ayudan la imagen y la espontaneidad. El caso de Pablo Matos –el ‘gentleman’ de los diputados canarios en Madrid, según la opinión femenina que constaté con motivo de un programa de ‘El Envite’ realizado en el Congreso-  es el de un político de buenas maneras, por lo general educado y comedido. Transmite seriedad y franqueza. Segura siempre me ha parecido un político que no se arredra. Creo que anoche, por ejemplo, en el debate dela TelevisiónCanariadefendió la política social de la era Zapatero mejor que Rubalcaba frente a Rajoy. Y con ese énfasis descorchó el ‘Plan estratégico integral para Canarias’ –‘Plan Canarias’-, ante Matos, que no hizo leña del árbol caído en esa materia, sin que dejara de llamarme la atención la fe de Segura en el mismo pese a las durísimas críticas que le ha dedicado al tema el PP. Oramas insistió una y otra vez, ante el baldón que le endilgó Matos –es otro ‘clásico’ de los estigmas entre partidos nacionales y nacionalistas-, en que no pensaba ir a “pedir” a Madrid, sino a “exigir”, y puso dos ejemplos del peso de sus dos votos en la última legislatura: 15.000 puestos de trabajo gracias a los planes de empleo, y dos millones de turistas gracias a la bonificación de las tasas aéreas. Matos no se apartó un centímetro de su máxima de que CC-NC-PNC es una fuerza condenada a no poder decidir, porque ese papel sólo le corresponde a los grandes partidos, incluso citó que no está representada en el Parlamento Europeo, para poder defender las reivindicaciones agrarias que sí respalda el popular Gabriel Mato. A Segura –que mostró la primera página del periódico mirándome directamente como un recipiendario circunstancial de ese instante del debate- le sorprendieron las revelaciones sobre su futuro programa de gobierno por parte de Rajoy, el mismo día, en una entrevista concedida a El País, donde ponía en duda la viabilidad dela Leyde Dependencia. Matos leyó completa la declaración de su líder y dio a entender que el titular –‘La Dependenciano es viable’- no se ajustaba literalmente a las palabras de Rajoy.

Creo que fue un buen ejercicio democrático de política en público y que el debate tuvo altura y habla bien de sus tres participantes.

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Conversación inédita con Fidel (y 3), en ‘Diario de Avisos’. “Había un hombre muy sabio”


-P. ¿Cómo era su familia? ¿Cómo eran sus vidas, la suya y la de sus hermanos, en familia?

-R. Una familia trabajadora y hacendada. Vivíamos en Birán. Había un hombre muy sabio que hablaba cuatro idiomas y me contaba cosas de Demóstenes (político ateniense del siglo IV a.C. aclamado por Cicerón como  “el orador perfecto”). Mi padre, en el primer matrimonio, tuvo tres hijos que ya han muerto. Uno era poeta. Recuerdo los versos que me pasaba; uno sobre una chica a la que le decía: “Zapato, zapato, por la vía eres campeona de la biología”. Eran versos no siempre eróticos. Los viejos, el viejo y la vieja, sufrían mucho por nosotros.

-P. Usted hizo Derecho.

-R. Decían de mí los jesuitas  que yo iba para abogado porque era muy rebelde y discutidor. Aunque yo hubiera preferido, en lugar de Derecho, estudiar una carrera científica: Biología, por ejemplo. Campeón de la biología, como dice el verso de mi hermano –sonríe-.

-P. La biología cubana –bromeo- alardea de las bondades del PPG (medicamento copyright de Cuba que es un clásico contra la impotencia, antes que el Viagra, y para el corazón).

-R. Yo tomo PPG desde siempre, pero no sólo para lo que todo el mundo piensa, sino para la salud física en general –y trajo a colación el caso de un español que fue padre de más de cien hijos en Cuba-..

-P. A usted, decía antes, le gustó siempre disparar…

-R. Lo que sí es verdad es que empecé a disparar pronto. En casa me inventaba que las aves tiñosas hacían destrozos. Era completamente falso. Y mi padre me dejaba el fusil. Un día conseguí una pistolita y me sentí un vaquero. Era una pistola del 32.

-P.La revolución, la guerrilla en Sierra Maestra contra el ejército de Batista entrañaba dificultades. ¿Cómo las sortearon ustedes siendo tan jóvenes?

-R. Yo me especialicé en estudiar la forma de hacerle la guerra en las montañas a un ejército regular. Lo hice basándome en la importancia de la práctica, no sólo de la teoría.

-P. Usted tenía, por tanto, ideas militares muy claras. Se habla mucho de que el Che tenía, por su parte, ideas económicas. ¿Cuáles eran?

-R. Él defendía el estímulo material, pero ponía el acento, sobre todo, en la necesidad de crear una conciencia.

-P. ¿La visita de Juan Pablo II a Cuba fue un golpe de efecto de política internacional más que religiosa?

-R. (Fidel no oculta su satisfacción por el éxito de ese viaje que le costó ‘Dios y ayuda’, pero, sin responder a la pregunta, prefirió contar algunos chistes sobre el Papa en la isla.) “El Papa le dice al chófer que él quería conducir. Hubo un atasco y alguien dijo: ‘Ahí debe venir Dios, porque el que conduce es el Papa”. También se publicó una caricatura mía fumando un habano sentado en un sillón y el Papa con el báculo en otro sillón al lado.

-P. ¿Conoce algún chiste sobre usted?

-R. Los hay, pero no me los cuentan. Sí sé que se han hecho muchos chistes sobre nosotros dos, el Papa y yo.

-P. Fue una visita delicada.

-R. Cuando vi bajar del avión al Papa, con dificultades para mantener la verticalidad, y que aquel hombre pisaba la alfombra dudando, rompí el protocolo y me acerqué a él para evitar una caída desafortunada. Observé que andaba a duras penas y me preocupé. Luego comprobé que le gustaba desplazarse en ‘papamóvil’, de pie si había multitudes y si no, sentado. Así que, cuando llegue el momento, me pensaré lo de utilizar un ‘fidelmóvil’ –encontró graciosa la ocurrencia y se rió de sí mismo-.

-P. El mundo estaba pendiente del Papa aquí… ¿Qué aprendió de la estancia de Juan Pablo II en Cuba?

-R. (El Comandante inicia una digresión sobre las ideas del Papa y las suyas acerca de la globalización de la solidaridad y el desbloqueo a Cuba que reclama a EE.UU. ) Que hay que hacer planes a largo plazo, no a corto. Sobre nuestro bloqueo, los cambios que inspira Clinton son importantes, pero hay que esperar a los hechos. De la visita del Papa puedo decir que no fue improvisada en absoluto. Yo había leído mucho sobre él. He seguido de cerca todo sobre la teología de la liberación. Hemos tenido, efecto, algún conflicto conla Iglesia, pero no fue culpa nuestra. La visita del Papa demostró que tenemos un pueblo muy educado y respetuoso. Trataron de manipular al Papa. No lo consiguieron.

La salud del Comandante

-P. Comandante, le quiero preguntar por su estado de salud. Lo encuentro mejor que la última vez que lo vi. ¿A qué se debe?

-R. Es por la disciplina. He adelgazado. Hago deporte. Me cuido. No fumo. Bebo una copita de vino en la comida. Tengo un poco alto el colesterol, la tensión bien. Me hice una revisión hace poco. Hay que tener mucha disciplina y suerte para no coger un Alzhéimer o un Parkinson, como el Papa.

-P. ¿El presidente canario asegura que usted de cabeza está “espléndido”, dado el ‘tercer grado’ al que le somete cada vez que se ven. ¿Qué tiene que decir al respecto?

-R. La ejercito como un músculo. Yo veo que mis colaboradores suelen tener dificultades con los números. A mí, en cambio, siempre me han gustado las cifras. (Y acto seguido se ensalzó con el consejero José Carlos Francisco en un pique entre la memoria y la calculadora sobre el número de hectáreas dedicadas a plataneras en las islas.)

La cuestión canaria se introdujo en la conversación. Le recuerdo las complicaciones de su escala en Tenerife en junio de 1996.

-P. No lo tuvo fácil.

