Amores que matan

A menudo me veis escribir sobre la profesión de actriz con mucha pasión, referirme a ella como un amante, como si no se tratara de un trabajo si no de un romance, y es cierto que es una profesión que se ama y se vive con pasión, pero que exige tanto como una relación y te da algún que otro disgustillo.

 

Es una relación que no puedes descuidar, es una amante caprichosa y exige mucha atención, has de mimarla cada día, tener detalles con ella… es realmente agotador.

 

Debes darle muchos regalitos: este mes un curso, el que viene un seminario y al siguiente un fin de semana romántico en un taller de interpretación. Hay que estar en continua formación, debes interesarte por los proyectos que se hacen, las productoras que están trabajando, los grupos de teatro que se están moviendo. Si realmente te apasiona, y te ocurre como a mi que quieres saber todo lo que atañe a tu amada, debes conocer cosas como con qué cámara trabajarás y por qué con esa cámara, debes conocer un poco las luces, el sonido, tener nociones de maquillaje… en mi caso, no es sólo que me guste, es que creo que así facilito el trabajo al equipo, no sé, me gusta ser una amante generosa.

 

Debes ir continuamente a castigns, citas para las que te arreglas con mucho cariño e ilusión, castings en los que te sentirás incómoda, pequeña, verás a las otras chicas que podrían robarte a tu amor y quieres salir corriendo, y luego, la espera, días de espera junto al teléfono para, tal vez, recibir un “no”. Y con el tiempo tu perfil va cambiando,  ya no eres una bella veinteañera que protagonizará escenas de fiesta, vacaciones y romances en la playa con olor a Ralph Lauren, pasas a ser una madre de familia, muy chic eso sí, con un marido y dos niños a cuestas que toman un té helado en la plaza de algún pueblo de promoción turística.

 

Hay momentos en los que de verdad me agoto, me faltan fuerzas para cuidar de ella, casi no puedo cuidar de mí, no tengo fuerzas para otro rechazo, para otra monotonía, para otra espera decepcionante. Es muy dura esta profesión cuando llegas a cierta edad y resulta que, creyendo que el destino te había puesto ahí, que una noche de amor te convencieron de que ese era tu sitio y que te esperaba algo especial, te das cuenta de que ha pasado el tiempo, de que llevas años sin cotizar, sin paro, trabajando en colaboraciones que te llenan el alma pero no la cuenta corriente, que este mes tampoco pagas el alquiler y tus planes de futuro deben esperar, te aborda una profunda tristeza, te paras, miras y piensas: por qué me enamoraría de ti, nunca debí dedicarme a esto, es una relación tan difícil, pero no puedo vivir sin ti, necesito subirme a unas tablas, contar mentiras, mirarme en un objetivo y contar nuestras historias.

 

Es un amor taaaan difícil, de esos que te abruman, te atormentan, te dan la vida y luego te ahogan en lágrimas, no tiene madera de casada, es difícil imaginar un “juntos para siempre”, pero todos los que nos dedicamos a ella, que vivimos por ella, sabemos que a ningún amor le seremos tan fieles, porque aunque duela, la llevamos dentro.

Fall in love

1 comentario

  • Isabel Déniz

    Te leo y pienso en los muertos que no están muertos porque se han retirado a tiempo… (¿…a tiempo!?!?..). Amores que sí o sí matan porque se llevan siempre dentro. Besos! 🙂

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