REFLEXIONES ARTICULADAS

REFLEXIONES ARTICULADAS

 

A ciertas edades nuestras articulaciones nos proporcionan una amplia información acerca de su existencia. A cada momento nos gritan: “que estoy aquí, no me olvides”. Y en verdad uno no puede olvidarlas. Continuamente se están manifestando en forma de pinchazos, sensaciones de ardor o, simplemente dolor o crujidos.

Cuando yo era niño no existían las articulaciones. Al menos nunca pensé que estuviesen ahí. ¡Ea!, cada vez que se juntan dos huesos, ¡cataplán!, allí aparece una articulación. Pero yo no sabía de su existencia. Ajeno a ellas corría, saltaba, me subía a los árboles, me tiraba al suelo, sin tenerlas en cuenta.

Curiosamente antes no las conocía, pero las usaba. Ahora las conozco muy bien, pero apenas las uso.

Pero no hay que culpar a las articulaciones. Ni a los años. Nada de malo tiene una articulación: basta preguntarle a los atletas cuántas medallas han conseguido gracias a ellas. Y, por supuesto, que nada de malo tiene un año: incluso nos hacen regalos por Navidad.

Los problemas empiezan cuando articulaciones y años (no uno, sino muchos) se juntan. Entonces a los huesos que forman la articulación empiezan a salirle agujeritos. Los expertos, sin esforzarse mucho, llaman poros a estos agujeritos. Y, como se producen en el hueso, huesoporos, y al proceso, huesoporosis. Pero esto suena muy feo, nuestro oído no tiene esta palabra en su base de datos. Por eso los médicos antiguos, que eran muy listos, recurrieron al griego y en vez de hueso lo llamaron osteo y, ¡eureka!, en vez de la horrible huesoporosis, la magnífica osteoporosis. Esta palabra ya nos hace más felices, aunque no tanto lo que representa.

 

Nos vemos en la próxima.

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LA DEPRESIÓN, ese Coco

 

 

LA DEPRESIÓN

 

Hace unos días me comentaba una amiga:

–      Hoy estoy deprimida”.

–      ¿Cómo lo sabes?- le pregunté.

–      Porque me siento triste- respondió mi amiga.

–      Y ayer, ¿te sentías triste también?

–      Al contrario, llevo una semana la mar de contenta. Es solo hoy cuando estoy triste.

Me sentí obligado a aclarar a mi amiga algunos conceptos que se confunden con una frecuencia mayor de la deseable.

–      Tú no estás deprimida, solamente estás triste- le dije.

–      Y qué más da, ¿no es lo mismo?- me preguntó.

–      No, ni mucho menos. Si tienes un ratito para atenderme, te explico las diferencias.

Y, como ella asintiera, comencé mi discurso procurando hablar en términos que mi amiga pudiese entender.

 

La tristeza es un sentimiento natural del ser humano. Como otros sentimientos, la tristeza nos invade (a veces conocemos la causa, otras no), pero en corto tiempo desaparece. A veces dura solo un momento, otras un poco más. Cuando la tristeza se marcha, llega el buen ánimo y aquí no ha pasado nada.

 

-¿Es normal el sentimiento de tristeza?, me preguntó.

-Es totalmente NORMAL sentir tristeza, le dije. La tristeza, como todas las emociones, son parte de la vida. Que la falta de un ser querido nos produzca tristeza es de lo más normal.

Lo que ya no es tan normal es que la tristeza venga para quedarse, que monte su campamento en nuestro corazón y se instale en él. Entonces ya no hablaríamos de tristeza, sino de la antigua melancolía, lo que hoy llamamos depresión. Esto ya no es un sentimiento, sino una enfermedad.

 

Pero no es bueno estar triste. No nos conviene acomodarnos a la tristeza cuando ésta aparezca, sino intentar sustituirla por pensamientos y actitudes positivas, como puede ser practicar deporte al aire libre y evocar recuerdos agradables.

Procuraremos siempre que el sentimiento de tristeza dure lo menos posible, que nunca llegue a acampar en nuestro corazón para convertirse en una depresión.

Una actitud positiva te ayuda a sobrellevar las desilusiones.

Aprender cómo sobrellevar la tristeza puede hacer una gran diferencia en tu vida.

 

 

Te daré ahora unas cifras y datos acerca de la depresión que quizás no conozcas. Si las conoces, nunca está de más recordarlas:

 

  • La depresión es un trastorno mental frecuente que afecta a más de 350 millones de personas en el mundo.
  • La depresión es la principal causa mundial de discapacidad.
  • La depresión afecta más a la mujer que al hombre.
  • En el peor de los casos, la depresión puede llevar al suicidio. Pero no todo ha de ser negativo, ya que:
  • Hay tratamientos eficaces para la depresión.

           

Por tanto, le dije a mi amiga, la depresión debe ser tomada con seriedad, como enfermedad seria que es.

Pero no debemos tomarla de un modo trágico ya que disponemos de tratamientos eficaces contra ella.