-R. Aquel viaje fue importante. Yo quería conocer Canarias, donde tengo una parte de mis raíces por parte de madre. Y volvería en un viaje más intenso. Porque voy a viajar más que el Papa. El presidente Hermoso peleó aquella vez a nuestro favor. Me quedaron grabadas algunas imágenes. ¡El Teide! ¡Aquel volcán! Y vi cosas del pueblo canario que estaban dichas en aquellos bancales. Conozco la historia de Canarias. Me la leí. Entre los regalos, iba un libro de historia de las islas (‘Noticias dela HistoriaGeneralde las Islas Canarias’, de Viera y Clavijo). De Canarias vinieron los vegueros, los tabaqueros, trajeron un enorme potencial de trabajo al campo cubano.

-P. Comandante, usted es conciente de que en el pueblo cubano hay un sector crítico conla Revolución.

-R. La gente de Cuba puede querer mejorar. Y es crítica por eso, pero no quiere cambiar de régimen. Que quienes nos cuestionan visiten otros países de América. Vean la miseria. Y entenderán a Cuba.

-P. ¿Hay corrupción política en Cuba?

-R. Aquí no hay ministros corruptos, ni se dan comisiones. Podrá haber algún caso excepcional y entre gente no representativa.

-P. ¿Hay droga?

-R. Cuba iba camino de ser el Casino de las Vegas de los americanos. De no haberse producido la revolución, la droga se habría apoderado de la isla. La marihuana, por ejemplo, no hay ni que plantarla, sale como la hierba, se da de una manera espontánea. Hubiera sido un enorme peligro.

 

Hablamos de música. De música cubana. A mi lado, escuchando atentamente, intervino Teddy Bautista:

-P. La música cubana es un filón. He hablado con Gabo (Gabriel García Márquez) y queremos contar con su apoyo.

-R. Yo me reúno con Abel Prieto, el ministro de Cultura, tres veces en semana para hablar de música y cultura. Hay mucho y muy buenos músicos en Cuba.

-P. 18.000 –apunto la cifra que me había dado el viceministro de Cultura, Norberto Curbelo-.

-R. Sí, 18.000. Es una mina para Cuba.

-P. ¿Hacia dónde va el mundo?

-R. Vamos hacia un Estado mundial. Desde el momento que la informática y la alta tecnología permiten estar en un sitio y otro del planeta a la vez, por ahí va el futuro. Me interesa mucho la alta tecnología de la comunicación, las aportaciones de ese señor Bill Gates, la nueva dimensión de la aldea global y lo que yo llamo el Estado único del mundo.

Estaba en aquella ocasión feliz por el aumento de la afluencia de turistas a la isla, un negocio del que, en otra visita, le oí comentar que era fruto de su encuentro con el empresario canario radicado en Cuba, Enrique Martinón. “Él fue el que me abrió los ojos para dotarnos de un modelo mixto de inversión extranjera con la cotitularidad cubana en la puesta en marcha y explotación de hoteles”. En abril de 1998 celebraba un dato: “¡El turismo a Cuba ha aumentado un 51%!”

De un modo imprevisto, se coló la democracia como tema en la conversación. Le comento que en democracias como la española, los ciudadanos están divididos según el partido al que pertenecen o votan. Fidel esbozó su opinión:

-R. En países como Cuba y su hemisferio la situación no permite estar divididos, sino unidos; de lo contrario, caen”.

-P. ¿Qué pensó cuando Aznar puso pegas a un viaje del Rey a Cuba con aquella frase: “Irá cuando toque”?

-R. Eso mejor no meneallo. Tú me quieres tirar de la lengua, pero yo soy de origen gallego y me salgo por la tangente”.

Al cabo de más de tres horas de encuentro, se le acerca el influyente José Ramón Fernández (‘Gallego’ Fernández, gran amigo de los canarios), alto cargo del Consejo de Estado. Es noche cerrada. Y le recuerda que aún le queda por cumplimentar otro compromiso. “¡Yo me quedaría con ustedes once horas hablando. A mí me gusta mucho hablar.” Se despidió de todos y dijo: “A este periodista le debía una entrevista, él me hizo saber que no había cumplido mi promesa, y estaba en lo cierto”. Se quedó mirándome. Repetí sus palabras dos años antes:

-Usted me dijo: “Nos vemos enLa Habana” Y me he presentado sin su permiso.

-¿Y a quién tiene que pedirle permiso alguien que viene a su propia casa?

-¿Entonces?

-Te la has ganado. La tienes ya en el bolsillo.

La libreta.

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FIDEL Y LA JOVEN PERIODISTA MALOGRADA


La malograda periodista de Radio Club Natalia Cesteros se agachó entre las mesas y se dirigió al Comandante segura de sí misma. La vi poner en marcha el magnetofón sin perder el tiempo y enlazó preguntas y respuestas a modo de test para trazar la personalidad psicológica del personaje. Una pieza periodística envidiable. Cuando se iba en su avión, tras fotografiarse con un grupo de guardias civiles –de verde olivo los guardias y Fidel-, el Comandante le dijo guiñándole un ojo si quería irse con él a Cuba. La joven, bella y eficiente reportera, que un tiempo después fallecería de una enfermedad fulminante, vio cumplido su sueño en la sintonía nacional dela SERcuando se emitió su test al Comandante. Siempre la recuerdo entrevistando a nuestro huésped, siguiendo sus pasos hasta la escalerilla del avión, galanteada por Fidel y feliz portando su entrevista en el magnetofón.

Hermoso, acompañado de su consejero de Economía y Hacienda, José Carlos Francisco, los viceconsejeros Juan Carlos Becerra y Francisco Aznar, y un grupo de empresarios, había recorrido la manzana canaria en el Malecón, dentro de las obras de restauración deLa Habanaantigua, junto al cronista oficial de la ciudad, Eusebio Leal, e inaugurado una tarja en homenaje a los generales mambises de origen canario que ayudaron a la emancipación de la isla. Era una amplia delegación, con empresarios, políticos y artistas del festival ‘Eurotropical’ que coincidían en la isla.

Llegado aquel lunes, 20 de abril, la comitiva isleña fue a ver a Fidel, como quien va a ver a un paisano, el hijo de Lina Ruz, descendiente de canarios, y del gallego Ángel Castro. El Comandante, en persona, es solemne y espigado. A un amigo periodista le temblaban las piernas cuando asistió a la rueda informativa del hotel en Tenerife. Personalidades de la alta política suelen destacar, tras conocerle, su capacidad de seducción. Fidel puede llegar a ser simpático, porque le gusta que le quieran, dice el escritor chileno Jorge Edwards, autor de ‘Persona non grata’. Yo lo había comprobado en varias ocasiones antes de ésta. Aquella de la cumbre de países no alineados, en su momento de mayor vitalidad y liderazgo, cuando Raúl me sorprendió infiltrado en el salón del plenario y me confundió con un guerrillero canario independentista (“¿Tú eres del MPAIC de Cubillo?. “No”, le respondí”, y me dejó permanecer en la zona vedada a los periodistas, mezclado entre Arafat, Robert Mugabe y el anciano Tito, que iba a morir al año siguiente. Raúl era entonces ministro de Defensa y le acompañaba Carlos Rafael Rodríguez, el influyente político marxista antes de que los dos hermanos lo fueran); la otra en que Fidel nos sorprendió visitándonos de noche para hablar de plátanos, de isleños y de la “sangre canaria” que corría por sus venas; una tercera con motivo de la inauguración de un hotel junto al empresario canario Enrique Martinón; otra a causa de otro hotel; en Tenerife, durante la polémica escala, y ahora, aquí, en su propio campo, él jugando en casa, yo queriendo meterle un gol: reintentar mi aplazada entrevista. En el mismísimo Palacio dela Revolución.

