MERKEL

 

La edafología nos consagra, aún más si cabe, turísticamente. Marisa Tejedor, Marianela Rodríguez y Concepción Jiménez publican en un libro un dato que intuían: Tenerife congrega todos los climas del planeta, gracias a los alisios y la altitud. Es una percha turística inédita. Canarias se reencarna continuamente gracias a la movilidad, el turismo de masas –los 12 millones de almas que esperamos en el paraíso este año-, nuestro pozo de petróleo, una industria de constantes culturales, que nos ha traído por buen camino. Lo que ha llovido en dos mil años desde la excursión pionera a las islas de aquel rey docto Juba II de Mauritania. Jacques Cousteau –lo comenté con Tejedor, que fue su anfitriona- me dijo en 1994, en una entrevista compartida con Juan Manuel Pardellas, que Santa Cruz, en medio de las luces de neón, es “una especie de Broadway” entre kilómetros de árboles. Canarias es famosa. Olvidamos que fuimos el fin del mundo –de ahí viene todo-, antes que caravasar de la ruta de Indias. El Teide fue siempre una atracción y al de fuera le picó la curiosidad venir. Colón era un turista. Cólogan, también. Carlos Cólogan, memorialista de este apellído irlandés en Tenerife, lamenta que la isla impidiera desembarcar a Darwin en Santa Cruz por falso cólera a bordo del Beagle. Venía ilusionado tras haber leído a Humboldt, que en seis días nos examinó de arriba abajo, incluido el aire. A este sanatorio y laboratorio ha venido mucha gente interesante, no sólo estrellas de cine, desde Olivia Stone a Saramago o Bertrand Russell, que en los años 30 participaba de la idea de hacer “en esta bella isla, un lugar de reposo para la inteligencia europea”, el sueño de los padres de Gaceta de Arte, cicerones de Breton y su rubia esposa Jacqueline Lamba, un escándalo en mini-short en la isla. ¿Qué intriga de Canarias a este flujo de espectadores? A. H. Piqué siguió la pista de los viajeros y naturalistas del siglo XVIII, que secundaron el ‘Islas Afortunadas’ de Plinio el Viejo. Esa curiosidad dura hasta hoy. H. M. Enzensberger fue con W. Wildpret al Teide. Aldecoa oía “cantar a los gallos”; Agatha Christie escribía aquí contra la depresión; Zamacois sentía “una emoción de lejanía” y decía que las celebridades de Europa y del “oro yanqui’ recalaban en Canarias al menos una vez en su vida. Como hizo Clinton y antes Churchill. Y ahora Angela Merkel, que retorna en Semana Santa a La Gomera, a mezclar el almogrote con zumo de naranja, como cuenta con gracia Juan Cruz en su aún inédita guía sentimental de las islas.

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LA DIGNIDAD HUMANA

 

Gallardón quiere que su partido lleve en su programa electoral una ley para retirar de las calles a la fuerza a los mendigos e indigentes, que malogran la postal de la ciudad. Una iniciativa que, en su caso, debería estar precedida, sostiene, de la dotación de recursos pertinentes (albergues, camas, comedores) para acoger a quienes se resisten a abandonar la calle en flagrante “uso privativo de un bien público: aceras y plazas. Este es el debate de Rudolph Giuliani en Nueva York; el alcalde del 11-S limpió en los 90 la ciudad de sin techos, prostitutas y grafiteros (su razia llevaba por título ‘Estrategia policíaca número 5’) fue contestado, primero, y felicitado después. Cuando paseé por la Gran Manzana, antes y después del atentado de las Torres Gemelas, el típico ‘homless’ se cuidaba de no hacer ostentación de su bohemia y procuraba gallofear a escondidas.

 En las calles de Europa, los alcohólicos errantes están mal vistos. En nuestras ciudades de las islas, otro tanto, porque dan mala imagen turística y se apropian de espacios comunitarios como parques y ramblas provocando un evidente rechazo social. Los alcaldes se callan lo que piensan, salvo ahora Gallardón, que verbaliza con esta propuesta a lo Giuliani una idea políticamente incorrecta. Este es un debate con trampa que se viste de solidario aunque supure un grado de intolerancia ‘intolerable’. Convengo, si acaso, con el alcalde de Madrid en que si a estas alturas de la democracia existen los medios de asistencia necesarios, es una ignominia consentir que vagabundeen como perros abandonados personas de ambos sexos derrotadas por los traspiés de la vida. Nos compadecemos de la biografías elegidas de actores, cantantes y famosos cualesquiera que acabaron durmiendo al raso junto a un tetrabrik de vino estragados por una depresión, un divorcio que les abrió las venas, una deuda que los enloqueció o el veneno de la droga.