Y no debemos confundirla nunca con lo que antes llamábamos “horas bajas” y, en la actualidad “hoy estoy depre”. (continuará)SOLEDAD-Y-TRISTEZA-

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Los actos voluntarios son involuntarios III

 LOS ACTOS VOLUNTARIOS SON INVOLUNTARIOS

Parte 3

Debo hacer una pequeña introducción acerca de nuestros orígenes para que podamos comprender mejor el funcionamiento de nuestro cerebro.

Hace 180 millones de años, dominaban los reptiles en el planeta.

Entonces aparecieron los primeros mamíferos sobre la Tierra.

Hoy se conocen cerca de 5.000 especies de mamíferos.

Se clasifican a los mamíferos en órdenes. Para hacernos una idea, una ballena pertenece al orden de los cetáceos, un león al de los carnívoros y un canguro al de los marsupiales.

Nosotros, los humanos y nuestros ancestros, pertenecemos al orden de los primates.

Pues bien, ya que nos hemos clasificado como primates, con nuestros parientes los chimpancés y los gorilas entre otros,  grosso modo podríamos establecer nuestro pedigrí en la siguiente cadena:

ReptilesàMamíferosàPrimatesàHomínidosàHumanos

Ésta es una cadena evolutiva. Así evolucionamos y así evolucionaron también nuestros cerebros. Pero nuestros cerebros evolucionaron por acumulación.

¿Qué quiere decir esto? Quiere decir que en la evolución de nuestro cerebro:

  • partimos de un cerebro reptil sobre el que se desarrolló un
  • cerebro mamífero sin que desapareciera el cerebro reptil. Durante millones de años convivieron ambos cerebros. Hace unos 2,5 millones de años se empieza a producir un proceso de encefalización, de crecimiento del encéfalo, desde nuestro abuelo Australopitecus, con un volumen cerebral de 500 centímetros cúbicos, hasta los 700 de los miembros del género Homo y siguió creciendo hasta los 1.400 centímetros cúbicos del Homo sapiens actual. Es decir, sobre los dos cerebros anteriores
  • se instala un cerebro humano.

 

 

Las estructuras cerebrales, de más antiguas a más modernas son:

  • Tronco de encéfalo,
  • Sistema límbico y
  • Córtex o corteza cerebral, como figuran en el esquema.
Reptil, mamífero y racionl

Cerebros reptil, mamífero y racional

 

 

El tronco cerebral o tronco de encéfalo regula las funciones vitales del organismo como la respiración y la circulación. Corresponde al cerebro reptiliano y sus movimientos más primitivos son “ataque y huida”.

El cerebelo se encarga de las funciones motoras, como caminar y coger objetos con las manos.

El sistema límbico nos conoce mejor que nosotros mismos ya que se encarga de regular todo cuanto sentimos. Es el cerebro mamífero. Es el centro de las emociones.

Hasta aquí estamos hablando del cerebro inconsciente, el que nos conduce como un piloto automático.

Sobre él se instaló nuestro cerebro consciente. Por ello podemos decir que nuestra consciencia evolucionó tarde, cuando ya nos gobernaba el cerebro inconsciente. De tal manera que nuestro cerebro racional utiliza estructuras nerviosas anteriores que eran inconscientes. Así es que la mayor parte de nuestro funcionamiento mental es una mezcla de procedimientos conscientes e inconscientes que funcionan sincrónicamente.

 

Pero tengamos en cuenta que la mente consciente está limitada al córtex cerebral y dicha corteza cerebral es una capa de 1 milímetro de espesor que envuelve al cerebro como si fuese un gorro de ducha arrugado. El resto de la masa cerebral se dedica a funciones inconscientes.

En la actualidad se sabe también que el 99% de lo que vemos se proyecta desde nuestra memoria y solo el 1% es añadido por nuestros sentidos. Así es que podemos decir que nuestro presente más actual es en su mayor parte pasado, datos extraídos del almacén de la memoria. Nuestra memoria es el mayor órgano perceptivo (y no los sentidos).

Sabemos también que nuestro cerebro puede percibir 11millones de unidades de información, pero que solo percibimos conscientemente 40. Con cierto sarcasmo podríamos decir que somos ridículamente racionales.

A mayor abundancia podemos decir que siempre vivimos en el pasado, ya que, cuando percibimos algún suceso conscientemente, ya ha sucedido antes, al menos 1/3 de segundo (Gerhard Rot, neurocientífico de la Universidad de Bremen). Este retardo de la consciencia tiene enormes consecuencias.

 

Esto podemos entenderlo mejor con un ejemplo:

Un niño sale de la puerta de su casa hacia la calzada corriendo detrás de una pelota.

Al mismo tiempo se aproxima velozmente un coche.

La madre está en la acera y ve la situación.

A la vista de este escenario se ponen en marcha los siguientes procesos:

  • El haz de luz que manda lo que está sucediendo llega a la pupila.
  • Los datos que aporta son encriptados en forma de impulsos nerviosos (retina).
  • Los millones de impulsos nerviosos corren por el nervio óptico.
  • 50 milisegundos después llegan al Tálamo (portero de la mente consciente).

