Orgasmos para la eternidad


El individuo y la especie

o El goce en la comida y la reproducción

Si las especies vivas que existen en la naturaleza no se reprodujeran, terminarían por extinguirse. Con ello acabaría la vida en la tierra, desaparecería la humanidad y se extinguiría lo que entendemos por naturaleza: 13.500 millones de años de evolución en el Planeta Tierra habrían fracasado.

Para evitar este fracaso y asegurar la continuidad de las especies vivas sobre la tierra, Natura encarga a cada individuo de la especie una doble misión:

1.- Mantenerse a sí mismo: Alimentación.

Mantenimiento del indivíduo

2.- Mantener la especie: Reproducción.

Mantenimiento de la especie

En las especies llamadas inferiores la naturaleza resolvió estas cuestiones de un modo dictatorial e inapelable: los instintos. Los animales sometidos a ellos no podrán negarse ante el alimento si tienen hambre. Del mismo modo cubrirán a la hembra en cualquier circunstancia siempre que ésta se encuentre en celo. Cuando escuche a alguien presumir de aquello de “aquí te pillo, aquí te mato” seguramente será un saltamontes. O algo parecido.

Estas especies tienen aseguradas su continuidad en el tiempo por este mecanismo (cataclismos aparte, y la intervención humana no es uno de los menores).

Instintos e impulsos:

Pero el mayor desarrollo cerebral del hombre hace que en él no existan instintos, sino impulsos. El impulso es algo así como un instinto modulado por el cerebro. El instinto es ciego e imperativo: obliga a hacer. El impulso es una tendencia controlable: inclina a hacer, pero no determina.

Las trampas de Natura: el deseo y el placer:

Para mantenerse, el espécimen humano ha de alimentarse: comer para los amigos. Pero comer supone masticar, es decir prensar los alimentos entre nuestros maxilares, lo que supone poner en marcha los músculos masticadores, los más potentes de nuestro organismo (tenemos una constancia dolorosa de su potencia cuando, por descuido, nos mordemos la lengua; no lo duden, podrían cortarla). Sí, el trabajo de la masticación supone un gran esfuerzo que, por sí solo, intentaríamos evitar.

Por otro lado la especie humana no siempre ha comido alimentos sabrosos. No olvidemos que nuestros ancestros comían carne cruda, raíces, carroña y otras exquisiteces que solo un hambre atroz y una gran exigencia de energía para luchar contra el entorno hostil haría ingerir.

La aparición del sedentarismo y la gran revolución de la agricultura, así como, antes, la domesticación del fuego, hicieron que sus hábitos alimenticios fueran más selectivos. Así fueron agregando a su dieta cereales cultivados (mejores que los silvestres), los mejores frutos, carnes asadas y sazonadas al tiempo que fueron desarrollando el “gusto por comer”, no haciéndolo solo por una necesidad vital.

Hoy nos alimentamos por un impulso, el hambre, y por un plus añadido: el placer. Sin hambre y sin alimentos sabrosos iríamos aplazando el trabajo de comer hasta la desnutrición.

Pero, ¿quién se resiste ante un buen cochinillo al horno?

Especie, es un placer mantenerte.

Un orgasmo es el clímax explosivo de una relación sexual. Es la liberación repentina, placentera hasta un punto casi insoportable, de tensión sexual que se va acumulando de manera continua desde que se inicia la excitación. El orgasmo es la experiencia más sensacional que puede tener un ser humano.

Definido así, como lo hace el Dr. David Reuben, M.D., no es extraño que los seres humanos pongamos todos los medios por conseguir una experiencia orgásmica.

Aunque ésta pueda conseguirse de múltiples maneras no reproductivas, también va unido el orgasmo, sobre todo, al coito reproductor (aunque sobre esto haya distintas opiniones).

Añadiéndole placer al acto sexual se asegura la naturaleza la perpetuación de la especie humana.

Probemos a imaginarnos el acto sexual sin placer, sin excitación, sin fantasía ni orgasmo.

En posición de suelo, realice flexiones-extensiones de brazos hasta quedar extenuado. Súmele a eso que ha de hacerlo encima de su pareja, tumbada en decúbito supino, procurando no aplastarla. A esto hay que añadirle una erección del pene que ya me contará cómo consigue sin deseo en espera de un placer (satisfacción del deseo) y sin una fantasía erótica.

De la otra parte, su pareja, tumbada boca arriba (el argumento es válido para el resto de las posturas), viéndole congestionarse al hacer estos esfuerzos, y sin reírse, viéndolas venir en espera de ser inseminada.

Sencillamente nadie lo realizaría. Nadie emprendería una lucha cuerpo a cuerpo con su pareja sin la compensación del placer.

La “lucha amorosa” requiere una resistencia física adecuada y nada despreciable, ya que en el abrazo amoroso se realizan movimientos y esfuerzos que suponen un gasto de energía evaluado entre 250 y 500 calorías. Y solo en un tiempo que va de 3 a 7 minutos (un acto sexual “adecuado” tiene esta duración según una investigación publicada en Journal of Sexual Medicine en 2008). Vamos, sexo olímpico de medio fondo.

Solamente en el orgasmo se gastan las mismas calorías que en una hora en la bolera. Si no fuera más divertido, nuestra especie se hubiese extinguido jugando a los bolos.

Pero no olvidemos que los atletas buscan su premio en las olimpiadas: marcas, medallas.., reconocimiento del público.

En el esfuerzo sexual la medalla buscada es el orgasmo.

Cualquiera comprende que sin medallero no habría olimpiadas.

Del mismo modo, sin orgasmo, sin placer, no habría relaciones sexuales.

Y sin relaciones sexuales acabaría la especie humana.

Pero no hay peligro. Otra vez Natura muestra su buen hacer y añade al acto reproductor el deseo y el placer:

La continuidad de la especie está garantizada.

Y, de paso, nos podemos divertir los que no tenemos cerca una bolera.

Publicado el por Rafael Úbeda en Biología, General 5 comentarios

El autor

Rafael Úbeda

Médico. Escritor aficionado.

5 Respuestas a Orgasmos para la eternidad

  1. Daisy Alvarado

    “En el esfuerzo sexual la medalla buscada es el orgasmo.
    Cualquiera comprende que sin medallero no habría olimpiadas.
    Del mismo modo, sin orgasmo, sin placer, no habría relaciones sexuales.
    Y sin relaciones sexuales acabaría la especie humana.
    La continuidad de la especie está garantizada.”
    Felicitaciones Dr. Poeta Rafael Úbeda, excelente síntesis conceptual de la vida y su desarrollo sostenible.

     
    • Rafael Úbeda

      Muchas gracias, amiga Daisy, por tu comentario y por tu fina sensibilidad.
      Recibe un abrazo de mi parte.

       
  2. GAVIOTA AGUILA

    Dr. Rafael Úbeda

    Que placer enorme leer, lo que yo diría: ” ciencia pura con inspiración pura”,
    por sres humanos como Ud. el aprendizaje se hace interesante. Si todos los maestros tuvieran esa sensibilidad, aprender sería una expriencia fantástica.
    Un saludo muy especial y gracias por hacer la diferencia.

    Aguila

     
    • Rafael Úbeda

      Con comentarios tan elogiosos uno se siente estimulado para seguir trabajando en hacer la ciencia asequible al mayor número de personas.
      Gracias de corazón, GAVIOTA ÁGUILA.

       
    • Rafael Úbeda

      Muchas gracias por tu lectura y comentario.

       

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