Etiqueta : cine

God bless the cinema

Hace un tiempo, mi marido me hizo una apreciación muy interesante: comparaba a las parejas de técnicos de cine con las esposas de los militares. No me pudo parecer más acertado.

El ser pareja de un técnico de cine (o publicidad) puede parecer muy glamuroso (como todo en esta profesión) o divertido, seguro que estaréis pensando que puedes conocer a los actores, ir a fiestas de fin de rodaje, estrenos… Pinchad esa burbuja e imaginaos la siguiente estampa: un hombre de 90 kilos, sudoroso, asfixiado por el estrés y por estos treinta y tantos grados que se resisten a abandonarnos, oculto tras una máquina que bien podría controlar el Enterprise, con unos veinte mil aparatos conectados y cada mano manejando cada uno de ellos a una media de tres milisegundos por aparato, así, aproximadamente, pues ese, ESE, es mi marido. Ese es el panorama que te encuentras cuando vas de visita al rodaje. No parece un escenario fácil de abordar, verdad? Si lo intentas en probable que, como poco, te vayas a sentir ignorada, estorbando a un nivel desconocido por el hombre y marchándote a casa con unos gritos más, un beso menos y con tu nivel de amor propio a un nivel que no llegaba desde el flequillo de la adolescencia.

 

Esa es nuestra vida, chic@s. Durante el mes, dos meses que puede durar el rodaje de una peli, me siento como la mujer de un soldado o de un astronauta.

 

Tu esposo está totalmente ilocalizable, no existe el Whatsapp, ni el mail, el teléfono, su voz, es un vago recuerdo, pero de vez en cuando, suena ese tintineo y te llega una foto, una captura de pantalla del rodaje, para que veas que se acuerda de ti, que aunque esté ahí fuera, en la batalla, haciendo historia para nuestro país, se sigue acordando de ti, supongo que será lo más parecido a las cartas que recibían las mujeres en la guerra, esas promesas de amor y boda a su regreso. Ilusión y sueños, a fin de cuentas.

Pero no todo es malo, tú esperas en casa, viendo series compulsivamente, pero esas series que no podrías ver con él, esos placeres culpables, preparando magdalenas, porque aunque parezca que no, se mata mucho el tiempo, sales con amigos, ves a la familia, y cocinas, cocinas mucho, y también haces tonterías como esperarle hasta las 11 de la noche que vuelva del rodaje con la ropa y el maquillaje de todo el día, para que al llegar a casa te vea guapa, que no se le olvide que eres guapa y no esa bolita arrugada que besa por las mañanas antes de irse, y que tienes más ropa aparte del pijama.

Y todo esto, si es un rodaje local, si ya les toca irse fuera, tenemos un problema, Houston. Si les toca pasar un mes fuera, y tú en esta ocasión no puedes ir “de séquito” y toca estar en casa defendiendo el castillo, no queda de otra que hacer de tripas corazón, pincharte algo de Elton Jhon y mientras escuchas Rocket man piensas que vale la pena el esfuerzo, vale la pena las noche sin él y los días eternos, que aunque la casa se hace enorme, y la cama aún más, que echas de menos los abrazos como si los necesitaras para respirar, vale la pena porque sabes que está haciendo aquello que le apasiona, que volverá a casa más grande y con más amor, y lo que es mas importante, habrá hecho historia, habrá formado parte de esa magia del cine que alimenta los sueños de muchos de nosotros, aquellos sueños que guardamos en un cajón para usar la fuerza que nos dan en el crecimiento del equipo porque el regreso siempre lo compensa. Todo el amor que no has podido darte en ese tiempo sale a borbotones, mil historias que contar, planes por hacer, como si, de repente , todo fuera nuevo.

Con suerte, con el tiempo llegará el estreno, la difusión, el orgullo y la satisfacción de un trabajo bien hecho, el equipo le agradecerá su entrega y tú podrás alzar a barbilla con orgullo, diciendo: “ ese de los créditos, ESE, es mi marido”.

God bless the cinema.

Adiction

Ser actor. Ser actriz. Ser actriz en Canarias. Ser actriz de más de treinta años en Canarias. Son palabras que dan miedo ¿verdad? Palabras que harían salir corriendo a cualquiera con un poco de cordura. Palabras que chocan irremediablemente con un tipo de vida “normal”, con planes de futuro, con hipotecas, coches, familias… Palabras sólo aptas para aquellos con mucho coraje o muy poca sensatez. Creo que yo soy de los segundos.

 

Perdí la sensatez la primera vez que dije un texto frente a una cámara, lo hice, ahora lo sé. Fue como un chute de heroína, o como nos enseñó “Trainspotting” que sería: todo se volvió naranja, con cambios de velocidad, y , de repente, un escalofrío. Ya estaba perdida. Lo tenía en las venas.