Pero ignoramos o hacemos caso omiso de las otras historias individuales o familiares que expulsaron a las sentinas de la sociedad a los parias habituales de la calle: matemáticos, sin embargo, o periodistas, abogados, poetas, junto a marginales de toda la vida. La crisis ha reventado a personajes selectos y cuando la acompaña la locura, el resultado es un insumiso que se niega a que Gallardón lo lleve a la fuerza al albergue a comer y dormir. Mendigos que cayeron del cielo se confunden con los que estaban abajo. El submundo de la calle se rige por reglas paralelas de subsistencia. Muchos prefieren pasar la noche sobre un cartón en su cajero dormitorio a entrar por el aro del albergue, por temor a que le roben, le sacudan, le quiten de en medio. Durante años vi sin salir de mi asombro, noche tras noche, a una familia de buen aspecto dormir a la intemperie a pie de calle cerca de la Plaza de Weyler. Padres e hijos ambulantes, imponiéndose esa especie de castigo, sin ninguna lógica aparente. Hasta que un día normalizaron su situación y desaparecieron. He vuelto a ver al matrimonio paseando por la calle del Castillo, con el mismo estilo impecable de entonces.

Cada persona es un mundo. La doctrina Gallardón peca de señoritismo al que le ofende el mendigo que le afea el paisaje. La ley que deberían votar todos los partidos es la que resuelva el problema de la indigencia en todas sus vertientes: económica, psicológica y sanitaria. Sólo una norma que instaure un cuerpo profesional de asistencia especializada en casos extremos de pobreza y exclusión social, en aras de integrar a las víctimas –nunca de modo coercitivo, o volvemos a la ley de vagos y maleantes-, integrarlas de verdad, resucitarlas para el vivir digno, acertaría de pleno. Porque no otra cosa está en juego, sino la dignidad humana.

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GORBACHOV

 

Lo conocí antes de que llegaran los misiles a la isla. Un episodio que no es de ficción. Mijaíl Gorbachov (cumple 80 años) seguía viviendo una historia de amor con Raisa, que murió de leucemia. César Manrique y Vázquez Figueroa idearon un monumento a la paz nonato con dos misiles desactivados, que el artista plasmó en un dibujo delante del consejero de Turismo Miguel Zerolo. Las objeciones del Cabildo desataron la ‘crisis de los misiles’ en Teguise, que siguen muertos de risa en un almacén municipal. Estamos en Lanzarote en 1992. A Guacimeta acaba de arribar el célebre matrimonio ruso. Gorbachov, recién dimitido, era el líder más popular del planeta. El hombre de la mancha que cambió el mundo, al que coreaban con el hipocorístico ‘Gorbi’. El País y la SER me enviaron a seguirle los pasos. Y en la misma terminal le entregué en mano una tarjeta con un mensaje escrito en ruso pidiéndole una entrevista durante su estancia en la isla. Me miró y guardó la tarjeta en el bolsillo de su chaqueta. Me hospedé cerca y comprobé que el último presidente de la Unión Soviética salía siempre temprano con su esposa a dar una caminata por la costa de Teguise. Así que me sumé a la marcha entre los escoltas. ‘Adelante’, era su latiguillo español. En la ‘dacha’ que mandó construir Hussein montaba guardia un retén de enviados especiales que se disputaban la veracidad del bulo de una exclusiva ya concedida. Supuse que entonces yo sobraba allí. Mi compañero, el fotógrafo Rafa Avero, simpatizó en seguida con la pareja. Raisa le requería para hacerse fotos, era muy natural y conectaron. Lucas Fernández me había contado la historia de los misiles que venían en camino, las carcasas de un Scud ruso y un Lancet norteamericano. Manrique no vivió para verlos  llegar. Un día se cruzó con Gorbachov de espaldas, seguramente sin verse y sin que nadie los presentara, cuando ya llevaba el destino marcado: antes de un mes, sufrió el accidente de tráfico. El misil ruso posó en la Puerta de Brandenburgo y en los Campos Elíseos junto a Chirac; el yanqui vino por mar discretamente. Eran dos enamorados. Él, en mangas de camisa y pantalones cortos, la miraba todo el rato; y ella, coqueta, con ‘leggins’, luchaba para que el viento no le volara el sombrero de paja. Me hice amigo del intérprete, Vladimir Persov. Fueron días de una extraña convivencia periodística que he echado de menos. Recuerdo a Teresa Cárdenes, a Vicente Llorca …, aquel grupo de colegas que terminábamos de noche jugando un billar. El padre de la ‘perestroika’ bromeaba a veces conmigo durante 8 kilómetros a marcha ligera. Con las mismas manos que desmanteló la URSS totalitaria y estableció la democracia, tocaba la guitarra en veladas nocturnas. Por fin, un día, tras la excursión, se dirigió a mí: “Mañana le espero a las 6 de la tarde”. No se hable más. Convoqué a Martín, a Lucas y a Rafa Avero. La nube de periodistas nos abrió paso, el coche avanzó por la rampa, se abrieron las puertas de La Mareta y pasamos una hora a solas con el hombre que había cambiado el eje político del planeta (depaso, nos propuso inaugurar el monumento con Bush padre). En una ocasión me abrazó delante de todos y pensé que eso había sido lo más parecido a darle un abrazo a la historia.

