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Maldita la hora

Maldita la hora en que llegué aquí.

Maldita la hora en que me pusiste frente a una cámara, te culpo a ti, te culpo de todo.

Maldita la hora en que encontré mi sitio, ese sitio al que nunca he sabido (o mas bien podido) volver.

Maldita la hora en que me puse al otro lado y perdí de vista el camino de vuelta.

Maldita la hora en que mi felicidad hizo un alto a mis posibilidades, parece ser que hay que elegir, siempre hay que elegir.

Maldita la hora en que me sentí plena, en que se abrió un futuro, una posibilidad, echando abajo todos los proyectos, aparentemente, sencillos que había planeado.

Maldita la hora en que volqué en ti mi identidad, ahora no sé qué soy, tampoco sé quién soy.

Tal vez no llegue a saberlo nunca.

 

¿Cómo te recuperas de la utopía?

¿Cómo renuncias al sueño?

Hace mucho tiempo que me volví demasiado realista como para tener sueños, pero me permití una licencia y ahí me perdí.

 

No sé si todo está perdido o sólo me he perdido a mi, las cosas han perdido su fin y su razón de ser, los esfuerzos no tienen un porqué, se han convertido en hábito, “hay que hacerlo”, aunque sólo vayan a  ocupar espacio en un papel.

 

Quisiera acabar con una sonrisa, un mensaje positivo, de amor, como suelo hacer, pero hoy no, hoy no puedo, no tengo fuerzas, tal vez mañana reedite el texto, pero hoy, hoy me rindo.

ACTRICES, PRINCESAS DEL MUNDO REAL

           

El otro día volví a ver el documental de Canal + “Actrices”, que por cierto, os recomiendo mucho,  y me asaltaron un montón de pensamientos,  unos alentadores y otros no tanto.

El documental consta de cuatro capítulos en los que las distintas generaciones de actrices españolas hablan sobre su experiencia en la profesión, los pros, los contras, el cumplir años… resultaba muy duro ver a grandes, a las más grandes de nuestro cine, diciendo que ya no hay sitio para ellas porque sus rostros ya tienen algún surco de más. Te hace pensar… ¿y las que aún no hemos empezado y nuestra edad ya se adivina a golpe de saludo? ¿habrá un sitio para nosotras? Hace que resulte muy desolador el hecho de haberte acomodado por miedo y que pasen los años  y la industria continúe sin saber que eres la actriz que necesita jejeje,  que a tus “treinta y“, empieza a ser tarde, Maura y Forqué te están advirtiendo, ¿entonces qué? ¿nos rendimos? ¿renunciamos al sueño? ¿a lo único que sabemos a ciencia cierta que sabemos hacer?

En el otro extremo tenemos a la juventud, las que empiezan a sus tiernos veinte años,  belleza que abruma y talento que golpea, chicas que vienen de caminos muy distintos: la suerte, el empeño, un apellido, una escuela, un talento natural… y todas coinciden en un lugar común: el sueño cumplido. Lo muestran tan fácil, tan natural, como si no hubiera que esforzarse, como si fuese lo que estaba escrito para ellas, pero todas empezaron muy pronto, todas tuvieron un mecenas, todas estaban en una capital, no en una isla perdida, parece tan sencillo… ¿lo es? Tal vez sea cuestión de tener valor y levantarte del sofá, echarte la maleta al hombro y salir de la zona de confort, de esta isla donde pensamos que existe una posibilidad, tal vez sea eso.

Resultó muy curioso ver a todas esas talentosas mujeres que admiras, que te han llevado a vivir grandes historias, las ves con admiración, como quién mira una obra de arte, sin tocarla, como si no fuera real, y, de pronto, una cara más cercana, una actriz con la que, por la azares del destino y personas en común, tuviste la suerte de topar un par de veces, con la que te fuiste de cañas, que te aconsejó sobre tu cicatriz, te dijo: ”ya verás que te acabará gustando, será parte de ti”, y tenía razón, puede que tuviera razón en el resto de consejos.  Esa chica de la pantalla, nominada tres veces al Goya, que ha trabajado con los grandes, que es una de las más admiradas entre sus compañeras de profesión, te trató con normalidad, fue una colega más, te acompañó al baño como cualquier amiga a criticar a cierta directora tirana, fue una persona real,  porque es lo que son, personas reales, ella y todas las demás, iguales a cualquiera de nosotras, quizá con una diferencia, ellas fueron valientes, lucharon por un sueño que al despertar seguía ahí.

 

Creo que es el momento de tomar decisiones, así que amigos míos, actores del mundo, que no os frene el miedo: levantaos y a soñar.

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