Etiqueta : produccion

Suicidios vocacionales

¿Qué es una vocación? ¿Sabemos identificarla? ¿Sabemos lucharla? ¿Que la tengamos implica que seamos capaces de soportarla? No lo creo, queridos.

Una de las cosas más importantes y difíciles en esta vida es encontrar nuestra profesión, algo a lo que, si todo va bien, nos dedicaremos toda la vida. Algunos, con suerte, consiguen aunar profesión y vocación, algo que parece idílico, pero no siempre es así, aunque tiene muchos puntos positivos y, seguramente, cuando se presenten los problemas, se afrontarán con mejor talante.

En mi caso, fue complicado, no fue vocacional en absoluto. Yo estudié logopedia, no porque fuese la ilusión de mi vida, sino porque nunca tuve una vocación clara y a la hora de elegir carrera (porque había que estudiar una carrera) fue de las que más me llamó la atención, ¿Qué ocurrió? Que una vez empecé a ejercer… aquello no era para mi, ergo, cuatro años de estudios perdidos, más otros tres años de trabajo perdidos, o no. Y mientras esto pasaba apareció el teatro, y luego el cine, y la fotografía, y la producción, y el casting… ¿era mi vocación? No, pero lo amaba. Esos minutos en los que estaba en escena o frente a una cámara contando mentiras, por fin, era feliz, pero ¿era mi vocación, mi sueño? Aún no lo tengo claro.

En esta querida tierra nuestra es muy complicado vivir de la interpretación, por lo que los actores, salvo algunos afortunados, tenemos que complementar ese trabajo con algo mas y, normalmente, optamos por algo relacionado con el medio audiovisual, ya sea maquillaje, vestuario, o en mi caso, ¡ála valiente! me dediqué a la producción y al casting. Me encanta la producción, me parece divertido organizar y resolver cosas, me gusta el casting, tratar con productores, con modelos… pero mi úlcera creo que no está de acuerdo.

10574390_10152538671153232_438296254263593169_n

Es una rama dura del esta profesión, es desagradecida, como me dijo un amigo fotógrafo: “siempre nos toca bailar con la más fea”, resolver mil problemas, pelearnos hasta la saciedad y luego, la culpa de todo la tiene producción. El mayor problema viene de la gente que no conoce bien su trabajo, que hace esto como hobbie, como un ingreso extra y que no se ha preocupado de saber cómo funciona y ser profesional, con lo que dificultan mucho nuestro trabajo. Tienes que tragar con quejas, falta de educación, protestas… Y por toro lado están los que creen que lo saben todo de este curro y te dicen cómo debes hacer el tuyo, muuuy elegante. Y tú mientras, segregando bilis. Y lo más gracioso de todo es cuanto lo comentas con la gente y te dicen: “bueno, pero te compensa económicamente”   Sorry, what??????? Queridos compañeros autónomos, subid a la palestra, que esta guerra no puedo lucharla sola. Aunque no voy a ser injusta, también trabajamos con gente maravillosa, súper agradecida de lo que haces por ellos y que da gusto llamarlos para currar una y otra vez.

Todo esto hace que te plantees si realmente merece la pena sufrir por esta profesión, o por cualquiera, si vale la pena las migrañas, las horas de sueño perdidas, los kilos perdidos, el agotamiento emociona, sólo por trabajar en algo relacionado con lo que te gusta, con aquello que amas pero que sabes que no llegará y que si llegase tampoco sabes si lo soportarías, porque las pasiones son así de cabronas. Porque empiezas a plantearte si debiste desconfiar de aquella vocación que apareció con forma de gominola gigante diciéndote: “Hola, nena, ¿recuerdas aquella motivación que buscabas? Ces’t moi.”

A veces, siento ganas de rendirme, de dejarlo todo, de buscar un trabajo a jornada completa, explotada por algún magnate de la industria textil y no tener que volver a pelearme por facturas, modelos bordes, productoras impresentables, y dejar el cine como lo que es, un sueño de 90 minutos con el que evadirnos con la boca llena de cotufas y la cabeza de ilusiones.

Algunos no estamos hechos para cumplir nuestros sueños, sobre todo, cuando ni siquiera sabemos si los tenemos o estamos cumpliendo los de otros, pero seguimos buscando.

