GALEANO


 


El escritor uruguayo –casi paisano, le fundamos Montevideo- Eduardo Galeano (‘Memoria del fuego’ y ‘Las venas abiertas de América latina’, dos obras inmortales) nos habla en Tenerife del ‘arcoiris terrestre’, su América diversa, también la nuestra (‘nuestra América’, decía Martí), que ha vuelto a temblar -el doble que El Hierro- en mi Ica (Perú) adoptiva, donde vi las casas de adobe deshacerse en el terremoto de 2007, en el indómito cinturón de fuego del Pacífico. Galeano dejó el caldero al fuego (la Cumbre Iberoamérica, entre tanto, en Asunción) y dice que América ahora exorciza los demonios de una impotencia de siglos. Canarias es toda oídos para este portavoz de los desheredados en ese festival heroico de cine documental ‘MiradasDoc’, de Guía de Isora, que el alcalde Pedro Martín y el poeta Alejandro Krawietz han convertido en metáfora del ‘sí’ a la cultura en tiempos de ajuste y ‘no’. En la transición, con mi hermano Martín y Zenaido Hernández, organizamos en Guía ’12 horas de canción popular’: el cura hizo tañer las campanas para acallar a los cantautores y el cacique mandó ala GuardiaCivilpara disolvernos. Cuando llevábamos los ciclos culturales dela Cajapor los pueblos había un atraso secular en Canarias. También en esta tierra, como una mínima América, la democracia y la autonomía nos arrancan los complejos y administran autoestima, pero la crisis amenaza retrotraernos. Como diría Galeano, guardo la esperanza (la que tengo cuando despierto, la que pierdo en el desayuno, la que recupero en la calle cuando me da el sol y vuelvo a perder por algún agujero del bolsillo hasta que la oigo “croando como un sapito minúsculo”) de que el dichoso presupuesto nuestro de cada día del año que viene se reconcilie con la cultura, que es como pan que se lleva la gente a la boca en la plaza del pueblo. Y cuatro notas de coda con el reloj cambiado este lunes fin de octubre encima de un puente: 1. El empleo volvió a crecer en Canarias –una evidente tendencia positiva en medio del caos-, y en España creció el paro hasta cinco millones – una catástrofe laboral-. 2. Conocí a Juan Mari Bandrés (Euskadiko Ezkerra), tan vasco como buena cabeza y persona; un derrame la malogró y un cáncer se lo llevó tal vez feliz por ver cumplido un sueño: oír decir adiós a ETA. 3. Felicidades, Paco Estupiñán por tu ‘corsario de Lanzarote’ (Premio Pérez Armas). 4. Me dice Iñaki Gabilondo en Santa Cruz, saboreando el aroma de la paz, que hoy, con el mal viento de la crisis, ya sólo vivimos en presente, el futuro se dio de baja. Iñaki sonaba hablando a Galeano. Y me dejó bajo una nube de preguntas sobre el ‘presente’ de los 7.000 millones de almas que habitan desde hoy un planeta que está dejando de soñar.

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LA LIBRETA DONDE HABLA FIDEL

 

 

Enla Palmahablé este miércoles de periodismo (la comunicación social en las relaciones con Cuba), de Prensa Latina y de una libreta. La libreta es un pequeño cuaderno de argollas que había extraviado durante 13 años con un cara a cara con Fidel en el mítico Palacio dela Revolución, enLa Habana, con numerosos testigos.

 

El documento, manuscrito con las preguntas y respuestas del Comandante, estuvo ‘missing’ todo este tiempo y lo di por perdido definitivamente, hasta que la semana pasada, rebuscando papeles viejos en los sitios más recónditos de mi despacho, salió a la superficie la esquiva libreta y he podido recordar literalmente unas extensas y reveladoras declaraciones que me hizo Fidel en su ‘cuartel general’ en abril de 1998. No tienen desperdicio las palabras del controvertido estadista que se sublevó en Sierra Maestra y, tras conquistar el poder, dio un paso al costado, por razones de salud,  después de casi 50 años al frente de Cuba con luces y sombras.

