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Adiction

Ser actor. Ser actriz. Ser actriz en Canarias. Ser actriz de más de treinta años en Canarias. Son palabras que dan miedo ¿verdad? Palabras que harían salir corriendo a cualquiera con un poco de cordura. Palabras que chocan irremediablemente con un tipo de vida “normal”, con planes de futuro, con hipotecas, coches, familias… Palabras sólo aptas para aquellos con mucho coraje o muy poca sensatez. Creo que yo soy de los segundos.

 

Perdí la sensatez la primera vez que dije un texto frente a una cámara, lo hice, ahora lo sé. Fue como un chute de heroína, o como nos enseñó “Trainspotting” que sería: todo se volvió naranja, con cambios de velocidad, y , de repente, un escalofrío. Ya estaba perdida. Lo tenía en las venas.

 

Esta profesión es como enamorarse de la persona equivocada. Alguien que te hace daño, alguien difícil. Sabes que estás jodido, que tu vida no va a ser fácil a partir de ahora, que nada será como en las películas, pero aún así sigues, porque algo te engancha, te atrae sin remedio.

 

Esta profesión saca lo peor de ti: la envidia, los celos. Hay demasiadas mujeres que luchan por tu hombre, demasiados picos de serotonina que te llevan a entrar en un total desequilibrio.

 

Si tienes suerte, vivirás un maravilloso romance lleno de emociones, de sensaciones y todo será nuevo. Sentirás el subidón, el cambio de ritmo y el color naranja, pero sólo serás una flor de un día. Todo acaba, todo pasa, y te abandonará. Ya no serás “ella”, vendrá otra, sangre nueva, más joven, más bella, con más talento, con aquello que tú ya no tienes o que quizá nunca tuviste y sientes cosas horribles, cosas que nunca antes te permitiste sentir, porque las detestas pero están ahí, vienen a por ti. Ya no recordará tu nombre, tal vez te nombre alguna vez, como una anécdota, como una más en la lista. Da igual lo vivido, los premios, los festivales, los besos… Da igual, sólo eres un nombre en unos créditos.

 

Y ese es el momento, el momento en que te rindes, el momento en que Danny Glover diría: “estoy muy mayor para esta mierda”. Y te prometes que se acabó, que hasta aquí llegaste, que ahora vas a tener una vida normal, que vas a atender tus sueños de antes, tu hipoteca, tu coche, vas a ser madre… Pero llega una llega una llamada, o un whatsapp, que la tecnología nos ha enfriado, y te proponen unas fotos, un “fashion”, un corto, lo que sea, y algo se activa, el escalofrío, quieres decir que no, pero no puedes, ya está en tu adn. “Me volverá hacer daño”, te lo repites, una y otra vez, pero no escuchas. Sólo oyes lo que no quieres oír, estás perdida. Lo has vuelto a hacer. Te prometes que será el último, esta relación es demasiado difícil, la lucha es demasiado difícil. ¿y las opciones? Uff, hay que arriesgar demasiado. No tengo edad. Pasó mi momento. Este tipo de amor, no es para mi.

 

Te engañas porque sabes que le querrás para el resto de tu vida, y cuando de verdad te hayas rendido y hayas conseguido todos esos sueños vacuos de gente normal, volverá a llamar a tu puerta. Porque él tampoco te olvida, ya eres parte de él y caerás, ya lo creo que caerás, porque este amor, esta profesión, es la muestra de masoquismo mas deliciosa que hay.

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Cerrado por vacaciones?????

Llega el verano, sale el sol y sufrimos una invasión de veraneantes armados con sombrillas que pasan a tu lado sonrientes, como si esas terribles quemaduras solares no dolieras apenitas y te lanzan esa mirada cómplice de “vacaciooooneeess”, sin saber que tú te diriges a un rodaje en la playa de al lado.

Sí, queridos, en el audiovisual no existen las vacaciones, nunca. Si bien es cierto que el verano es una época más floja de trabajo (o eso dicen) existe esa lucha de “en verano hay poco trabajo, pero no tenemos vacaciones porque los utónomos tenemos mucho que pagar, con lo que somos tropocientos luchando por los escasitos trabajos que llegan, ahora, los que llegan te roban tres años de vida. Me hace gracia la gente que en plenas vacaciones te dice: “pero chic@… tienes que descansar unos días… ¿que vas a levantar el país tú sol@? Esús! Tienes que ir a la playa que mira que blanc@ estás!” Esa persona seguro, seguro, que no es autónomo, o lo es en una empresa maravillosa que tiene ingresos regulares y temporadas laborales, seguro, seguro, que no trabaja en el audiovisual.

La frase más repetida por estas fechas en el mundillo es: “menos mal que nos gusta nuestro curro que si no…” que si esto no lo aguanta ni Dios. Es que nos encanta, nos encanta quejarnos de ser privilegiados, porque sí, es cierto, estamos trabajando bajo un foco del tamaño del sol mientras el resto del mundo se tuesta bajo el de verdad, pero en unos meses cuando todos ellos hayan perdido el moreno y vayan palideciendo minuto a minuto en su jornada laboral puede que nosotros estemos en pleno martes de paseo por una playa de Tailandia o tomando una cerveza en una terraza berlinesa. Es así, no todo es malo, este desorden, este ir contra el resto del mundo, esta sensación de ser unos raros que no sabemos ni que estamos en verano si no fuera porque tenemos que ir a grabar los vídeos de los festivales de música propios de la época, merece la pena, cuando al final del día te vas a dormir agotado, con los pies doloridos, los hombros cargados, tu espalda intenta matarte, y tu sonríes por fin en la cama, sintiéndote satisfecho del trabajo que has hecho, que has contribuido a la magia del mundo, que cuando alguien vea ese spot que le lleve a su próximo coche, o al nuevo restaurante al que llevará a su pareja por su aniversario, o vean esa película que le hace llorar recordando un viejo amor, ahí hay una parte de ti.

Así que, quien quiere un verano de playa, de festivales y descansos perpetuos con un tinto de verano en la mano si puedes disfrutar cada día con aquello que te gusta, aunque recuperar el color humano y tomar alguna copilla, tampoco nos iría mal.

¡Feliz verano y un invierno lleno de trabajo!