 

Esta profesión es como enamorarse de la persona equivocada. Alguien que te hace daño, alguien difícil. Sabes que estás jodido, que tu vida no va a ser fácil a partir de ahora, que nada será como en las películas, pero aún así sigues, porque algo te engancha, te atrae sin remedio.

 

Esta profesión saca lo peor de ti: la envidia, los celos. Hay demasiadas mujeres que luchan por tu hombre, demasiados picos de serotonina que te llevan a entrar en un total desequilibrio.

 

Si tienes suerte, vivirás un maravilloso romance lleno de emociones, de sensaciones y todo será nuevo. Sentirás el subidón, el cambio de ritmo y el color naranja, pero sólo serás una flor de un día. Todo acaba, todo pasa, y te abandonará. Ya no serás “ella”, vendrá otra, sangre nueva, más joven, más bella, con más talento, con aquello que tú ya no tienes o que quizá nunca tuviste y sientes cosas horribles, cosas que nunca antes te permitiste sentir, porque las detestas pero están ahí, vienen a por ti. Ya no recordará tu nombre, tal vez te nombre alguna vez, como una anécdota, como una más en la lista. Da igual lo vivido, los premios, los festivales, los besos… Da igual, sólo eres un nombre en unos créditos.

 

Y ese es el momento, el momento en que te rindes, el momento en que Danny Glover diría: “estoy muy mayor para esta mierda”. Y te prometes que se acabó, que hasta aquí llegaste, que ahora vas a tener una vida normal, que vas a atender tus sueños de antes, tu hipoteca, tu coche, vas a ser madre… Pero llega una llega una llamada, o un whatsapp, que la tecnología nos ha enfriado, y te proponen unas fotos, un “fashion”, un corto, lo que sea, y algo se activa, el escalofrío, quieres decir que no, pero no puedes, ya está en tu adn. “Me volverá hacer daño”, te lo repites, una y otra vez, pero no escuchas. Sólo oyes lo que no quieres oír, estás perdida. Lo has vuelto a hacer. Te prometes que será el último, esta relación es demasiado difícil, la lucha es demasiado difícil. ¿y las opciones? Uff, hay que arriesgar demasiado. No tengo edad. Pasó mi momento. Este tipo de amor, no es para mi.

 

Te engañas porque sabes que le querrás para el resto de tu vida, y cuando de verdad te hayas rendido y hayas conseguido todos esos sueños vacuos de gente normal, volverá a llamar a tu puerta. Porque él tampoco te olvida, ya eres parte de él y caerás, ya lo creo que caerás, porque este amor, esta profesión, es la muestra de masoquismo mas deliciosa que hay.

Celebrity Inspired Dresses

Suicidios vocacionales

¿Qué es una vocación? ¿Sabemos identificarla? ¿Sabemos lucharla? ¿Que la tengamos implica que seamos capaces de soportarla? No lo creo, queridos.

Una de las cosas más importantes y difíciles en esta vida es encontrar nuestra profesión, algo a lo que, si todo va bien, nos dedicaremos toda la vida. Algunos, con suerte, consiguen aunar profesión y vocación, algo que parece idílico, pero no siempre es así, aunque tiene muchos puntos positivos y, seguramente, cuando se presenten los problemas, se afrontarán con mejor talante.

En mi caso, fue complicado, no fue vocacional en absoluto. Yo estudié logopedia, no porque fuese la ilusión de mi vida, sino porque nunca tuve una vocación clara y a la hora de elegir carrera (porque había que estudiar una carrera) fue de las que más me llamó la atención, ¿Qué ocurrió? Que una vez empecé a ejercer… aquello no era para mi, ergo, cuatro años de estudios perdidos, más otros tres años de trabajo perdidos, o no. Y mientras esto pasaba apareció el teatro, y luego el cine, y la fotografía, y la producción, y el casting… ¿era mi vocación? No, pero lo amaba. Esos minutos en los que estaba en escena o frente a una cámara contando mentiras, por fin, era feliz, pero ¿era mi vocación, mi sueño? Aún no lo tengo claro.

En esta querida tierra nuestra es muy complicado vivir de la interpretación, por lo que los actores, salvo algunos afortunados, tenemos que complementar ese trabajo con algo mas y, normalmente, optamos por algo relacionado con el medio audiovisual, ya sea maquillaje, vestuario, o en mi caso, ¡ála valiente! me dediqué a la producción y al casting. Me encanta la producción, me parece divertido organizar y resolver cosas, me gusta el casting, tratar con productores, con modelos… pero mi úlcera creo que no está de acuerdo.

