El reloj marca la urna en punto

No es un domingo cualquiera. En realidad, todos los días son diferentes. De lo contrario, el mundo no avanzaría. Bueno, esto último es lo que piensan algunos. La rutina es el viento que apaga la llama de la pasión y el desencanto sopla las velas de la ilusión. Por eso, conviene tener la cabeza en las nubes y los pies en el suelo. Será lo mejor para prevenir los chascos. Llegó la hora de la verdad. El reloj de la democracia marca la urna en punto. Los descreídos depositaban su indignación en el siguiente axioma: si el tiempo es oro, los votos son papeletas de empeño. El 22-M amaneció con más expectación de la habitual, después de una multitudinaria acampada en tiendas de campaña por toda España. Quienes esperaban que se habilitaran carpas como colegios electorales hicieron un brindis al sol. La motivación se parece al genio de la lámpara. Hay que frotar concienzudamente para que se cumplan los deseos. La confunden con el rasca de la ONCE aquellas personas a las que ciega la avaricia y desconocen que no existe mayor fortuna que el valor de los detalles cotidianos, como el ejercicio del derecho al sufragio. Luego, en la exigencia de responsabilidades, debería aplicarse el principio de que la lealtad discrepa de la sumisión.

Los parados y los jubilados se mueven. Saben que votar no cuesta trabajo. Los damnificados por la reforma laboral y el recorte de las pensiones acudían a estos comicios con el legañoso sueño de llevarse algo a la boca. No se conforman con el aperitivo de las promesas. La crisis económica les depara un futuro incierto. Pero ellos no piden un cheque en blanco, sino que les borren los números rojos.
La quiebra institucional no es definitiva. Independientemente de los resultados, el pacto que reclama la mayoría es con el sentido común. La sugestión colectiva sirve para reconducir el carácter de los políticos que convierten su gestión en un activo que desprecia al pasivo circulante. Cada cual proyecta lo que es en la gente a la que confía sus inquietudes.
La participación en Canarias  al empezar la tarde barruntaba normalidad. La escasa asistencia no suponía ninguna novedad. Una tremenda sorpresa hubiera sido lo contrario.
Tampoco se  registraron incidentes de gravedad, a pesar de eso que se oye por ahí: “El sistema está en la Unidad de Vigilancia Intensiva”. Lo que está en fase terminal es una manera de actuar. Se repitieron, no obstante, las típicas anécdotas. Los primeros ciudadanos en acercarse a una mesa de El Durazno  (Puerto de la Cruz) desayunaron melocotón, porque nadie se había presentado a la constitución.
En el Hogar Santa Rita hubo una impugnación porque “la madre de un candidato de Coalición Canaria se dedicaba a repartir listas” a trocho y mocho.  “Lo que se da no se quita”, pensaría el tal Damián Martín García.
El alcalde de La Victoria se temió una derrota y sacó los tanques dialécticos a la calle del municipio norteño. De eso se quejó la agrupación local de CC. No lejos de allí, en El Sauzal, Paulino Rivero proclamó que estaban en juego “estilos y formas de gobernar”.
El presidente saliente y aspirante a la reelección por CC apeló al consenso como fórmula para sacar las castañas del fuego.
En Las Palmas de Gran Canaria, el líder del PP regional, José Manuel Soria, les leyó la cartilla a los abstencionistas y entregó a la concurrencia “herramientas para arreglar” las cosas.
El cabeza de cartel del PSOE al Parlamento, José Miguel Pérez,  se puso las Botas en el barrio de Vegueta, donde compartió escenario con el obispo Francisco Cases y varias monjas. “Que nadie decida por nosotros”, predicó Pérez. ¡Amén!

Publicado el por DNM en Crónicas ¿Qué opinas?

El autor

DNM

Domingo Negrín Moreno es licenciado en Geografía e Historia y Periodismo por la Universidad de La Laguna. Durante una larga temporada coordinó Nacional/Internacional en 'La Gaceta de Canarias', periódico en el que se ocupó posteriormente de las jefaturas de Sociedad/Cultura y Canarias. En enero de 2006 se incorporó a 'Diario de Avisos', donde también desempeña su faceta humorística. Antes, ejerció de redactor en Radio Club Tenerife (cadena SER) y participó en la fundación de Radio 21, Sociedad Anónima Laboral. Tres años después de haber sido premiado por RNE en un concurso de guiones se convirtió en uno de los diez jóvenes españoles al encuentro de Europa seleccionados por la cadena pública. Coautor de viñetas de actualidad, ha escrito un libro -'Quijotadas' (Turquesa)- que repasa situaciones asombrosas y divertidas.

Añadir un comentario