En el tálamo la señal nerviosa se bifurca:

a)    Vía normal: Los millones de impulsos eléctricos que portan la señal luminosa se dirigen hacia la zona del cerebro encargada de la visión, la cisura calcarina, que se encuentra en la parte posterior (occipital) del cerebro. Allí se analizan los componentes de la imagen, forma, color, luminosidad, contraste, etc., y envían sus resultados, cotejados con la base de datos de nuestra experiencia visual de dicha cisura calcarina, a la parte anterior del cerebro, al lóbulo frontal.

En el lóbulo frontal todos los fragmentos visuales se recomponen en una imagen con significado y se vuelven a enviar al lóbulo visual occipital (cisura calcarina).

Solo entonces, después de estos rodeos, podemos ser conscientes de la imagen, un niño corriendo tras una pelota en nuestro ejemplo. Nuestro cerebro consciente ha tardado mucho tiempo (la friolera de 300 milisegundos) y el niño habría sido atropellado.

Afortunadamente nuestro cerebro inconsciente, más rápido, resuelve el problema. ¿Cómo? Sencillamente cortocircuitando la vía tan complicada que hemos descrito. Creando una:

b)    Vía de emergencia: Desde el Tálamo se da un aviso urgente a la Amígdala, conocida como el “botón del pánico”. Ésta nos pone en marcha en menos de 150 milisegundos y actuamos sin saber por qué, inconsciente, pero rápidamente. Así la madre salva al niño “sin darse cuenta”

Es la ventaja de que nos gobierne nuestro cerebro inconsciente.

Vía normal y de emergencia

Vías conscientes (lentas e inseguras) e inconscientes (rápidas y certeras).

 

En este esquema explico de una manera simplificada:

  • La vía consciente: larga y lenta. Muy consciente, sí, pero siempre llega tarde, y
  • La vía de emergencia: Cortocircuitada, rápida, inconsciente pero certera.

Y aquí dejamos por hoy el tema.

Sí, somos racionales, somos seres conscientes. Pero no nos sintamos tan orgullosos, no sobrevaloremos el raciocinio. Vivimos gracias al reptil y al mamífero que llevamos dentro.

Con solo nuestro cerebro racional, el córtex o corteza cerebral, no hubiésemos durado ni un cuarto de hora en la historia evolutiva.

Humildad, por tanto, que nunca está de más.

Tres cerebros

Cerebros

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Los actos voluntarios son involuntarios II

LOS ACTOS CONSCIENTES SON INCONSCIENTES

Parte 2

 

Nuestra consciencia está sobrevalorada. Nos sentimos muy orgullosos como humanos de ser la cúspide de la creación para los creacionistas o de la evolución para los evolucionistas.

Todo lo hemos racionalizado. Desde la atalaya de nuestra consciencia miramos por encima del hombro a todo lo irracional e inconsciente.

Pero la moderna Neurofisiología con sus técnicas experimentales y la mayor facilidad tecnológica para “ver” cómo funciona el cerebro han hecho tambalear a esta lente de aumento con la que miramos lo racional, lo consciente.

Desde la segunda mitad del siglo pasado se van acumulando los experimentos hasta llegar a la certidumbre de que todos los actos voluntarios son iniciados involuntariamente, lo que equivale a decir que todos los actos conscientes son iniciados inconscientemente.

Si me levanto de la silla para beber agua porque tengo sed, ¿cuándo soy consciente este acto?

Yo no he razonado “Tengo sed, luego debo levantarme de la silla, ponerme en pie, comenzar a caminar hacia la cocina, coger un vaso, abrir el grifo, verter el agua, cerrar el grifo y llevar el vaso hacia mi boca”.

Si tuviésemos que hacer todo este razonamiento para beber un vaso de agua, muchos moriríamos deshidratados.

Sucede que nuestro cerebro está procesando continuamente infinidad de información que está por debajo del nivel de nuestra consciencia. Y esto es bueno. No podríamos ser conscientes de todos los datos porque, al ser tantos e incluso contradictorios, sería un caos.

Todos estos datos, estas señales de información, están compitiendo unas con otras a un nivel inferior a la consciencia y solo afluyen al terreno de lo consciente las que son más relevantes y pasan el umbral. A la información que sobrepasa ese umbral la consciencia le presta atención. En ese caso el cerebro consciente hace una de estas dos cosas: a) las deja pasar, es decir las expresa o b) las cancela, las reprime y las devuelve al cerebro inconsciente.

El cerebro inconsciente gestiona el 90% de lo que hacemos, tanto dormidos como despiertos.

Conforme avanzan las investigaciones vamos viendo que lo que creíamos antes que eran decisiones conscientes cada vez va siendo más reducido. Podríamos decir que lo consciente se va convirtiendo en el enanito de la mente mientras que lo inconsciente se va agigantando.

Hoy sabemos que lo que usted o yo vemos no son más que una serie de señales electroquímicas que circulan dentro del cráneo.