 

He conocido en mi vida a tres estadistas que tuvieron una influencia decisiva en el mundo: Fidel, Gorbachov y Clinton. Los tres dejan huella en la historia. Fidel me habló de Clinton y Bill Gates, de Kennedy y Ted Turner, del Che y el Papa Juan Pablo II, de sus padres y la infancia, de Bahía Cochinos y la revolución, de la salud, de los vegueros canarios, de la música cubana y la disidencia. Cuatro horas de vis a vis, rodeados de gente que asistía atónita a las confesiones del legendario Jefe de Estado cubano. La razón de aquella catarsis de Fidel la cuento en un capítulo de un libro que escribo en la actualidad. Ofrecí un avance de ese texto en la conferencia de Santa Cruz deLa Palmay pienso publicar una entrega del mismo en Diario de Avisos. Una historia que estaba incompleta hasta que resurgió de su escondite la dichosa libreta de marras. La libreta donde habla Fidel. Ella se esfumó por su cuenta y cuando le ha parecido ha vuelto a las manos que escribieron en sus páginas, aquella larga noche, el encuentro con el hombre que hace medio siglo estuvo en el epicentro de la que pudo haber sidola IIIGuerraMundial: la crisis de los misiles.

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LA BARBARIE


El anuncio urbi et orbi del cese definitivo de la violencia por parte de Eta, como si se apagara el Etna, coincidió con la práctica desactivación del volcán cohibido de El Hierro y dio paso a un maremágnum de reacciones, dentro y fuera de España, entre suspicacias y parabienes por el deceso tras los recesos continuos de la banda. El País Vasco durmió esa noche ‘en paz’ y los vecinos dela Restingaque volvieron a casa vencieron el insomnio haciendo caso omiso al olor acezante a azufre. Los términos del testamento vital de los terroristas, descabezados policialmente y sin caja de resistencia (en parte, como cualquier otra empresa, la crisis se los lleva por delante), certificaban la inmolación de la bestia tras 43 años de palos de ciego y más de 800 víctimas en vano. En el último parte, los volcanólogos, tras semanas de una escalada de violencia  geológica que hacía temer (‘tremer’ supongo está mal dicho) lo peor, o lo mejor, según un descorazonado Alpidio Armas, se ‘rindieron’ ante la evidencia: el cese de actividad del volcán, como si de ETA se tratara. Esta ETA estatuaria que queda no ha desaparecido del mapa, entiéndase bien, el volcán tampoco: de la faz de la tierra, se ha sumergido bajo su propia sombra verde en aguas turbias y permanece latente, sin dejarse ver. La naturaleza es sabia y desalmada, siempre ejerció una violencia atroz, que los seres humanos imitamos burdamente en frecuentes ejercicios de mutuo exterminio, sin haber conseguido impedir que ya seamos 7.000 millones dispuestos a matarnos unos a otros con el mínimo pretexto. El terrorismo es la expresión corporativa de la fiera que llevamos dentro. Los móviles de Sirte que grabaron la captura y ejecución sumaria de Gadafi al caer en manos de una jauría de lobos hambrientos, ilustran ese instinto depredador que lo mismo alienta revoluciones ovacionadas que hordas denigrantes de terroristas de cualquier calaña ideológica. Esto invita al estudio del cerebro humano, en fin, galardonado en los Príncipes de Asturias: lo mismo una letrina que apesta a mil demonios que un parnaso bajo el sombrero negro de Leonard Cohen, premiado también en la misma gala anual. En una cumbre de países no alineados (La Habana, 1979) reparé en aquel anciano imperturbable sentado durante las sesiones sin apenas poder moverse. Era Tito, con Yugoslavia en la cabeza, ya sin fuerzas a los 87 años. Fue morir al año siguiente y su país se desintegró bajo un baño de sangre. ¡Libia, libre y esclava tras la vida y muerte del tirano!

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EL ADIÓS A LAS ARMAS DE ETA SIN BAJARSE DEL CABALLO Y ENTREGAR EL FUSIL

 


 

El comunicado de Eta, en el que declara el cese definitivo de la violencia tras casi medio siglo de existencia y más de 800 víctimas a sus espaldas, era una consecuencia previsible, en la hoja de ruta de la banda terrorista, dela Conferenciade Paz de San Sebastián, según la información embargada que manejaban varios medios de comunicación extranjeros.

