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Maldita la hora

Maldita la hora en que llegué aquí.

Maldita la hora en que me pusiste frente a una cámara, te culpo a ti, te culpo de todo.

Maldita la hora en que encontré mi sitio, ese sitio al que nunca he sabido (o mas bien podido) volver.

Maldita la hora en que me puse al otro lado y perdí de vista el camino de vuelta.

Maldita la hora en que mi felicidad hizo un alto a mis posibilidades, parece ser que hay que elegir, siempre hay que elegir.

Maldita la hora en que me sentí plena, en que se abrió un futuro, una posibilidad, echando abajo todos los proyectos, aparentemente, sencillos que había planeado.

Maldita la hora en que volqué en ti mi identidad, ahora no sé qué soy, tampoco sé quién soy.

Tal vez no llegue a saberlo nunca.

 

¿Cómo te recuperas de la utopía?

¿Cómo renuncias al sueño?

Hace mucho tiempo que me volví demasiado realista como para tener sueños, pero me permití una licencia y ahí me perdí.

 

No sé si todo está perdido o sólo me he perdido a mi, las cosas han perdido su fin y su razón de ser, los esfuerzos no tienen un porqué, se han convertido en hábito, “hay que hacerlo”, aunque sólo vayan a  ocupar espacio en un papel.

 

Quisiera acabar con una sonrisa, un mensaje positivo, de amor, como suelo hacer, pero hoy no, hoy no puedo, no tengo fuerzas, tal vez mañana reedite el texto, pero hoy, hoy me rindo.

Siempre actriz

En estos días se cumplen 10 años de mi primera incursión en el cine, del proyecto que lo cambió todo, que marcó un nuevo rumbo en mi vida, un nuevo camino profesional, nuevos conocimientos, nuevas personas…

 

Muy a menudo pienso que sin ese rodaje, y todo lo que trajo consigo, tal vez nunca hubiera llegado a donde estoy hoy, acompañada de quien estoy y con mi nueva familia, o tal vez sí.

 

Sin duda, se me presentó un nuevo amor profesional, algo que nunca había creído posible: trabajar como actriz en Canarias. Durante mucho tiempo fue esta profesional la que me puso los macarrones en la mesa, como decía un amigo, hoy día las cosas son bien distintas, hace mucho que no actúo (Dios, me muero por declamar un texto) apenas sí hago alguna sesión de fotos y la publi ante las cámaras sólo es un vago recuerdo. Esta profesión es lo que tiene, y más en Canarias, que se agota muy rápido.

 

No obstante, es una profesión que aunque parece haberme olvidado, yo sigo guardándole mucho cariño, amor, incluso, porque sí debo reconocer que tampoco he sido valiente para comprometerme con ella y poco a poco la vida se impone. Pero siempre la recordaré como el gran amor (profesional) de mi vida, la que hizo sentir viva, me hizo sentir que, al fin, hacía algo bien, y que, por fin, había encontrado mi sitio, ahí, justo ahí, frente a la cámara, ANTE TUS OJOS.

 

Tal vez no volvamos a encontrarnos, tal vez esta profesión desaparezca de mi vida, pero siempre recordaré ese rodaje como una gran experiencia, y no me arrepiento de nada, agradezco todo lo bueno y malo que trajo, sobre todo esta sensación de que, actúe o no actúe, siempre seré ACTRIZ.

 

MIL GARCIAS.

Adiction

Ser actor. Ser actriz. Ser actriz en Canarias. Ser actriz de más de treinta años en Canarias. Son palabras que dan miedo ¿verdad? Palabras que harían salir corriendo a cualquiera con un poco de cordura. Palabras que chocan irremediablemente con un tipo de vida “normal”, con planes de futuro, con hipotecas, coches, familias… Palabras sólo aptas para aquellos con mucho coraje o muy poca sensatez. Creo que yo soy de los segundos.

 

Perdí la sensatez la primera vez que dije un texto frente a una cámara, lo hice, ahora lo sé. Fue como un chute de heroína, o como nos enseñó “Trainspotting” que sería: todo se volvió naranja, con cambios de velocidad, y , de repente, un escalofrío. Ya estaba perdida. Lo tenía en las venas.

 

Esta profesión es como enamorarse de la persona equivocada. Alguien que te hace daño, alguien difícil. Sabes que estás jodido, que tu vida no va a ser fácil a partir de ahora, que nada será como en las películas, pero aún así sigues, porque algo te engancha, te atrae sin remedio.

 

Esta profesión saca lo peor de ti: la envidia, los celos. Hay demasiadas mujeres que luchan por tu hombre, demasiados picos de serotonina que te llevan a entrar en un total desequilibrio.

 

Si tienes suerte, vivirás un maravilloso romance lleno de emociones, de sensaciones y todo será nuevo. Sentirás el subidón, el cambio de ritmo y el color naranja, pero sólo serás una flor de un día. Todo acaba, todo pasa, y te abandonará. Ya no serás “ella”, vendrá otra, sangre nueva, más joven, más bella, con más talento, con aquello que tú ya no tienes o que quizá nunca tuviste y sientes cosas horribles, cosas que nunca antes te permitiste sentir, porque las detestas pero están ahí, vienen a por ti. Ya no recordará tu nombre, tal vez te nombre alguna vez, como una anécdota, como una más en la lista. Da igual lo vivido, los premios, los festivales, los besos… Da igual, sólo eres un nombre en unos créditos.

 

Y ese es el momento, el momento en que te rindes, el momento en que Danny Glover diría: “estoy muy mayor para esta mierda”. Y te prometes que se acabó, que hasta aquí llegaste, que ahora vas a tener una vida normal, que vas a atender tus sueños de antes, tu hipoteca, tu coche, vas a ser madre… Pero llega una llega una llamada, o un whatsapp, que la tecnología nos ha enfriado, y te proponen unas fotos, un “fashion”, un corto, lo que sea, y algo se activa, el escalofrío, quieres decir que no, pero no puedes, ya está en tu adn. “Me volverá hacer daño”, te lo repites, una y otra vez, pero no escuchas. Sólo oyes lo que no quieres oír, estás perdida. Lo has vuelto a hacer. Te prometes que será el último, esta relación es demasiado difícil, la lucha es demasiado difícil. ¿y las opciones? Uff, hay que arriesgar demasiado. No tengo edad. Pasó mi momento. Este tipo de amor, no es para mi.

 

Te engañas porque sabes que le querrás para el resto de tu vida, y cuando de verdad te hayas rendido y hayas conseguido todos esos sueños vacuos de gente normal, volverá a llamar a tu puerta. Porque él tampoco te olvida, ya eres parte de él y caerás, ya lo creo que caerás, porque este amor, esta profesión, es la muestra de masoquismo mas deliciosa que hay.

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