10574390_10152538671153232_438296254263593169_n

Es una rama dura del esta profesión, es desagradecida, como me dijo un amigo fotógrafo: “siempre nos toca bailar con la más fea”, resolver mil problemas, pelearnos hasta la saciedad y luego, la culpa de todo la tiene producción. El mayor problema viene de la gente que no conoce bien su trabajo, que hace esto como hobbie, como un ingreso extra y que no se ha preocupado de saber cómo funciona y ser profesional, con lo que dificultan mucho nuestro trabajo. Tienes que tragar con quejas, falta de educación, protestas… Y por toro lado están los que creen que lo saben todo de este curro y te dicen cómo debes hacer el tuyo, muuuy elegante. Y tú mientras, segregando bilis. Y lo más gracioso de todo es cuanto lo comentas con la gente y te dicen: “bueno, pero te compensa económicamente”   Sorry, what??????? Queridos compañeros autónomos, subid a la palestra, que esta guerra no puedo lucharla sola. Aunque no voy a ser injusta, también trabajamos con gente maravillosa, súper agradecida de lo que haces por ellos y que da gusto llamarlos para currar una y otra vez.

Todo esto hace que te plantees si realmente merece la pena sufrir por esta profesión, o por cualquiera, si vale la pena las migrañas, las horas de sueño perdidas, los kilos perdidos, el agotamiento emociona, sólo por trabajar en algo relacionado con lo que te gusta, con aquello que amas pero que sabes que no llegará y que si llegase tampoco sabes si lo soportarías, porque las pasiones son así de cabronas. Porque empiezas a plantearte si debiste desconfiar de aquella vocación que apareció con forma de gominola gigante diciéndote: “Hola, nena, ¿recuerdas aquella motivación que buscabas? Ces’t moi.”

A veces, siento ganas de rendirme, de dejarlo todo, de buscar un trabajo a jornada completa, explotada por algún magnate de la industria textil y no tener que volver a pelearme por facturas, modelos bordes, productoras impresentables, y dejar el cine como lo que es, un sueño de 90 minutos con el que evadirnos con la boca llena de cotufas y la cabeza de ilusiones.

Algunos no estamos hechos para cumplir nuestros sueños, sobre todo, cuando ni siquiera sabemos si los tenemos o estamos cumpliendo los de otros, pero seguimos buscando.

¿Y vosotros, vivís de vuestros sueños y vocaciones? ¿Ello os exime de disgustos? Las mentes curiosas quieren saber….

10438510_10152443457618232_1000570036678286223_n

Si nos quitrican que nos quitriquen pa´lo que nos potregen…

Hoy voy a hablar de los críticos, las marujas del cine, las chismosas, las porteras que se permiten criticar las visitas nocturnas de la vecina del quinto sólo porque ya les gustaría catar esas carnes prietas…que no…. Que yo respeto a los críticos.

Bromas aparte, la figura del crítico es el gran temor de cualquier artista, léase escritores, pintores, actores, cineastas varios…; son personas cuyo trabajo consiste en criticar el nuestro, así, sin mas, están para eso. El público puede ser impresionable, hacer su valoración en base a que son familia del criticado, que están pasando por un momento en que empatizan con la historia, que no conocen el medio en sí, etc. Los artistas pueden valorar desde el afecto, la admiración, tornándose un poquillo verdes, pero todo desde el conocimiento de lo que ven, sin embargo, los críticos son imparciales, ven, analizan y valoran, son implacables, no ven personas tras el arte, sentimientos heridos, profesiones truncadas, no, ven su opinión, que vale más que la del público que paga por verlo.

Este texto parte de que ayer recibí una crítica negativa de mi último trabajo, y pensareis: ya está, está rebotada por la crítica y va a poner verde a todos los críticos. En absoluto, no es la primera vez que recibo una mala crítica, pública o privada, las acepto y las utilizo para mejorar, no me importa, mi trabajo es así, te expones a que a la gente le guste o no, y debes asumirlo, va en el paquete. No hay nadie que me haga críticas mas duras o negativas que yo misma, yo ya le había sacado el cuero a mi interpretación antes de que lo hiciera este caballero, pero creo que ha sido injusto, ha arremetido contra otro de mis compañeros, el director, el guión… quedó obnubilado con el grandísimo trabajo del protagonista, y no era para menos, y para él se nos comió a todos. Me parece una opinión muy respetable y puede que tenga razón, pero hay un error de base y es que no puedes criticar a un soldado raso por el mismo rasero que a un coronel, hay rangos actorales por algo y no puedes valorar la interpretación de un figurante con la del protagonista, por guión, por profundidad y porque no.