Acababan de visitarle Ted Turner y Jane Fonda. “Hacen buena pareja”, me dice Fidel. Le comento la mala salud de Turner. Me lo discute. “No creo que tenga ninguna enfermedad”. Insisto –olvido que es alguien acostumbrado a que no le lleven la contraria-, y reitera con vehemencia que “no, no, no creo que esté enfermo”. Lo dejamos ahí. Pasamos a elogiar la figura del magnate, su coraje al impulsar la cadena CNN y el papel planetario que esta desempeñó durantela Guerradel Golfo. El Comandante parece intrigado sobre el porvenir de los medios de comunicación en la nueva era digital. Me constaba que sentía una gran pasión por los nuevos derroteros de la comunicación y que seguramente la historia dirá de él que fue un estadista con sombras y luces, pero un indiscutible comunicador de masas. García Márquez sostiene que Fidel es, además, un notable escritor. Y dentro y fuera de Cuba se contaron siempre leyendas de un Fidel lector que devoraba libros. Ahora acababa de hacer otro tanto con el original de una biografía de su familia, próxima a ser editada, de la que me hizo más adelante una larga reseña. Uno de sus sellos característicos es el de tomar la palabra y no soltarla durante horas; lo hace en los mítines y algo menos en las entrevistas periodísticas, pero si se le interrumpe para que abrevie, estás perdido, no le gustará y no permitirá que lo cortes; por otro lado, es ingenioso y entretiene al interlocutor, acabas dejándote arrullar por su palabra. Saltamos de un tema a otro durante la conversación. El Comandante estaba predispuesto a hacer continuos ‘apartes’ para responder a mis preguntas, y de cuando en cuando hablaba en voz alta para que todos le escucharan el relato de algún episodio que juzgaba divertido. Me sorprendió que me revelara que se consideraba “amigo” de Clinton, que mantenían un asiduo contacto telefónico y restó gravedad al incidente con la becaria Mónica Lewinsky. Pero, incluso, me sorprendió más la opinión que le merecía John F. Kennedy como presidente del país que promovió el desembarco de Bahía Cochinos, el suceso que desató la ‘crisis de los misiles’, que estuvo a punto de provocarla IIIGuerraMundial. Poco antes de nuestra visita había estado en Cuba el editor de la revista ‘George’, John-John Kennedy (que falleció al año siguiente en un accidente aéreo), hijo del expresidente, para entrevistarse con Fidel. “Le dije que yo tengo un buen concepto de su padre, que me consta que no era un entusiasta de la idea de invadir Cuba, que era un asunto que heredó dela AdministraciónEisenhower, y que, aun cuando pudo infligirnos mucho daño por aire, rehusó hacerlo”. La historia –mejor la leyenda- especuló siempre hasta la actualidad con la idea de que Fidel estaba detrás del magnicidio del presidente Kennedy como venganza por el asedio que sufría la revolución, pero no ha podido probarse un nexo de esa naturaleza.

En los prolegómenos de la conversación se deslizó el nombre dela RepúblicaDominicana, donde él estuvo de joven en una visita tormentosa, y citó la figura del político y escritor Juan Bosch, a quien yo conocí y entrevisté en su día, un intelectual muy respetable y un político que no vio consumado el deseo de ser presidente de su país, pese a haber ganado las elecciones, bajo la sombra del incombustible Balaguer.

La conversación con Fidel

Mencionó a Bill Gates, para hablar de su fortuna.

-Pregunta. ¿Qué tiene usted contra la fortuna de Bill Gates?

-Fidel. Es una gran metáfora de ese país (EE.UU.), donde un solo hombre acumula tanto dinero, mientras otro pasa hambre bajo un puente.

-P. ¿Y qué le parece el hombre que gobierna ese país (hablamos de 1998), Bill Clinton?

-F. (Fidel borra la sonrisa de la respuesta anterior y se pone serio, pero no incómodo: lo que va a decir no deja de ser sorprendente.) Ese es un gran tipo. Me cae bien. Ojalá pudiera seguir gobernando en el futuro los EE.UU., de no haber trabas constitucionales, que no acabo de entender. De Al Gore no me fío. Lo conozco poco. Una vez lo saludé y lo noté distante, incluso diría que quiso evitar cruzarse conmigo en el mismo pasillo. No me gustó su actitud. Fui yo el que tomó la iniciativa de saludarlo en la cumbre iberoamericana. He leído sus libros sobre ecología y no conozco más de él. Clinton es una persona muy inteligente

-P. ¿Usted cómo era de niño?

-R. Rebelde. (Cita el libro en ese momento aún inédito sobre su familia). La autora se ha quedado al cargo de dos sobrinas mellizas, porque la hermana falleció. Ojalá gane dinero con esta obra que le ayude a criarlos. Yo soy un descuidado con los derechos de autor. Sacan libros sobre mí y no veo un peso.

-P. ¿De verdad de ninguno de esos libros escritos sobre usted ha visto un duro (sic)?

-R. Ni un duro, ni un blando.

-P. Entonces, era rebelde…

-R. Sí, lo era. Pero también era un niño justo, que defendía su dignidad. Hubo un conflicto una vez en el colegio muy serio. Con un inspector dela SalleenLa Habana.Yohabía tenido algunos problemas, alguna pelea con otro compañero, por cuestiones de honor. El inspector me abofeteó por ese incidente escolar. Yo había sido rápido y le había golpeado en el rostro al otro chico. El inspector volvió a darme con la mano por segunda vez. A la tercera, reaccioné y la cosa empeoró. Yo tenía 10 años, cursaba el quinto  grado. Me refugié (no había embajadas, bromea) en la iglesia y me escondí durante la misa hasta que entraron y me sacaron de allí. Esa vez no me dieron las notas. Había blancas, negras y rojas, las peores eran las blancas.

-P. ¿Qué le dijo su padre? (Don Ángel era un rico hacendado)

-R. Nos fue a recoger a los tres hermanos, a Ramón, el mayor, a Raúl, que era el más chico, y a mí. No volvimos a aquel colegio. Ramón estaba encantado, porque a él ya le entusiasmaban las máquinas de la ganadería. Mi padre nos contó que el inspector le dijo que los tres éramos lo peor, los más “bandidos” del centro. Pero todo había sido una cuestión de honor. Yo había empleado la fuerza en un atropello contra mí. Y quería seguir estudiando. Aquellos días hubo tensión en casa, hasta que, harto por la situación, le dije a mi madre que le dijera a mi padre que o volvía a clase o quemaba la casa. Mi padre había enviado a Ramón a otro colegio y a Raúl a uno cívico-militar, donde, por cierto –a Raúl no le gusta que lo diga- una vez lo cogió en brazos Batista, yo vi esa foto. Pero a mí mi padre no me mandó a ningún colegio. Mis padres eran casi semianalfabetos. Mi madre sí quería que estudiáramos. Quemaría la casa, le dije. Yo estaba dispuesto a abandonar el hogar, por muchas comodidades que allí tuviéramos. La casa se quemó.

-P. ¿Lo hizo usted?

-R. No. Fue mi padre -me quedé mirándolo, creyendo que lo decía con ironía-. Mi padre era fumador y un día se quedó dormido. El fuego provocó un drama familiar.

-P. ¿Qué hicieron con usted?

-R. Me enviaron, por fin, a un colegio jesuita.

-P. Entonces, Raúl quedó fotografiado de niño para la posteridad en brazos del dictador Batista, al que ustedes echaron desde Sierra Maestra.

-R. Sí, a él no le gusta que se lo recuerde. Pero esa foto existe: general con general.

-P. ¿Cómo se ha sentido leyendo su propia historia familiar?

-R. Me he enterado de muchas cosas que desconocía. Ahora sé lo que sufrieron mis padres con lo que hacíamos los hijos. Ellos procuraron que no saliéramos engreídos por una vida demasiado confortable y nos enviaban a zonas menos cómodas para que sintiéramos algunas estreches. Particularmente, me vino bien esa escuela de la vida.  Mi padre era un potentado con sensibilidad social, le gustaba dar trabajo a la gente. Yo estaba confiado en que ellos, como trabajaban mucho, no estaban al tanto de mis aventuras políticas. Siempre he sido un aventurero. Al principio, no fue por motivos políticos, sino por el mero placer de la aventura. Me iba de excursión a subir montañas. Soy un buen tirador de fusil con mirilla telescópica. He llegado a dispararle a un plato de perfil a600 metros. Y no es cuento. Sí, he sido toda la vida un aventurero. A mí me nombraron general explorador antes que general del ejército, porque una vez, durante una de aquellas excursiones, el río creció repentinamente, y yo lo crucé a nado y tendí una cuerda y pudimos pasar todos. Me distinguieron porque decían que había hecho una proeza. Y pienso que lo que hice fue temerario. Porque lo prudente era esperar a que bajara el río y no poner en riesgo todas nuestras vidas.

