Etiqueta : rodaje

God bless the cinema

Hace un tiempo, mi marido me hizo una apreciación muy interesante: comparaba a las parejas de técnicos de cine con las esposas de los militares. No me pudo parecer más acertado.

El ser pareja de un técnico de cine (o publicidad) puede parecer muy glamuroso (como todo en esta profesión) o divertido, seguro que estaréis pensando que puedes conocer a los actores, ir a fiestas de fin de rodaje, estrenos… Pinchad esa burbuja e imaginaos la siguiente estampa: un hombre de 90 kilos, sudoroso, asfixiado por el estrés y por estos treinta y tantos grados que se resisten a abandonarnos, oculto tras una máquina que bien podría controlar el Enterprise, con unos veinte mil aparatos conectados y cada mano manejando cada uno de ellos a una media de tres milisegundos por aparato, así, aproximadamente, pues ese, ESE, es mi marido. Ese es el panorama que te encuentras cuando vas de visita al rodaje. No parece un escenario fácil de abordar, verdad? Si lo intentas en probable que, como poco, te vayas a sentir ignorada, estorbando a un nivel desconocido por el hombre y marchándote a casa con unos gritos más, un beso menos y con tu nivel de amor propio a un nivel que no llegaba desde el flequillo de la adolescencia.

 

Esa es nuestra vida, chic@s. Durante el mes, dos meses que puede durar el rodaje de una peli, me siento como la mujer de un soldado o de un astronauta.

 

Tu esposo está totalmente ilocalizable, no existe el Whatsapp, ni el mail, el teléfono, su voz, es un vago recuerdo, pero de vez en cuando, suena ese tintineo y te llega una foto, una captura de pantalla del rodaje, para que veas que se acuerda de ti, que aunque esté ahí fuera, en la batalla, haciendo historia para nuestro país, se sigue acordando de ti, supongo que será lo más parecido a las cartas que recibían las mujeres en la guerra, esas promesas de amor y boda a su regreso. Ilusión y sueños, a fin de cuentas.

Pero no todo es malo, tú esperas en casa, viendo series compulsivamente, pero esas series que no podrías ver con él, esos placeres culpables, preparando magdalenas, porque aunque parezca que no, se mata mucho el tiempo, sales con amigos, ves a la familia, y cocinas, cocinas mucho, y también haces tonterías como esperarle hasta las 11 de la noche que vuelva del rodaje con la ropa y el maquillaje de todo el día, para que al llegar a casa te vea guapa, que no se le olvide que eres guapa y no esa bolita arrugada que besa por las mañanas antes de irse, y que tienes más ropa aparte del pijama.

Y todo esto, si es un rodaje local, si ya les toca irse fuera, tenemos un problema, Houston. Si les toca pasar un mes fuera, y tú en esta ocasión no puedes ir “de séquito” y toca estar en casa defendiendo el castillo, no queda de otra que hacer de tripas corazón, pincharte algo de Elton Jhon y mientras escuchas Rocket man piensas que vale la pena el esfuerzo, vale la pena las noche sin él y los días eternos, que aunque la casa se hace enorme, y la cama aún más, que echas de menos los abrazos como si los necesitaras para respirar, vale la pena porque sabes que está haciendo aquello que le apasiona, que volverá a casa más grande y con más amor, y lo que es mas importante, habrá hecho historia, habrá formado parte de esa magia del cine que alimenta los sueños de muchos de nosotros, aquellos sueños que guardamos en un cajón para usar la fuerza que nos dan en el crecimiento del equipo porque el regreso siempre lo compensa. Todo el amor que no has podido darte en ese tiempo sale a borbotones, mil historias que contar, planes por hacer, como si, de repente , todo fuera nuevo.

Con suerte, con el tiempo llegará el estreno, la difusión, el orgullo y la satisfacción de un trabajo bien hecho, el equipo le agradecerá su entrega y tú podrás alzar a barbilla con orgullo, diciendo: “ ese de los créditos, ESE, es mi marido”.

God bless the cinema.

Cerrado por vacaciones?????

Llega el verano, sale el sol y sufrimos una invasión de veraneantes armados con sombrillas que pasan a tu lado sonrientes, como si esas terribles quemaduras solares no dolieras apenitas y te lanzan esa mirada cómplice de “vacaciooooneeess”, sin saber que tú te diriges a un rodaje en la playa de al lado.

Sí, queridos, en el audiovisual no existen las vacaciones, nunca. Si bien es cierto que el verano es una época más floja de trabajo (o eso dicen) existe esa lucha de “en verano hay poco trabajo, pero no tenemos vacaciones porque los utónomos tenemos mucho que pagar, con lo que somos tropocientos luchando por los escasitos trabajos que llegan, ahora, los que llegan te roban tres años de vida. Me hace gracia la gente que en plenas vacaciones te dice: “pero chic@… tienes que descansar unos días… ¿que vas a levantar el país tú sol@? Esús! Tienes que ir a la playa que mira que blanc@ estás!” Esa persona seguro, seguro, que no es autónomo, o lo es en una empresa maravillosa que tiene ingresos regulares y temporadas laborales, seguro, seguro, que no trabaja en el audiovisual.

La frase más repetida por estas fechas en el mundillo es: “menos mal que nos gusta nuestro curro que si no…” que si esto no lo aguanta ni Dios. Es que nos encanta, nos encanta quejarnos de ser privilegiados, porque sí, es cierto, estamos trabajando bajo un foco del tamaño del sol mientras el resto del mundo se tuesta bajo el de verdad, pero en unos meses cuando todos ellos hayan perdido el moreno y vayan palideciendo minuto a minuto en su jornada laboral puede que nosotros estemos en pleno martes de paseo por una playa de Tailandia o tomando una cerveza en una terraza berlinesa. Es así, no todo es malo, este desorden, este ir contra el resto del mundo, esta sensación de ser unos raros que no sabemos ni que estamos en verano si no fuera porque tenemos que ir a grabar los vídeos de los festivales de música propios de la época, merece la pena, cuando al final del día te vas a dormir agotado, con los pies doloridos, los hombros cargados, tu espalda intenta matarte, y tu sonríes por fin en la cama, sintiéndote satisfecho del trabajo que has hecho, que has contribuido a la magia del mundo, que cuando alguien vea ese spot que le lleve a su próximo coche, o al nuevo restaurante al que llevará a su pareja por su aniversario, o vean esa película que le hace llorar recordando un viejo amor, ahí hay una parte de ti.

Así que, quien quiere un verano de playa, de festivales y descansos perpetuos con un tinto de verano en la mano si puedes disfrutar cada día con aquello que te gusta, aunque recuperar el color humano y tomar alguna copilla, tampoco nos iría mal.

¡Feliz verano y un invierno lleno de trabajo!