Sabemos, además, que estas señales electroquímicas de nuestro cerebro no son más que la percepción de otras señales electroquímicas que proceden de la realidad que nos rodea. ¿Quiere esto decir que no existe la realidad, que la hemos sustituido  por unas señales electroquímicas? No, la realidad está ahí pero nosotros nunca hemos estado de visita en ella. Solo ha estado en el interior de nuestra mente.

Estas señales electroquímicas se producen en las neuronas cerebrales. Las neuronas cerebrales se ponen en contacto unas con otras para formar redes. Estas redes son complejas. Unos 15.000 millones de neuronas pueden activarse para formar redes en una fracción de segundo. Estas redes constituyen la circuitería del cerebro. Pues bien:

La circuitería inconsciente del cerebro procesa 200.000 veces más datos que la consciente.

Si a esto le sumamos que el pensamiento consciente consume más energía que los músculos de un atleta de élite puestos en acción, entenderemos la preferencia del cerebro por utilizar más su parte inconsciente y escatimar el pensamiento consciente.

Y es que, amigos, pensar cuesta mucho trabajo.

 

Y dejamos aquí nuestro cuento para continuarlo en la siguiente entrada.

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Los actos voluntarios son involuntarios I

No hace mucho me comentaba un querido amigo acerca de la habilidad que había apreciado en las manos de una pulpeira cortando las patas del sabroso cefalópodo. Redondeaba su relato hablándome de la maravilla de los actos voluntarios. De cómo el cerebro daba la orden y las manos (los huesos de las manos movidos por sus músculos) la ejecutaban con esa endiablada habilidad.

Involuntariamente debí esbozar una sonrisa. Los músculos de mi boca se movieron a la orden de un cerebro voluntario que no quiso dar esa orden. Pero mi amigo me conoce muy bien y me interrogó con su mirada.

-¿Qué falla en mi exposición?-, me vino a decir.

Como permaneció callado y mirándome interpreté que esperaba mi explicación.

Y procedí a dársela.

-El cerebro –le dije- es el mayor procesador de nuestro organismo. En nuestro cuerpo tenemos millones de procesadores…

-Sabía que el cerebro es comparable a un procesador –dijo mi amigo-, pero millones de ellos.., ¿dónde?

-Piensa en una célula –le contesté-, en como procesa los principios inmediatos, cómo los metaboliza y elabora, cómo produce la energía para que se mueva el organismo, incluso el cerebro. Piensa en los cientos de funciones que ejecuta más las que le suponemos y aún desconocemos. Sí, la célula es un microprocesador, un ordenador en miniatura. Pues bien, de estos ordenadores tiene nuestro organismo nada menos que aproximadamente 10 billones. Parece que son bastantes.

Asintió mi amigo, lo que me dio pie para continuar.

-El cerebro es el procesador de procesadores. Una de sus funciones es coordinar los otros 10 billones de procesadores del organismo, lo que tiene todo el aspecto de ser una ardua labor.

El cerebro es, si se me permite, nuestro ordenador personal. Pero es algo más que un PC o que un Mac aunque tiene también tiene también comportamientos coincidentes.

Como un ordenador, nuestro cerebro necesita unos dispositivos de entrada que le aporten información para formar una gran base de datos. Estos dispositivos de entrada son los sentidos. Con ellos captamos cuanto nos rodea y pasamos la información al cerebro que:

  • Procesa (analiza dicha información).
  • Decide (toma decisiones después del análisis).
  • Almacena (almacena los datos que le interesan –y los que no-).

Confecciona una gran base de datos: la memoria. En ella almacena toda la información relevante que le suministran los sentidos. Pero el cerebro subconsciente también capta y almacena otro tipo de información que le pasa desapercibida al cerebro consciente. Esta información subconsciente forma la parte sumergida del iceberg de la información cerebral. Esto quiere decir que, de toda la información que nuestro cerebro contiene, solo una parte es consciente; el resto, las otras nueve partes, pertenecen al inconsciente. A la parte oculta del iceberg, que mantiene a flote la parte visible.

Cualquiera de nuestros actos voluntarios está impregnado de una gran carga subconsciente. En el cerebro también es cierto que nunca hubiese habido un Napoleón sin una Josefina.

Y es que en nuestra larga evolución el cerebro racional es un recién llegado. Muchísimo antes llegó el cerebro reptil y luego el cerebro mamífero.

Los tres cerebros conviven dentro de nosotros. Podemos decir que tenemos:

  • Un cerebro reptil,
  • Un cerebro mamífero y
  • Un cerebro racional.

Pero lo más importante es que los tres son humanos.

¡Y los tres mandan!

Esto nos introduce en el tema que continuaré en la próxima entrada.

(continuará)

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Citas previas

O SUBIR PARA ARRIBA

Mientras esperaba turno en mi Centro de Salud, mi vista tropezó con el inevitable cartelito de “CITAS PREVIAS” y un escalofrío recorrió mi cuerpo. Me sucede siempre que veo escrita una barbaridad gramatical. Es una debilidad que no consigo evitar. Ni lo pretendo.

