ARNAY TENÍA UN SITIO RESERVADO JUNTO A LAS ESTRELLAS

Pérez Arnay era amigo de Terenci Moix. Nos contagiaba su pasión por el cine, que era sigilosa y exquisita. Su hermano Teo me contaba en el sepelio del amigo que se fue casi junto a Rogelio Hernández -el gran doblador que puso voz a los grandes-, que era capaz de ir al otro extremo de la isla para no perderse una determinada película rara en un cine rural. Adoraba el séptimo arte y era vehemente pero no iba por la vida como el séptimo de Caballería. De pibito me recuerdo haciendo cola para entrar en un cine y veo a Arnay cruzando la columna y entrando en la sala resueltamente con el dominio de una autoridad. Conocía a todo el mundo y todo el mundo lo conocía, y lo apreciaba. No hacía cola, al menos entonces, para entrar en su hábitat natural, el cine. Lo recuerdo también detrás de un micrófono en las noches y madrugadas de la vieja hornada de Radio Club, emitiendo ‘Anyway’ un espacio musical que me atrevería a calificar de mítico por la resonancia que obtuvo y el silencio postrero con que fue desapareciendo, acaso porque era un programa de tránsito, efímero, como las estrellas rutilantes del celuloide. Todo era cine en la vida fantástica del polifacético Pérez Arnay, el biógrafo de la canario-dominicana de Hollywood, María Montez, ‘la Reinadel Technicolor’; el periodista prematuro que colgó los bártulos del oficio en los noventa –acaso arañado por las garras de la falsa camaradería de los medios cainitas con los diferentes-, que hizo radio y televisión, y viajó por donde quiso, y sobre todo, a lo largo y ancho del mundo árabe, que últimamente era el sitio donde buscarle cuando desaparecía de la faz de la tierra poseído por una atracción casi fílmica hacia la cultura y la historia de los pueblos de oriente. Arnay era un apellido de peso en la cultura isloteñista que descree y desmerece de sus quijotes de talento cuando no levantan la voz ni fanfarronean más de la cuenta. Arnay era un hombre explosivo y, sin embargo, se recogía las alas de aventurero mundano cuando regresaba al feudo insular donde trabajaba de enfermero como un actor vocacional queriendo pasar desapercibido en la cartelera de su doble vida. Vivió. Viajó. Hizo cuanto quiso en medio siglo de existencia al galope. Y guardó porque le dio la gana todos los carteles de cine que hallaba a su paso convencido de que ese tesoro valía la pena. Quizá hoy valga una fortuna. Su casa es un museo de cine, con los fondos que fue acopiando aquí y allá, los libros, las cintas, los afiches de una industria que lo enamoró hasta el tuétano. Su última escapada había sido al Líbano. Volvía de cada expedición con la boca llena de noticias, imágenes y vivencias de las calles de Beirut o Bagdad. Gilberto Alemán, con el que ahora reanuda una vieja amistad en las salas de cine del cielo –por fin junto a las estrellas-, disfrutaba hablando y vacilando con el bienhumorado Antonio Pérez Arnay. A un amigo común, en otro funeral, le dijo hace un año, con una de esas premoniciones certeras que traicionan a los seres espontáneos: “¡Que la próxima vez nos veamos en otro sitio, o quièn sabe si en mi propio entierro!” Vi llegar a la madre a enterrar al hijo –esa tierna paradoja de acunar de nuevo para siempre al que un día vio nacer-. Arnay era, sobre todo, un tipo cojonudo. Y los tipos cojonudos tienen los días contados en este gallinero.

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Por qué no me callo. CABAÑUELAS

 

 