 

En España se olía que la renuncia a las armas de ETA estaba próxima, pero los grandes partidos fueron fieles a su guión hasta el último momento. Los socialistas se mantuvieron en la ambigüedad de respaldar el foro de Kofi Annan y demás celebrities pacifistas y, al mismo tiempo, despotricar de los terroristas verbalmente. El PP abundó en esta última opción, que es la suya propia más característica, y no dio pruebas –salvo haberlas guardado muy bien- de estar al corriente del rumor más extendido en Europa. Hasta última hora, su vicesecretario de Comunicación, González Pons, sostuvo que la conferencia fue una pantomima bien pagada con padrinos de lujo de una paz embustera.

 

Y, sin embargo, este jueves, la sociedad española –y la vasca en particular- escuchó de boca de uno de los tres encapuchados (esa imagen retrógrada de la más anacrónica liturgia fetichista etarra que transmite por sí misma la obsolescencia del terrorismo vasco) que se ha abierto un nuevo tiempo político, la violencia ya no tiene lugar ni sentido y sólo resta negociar beneficios penitenciarios para sus presos, dicho sea en una lectura libre del comunicado de ocho párrafos. La negociación que solicita ETA con los gobiernos de España y Francia, por tanto, se refiere a los etarras que están en la cárcel. Del comunicado no se desprende que sus autores pretendan llegar a un acuerdo con ambos estados sobre la independencia política del País Vasco, su dinamo histórica. Se desprende, sí, en cambio, que los violentos se han ‘rendido’ ante la evidencia de que con métodos pacíficos, la izquierda abertzale ha logrado regresar a las instituciones, con una sustancial cuota del electorado en sus alforjas, y que por la vía armada sus militantes están condenados a purgar largas condenas entre rejas, quién sabe si bajo el nuevo formato de cadena ‘perpetua revisable’, como deslizara el PP en la conferencia de Málaga.

 

Tuve oportunidad, hace meses, de entrevistar a uno de los fundadores de ETA, Julen Madariaga, tras el fracaso de la tregua anterior, con el atentado mortal dela T-4de Barajas, en 2006, y no ignoro desde entonces que, incluso un etarra ‘arrepentido’ como este profesor de Economía, parecía comprensivo con el “desliz” de los terroristas, que, a su juicio, no pretendían matar y volver a las andadas, sino “dar un aviso al Gobierno de Zapatero de que el proceso de paz iba muy lento y había que activarlo”. ¡Una simple travesura que costó dos vidas humanas!

 

Lo que viene y toca tras este comunicado es, justamente, eso: hacer encajes de bolillo desde el Estado para desarmar a los terroristas –cogerles por la palabra, diríamos-, sin mayores concesiones en la política carcelaria, sino las justas ateniéndose a la fase del nuevo proceso en el que estamos. La generosidad del Estado llegará, pero será –debe ser- al final de un largo recorrido, en el que todavía faltan etapas que quemar: un procedimental perdón ineludible por parte de los asesinos a sus víctimas y familias. La entrega material de las armas, verificada por observadores internacionales. La inserción en la vida democrática mediante fuerzas políticas legales y, muy en último término, la remisión de penas, los indultos a que hubiere lugar y el acercamiento al País Vasco de los presos con mayores condenas por sus salvajadas (costará trabajo tragar los exabrutos y amenazas de Txapote, el asesino de Miguel Ángel Blanco durante el juicio). Que nadie, en su sano juicio, albergue la sospecha –o el deseo- de que sería factible un canje a lo israelo-palestino de mil por uno. Ni España es Israel, ni Euskadi la franja de Gaza.

 

ETA se jubila. Pero el resto de los españoles no padecen una repentina amnesia. El nuevo Gobierno que salga de las urnas el 20-N deberá gestionar el final de la banda armada con un sentido histórico de la paz sin rebajas que no desanime a los violentos ni –a su vez- irrite a las víctimas hasta el punto de indisponerlas con cualquier tipo de solución dialogada. Las víctimas no se presentan a las elecciones y sacan conclusiones en el terrerno meramente sentimental. Ayer fueron los únicos que no se felicitaron abiertamente por este adiós a las armas de ETA sin bajarse del caballo y entregar el fusil. O sea de boquilla. Aunque esta vez sí les creyéramos, porque, estando derrotados, buscan una salida airosa para Otegui y el mundanal vasco entre rejas.