-P. Se cuenta –interviene Martín Rivero- que una vez se tiró a unas aguas plagadas de tiburones y que usted dijo “caimán no come a caimán”. ¿Es cierto el episodio?

-R. La frase no es mía. Pero sí es cierto que una vez me arrojé a la mar llena de tiburones y dije esa sentencia, en realidad dije “tiburón no come a tiburón”. Después se ha descubierto que caimán sí come a caimán y que el tiburón es un animal muy inocente, al que el hombre le puede causar mucho daño.

-P. De manera que ha sido conciente al cabo de todos estos años de que sus padres sufrían por usted?

-R. Sí, sufrían por mis andanzas. Sufrieron lo del Moncada, lo de México, lo de Panamá… Lo del Granma. Pero nunca se metieron. Mi madre no se metió. Sufría…


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COMO NIÑOS



 


A la semana que empieza le sale la política por los poros. Es ‘la semana’. Los políticos se infantilizan en campaña, se enfadan si no se les hace el gusto, y se les coge lástima, porque uno suele saber la verdad que les ocultan –qué disfraza la cocina de las benévolas encuestas de partido-, y uno les miente, a su vez, porque el 20-N es el día de los Reyes Magos y ellos son como niños. Uno debería contarle al ganador unánime que el mundo que le espera es un infierno (si nos pasamos la vida como si no nos fuéramos a morir, como recuerda Iñaki Gabilondo, cuánto más si el que se está muriendo es otro, el país), y al perdedor indiscutible que no llore su derrota, porque no se va a arrepentir de ella, por mucha o poca que sea. Y, acto seguido, debería darle ánimos al ‘afortunado’ de esta especie de sorteo sin premio de la ‘Once’ el 11-11-11, qué menos. Berlusconi sonreía ayer en el coche tras dimitir. Cansa hablar de política y apetece hacerlo de fútbol, como Rubalcaba y Rajoy antes de jugar al gato y al ratón delante de Campo Vidal (dos palabras futboleras que aluden a un estadio y un entrenador). Modero debates sin la lección aprendida: me gusta como un párvulo conversa con los adultos. Uno es toda la vida ese niño. Rosana canta sus temas al niño más próximo antes de hacer los discos, como este ‘Buenos días, Mundo’. Le prometo ponérselo a mi hijo Ángel, que cumple un año. Año I de ese Nuevo Mundo que nace de las cenizas del Viejo Mundo de Merkozy: ¿Europa tendrá una boca y no 27 cráteres herreños? Por suerte, llevamos siempre ese niño dentro. Al biólogo marino Alberto Brito se le cayeron las gafas al mar cuando navegaba en el Ramón Margalef justo al cruzar la mancha del Mar de las Calmas sobre el volcán submarino. Y me lo contó divertido como una ruindad de mi hijo que lo tira todo al suelo. Juan Cruz acaba de escribir un libro ‘Contra el insulto’, y le digo que es obra de un abuelo que teme que su primer nieto, Oliver, memorice las malas palabras cuando aprenda a hablar. Gabriela Cañas, que acaba de descifrar las sombras que vimos en la ventana de la torre Windsor en llamas (la novela se titula ‘Torres de fuego’), asiente con la cabeza. Yo estaba como un niño esperando que reabrieran el Mencey – recinto de gratos recuerdos como la librería de mi tío Paco en la infancia-. Juanma Palerm, que es un niño arquitecto, dice que hay que mantener vivos los proyectos culturales aunque sea con un euro de presupuesto. Benito Cabrera, niño compositor, retira su villancico como gesto, y no hay que dramatizar, merece el respeto de todos.

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HABLA FIDEL CASTRO. Conversación con el Comandante en La Habana


Durante estos últimos trece años he buscado sin éxito la libreta que contenía las notas de una conversación con Fidel Castro enLa Habana.Estosdías, por pura casualidad, apareció entre los ‘escombros’ de mi despacho.

En abril de 1998, centenario de la guerra de la independencia de Cuba y 37º aniversario del desembarco de Playa Girón (invasión de la isla por parte de más de mil doscientos contrarrevolucionarios promovida por EE.UU, que fracasó en 72 horas con detenciones masivas), subí las escalinatas del Palacio dela Revolución, enLa Habana.Eratarde en la noche y nos convocaron a una cita sorpresa con el Comandante, como es norma de la casa en las audiencias con Fidel. Yo estaba al corriente de los obstáculos que suelen presidir las entrevistas personales con el hombre que ganó la revolución en 1959. Tenía noticias de ello por terceras personas y por mí mismo. Fidel, en junio de 1996, durante una escala en Tenerife, me había prometido, en el curso de una cena en el Hotel Gran Bahía del Duque, que me recibiría enLa Habanay me concedería una entrevista periodística en exclusiva. Su secretario, Felipe Pérez Roque, que años después, siendo ministro de Relaciones Exteriores, caería en desgracia (la famosa purga de Roque y Carlos Lage, éste último llamado a ser el Suárez de Cuba), fue testigo del compromiso y recibió el encargo del Comandante de atender mi solicitud para programar el encuentro enLa Habana, pero nunca respondió a cada fax que le envié ni llamada telefónica que le hice con aquel propósito. Ahora, casualmente, me encontraba enLa Habanapara asistir en el Teatro Carlos Marx al ‘II Festival Eurotropical’, organizado por el incombustible Alberto Segura (‘Manzana’). Asistí también al estreno, en el Cine Charles Chaplin,  de ‘Mambí’, de los hermanos Ríos. En las mismas fechas, se desplazó a la isla el presidente canario, Manuel Hermoso, la persona que en mi presencia había mediado ante Castro, durante aquella cena, para convencerle de aceptar la entrevista conmigo.

Subí las escalinatas del Palacio de la Revolución. En el frontispicio hay catorce columnas. Aguardamos media hora en una espaciosa sala transformada en un frondoso jardín intensamente iluminado, entre plantas exuberantes de la vegetación tropical de la isla y cuadros de Portocarrero. Me detuve a contemplar el titulado ‘La Habanade noche’. Conversamos durante la espera con el ministro de Economía y Planificación, José Luis Rodríguez, que no sé cómo acabó hablándonos de la labor de Liuba María Hevia dentro de la canción campesina. Cuando se abrieron las puertas del hall de las históricas recepciones de Fidel en el palacio y fuimos, uno a uno, saludando al Comandante, me traicionó el subconsciente y, bajando la voz y obligándole a bajar la cabeza, le dije casi al oído de modo insolente:

-“Comandante, usted no tiene palabra”.

En seguida, comprendí el alcance de mi impertinencia. El Comandante endureció el gesto de su rostro y me fusiló con la mirada unos segundos como si no diera crédito a mis palabras, dichas allí, en aquella estancia solemne donde el anfitrión era amo y señor, y yo un intruso. Confieso que me arrepentí en el acto de haber pronunciado aquellas palabras ante un Jefe de Estado en su propia casa, temí que me diera un espantón y me viera obligado a retirarme. Hay numerosos testigos de este episodio –por lo que me ahorro más detalles-. Sin embargo, Fidel sonrío, al fin, levemente, me fijé en su mano, que dejó caer la mía tras el saludo. Tenía las uñas largas y unas pocas manchas cobrizas en el dorso. Parecía recordar. Levantó la cabeza y se quedó con la mirada perdida llevándose la mano a la altura de la cara con el dedo índice en la boca. Un gesto característico de Fidel, que parece extasiado cuando se evade y fija la vista en el infinito. Le vi de nuevo los léntigos seniles en la piel de la mano y las uñas de guitarrista pulidas.