¿Y vosotros, vivís de vuestros sueños y vocaciones? ¿Ello os exime de disgustos? Las mentes curiosas quieren saber….

10438510_10152443457618232_1000570036678286223_n

Bananian Complex

 

Varias veces os he hablado sobre los complejos de la profesión, que si estás gorda, fea, mayor… pero no os creáis que los modelos  y actores son los únicos, existe un muy extendido complejo bananista que hace creer a nuestros técnicos y productores que todo lo que viene de fuera mola más, y nada más lejos de la realidad.

 

Ya llevo un tiempito trabajando tras las cámaras y he participado en producciones nacionales e internacionales y decirles que hecatombes como las que llegaron de Londres, París o Barcelona pocas he visto aquí.

 

En los últimos años ha habido un despertar de la producción audiovisual en la islas y han llegado muchas producciones de fuera, y nosotros nos acercamos temerosos a ofrecer nuestros servicios ante nombres tan imponentes como París, Londres, Barcelona, Madrid…  y lo curioso es que a medida que avanza la producción se van haciendo pequeñitas.

 

Hace unos meses veía en un programa de televisión un debate en el que hablaban de ese nuevo fenómeno en el que cuando algo es bueno y es español sorprende, ya nos ocurrió en el deporte, y ahora está sucediendo en el cine y la publicidad, oímos mucho eso de: “qué bueno, sí, sí, y además es español!”  Bueno, pues en Canarias es aún peor, es como que somos lo último de lo último, la escoria que quiere trabajar en el audiovisual, y vamos con nuestras cabecitas gachas cargando con nuestras cámaras y nuestra vergüenza… What the fuck???  En estas islas hay grandísimos técnicos y grandísimos artistas, de hecho, insisto, jamás en trabajado en producciones locales con caos semejantes a los que viví en producciones de fuera donde ni siquiera nos respetan, se nos pasan por alto, gestionan todo sin contar con los intermediarios locales, amén de otras anécdotas un tanto más feas en las que no vamos a entrar, y no hablemos de los pagos! Sin embargo, he estado en producciones locales de productoras más pequeñas, con menos presupuesto y menos medios pero con más ganas y más profesionales que han ido como un reloj, así que tenemos que querernos un poquito más y empezar a creernos la valía que tenemos, que han salido talentos muy grandes con arena negra en los zapatos, que no nos achiquen personajes con acentos raros con sus grandes productoras que vienen de fuera a pedir un huequito para su cámara en nuestro suelo.

 

¿A qué tanto complejo? Vamos a perder el miedo y a demostrar la industria que tenemos en Canarias profesional, potente y doradita por el sol.

No fear, no mercy, just casting!

¿Alguna vez os habéis encontrado en medio de una fiesta, mirado alrededor y sentir como ibais encogiendo al grito de “trágame tierra, qué hago yo aquí”? Esa, más o menos es la sensación que una tiene en la sala de espera para un casting.

 

Es una sensación curiosa, a veces desagradable, en realidad, lo duro que te resulte un casting será directamente proporcional a lo que necesites el trabajo, como cualquier entrevista de trabajo, sólo que aquí te sientes mucho más expuesta. En una entrevista de trabajo “normal” se te valorará por tus logros académicos, tu experiencia profesional… en un casting, por lo general, sólo importa tu aspecto, según para que sea el casting claro, pero normalmente, buscan un perfil determinado, una imagen, si la tienes bien, si no, no podrás hacer nada para optar a ese empleo, es decir, que si quieren una rubia de metro ochenta con pinta de alemana con hambre pues chica, poco puedo hacer yo. Otras veces, piden interpretación, tal vez para un corto, una peli o una publi en la que tienes acting, ahí ya tenemos alguna opción.

 

Como os digo, muchas veces, valoran simplemente la imagen, y no lo digo en un sentido frívolo, sino que, como os digo, buscan una chica o chico con una imagen determinada, con lo cual pasas de veinte a ciento ochenta minutos esperando en una sala con un montón de chicos y chicas divinos que se miran entre ellos con el rabillo del ojo. No puedo hablar de lo que piensan los demás pero yo suelo empezar a agobiarme por momentos, empiezo a sentirme mayor, a sentirme fea, a pensar en que hago allí, en que debería dedicarme a otra cosa, intercambio whatsapps de desesperación con mi pareja o un amigo que intenta calmarme y hacer que recuerde por qué estoy allí. Empiezas a encontrarte con compañeros, siempre somos los mismos jeje, compartes impresiones, haces alguna broma, os contáis un poco los últimos curros e intentas no mirar a la puerta.

