África de mis amores

Canción de cuna para dormir a un niño africano.

La Gran Grieta del Rift


Nuestra vida comenzó en el valle del Rift.

Hasta hace 30 MA la Falla del Rift no existía. El centro del continente africano estaba formado por una amplia franja donde abundaban las selvas tropicales. En ellas vivían chimpancés, gorilas y otros animales. Los vientos húmedos del oeste, procedentes del Atlántico, mantenían un estado de lluvias abundantes que hacían posible esta situación propia de un paraíso.

Pero todo cambió y una falla tectónica quebró el continente africano de Norte a Sur, por una extensión de 5.000 Kms., desde Yibuti a Mozambique (más el Mar Rojo y el valle del Jordán), fue la falla del Rift, también conocida como la gran grieta.

En todo el territorio de la gran grieta existe una gran actividad geológica. La Tierra demuestra una vez más que no es un planeta acabado, disecado y quieto para salir en la foto que estudien los geógrafos, sino un ente vivo, activo, en continuo ajetreo de producción y destrucción de montañas, simas, volcanes y lagos que han nacido y desaparecido en 30 M.A. (un parpadeo en el tiempo geológico) y que será engullido por un nuevo océano en otros 10 M.A. África se dividirá entonces en dos continentes.

El devenir telúrico no cesa en ningún momento. Si nuestra mirada de seres que viven 80 años se pudiese acompasar con su tempo de miles de millones, veríamos la tierra como una gran ameba que alarga y acorta sus pseudópodos sobre el mar en un magnífico caleidoscopio de formas cambiantes.

Panta rei.

sobrevivir a un cataclismo

El muro que creó la gran grieta del Rift en dirección Norte-Sur, retuvo los aires húmedos dominantes procedentes del Atlántico, haciendo que sus nubes descargaran toda el agua al Oeste de la Gran Grieta.

Esto transformó el clima, el paisaje y la vida.

Al oeste de la grieta continuó la selva tropical sin cambios en la fauna. Al este se produjo una gran sequía que fue desertizando el paisaje. La sabana fue sustituyendo las selvas frondosas y los animales arborícolas fueron desapareciendo, unos se extinguieron y otros se adaptaron a la vida sobre el suelo. Entre estos últimos estaba un abuelo de un abuelo de un abuelo… (así hasta siete millones de años) común al chimpancé y al hombre.

y el mono se hizo bípedo

Es evidente que un chimpancé puede andar sobre dos patas. Pero sus andares no resultan de lo más elegantes. Y no son nada económicos, la marcha de un chimpancé es cuatro veces más costosa en energía que la humana. Para entendernos, un chimpancé consume las mismas calorías andando que un ciclista corriendo el Tour de Francia. Demasiado gasto.

Pelvis humano moderno… chimpancé.

Así es que la Evolución tomó la decisión, que después se demostraría sabia, de dejar a los chimpancés con sus torpes y cortos andares y empezar las reformas para el proyecto hombre.

Con estas reformas podríamos

  • ver a mayores distancias por encima de las hierbas de su nuevo entorno (ver a los depredadores)
  • caminar mayores distancias en busca de alimentos
  • poder huir mejor de los depredadores

Para ello tendrá que

  • bascular su pelvis
  • cambiar las curvaturas de su columna
  • dirigir sus ojos hacia adelante y no hacia abajo para lo que tendrá que cambiar la inserción de su cráneo en la columna.

A ello dedicará nuestro homínido unos cuantos millones de años.

Pero, para llegar a convertirse en nosotros, nuestro simpático abuelito tendría que hacer algo más: aumentar su cerebro desde 350 c.c. (cerebro del chimpancé) hasta 1.450 c.c. (cerebro humano).

Evolución cráneo-encefálo.

Seis millones de años necesitará nuestro abuelo para ponerse al día, resolver el dado de Rubik y poder jugar con la Play Station.

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Publicado el por Rafael Úbeda en Antropología, Biología, General ¿Qué opinas?

El autor

Rafael Úbeda

Médico. Escritor aficionado.

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