Tener, al fin –expresión desprovista aquí de todo entusiasmo-, los dos pies dentro del nuevo ejercicio, nos permite decirle: ¡Hola, 2012, y adiós! Este año para olvidar, dicen que clon de 2011, cotiza en el mercado de las apocalipsis, pues nace con el destino marcado como epílogo astral según los mayas, que algún exégeta malicioso describe como el fin del mundo y que hábilmente desmonta el periodista y teólogo Andrés Brito: Cristo nació cinco o siete años antes de lo establecido porla Iglesia, me alecciona, lo que le malogra al mesoamericano precolombino la profecía de marras. Fatalistas y victimistas no faltan prestos a darse un baño de catastrofismo adicional al de esta crisis que se cronifica. La atmósfera de mal agüero que envuelve 2012 aturde, con su nigromancia y sus maleficios; salvo que los carnavales remedien el tono -si bien remontarse a los hippies años 60, al ‘flower power’ y la minifalda (recorte por antonomasia), no resulte el mejor antídoto-, vamos a vivir meses de plomo, bajo el yugo de los ajustes y de los impuestos impuestos (que diría el guiñol de Hilario Pino). Pero si hasta las cabañuelas barruntan presuntos temporales y riadas… En América, donde me encuentro,  circula la hipótesis oncológica de Hugo Chávez sobre mandatarios infectados de cáncer por los yanquis. Desde que nos miró el tuerto, este país no da una a derechas, salvo votar a Rajoy, que acaba de desenterrar a ZP con su plan de choque. Atrás dejamos el año de la erupción subacuática de El Hierro –que desquició a la isla más tranquila del mundo-, pero retrasa su conclusión, porque el tremor todavía late como el corazón de un enfermo en estado de coma oficialmente vivo. Es un final que se hace esperar. ¿Tiempo de catarsis?: a los suegros de Urdangarín les empuja a desvelar su opaco salario. Y lo que me alarma no es tanto el sueldo del rey como el de los presidentes del Supremo y el Constitucional, que casi le empatan, dejando la mesada de Rajoy a tanta distancia que nos parece ridícula, si no fuera porque, a la vez que se hizo pública la paga idem del Estado ala Zarzuela(el día de los inocentes), el Gobierno congeló el salario mínimo (640,41 euros), una indecencia social en un país que no sabe si es una dictadura de los mercados, una monarquía habitable, como dice Carrillo, o la fábrica de Europa de parados y emigrantes, que, ‘al fin’, se suben al cayuco, la famosa maldición de la leyenda popular.

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RAJOY ROMPE LA AMBIGÜEDAD Y DESENTIERRA A ZAPATERO

 

El segundo Consejo de Ministros de Rajoy, en el último minuto del año, desentierra a Zapatero, como político fulminado por sus medidas anticrisis. La receta del nuevo presidente abunda en la misma dirección, anunciando recortes futuros progresivamente severos, y sorprende porque incluye, sin demora (pese a que las elecciones andaluzas están a la vuelta de la esquina) una subida de impuestos –sin tocar el IVA- que contradice una de las principales promesas electorales. Diríase que un Rajoy menos predecible que de costumbre ha entrado por la senda del realismo obligado por la crudeza de la situación y las desalentadoras expectativas.

Este Fin de Año será recordado por la dureza del ajuste con que se estrenó el Gobierno de Rajoy. Lejos de la inconcreción de sus últimos cuatro años, el líder del PP y nuevo jefe de Gobierno ha parido, por fin, sus primeras medidas anticrisis, de un calado más severo del que se preveía en este primer round de su combate contra el ogro económico, y ha dejado meridianamente claro que es “el inicio del inicio”, palabras textuales de la portavoz, Soraya Sáenz de Santamaría. Los peores recortes están por llegar (previsiblemente, dentro de tres meses) y ya nadie duda de que 2012 será un año más de travesía en el desierto. Sólo la esperanza de que el Gobierno acierte en su plan de choque, evite el rescate, toree la recesión, detenga la hemorragia del paro y logre pacificar la calle, en un escenario de politraumatismo económico en la mayoría de los sectores, permite a este ejecutivo, a lo que se ve, arrostrar la situación con un mensaje de restricción generalizada sin prorrumpir en un llanto como la ministra italiana de Trabajo, Elsa Fornero.

El tijeretazo de Rajoy, en el penúltimo día del annus horribilis 2011, que pretende ahorrar en gasto público 8.900 millones de euros (el mayor hasta ahora que se aplica de una vez), afecta a funcionarios (les congela el sueldo y aumenta la jornada de 35 a 37,5 horas semanales, no se renuevan las vacantes, salvo un 10% de médicos, profesores, policías y militares) y ministerios (reduce sensiblemente los presupuestos de Fomento, Industria, Economía y Asuntos Exteriores) y, lo que más llama la atención, sube impuestos para recaudar 6.200 millones (entre otros, el IRPF, del 0,75% al 7% , de modo progresivo, durante dos años, dejando a salvo de momento el IVA).

La receta –obligada, según el Gobierno, por la notable desviación del déficit de 2011 al 8% del PIB, que excede el límite del 6% previsto para este año como norma sagrada de cara a Europa-, no deja de ser una dolorosa herejía para un partido que, como sucedió en Portugal, prometió en la campaña electoral no tocar los impuestos, y se ve obligado a desmentirse tras tomar las riendas del país. Pese a revalorizar las pensiones en un 1 por ciento, tira del mismo guión que el resto de Europa para hacer frente a un aparente empeoramiento de la crisis en España, que entra en 2012 en recesión y se apresta a cruzar un año infausto. Los dependientes moderados de nueva incorporación quedan descartados por ahora, como síntoma del ahogo de las cuentas públicas.