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DOS CAJAS CON BANDERAS Y ROPA DEL CENTENARIO DE NELSON

 

En los sótanos del Museo Municipal de Bellas Artes de Santa Cruz de Tenerife han sido localizadas dos cajas con valioso material etnográfico, de gran interés para reconstruir la historia de Tenerife. Un grupo de expertos civiles y militares desempolvó los recipientes, los abrió con expectación y descubrió en su interior algunas sorpresas.

En una caja había ropas y zapatos tradicionales de Tenerife guardados tras su exhibición en los actos conmemorativos del primer centenario del ataque de Nelson, en 1897. Un acopio de prendas, según los entendidos (el amigo J.M.Ledesma me cita el nombre de Juan de la Cruz entre los ojeadores del vestuario del XIX conservado en uno de los depósitos), de evidente atractivo para los estudiosos. 

En la otra caja se alojaba un auténtico “tesoro”, a juicio de los testigos que al mediodía del viernes se trasladaron en comitiva a las dependencias del museo sin saber qué se iban a encontrar. Allí estaban, apilados cuidadosamente desde hace más de un siglo, los estandartes de todos los municipios de la isla que participaron en el centenario de la gesta. Una colección de banderas calificadas de ‘joyas’ en términos vexilológicos, que abre el campo a ulteriores investigaciones. Junto a estas dos cajas había, además, un balcón típico canario conservado en piezas, que podría servir en reconstrucciones arquitectónicas de la época. 

Lo inesperado del material descubierto lo hace más sugerente. Estaba almacenado junto al legado del marqués de Villasegura, Arturo López de Vergara, que para su exhibición debió ser rescatado de las dependencias del museo donde era almacenado (pinturas del siglo XVI al XX). Ahora toca desentrañar las pistas que ofrecen estos fondos congelados en el tiempo durante más de cien años.

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PATARROYO

 

El estigma de Manuel Elkin Patarroyo no fue renunciar a la neoyorquina Universidad Rockefeller, el camino más llano hacia el Nobel, por su Colombia natal, con la premonición guevariana de descubrir la vacuna contra la malaria desde el Tercer Mundo. En 30 años no ha dejado de cosechar enemigos poderosos. El artículo que firmó la semana pasada -con Adriana Bermúdez y su hijo Manuel Alfonso Patarroyo- en ‘Chemical Reviews’, la ‘biblia’ de la química en EE.UU., lo rehabilita. Los adversarios lo daban por muerto ‘químicamente’. ¡Tanto tiempo sin noticias de Patarroyo! Encerrado con sus micos en la selva y sus moléculas en Bogotá, perfeccionó la fórmula contra el paludismo y, de paso, dio con la vacuna de las vacunas: el método estándar para combatir más de 500 enfermedades infecciosas que contagian a dos terceras partes de la humanidad. Este científico idealista de sonrisa tierna, el mayor de once hermanos, ha sido siempre un Robin Hood de la ciencia; de ahí que le persigan las conjeturas. Una vez me recitó la máxima de su padre: “Se dispara al que está arriba”. Hijo de padre soñador y madre pragmática, cayó de niño en sus manos un tebeo sobre Pasteur y quiso hacer vacunas. Debería inventar la vacuna contra los anofeles de la envidia y mandarnos unas dosis a Tenerife. Hoy en Colombia los niños quieren ser Patarroyo, científicos. Ya no narcos. Así que sale del silencio mediático, como un padre Boff redimido; arruinado y enfermo, hasta besó en pesadillas la muerte. La OMS le hizo en los 90 aquel desaire: desestimó su primera vacuna contra la malaria que donó a la humanidad (cuando casi se ahoga ebrio de euforia en el Amazonas y ganó el Príncipe de Asturias). Como en el jardinero fiel de John Le Carré, las sospechas recaen sobre el oso farmacéutico. En una conferencia en CajaSiete confirmó que estaba “vivo”. “No me falles”, me dijo. Acudí y me estaba esperando en la puerta. Guardo de recuerdo su sentencia de cabecera: “Soñar como un dios y pensar como un mendigo” (Hölderlin). El padre de las vacunas sintéticas contra los microbios invisibles cocina “el pastel del siglo”. Sus amigos Basilio Valladares y Enrique Martínez lo traen en junio al 10º aniversario del I. de Enfermedades Tropicales y el martes dio las gracias a la reina y a Ana Oramas por la ayuda. Cuando le embargaron el laboratorio se le fue el alma por una tubería. Se hace querer por lo que hace. Vacunas a precio de ganga para salvar millones de vidas. Se dirá que hará falta la vacuna contra el hambre. Y contra el hombre que la consiente.