 

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EL VOLCÁN ECONÓMICO DE EL HIERRO

 

Los volcanólogos no pierden aún la esperanza de que el cono asome frente aLa Restingay tengamos el volcán surtseyano como Dios manda, con sus chorros de vapor de agua y sus columnas negras de cola de gallo con cenizas y piroclastos expulsados por los aires ante las miradas atónitas de propios y extraños en el balcón del Mar de las Calmas, como hace cuarenta años hacían en las gradas de las montañas de Fuencaliente los palmeros para ver al teleguía en erupción. Sin embargo, salvo que el fenómeno se reactive de improviso, los expertos vienen preparándonos en las últimas horas para la gran decepción. El volcán se está apagando y es muy probable que en estas condiciones (sismicidad cero, abombamiento irrelevante y tremor bajo mínimos), el proceso haya terminado y no emerja el islote que presumen que está a150 metrosde la superficie. No sería tal desencanto si no se hubieran depositado excesivas expectativas inspiradas en los volcanes explosivos de las Azores o Hawaii. Desde el primer momento, comprobé que había opiniones divergentes sobre la intensidad y alcance de la erupción fechada el pasado día 10. Tenían unos demasiadas prisas por ver nacer un volcán por primera vez en sus carreras profesionales –no es moneda corriente en la vida de un geólogo ser testigo de una erupción cazada en origen y poder historiarla de principio a fin, de ahí ese afán desmedido por que ocurriera-, y otros, menos entusiastas o más escépticos, preferían permanecer a la espera de acontecimientos. Aflore o no el volcán deLa Restinga, la clase de volcanismo ya no hay quien nos la quite de encima, y las pérdidas económicas de los habitantes de El Hierro no tiene vuelta atrás. Estas últimas, apenas puestas en valor en medio del pandemónium sísmico-volcánico, equivalen a un terremoto económico y una lluvia de ceniza y piedras sobre el comercio y las pesquerías. El estado en que queda la reserva marina –una joya de los tesoros que Europa guarda bajo el mar- cede ahora la palabra a los biólogos cuando está a punto de quitársela a los geólogos. Yo diría que, además, deben tomar la palabra los economistas para aportar la receta que impida las peores secuelas económicas de la isla. Este otro volcán sí que explotó.

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LA MANCHA VERDE



 


Los piroclastos del Mar de las Calmas acercan la idea –el sueño mitológico- de ver, por fin, a San Borondón emerger. Si mi amigo Gilberto Alemán viviera, o estuviera viendo en su alminar la ‘mancha verde’ en brazos de los alisios, moteada de pedruscos humeantes que proceden del fondo del mar y de la tierra, volaría a El Hierro, presto a hisopear el islote inminente con agua del Pozo dela Saludpara llamarlo por su nombre. Cuarenta años antes, el periodista finado bautizó al volcán Teneguía. Y hasta el día que murió estuvo alerta por si el islote fantasma asomaba el hocico por casualidad. José Padrón Machín se pasó también toda la vida buscando confirmar esa noticia huidiza. Cuando el venerado periodista piñero, que llegó a mimetizarse con el paisaje como si encarnase una sabina, se enfrentaba a la sequía informativa de su ‘séptima isla’, pensaba en San Borondón, en su infundado paradero, con la misma fe que, en 1721, el Capitán General de Canarias Juan Mur y Aguirre organizó formalmente una expedición en busca del espejismo siguiendo un rastro de frutas misteriosas y restos de una extraña vegetación que flotaban en las playas de El Hierro. La balandra regresó sin noticias de la isla rebelde, como en todas las tentativas por hallar el dibujo de Torriani posado en el mar piedra sobre piedra. Lo cierto –y lo estremecedor- es que todos indagaron a mar abierto en estas mismas coordenadas donde ahora asomaría el morro una isla cenicienta, como trasunto de la salida desesperada que buscamos a la crisis. La mitificación de marras estimuló a más de uno antes de este suceso que tuitea la red; a mí mismo y al historiador Julio Hernández -cuando conspirábamos bajo el yate invertido en el oasis del Quiosco Numancia, contrabandeando cohibas de matute con café- se nos pasó por la cabeza intentar el mismo desvarío, por si sonaba la flauta y traíamos de vuelta fotos de un paraíso trashumante que Pepe Dámaso había pintado exhaustivamente como si hubiera estado realmente allí. Cónsul y vicecónsul de San Borondón, Gilberto y Dámaso alardeaban de tener redactada una Constitución para cuando llegara la oportunidad. Y esta está al caer si el batiscafo certifica el parto del volcán tras diez mil sismos y un tremor. Al novelista Víctor Álamo dela Rosa, los duendes premonitorios lo llevaron en su última novela, ‘La cueva de los leprosos’, a mirar asombrosamente bajo el Mar de las Calmas y dar vida póstuma a sus personajes. La isla que sale de la cáscara, bajo la mirada espectral deLa Restinga, le da la razón. “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí” (A. Monterroso).