El segundo Consejo de Ministros no ha tenido contemplaciones –la ristra de medidas de adelgazamiento se asemeja a una terapia de shock-, ni paños calientes para las elecciones andaluzas, donde los populares aspiran a reeditar el éxito del 20N. Ha sido un volantazo en toda regla para cambiar el rumbo de una economía y un país, antes de sumergirnos en un año bélico en política de ajuste, donde el optimismo desaparece del vocabulario oficial y la palabra que lo sustituya será, con toda probabilidad, el realismo. Lo políticamente correcto pasa a ser lo políticamente realista. El primer año de Rajoy, obsesionado con alinearse pronto entre los países consecuentes y leales del nuevo código de rigor fiscal con que se refundó la UE en la última cumbre, será más drástico, inflexible y contundente, a buen seguro, que la segunda legislatura de Zapatero: mano de hierro en lo económico para una crisis que empieza a cronificarse peligrosamente.

A España no le queda otra que abrazar las tesis más pesimistas y recalcitrantes, con tal de salvarse de la quema –la temida intervención-, así fuera necesario ponerse la venda antes que la herida. Esa es la filosofía que se desprende de este intrépido Consejo de Ministros –donde el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, ha llevado la voz cantante-, que pone fin a un largo período de silencios y ambigüedades de Mariano Rajoy, como si hubiera un antes y un después en este veterano dirigente del centro-derecha con su llegar al poder.

El Gobierno sí cumple algunos de sus compromisos esenciales, amén de la citada compensación a los pensionistas, como el de rescatar la deducción por compra de vivienda, y Rajoy desinfla los reproches de Rubalcaba en el debate electoral al respetar las prestaciones por desempleo y prorrogar los 400 euros a quienes sufran de paro prolongado.

En Canarias, este primer chaparrón (“el inicio del inicio”, lo llamó la vicepresidenta y portavoz, Soraya Sáenz de Santamaría, avisando de nuevos ajustes severos en lo sucesivo, ya que el incumplimiento del déficit que hereda obliga a Rajoy a recortes superiores a 36.000 millones y no 16.500 millones, como se venía diciendo) alerta de malas noticias (en efecto, “no gratas”), en vísperas del encuentro del lunes entre el presidente Paulino Rivero y el ministro José Manuel Soria: los Presupuestos Generales del Estado, que el gabinete Rajoy abordará el 31 de marzo (los actuales se congelan hasta entonces, y tras las medidas adoptadas este viernes, que suponen 16.500 millones de ajuste, cabe esperar para entonces otros 21.000 más, hasta cubrir la cifra total inexorable de 36.500 millones de recortes, o sea los peores presagios para las autonomías en 2012), no prometen congraciarse con las islas, sumidas, por lo que se ve, en una deriva nacional hacia el apagón inversor, el estrangulamiento fiscal, la pérdida de poder adquisitivo y la sombra del hundimiento del consumo y la falta de liquidez de las pymes.

Estas dos últimas amenazas, de no ser enmendadas milagreramente por el Gobierno con algo más que nigromancia presupuestaria, y por los ciudadanos con una fe ciega e indestructible en el nuevo partido en el poder, aplastarían todas las esperanzas a corto plazo, aplazando a 2013 cualquier nueva ensoñación en el más allá y condenando ya este desacreditado 2012 a la categoría de ‘año perdido’.

(El nombramiento de María del Carmen Hernández Bento, hasta ahora primera teniente de alcalde de Las Palmas de Gran Canaria, como nueva delegada del Gobierno en Canarias cierra las quinielas que desataron una competencia interna y pública entre líderes y lideresas del partido por ocupar el único puesto relevante de la Administración central en la comunidad autónoma. Pero dudo que entierre las diferencias que tales expectativas alimentaron en el seno del PP canario.)