Busqué en la base de datos de mi memoria, pero todo fue inútil. No conseguí encontrar ninguna cita que fuese posterior al evento para el que se es citado. En otras palabras no conseguí hallar  una cita para ayer o recordar que alguien se citara para el año pasado.

Y es que es condición de toda cita que se precie ser anterior, o previa, al evento en cuestión. Por tanto, con que en el cartelito figurase la palabra “CITAS” sería más que suficiente y a nadie le quedaría la menor duda de que en aquel lugar se conciertan las citas para las consultas. La añadidura de “PREVIAS” convierte la frase en una redundancia flagrante, en un disparate gramatical también conocido como pleonasmo. ¡Un pleonasmo, nada menos, qué horror!

Como no tenía otra cosa mejor que hacer mientras esperaba, intente explicarme de dónde procedía aquel cartel redundante que, por lo demás, tanto éxito social había tenido, ya que lo encontramos en cualquier sitio, de tal manera que usted no es nadie si recibe en su negocio un cliente sin una “cita previa”. Hasta tal punto ha calado en el tejido social la frasecita que ya parece que una cita no es cita si no es previa (si Lebrija levantara la cabeza).

La cosa debió ser así: para intentar ordenar la numerosa asistencia a los servicios sanitarios de la Seguridad Social, algún gerifalte dijo al funcionario de turno que la asistencia a las consultas habría de ser mediante cita, o previa cita y, en algún momento, alguna conexión neuronal falló haciendo que el probo  funcionario pensase que, tanto monta, monta tanto, e invirtiese el orden de las palabras. Y así, burla burlando, el alquimista transmutó “previa cita” en “cita previa“. ¡Albricias!

Dada la ubicuidad de la Seguridad Social no hubo un rincón del suelo patrio donde no llegara un cartelito aberrante: CITAS PREVIAS. Millones de folletos, pasquines y demás enseres administrativos fueron impresos con las dos palabras, cabalgando una encima de otra, -“cita” y “previa”, por ese orden- que se infiltraron, liminal y subliminalmente, en el subconsciente colectivo.

Cita previa, cita previa, cita previa, el sonsonete martilleaba mi cabeza. Recordé, ya lejana, una cita previa que tuve con mi novia Purita que llegó tarde como siempre. Imaginé un escritor haciendo una cita previa literaria y a un mujeriego acudiendo a una casa de citas previas. Por no hablar del político que tiene una cita previa con la historia o el cura en el púlpito haciendo citas previas de los evangelios.

Para volverse locos.

El sonido breve pero rotundo de un timbre ahuyentó mis cavilaciones. Mi turno había llegado. Me encaminé al mostrador y para pedir cita. A secas. Sin anestesia.

© Rafael Úbeda Márquez, mayo, 2012.

 

 

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El Hombre, esclavo de los genes

Genes 1

Núcleo, cromosoma, ADN y gen.

El gen inmortal

ALGUNOS HECHOS Y PREGUNTAS

  • Los seres humanos (como el resto de los organismos) nos parecemos a nuestros progenitores.
  • Pero no somos totalmente iguales a ellos.
    • ¿Por qué nos parecemos a ellos?
    • ¿Dónde se encuentra la información que nos hace ser como somos?

Nuestros padres, hasta los más pobres, siempre nos dejan una herencia: la información genética.

Esta información definirá nuestras características anatómicas, fisiológicas y psicológicas. A esta información le llamamos genotipo, es decir, nuestro tipo genético o tipo heredado. A él debemos que seamos rubios o morenos, altos o bajos, peludos o lampiños. Incluso condiciona nuestra conducta, haciéndonos más alegres y extrovertidos o bien más reservados o taciturnos.

  • Al material que transmite la información genética, el código de barras que nos hace ser como somos, se le llama material hereditario.
  • Dicho material hereditario se encuentra en el núcleo de la célula.
  • Más concretamente en los cromosomas.
  • Para ser más exactos, en el ADN (ácido desoxirribonucléico).
  • Y precisando aún más, en unos trozos de ADN que reciben el nombre de genes.
Genes 2
Esquema de un gen

Perogrullesco resulta decir que

  • la ciencia que estudia los genes se llama Genética (estudia las leyes de la transmisión hereditaria).
  • gen está en la raíz de genotipo, que no es un tipo con genio, sino la información genética que define a un individuo.
    • Dicha información se encuentra en cada una de sus células y se tiene desde el momento mismo de la fecundación.
    • Por tanto la información genética se heredará al 50 por ciento del padre y de la madre.
    • gen, igualmente, es la raíz de genoma, palabra con la que designamos el contenido genético total de una célula o de un individuo. Quién no ha oído hablar del genoma humano, pues bien, con esta frase nos referimos a toda la dotación genética del individuo humano.
    • cromosoma (del griego cromo, color y soma cuerpo). Etimológicamente serían “cuerpos de color”. Esto es debido a que en el núcleo de las células existe una sustancia que se tiñe intensamente por los colorantes celulares. Debido a esto se llama cromatina (cromos, color, de Pero Grullo otra vez). Pues bien, esta cromatina se divide en pequeñas porciones o cuerpos (somas) que se llamaran.., exacto: cromosomas.

