Nice to meet you (chapter 2)

Dicen que la vida es puro teatro, para mí lo fue un tiempo hasta que descubrí el cine, o bueno, más bien el cine me descubrió a mí. Ya os he contado como fueron mis comienzos en la interpretación, casualidades y textos medievales, y de nuevo la casualidad le dio un giro a mi vida, llevándome a textos más actuales.

Ya os conté que había empezado a trabajar en una compañía profesional en un proyecto de teatro pedagógico por institutos, pues bien, en el segundo año nuestro compañero tuvo que abandonarnos para atender sus estudios, y el compañero que le sustituyó es el culpable de todo jeje. Cuando le conocí no podía ni imaginar lo que iba a venir con él. Él era actor de cine, había trabajado muchísimo con grandes realizadores canarios y una noche me envía un mensaje diciéndome que va a trabajar en un corto de un director muy importante de aquí, que le falta la actriz y que ha pensado en mí, que le ha dado mi contacto y que ya me avisará para una prueba. Entré en shock, por suerte tenía un Martini a mi alcance para desbloquearme. Efectivamente el director me escribió, pero yo estaba en medio de una tragedia familiar y ni le respondí. Curiosamente, un día me encontraba en el despacho de mi padre leyendo su mail cuando me llamó por teléfono y, tras una extraña conversación, accedí, de muy mala gana, todo hay que decirlo, a presentarme a una prueba para el papel. No quería ir, pero mi padre desde su cama, recién operado del corazón, con un drama sólo digno de una muerte de Sean Connery, me dijo: “hija mía, preséntate, que nunca sabes dónde está lo tuyo”. Qué razón tenía.

Aterrada, con el estómago del revés, poniéndome lo más mona que me permitía la parálisis de pánico que se había apropiado de mi cara y texto en mano, me presenté en la productora. Resumo: conexión instantánea con el director, pánico desterrado, chico de producción viejo compañero de estudios, muchas risas y tres castings después tenía el papel y comenzó la primera gran aventura de mi vida. El corto tuvo diecisiete premios internacionales, dos de ellos a mí como mejor actriz, ¡no me lo podía creer!, creo que no deje de sonreír durante meses, ese trabajo cambió mi vida, en lo profesional y también en lo personal, pero para el marujeo nos sentamos con un café, o mejor con un Martini. El corto trajo consigo estrenos, festivales, periódicos, sesiones de fotos… de pronto los directores canarios querían trabajar conmigo, ¡conmigo! era increíble, me sentí tan Angelina por momentos…

Además del cine, llegó la fotografía, el director de foto del corto me propuso participar en una sesión de fotos y queridos, no puedo explicaros ni remotamente la emoción que sentí, ¿yo, modelo? ¿posando para un fotógrafo de verdad? ¿con modelos de verdad? Alucinante, yo no lo sabía entonces, pero fue la primera de muchas.

Más tarde vinieron los castigns, uuf terrible experiencia, pero de los castigns os hablaré largo y tendido en otra ocasión porque se podría escribir todo un manual psicológico ilustrado sobre el “efecto casting”. Empecé a hacer publicidad, porque los cortometrajes y las fotos son fabulosos pero no pagan facturas. Es un mundo curioso la publicidad, es cine en pequeñito, por lo general con menos medios, menos equipo, y con un fin algo más lucrativo, pero lo más curioso es la exposición, me refiero a que con los cortos y la foto te presentas a un público más restringido, te conocen en un círculo más cerrado, pero la televisión es muy poderosa, entras en todas las casas y de repente, un día te ves haciendo la compra y una señora se te acerca y te dice: “perdona mi niña, tu eres la del anuncio, no?” Es muy desconcertante, pero más aún, cuando un desconocido se dirigen a ti por tu nombre: “hola, perdona, tu eres fulanita, no?” Y ante tu cara de pavor, continúa: “es que te vi en tal obra o en tal corto”, y ya respiras y dejas de temer por tu vida.  El episodio más divertido que he vivido fue una tarde paseando por La Laguna con mi madre, acababa de pasar por una ruptura horrible y mi madre me sacó a rastras para distraerme, aunque yo seguía con mi cara de tragedia oculta tras unas gafas de sol gigantes, clínex en mano, cuando, mientras miramos un escaparate, una tierna pareja de adolecentes se me queda mirando y la chica empieza a golpear al chico y le grita: ¡miiiira! ¡Esa chica es famosa! Ella me miraba como si hubiese visto a los Pitt-Jolie, jajaja y la verdad es que en ese momento lo fui, fui la Jolie de La Laguna. El episodio culminó con mi madre henchida de orgullo y yo con un necesario ataque de risa que me hizo desear unas gafas de sol más grandes.

Después de un desafortunado accidente en casa, tuve que cogerme una baja y a la vuelta de ella y tras mucha reflexión dejé mi trabajo como logopeda y me dediqué exclusivamente a la interpretación, o eso pretendía, como estaba aún con la rehabilitación, no salía trabajo y demás, empecé de a trabajar en  la productora que acaba de montar mi pareja en ese momento. Allí aprendí el trabajo de producción, que por cierto me encanta, trabajé como comunity manager, hice vestuario, cargué focos, compré atrezzo, era un poco multifunción, como las impresoras. Hice un poco de todo, aprendí lo que es estar al otro lado de la cámara, pero no podía evitarlo, me moría por estar delante. Aprendí mucho trabajando allí, pero por circunstancias de la vida dejé aquel trabajo y traté de dedicarme a lo mío, a contar mentiras de verdad. Y en la batalla sigo, siguen los castings, siguen las producciones, las fotos, los guiones y ahora, además, los escritos, así que poco a poco os iré contando los entresijos de esta extraña profesión para locos, porque queridos, es como enamorarse de una persona complicada, para soportarla hay que estar loco por ella.

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