La escala tinerfeña

Volvió a sonreír y estoy seguro de que entonces ya tenía en su memoria reconstruida toda la historia, las escenas de Tenerife, su escala técnica de noche tras arduas negociaciones con el ministro de Exteriores, Abel Matutes, en el primer Gobierno de Aznar, que se resistía a autorizar su aterrizaje en la isla de vuelta de una conferencia sobre asentamientos humanos en Estambul (aún no éramos 7.000 millones), para conocer la patria de sus antepasados maternos; su improvisada rueda de prensa en el hotel, aquel interrogatorio suyo a Hermoso delante de los periodistas sobre la titularidad de las aguas que nos rodean; la escena de la cena en que me dio luz verde a la hipotética entrevista en Cuba, y la excursión al Teide, en la que me recordó: “Entonces, nos vemos enLa Habana”, delante de todo el mundo. Me miró de nuevo y me dijo: “Tú y yo tenemos que hablar”, y siguió dando la bienvenida a los demás invitados. Pueden figurarse cómo me quedé.

Fidel Castro es una figura que suscita rechazos y pasiones, alguien de sobra  sugerente en el plano periodístico, que cautivó a Oliver Stone, y que ha sufrido el desgaste de casi medio siglo en el poder, hasta 2006, en que renunciara por una intervención intestinal, que no resultó ser cáncer, en manos del médico español García Sabrido. Su aureola de líder de una de las revoluciones más populares y controvertidas de América Latina, junto a la mítica trayectoria del Che Guevara, ha ido languideciendo, primero por las presiones del exilio cubano en Miami y ya por último fruto de la contestación interna y la resonancia exterior de voces como la de la bloggera Yoani Sánchez, residente en la isla. No obstante, queda fuera de toda discusión la talla de este estadista del siglo XX, padrino político del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, y personaje irrepetible en el concierto político internacional aun hoy, una vez apartado definitivamente del gobierno. He tenido oportunidad, como digo, de estar cerca del Comandante varias veces. Lo que aquí pretendo es dejar constancia del testimonio (material histórico, en suma) de las opiniones que recogí en mi libreta, cuando tuve, por fin, la oportunidad de hablar cara a cara con él y transcribir las preguntas y respuestas. La libreta permaneció perdida hasta ahora trece años. Confío en que el documento contribuya a dar a conocer mejor al político y al ser humano que se esconde detrás del uniforme verde olivo.

Repasé mentalmente nuestro encuentro en Tenerife, dos años antes. Fidel me había dicho durante la excursión al circo volcánico de Ucanca que allí se sentía “como un descendiente de los guanches”. Sobrecogido por el paisaje, proclamó una repentina conversión: “Dejaré una parte de mi alma flotando en medio de estos volcanes y lloraré al irme, porque me voy más canario a Cuba”. El biólogo Antonio Machado suplió, por fortuna, a tiempo las explicaciones impulsivas del gobernador, Heliodoro Rodríguez, al que traicionaron los nervios y comentó a Fidel, en un evidente lapsus, que Las Cañadas del Teide eran los restos del hundimiento dela Atlántida. Fidelpreguntó si había oro en alguna mina del parque nacional, si el volcán podría entrar en erupción por sorpresa y calificó la visita de “viaje interplanetario”. El periodista Lucas Fernández le mostró un billete de mil pesetas con la misma estampa que veían sus ojos. “Quédeselo de recuerdo”, le dijo, y Fidel hizo una broma sobre alguien que llega sin cartera y se marcha con dinero. Hizo el gesto de llevarse la mano al rostro y el dedo índice a la boca en señal de silencio, y depositó la vista en el punto más lejano, el Teide: “Subíamos las montañas por la cresta, no por la base”, comentó recordando la guerrilla en Sierra Maestra. A la salida del paseo ‘lunar’, la excitación seguía presente. El coche oficial del presidente canario chocó con el del gobernador, como si le reprendiera por confundir la génesis volcánica con el mito de Platón. Recorrió Los Cristianos y Playa de las Américas y detuvo el coche para saludar a un conocido admirador de su revolución, José Alayón. Se desplazaba por la isla de incógnito, quiso subir a Vilaflor, el pueblo más próximo al cielo, que estaba a punto de tener un santo, y una vez allí, le confió al alcalde, José Luis Fumero: “Diga usted que el Hermano Pedro ha hecho el milagro de traernos hasta aquí. Porque este viaje ha sido un milagro”. Yo estaba cerca para escuchar lo que hablaban. El alcalde, mientras picaban unos canapés con una copa de vino, le dice:

– Le confieso, Comandante, que llevar nueve años de alcalde cansa.

– No se queje –le contestó sonriendo Fidel-, que yo ya llevo 37 años en esto.


 

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Cuba. Una conversación inédita con Fidel “PASE USTED, QUE ESTUVO EN LA HABANA”

 


Cuba. Guillermo Cabrera Infante, enemistado hasta la muerte con Fidel, paladeaba un condal cuando me dijo, con humo en la voz, en los años 80, que Canarias era Cuba y aquel puro no habano elaborado en estas islas, que acababa de regalarle, era mejor habano que un cohiba de su isla natal por mucho que lo fumara el Comandante. He ido y venido, como en estado de trance, de Canarias a Cuba y de Cuba a Canarias frecuentemente desde la primera vez, hace 37 años, cuando descubrí las columnas deLa Habana Viejade Carpentier, la ‘Llave del Nuevo Mundo’ que mucho tiempo después recrearía con pasión enamoradiza de cronista sentimental el recordado Adrián Alemán –inscribiéndose en la lista inagotable de los amantes insaciables de Cuba ‘la bella’-. Como tantos, caí atrapado en sus redes:La Habana, la deLa Bodeguitadel Medio de Carlos Puebla enla CalleEmpedrado, la de los mojitos, arroz blanco y frijoles negros (el célebre ‘congrí habanero’, indiferente a nuestro ‘moros y cristianos’). La de ‘El Floridita’ de los daiquiris de Hemingway y las casas palaciegas descascarándose.La HabanaViejaapuntalada de Eusebio Leal, guardián sin tregua del casco histórico Patrimonio dela HumanidadcomoLa Laguna. LaHabana contiene aLa Palmaen la palma de la mano, las dos hablando con vistas al mar mientras fuman o cantan. Cuba yLa Palmafumando esperan a los que van y vienen, a los que traen y llevan. De soneros, verseadores, improvisadores, artesanos y lectores de tabaquería está hecho el diálogo de hojas secas de dos islas ‘ligadas’ en un hábito de volutas que vuelan de orilla a orilla.

En los años 70, cuando pisé Cuba por primera vez novato y temerario –el sólo hecho del viaje levantaba sospechas en este país todavía dictadura-, reparé en los libros que allí estaban tirados de precio. Mi hermano Martín –que fue de avanzadilla- y yo traíamos cajas llenas de títulos malditos para el régimen vigente en España. Sólo la providencia tiene explicación para el misterio de que nos dejaran pasar en el control de seguridad del aeropuerto aquella biblioteca roja por los cuatro costados fraccionada en bultos como si trasplantáramos una librería completa a modo de un inmueble prehistórico. Libros del Che, de los discursos de Fidel, de marxismo, del poeta Nicolás Guillén, que nos habló conmovido de Tomás Morales, libros rusos, libros usados y rehusados del este proscrito y la heresiarca Latinoamérica, libros que mi tío Paco -el librero de la familia- habría despachado bajo cuerda enla Calledel Castillo de Santa Cruz de Tenerife como hacía con los de Ruedo Ibérico. Los traje como un indiano cargado de  libros incómodos hasta las cejas.