 

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EL TREMOR

 

 

A expensas de lo que dispongan los caudales de fuego que recorren las entrañas de la isla más reciente y cubierta de volcanes, El Hierro es, en sentido literal, una isla amedrentada, aunque sus vecinos hagan gala de un estoicismo encomiable y remeden con su actitud obsecuente de estos días el nombre del escenario donde se libra la batalla natural entre los elementos: el Mar de las Calmas. Los sismógrafos registraron el tremor antes de que a alguien se le ocurriera medir el temor propiamente dicho con el aparato de turno –si hubiere tal instrumento más allá del mendaz polígrafo que nos estafa en la tele-. El Hierro, sumido, por tanto, en su tremor volcánico, aceptó, al principio, evacuar el pueblo pesquero deLa Restingacomo quien cambia de destino en un solo minuto, que diría Rudyard Kipling. Un pueblo fantasma, con sus calles rulfianas presintiendo las pisadas de almas en vilo. Pero ayer, en el pleno del Cabildo –tan caldeado como las galerías subterráneas de la isla que está al rojo vivo-, hubo un consenso desobediente en reclamar de las autoridades autonómicas la reapertura del túnel que acorta las distancias –un concepto relativo en este caso- entre Frontera y Valverde. Ser una isla en miniatura minimaliza todo y aleja, más que ninguna otra, los pueblos entre sí. El desalojo decretado por el Gobierno canario en sintonía con los planes de Protección Civil, que actúa según manual ajena a las presiones locales, ha terminado incomodando al herreño tranquilo deLa Restingaque dejó su pescado atrás y teme –he aquí el temor junto al tremor- que se le eche a perder. El volcán, si puede llamarse formalmente así a la erupción invisible, a falta de las imágenes que obtenga el batiscafo que viene la semana próxima, no avisa tan previsoramente como quisiera la gente. Los pequeños temblores del Golfo tras las fisuras subacuáticas de esta semana, aconsejan guardar una prudencia sin límites. He oído la expresión “miles de vidas están en juego” y me entran escalofríos, queriendo pensar que el cráter o cráteres que al final se contabilicen arrojen un balance exento de daños personales.

 

A Carracedo, que tiene la geología de las islas en la cabeza y presentará una obra sobre el particular  estos días en Las Palmas de Gran Canaria, le gusta citar la excepción conejera, la erupción del Timanfaya, que empezó tímidamente en el mar como El Hierro –en el siglo XVIII- y atravesó14 kilómetroshasta dentro de Lanzarote. Una paradoja del volcanismo canario más frecuente. Pero suficiente para prevenir antes que curar.