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EL INFORME ‘TRANSFORMAESPAÑA’, EL 7 A LAS 7 EN CAJASIETE

 

La salida de la crisis no es el único problema. Hay otro inexcusable: la salida del propio modelo de país en estado de catalepsia democrática, que impone, tras una prolongada pasividad, un compromiso de cambio de la sociedad civil y, en particular, de los jóvenes, dado su papel tractor en toda revolución. La ya segura retirada de Zapatero, a lo sumo en 2012, acelera este proceso de activismo social inaplazable en la actual coyuntura del mundo.

De ahí que el informe de la fundación Everis, ‘TransformaEspaña’ (cuya presentación en Tenerife será este jueves 7, a las 7 –de la tarde-, en CajaSiete), que conceptúa de “mediocre” el índice de calidad de los actuales líderes españoles (“los políticos no dan la talla”, sentencia con severidad), invita a reflexionar o quizá moviliza –lo sabremos pronto- a los ciudadanos a vencer el escepticismo, para obrar un cambio sistémico y profundo entre todos en todos los pilares del Estado, desde un macroedificio autonómico en cuestión hasta la educación, y desde una justicia mal vista hasta el sistema electoral.

Eduardo Serra, que pisó la arena de la política con una cierta heterodoxia ideológica y preside esta fundación constituida hace diez años para promover las tecnologías de la información en la empresa y la formación y reciclaje profesional, trae a Santa Cruz un informe sin medias tintas que incomodó al Gobierno de Zapatero y que conoció de primera mano el Rey antes que el propio presidente. El diagnóstico de las 120 páginas del ‘TransformaEspaña’ elaborado por un centenar de economistas y empresarios, es demoledor: el país no funciona; la democracia sufre un grave deterioro; la separación de poderes es una falacia; la justicia, un desastre; la Administración padece una macrocefalia enojosa por exceso de duplicidad, y falta lo más importante en una sociedad desarrollada, el consenso de las grandes ‘fuerzas’ en las grandes ‘cuestiones-fuerza’ que definen el futuro (educación, ciencia y energía). El consenso se da por impracticable hasta ahora entre nosotros, toda una prueba de primitivismo político que condena al fracaso de la sociedad.

La España posZapatero

La situación de la España que deja Zapatero, tras anunciar en las últimas horas que no se presentará a la reelección, es, a juicio del informe de Everis, “peligrosa y preocupante”. Este informe responde al nuevo escenario del mundo, de Europa y de España tras la crisis de 2007 y, específicamente, aborda un panorama que comenzó a ser desalentador para el país con los rescates de Grecia e Irlanda, antes de que se consumara la reciente caída del gobierno portugués y su inminente intervención por parte del fondo de auxilio de la UE-FMI.

El acto de CajaSiete contará con la participación, junto a Serra, de Ángel Ferrera (presidente de la Fundación Bravo Murillo), Dulce Xerach (diputada del Parlamento autonómico y miembro activo de la sociedad civil de las islas, tras haber dirigido la política cultural del Cabildo de Tenerife y del Gobierno de Canarias) y Marc Alba (patrono de la fundación y coordinador de la iniciativa). Esta no es una mera puesta en escena del polémico informe; a poco que se perciben las ramificaciones de un acto como éste, en vísperas de las elecciones del 22 de mayo, todo apunta a un eventual informe ‘TransformaCanarias’, con la presencia de líderes, analistas y empresarios locales y nacionales (el informe nacional contó con una nutrida contribución de estos últimos equivalente al 90% del Ibex). El momento político e histórico que vive Canarias, respecto a su economía, sus desafíos en África, su vulnerabilidad energética y su horizonte educativo y científico, anima a este tipo de evaluaciones con la mirada puesta en 2020. Dentro de un estado que se replantea, no sin ligereza, algunas conjeturas del modelo autonómico, así como en el seno de una Europa expuesta a nuevos interrogantes, Canarias, como una Región Ultraperiférica llena de incertidumbre a partir de 2013, está obligada a replantearse con anticipación los aspectos esenciales de su modelo que han podido caducar en los últimos treinta años, con la perspectiva del día después de la crisis económica. Mirar a otra parte y esconder la cabeza bajo el ala, dejando que transcurra el tiempo, mientras se degradan unos partidos políticos convertidos en maquinarias electorales sin más, sería, es, una irresponsabilidad que no se merecen las generaciones futuras.