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Por qué no me callo. TABURIENTE

 

Como en la última novela de Javier Marías, ‘Los enamoramientos’, se produjo tal cosa en los años setenta y ochenta con Taburiente. Y como le sucede a la protagonista, que se habitúa a ver cada mañana en la cafetería al aparentemente bien avenido matrimonio Desvern, sin saber resignarse a su repentina ausencia, a nosotros, los cariacontecidos acólitos que adorábamos al trío, se nos atragantó la marcha de Manolo Pérez, auténtica ‘clave de bóveda’ del grupo. Miguel y Luis conservaron el nombre y remontaron la crisis con la contribución temporal de músicos de inusual valía. Martín y yo hacíamos una doble página, ‘Música Popular’ –en ‘El Día’ y ‘Diario de Avisos’, sucesivamente-, sobre el fenómeno del folk, folklore y rock en las islas (de Taburiente y Caco Senante a Los Sabandeños, pasando por Pepe Paco y Suso Junco, Grupo Palo, Juvenal, Pluma y Voz…), a cuyo engranaje dimos en denominar ‘Movimiento de la Nueva Canción Popular Canaria’. Un batallón de voces con el que íbamos de plaza en plaza a promover libertades que estaban por venir. Taburiente hizo aquella travesía con dos discos (aquí se cuela lo de emblemáticos), ‘Nuevo Cauce’ y ‘Ach guañac’, cuyas letras bucólicamente combativas de Luis Morera, el de la voz prodigiosa, se las aprendían de memoria unos fans apremiados por la amenaza de que los fueran a detener. Pasaba lo mismo con ‘L’Estaca’ de Lluis Llach (a quien hace 35 años prohibieron cantar en el Guimerá y en la Universidad, lo que desencadenó la dimisión del rector Fernández Caldas), y con ‘Al vent’ de Raimon (“Al vent, /la cara al vent…/al vent del món”). Taburiente había seducido al sello ‘Ariola’; una noche hablamos de ellos en una discoteca de Madrid, y Chirino nos invitó a su casa a celebrar el ’enamoramiento’ artístico que ya todos sentíamos por Taburiente. Cuando se separaron seguían sonando, en parte huérfanas, canciones de ‘Nuevo Cauce’ (“Tengo tantas cosas que decirte…”) y ‘Ach-guañac’ (“Cuando amanece se despiertan/todas las aguas del Atlántico…”). La hazaña del periodista Miguel González fue sugerirles el reencuentro. Y la buena nueva musical de esta Navidad, mientras el año se afana, Rajoy ya tiene ministros en el portal y los yanquis se han ido de Irak a la chita callando, es que Taburiente –los tres fundadores y J.E. Martín- regresa con sus álbumes míticos remozados en busca del tiempo perdido.

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Por qué no me callo . FUMATA BLANCA


 

Definitivamente, Europa se despide de su historia reciente, huérfana de referentes éticos, con la muerte del checo Vaclav Havel, el dramaturgo y político que recurría al clima de Lanzarote a restablecerse de la insuficiencia respiratoria. Lo siguiente es este casting de actores secundarios. A esa Europa descabezada llega esta semana Rajoy, un corredor de fondo que ejerce del Madrid. Apostaría diez contra uno que su primer viaje oficial no será a Marruecos, no ya a causa del veto dela Eurocámaraal peaje de Rabat por pescar en el banco canario-sahariano (sic). Juraría que no se lo pide el cuerpo, pero, como cierta tradición hay de hacerle el rendibú a Mohamed en el despacho del mapa del agravio que nos pinta de Magreb marroquí, me guardo la apuesta para el gordo de la lotería del jueves. Ni el periodista protesta Alí Lmrabet, que sufrió huelga de hambre contra la censura de sus semanarios satíricos, me supo aclarar si el conflicto del Sáhara es un caso de justicia o un dogma de fe impuesto por la corona alauí. Desde la crisis cómico-bélica de Perejil (“Que Dios les ayude … y que vuelvan con el triunfo”, le dijo Aznar a Trillo como si le hablara con afectación exagerada desde el despacho oval antes de enviar los tres ejércitos a liberar el peñasco y la cabra legionaria de los gendarmes de Mohamed VI), el PP raciona su trato con el vecino africano, y con Gustavo de Arístegui por un amor marroquí. El próximo inquilino deLa Moncloapronuncia hoy el discurso de investidura de “las medidas no gratas”. Salvo la sospecha de ‘esfumarse’ respecto a la prohibición antitabaco en la barra –la recordada fumadora descalza de los bares de Mindelo, la cantante caboverdiana Cesária Évora, se nos ha ido como el año-, el hombre del puro, con más poder sobre la tierra de este país desde la democracia, trae malas noticias por Navidad como un cartero sin tregua. Al político previsible, nadie le ha leído la mente. Raúl, en lugar de volver a la selección, podría engrosar el Consejo de Ministros en el país que reina en deporte, con un presidente merengón. Rajoy acudió el viernes ala Moncloaa ver a Zapatero en el coche de su escolta porque el suyo se averió ante ese cometido. Conviene conjurar el maleficio, que nos la jugamos todos. Argentina designó gafe a Menem, el fútbol español a ZP, el PP a Camps yla Casa Reala Urdangarín. ‘Alea iacta est’ (‘la suerte está echada’, no sé por qué lo traduzco); permítaseme este latinajo en la presente encrucijada, pero hago votos para que nadie remate el festín de tópicos con el de que Rajoy ya tiene “hoja de ruta”, merecedor de que Alberto Gómez Font le envíe a las mazmorras dela Fundeu.Avisado queda.