Las ganas de saber, viajar y vivir con los ojos abiertos me han llevado a tomar notas compulsivamente. De ahí, la proliferación de libretas manuscritas que sigo cosechando al margen de utensilios más modernos. Una de esas libretas se me perdió hace 13 años, para mi desgracia. Ni rastro de ella. No pueden imaginarse cuánto la he buscado de modo infructuoso durante todos estos años. En sus páginas –casi tendríamos que hablar de mi palimpsesto cubano- había un material inédito de máximo interés al menos para mí y supongo que para los historiadores y biógrafos más intrigados por el personaje que, para bien o para mal, ha dirigido los destinos dela Cubadel último medio siglo: Fidel Castro. La libreta terminó por aparecer en el pandemónium de mi despacho, como por arte de magia. Si hubiera de interpretar el hallazgo, diría que los duendes la guardaron hasta hoy, como quien desclasifica un documento. ¡13 años desaparecida! La libreta volvió por su propio pie. García Márquez sostiene que el mejor periodismo es el de siempre, el de bolígrafo y libreta, una apostasía a la vista del periodismo electrónico que se ha impuesto -estos días, sin embargo, he visto defender a Arianna Hufftington, la dama bloggera, prácticas tradicionales del viejo oficio, y Steve Jobs, en realidad, nos ha legado la libreta del futuro, el iPad-. En la ‘primitiva’ libreta analógica de argollas de tapa roja con el típico anagrama del ‘ancla’ de toda la vida: más de tres horas de conversación con Fidel, entrecortada por los lapsos con los visitantes de una numerosa delegación canaria, ratos a solas en una esquina del salón de recepciones, la mirada atenta de más de un observador, alguna pregunta en medio de esto o aquello y mi continua búsqueda de alguna declaración reveladora. Fidel ha sido el objetivo más acariciado de cualquier periodista. Queda fuera de toda discusión que, al margen del color y la férula de su gobierno, se trata de un personaje histórico, que trasciende la política y merece figurar en una revisión del volumen canónico de ‘Las grandes entrevistas de la historia (1859-1992)’ editado por Christopher Silvester –hay magníficos diálogos con él de grandes maestros del periodismo internacional-. ¿De qué hablamos esa noche, en esta charla intensiva, con Fidel? De Clinton, de Kennedy, de la niñez, la familia, el padre gallego, la madre de ascendencia canaria, la revolución, el Che, la visita del Papa, la salud, el Teide y hasta el PPG, que es el Viagra cubano, más antiguo que éste, extraído de la cera de la caña de azúcar, un reconstituyente ergogénico, de efectos hipocolesterolémicos, famoso entre los turistas de avanzada edad.

El hijo de Leonor Pérez

El destino me puso a Cuba en el camino como a miles de canarios, que, si regresaban, eran distinguidos en el pasado con signos de admiración. “Pase usted delante, que estuvo enla Habana”, les decían cediéndoles el paso en la calle. Durante años, en una especie de barco invertido que cubre las mesitas del Quiosco Numancia, en Santa Cruz, me reunía por la tarde a hablar de Cuba con mi amigo el cubanófilo Julio Hernández García, autor de una tesis doctoral de referencia sobre la emigración de Canarias a Cuba galardonada con el premio Viera y Clavijo. Para hablar de Cuba. Hablar de Cuba era y es hablar de Martí, hijo de la tinerfeña Leonor Pérez, que nació en la calle Puerta Canseco. De los canarios que lucharon por la independencia de la llamada perla del Caribe junto a Maceo, como el isleño centenario que entrevistamos a tiempo antes de morir, y del que conservo una foto junto al poeta Pedro García Cabrera del día que lo visitamos en su casa tinerfeña. Hablar de Cuba era y es hablar de los vegueros, cuya revuelta contra el ‘estanco’ español –monopolio del tabaco- en Cuba fue, según me dijo el propio Fidel, “embrión de la conciencia emancipadora”. Era y es hablar de los versos de Martí (“Cultivo una rosa blanca/en junio como en enero/para el amigo sincero/que me da su mano franca./Y para el cruel que me arranca/el corazón con que vivo,/cardo ni ortiga cultivo;/cultivo la rosa blanca”). Con las palabras afecto y amistad justificó Manuel Hermoso en 1994 la polémica visita a Cuba que reabrió el puente entre las dos orillas cuando España, bajo el gobierno de Aznar, tensó las relaciones bilaterales: ‘Embajada del cariño’, aquella expedición llevó a Cuba 24 guaguas, dos millones y medio de latas de sardinas, transformadores, leche en polvo, colchones y material escolar. “Los canarios iremos siempre adonde haya canarios, nos diría por entonces Isidoro Sánchez, viceconsejero de Relaciones Institucionales, y así sería en los años posteriores con Francisco Aznar, que tenía las puertas abiertas de Cuba y un hilo directo con el influyente castrista ‘Gallego’ Fernández. Hablar de Cuba era y es hablar de Silvestre de Balboa (el paisano autor del primer precedente literario de Cuba, ‘Espejo de Paciencia’, texto que traje y con el que obsequié al crítico Lázaro Santana en uno de aquellos viajes iniciáticos). Era y es hablar del ‘Guanche’, que dirigió el periodista palmero Luis Felipe Gómez Wangüemert. Hablar de agricultores y buhoneros, de agricultores palmeros, que, a juicio del Comandante, “nos enseñaron nuevas técnicas de cultivo del tabaco”. Y hablar hasta de jóvenes mujeres canarias prostituidas en el puerto deLa Habanaal decir de un historiador que nos inspira confianza: Hugh Thomas. Es, asimismo, hablar del mencionado García Márquez, cubano de adopción y, por tanto, canario por asimilación, y es hablar del Che Guevara, que se rodeó de canarios fieles en su Bolivia postrera, y, por último, es hablar de Fidel, canario por parte de madre, el revolucionario y estadista que ha sobrevivido a los sobresaltos de la historia hasta nuestros días en una vida plagada de atentados fallidos, una caída aparatosa que todos vimos en televisión y una enfermedad que parecía mortal en 2006 y resulta que lleva un lustro siendo un mal pasajero.

En su última etapa, Fidel ha ejercido de periodista de opinión, como columnista en el ‘Granma’, con la misma vena vocacional con que había devorado siempre toda la información a su alcance acerca de su isla y el mundo, cuanto más desde que gobierna nuestras vidas Internet. Fidel ha sido un comunicador nato que en sus buenos tiempos improvisaba discursos kilométricos ante mareas humanas extasiadas. En uno de aquellos viajes aLa Habana, durante la celebración dela Cumbrede Países No Alineados, asistí atónito a la siguiente escena: Fidel cogió la hebra y, cuando la soltó, se agolpaban a su alrededor como impulsivos fans, líderes curtidos en mil batallas, desde Arafat hasta los zimbabuanos Robert Mugabe y Josua Nkomo, mientras, al fondo, sentado, acaso por la edad o el orgullo, contemplé a un anciano Tito que permanecía impasible. A Mugabe le pedí una entrevista; luego supe que me la había concedido y le dejé esperando sin saberlo para entrevistar, en su lugar, a Vilma Espín, la feminista esposa del entonces ministro de Defensa, Raúl Castro, hoy al frente de Cuba como sucesor de su hermano.

Sí, hablar de Cuba entre cafés y puros, era para nosotros hablar de literatura, de historia y de política. Y de José Miguel Pérez, el palmero fundador de los partidos comunistas de Cuba y Canarias, con cuya familia estuve en otra escapada a la mayor de las Antillas. Yo traía siempre de Cuba cosas que contar.

Una vez coincidí con Pedro Lezcano y lo vi subirse al escenario, rodeado de emigrantes y descendientes de las islas, a los que recitó con ardor su célebre poema ‘La maleta’, “una maleta grande, de madera:/la que mi abuelo se llevó aLa Habana,/mi padre a Venezuela”. En otra ocasión, fui en ‘misión secreta’, si se me permite esta expresión exagerada.La Asociaciónde Amistad Canario-Cubana, que presidía Paco González Casanova, me encomendó la tarea de llevar bajo el brazo una lápida con el busto en relieve de Leonor Pérez, la madre canaria de Martí, al ICAP (el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos, que presidía René Rodríguez). Llevé obedientemente aquella pesada copia en bronce de la silueta esculpida por Fernando Garciarramos, y hoy cuelga, en efecto, en la noble mansión sede del organismo en Vedado. La historia de esa lápida original colocada cerca de la calle natalicia de la madre del poeta y apóstol de la independencia cubana, en Santa Cruz de Tenerife, y su copia llevada por mí a Cuba es la de una deuda saldada, tras años de desmemoria histórica por parte de nosotros, los paisanos de aquella mujer que trajo al mundo al poeta revolucionario más relevante de América Latina, José Martí. Fue un empeño de Paco Casanova, que dejó en su ausencia una simbiosis de cubanidad y canariedad difícilmente encarnable en cualquier otra persona que no reuniera sus valores humanísticos y su entrega desinteresada.