‘Valor-país’

El informe ‘TransformaEspaña’ es demoledor sobre la evolución del indicador ‘valor-país’ del Estado (competitividad, sostenibilidad, influencia, bienestar, calidad del Gobierno y la economía): llega a la conclusión de que, tras diez años de logros y prestigio, España ha entrado, a partir de 2007 (origen de la crisis), en un descalabro progresivo como marca y potencia, que tira por tierra toda una década de desarrollo. Traído a Canarias este periscopio, tendremos que darnos respuestas a muchas preguntas sobre nuestro marco conceptual como autonomía superadora de una fragmentación geográfica irreversible, y sobre los grandes soportales de nuestro modelo: el turismo y el REF, básicamente.

El informe revela que, pese a unos líderes limitados, la sociedad española se comporta de manera “sumisa” ante la demagogia indocumentada de algunos de sus peores políticos. Esta es la razón de la llamada a la participación ciudadana de los agentes más comprometidos, desde la sociedad civil, para dar un giro copernicano a una ‘crisis’ de sociedad y no sólo de sistema económico. Acaso, dos de las observaciones del informe pequen de centralizadoras y requieran de otras ópticas periféricas y, particularmente, insulares: la que invoca una ley electoral que reduzca la voz de las minorías nacionalistas y la que califica de “inmanejable” un Estado con 17 autonomías.

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PATARROYO LLENARÁ EL MUNDO DE VACUNAS BARATAS

 

 

Acabo de hablar con un hombre feliz. Manuel Elkin Patarroyo. Venía de sufrir uno de los frecuentes atascos de tráfico de Bogotá estos meses y me atendió amablemente por teléfono, no sin antes querer explicarme tales motivos del retraso. “Es que tenemos un alcalde”, dijo sin perder el humor que le caracteriza, “que se ha empeñado en levantar todas las calles a las vez y no ha terminado aún ninguna de las obras. Perdón por la demora”.

Tuve el atrevimiento de pretender que el científico más solicitado del mundo desde el lunes me concediera sobre la marcha una entrevista en Radio Club y, como siempre, hizo un hueco en el fenomenal ‘colapso’ de su agenda. “¡Marta!”, llamó a su secretaria sin tapar el auricular del teléfono en la Fundación del Instituto de Inmunología que dirige en la capital de Colombia, “¡qué tal tengo el día!” Puso la hora, y cuando el embotellamiento se lo permitió, empezamos a hablar. Le puse, en dúplex, a su buen amigo Basilio Valladares, de visita en Madrid, y a Enrique Martínez, en los estudios de la emisora en la Avenida de Anaga. A los tres los conocí juntos hace unos doce años, cuando hice la primera de una decena de entrevistas a lo largo de estos años al padre de la vacuna contra la malaria.

Este ha sido un lapso de tiempo tumultuoso en la vida de Patarroyo. Le han pasado muchas cosas, suficientes para acabar con la capacidad de aguante de un común mortal y hacerle desistir. Hoy estaba feliz, como digo, porque treintaitantos años después de sus primeros escarceos en la ciencia de las enfermedades infecciosas, había revelado, por fin, en la revista norteamericana de química más importante del mundo, ‘Chemical Reviews’, el resultado de sus deslumbrantes descubrimientos: nada menos que el método para obtener vacunas sintéticas contra más de medio millar de enfermedades infecciosas (malaria, desde luego, y un listado interminable: tuberculosis, papiloma humano, hepatitis C, neumonías, meningitis producidas por bacterias, sífilis, dengue, cólera, herpes…., hasta llegar al terrible Sida), que afectan a dos terceras partes de la humanidad y ocasionan 17 millones de muertes al año. Un trabajo “fuera de serie”, según la prestigiosa publicación que sale a la luz esta misma semana.