 

Después de esa tortura kantiana,  entras a la sala de casting, allí pueden recibirte de una a ocho personas: director, jefe de producción, auxiliares de producción, cámara, fotógrafo… depende. La mayoría suelen saludarte amablemente y te piden que te coloques en la marca, mires a cámara, te hagan unas fotos, dejes tu ficha y… gracias, ya te llamaremos! A veces, con suerte, tienes que hacer algún paripé porque el trabajo exige acting, hasta puede que tengas frase! Con lo cual, sales de allí con una sensación así como “rarica”, no se puede describir muy bien, y lo mejor de todo es cuando un familiar o amigo te pregunta con una enorme sonrisa: ¿¿Qué tal fue el casting?? Por lo general, no hay respuesta para eso.

 

La verdad, que ya llevo algunos castings, todos igual de incómodos, y me han pasado algunas cosas curiosas, tengo que puntualizar que son diferentes los castings como actriz que como modelo, como modelo son más sencillos pero como actriz más gratificante y defendible, pero ambos con resultados igual de inescrutables.

 

El primer casting al que fui fue estupendo, lo cual, ilusa de mi, me hizo creer que todos serían igual de maravitupendos y… va a ser que no. El casting fue para mi primer cortometraje, que encima fue como prota! Y encima ganó un montón de premios! Y encima cambió mi vida! Llegué a la productora y el director estaba tomando café, lo avisaron, vino y yo con una histeria incuantificable, me presenté y pasamos al casting, me senté, me presenté a cámara y solté, mu simpática yo, la separata que me habían mandado, fue muy sencillo porque el director y yo conectamos muy rápido y me fui relajando. Me seleccionaron y tuve que volver para hacer una prueba de diálogo con un actor, y fue muy gracioso porque en la escena le daba una bofetada y el pobre chico cometió el error de decirme: “si te nace darme la bofetada, me la das”, y tanto que se la di que se fue con mi mano marcada en la cara, pobrecillo.

 

Ese corto me dio cierto nombre, mucha gente me conocía y eso no siempre es bueno, cuando te encuentras que llegas a un casting, te recibe un conocido director de cine canario y te saluda efusivamente, y tan amable él, delante del equipo, te dice: “pero bueno Sonsoles, pero qué casting te voy a hacer yo?” a lo que yo pienso: ¿dónde está la muerte cuando se la necesita? Como no venía yo nerviosa… cómo ya te conocen, tienen ciertas expectativas, te pones de los nervios y haces un desastre de casting como el que yo hice.

 

Creo que el casting más curioso al que he asistido fue el casting para las secuencias de cine clásico del Instituto de La Guancha, para los que no lo conozcáis es un instituto especializado en formación audiovisual: realización, producción, fotografía… y el trabajo de fin de curso de primer año es copiar una secuencia de cine clásico, y yo me presenté al casting para varias secuencias y una de ellas era Nosferatu, expresionismo alemán puro y duro, para la cual, por cierto, me cogieron, nunca había interpretado algo así pero ya os contaré largo y tendido. En el casting, mi querido director, me preparó un pequeño set con telas de colores por el suelo, una butaca y una silla negra altísima, tipo socorrista, y mientras iba sonando distintos tipos de música que me evocaran distintos sentimientos, él me iba narrando cosas, me echaba telas por encima, me cambiaba las luces…la historia que contaba acabó muy triste, me tuve que ir a tomar una cerveza al salir para quitarme el mal cuerpo, pero mereció la pena, no sólo fue una gran experiencia sino que descubrí grandes talentos y grandes compañeros. Ese futuro talento canario!

 

En fin, con todo esto sólo os quiero acercar un poquito a este mundillo y que veáis que no es oro todo lo que reluce, que parece que los actores/modelos somos gandules cuyo trabajo es ser profesionalmente tope guapos como diría Zoolander, también pasamos malos tragos, entrevistas de trabajo, decepciones y algunas muy buenas experiencias. Ahora soy yo la que me dedico a torturar talentos viviendo los castings desde dentro, pero eso os lo contaré en otro capítulo.