Un tímido orotavense

¿Quién era Paco Casanova? Un idealista, un tímido orotavense generoso y solidario, un valiente de los pies a la cabeza que sabía disimularlo y se comprometió con la causa cubana de Fidel en Sierra Maestra sin decir nada a nadie, en los tiempos de la caverna política de este país. Paco era un revolucionario íngenuo e ingenioso, que, bajo una apariencia gris y despistada, empleaba métodos de activismo clandestino y de ayuda a la insurrección a riesgo de todo y a cambio de nada, sin levantar sospechas ni desmentir su cara de no matar una mosca. Trabajaba de representante de productos farmacéuticos, lo que le sirvió de coartada para enviar remesas de medicinas a los jóvenes rebeldes cubanos en los barcos que recalaban en el puerto tinerfeño camino de las Antillas, haciendo creer que su trajín era un mero intercambio de palomas con colegas colombófilos. Fidel no olvidó nunca el gesto personal de aquel filántropo canario con apellido de aventurero ilustrado. Casanova, amigo primero de la revolución cubana, fue después amigo de Fidel. Las medicinas de Paco eran bien recibidas en la adversidad dela Sierratanto para los más sanos como para los más débiles, como el asmático Che. La secretaria y compañera de Fidel, Celia Sánchez Manduley, que murió de cáncer más tarde, era uno de los contactos de Paco. Y cuando, años después del triunfo dela Revolución, Paco viajó a conocer, por fin,La Habana, sonó el teléfono y escuchó una voz característica de bajo tono que le pidió casi susurrando que lo esperara. Paco se quedó de piedra, ya se disponía a irse al aeropuerto para tomar el avión de regreso a Canarias, y se sentó a esperar en su habitación probablemente temiendo que fuera una broma. No tardó en oír el revuelo de pisadas en el pasillo del hotel, tocaron a la puerta y, cuando abrió, se encontró de frente con ‘el hombre’, el mítico guerrillero al que había suministrado infinidad de medicamentos sin conocerlo personalmente. Aquel encuentro, inmortalizado en una foto que Paco conservó toda la vida como oro en paño, fue el hilo del que tiramos Julio Hernández, mi hermano Martín y yo, para escribir un libro titulado ‘Cuba en Canarias. Casanova, el amigo isleño de Fidel Castro’ (editado por el Cabildo de Tenerife y el Centro dela CulturaPopularCanaria). En una carta-prólogo del propio Fidel, el ‘Comandante’ escribió una postdata de puño y letra: “Me olvidé mencionarte que por parte de mi madre llevo con honor un porcentaje de sangre isleña”.

 

Esta palabra, el gentilicio ‘isleño’, había sido objeto de una interesantísima digresión del comandante en otro viaje anterior a Cuba. Irrumpió una noche de verde olivo en una velada de canarios que visitábamos la isla y nos desplegó su teoría del ‘isleño’, un personaje “con mucho carácter, que se hacía respetar”. (En esa oportunidad, nos sorprendió a todos desvelando –creo que fue la primera vez que se supo, y así lo publicamos en un reportaje entonces- que tenía origen canario por parte de madre. Le pregunté si le gustaría conocer Canarias y no se lo pensó dos veces: “Antes de morirme iré allí, no les quepa la menor duda”.) Yo me acordaba de las lecciones que me daba mi amigo Julio Hernández al abrigo de un café humeante mientras consumíamos sendos habanos: un día me habló del don autoritario del caporal isleño en las haciendas cubanas, que lo hacía temible, incluso ante sus paisanos. Fidel lo describió: “De ahí que en Cuba se dice que el canario cuando se pone de mal humor suele exclamar, “¡me salió el isleño!”, pero, además de carácter”, añadió, “el canario tuvo siempre capacidad de trabajo, ha sido un gran trabajador y se ha granjeado por eso el respeto de nuestro pueblo”.

 

En una foto se me ve en cuclillas registrando sus palabras en un viejo magnetofón ya obsoleto; me acerqué a él, me miró y dejó que la cinta cassette siguiera girando con el play y el rec pulsados. Guardo, por tanto, grabadas su charla sobre el isleño y la tormenta de preguntas que dirigió a Julián Conde y el alcalde de Arico, Gaspar Sierra, sobre la producción de nuestras plataneras, entre un vendaval de cuestiones que le eran por lo visto de sumo interés. Me pareció desde entonces un curioso empedernido. Lo que traigo aquí sin estrenar tiene que ver, pues, con ese personaje del que me vengo documentando desde una lejana lectura de la magistral biografía escrita por el maestro Tad Szulc, una vez que mi traviesa libreta ha salido de su escondite, al cabo de trece años, para darnos a conocer su secreto. En ella habla Fidel.

 

 

 


 

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PAULINO RIVERO ANUNCIA EN ‘MÍRAME TV’ UNA AYUDA DE 1.200 EUROS PARA LOS PESCADORES HERREÑOS

 


 

El presidente del Gobierno canario, Paulino Rivero, anunció que hoy, jueves, su gabinete acordará “importantes ayudas” para los herreños afectados por la crisis volcánica. Entre ellas, adelantó que será aprobado, en el Consejo de Gobierno, una ayuda regular de 1.200 euros para los pescadores deLa Restingacomo compensación por las pérdidas que ha sufrido el sector (alrededor de 60 pescadores) desde que se desató la crisis sísmica, el pasado mes de julio y “paralizó” diversas actividades económicas de la isla.

Hoy, jueves, 10 de noviembre, se cumple el primer mes de la erupción submarina, que se ha erigido en toda una atracción de primer orden para la comunidad científica nacional e internacional. Un técnico del Instituto Geográfico Nacional se sintió, en la víspera, indispuesto por inhalación de gases durante los trabajos de medición del fenómeno

Otras ayudas irán destinadas al resto de los sectores perjudicados, “teniendo en cuenta las empresas y particulares que se han visto perjudicadas en un cien por cien o parcialmente”, según manifestó.

En estas declaraciones, formuladas por el presidente en el programa ‘El Frangollo’, que presenta Manolo Artiles en ‘Mirame Televisión’, aseguró que las personas damnificadas por la crisis herreña serán atendidas con carácter prioritario por su ejecutivo. El presidente canario, que acababa de regresar dela Feriade Turismo World Travel Market, de Londres, donde se ha promocionado, precisamente, la condición singular de estas islas como un destino de descanso sobre un mar de lavas producto de siglos de volcanismo, garantizó que Canarias “cerrará este ejercicio con su mejor récord de 12 millones de visitantes”.

 

Fidelidad inglesa

 

El presidente se congratuló por la fidelidad del turismo británico, que ha disminuido hacia otros mercados, y, sin embargo, aumenta de modo considerable respecto a Canarias, acreditando su afinidad con las islas. “Este invierno, vendrá un 11,7% de turistas británicos más que el año pasado”, anunció durante la rueda de preguntas con periodistas en el curso del programa.

 

La crisis sismico-volcánica de El Hierro fue el tema ‘estrella’ del cuestionario. El presidente canario contó la escena en que hizo entrega de dos piroclastos del Mar de las Calmas a los Príncipes en el Pabellón canario de la feria londinense. Narró que el espíritu de su gesto fue implicarlos en este fenómeno geológico de interés científico que está resultado lesivo económicamente para la población. No descartó una próxima visita real a El Hierro con este motivo.

 

Rivalidad científica

 

También se refirió a la rivalidad científica entre los volcanólogos nacionales y los canarios agrupados en el INVOLCAN.  “Los científicos de Madrid quieren acaparar todo el protagonismo de esta historia, y actúan con enorme celo de sus competencias, centralizando incomprensiblemente en Madrid la coordinación de sus trabajos”, señaló, para añadir: “Esas labores tienen que estar radicadas en Canarias, no tengo la menor duda; para eso está el Instituto Volcanológico de Canarias, que debe contar con todos los reconocimientos oficiales pertinentes con ese fin”.

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EL DEBATE QUE GANÓ RAJOY YLA OCASIÓNPERDIDADE RUBALCABA

 

 

 

El debate, desde su punto de partida, se reveló un combate  de teloneros, pero ambos ‘Mr. R’, eran los únicos púgiles de la velada, y tuvimos que hacernos a la idea de que ese era el cartel. Desconcertó la insistencia de Rubalcaba en preguntar a Rajoy, una y otra vez, lo mismo (si pensaba bajar las prestaciones de desempleo y apartar a las pymes de la negociación colectiva), como un boxeador empeñado en golpear la misma ceja, sin conseguir hacer pestañear al rival.