No voy a ensañarme, ni a enfadarme, nuestro ego se duele con las críticas pero lo aceptamos, seguimos y la próxima será mejor. No voy a caer en el tópico con el que bromeé al principio de que los críticos son artistas frustrados que nos critican por envidia porque no ceo que sea así, creo que es un trabajo difícil hacer una valoración adecuada de un trabajo, pero sí que es más fácil sentarte en una butaca, a ver una película, mirar un cuadro o leer un libro que levantarte a rodarla, pintarlo o escribirlo, hay detrás un duro trabajo, de años, de sueños e ilusiones invertidos, muchas veces sin apoyo económico y sin ánimo de lucro tampoco, algo hecho, literalmente, por amor al arte, habría que ser un poquito benévolos.

Con todo esto quiero hacer constar las partes menos bonitas de estas profesiones tan difíciles, que generan este amor-odio de quienes las padecemos, yo siempre hago una comparación cómica y perdónenme que me ponga soez pero siempre digo que mi profesión es como la chica popular del instituto, todos la llaman “puta” pero todos se la quieren tirar. La gente piensa que somos vividores, gandules, muertos de hambre… se trabaja muy duro, se duerme poco, se ama mucho y se sufre más, das todo y no siempre recibes en equidad, y para mayor diversión, hay figuras que, ocultos en la sombra con las manos sobre el teclado, pueden destripar aquello que te ha quitado el sueño, que has amado, que te ha hecho sufrir, a lo que le has dado tanto, con un simple golpe de ratón. Y en la calle, entre el público, todos son críticos.

Para despedirme les voy a dejar una secuencia de la película Ratatuille donde se habla del papel del crítico, espero que lo disfruten y que cuando vayan a ensañarse con un artística piensen en que viven de esto, económica y bioquímicamente, es lo que les hace respirar, que es algo más que lo que llena la nevera, llena el corazón.

 

ACTRICES, PRINCESAS DEL MUNDO REAL

           

El otro día volví a ver el documental de Canal + “Actrices”, que por cierto, os recomiendo mucho,  y me asaltaron un montón de pensamientos,  unos alentadores y otros no tanto.

El documental consta de cuatro capítulos en los que las distintas generaciones de actrices españolas hablan sobre su experiencia en la profesión, los pros, los contras, el cumplir años… resultaba muy duro ver a grandes, a las más grandes de nuestro cine, diciendo que ya no hay sitio para ellas porque sus rostros ya tienen algún surco de más. Te hace pensar… ¿y las que aún no hemos empezado y nuestra edad ya se adivina a golpe de saludo? ¿habrá un sitio para nosotras? Hace que resulte muy desolador el hecho de haberte acomodado por miedo y que pasen los años  y la industria continúe sin saber que eres la actriz que necesita jejeje,  que a tus “treinta y“, empieza a ser tarde, Maura y Forqué te están advirtiendo, ¿entonces qué? ¿nos rendimos? ¿renunciamos al sueño? ¿a lo único que sabemos a ciencia cierta que sabemos hacer?

En el otro extremo tenemos a la juventud, las que empiezan a sus tiernos veinte años,  belleza que abruma y talento que golpea, chicas que vienen de caminos muy distintos: la suerte, el empeño, un apellido, una escuela, un talento natural… y todas coinciden en un lugar común: el sueño cumplido. Lo muestran tan fácil, tan natural, como si no hubiera que esforzarse, como si fuese lo que estaba escrito para ellas, pero todas empezaron muy pronto, todas tuvieron un mecenas, todas estaban en una capital, no en una isla perdida, parece tan sencillo… ¿lo es? Tal vez sea cuestión de tener valor y levantarte del sofá, echarte la maleta al hombro y salir de la zona de confort, de esta isla donde pensamos que existe una posibilidad, tal vez sea eso.

Resultó muy curioso ver a todas esas talentosas mujeres que admiras, que te han llevado a vivir grandes historias, las ves con admiración, como quién mira una obra de arte, sin tocarla, como si no fuera real, y, de pronto, una cara más cercana, una actriz con la que, por la azares del destino y personas en común, tuviste la suerte de topar un par de veces, con la que te fuiste de cañas, que te aconsejó sobre tu cicatriz, te dijo: ”ya verás que te acabará gustando, será parte de ti”, y tenía razón, puede que tuviera razón en el resto de consejos.  Esa chica de la pantalla, nominada tres veces al Goya, que ha trabajado con los grandes, que es una de las más admiradas entre sus compañeras de profesión, te trató con normalidad, fue una colega más, te acompañó al baño como cualquier amiga a criticar a cierta directora tirana, fue una persona real,  porque es lo que son, personas reales, ella y todas las demás, iguales a cualquiera de nosotras, quizá con una diferencia, ellas fueron valientes, lucharon por un sueño que al despertar seguía ahí.

