Emociones de censura

Emociones de censura. / ANDRÉS GUTIÉRREZ

Agitaron la madriguera y saltó la liebre, que cogió la escopeta y disparó contra el presidente del Gobierno de Canarias con balas de fogueo. Asier Antona se apuntó un tanto al aventurar una moción de censura para moverle la silla a Fernando Clavijo, con él de conductor del camión de mudanzas. La oposición diversa arrastra el sofá de las conversaciones, donde descansan las emociones. Mientras preparan el café, el líder regional del PP se toma su tiempo. Saborea la gloria en la antesala del congreso partidario. No se ha visto en otra.

Normalmente, una moción de censura se presenta con la lógica pretensión de ganarla. Así como en algunos países no se precisa articular una alternativa para intentarlo, en España adquiere un carácter constructivo: programa y candidatura. Pero no siempre el objetivo es el fin en sí mismo, sino el principio de algo.

Desde que está en vigor la Constitución de 1978 ha habido dos tentativas legales de desalojar al inquilino de la Moncloa sin convocatoria electoral y ambas fracasaron. Aparentemente. En la primera, mayo de 1980, Felipe González (PSOE) se hizo una copia de la llave de entrada al palacio. En la segunda, marzo de 1987, Antonio Hernández Mancha (AP) buscaba desgastar a quien había maquinado desahuciar a Adolfo Suárez (UCD) con el anhelo de salvar los muebles de su casa. Ni siquiera era diputado.

En Canarias tuvo efectos inmediatos la de Manuel Hermoso (AIC), en 1993, contra Jerónimo Saavedra (PSOE) y no la de Juan Carlos Alemán (PSOE), en 2001, contra Román Rodríguez (CC).

La cuestión de confianza es al revés: la plantea el presidente al Parlamento: Suárez, en 1980, y González, en 1990, solventaron el trance con éxito. Al contrario, Fernando Fernández (CDS) dimitió en 1988 como jefe del Ejecutivo canario tras someterse a ese examen después de unas votaciones sobre la creación de una Universidad plena en Las Palmas de Gran Canaria.

“La moción de censura es un deber moral cuando la oposición considera que el Gobierno no ha defendido los intereses de la nación, de los ciudadanos”, proclamó Alfonso Guerra. “Como saben sus señorías, hay una cierta disfunción entre los votos en la Cámara y los votos populares por una ley electoral injusta y discriminatoria. En nuestro país, esta moción de censura ha sido ya útil como procedimiento de dinamización de la vida política, como fórmula de creación de una ilusión colectiva que ha terminado con el mito del desencanto político. Cuando los ciudadanos son informados de la verdad de lo que ocurre en esta Cámara, los ciudadanos demuestran interés por la política. Cuando se les secuestra la realidad, los ciudadanos contestan con la apatía. Una moción de censura es, por último, un impulso para la clarificación, para que cada partido, para que cada hombre y cada mujer tomen posición sobre lo que ocurre políticamente en nuestro país. En el debate de la semana pasada, los españoles, un gran número, pudieron comprobar cómo el señor Suárez, hasta ese momento, dentro de las filas que lo apoyaban, constituido como un líder carismático de UCD, caía de la vitrina y, desde el punto de vista político, se hacía pedazos en el suelo”.

En un hemiciclo al puro estilo de un establecimiento público de antes de la normativa antitabaco, Santiago Carrillo (PCE) lanzó humo a la cara de Suárez: “Usted me habló de un acuerdo de mayoría de gobierno. Y usted dio fuego verde para empezar las negociaciones, que no eran sindicales. Hubo papeles que se intercambiaron. El señor Suárez me dijo que él tenía muchas cartas en la manga, pero la única era la disolución de las Cortes. Siento mucho que la situación en la que está usted hoy le impida reconocer la verdad”.  El aludido refutó semejante argumentación.

González dejó para la historia este collar de perlas: “El Gobierno se ha quedado solo con su partido, que no es poco. Es bastante. Si aquí se hubieran conseguido 176 votos, no es que hubiera habido una amalgama enorme, sino que probablemente hubiera habido muchas personas que por patriotismo hubieran pensado que hay que formar una mayoría sólida y coherente. Para que funcione la democracia es enormemente importante que los debates sean frescos, permanentes y clarificadores, para seguir dándole al pueblo una inyección de moral ante los fracasos. Lo que está faltando en nuestro país es un mensaje de esperanza, no digo de demagogia, en todos los temas fundamentales. Esta moción de censura no va a salir adelante, pero el Gobierno va a quedar censurado y, si no reacciona con mucha firmeza, las cosas irán peor. Den de una vez un grito de esperanza a este pueblo con realismo y seriedad, pídanle sacrificios y ofrézcanle caminos de salida utilizando las instituciones parlamentarias y no escondiéndose esperando que haya una iluminación lejana”.

A Hernández Mancha se le escapó el tiro por la culata. “Me vi en la necesidad de presentar la moción de censura porque la orfandad que Manuel Fraga había dejado en la derecha hacía que automáticamente los sondeos dieran al CDS, de Adolfo Suárez, como heredero del voto de la derecha”, recordada con amargura. “Para evitar el escoramiento, hice una moción de censura para que se viera que mi partido no había muerto con la dimisión de Fraga, que seguía vivo y renovado”. Para José Antonio Segurado “fue penoso escuchar aquel discurso”. Los papeles bailaban en el atril de la tribuna de oradores y tardaba tres minutos en encontrar un folio que huía de vergüenza. Era un cachondeo,  del club de la comedia.

“Señor Alemán, me pregunto a qué ha venido usted aquí”,  profirió Rodríguez. “¿Para qué ha montado todo esto? El reglamento dice que el candidato propuesto en la moción de censura expondrá su programa político. Y usted ha venido a esta Cámara sin programa, sin ideas, sin proyecto, sin alternativa. A no ser que usted llame programa a la charla de ateneo de ayer por la tarde. A una cosa que se ha puesto de moda que es la intertextualidad, y que ha hecho famosa una periodista, Ana Rosa Quintana, que se trata de sumar trozos de propuestas y mezclarlos en un texto”.

Suena extraño. Sobre todo, porque al posteriormente fundador de Nueva Canarias y portavoz parlamentario lo defendió el entonces consejero de Educación, José Miguel Ruano, su antagonista en el  grupo Nacionalista.

“Miren, los partidos políticos en las democracias deben hablar. Las fuerzas políticas no deben tener un comportamiento tribal”. Alemán anticipó el futuro.

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Publicado el por DNM en Crónicas, Vídeos ¿Qué opinas?

El autor

DNM

Domingo Negrín Moreno es licenciado en Geografía e Historia y Periodismo por la Universidad de La Laguna. Durante una larga temporada coordinó Nacional/Internacional en 'La Gaceta de Canarias', periódico en el que se ocupó posteriormente de las jefaturas de Sociedad/Cultura y Canarias. En enero de 2006 se incorporó a 'Diario de Avisos', donde también desempeña su faceta humorística. Antes, ejerció de redactor en Radio Club Tenerife (cadena SER) y participó en la fundación de Radio 21, Sociedad Anónima Laboral. Tres años después de haber sido premiado por RNE en un concurso de guiones se convirtió en uno de los diez jóvenes españoles al encuentro de Europa seleccionados por la cadena pública. Coautor de viñetas de actualidad, ha escrito un libro -'Quijotadas' (Turquesa)- que repasa situaciones asombrosas y divertidas.

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