GENES, CROMOSOMAS Y ADN

Todos hemos escuchado hablar sobre los genes, cromosomas y el ADN, pero muchas personas no saben muy bien qué son estas cosas.

  • Todas las células del cuerpo contienen cromosomas.
  • Los cromosomas se encuentran en el centro de control de la célula: el núcleo.
  • Hay 23 pares de cromosomas en las células humanas, lo que hace un total de 46 cromosomas.
  • Este número, 46, es muy importante. Es el DNI de nuestra especie. Si un investigador encuentra un trocito de hueso y este tiene 46 cromosomas, podrá asegurar que está ante un trozo de hueso humano.

.

  • Cada cromosoma se compone de dos mitades: una que heredamos de nuestra madre y otra de nuestro padre.
  • Los cromosomas están hechos de ADN.
  • En el ADN se encuentra el código genético, el plan para formar un ser humano.
  • El ADN es un poco como un manual de instrucciones para construir un hombre.
  • Cada hebra de ADN es en realidad una larga cadena de genes.
Genes 3

Cadena helicoidal


  • A medida que heredamos una copia de cada cromosoma de cada uno de nuestros padres, también heredamos una copia de cada gen de cada uno de ellos.
  • Los científicos piensan en la actualidad que hay alrededor de 25.000 genes humanos diferentes.
  • Más del 99% del código genético es idéntico en todos nosotros.
  • El 1% restante es lo que nos hace que seamos diferentes unos de otros.

Moraleja: A qué envidiar a los demás si somos iguales que ellos en un 99 por ciento. Sería como envidiarnos a nosotros mismos. El mismo razonamiento tendríamos que aplicar a los pleitos, luchas y rencores con los que nos complicamos la vida.

Tendríamos que tener más en cuenta esta realidad: de las cien partes que forman a mi enemigo, 99 son mías. ¿Merece la pena luchar por una minúscula parte? Ridículo.

Genes 4

División celular por mitosis

Son, por tanto, los genes los que mandan en la célula y en todo el organismo.

 

A la protección y conservación de estas pequeñas moléculas con tanto poder van encaminados todos los esfuerzos de nuestro organismo.

Juguemos a los muñecos rusos:

El muñeco mayor, que envuelve a los demás, es el cuerpo.

1)      El cuerpo envuelve a las células.

2)      Las células envuelven a sus núcleos.

3)      Los núcleos a los cromosomas.

4)      Los cromosomas al ADN.

5)      El ADN envuelve a los genes.

¡Estos enanos están bien protegidos!

Pensemos en otro juego:

Por no remontarnos mucho en el tiempo,

  •   el padre de mi padre murió, pero antes había transmitido sus genes a mi padre,
  •   mi padre murió, pero antes de hacerlo me había transmitido los mismos genes que heredó de su padre,
  •   yo moriré, pero ya he transmitido mis genes heredados a mis hijas
  •   que, a su vez, lo harán a sus hijos
  •   y estos a los suyos en una cadena interminable

¿Y nos creemos los “reyes de la creación” o la causa final de la evolución?

Si bien lo miramos, aquí solo hay unos reyes o una causa final evolutiva: los genes.

Nosotros solo los envolvemos y los depositamos cuidadosamente en la siguiente generación. Luego nos morimos mientras nuestros genes siguen vivos (viven sin vivir en mí).

Así es que más humildad, señores, que aquí el protagonista es el gen para el que nosotros solo somos objetos de usar y tirar.

 

© Rafael Úbeda Márquez.

Tabaiba, 1 de mayo de 2012.

 

 

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Homeostasis, y perdonen la palabra

Definamos primero el concepto de la extraña palabreja:

HOMEOSTASIS

  • Procede del griego

homos: similar y

stasis: posición, estado

  • Y podemos definirla como:

Conjunto de

  • fenómenos y mecanismos de autorregulación
  • por el que los  seres vivos tienden a
  • alcanzar un equilibrio dinámico de su medio interno.

En el siglo XIX Claude Bernard, considerado a menudo como padre de la Fisiología, acuñó el concepto de medio interno. En el siglo XX Cannon le llamó homeostasis. Tanto monta, monta tanto.

Tradicionalmente se ha aplicado en biología pero, dado el hecho de que no sólo lo biológico es capaz de cumplir con esta definición, otras ciencias y técnicas han adoptado también este término. Actualmente se habla también de homeostasis social, psicológica y cibernética, temas todos ellos interesantes que apunto aquí solo como curiosidad.

La homeostasis es uno de los principios fundamentales de la fisiología, ya que un fallo en esta característica puede ocasionar un mal funcionamiento de diferentes órganos e, incluso, la muerte.

La homeostasis biológica es un

  • equilibrio dinámico que se alcanza gracias a
  • constantes cambios para
  • mantener el resultado del conjunto.

