¡Hola!, soy tu cuerpo

…y no quiero estar solo.

Quiero cerrar esta primera aproximación a LA MÁQUINA HUMANA con esta entrada. Con ella se cierra y resume un primer ciclo.

El hombre nace, crece, se reproduce y muere. Esta cancioncilla nos la hacían repetir en el colegio a los que ya llevamos andado un largo trecho en el camino de la vida. Se olvidaban los pedagogos de la época de añadir una cuenta al rosario nace, crece, se reproduce… En la letra de la canción faltaba decir que el hombre también se relaciona. Sobre todo se relaciona puesto que el hombre es, por encima de todo, un ser social. Ni siquiera en el peor de los casos podría existir un Robinson sin un Viernes.

Somos seres sociales

Pues bien, reconstruyamos las tareas humanas, completemos la letra de la canción: el hombre nace, se relaciona, crece, se reproduce y muere. Así suena mejor. Nada más nacer entra en relación con el asistente del parto e inmediatamente con la madre (con la que, por demás, ya estaba en relación dentro del útero). Empieza así a tejer los lazos que formarán su afectividad, imprescindible para llegar a ser un adulto sano. Es por esta relación, lo que Rolf Carballo llamó “urdimbre afectiva”, y por la importancia que tiene en el desarrollo emocional del niño, por lo que he insistido más en el reflexivo “se relaciona”.

Una vez hecha esta aclaración diré que este blog pretende explicar de un modo sencillo qué es el cuerpo humano, cómo funciona y con qué talante emprende y realiza esas funciones que le asignan los pedagogos, muy ciertas por lo demás.

Un organismo humano adulto es, entre otras cosas, una máquina en funcionamiento.

Para que esta máquina funcione necesita una energía que genera a partir de un combustible. Dicho combustible son los nutrientes y se encuentran en los alimentos. Tales nutrientes los extrae el organismo de los alimentos por el proceso que conocemos como digestión.

La sangre distribuye estos nutrientes por todos los rincones del organismo. Pero todos los rincones del organismo están formados por células. Las células ponen en marcha sus máquinas de precisión para convertir estos nutrientes en energía.

Son destinatarios de esta energía:

- El cerebro, el gran director y vigilante de que todo el organismo (conjunto de órganos) funcione a la perfección.

- Los órganos (en sentido amplio), que necesitan combustible para ejecutar las órdenes recibidas del cerebro y hacer su trabajo para que la marcha armónica de la máquina humana sea posible.

- Los músculos, que, actuando sobre los huesos del esqueleto mediante mecanismos de palanca, producen la gran cantidad de movimientos de que es capaz el ser humano.

Músculos en movimiento

Pero, como en toda máquina, la realización de todas las funciones orgánicas produce unos desechos tóxicos cuya acumulación en el organismo podría ser fatal. Se encargan de su eliminación de manera preferente los riñones, el pulmón, el aparato digestivo y la piel a través de las glándulas sudoríparas que se alojan en sus poros.

El organismo necesita otro combustible fundamental: el oxígeno (O2). Apuntemos que lo obtiene de la siguiente manera: El aire penetra en los pulmones en la inspiración, primer movimiento respiratorio. En la parte más profunda de los pulmones se encuentran los alveolos en cuyas paredes la sangre se pone en íntimo contacto con el aire atrapando el oxígeno de este último y distribuyéndolo por todo el organismo. Para el traslado lo empaqueta en los glóbulos rojos. Una vez utilizado el O2, sus residuos son devueltos a los pulmones mezclados con carbono (C) en forma de anhídrido carbónico o dióxido de carbono (CO2) que es expelido al exterior en un segundo movimiento respiratorio o espiración.

En próximas entradas veremos aspectos concretos de nuestra máquina con un mayor detenimiento.

Publicado el por Rafael Úbeda en Resumen ¿Qué opinas?

El autor

Rafael Úbeda

Médico. Escritor aficionado.

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