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God bless the cinema

Hace un tiempo, mi marido me hizo una apreciación muy interesante: comparaba a las parejas de técnicos de cine con las esposas de los militares. No me pudo parecer más acertado.

El ser pareja de un técnico de cine (o publicidad) puede parecer muy glamuroso (como todo en esta profesión) o divertido, seguro que estaréis pensando que puedes conocer a los actores, ir a fiestas de fin de rodaje, estrenos… Pinchad esa burbuja e imaginaos la siguiente estampa: un hombre de 90 kilos, sudoroso, asfixiado por el estrés y por estos treinta y tantos grados que se resisten a abandonarnos, oculto tras una máquina que bien podría controlar el Enterprise, con unos veinte mil aparatos conectados y cada mano manejando cada uno de ellos a una media de tres milisegundos por aparato, así, aproximadamente, pues ese, ESE, es mi marido. Ese es el panorama que te encuentras cuando vas de visita al rodaje. No parece un escenario fácil de abordar, verdad? Si lo intentas en probable que, como poco, te vayas a sentir ignorada, estorbando a un nivel desconocido por el hombre y marchándote a casa con unos gritos más, un beso menos y con tu nivel de amor propio a un nivel que no llegaba desde el flequillo de la adolescencia.

 

Esa es nuestra vida, chic@s. Durante el mes, dos meses que puede durar el rodaje de una peli, me siento como la mujer de un soldado o de un astronauta.

 

Tu esposo está totalmente ilocalizable, no existe el Whatsapp, ni el mail, el teléfono, su voz, es un vago recuerdo, pero de vez en cuando, suena ese tintineo y te llega una foto, una captura de pantalla del rodaje, para que veas que se acuerda de ti, que aunque esté ahí fuera, en la batalla, haciendo historia para nuestro país, se sigue acordando de ti, supongo que será lo más parecido a las cartas que recibían las mujeres en la guerra, esas promesas de amor y boda a su regreso. Ilusión y sueños, a fin de cuentas.

Pero no todo es malo, tú esperas en casa, viendo series compulsivamente, pero esas series que no podrías ver con él, esos placeres culpables, preparando magdalenas, porque aunque parezca que no, se mata mucho el tiempo, sales con amigos, ves a la familia, y cocinas, cocinas mucho, y también haces tonterías como esperarle hasta las 11 de la noche que vuelva del rodaje con la ropa y el maquillaje de todo el día, para que al llegar a casa te vea guapa, que no se le olvide que eres guapa y no esa bolita arrugada que besa por las mañanas antes de irse, y que tienes más ropa aparte del pijama.

Y todo esto, si es un rodaje local, si ya les toca irse fuera, tenemos un problema, Houston. Si les toca pasar un mes fuera, y tú en esta ocasión no puedes ir “de séquito” y toca estar en casa defendiendo el castillo, no queda de otra que hacer de tripas corazón, pincharte algo de Elton Jhon y mientras escuchas Rocket man piensas que vale la pena el esfuerzo, vale la pena las noche sin él y los días eternos, que aunque la casa se hace enorme, y la cama aún más, que echas de menos los abrazos como si los necesitaras para respirar, vale la pena porque sabes que está haciendo aquello que le apasiona, que volverá a casa más grande y con más amor, y lo que es mas importante, habrá hecho historia, habrá formado parte de esa magia del cine que alimenta los sueños de muchos de nosotros, aquellos sueños que guardamos en un cajón para usar la fuerza que nos dan en el crecimiento del equipo porque el regreso siempre lo compensa. Todo el amor que no has podido darte en ese tiempo sale a borbotones, mil historias que contar, planes por hacer, como si, de repente , todo fuera nuevo.

Con suerte, con el tiempo llegará el estreno, la difusión, el orgullo y la satisfacción de un trabajo bien hecho, el equipo le agradecerá su entrega y tú podrás alzar a barbilla con orgullo, diciendo: “ ese de los créditos, ESE, es mi marido”.

God bless the cinema.

Adiction

Ser actor. Ser actriz. Ser actriz en Canarias. Ser actriz de más de treinta años en Canarias. Son palabras que dan miedo ¿verdad? Palabras que harían salir corriendo a cualquiera con un poco de cordura. Palabras que chocan irremediablemente con un tipo de vida “normal”, con planes de futuro, con hipotecas, coches, familias… Palabras sólo aptas para aquellos con mucho coraje o muy poca sensatez. Creo que yo soy de los segundos.

 

Perdí la sensatez la primera vez que dije un texto frente a una cámara, lo hice, ahora lo sé. Fue como un chute de heroína, o como nos enseñó “Trainspotting” que sería: todo se volvió naranja, con cambios de velocidad, y , de repente, un escalofrío. Ya estaba perdida. Lo tenía en las venas.