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MADRID

La felicidad es tema coaching donde los haya. Mi amiga Sabina Roleff se especializó en alegría antes del crack financiero. Y hace una década, Pedro Hernández publicó ‘Los moldes de la mente’, con el método del ‘bombeo’, que cura. Hay nombres y palabras que dan grima: Fitch, Moody`s, Standard & Poors, lagarto, lagarto. Me fui a Madrid el fin de semana a distraerme trabajando. Una reunión en una editorial y una tertulia política en TVE. En ‘La noche en 24 horas’, el presentador, Xavier Fortes, sirvió en bandeja la convención de Málaga del PP; dije que los partidos se han encasquillado en el harakiri de los recortes, cuando el FMI les pide ya lo contrario: estímulos económicos. Los discursos quedaron obsoletos con esa cuadratura del círculo: conciliar ajuste y crecimiento, que es “como un sueño en la vigilia”, la definición de poesía de Tomas Tranströmer, el Nobel último: la felicidad del paria consiste en soñarse rico en el duermevela. La periodista Consuelo Sánchez Vicente aconseja a los políticos que dispensen más esperanza y menos apocalipsis (‘Más Platón y menos Prozac’, decía Lou Marinoff). La palabra ‘consuelo’, quién mejor para reivindicarla. Madrid está para comérsela de noche con smog, es un retoño de otoño apacible para callejear. En el bar ‘Hokkaido’ de Alcalá tomo un café espresso exquisito (Madrid está haciendo buenos cafés últimamente, lo que nunca); detrás de la barra atiende una tierna pareja de chinitos recién papás. Los chinos copan el comercio y la restauración; pronto vestirán bata blanca en la botica: su siguiente objetivo puede ser la farmacopea. Pero ante estos jovencísimos asiáticos en su puerperio, admiro la entrega china al trabajo, su estajanovismo feliz. Discutimos de festivos de entre semana y me reconozco un país perezoso. Nos pierde la fiesta y la falta de ‘ética cívica’ para levantar un país que se viene abajo. Almorzamos en ‘Lupita’ (Monte Olivetti, 32), con música huayno y criolla en vivo. Lupita, 53 años, emigró en los 90 desde su Lima natal, y del servicio doméstico pasó a montar una red de restaurantes en Madrid con su receta secreta del pollo al carbón. Lupita se hizo feliz trabajando sin reloj.  En la calle, el nigeriano Emmanuel, parado, me vende por dos euros un ejemplar de ‘La Farola’, ‘el periódico que da pan y techo’. Y dignidad.

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HA MUERTO ORLANDO COVA EN BRAZOS DE BUKOWSKI

 


Orlando Cova era poeta. Era novelista. Era estilísticamente un escritor enrabietado que militaba en las entrañas de la palabra. Daba la medida del escritor maldito, pero nadie debería reprocharle su marginalidad buscada en las galerías secretas del mundo literario local. En los últimos brochazos que le dio a la vida consumía a propósito Bukowski y Pessoa a destajo. Y ya se sabe, ambos conducen al precipicio que devuelve al hombre a la lúcida resaca de cada mañana. Orlando, la última vez que nos vimos, Orlando, poeta de San Andrés, en la esquina de Anaga conLa Marina, o fue en la terracita del bar Capricho –remozado y desasistido de ‘Arroz’ y los borrachitos exfoliados-, me hablaste de los libros que pensabas publicar y de los libros que pensabas escribir y de los libros que no pensabas escribir ni publicar, como si me repitieras el mismo mantra de otros encuentros inesperados en mitad de la calle de los que está llena la vida: tus libros raigales y auténticos como tus vidas vividas al límite, ajenos unos y otras al establishment editorial de los agasajos, promociones y tournés de pacotilla de la jet literaria rutilante. Cova, como Ezequiel Pérez Plasencia, o Jesús Rivero y Víctor Ramírez, y como su desolado amigo Anghel Morales, era un poeta, un escritor clandestino. Un mismo clan. Un mismo destino resistente en las periferias iluminadas de la literatura insular. Orlando perseguía últimamente la sombra del personaje Orlando que le suplantaba como un heterónimo de Pessoa. Y sus correligionarios de esa generación rota en mil pedazos le lloran ahora que ha fallecido como si les hubiera caído una maldición encima, una racha de poetas muertos en el laberinto donde se sentían a salvo, alejados de los focos, a solas con el Minotauro. Antes, Ernesto Delgado, Ezequiel Pérez Plasencia y ahora Orlando, esa estela de pisadas torcidas que se llevó por delante también al periodista taciturno de la crónica negra urbana Antonio Bernal. El mismo viento sequero que tumbó a Luis Feria en la soledad de su domicilio infranqueable. Y el que mucho antes nos privó de Félix Francisco Casanova, un poeta coetáneo que me deslumbró con aquel presentimiento de que nunca nos habríamos de conocer, aunque estuviéramos vivos en la misma ciudad, porque uno de los dos habría de morir primero. Nos despedimos en la esquina, Orlando, y fue la última vez como el día que vi pasar de largo a Rimbaud por una calle de Santa Cruz y lo sigo viendo de espalda con la melena cayéndole sobre los hombros. Ahora, me detuve en el escaparate dela Libreríadel Cabildo, en el antiguo Cine Baudet, a recomponer el rastro telúrico de tus libros descarnados, las ‘Cosas del lago rojo’, ‘Los bares de Isabel’, ‘En las afueras del balayo’, ‘Hospital principal del norte’, ‘De sábanas sangrantes’… Se nos mueren los poetas, dije. Se fue sin avisar Mariano Vega, fue diciéndonos adiós Rafael Arozarena hasta que un día se despidió de verdad. Y Víctor Álamo me recuerda las muertes anteriores de Manolo Padorno y José María Millares Sall. ¿Estaremos quedándonos solos sin darnos cuenta? Si dimiten los poetas del mundo, porque el mundo no está para poesías, entonces nos iremos enfermando sin ellos hasta cae de bruces. El viejo Stéphane Hessel acaba de decir en sus memorias, ‘Mi baile con el siglo’, que ha sobrevivido gracias al amor que le ha acompañado toda la vida. El amor por la poesía. Sin embargo, decir que morir no es la mejor elección es llevarle todavía la contraria a los poetas. Bukowski se salió con la suya.