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MARTES 13 NEGRO EN SANTA CRUZ

 


La muerte de dos niños en un barrio de la capital, que retoma la crónica negra de la isla en su peor versión (¿cuánto hacía que la misma no registraba el final violento de menores?). Y el mismo día, como si las noticias de impacto se hubieran encadenado en una misma jornada cargada de superstición en el almanaque, se cayó de madrugada el falso techo del Intercambiador. Martes 13, en estado puro.

Los dos hermanos, de 11 y 5 años y distinto padre, aparecieron este martes en la cama, tapados con una manta, pero fueron presuntamente asfixiados días atrás. La detención de la madre como principal sospechosa y las heridas de consideración del padre de una de las víctimas, supuestamente al arrojarse de un balcón, describen una tragedia que no tardará en ser devorada por la prensa amarilla nacional ansiosa de crímenes familiares en tiempos de crisis. Hemos podido recabar, apresuradamente, unos pocos detalles de este suceso espeluznante: la depresión en que había caído la pareja de progenitores resume las condiciones emocionales y psicológicas en que estuvieron obligados a convivir las dos víctimas infantiles hasta que –tras faltar al colegio y desaparecer de la vista de los vecinos- la visita de un familiar a la escena del horror destapó un drama de tales dimensiones. Martes y 13.

Un techo ‘falso’

Los cascotes del falso techo –un techo falso, desde luego- del Intercambiador, una vez desplomadas las láminas de aluminio dejando el armazón desguarnecido como una cabeza bocabajo a la que se le desprendió el bisoñé, descubren las vergüenzas de una obra mal acabada, o concluida temerariamente en su día, un montaje y ensamblaje defectuosos de piezas de un material que entraña riesgos para la seguridad de los usuarios del Intercambiador y el estado de ruina calamitoso de una instalación relativamente moderna.

Estuve sentado, bajo ese techo que era una amenaza de tal calibre, en la cafetería, con mi familia, hace algunas semanas, como decenas de miles de personas a lo largo del último lustro. Quién podía imaginar que estábamos corriendo un grave peligro mientras consumíamos refrescos y tomábamos café jugando con mi hijo aún bebé en brazos. Ahora sé que aquel rato distendido y agradable podía haber terminado de manera dramática y que una auténtica catástrofe se urdía sobre nuestras cabezas. Así ha sido para numerosas familias y pasajeros, ajenos todo este tiempo a la escalofriante negligencia que rodea este caso digno de una profunda, seria y rigurosa investigación.

¿Habrá que revisar todos y cada uno de los techos instalados por la misma empresa, revisar la calidad de los materiales y la seguridad con la que permanecemos bajo ellos, a partir de ahora, como si lo hiciéramos bajo auténticas espadas de Damocles? Bombas de relojería, techos asesinos. No es un guión de cine de terror. Si estamos ante un despropósito colosal en el país de las chapuzas, que rueden las cabezas de los responsables, ya que por suerte –al desatarse el siniestro a las 4 de la madrugada y no a las 4 de la tarde- esta vez no hubo víctimas de milagro.¡Uf!