 

Esta profesión es como enamorarse de la persona equivocada. Alguien que te hace daño, alguien difícil. Sabes que estás jodido, que tu vida no va a ser fácil a partir de ahora, que nada será como en las películas, pero aún así sigues, porque algo te engancha, te atrae sin remedio.

 

Esta profesión saca lo peor de ti: la envidia, los celos. Hay demasiadas mujeres que luchan por tu hombre, demasiados picos de serotonina que te llevan a entrar en un total desequilibrio.

 

Si tienes suerte, vivirás un maravilloso romance lleno de emociones, de sensaciones y todo será nuevo. Sentirás el subidón, el cambio de ritmo y el color naranja, pero sólo serás una flor de un día. Todo acaba, todo pasa, y te abandonará. Ya no serás “ella”, vendrá otra, sangre nueva, más joven, más bella, con más talento, con aquello que tú ya no tienes o que quizá nunca tuviste y sientes cosas horribles, cosas que nunca antes te permitiste sentir, porque las detestas pero están ahí, vienen a por ti. Ya no recordará tu nombre, tal vez te nombre alguna vez, como una anécdota, como una más en la lista. Da igual lo vivido, los premios, los festivales, los besos… Da igual, sólo eres un nombre en unos créditos.

 

Y ese es el momento, el momento en que te rindes, el momento en que Danny Glover diría: “estoy muy mayor para esta mierda”. Y te prometes que se acabó, que hasta aquí llegaste, que ahora vas a tener una vida normal, que vas a atender tus sueños de antes, tu hipoteca, tu coche, vas a ser madre… Pero llega una llega una llamada, o un whatsapp, que la tecnología nos ha enfriado, y te proponen unas fotos, un “fashion”, un corto, lo que sea, y algo se activa, el escalofrío, quieres decir que no, pero no puedes, ya está en tu adn. “Me volverá hacer daño”, te lo repites, una y otra vez, pero no escuchas. Sólo oyes lo que no quieres oír, estás perdida. Lo has vuelto a hacer. Te prometes que será el último, esta relación es demasiado difícil, la lucha es demasiado difícil. ¿y las opciones? Uff, hay que arriesgar demasiado. No tengo edad. Pasó mi momento. Este tipo de amor, no es para mi.

 

Te engañas porque sabes que le querrás para el resto de tu vida, y cuando de verdad te hayas rendido y hayas conseguido todos esos sueños vacuos de gente normal, volverá a llamar a tu puerta. Porque él tampoco te olvida, ya eres parte de él y caerás, ya lo creo que caerás, porque este amor, esta profesión, es la muestra de masoquismo mas deliciosa que hay.

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¿Realidad o ficción?

El cine tiene algo mágico, te transporta a lugares y épocas desconocidas, con personajes que quisieras encontrar en la vida real, pero sobre todo, remueve los sentimientos, millones de sentimientos, o al menos a mi. Recuerdo que incluso de pequeña veía películas y me afectaban muchísimo, empatizo mucho con los personajes, me meto en la historia y la vivo. Mi chico se parte de risa porque me ve gritándole al malo como una descosida, o llorando a lágrima viva como si acabasen de romperme el corazón, “¡Menudo disgusto!”, me dice, pero no lo puedo evitar, si me engancha, lo vivo. 

 

La verdad es que es extraño, recuerdo ocasiones en que me encerraba en mi cuarto a ver una película y cuando acababa me sentía completamente desolada de volver a la realidad, la vida no era tan bonita, no tenía música, ni esa luz, ni yo era tan fuerte como la protagonista, ni el chico lucharía por mi, no, la vida no era así.

 

Hace un tiempo fuimos a ver “El quinto poder”, y salí sumida en un pensamiento de autoreproche: ¿has visto lo que hizo ese tío sólo con un ordenador y un par de esbirros? ¿qué has hecho tú con tu vida?, sintiéndome completamente miserable por no haber hecho algo con mi tiempo, y me planteé: ¿esto es lo que provoca el cine? ¿por qué mi querido cine me hace esto? ¿habré provocado yo ese sentimiento en alguien?

 

Es increíble lo que pueden provocar unas imágenes en un determinado momento, hay películas que todos sabemos que no debemos ver tras una ruptura, o cuando estamos enfermos, o si nos quedamos solos en casa. ¿Quien no ha cometido el error de ver Los puentes de Madison cuando su pareja acababa de dejarle, y acabar sepultado por un mar de pañuelos húmedos y restos de helado de chocolate en los labios? ¿O ver El resplandor una noche en casa porque lo daban por la tele, es un peliculón y hay que verlo, y luego ser incapaz de recorrer el pasillo hasta el baño aún a riesgo de una explosión de vejiga? Sí, queridos, eso es así, es el poder del celuloide.