 

Creo que es el momento de tomar decisiones, así que amigos míos, actores del mundo, que no os frene el miedo: levantaos y a soñar.

fondo

Bananian Complex

 

Varias veces os he hablado sobre los complejos de la profesión, que si estás gorda, fea, mayor… pero no os creáis que los modelos  y actores son los únicos, existe un muy extendido complejo bananista que hace creer a nuestros técnicos y productores que todo lo que viene de fuera mola más, y nada más lejos de la realidad.

 

Ya llevo un tiempito trabajando tras las cámaras y he participado en producciones nacionales e internacionales y decirles que hecatombes como las que llegaron de Londres, París o Barcelona pocas he visto aquí.

 

En los últimos años ha habido un despertar de la producción audiovisual en la islas y han llegado muchas producciones de fuera, y nosotros nos acercamos temerosos a ofrecer nuestros servicios ante nombres tan imponentes como París, Londres, Barcelona, Madrid…  y lo curioso es que a medida que avanza la producción se van haciendo pequeñitas.

 

Hace unos meses veía en un programa de televisión un debate en el que hablaban de ese nuevo fenómeno en el que cuando algo es bueno y es español sorprende, ya nos ocurrió en el deporte, y ahora está sucediendo en el cine y la publicidad, oímos mucho eso de: “qué bueno, sí, sí, y además es español!”  Bueno, pues en Canarias es aún peor, es como que somos lo último de lo último, la escoria que quiere trabajar en el audiovisual, y vamos con nuestras cabecitas gachas cargando con nuestras cámaras y nuestra vergüenza… What the fuck???  En estas islas hay grandísimos técnicos y grandísimos artistas, de hecho, insisto, jamás en trabajado en producciones locales con caos semejantes a los que viví en producciones de fuera donde ni siquiera nos respetan, se nos pasan por alto, gestionan todo sin contar con los intermediarios locales, amén de otras anécdotas un tanto más feas en las que no vamos a entrar, y no hablemos de los pagos! Sin embargo, he estado en producciones locales de productoras más pequeñas, con menos presupuesto y menos medios pero con más ganas y más profesionales que han ido como un reloj, así que tenemos que querernos un poquito más y empezar a creernos la valía que tenemos, que han salido talentos muy grandes con arena negra en los zapatos, que no nos achiquen personajes con acentos raros con sus grandes productoras que vienen de fuera a pedir un huequito para su cámara en nuestro suelo.

 

¿A qué tanto complejo? Vamos a perder el miedo y a demostrar la industria que tenemos en Canarias profesional, potente y doradita por el sol.

¿Realidad o ficción?

El cine tiene algo mágico, te transporta a lugares y épocas desconocidas, con personajes que quisieras encontrar en la vida real, pero sobre todo, remueve los sentimientos, millones de sentimientos, o al menos a mi. Recuerdo que incluso de pequeña veía películas y me afectaban muchísimo, empatizo mucho con los personajes, me meto en la historia y la vivo. Mi chico se parte de risa porque me ve gritándole al malo como una descosida, o llorando a lágrima viva como si acabasen de romperme el corazón, “¡Menudo disgusto!”, me dice, pero no lo puedo evitar, si me engancha, lo vivo. 

 

La verdad es que es extraño, recuerdo ocasiones en que me encerraba en mi cuarto a ver una película y cuando acababa me sentía completamente desolada de volver a la realidad, la vida no era tan bonita, no tenía música, ni esa luz, ni yo era tan fuerte como la protagonista, ni el chico lucharía por mi, no, la vida no era así.

 

Hace un tiempo fuimos a ver “El quinto poder”, y salí sumida en un pensamiento de autoreproche: ¿has visto lo que hizo ese tío sólo con un ordenador y un par de esbirros? ¿qué has hecho tú con tu vida?, sintiéndome completamente miserable por no haber hecho algo con mi tiempo, y me planteé: ¿esto es lo que provoca el cine? ¿por qué mi querido cine me hace esto? ¿habré provocado yo ese sentimiento en alguien?

 

Es increíble lo que pueden provocar unas imágenes en un determinado momento, hay películas que todos sabemos que no debemos ver tras una ruptura, o cuando estamos enfermos, o si nos quedamos solos en casa. ¿Quien no ha cometido el error de ver Los puentes de Madison cuando su pareja acababa de dejarle, y acabar sepultado por un mar de pañuelos húmedos y restos de helado de chocolate en los labios? ¿O ver El resplandor una noche en casa porque lo daban por la tele, es un peliculón y hay que verlo, y luego ser incapaz de recorrer el pasillo hasta el baño aún a riesgo de una explosión de vejiga? Sí, queridos, eso es así, es el poder del celuloide.