 

Hasta pronto!

¿Quién habló de frivolidad?

 

En esta ocasión os hablo de la imagen, de la moda, de las frivolidades varias que rodean esta profesión. Sé que suele verse cómo una profesión frívola, superficial, que sólo nos importa la imagen, pero lo cierto es que hay de todo, algunos nos obsesionamos más, otros menos y a veces los roles cambian y resulta que siendo la modelo eres la menos chic del rodaje y te encuentras un gaffer con la colección de bermudas más espectacular que hayas visto nunca.

 

Cierto es que es un trabajo en el que la imagen es muy importante pero no definitoria. He trabajado con gente que su apariencia, la imagen que da, prima por encima de todo, de su trabajo, de la amabilidad, de la corrección en el trato con el cliente y el equipo, por encima de la profesionalidad y el trato cordial. A veces, parece que están perdidos, que no saben quienes son y necesitan una etiqueta para ubicarse.

 

Es difícil dedicarse a esto si tienes una autoestima un poquito floja, porque a fin de cuentas, vas a presentarte a castings en los que te juzgaran por tu talento, tu presencia, tu simpatía y en ocasiones, simplemente por tu imagen. He asistido a castings en los que no he dicho nada más que mi nombre, da igual lo inteligente que sea o lo convincente que pueda llegar a ser recitándote un texto, en ese momento, sólo importa que seas la rubia de metro ochenta que buscan. Yo no es que tenga una autoestima muy férrea, y menos cuando empecé, pero se ha fortalecido con el tiempo a golpe de roturas de corazón, pero basta un mal día o un director grosero para que se me caiga a pedazos. Creo que esto es lo que menos me gusta de mi profesión, lo cruel que puede ser a veces, que a pesar de lo fuerte que pueda mostrarme, consigue convertirme en una quinceañera acomplejada y esa actriz que sube a un escenario haciendo sonar sus tacones se vuelve chiquitita.

 

Sí, queridos, las actrices y modelos tenemos complejos, muuuuchos complejos, y no sólo en cuanto  a nuestro aspecto, pero ese es otro tema. Ahora bien, quiero desvelaros los grandes secretos tras la cámara, antes de que salte el flash o digan acción. Los actores/modelos, solemos llegar al set sin maquillaje (porque es como hay que ir) apenas con algo de crema hidrante, es decir, con nuestras divinas ojeras ocupando media cara, el pelo recién lavado, sin productos domadores de cabello, ni plancha alguna que valga y vistiendo lo más cómodo que pudimos encontrar sin ser nuestro pijama, que de buena gana nos hubiéramos dejado puesto, ya que hay que presentarse en la localización a eso de las seis de la mañana. Oséase, que mucho glamour no emanamos.  Luego, tras una hora u hora y media, según la cara traigas, en maquillaje y peluquería, te visten y te conviertes en un ser humano apto para la cámara y el papel couché. Entonces ya pasamos al set y empiezas a poner caritas, morritos, sonrisitas y lo que mi hermana llama “cara de asco de modelo” que consiste en estar seria pero no enfadada, dulce pero sexy, con la boca entreabierta y ojillos de perro pachón, y con los morros apuntando al objetivo pero sin que se note, es una técnica muy depurada durante años y que ha pasado de generación en generación de modelos, nunca pasa de moda, y por si no fuera suficiente, manteniendo posturas imposibles sobre unos tacones de vértigo. Y mientras haces todo eso, tal vez, estás conteniendo la lágrima porque tu relación se derrumba, o porque tu familia tiene problemas, pero la cámara no debe saberlo.