 

Lo curioso es que pasa algo similar cuando estás al otro lado de la cámara, es decir, cuando eres la actriz, el personaje fuerte por el que lucha el chico, vas al rodaje y durante doce horas eres fuerte, valiente, haces cosas que nunca harías, un hombre te ama con locura y hará lo que sea por no perderte, y hasta que suena un “corten!” te sientes la mujer más especial del mundo, aprendes a montar en moto, te enfrentas a un exmarido… y luego lo ves en la pantalla, con la música, la luz, y piensas: yo lo viví, esa era yo, y recuerdas lo que sentiste y lo revives por un instante, y cuando todo termina te sientes desolada de volver a la realidad, una realidad sin kinos y sin banda sonora, pero a veces, con suerte, con mucha suerte, como la que tengo yo, llegas a casa y hay alguien que hace que te sientas la mujer más especial del mundo y hace que suene Puccini en tu cabeza, sin focos, sin cámara y sin “¡corten!”.

 

El cine puede ser muy cruel, pero también nos regala dulces momentos, trepidantes experiencias, pero debemos ser más listos y no dejarnos llevar, y recordar que muchas veces, más de las que pensamos, la realidad supera a la ficción.

Amores que matan

A menudo me veis escribir sobre la profesión de actriz con mucha pasión, referirme a ella como un amante, como si no se tratara de un trabajo si no de un romance, y es cierto que es una profesión que se ama y se vive con pasión, pero que exige tanto como una relación y te da algún que otro disgustillo.

 

Es una relación que no puedes descuidar, es una amante caprichosa y exige mucha atención, has de mimarla cada día, tener detalles con ella… es realmente agotador.

 

Debes darle muchos regalitos: este mes un curso, el que viene un seminario y al siguiente un fin de semana romántico en un taller de interpretación. Hay que estar en continua formación, debes interesarte por los proyectos que se hacen, las productoras que están trabajando, los grupos de teatro que se están moviendo. Si realmente te apasiona, y te ocurre como a mi que quieres saber todo lo que atañe a tu amada, debes conocer cosas como con qué cámara trabajarás y por qué con esa cámara, debes conocer un poco las luces, el sonido, tener nociones de maquillaje… en mi caso, no es sólo que me guste, es que creo que así facilito el trabajo al equipo, no sé, me gusta ser una amante generosa.

 

Debes ir continuamente a castigns, citas para las que te arreglas con mucho cariño e ilusión, castings en los que te sentirás incómoda, pequeña, verás a las otras chicas que podrían robarte a tu amor y quieres salir corriendo, y luego, la espera, días de espera junto al teléfono para, tal vez, recibir un “no”. Y con el tiempo tu perfil va cambiando,  ya no eres una bella veinteañera que protagonizará escenas de fiesta, vacaciones y romances en la playa con olor a Ralph Lauren, pasas a ser una madre de familia, muy chic eso sí, con un marido y dos niños a cuestas que toman un té helado en la plaza de algún pueblo de promoción turística.

 

Hay momentos en los que de verdad me agoto, me faltan fuerzas para cuidar de ella, casi no puedo cuidar de mí, no tengo fuerzas para otro rechazo, para otra monotonía, para otra espera decepcionante. Es muy dura esta profesión cuando llegas a cierta edad y resulta que, creyendo que el destino te había puesto ahí, que una noche de amor te convencieron de que ese era tu sitio y que te esperaba algo especial, te das cuenta de que ha pasado el tiempo, de que llevas años sin cotizar, sin paro, trabajando en colaboraciones que te llenan el alma pero no la cuenta corriente, que este mes tampoco pagas el alquiler y tus planes de futuro deben esperar, te aborda una profunda tristeza, te paras, miras y piensas: por qué me enamoraría de ti, nunca debí dedicarme a esto, es una relación tan difícil, pero no puedo vivir sin ti, necesito subirme a unas tablas, contar mentiras, mirarme en un objetivo y contar nuestras historias.

 

Es un amor taaaan difícil, de esos que te abruman, te atormentan, te dan la vida y luego te ahogan en lágrimas, no tiene madera de casada, es difícil imaginar un “juntos para siempre”, pero todos los que nos dedicamos a ella, que vivimos por ella, sabemos que a ningún amor le seremos tan fieles, porque aunque duela, la llevamos dentro.

Fall in love

No fear, no mercy, just casting!

¿Alguna vez os habéis encontrado en medio de una fiesta, mirado alrededor y sentir como ibais encogiendo al grito de “trágame tierra, qué hago yo aquí”? Esa, más o menos es la sensación que una tiene en la sala de espera para un casting.