Patarroyo –lo saben muy bien sus amigos y colaboradores más cercanos, lo sabía su sabio padre cuando le decía, “no temas, hijo, se dispara al que está arriba”- viene de sufrir un infierno que ha durado un cuarto de siglo, desde el momento en que alumbró su primera vacuna sintética contra la malaria y la donó a la humanidad entregándola ingenuamente a la OMS (la todopoderosa Organización Mundial de la Salud), que la metió en una gaveta, la comprobó de mala gana en África para desecharla de antemano y dar tiempo a los laboratorios farmacéuticos a conseguir otra vacuna alternativa, que fuera puesta a la venta y opacara a la gratuita del ‘samaritano’ investigador colombiano. Desconocían sus enemigos los pilares humanísticos de este hombre de sonrisa fácil, las promesas teologales al padre desde el primer brindis a la salud de los pobres, y la indomable voluntad de hierro con que le dotó la naturaleza desde que de niño se sentía un pequeño Sansón. Esta es la culminación de sus indagaciones sobre los múltiples paraderos de los parásitos, de las que hizo, años atrás, un avance en el Salón de Actos de Caja 7 en Santa Cruz de Tenerife. Aquella tarde no la puedo olvidar, porque el científico se excedió en consideraciones hacia mi persona. Me dijo, al término de una entrevista previa: “Te espero para que oigas la conferencia. No te la puedes perder”.  Cuando llegué con cierto retraso, no podía imaginarme que el propio Patarroyo me esperaba –literalmente, como dijo- en la puerta para dar comienzo, con la sala llena de público, que no entendía el porqué de la demora estando el conferenciante presente.

No quiero extenderme en este artículo sobre Patarroyo, que acaba de ser algo así como rehabilitado dentro de la comunidad científica internacional con esta sorprendente difusión de un número casi monográfico dedicado a él y su equipo (lo acompañan en la coautoría Adriana Bermúdez y su hijo, Manuel Alfonso Patarroyo), porque del hombre que nos ocupa estaría hablando por escrito todo el día sin agotar las peripecias de su vida y obra. Cuando casi se ahoga en el Amazonas ebrio de felicidad tras descubrir su vacuna primigenia. Cuando estuvo a punto de perecer en las arenas movedizas de la selva. Cuando un banco español le embargó el laboratorio por las deudas ajenas de la institución que lo había acogido, y cómo consiguió salvar sus moléculas sagradas y guardarlas a buen recaudo hasta recuperar el aliento y la financiación. Años de parálisis e indigencia científica, mientras los grandes lobbies farmacéuticos (y algún que otro ‘magnate’ como Bill Gates) tiraban el dinero patrocinando experimentos abocados al fracaso. El apoyo de la Reina Sofía en España en medio de aquella travesía del desierto. Las noches en vela y las pesadillas en que soñaba con la muerte, que combatió con el ‘vodka a vodka’  como Poe con absenta, o su admirado Hölderlin con cerveza para escribir poemas de la locura. Patarroyo ha sobrevivido, por ùltimo, nuevamente a la muerte, víctima de una enfermedad real que parecería una paradoja: el detective que persigue los virus para exterminarlos casi la palma a causa de una feroz infección hospitalaria.

Esta vez se va a salir con la suya, va a llenar el mundo de vacunas baratas; aprendió la lección de las burlas de la OMS, y mediante consorcios estatales pondrá su hallazgo a salvo de la codicia de la industria farmacéutica de un modo inteligente y tajante. Cuando parió en el 86 la vacuna sintética contra la malaria, le ofrecieron más de 70 millones de dólares por la patente y los rechazó en un acto irrepetible de generosidad desmedida que Cervantes habría atribuido al personaje de su famosa novela: donó la vacuna a la humanidad, como queda dicho. Ganó el Premio Príncipe de Asturias y ahora va camino del Nobel, su destino irrevocable.

El catedrático de Parasitología de la Universidad de La Laguna, Basilio Valladares –cuyo corazón parece gemelo del de su amigo Patarroyo- anunció en este diálogo entre los tres que el científico colombiano dará una conferencia el 6 de junio en Tenerife, en la universidad de la que es doctor honoris-causa, dentro de un homenaje por el décimo aniversario del Instituto de Enfermedades Tropicales, que él inspiró en los días que los conocí tramando algo grande (en Navarra, paralelamente, le concederán el Premio Príncipe de Viana de la Solidaridad 2011). Ambos, en esta ocasión, pusieron por las nubes a Ana Oramas. Cuando era alcaldesa de la ciudad Patrimonio de la Humanidad, lo invitó a dar una conferencia dialogada, y me cupo el honor de ser el periodista encargado de encauzar aquella disertación. Ahora, Patarroyo le agradece cierta intermediación ante las autoridades españolas en defensa de su labor. Enrique Martínez, el decano de Farmacia de La Laguna, añadió que en este reencuentro con la isla podrá sentirse orgulloso de sus fans canarios, porque han levantado, en efecto, el centro que apadrinó hace diez años y porque acaban de fundar una plataforma de investigación  de enfermedades tropicales, el Campus Atlántico Tricontinental, que es ‘patarroyo cien por cien”.