 

Por si esto os parece poca dosis de realidad, os diré que los actores/modelos también tenemos celulitis!!! Y engordamos!!! Y tenemos que depilarnos!! Y nos salen granos!!!  Y como Murphy es así de majo y odia a nuestro gremio, seguramente te saldrá de día antes de un shooting que tenías marcado desde hacía un mes. También nos sentimos inseguras cuando abrimos una revista y vemos esos cuerpos esculturales, esas pieles impolutas y esos cabellos divinos sólo aptos para diosas que vendieron su alma para ser ángeles terrenales, pero queridos, mi autoestima se tomó un descanso el día que comencé a trabajar en una productora y pude ver a un fotógrafo retocando una foto. Estimados compañeros, el mejor amigo de la modelo no es Christian Dior es el Sr. Photoshop Pude observar como una chica monísima se convertía en divinísima, sin un poro, con un brillo en la piel fabuloso y vi cómo le daban una tajada a un lado y a otro de su esbelta cintura para que pareciera aún más diminuta, tiempo después trabajé con esta chica, la vi en persona y os aseguro que todo ese retoque era innecesario, era preciosa, y aún así  la convirtieron en fascinante.

 

En fin, con todo esto sólo quiero decir, que no os dejéis engañar, sois estupendos tal y cómo sois, los actores y modelos cuando estamos aprisionados en una pantalla o en una revista, no somos nosotros, somos productos creados para hacerlo todo más bonito y al parecer, para hacer sentir a la gente miserable, jeje. Yo, a pesar de dedicarme a esto y ser consciente de que el tiempo pasa, ya no tengo veinte años, ya me cogen para hacer papeles de madre, y la belleza que pudiéramos tener ahora mismo desaparecerá o cambiará pero siempre, siempre, siempre seremos inteligentes, seremos elegantes, tendremos una cierta cultura y sobre todo, por encima de todo, seremos buenas personas, porque esas son las cualidades que debemos trabajar, después de todo, no podemos luchar contra el tiempo. Tal vez no me ponga todos los días la crema nutritiva pero sí me preocupo de tener palabras amables y pasar tiempo con la gente que quiero, y creo que este es el mejor consejo que puedo daros, que cuidéis la belleza más importante que es la que sale de dentro, para todo lo demás quedan las cámaras.

El amor se va de rodaje

           Aaay el amor! Parece que estas profesiones están cargadas de amor, lo vemos en las pantallas, en las revistas, amor a raudales adornados con colores o con músicas que te erizan la piel, pero ¿y cuando gritan: “¡corten!”?  ¿Existe el amor?.

 

            Es difícil mantener relaciones en este trabajo, se pasan muchas horas fuera de casa, a veces días, semanas o meses. Es duro de llevar, sobre todo si no trabajas en ello, a veces desde dentro es difícil, imagínense alguien que no comparta esta profesión, que tenga un horario de oficina de ocho a tres y se quede en casa esperando a que llegues, y, por mucho que se esfuerce, es difícil aceptar que tu pareja lleva doce horas de rodaje fingiendo que ama a otro, besándole, abrazándole, diciéndole que nunca le dejará y viviendo esa mentira que les contamos en las pantallas mientras él/ella espera en casa con una cena recalentada.

 

            Esto lo que provoca es que entremos en una unión endogámica profesional en la cuál nos juntamos actores con directores, fotógrafos con estilistas, actrices con dits, eléctricos con foquistas… y así sigue la cosa, porque no, señores, eso de que los actores se juntan entre ellos, los fotógrafos con modelos y demás, es tan sólo un bulo. En el mundo banal algunos se juntan por atracción física, otros por intereses comunes, por conveniencia geográfica o de apariencia, en “el medio” nos juntamos por conveniencia laboral.

 

            Si les hablo de mí, les diré que cuando se trata de amor detesto esta profesión. Los años me han dotado de paciencia y comprensión pero, aún así, no puedo evitar que se me abra un agujero en el estómago cada vez que mi pareja sale por la puerta para pasar diez, doce, quince horas de rodaje con el teléfono apagado y aislado de la realidad. ¿Y qué pasa si surge una terrible emergencia en la que necesito desesperadamente decirle que le quiero? A veces pasa, ¿no?, ¿es sólo a mi? Se pasa el momento, y entonces te indignas porque no entiendes por qué no han elegido una profesión en la que se trabaja de lunes a viernes, se libran los festivos y a las siete de la tarde puedes estar enroscado como un puzzle en la cama haciendo el amor cómo les contamos con una cámara cuando no estamos con nuestras parejas.