En el organismo, como en el resto del universo, todo está en continuo cambio, (el panta rei –todo fluye- de Heráclito mantiene plena actualidad) y se da la paradoja de que hay que moverse mucho para estar quieto.

 

Equilibrio

Homeostasis-Equilibrio

Tendencia de los organismos vivos y otros sistemas a adaptarse a las
nuevas condiciones y a mantener el equilibrio a pesar de los cambios.

 

Para mantener este puro movimiento, este equilibrio dinámico,

  • el organismo necesita mucha energía, que
  • obtenemos de nuestro entorno por medio de los alimentos, que
  • transformamos en glucosa, nuestro combustible

A través de los alimentos formamos parte íntima -literalmente- de nuestro entorno, de nuestro planeta y del universo. Desgraciadamente no nos paramos a pensar en esta realidad, limitándonos a no ver más allá de nuestras narices. Lo que no es demasiado dada la escasa longitud del mencionado apéndice.

Pero volvamos a la homeostasis y pongamos un ejemplo para dejar claro un concepto tan importante. Tan importante que nos va la vida en él.

Pensemos en una constante de nuestro organismo que es conocida por todos: la temperatura.

En condiciones normales la temperatura de un adulto sano es de 37 grados centígrados.

 

Temperatura retroalimentada

Para que esta temperatura corporal se mantenga constante se realizan en el organismo

–  multitud de reacciones químicas en las que se desprende energía (reacciones exergónicas para los coleccionistas de palabrejas, que no de palabrotas) en forma de calor y

–  otras tantas con absorción de la misma (reacciones endergónicas para los mismos coleccionistas de antes)

Pero viene una dichosa bacteria y nos produce una infección. Las bacterias son muy prolíficas y en unos momentos son millones de ellas por lo que saltan las alarmas y el organismo manda su ejército de glóbulos blancos al frente de guerra antibacteriano. En el fragor de la batalla se desprende mucha energía calorífica: Tenemos fiebre. Andamos por 39 grados por decir algo. Pero nuestro organismo es de costumbres fijas y quiere reponer los 37 de rigor. Para ello

a)     dilata las pequeñas arteriolas de la piel que actúan como un radiador que pierde calor

b)     se abren los poros para que actúen las glándulas sudoríparas

c)      se produce sudoración. El sudor se evapora. La evaporación se hace con absorción de calor–>enfriamiento de la piel.

Por otro lado:

La temperatura de la piel es captada por los termorreceptores cutáneos que informan a

  1. corteza cerebral–>consciencia de calor o frío–>manda mover o parar la musculatura para dar o quitar calorcito.
  2. hipotálamo–>informa a la HIPÓFISIS, glándula marimandona que se pondrá a dar órdenes.

-¡Hala, Tiroides, muévete!: Y el tiroides aumenta T3 y T4 que aumentan la actividad metabólica (AAM).

-¡Vosotras también, suprarrenales!: Y estas, obedientes, a descargar adrenalina –> AAM.

La hipófisis generala pide informe del resultado de sus órdenes para adecuar las siguientes a dichos informes.

Y de esta manera, que a mí me admira y espero que a ustedes también, regula nuestro organismo su temperatura.

¿Alguna vez se han hecho un análisis de sangre u orina? Quién no. Pues bien, las cifras que figuran en el informe al lado de sus resultados, generalmente entre paréntesis, son otras constantes de nuestro organismo que también ha de regular para mantener dentro de sus límites. Y lo hace por mecanismos similares al que antes he descrito.

¿Cuántas constantes le pide su médico de cabecera en los análisis? ¿Cincuenta? ¿Cien? Seguro que no tantas. Pero hay muchas más. Y todas ellas tiene que regularlas esa magnífica máquina que se llama cuerpo humano. Mucho más que un Ferrari.

Homeostasis: Difícil palabra que apunta con su dedo -las palabras son dedos que señalan- a un trabajo aún más difícil.

Los siglos XX y XXI serán conocidos como siglos de la tecnología y de las máquinas.

Pero la tecnología de nuestra máquina la ha ido formando a lo largo de 3.500 millones de años un ingeniero experimentado y sabio: la Naturaleza.

Homeostasis

Homeostasis de la temperatura

 

El organismo restablece su temperatura constante según este esquema.

O, al menos, lo intenta.

Si no lo consigue le ayudaremos con algún antibiótico.

Pero esa es harina de otro costal.

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Publicado el por Rafael Úbeda en Antropología, Biología, General, Mecanismos 2 comentarios

En la casa del metabolismo

En este vídeo que he compuesto resumo conceptos básicos acerca de la estructura de la célula y la función de cada uno de sus elementos.

La célula es una maravillosa fábrica microscópica donde se fabrican nada menos que hombres.

Pasen y vean:

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Prometeo se compra un pañuelo

…Y LO USA

Hace unos días, mientras esperaba mi turno para una revisión analítica en mi Centro de Salud, pude asistir a un magno concierto de toses de todos los tonos y timbres y en las más variadas tesituras.