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LA FARÁNDULA

 

Venimos del conjuro de la farándula y la etnia de los poetas. El pasado 21, Día Mundial de estos últimos, recordé al poeta secreto Luis Feria, cliente habitual del ‘Montecarlo’, en la Avenida de Anaga (mi Macondo). El camarero nos preguntó quién era y un día lo saludó: “Muy buenas, don Luis Feria”. Él lo miró secamente y negó ser ese poeta. El camarero le siguió la corriente y no lo volvió a llamar por su nombre. En la próxima edición de la efeméride, sugiero divulgar el poemilla de Whitman, que descubrí entre sus ‘arenas en setentena’, titulado ‘Mi canario’. El poeta norteamericano compara el gorjeo del pájaro ‘paisano’ (en “vacía estancia, larga mañana”) con toda la sabiduría que le habían reportado los libros. Ayer, en el Día Mundial del Teatro, retomé los apellidos familiares de Viera y Clavijo, al margen del padre de la Historia de Canarias: Francisco Martínez Viera (alcalde masón de la capital tinerfeña y autor de ‘Anales del Teatro en Tenerife’) y José Clavijo y Fajardo, el ‘pensador’ rompecorazones ilustrado de Lanzarote, que conoció en París a Voltaire y Montesquieu, y en el Madrid de la segunda mitad del siglo XVIII alcanzó notoriedad al no casarse con la hermana menor del autor francés Beaumarchais, que lo desafió a duelo por el honor de la dama despechada. El episodio saltó a la ficción, de obra en obra, hasta que lo cogió en sus manos el mismísimo Goethe (el hombre más culto de su tiempo, que supo de Canarias antes que el propio Humboldt) y convirtió al ‘ilustre’ galán isleño en protagonista del drama prerromántico ‘Clavijo’. Lope de Vega (otro mujeriego llevado al cine) escribió una obra sobre los guanches de Tenerife y una segunda (que rescató María Rosa Alonso) sobre Nuestra Señora de Candelaria, inspiradas en Viana. Conmemorar el día del teatro, aquí, es saldar deudas con la adolescencia: el actor Pascual Arroyo, que se abrazó a la pintura a tiempo completo; Chela, que cayó como fulminado por un rayo en la calle del Pilar, a las 12:55 (este jueves hará tres años); Pilar y Antonio Abdo, que conocen el oficio como ‘La Palma’ de la mano; Gilberto Alemán, nuevamente hospitalizado; Luis Alemany, que está de buen leer; Pérez Minik, que Miguel G. Morales exporta a Madrid en su documental; Francis del Rosario, el último ausente;  los hermanos Camacho, Cervino, Paco A.Galván, De la Barreda, G. Talavera, Elfidio Alonso, Marisol Marín, Maite Acarreta, Teresa Alfonso, H. Guzmán, los Omar, Tito Galván… y Cipriano Lorenzo, que ahora espera le respondan los amigos aunque los relojes hayan cambiado de hora.

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“THE END”

                              

Sócrates escribió su fin, dimitió en Portugal tras el voto ‘veto’ de la oposición a su plan de ajuste (como habría hecho Zapatero en octubre, de no haber sido por CC y PNV). Los países aliados contra Libia, en lo que parecía el fin de Gadafi, hacen el ridículo divididos sobre si dar el mando de la operación a la OTAN tras la fuga de Estados Unidos. Japón, huyendo a un trágico final, afronta un desafío radiactivo que afecta a la cadena alimenticia. Y el cine escribe con diamantes ‘the end’: muere Liz Taylor, que fue en tiempos, si no me equivoco, huésped de Tenerife junto a Richard Burton. Todo un cúmulo de noticias ‘bombardean’ (ahora que el término se pone de moda) a un ciudadano abocado a la incontinencia política de la campaña electoral y, últimamente, a los terremotos: de Haití a Chile y ahora a Japón. España es un país de vodevil, con personajes públicos actuando en escena: Zapatero, Rubalcaba, Rajoy, cada cual en su papel, sembrando la duda de que fingen sus roles públicos en el corral de comedias y por detrás se desternillan de las boutades que sueltan por la boca. Ahora mismo no hay que leer novelas negras. El país es un patio de vecinas donde todos sacan el cuero a todos (así en gran medida también sucedió en nuestro Parlamento autonómico, como ayer reconocían sus señorías en la última sesión de la legislatura), y todos miran a todos detrás de la ventana como aquel personaje de ‘El grito de la lechuza’, de Patricia Highsmith. Un país de mirones, de cotillas, de chismosos más o menos impúdicos y sanguinarios. El Supremo no legaliza a Sortu y ese es un temazo nacional, páginas y páginas, ríos de tinta, horas de radio tediosa; es uno de esos monotemas maníaco obsesivos del periodismo español, clavado delante de la ventana de ETA, viendo cruzar sombras tras los visillos. La política se come la escena a base de actores malos, que devoran el libreto bajo el foco, y en la representación teatral no hay sitio para otra cosa. Cuando lo más desinflante del día ha sido la muerte de Liz Taylor, la mujer de los ojos violetas, la coleccionista de joyas y maridos, la amiga de Michael Jackson que va a su encuentro en el viaje final. Ambos tienen en común para un isleño fisgón que estuvieron, creo, en Tenerife por separado: ella en los años de idilio con Richard Burton; él en los días más duros de su vida, cuando saltó el escándalo de su presunta pedofilia y tenía contrato para cantar en el muelle de Santa Cruz. Pero estas historias carecen ya de interés para el ‘señor’ lector, que diría Superlópez Arriortúa. Manda la esterilizante información de la crisis (económica y de partidos). Un desenlace que se hace esperar.