 

En fin, que eso de que los actores vivimos grandes historias de amor es sólo en la pantalla,  cuando se apagan los focos, tenemos los mismos problemas que cualquiera que comete el error de enamorarse. Figúrense lo agradable que debe de ser para tu pareja cuando trabajas con ella en un rodaje por ejemplo, y le toca llegar a casa y sentarse a revisar el material  grabado ese día en el tú llevas ocho tomas medio desnuda en una cama con un actorcito de te pone morritos. Hay que tener estómago. Y eso cuando somos lo bastante maduros y con una relación lo bastante fuerte como para trabajar juntos, porque los hay que te dicen: “serías mi actriz fetiche si no fueras mi novia”, brillante.

 

Lo peor de esta profesión es que se ama, es una amante muy caprichosa que exige mucho tiempo, y bien es sabido que nunca es fácil amar a dos, siempre habrá uno que exija más y habrá que decantarse por una, y cómo las personas somos transitorias y las cámaras siempre estarán ahí es probable que salgamos perdiendo. Así que, queridos, recuerden, versionando una frase de Peter Jackson: “El amor es temporal, la película es para siempre”.

 

 

El castigo del conocimiento

Bendita ignorancia, cada vez soy más partidaria de vivir en el desconocimiento. Toda esa información que ignoramos, todo aquello que queda fuera de nuestra mente puede resultar muy beneficioso. Siempre he dicho que el exceso de información puede destruir la ilusión, la alegría, el disfrute de las cosas sencillas, por ejemplo, en una relación: si nuestra pareja nos ha engañado, ¿nos gustaría saberlo?, tal vez fue un desliz y no vuelva a ocurrir, ¿para qué un daño que puede estropear algo que funciona?, o tras una ruptura, saber que empezaba con alguien antes de romper contigo, sólo hará más daño, o saber si ahora es feliz, es preferible inventarte tu propia historia y pensar que su vida es una basura porque se ha dado cuenta de que eres una gran persona, que cometió un gravísimo error, esas maravillosas mentiras que hacen la vida mejor,  la realidad sólo rompe sueños.

Pues en ciertas profesiones sucede algo similar. Como siempre digo esta profesión es una profesión que se ama y como todo amante supone tiempo, disgustos y sacrificios, además de información, no quiero saber con qué cámara me engaña, ni qué tipo de iluminación utilizará para ello, sólo quiero vivir una relación que hasta ahora era perfecta.

Lo bueno del cine es la magia que tiene, se puede hacer cualquier cosa y durante dos horas nos creemos cualquier mentira que quieran contarnos, durante dos horas voy a creerme que un bello cuarentón salvará el mundo él solo con su melena ondeando al viento, o que una joven sin experiencia como astronauta conseguirá volver a la tierra ella solita en un odisea sólo digna de Ulises. ¿Qué sucede cuando tenemos la información que rompe esa magia?

Os cuento la escena: una pareja (ambos profesionales del medio) sentados en sus butacas, se apagan las luces, la peli comienza, suena la música y empiezan los créditos, primer comentario: “que tipografía más guapa, es parecida a la que usaron en la peli wachisnei de jander”, “anda mira, es el mismo dire de foto que la peli de chenicley”. Surge la trama, “uff, empieza demasiado a saco, no? Ni si quiera han presentado a los personajes”, “si, pero bueno, el personaje no lo veo muy definido, no, no me creo su reacción a la situación” y así dos horas. Analizas la peli plano a plano, secuencia a secuencia. Yo, como actriz, decido que personajes me ceo y cuáles no, intento elegir cuál de los personajes sería divertido interpretar y si me gustan o no los estilismos. Mi chico, como técnico, no le gusta el plano, o le fascina, comenta repetidas veces lo fabulosa que es la fotografía, hablamos de las localizaciones, que, terminada la película, decidimos que han sido lo mejor de la misma, y así un largo etcétera, rompiendo de esta forma con la magia del cine, con su fin último que es entretener, evadirte de tu vida, encerrarte en una sala oscura con doscientos desconocidos viviendo una mentira, comiendo cotufas, chuches y riéndote pícaramente por la pareja de adolescentes que se comen a besos y no se enteran de lo que pasa en la pantalla, en vez de eso, nos dedicamos a darnos una ponencia sobre la realización de la película. Era mucho más feliz cuando me sentaba ahí a ver a Neo introducirse en Matrix, a un pobre desquiciado tatuándose recuerdos en el cuerpo, naves arder en llamas más allá de Orion, y me lo creía!!! Y era una gozada! No pensaba si el guión estaba bien escrito o que cámara habían utilizado, y no estaba viendo un maldito croma detrás de ese tío con un sable láser!