 

Es una sensación curiosa, a veces desagradable, en realidad, lo duro que te resulte un casting será directamente proporcional a lo que necesites el trabajo, como cualquier entrevista de trabajo, sólo que aquí te sientes mucho más expuesta. En una entrevista de trabajo “normal” se te valorará por tus logros académicos, tu experiencia profesional… en un casting, por lo general, sólo importa tu aspecto, según para que sea el casting claro, pero normalmente, buscan un perfil determinado, una imagen, si la tienes bien, si no, no podrás hacer nada para optar a ese empleo, es decir, que si quieren una rubia de metro ochenta con pinta de alemana con hambre pues chica, poco puedo hacer yo. Otras veces, piden interpretación, tal vez para un corto, una peli o una publi en la que tienes acting, ahí ya tenemos alguna opción.

 

Como os digo, muchas veces, valoran simplemente la imagen, y no lo digo en un sentido frívolo, sino que, como os digo, buscan una chica o chico con una imagen determinada, con lo cual pasas de veinte a ciento ochenta minutos esperando en una sala con un montón de chicos y chicas divinos que se miran entre ellos con el rabillo del ojo. No puedo hablar de lo que piensan los demás pero yo suelo empezar a agobiarme por momentos, empiezo a sentirme mayor, a sentirme fea, a pensar en que hago allí, en que debería dedicarme a otra cosa, intercambio whatsapps de desesperación con mi pareja o un amigo que intenta calmarme y hacer que recuerde por qué estoy allí. Empiezas a encontrarte con compañeros, siempre somos los mismos jeje, compartes impresiones, haces alguna broma, os contáis un poco los últimos curros e intentas no mirar a la puerta.

 

Después de esa tortura kantiana,  entras a la sala de casting, allí pueden recibirte de una a ocho personas: director, jefe de producción, auxiliares de producción, cámara, fotógrafo… depende. La mayoría suelen saludarte amablemente y te piden que te coloques en la marca, mires a cámara, te hagan unas fotos, dejes tu ficha y… gracias, ya te llamaremos! A veces, con suerte, tienes que hacer algún paripé porque el trabajo exige acting, hasta puede que tengas frase! Con lo cual, sales de allí con una sensación así como “rarica”, no se puede describir muy bien, y lo mejor de todo es cuando un familiar o amigo te pregunta con una enorme sonrisa: ¿¿Qué tal fue el casting?? Por lo general, no hay respuesta para eso.

 

La verdad, que ya llevo algunos castings, todos igual de incómodos, y me han pasado algunas cosas curiosas, tengo que puntualizar que son diferentes los castings como actriz que como modelo, como modelo son más sencillos pero como actriz más gratificante y defendible, pero ambos con resultados igual de inescrutables.

 

El primer casting al que fui fue estupendo, lo cual, ilusa de mi, me hizo creer que todos serían igual de maravitupendos y… va a ser que no. El casting fue para mi primer cortometraje, que encima fue como prota! Y encima ganó un montón de premios! Y encima cambió mi vida! Llegué a la productora y el director estaba tomando café, lo avisaron, vino y yo con una histeria incuantificable, me presenté y pasamos al casting, me senté, me presenté a cámara y solté, mu simpática yo, la separata que me habían mandado, fue muy sencillo porque el director y yo conectamos muy rápido y me fui relajando. Me seleccionaron y tuve que volver para hacer una prueba de diálogo con un actor, y fue muy gracioso porque en la escena le daba una bofetada y el pobre chico cometió el error de decirme: “si te nace darme la bofetada, me la das”, y tanto que se la di que se fue con mi mano marcada en la cara, pobrecillo.

 

Ese corto me dio cierto nombre, mucha gente me conocía y eso no siempre es bueno, cuando te encuentras que llegas a un casting, te recibe un conocido director de cine canario y te saluda efusivamente, y tan amable él, delante del equipo, te dice: “pero bueno Sonsoles, pero qué casting te voy a hacer yo?” a lo que yo pienso: ¿dónde está la muerte cuando se la necesita? Como no venía yo nerviosa… cómo ya te conocen, tienen ciertas expectativas, te pones de los nervios y haces un desastre de casting como el que yo hice.

 

Creo que el casting más curioso al que he asistido fue el casting para las secuencias de cine clásico del Instituto de La Guancha, para los que no lo conozcáis es un instituto especializado en formación audiovisual: realización, producción, fotografía… y el trabajo de fin de curso de primer año es copiar una secuencia de cine clásico, y yo me presenté al casting para varias secuencias y una de ellas era Nosferatu, expresionismo alemán puro y duro, para la cual, por cierto, me cogieron, nunca había interpretado algo así pero ya os contaré largo y tendido. En el casting, mi querido director, me preparó un pequeño set con telas de colores por el suelo, una butaca y una silla negra altísima, tipo socorrista, y mientras iba sonando distintos tipos de música que me evocaran distintos sentimientos, él me iba narrando cosas, me echaba telas por encima, me cambiaba las luces…la historia que contaba acabó muy triste, me tuve que ir a tomar una cerveza al salir para quitarme el mal cuerpo, pero mereció la pena, no sólo fue una gran experiencia sino que descubrí grandes talentos y grandes compañeros. Ese futuro talento canario!