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Por qué no me callo. AMA


Capital Berlín. El pasado día 9, trasunto del 31 de diciembre de 2011 (Fin de Año Horrible), suscrito por anticipado, los jefes de Estado y de Gobierno dela UEbajaron el telón de este melodrama (aquí fin significa fin) y comenzaron la función de un nuevo ciclo (o siglo) de Europa, en un mundo ‘líquido’, como profesa el sociólogo polaco Zygmunt Bauman, sin soberanías estancas, mutante y fluvial. Capital Berlín. En una tertulia televisiva sobre el futuro -palabra que intriga: lo que propone está en tela de juicio- de Europa, el periodista Marco Schwartz, jefe de Opinión de ‘Público’, invocaba con pasión, amén de la fusión fiscal, la necesidad de unos Estados Unidos de Europa. Una idea feliz si produjera mayor entusiasmo. Coincidí, pero con una apostilla: Y entonces, Europa capital Berlín. Ángel Fernández, el director conservador del Garajonay, me dijo que él no la ha visto, pero que la gente cuenta que Angela Merkel se ha pateado el parque gomero de laurisilva, junto a su taciturno esposo, un prestigioso químico cuántico, dejando, por tanto, en el monteverde las huellas de su paso firme, donde germinan las semillas que regurgitan los pájaros endémicos para seguir renovando el milenario ecosistema, que da lecciones de supervivencia a la jovencísima idea colegiada de Europa. Estos días, la canciller ‘comunitaria’, con sus andares de rellenita senderista rubicunda, se ha adueñado dela UE–la semana que viene se le suma un aliado incondicional, Rajoy-. En París, el pequeño napoleón se rindió a sus embrujos y la banca autoritaria alemana, como un fantasma dela II GuerraMundial, ya impone su ley en la actual encrucijada económica. Dijo Sarkozy, en la víspera, en su trono de Toulon: “Es la guerra o la paz”. Y advirtió en Bruselas del riesgo de “explosión” de Europa. Miedo es una palabra que, tras una década del 11-S, un trienio del batacazo de Lehman Brothers y apenas unas horas del clásico Madrid-Barça (1-3), se ha quedado coja. Tenemos que sustituirla. Tampoco vale pánico –corrió la misma suerte escénica-. Está esa otra que aprendimos en la crisis sistémica-sísmico-volcánica de El Hierro (metáfora insuperable de la distopía de un mundo en bancarrota, semáforo en rojo, que espera al volcán, tal cual la profecía del francés respecto a Europa). Tremor. Esa es la palabra. Intimida más que el simple temor (“temor transparente”, en el verso del sueco Tranströmer). La ama de Europa va y viene de luto para la ocasión. Pero Europa está servida a su antojo esta Navidad. Sin Londres (el topo dela CIA, celoso guardián de su City y Canary Wharf). Esta vez diremos ¡feliz 2013! (al 2012 mejor ni citarlo).

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LA VOLADURA O REFUNDACIÓN DE EUROPA

 


Europa a estas horas se desangra, en lo que Rajoy denominaba este jueves en Marsella, en el congreso del Partido Popular Europeo, la “hemorragia de la deuda soberana”. Pero es una sangría que afecta, más allá de los problemas carenciales sobre déficit y endeudamiento, a la existencia misma del club, del pacto de 27, de la unidad conceptual y monetaria en torno al euro de 17 de esos estados conjurados en torno a la idea –el sueño, se dijo tantas veces- de unos Estados Unidos de Europa. Muere el proyecto, está a punto de hacerlo, lo estamos perdiendo como a un enfermo en situación crítica, si no se alcanza un acuerdo –al parecer, milagroso- en esta jornada de viernes crucial y agónica.

La indudable gravedad de la situación es del conocimiento del mundo entero. Todos los países, las grandes potencias, los estados emergentes y las naciones más empobrecidas del planeta, miran hacia Bruselas dramáticamente expectantes, como quien asiste en vivo a una defunción voluntaria delante de las cámaras, sin entender las causas, ni la pasividad general. El egoísmo ciego elevado a categoría política y a prioridad absoluta está destruyendo Europa por dentro como un virus letal que devora las células de su cerebro. ¿Quién de los jefes de Estado y Gobierno reunidos en este Consejo Europeo –la mejor imitación de un suicidio colectivo institucional- está pensando, en serio, en Europa y no en el bolsillo de su país, en el mantra de Europa y no en la banca de su patria? En Europa, desde hace meses que entró en estado catatónico, no hay intereses exclusivos, sino excluyentes. Nadie piensa hoy en Europa, sino en sí mismo. Es el momento más cicatero y carroñero de la construcción europea, en el último medio siglo, donde ofenden las maquinaciones ventajistas de la todavía poderosa Alemania (tarde o temprano, le salpicarán los efectos de la voladura, controlada o descontrolada, de Europa) y las estrategias de terceros compinchados con las chapuceras agencias de calificación para obtener los tipos de interés más altos posibles en las subastas de deuda de los estados en dificultades. Visto de lejos –todo lo lejos que estamos los canarios de la gallera europea donde se arrancan los ojos con espuelas de carey- es un triste espectáculo que deshonra la memoria de los padres de Europa, por tirar de un lugar común que apele a la sensatez.