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RAFAEL A.


No cuesta pensar en Rafael Arozarena, con tubos, piquetas y frascos en la mochila, paseando a estas alturas entre nubes con una piedra de ópalo en el bolsillo esperando a que se acabe el queroseno. Todo lo que sentía, presentía y disentía lo dejó escrito en versos paladinos o indescifrables. Le bastaba la isla para hacerse viejo, como trozo de mar petrificada. Si hoy vivieran, se turnarían él y Telesforo Bravo para hacer guardia hasta que asomara una isla en el Mar de las Calmas, o evacuar a tiempo a las mariposas si El Hierro pariera un volcán. Era uno de los iconos de la librería de mi tío Paco. Yo era un niño y ya él era un mito en las estanterías (finalista del Nadal, 1971, Editorial Noguer, 1973). En la antología elaborada por Juan José Delgado parala AcademiaCanariadela Lenguafluyen las coladas del poeta que guardaba el paisaje como un ‘bicho’ raro, amigo de himenópteros y tropos, creador naturalista de su propio universo literario: ‘Fetasa’ le deparó, como los cronopios a Cortázar, un territorio imaginario hecho, sin embargo, a su medida. Fetasianos como él, Isaac de Vega (la misma extraña ósmosis que Borges y Bioy Casares), J. A. Padrón, Pimentel y Antonio Bermejo (reivindicado con fe ciega por Roberto Cabrera y Kolia: aquel cuentista maldito, inédito y sepultado; su novela ‘La lluvia no dice nada’, premio Pérez Armas, desapareció de la faz de la tierra) certifica la condición grupal. Y ganó adeptos, como el malogrado escritor Manuel Villalba Perera. Arozarena no repudiaba su novela juvenil ‘Mararía’, ni completamente la película, lo que le agotaba era verse reducido a esa novela, prefería ‘Cerveza de grano rojo’, y clamaba por su obra poética y hasta por su obra de entomólogo, que acarició imantado ala HistoriaNaturalde Webb y Berthelot. ‘Mararía’ fue el debut, me dijo. Reposaba junto a una osamenta animal en la estepa de Femés y se le apareció aquel cadáver vivo de ejemplar de mujer de figura adolescente avanzando hacia él, hasta descubrir las piernas sarmentosas de la anciana embrujada. Me cruzo, por cierto, a menudo con una mujer barbuda y alta, cargada de años, que se cubre el pelo con un pañuelo y se descubre las piernas delgadas para subir la acera del Mencey sin tensarse la falda. Camino de Bajamar aLa Orotavapara un encuentro con escolares, me habló de la vesanía en Femés, cuando lo envióla Telefónicay puso pies en Polvorosa para no tirarse por una ladera de aquellas montañas. Sus diálisis literarias eran célebres y sus tertulias fetasianas en ‘el Arkaba’ dela Avenidade Anaga. “Nos quitaron las alas y nos dejaron las uñas”. Quería volar, como Leonardo da Vinci.

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