 

En fin, con todo esto sólo os quiero acercar un poquito a este mundillo y que veáis que no es oro todo lo que reluce, que parece que los actores/modelos somos gandules cuyo trabajo es ser profesionalmente tope guapos como diría Zoolander, también pasamos malos tragos, entrevistas de trabajo, decepciones y algunas muy buenas experiencias. Ahora soy yo la que me dedico a torturar talentos viviendo los castings desde dentro, pero eso os lo contaré en otro capítulo.

 

Hasta pronto!

Eligiendo vivir

Hoy os traigo un post un tanto diferente, no voy a contaros secretitos del medio, ni a destripar la profesión, hoy voy a hablaros de sentimientos, del sentimiento de una nueva experiencia, un atrevimiento por mi parte, un intrusismo. Hoy voy a hablaros de mi primera experiencia tras las cámaras, tras las cámaras de verdad, llevando el peso, escribiendo y dirigiendo.

 

He escrito y dirigido un vídeo viral llamado “Elige vivir”, donde recojo la experiencia, el aprendizaje, de un año de dolor. Es el final de un tango, las últimas notas que dan coletazos en tu cabeza cuando ha acabado la canción.

 

Pasé un año muy duro, quizás el peor de mi vida, pasé mucho tiempo en un sofá lamentándome, saciándome de mi propia pena, de sentirme sola, él se ha ido, el dinero también, no hay trabajo, no me puedo refugiar en nada… Me harté, no quise más de aquello, la vida estaba pasando sin mi, no podía permitirlo, así que decidí levantarme, pensar en mis opciones, en lo que sí tenía o podría llegar a tener, en que todo aquello que me entristecía estaba completamente fuera de mis manos, las cosas no iba a cambiar por mucho que llorase, mi única opción era elegir mi actitud ante ello, así que decidí convertir mi dolor en arte (con mucha humildad, que la palabra me queda grande).

 

Así que me levanté y escribí este texto como si de mi declaración de independencia de se tratase, y pensé que podía convertirse en algo más que un texto de queja y un texto de ánimo, un texto de aceptación, podía ser un mensaje para el mundo y tal vez sacar alguna sonrisa. Contacté con el equipo y la respuesta fue magnífica y más aún la acogida del vídeo. No sé cómo agradecerlo, a las personas que asistieron al acto benéfico, a los que han compartido, no tengo palabras para agradecer todos los mensajes de felicitación, de apoyo, hasta de agradecimiento, estoy en una nube, es como si no fuera yo, como si esto no fuera conmigo, a veces, miro el Facebook, el youtube, y veo las más de mil seiscientas visitas que lleva con apenas dos días de vida y la invasión en los muros de Facebook, y tengo que pararme y preguntarle a mi pareja: realmente esto lo he hecho yo?

 

Mil gracias a todos, no sabéis lo que significa para mí.

 

Y quiero acabar con un agradecimiento a las personas que lo hicieron posible:

 

A Ricardo Canino por embarcarse en esta mi locura sin pensarlo y llenarlo todo con su luz (real y figurada), a Haridian Nóbrega por dejarnos a todos bellísimos y llenarlo todo con esa increíble energía que inunda todo donde ella está, a Lau Lorenzo por esas conversaciones en el coche, esas palabras, a Manolo Tricás por hacer que nuestras voces se oigan, a Rocío García, mi querida hermana, mi otra mitad, por decorar mi mensaje con un poquito de su arte, a Fran Caramés por dar coherencia a mi mensaje y a los veintidós actores que prestaron su voz, su imagen y su talento a mi locura personal (Carlos Pedrós, Élida Pérez, Lioba Herrera, Jose Luis de Madariaga, Álvaro Sanz, Aral Krawietz, Irene Pérez, Santi López, Winslow M. Iwaki, Adrián Rosales, Carmen Cabeza, Elvira Tricás, Sigrid Ojel, Yvan Argos, Carlos Quintana, Verónica Galán, Pedro Martín, Raquel García, Miguel Ángel Rábade, Idaira Santana, Irene Álvarez, Vicente Ayala y Antonio Cifo)

 

Aquí les dejo el vídeo, un trocito de mi, me desnudo ante ustedes para que elijan vivir.

 

 

¿Quién habló de frivolidad?

 

En esta ocasión os hablo de la imagen, de la moda, de las frivolidades varias que rodean esta profesión. Sé que suele verse cómo una profesión frívola, superficial, que sólo nos importa la imagen, pero lo cierto es que hay de todo, algunos nos obsesionamos más, otros menos y a veces los roles cambian y resulta que siendo la modelo eres la menos chic del rodaje y te encuentras un gaffer con la colección de bermudas más espectacular que hayas visto nunca.