 

Al principio, resultó un recurso valiente e inducía a pensar que Rajoy mordería el anzuelo y quedaría a expensas del socialista el resto del ‘match’. No fue así, Rajoy se sabía presidente desde que sonó el gong y Campo Vidal los abandonó a su suerte. Rajoy no se inmutó en toda la noche. Se permitió bromear con el primer apellido de su oponente simulando (o descubriendo por casualidad un gag mediante un equívoco sincero), al que llamó varias veces Alfredo ‘Rodríguez’, como si quisiera recordar al espectador que Rubalcaba suplantaba a Zapatero. Y, avanzada la ‘pelea’ (a tenor del eslogan socialista), el aspirante del PP, instalado en la tarima presidencialista en que le han puesto las encuestas animaba a Rubalcaba –que proseguía interrogándole con interrupciones de polemista poco o nada televisivas): “No se ponga nervioso, que no le está yendo tan mal en el debate”. Dicho así sonó a paternalista, y lo era. Rajoy ganaba nítidamente un debate por primera vez en su vida de candidato perdedor reincidente.

 

No aclaró las dudas de Rubalcaba sobre el programa del PP (a mi juicio, segundo error del socialista, que en mala hora se empapó el programa popular, porque le dedicó más tiempo que al suyo propio), como si lo hiciera, primero, por descuido, y después porque no le daba la gana. Sabremos si recorta el seguro de desempleo el día que gobierne, en este debate, desde luego, no dio pistas. Y lo mismo sobre las pymes y la negociación, o sobre qué piensa hacer con el IVA o el sistema de pensiones cada dos años (pese al estribillo de “no reduciré el poder adquisitivo” de las mismas).

 

Las cosas que afirmó o negó Rajoy (no disolverá las diputaciones, aguardará a la sentencia del Constitucional sobre los matrimonios gais) eran aquellas que no le creaban problemas entre su electorado. Evitó con paciencia infinita incurrir en un renuncio que le costara medio voto entre los suyos, y esa fue la ‘ocasión perdida’ por Rubalcaba, que agradó menos a su clientela que Rajoy a la suya.

 

En el debate Nixon-Kennedy, hace medio siglo, con la tele en blanco y negro, el demócrata, físicamente más favorecido que el republicano, ganó, porque, además, miraba mejor a las cámaras y estaba maquillado. Más importante que vencer a Nxon (otro que pestañeaba con el mismo tic nervioso de Rubalcaba y eludía mirar de frente al piloto encendido de su cámara), fue convencer a su electorado, que hasta ese momento no estaba muy seguro de que fuera un candidato solvente, por demasiado joven. No obstante, el gran mérito del candidato socialista en el debate exclusivo dela Academiade Televisión fue asumir el rol que los sondeos le otorgan para después del 20-N, el de jefe de la oposición, un duro hueso en la tribuna de oradores, que se despacha sin contemplaciones y que emergería como alternativa si el popular se quemara muy pronto, ante la magnitud de su desafío.

 

Un Rubalcaba que en el debate aceptó la derrota por anticipado y prefirió enseñar los dientes de la ofensiva que le espera a Rajoy a poco que empiece a desdecirse de su ambigua dialéctica de reformas y propuestas. Rubalcaba dejò claro lo que piensa que hay que hacer: preservar el carácter público dela Sanidady la educación y fomentar el empleo mediante los incentivos económicos (más inversión pública, menos austeridad), y para ello, pedir ala UEque retrase dos años los objetivos de déficit. Rajoy fió todo su programa a la máxima: “más economía y más empleo”, sin desglosar ambos fines en las medidas correspondientes, no fuera a patinar en alguna de las cáscaras de plátano que le tiraba Rubalcaba adrede, para llevarse al menos, si no el rabo, una oreja.

 

Las ideas izquierdistas de Rubalcaba de imponer tasas a la banca y a las grandes fortunas y cosas por el estilo sonaban a chino al candidato popular, que más de una vez ironizó sobre la capacidad auditiva de su adversario y su comprensión lectora. Pese a que la isla de El Hierro está en boca de todos por el volcán fantasma, a Rajoy le asomó en la punta de la lengua otra isla,La Gomera, para ilustrar que las negociaciones de los convenios son dispares cuando se vive enLa Gomeraque en cualquier otra parte dela Españacontinental.

 

Todo discurría por unos cauces previsibles (un Rajoy tranquilo hasta la pereza frente a un Rubalcaba incisivo –insidioso, dijo aquél-), hasta que ambos rivalizaron sobre quien fue mejor ministro de Interior. Rubalcaba mencionó después a ETA, en el último round, e instintivamente le cambió el gesto que reclamaba unos ojos más húmedos de lo que tenía, para haber ganado, también, la batalla de los resúmenes de los telediarios. Las últimas palabras fueron dos confesiones sintomáticas y acaso involuntarias, porque parecían no escritas en ninguna parte. Rajoy admitiò: “Sé que será difícil, pero se puede hacer”. Y Rubalcaba, que cerró, admitiría: “No tengo la solución para todos los problemas, pero nunca me echo atrás”.

 

Cuando el debate  (magníficamente moderado por el mejor maestro de ceremonias del género, Manuel Campo Vidal) hubo concluido, la campaña electoral parecía también tocar a su fin. Como si todos los días que restan sobraran.

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R vs. R


En la distancia corta, Clinton resulta un político pánfilo. Me dio la mano –una mano ingrávida que desmontaba la imagen del que fuera amo y señor del mundo- y era inevitable componer mentalmente su biografía en la cima del poder, Monica Lewinsky incluida, mientras te saludaba esponjosamente tras hacerlo millones de veces sin el mínimo esfuerzo. Una vez en escena, el de la mano etérea se transformó en el personaje catódico. Los políticos son animales escénicos, actores en toda regla. El carisma es oportunista: se acerca al que acaricia el poder. Zapatero lo perdió cuando pasó a la fase póstuma. Rajoy ya levita nimbado de una corona de luz que ni Obama. Son los prolegómenos de la presidencia: cuando habla, se hace un silencio –él lo nota y se infla- que señala que ya manda de ‘antemano’. Llega crecido al debate de esta noche con Rubalcaba (R vs. R) que aparentaba (intimidaba) más como ministro de Interior que como candidato interiorista (rediseñador de la deconstrucción), tenía más hechura y Sitel, que impone. Un debate novedoso en las mejores manos (las de Campo Vidal, dela Academiade Televisión): duelo de secundarios veteranos –cantera al revés- para salvarnos de la crisis. Antes se divinizaba el debate político –oficié de moderador en Radio Club desde la transición bajo lupas-, ahora una encuesta del CIS lo reduce a una pantomima. Pero nada borra los debates legendarios televisados: desde el Nixon-Kennedy  en blanco y negro de hace medio siglo, al González-Aznar del 93. La noche de la víspera, González sufrió un vuelo abortado Las Palmas-Madrid, por una despresurización en la cabina, y apenas durmió. Aznar estuvo glacialmente frío y eficiente en el manejo de datos y ganó el primer debate de dos, aunque perdió las elecciones. El caso de Nixon es para enmarcar. Llegó desmejorado al plató, tras dos semanas de hospital por la lesión de una rodilla, no paró de parpadear nerviosamente y sudó a la vista de todos -el Talón de Aquiles de la televisión-, para colmo renunció al maquillaje, frente a un Kennedy bronceado en la azotea del hotel, sereno y pigmentado para la ocasión. Por la tele, venció el joven senador demócrata camino del martirio de Dallas, y, sin embargo, por la radio ganó Nixon, con mejor voz que presencia –justo lo contrario que su oponente-. En realidad, John Kennedy se moría de miedo, pero lo supo disimular. Los debates son parte del embuste contemporáneo de la política. El Solbes-Pizarro sobre la crisis es antológico. Lo deplorable del formato vigente es que sólo debaten los asesores. Los candidatos no.

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