La viuda de Europa, Angela Merkel (de luto riguroso últimamente en cada foro y foto), de esta Europa que se nos muere si hoy no se le pone remedio, claudica lo justito ante Francia, ante un Sarkozy consumido por el miedo. Es el próximo en caer bajo la supervisión -¿o la superstición?- de los mercados, tras Italia y España, y la calificación de su deuda sería rebajada de no llegarse hoy a un acuerdo in extremis en Bruselas. Ni siquiera Merkel y Sarkozy han logrado ponerse de acuerdo sobre el papel del BCE (la canciller alemana no quiere oír hablar de una intervención masiva del instituto emisor en la compra de deuda soberana de los países en apuros; Sarkozy y Rajoy alientan esa idea, condenados al fracaso). Sólo han trazado unas líneas maestras sobre la reforma del Tratado de Lisboa, para asegurarse una mayor disciplina fiscal de los estados miembros, so pena de sufrir sanciones por parte del Tribunal de Luxemburgo.

Pero ningún asomo de consenso se apreció en la cena de anoche en que estos señores que gobiernan los estados miembros dela UEse suponía que debían estar lanzando mensajes de responsabilidad y preocupación colegiadas ante los peligros de asistir a los funerales del club. Nada trascendió en ese sentido; seguían prevaleciendo los objetivos mezquinos de cada cual para consumo doméstico de sus electorados o ciudadanos ultranacionalistas. Confío en que la sesión de hoy corrija el rumbo y mantenga a flote este barco común. O –lo dicho- nos hundimos.

La urgente reflexión desesperada que redacto en este trance es producto de un clima económico y político europeo de caos generalizado sin precedentes. Mi generación nació con el parto de esta UE y ve estupefacta cómo se autoaniquila en medio de una crisis económica dantesca que ha roto todos sus diques de contención, como un `Katrina´ descomunal inundando los pilares de un viejo y hermoso sueño. Hemos llegado a la orilla de ese abismo al que se refirió meses atrás Felipe González. Creo que si hoy nos vuelven a faltar al respeto al conjunto de los europeos esta panda de incapaces que dirigen Europa (si persisten en bloquear el margen de maniobra del Mecanismo Europeo de Estabilidad –MEDE-, del FMI y del BCE, maniatados por Alemania y por las divisiones internas entre ellos, y si se impone lo que les separa a los que les une, los privilegios británicos a la necesaria unidad fiscal de la eurozona), dejándonos abandonados a los pies de los caballos de los diabólicos mercados, antes de regresar cada uno a su ‘peseta’ particular, deberían tomar el poder de Europa, aunque fuera simbólicamente por asalto, aquellos que cuando tuvieron que dar respuestas las dieron con mayor celeridad y lucidez: los Jacques Delors, Helmut Kohl y Felipe González, entre otros.

Aquí se viene a salvar el euro y no los votos en las respectivas elecciones. Estamos, en efecto (aceptando el ultimátum del más sincero, al menos, y atormentado presidente dela RepúblicaFrancesa), ante el peligro de una “explosión” de Europa, jugándonos la “guerra y la paz”, un antagonismo conceptual que, no olvidemos, dio lugar a este invento –sueño, en efecto, habíamos dicho tantas veces- dela UniónEuropea, hoy cadavérica y a punto de palmarla. Alguien ya comentaba ayer –no era Ana Oramas- que a Europa hay que “refundarla”. Seamos precisos: a este muerto sólo se le puede, en todo caso, resucitar. Me abono a las más rendidas oraciones del pueblo mientras sus insolventes líderes se ponen a prueba y deciden –a estas horas- si salvar Europa o abandonarla a su suerte.

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Por qué no me callo.EL PUENTE