 

Cierto es que es un trabajo en el que la imagen es muy importante pero no definitoria. He trabajado con gente que su apariencia, la imagen que da, prima por encima de todo, de su trabajo, de la amabilidad, de la corrección en el trato con el cliente y el equipo, por encima de la profesionalidad y el trato cordial. A veces, parece que están perdidos, que no saben quienes son y necesitan una etiqueta para ubicarse.

 

Es difícil dedicarse a esto si tienes una autoestima un poquito floja, porque a fin de cuentas, vas a presentarte a castings en los que te juzgaran por tu talento, tu presencia, tu simpatía y en ocasiones, simplemente por tu imagen. He asistido a castings en los que no he dicho nada más que mi nombre, da igual lo inteligente que sea o lo convincente que pueda llegar a ser recitándote un texto, en ese momento, sólo importa que seas la rubia de metro ochenta que buscan. Yo no es que tenga una autoestima muy férrea, y menos cuando empecé, pero se ha fortalecido con el tiempo a golpe de roturas de corazón, pero basta un mal día o un director grosero para que se me caiga a pedazos. Creo que esto es lo que menos me gusta de mi profesión, lo cruel que puede ser a veces, que a pesar de lo fuerte que pueda mostrarme, consigue convertirme en una quinceañera acomplejada y esa actriz que sube a un escenario haciendo sonar sus tacones se vuelve chiquitita.

 

Sí, queridos, las actrices y modelos tenemos complejos, muuuuchos complejos, y no sólo en cuanto  a nuestro aspecto, pero ese es otro tema. Ahora bien, quiero desvelaros los grandes secretos tras la cámara, antes de que salte el flash o digan acción. Los actores/modelos, solemos llegar al set sin maquillaje (porque es como hay que ir) apenas con algo de crema hidrante, es decir, con nuestras divinas ojeras ocupando media cara, el pelo recién lavado, sin productos domadores de cabello, ni plancha alguna que valga y vistiendo lo más cómodo que pudimos encontrar sin ser nuestro pijama, que de buena gana nos hubiéramos dejado puesto, ya que hay que presentarse en la localización a eso de las seis de la mañana. Oséase, que mucho glamour no emanamos.  Luego, tras una hora u hora y media, según la cara traigas, en maquillaje y peluquería, te visten y te conviertes en un ser humano apto para la cámara y el papel couché. Entonces ya pasamos al set y empiezas a poner caritas, morritos, sonrisitas y lo que mi hermana llama “cara de asco de modelo” que consiste en estar seria pero no enfadada, dulce pero sexy, con la boca entreabierta y ojillos de perro pachón, y con los morros apuntando al objetivo pero sin que se note, es una técnica muy depurada durante años y que ha pasado de generación en generación de modelos, nunca pasa de moda, y por si no fuera suficiente, manteniendo posturas imposibles sobre unos tacones de vértigo. Y mientras haces todo eso, tal vez, estás conteniendo la lágrima porque tu relación se derrumba, o porque tu familia tiene problemas, pero la cámara no debe saberlo.

 

Por si esto os parece poca dosis de realidad, os diré que los actores/modelos también tenemos celulitis!!! Y engordamos!!! Y tenemos que depilarnos!! Y nos salen granos!!!  Y como Murphy es así de majo y odia a nuestro gremio, seguramente te saldrá de día antes de un shooting que tenías marcado desde hacía un mes. También nos sentimos inseguras cuando abrimos una revista y vemos esos cuerpos esculturales, esas pieles impolutas y esos cabellos divinos sólo aptos para diosas que vendieron su alma para ser ángeles terrenales, pero queridos, mi autoestima se tomó un descanso el día que comencé a trabajar en una productora y pude ver a un fotógrafo retocando una foto. Estimados compañeros, el mejor amigo de la modelo no es Christian Dior es el Sr. Photoshop Pude observar como una chica monísima se convertía en divinísima, sin un poro, con un brillo en la piel fabuloso y vi cómo le daban una tajada a un lado y a otro de su esbelta cintura para que pareciera aún más diminuta, tiempo después trabajé con esta chica, la vi en persona y os aseguro que todo ese retoque era innecesario, era preciosa, y aún así  la convirtieron en fascinante.

 

En fin, con todo esto sólo quiero decir, que no os dejéis engañar, sois estupendos tal y cómo sois, los actores y modelos cuando estamos aprisionados en una pantalla o en una revista, no somos nosotros, somos productos creados para hacerlo todo más bonito y al parecer, para hacer sentir a la gente miserable, jeje. Yo, a pesar de dedicarme a esto y ser consciente de que el tiempo pasa, ya no tengo veinte años, ya me cogen para hacer papeles de madre, y la belleza que pudiéramos tener ahora mismo desaparecerá o cambiará pero siempre, siempre, siempre seremos inteligentes, seremos elegantes, tendremos una cierta cultura y sobre todo, por encima de todo, seremos buenas personas, porque esas son las cualidades que debemos trabajar, después de todo, no podemos luchar contra el tiempo. Tal vez no me ponga todos los días la crema nutritiva pero sí me preocupo de tener palabras amables y pasar tiempo con la gente que quiero, y creo que este es el mejor consejo que puedo daros, que cuidéis la belleza más importante que es la que sale de dentro, para todo lo demás quedan las cámaras.