Todas ellas entonadas por mis colegas, los pacientes, y todas ellas con un denominador común: ni uno solo de los tosedores tapó su boca con un pañuelo para protegerse o, mejor, para protegernos a los que les circundábamos.

Habida cuenta de que:

1.-Las enfermedades respiratorias representan el 10% de todas las muertes en España.

2.-Y que esta patología ocasiona:

  • el 10% de las consultas en Atención Primaria,
  • el 35% de las de Neumología y
  • cerca del 10% de las hospitalizaciones anuales- unas 40.000-.
  • La EPOC (para entendernos, Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica, o, a mayor abundamiento, lo que antes llamábamos bronquitis crónica) genera unos costes directos al Estado de aproximadamente 238,82 millones de euros, o lo que es lo mismo, un 2% del presupuesto total de la sanidad pública. Además cabe resaltar que este tipo de pacientes sufren una media de 1-2 agudizaciones al año. De éstas, una de cada seis requiere un ingreso hospitalario, por lo que un total de un 13% de pacientes han fueron ingresados en el último año, ocasionando unos costes de 105 millones de euros. Cifra ésta muy incrementada si sumamos las neumonías y las alergias respiratorias cuando se complican con procesos infecciosos
  • Las enfermedades respiratorias crónicas se agudizan en ésta época del año a causa de múltiples factores como la proliferación de decenas de virus que afectan al sistema respiratorio, entre ellos la gripe, y factores ambientales como la contaminación atmosférica, que contribuyen al aumento de este tipo de patologías.
  • La gripe, es una enfermedad infecciosa aguda de las vías respiratorias que afecta a todos los grupos de edad y a toda la población, aunque existen grupos de individuos con un riesgo más elevado como

– las personas mayores de 65 años,

– los pacientes con enfermedades crónicas de cualquier edad,

– las mujeres embarazadas y

– los pacientes con enfermedades cardiovasculares.

Habida cuenta también de que al toser, como al estornudar, sobre todo:

Al estornudar el aire que expulsamos puede alcanzar velocidades de 160 kilómetros por hora (un estornudo sería multado en nuestras autopistas). Además, la cantidad de aire que aspiramos antes de realizar el gesto, puede ser de unos dos litros y medio. Esta mezcla de velocidad y aire hace que, al estornudar, nuestro rango de  contaminación sea de unos 5 metros cuadrados.

Somos más peligrosos de lo que creemos.

Atomizador

Estornudo

Pero todo ello sería evitable con un simple pañuelo, ¡válgame Dios!

Consecuencias

Tenga cuidado, ¡caramba!

Al estornudar, toser y hablar expulsamos el aire de nuestros pulmones, pero este aire se junta con malas compañías: gotitas de saliva más o menos microscópicas (gotitas de Flügge y de Wells) hasta las conocidas “perdigonadas”, que pueden ir acompañadas de la más variada flora bacteriana y otros tipejos indeseables.

Gotitas de Flügge: pequeñas gotas expulsadas por la boca al hablar, toser, estornudar que pueden transmitir enfermedades contagiosas de un individuo a otro (Diccionario Goitrina de términos médicos).

Una señora que se sentaba a mi lado me obsequió con varias salvas de aerosoles con su tos. Otro, algo más allá, estornudaba.

Yo me protegía con el pañuelo como escudo sobre mi boca y nariz.

¿Qué ha sido hoy en día de los pañuelos? A fuer de ser antiguo añoro ese trozo de lienzo blanco (o de otro color, sin manías) del que nuestros padres no se desprendían. Por más que observo a los jóvenes nunca sorprendí a uno con un pañuelo. Alguno, si acaso, anudado al cuello. Incluso rodeando la frente cual pirata berberisco. Pero cerca de la nariz y la boca, ninguno.

Pañuelos

Así son los pañuelos

La sociedad moderna, que no repara en celulosas, creó unos “pañuelines” de papel con los que las secreciones nasales terminan en los dedos. Pero, no sé si por eso o pese a eso, tampoco se usan demasiado.

Y lo que digo de los jóvenes lo hago extensible a los que ya no lo son. Se perdió la costumbre de usar el pañuelo.

Nos protegemos de las enfermedades venéreas (hala, de transmisión sexual que queda más bonito) con un condón (perdón, preservativo o, más cursi y eufemístico, profiláctico), pero no nos protegemos de las de transmisión respiratoria con un pañuelo.

¿Han pensado los gobiernos lo que ahorrarían en gastos sanitarios?

¿Se ha considerado la de vidas humanas que podrían salvar estos trapitos?

Cuando tantos millones se gastan en campañas sanitarias y otras de vacunación antigripal (que me parece muy bien), ¿ni un eurito para promocionar el buen uso de los pañuelos?

Pero seguimos sin usar el pañuelo. En el mejor de los casos, cuando tosemos o estornudamos, nos tapamos la boca con las manos.

Pero, ojo con las manos, que luego van al pan.

Cuidado con las manos

Y luego van al pan

Calería de fotos de la entrada

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