 

Lo curioso es que pasa algo similar cuando estás al otro lado de la cámara, es decir, cuando eres la actriz, el personaje fuerte por el que lucha el chico, vas al rodaje y durante doce horas eres fuerte, valiente, haces cosas que nunca harías, un hombre te ama con locura y hará lo que sea por no perderte, y hasta que suena un “corten!” te sientes la mujer más especial del mundo, aprendes a montar en moto, te enfrentas a un exmarido… y luego lo ves en la pantalla, con la música, la luz, y piensas: yo lo viví, esa era yo, y recuerdas lo que sentiste y lo revives por un instante, y cuando todo termina te sientes desolada de volver a la realidad, una realidad sin kinos y sin banda sonora, pero a veces, con suerte, con mucha suerte, como la que tengo yo, llegas a casa y hay alguien que hace que te sientas la mujer más especial del mundo y hace que suene Puccini en tu cabeza, sin focos, sin cámara y sin “¡corten!”.

 

El cine puede ser muy cruel, pero también nos regala dulces momentos, trepidantes experiencias, pero debemos ser más listos y no dejarnos llevar, y recordar que muchas veces, más de las que pensamos, la realidad supera a la ficción.

Amores que matan

A menudo me veis escribir sobre la profesión de actriz con mucha pasión, referirme a ella como un amante, como si no se tratara de un trabajo si no de un romance, y es cierto que es una profesión que se ama y se vive con pasión, pero que exige tanto como una relación y te da algún que otro disgustillo.

 

Es una relación que no puedes descuidar, es una amante caprichosa y exige mucha atención, has de mimarla cada día, tener detalles con ella… es realmente agotador.

 

Debes darle muchos regalitos: este mes un curso, el que viene un seminario y al siguiente un fin de semana romántico en un taller de interpretación. Hay que estar en continua formación, debes interesarte por los proyectos que se hacen, las productoras que están trabajando, los grupos de teatro que se están moviendo. Si realmente te apasiona, y te ocurre como a mi que quieres saber todo lo que atañe a tu amada, debes conocer cosas como con qué cámara trabajarás y por qué con esa cámara, debes conocer un poco las luces, el sonido, tener nociones de maquillaje… en mi caso, no es sólo que me guste, es que creo que así facilito el trabajo al equipo, no sé, me gusta ser una amante generosa.

 

Debes ir continuamente a castigns, citas para las que te arreglas con mucho cariño e ilusión, castings en los que te sentirás incómoda, pequeña, verás a las otras chicas que podrían robarte a tu amor y quieres salir corriendo, y luego, la espera, días de espera junto al teléfono para, tal vez, recibir un “no”. Y con el tiempo tu perfil va cambiando,  ya no eres una bella veinteañera que protagonizará escenas de fiesta, vacaciones y romances en la playa con olor a Ralph Lauren, pasas a ser una madre de familia, muy chic eso sí, con un marido y dos niños a cuestas que toman un té helado en la plaza de algún pueblo de promoción turística.

 

Hay momentos en los que de verdad me agoto, me faltan fuerzas para cuidar de ella, casi no puedo cuidar de mí, no tengo fuerzas para otro rechazo, para otra monotonía, para otra espera decepcionante. Es muy dura esta profesión cuando llegas a cierta edad y resulta que, creyendo que el destino te había puesto ahí, que una noche de amor te convencieron de que ese era tu sitio y que te esperaba algo especial, te das cuenta de que ha pasado el tiempo, de que llevas años sin cotizar, sin paro, trabajando en colaboraciones que te llenan el alma pero no la cuenta corriente, que este mes tampoco pagas el alquiler y tus planes de futuro deben esperar, te aborda una profunda tristeza, te paras, miras y piensas: por qué me enamoraría de ti, nunca debí dedicarme a esto, es una relación tan difícil, pero no puedo vivir sin ti, necesito subirme a unas tablas, contar mentiras, mirarme en un objetivo y contar nuestras historias.

 

Es un amor taaaan difícil, de esos que te abruman, te atormentan, te dan la vida y luego te ahogan en lágrimas, no tiene madera de casada, es difícil imaginar un “juntos para siempre”, pero todos los que nos dedicamos a ella, que vivimos por ella, sabemos que a ningún amor le seremos tan fieles, porque aunque duela, la llevamos dentro.

Fall in love

No fear, no mercy, just casting!

¿Alguna vez os habéis encontrado en medio de una fiesta, mirado alrededor y sentir como ibais encogiendo al grito de “trágame tierra, qué hago yo aquí”? Esa, más o menos es la sensación que una tiene en la sala de espera para un casting.