El amor se va de rodaje

           Aaay el amor! Parece que estas profesiones están cargadas de amor, lo vemos en las pantallas, en las revistas, amor a raudales adornados con colores o con músicas que te erizan la piel, pero ¿y cuando gritan: “¡corten!”?  ¿Existe el amor?.

 

            Es difícil mantener relaciones en este trabajo, se pasan muchas horas fuera de casa, a veces días, semanas o meses. Es duro de llevar, sobre todo si no trabajas en ello, a veces desde dentro es difícil, imagínense alguien que no comparta esta profesión, que tenga un horario de oficina de ocho a tres y se quede en casa esperando a que llegues, y, por mucho que se esfuerce, es difícil aceptar que tu pareja lleva doce horas de rodaje fingiendo que ama a otro, besándole, abrazándole, diciéndole que nunca le dejará y viviendo esa mentira que les contamos en las pantallas mientras él/ella espera en casa con una cena recalentada.

 

            Esto lo que provoca es que entremos en una unión endogámica profesional en la cuál nos juntamos actores con directores, fotógrafos con estilistas, actrices con dits, eléctricos con foquistas… y así sigue la cosa, porque no, señores, eso de que los actores se juntan entre ellos, los fotógrafos con modelos y demás, es tan sólo un bulo. En el mundo banal algunos se juntan por atracción física, otros por intereses comunes, por conveniencia geográfica o de apariencia, en “el medio” nos juntamos por conveniencia laboral.

 

            Si les hablo de mí, les diré que cuando se trata de amor detesto esta profesión. Los años me han dotado de paciencia y comprensión pero, aún así, no puedo evitar que se me abra un agujero en el estómago cada vez que mi pareja sale por la puerta para pasar diez, doce, quince horas de rodaje con el teléfono apagado y aislado de la realidad. ¿Y qué pasa si surge una terrible emergencia en la que necesito desesperadamente decirle que le quiero? A veces pasa, ¿no?, ¿es sólo a mi? Se pasa el momento, y entonces te indignas porque no entiendes por qué no han elegido una profesión en la que se trabaja de lunes a viernes, se libran los festivos y a las siete de la tarde puedes estar enroscado como un puzzle en la cama haciendo el amor cómo les contamos con una cámara cuando no estamos con nuestras parejas.

 

En fin, que eso de que los actores vivimos grandes historias de amor es sólo en la pantalla,  cuando se apagan los focos, tenemos los mismos problemas que cualquiera que comete el error de enamorarse. Figúrense lo agradable que debe de ser para tu pareja cuando trabajas con ella en un rodaje por ejemplo, y le toca llegar a casa y sentarse a revisar el material  grabado ese día en el tú llevas ocho tomas medio desnuda en una cama con un actorcito de te pone morritos. Hay que tener estómago. Y eso cuando somos lo bastante maduros y con una relación lo bastante fuerte como para trabajar juntos, porque los hay que te dicen: “serías mi actriz fetiche si no fueras mi novia”, brillante.

 

Lo peor de esta profesión es que se ama, es una amante muy caprichosa que exige mucho tiempo, y bien es sabido que nunca es fácil amar a dos, siempre habrá uno que exija más y habrá que decantarse por una, y cómo las personas somos transitorias y las cámaras siempre estarán ahí es probable que salgamos perdiendo. Así que, queridos, recuerden, versionando una frase de Peter Jackson: “El amor es temporal, la película es para siempre”.

 

 

El castigo del conocimiento

Bendita ignorancia, cada vez soy más partidaria de vivir en el desconocimiento. Toda esa información que ignoramos, todo aquello que queda fuera de nuestra mente puede resultar muy beneficioso. Siempre he dicho que el exceso de información puede destruir la ilusión, la alegría, el disfrute de las cosas sencillas, por ejemplo, en una relación: si nuestra pareja nos ha engañado, ¿nos gustaría saberlo?, tal vez fue un desliz y no vuelva a ocurrir, ¿para qué un daño que puede estropear algo que funciona?, o tras una ruptura, saber que empezaba con alguien antes de romper contigo, sólo hará más daño, o saber si ahora es feliz, es preferible inventarte tu propia historia y pensar que su vida es una basura porque se ha dado cuenta de que eres una gran persona, que cometió un gravísimo error, esas maravillosas mentiras que hacen la vida mejor,  la realidad sólo rompe sueños.