El Puente borra de un plumazo esta semana, como si nos conviniera una larga siesta antes de las fiestas de fin de ejercicio y de mandar a la papelera este annus horribilis, que será, según los augures, menos horrible que el que viene. El primer año de Rajoy. Los poetas resuelven estas lagunas con una metáfora críptica. El nuevo premio Cervantes, Nicanor Parra, cuenta que el poeta Braulio Arenas le dio la clave: cada diez versos, soltar uno oscuro que nadie entienda, ni el autor. Nadie entiende este puente, como un verso erudito que no dice nada. Estamos en la peor crisis económica de la historia del mundo –si me autorizan la desmesura- y nos permitimos una semana en blanco –ya no solo una noche- . Ni Sarkozy en el discurso de Toulon –ese borrador de necrológica de Europa-, ni la señora de luto sermoneándonos en el Bundestag –ambos se ven hoy-aprueban estas cosas. El francés de las calzas concluyó que a Europa hay que salvarla “trabajando”, como decía Sampedro, premio nacional de las Letras. Y nosotros les hacemos caso al revés. Pero vendrá un puñado de turistas –lo que reprime en nuestro caso apoyar la idea de llevar los puentes a los lunes- y le daremos la bienvenida al extranjero mirándole el bolsillo con una vieja sonrisa idiota. La estadística inapelable eleva las cifras de paro y somos, tras Reunión, el ‘destino’ con mayor desempleo dela UE. Noes cosa de la providencia –una vez dicho ‘destino’-, pero llevamos camino de creer que sí, y con tal fatalismo, eclipsamos la semana, aislados del mundanal ruido, del canguelo ante la cumbre europea del jueves y viernes, del euricidio que flota en el ambiente, y así nos va. Vale que celebremos el Día dela Constitución, a la que hacemos maldito caso a la vista de los desahucios, pero tumbarnos haraganamente a la bartola la semanita entera, viendo pasar los buitres sobre nuestras cabezas, es una hispana  irresponsabilidad, que estigmatiza el perfil de un país para sumarse al pelotón de los llamados a cruzar el desierto sudando la gota gorda. Los más ociosos se quedarán rezagados. La historia ha querido que el presidente español con más fama de flemático arengue al pueblo a cruzar con redaños el destartalado puente, como Nicolas Cage en ‘En tiempo de brujas’. Si no lo hace, será barrido por los pérfidos mercados a escobazos.

 

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LA VACA

 


 

Al ritmo que se suceden los acontecimientos, nadie es capaz de predecir qué nos reserva mañana la crisis. Si me valdrán los euros que lleve en el bolsillo para tomar café junto al Reloj de Flores y comprar el periódico en el quiosco, o si, como dramatizan Merkel y Sarkozy (Merkozy), si cae Italia, cae la moneda única. Me pregunto si el mismo axioma volumétrico vale para la inconmensurable democracia, que ya cayó abatida en ese mismo país, todo lo provisionalmente que se quiera, sin que se oyera rechistar a ninguna voz autorizada. Teatro, puro teatro, canta Olga Guillot. Me repugna la deshora de este tiempo sin brújula, la bajeza de parar por antojo el reloj de la democracia sin el menor ‘indignado’ ni remordimiento. En Europa hay una pérdida de papeles bochornosa. A veces da la impresión, viendo actuar a sus gobernantes, de que emulan a Mourinho –camino del ‘clásico’ del día 10 con ‘seis puntos sobre Emma’-, por las continuas tarascadas, como cuando Pepe –no PP- seguía las instrucciones del técnico portugués. La adjudicación de deuda pública se parece a las subastas del artista trampero Damien Hirst. Todos quieren batir el récord de la vaca en formol. Europa es esta vaca que no da leche, en una urna, con una solución de aldehido fórmico, a la una, a las dos y a las tres. Las cumbres de la UE–el próximo fiasco, el 9, no se lo pierdan- no sirven para nada; se pasan la pelota unos a otros, como republicanos y demócratas con los presupuestos en EE.UU. antes de que Standard & Poor’s les rebajara la nota de la deuda por tardos. En España, por suerte, el ‘tea party’ de Blas Piñar –el recordado Chela tuvo una buena agarrada con el notario ultra en Tenerife- no cuenta con una corriente organizada en el PP, salvo Esperanza Aguirre en plan Sarah Palin. Rajoy hereda un partido que domesticó a la ultraderecha a tiempo cuando Fraga –que en corto era otra cosa: una tarde nos habló afectuosamente del diputado de UPC Fernando Sagaseta-. Y ahora lleva un país moribundo en brazos como un bombero del 11-S irrumpiendo de una nube de polvo rodeado de zombis tiznados de blanco (nosotros). Paso a Rajoy. El Gobierno de Nochebuena del registrador de la propiedad merece 365 días de gracia, donde antes se daban cien. Si llenamos la calle de huelgas a la griega tras las forzosas próximas cojoneras medidas, con 40 de fiebre y 500 puntos básicos de prima de riesgo, nos ponen a un tecnócrata –el tecnogolpe retrata la chusca deriva europea hacia un fascismo de camuflaje- y nos vemos todos en nuestra propia mítica Plaza de Tahrir, pidiendo que nos dejen votar, oiga, aunque sea para ‘elegir’ qué tipo de harakiri.

 

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