En fin, es el precio que hay que pagar por este trabajo, te da muchas satisfacciones pero te roba la inocencia, parece que el conocer la técnica no te permite disfrutar del arte, tal vez por eso yo soy una de esas actrices atípicas que no me gusta ver mi trabajo una vez terminado, quiero decir, que me gusta verlo pero una vez, dos, no me pongo mis cortometrajes o publis en bucle una y otra vez, porque lo que disfruto es el proceso, ver todos los aparatejos que utilizamos para contaros historias, interpretar un personaje, vivir su vida y salir de la mía, me gusta el olor a foco caliente por las mañanas y el del desmaquillante por la noche, me gustan las bromas de los eléctricos, y las confesiones en el set de maquillaje, y cuando todo esto acaba siento un vacío, una pérdida que se esconde un poquito tras el agotamiento, y cuando la obra está terminada y la vemos por primera vez, no pienso en el plano, en el personaje, en la localización o en la fotografía, pienso en que ese día tenía un catarro terrible y sonaba como un teleñeco, que el viento nos rompió un foco, que ese otro día me pasé media hora con mis compañeros muertos de risa tirados en camas mientras montaban el set, lo bien que me trataron, las relaciones que surgieron, lo feliz que fui. Tal vez esos actores a los que veo en historias imposibles también se sientan en su butaca y cuando ven su peli por primera vez no piensan en la luz ni en el plano, si no en lo felices que fueron creando esa historia para nosotros.

Así que si vais al cine y veis una pareja que cuchichea todo el tiempo y se quedan solos en la sala viendo los créditos, dadles recuerdos, porque seguramente serán del medio, y se quedan ahí no por frikis sino para que haya alguien para leer los nombres de todos aquellos que trabajaron en la peli, que aman su trabajo aunque sean los grandes olvidados, sin reconocimiento, pero que sin ellos no somos nada, porque en esta profesión es importante desde el director hasta el runner que se pega el madrugón para ir a buscar a los actores y llevarlos a set cómodamente cargando sus ojeras y su café, todos son importantes, es un engranaje en el que si falta una pieza, ya no funciona. Se quedan para leer los nombres de aquellos que fueron felices con su trabajo y que no se queden solos iluminando una sala vacía.

Nice to meet you (chapter 2)

Dicen que la vida es puro teatro, para mí lo fue un tiempo hasta que descubrí el cine, o bueno, más bien el cine me descubrió a mí. Ya os he contado como fueron mis comienzos en la interpretación, casualidades y textos medievales, y de nuevo la casualidad le dio un giro a mi vida, llevándome a textos más actuales.

Ya os conté que había empezado a trabajar en una compañía profesional en un proyecto de teatro pedagógico por institutos, pues bien, en el segundo año nuestro compañero tuvo que abandonarnos para atender sus estudios, y el compañero que le sustituyó es el culpable de todo jeje. Cuando le conocí no podía ni imaginar lo que iba a venir con él. Él era actor de cine, había trabajado muchísimo con grandes realizadores canarios y una noche me envía un mensaje diciéndome que va a trabajar en un corto de un director muy importante de aquí, que le falta la actriz y que ha pensado en mí, que le ha dado mi contacto y que ya me avisará para una prueba. Entré en shock, por suerte tenía un Martini a mi alcance para desbloquearme. Efectivamente el director me escribió, pero yo estaba en medio de una tragedia familiar y ni le respondí. Curiosamente, un día me encontraba en el despacho de mi padre leyendo su mail cuando me llamó por teléfono y, tras una extraña conversación, accedí, de muy mala gana, todo hay que decirlo, a presentarme a una prueba para el papel. No quería ir, pero mi padre desde su cama, recién operado del corazón, con un drama sólo digno de una muerte de Sean Connery, me dijo: “hija mía, preséntate, que nunca sabes dónde está lo tuyo”. Qué razón tenía.