Pues en ciertas profesiones sucede algo similar. Como siempre digo esta profesión es una profesión que se ama y como todo amante supone tiempo, disgustos y sacrificios, además de información, no quiero saber con qué cámara me engaña, ni qué tipo de iluminación utilizará para ello, sólo quiero vivir una relación que hasta ahora era perfecta.

Lo bueno del cine es la magia que tiene, se puede hacer cualquier cosa y durante dos horas nos creemos cualquier mentira que quieran contarnos, durante dos horas voy a creerme que un bello cuarentón salvará el mundo él solo con su melena ondeando al viento, o que una joven sin experiencia como astronauta conseguirá volver a la tierra ella solita en un odisea sólo digna de Ulises. ¿Qué sucede cuando tenemos la información que rompe esa magia?

Os cuento la escena: una pareja (ambos profesionales del medio) sentados en sus butacas, se apagan las luces, la peli comienza, suena la música y empiezan los créditos, primer comentario: “que tipografía más guapa, es parecida a la que usaron en la peli wachisnei de jander”, “anda mira, es el mismo dire de foto que la peli de chenicley”. Surge la trama, “uff, empieza demasiado a saco, no? Ni si quiera han presentado a los personajes”, “si, pero bueno, el personaje no lo veo muy definido, no, no me creo su reacción a la situación” y así dos horas. Analizas la peli plano a plano, secuencia a secuencia. Yo, como actriz, decido que personajes me ceo y cuáles no, intento elegir cuál de los personajes sería divertido interpretar y si me gustan o no los estilismos. Mi chico, como técnico, no le gusta el plano, o le fascina, comenta repetidas veces lo fabulosa que es la fotografía, hablamos de las localizaciones, que, terminada la película, decidimos que han sido lo mejor de la misma, y así un largo etcétera, rompiendo de esta forma con la magia del cine, con su fin último que es entretener, evadirte de tu vida, encerrarte en una sala oscura con doscientos desconocidos viviendo una mentira, comiendo cotufas, chuches y riéndote pícaramente por la pareja de adolescentes que se comen a besos y no se enteran de lo que pasa en la pantalla, en vez de eso, nos dedicamos a darnos una ponencia sobre la realización de la película. Era mucho más feliz cuando me sentaba ahí a ver a Neo introducirse en Matrix, a un pobre desquiciado tatuándose recuerdos en el cuerpo, naves arder en llamas más allá de Orion, y me lo creía!!! Y era una gozada! No pensaba si el guión estaba bien escrito o que cámara habían utilizado, y no estaba viendo un maldito croma detrás de ese tío con un sable láser!

En fin, es el precio que hay que pagar por este trabajo, te da muchas satisfacciones pero te roba la inocencia, parece que el conocer la técnica no te permite disfrutar del arte, tal vez por eso yo soy una de esas actrices atípicas que no me gusta ver mi trabajo una vez terminado, quiero decir, que me gusta verlo pero una vez, dos, no me pongo mis cortometrajes o publis en bucle una y otra vez, porque lo que disfruto es el proceso, ver todos los aparatejos que utilizamos para contaros historias, interpretar un personaje, vivir su vida y salir de la mía, me gusta el olor a foco caliente por las mañanas y el del desmaquillante por la noche, me gustan las bromas de los eléctricos, y las confesiones en el set de maquillaje, y cuando todo esto acaba siento un vacío, una pérdida que se esconde un poquito tras el agotamiento, y cuando la obra está terminada y la vemos por primera vez, no pienso en el plano, en el personaje, en la localización o en la fotografía, pienso en que ese día tenía un catarro terrible y sonaba como un teleñeco, que el viento nos rompió un foco, que ese otro día me pasé media hora con mis compañeros muertos de risa tirados en camas mientras montaban el set, lo bien que me trataron, las relaciones que surgieron, lo feliz que fui. Tal vez esos actores a los que veo en historias imposibles también se sientan en su butaca y cuando ven su peli por primera vez no piensan en la luz ni en el plano, si no en lo felices que fueron creando esa historia para nosotros.

Así que si vais al cine y veis una pareja que cuchichea todo el tiempo y se quedan solos en la sala viendo los créditos, dadles recuerdos, porque seguramente serán del medio, y se quedan ahí no por frikis sino para que haya alguien para leer los nombres de todos aquellos que trabajaron en la peli, que aman su trabajo aunque sean los grandes olvidados, sin reconocimiento, pero que sin ellos no somos nada, porque en esta profesión es importante desde el director hasta el runner que se pega el madrugón para ir a buscar a los actores y llevarlos a set cómodamente cargando sus ojeras y su café, todos son importantes, es un engranaje en el que si falta una pieza, ya no funciona. Se quedan para leer los nombres de aquellos que fueron felices con su trabajo y que no se queden solos iluminando una sala vacía.