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CHAPUZA EN LIBIA

Siento verdadera vergüenza por la falacia de los ataques ‘humanitarios’ a Libia. Estoy convencido de que causarán bajas civiles y se encogerán de hombros los señores Obama, Cameron y Sarkozy. Me apena el papel segundón y servil de España, obligada, quién lo niega, a poner los aviones y naves y militares al servicio de una causa de dudosa legitimidad moral, llevada de la inercia de títere occidental. Es una pura coartada formalista marcar distancias con la invasión de Iraq en 2003 en base al permiso que la ONU ha dado esta vez y entonces negó a priori y otorgó cobardicamente a toro pasado.

La ONU es una institución perfectamente prescindible y desprestiada, una entelequia cuyas resoluciones se cumplen a capricho. Ahí permanecen muriéndose de asco las relativas al Sáhara Occidental sin ir más lejos. La ONU de Kofi Annan guardaba la formas, le quedaban residuos de moralidad e independencia, que en su actual versión a las órdenes del anodino Ban Ki-moon ha tocado fondo: no pinta un carajo en el concierto internacional.

La resolución 1973 de Naciones Unidas autoriza a establecer una zona de exclusión aérea, da luz verde a bombardeos contra las defensas aéreas libias, pero no transige con una posible ocupación terrestre, de la que se habían dado garantías al principio. Es una misión fallida de antemano. Da la impresión de que, una vez lanzada con la iniciativa furibunda de Francia, han empezado a pelearse unos y otros sobre la cadena de mando y la coordinación, como si les hubieran entrado dudas respecto a la verdadera idiosincrasia de los rebeldes y estos hubieran dejado de ser de fiar. Si es cierto, como he oído decir, que España (obsecuente y previsible) se ha metido de narices en la boca del lobo sin medir las consecuencias (ningún otro país aliado parece haberlas medido tampoco, quizá temerosos todos por último de estar allanando el camino a un futuro gobierno islamista hoy agazapado entre la amalgama de rebeldes).

Estados Unidos se raja de esta ofensiva ‘Amanecer de la Odisea’ (esa es otra, tampoco han sido capaces de consensuar un único nombre para este despliegue), que timoneó desde el primer día su mando Africom con sede en Sttutgart, y que ahora prefiere que dirija en exclusiva la OTAN. Se quita el muerto. No se ponen de acuerdo sobre la jerarquía de los ataques y el embargo de armas. Es un triste espectáculo de desavenencias entre estados sobre la intervención de la Alianza Atlántica. Francia tiene su criterio y Alemania el suyo; los primeros le tienen ganas a Gadafi (a saber…) y los segundos se inhiben en esta ofensiva (sus razones tendrán).

Gadafi se frota las manos. Ni siquiera, la licencia de la ONU (para matar) incluye acabar con el coronel. Esto puede acabar en empate, sugiere un militar norteamericano. Para que Obama de un paso atrás y anuncie que entrega el testigo a los aliados europeos, algo huele a podrido en este conflicto, cuya única baza es el petróleo. Que no me vengan con pamplinas sobre el éxito de haber evitado a tiempo una masacre en Bengasi. ¿Y en Bahréin, donde el gobierno está aniquilando físicamente a la oposición en la calle? ¿Y en Yemen, al borde de una guerra civil? Obama acaba de visitar Chile y no ha pedido perdón por haber patrocinado su país el golpe de Estado de Pinochet. ¿O estamos ante el mismo perro con distinto collar?

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?