Aterrada, con el estómago del revés, poniéndome lo más mona que me permitía la parálisis de pánico que se había apropiado de mi cara y texto en mano, me presenté en la productora. Resumo: conexión instantánea con el director, pánico desterrado, chico de producción viejo compañero de estudios, muchas risas y tres castings después tenía el papel y comenzó la primera gran aventura de mi vida. El corto tuvo diecisiete premios internacionales, dos de ellos a mí como mejor actriz, ¡no me lo podía creer!, creo que no deje de sonreír durante meses, ese trabajo cambió mi vida, en lo profesional y también en lo personal, pero para el marujeo nos sentamos con un café, o mejor con un Martini. El corto trajo consigo estrenos, festivales, periódicos, sesiones de fotos… de pronto los directores canarios querían trabajar conmigo, ¡conmigo! era increíble, me sentí tan Angelina por momentos…

Además del cine, llegó la fotografía, el director de foto del corto me propuso participar en una sesión de fotos y queridos, no puedo explicaros ni remotamente la emoción que sentí, ¿yo, modelo? ¿posando para un fotógrafo de verdad? ¿con modelos de verdad? Alucinante, yo no lo sabía entonces, pero fue la primera de muchas.

Más tarde vinieron los castigns, uuf terrible experiencia, pero de los castigns os hablaré largo y tendido en otra ocasión porque se podría escribir todo un manual psicológico ilustrado sobre el “efecto casting”. Empecé a hacer publicidad, porque los cortometrajes y las fotos son fabulosos pero no pagan facturas. Es un mundo curioso la publicidad, es cine en pequeñito, por lo general con menos medios, menos equipo, y con un fin algo más lucrativo, pero lo más curioso es la exposición, me refiero a que con los cortos y la foto te presentas a un público más restringido, te conocen en un círculo más cerrado, pero la televisión es muy poderosa, entras en todas las casas y de repente, un día te ves haciendo la compra y una señora se te acerca y te dice: “perdona mi niña, tu eres la del anuncio, no?” Es muy desconcertante, pero más aún, cuando un desconocido se dirigen a ti por tu nombre: “hola, perdona, tu eres fulanita, no?” Y ante tu cara de pavor, continúa: “es que te vi en tal obra o en tal corto”, y ya respiras y dejas de temer por tu vida.  El episodio más divertido que he vivido fue una tarde paseando por La Laguna con mi madre, acababa de pasar por una ruptura horrible y mi madre me sacó a rastras para distraerme, aunque yo seguía con mi cara de tragedia oculta tras unas gafas de sol gigantes, clínex en mano, cuando, mientras miramos un escaparate, una tierna pareja de adolecentes se me queda mirando y la chica empieza a golpear al chico y le grita: ¡miiiira! ¡Esa chica es famosa! Ella me miraba como si hubiese visto a los Pitt-Jolie, jajaja y la verdad es que en ese momento lo fui, fui la Jolie de La Laguna. El episodio culminó con mi madre henchida de orgullo y yo con un necesario ataque de risa que me hizo desear unas gafas de sol más grandes.

Después de un desafortunado accidente en casa, tuve que cogerme una baja y a la vuelta de ella y tras mucha reflexión dejé mi trabajo como logopeda y me dediqué exclusivamente a la interpretación, o eso pretendía, como estaba aún con la rehabilitación, no salía trabajo y demás, empecé de a trabajar en  la productora que acaba de montar mi pareja en ese momento. Allí aprendí el trabajo de producción, que por cierto me encanta, trabajé como comunity manager, hice vestuario, cargué focos, compré atrezzo, era un poco multifunción, como las impresoras. Hice un poco de todo, aprendí lo que es estar al otro lado de la cámara, pero no podía evitarlo, me moría por estar delante. Aprendí mucho trabajando allí, pero por circunstancias de la vida dejé aquel trabajo y traté de dedicarme a lo mío, a contar mentiras de verdad. Y en la batalla sigo, siguen los castings, siguen las producciones, las fotos, los guiones y ahora, además, los escritos, así que poco a poco os iré contando los entresijos de esta extraña profesión para locos, porque queridos, es como enamorarse de una persona complicada, para soportarla hay que estar loco por ella.