 

Es una sensación curiosa, a veces desagradable, en realidad, lo duro que te resulte un casting será directamente proporcional a lo que necesites el trabajo, como cualquier entrevista de trabajo, sólo que aquí te sientes mucho más expuesta. En una entrevista de trabajo “normal” se te valorará por tus logros académicos, tu experiencia profesional… en un casting, por lo general, sólo importa tu aspecto, según para que sea el casting claro, pero normalmente, buscan un perfil determinado, una imagen, si la tienes bien, si no, no podrás hacer nada para optar a ese empleo, es decir, que si quieren una rubia de metro ochenta con pinta de alemana con hambre pues chica, poco puedo hacer yo. Otras veces, piden interpretación, tal vez para un corto, una peli o una publi en la que tienes acting, ahí ya tenemos alguna opción.

 

Como os digo, muchas veces, valoran simplemente la imagen, y no lo digo en un sentido frívolo, sino que, como os digo, buscan una chica o chico con una imagen determinada, con lo cual pasas de veinte a ciento ochenta minutos esperando en una sala con un montón de chicos y chicas divinos que se miran entre ellos con el rabillo del ojo. No puedo hablar de lo que piensan los demás pero yo suelo empezar a agobiarme por momentos, empiezo a sentirme mayor, a sentirme fea, a pensar en que hago allí, en que debería dedicarme a otra cosa, intercambio whatsapps de desesperación con mi pareja o un amigo que intenta calmarme y hacer que recuerde por qué estoy allí. Empiezas a encontrarte con compañeros, siempre somos los mismos jeje, compartes impresiones, haces alguna broma, os contáis un poco los últimos curros e intentas no mirar a la puerta.

 

Después de esa tortura kantiana,  entras a la sala de casting, allí pueden recibirte de una a ocho personas: director, jefe de producción, auxiliares de producción, cámara, fotógrafo… depende. La mayoría suelen saludarte amablemente y te piden que te coloques en la marca, mires a cámara, te hagan unas fotos, dejes tu ficha y… gracias, ya te llamaremos! A veces, con suerte, tienes que hacer algún paripé porque el trabajo exige acting, hasta puede que tengas frase! Con lo cual, sales de allí con una sensación así como “rarica”, no se puede describir muy bien, y lo mejor de todo es cuando un familiar o amigo te pregunta con una enorme sonrisa: ¿¿Qué tal fue el casting?? Por lo general, no hay respuesta para eso.

 

La verdad, que ya llevo algunos castings, todos igual de incómodos, y me han pasado algunas cosas curiosas, tengo que puntualizar que son diferentes los castings como actriz que como modelo, como modelo son más sencillos pero como actriz más gratificante y defendible, pero ambos con resultados igual de inescrutables.

 

El primer casting al que fui fue estupendo, lo cual, ilusa de mi, me hizo creer que todos serían igual de maravitupendos y… va a ser que no. El casting fue para mi primer cortometraje, que encima fue como prota! Y encima ganó un montón de premios! Y encima cambió mi vida! Llegué a la productora y el director estaba tomando café, lo avisaron, vino y yo con una histeria incuantificable, me presenté y pasamos al casting, me senté, me presenté a cámara y solté, mu simpática yo, la separata que me habían mandado, fue muy sencillo porque el director y yo conectamos muy rápido y me fui relajando. Me seleccionaron y tuve que volver para hacer una prueba de diálogo con un actor, y fue muy gracioso porque en la escena le daba una bofetada y el pobre chico cometió el error de decirme: “si te nace darme la bofetada, me la das”, y tanto que se la di que se fue con mi mano marcada en la cara, pobrecillo.

 

Ese corto me dio cierto nombre, mucha gente me conocía y eso no siempre es bueno, cuando te encuentras que llegas a un casting, te recibe un conocido director de cine canario y te saluda efusivamente, y tan amable él, delante del equipo, te dice: “pero bueno Sonsoles, pero qué casting te voy a hacer yo?” a lo que yo pienso: ¿dónde está la muerte cuando se la necesita? Como no venía yo nerviosa… cómo ya te conocen, tienen ciertas expectativas, te pones de los nervios y haces un desastre de casting como el que yo hice.

 

Creo que el casting más curioso al que he asistido fue el casting para las secuencias de cine clásico del Instituto de La Guancha, para los que no lo conozcáis es un instituto especializado en formación audiovisual: realización, producción, fotografía… y el trabajo de fin de curso de primer año es copiar una secuencia de cine clásico, y yo me presenté al casting para varias secuencias y una de ellas era Nosferatu, expresionismo alemán puro y duro, para la cual, por cierto, me cogieron, nunca había interpretado algo así pero ya os contaré largo y tendido. En el casting, mi querido director, me preparó un pequeño set con telas de colores por el suelo, una butaca y una silla negra altísima, tipo socorrista, y mientras iba sonando distintos tipos de música que me evocaran distintos sentimientos, él me iba narrando cosas, me echaba telas por encima, me cambiaba las luces…la historia que contaba acabó muy triste, me tuve que ir a tomar una cerveza al salir para quitarme el mal cuerpo, pero mereció la pena, no sólo fue una gran experiencia sino que descubrí grandes talentos y grandes compañeros. Ese futuro talento canario!

 

En fin, con todo esto sólo os quiero acercar un poquito a este mundillo y que veáis que no es oro todo lo que reluce, que parece que los actores/modelos somos gandules cuyo trabajo es ser profesionalmente tope guapos como diría Zoolander, también pasamos malos tragos, entrevistas de trabajo, decepciones y algunas muy buenas experiencias. Ahora soy yo la que me dedico a torturar talentos viviendo los castings desde dentro, pero eso os lo contaré en otro capítulo.

 

Hasta pronto!

Eligiendo vivir

Hoy os traigo un post un tanto diferente, no voy a contaros secretitos del medio, ni a destripar la profesión, hoy voy a hablaros de sentimientos, del sentimiento de una nueva experiencia, un atrevimiento por mi parte, un intrusismo. Hoy voy a hablaros de mi primera experiencia tras las cámaras, tras las cámaras de verdad, llevando el peso, escribiendo y dirigiendo.

 

He escrito y dirigido un vídeo viral llamado “Elige vivir”, donde recojo la experiencia, el aprendizaje, de un año de dolor. Es el final de un tango, las últimas notas que dan coletazos en tu cabeza cuando ha acabado la canción.

 

Pasé un año muy duro, quizás el peor de mi vida, pasé mucho tiempo en un sofá lamentándome, saciándome de mi propia pena, de sentirme sola, él se ha ido, el dinero también, no hay trabajo, no me puedo refugiar en nada… Me harté, no quise más de aquello, la vida estaba pasando sin mi, no podía permitirlo, así que decidí levantarme, pensar en mis opciones, en lo que sí tenía o podría llegar a tener, en que todo aquello que me entristecía estaba completamente fuera de mis manos, las cosas no iba a cambiar por mucho que llorase, mi única opción era elegir mi actitud ante ello, así que decidí convertir mi dolor en arte (con mucha humildad, que la palabra me queda grande).

 

Así que me levanté y escribí este texto como si de mi declaración de independencia de se tratase, y pensé que podía convertirse en algo más que un texto de queja y un texto de ánimo, un texto de aceptación, podía ser un mensaje para el mundo y tal vez sacar alguna sonrisa. Contacté con el equipo y la respuesta fue magnífica y más aún la acogida del vídeo. No sé cómo agradecerlo, a las personas que asistieron al acto benéfico, a los que han compartido, no tengo palabras para agradecer todos los mensajes de felicitación, de apoyo, hasta de agradecimiento, estoy en una nube, es como si no fuera yo, como si esto no fuera conmigo, a veces, miro el Facebook, el youtube, y veo las más de mil seiscientas visitas que lleva con apenas dos días de vida y la invasión en los muros de Facebook, y tengo que pararme y preguntarle a mi pareja: realmente esto lo he hecho yo?

 

Mil gracias a todos, no sabéis lo que significa para mí.

 

Y quiero acabar con un agradecimiento a las personas que lo hicieron posible:

 

A Ricardo Canino por embarcarse en esta mi locura sin pensarlo y llenarlo todo con su luz (real y figurada), a Haridian Nóbrega por dejarnos a todos bellísimos y llenarlo todo con esa increíble energía que inunda todo donde ella está, a Lau Lorenzo por esas conversaciones en el coche, esas palabras, a Manolo Tricás por hacer que nuestras voces se oigan, a Rocío García, mi querida hermana, mi otra mitad, por decorar mi mensaje con un poquito de su arte, a Fran Caramés por dar coherencia a mi mensaje y a los veintidós actores que prestaron su voz, su imagen y su talento a mi locura personal (Carlos Pedrós, Élida Pérez, Lioba Herrera, Jose Luis de Madariaga, Álvaro Sanz, Aral Krawietz, Irene Pérez, Santi López, Winslow M. Iwaki, Adrián Rosales, Carmen Cabeza, Elvira Tricás, Sigrid Ojel, Yvan Argos, Carlos Quintana, Verónica Galán, Pedro Martín, Raquel García, Miguel Ángel Rábade, Idaira Santana, Irene Álvarez, Vicente Ayala y Antonio Cifo)

 

Aquí les dejo el vídeo, un trocito de mi, me desnudo ante ustedes para que elijan vivir.