“La ironía es una trampa para que la gente piense”

Gervasio Arturo Cabrera Cabeza, dibujante y escultor


Gervasio A. Cabrera Cabeza, escultor y dibujanteLlueve sobre mojado. Delante de la sala Conca, Gervasio me muestra dos de sus obras: un mural y tres esculturas. Entre la realidad y el sueño, las gotas de rocío pintan de primavera una otoñal mañana lagunera. Nos empapamos de arte en el discurrir hacia el bar La Carrera.

-¿Arte con pasión o por compasión?

[Sonríe] “Mi pasión siempre ha sido el arte. Estudié publicidad, la rama de ilustración. Me quedaron un par de asignaturas… En el 86 empecé a hacer algo más en serio. Me inicié con la pintura, pero realmente me fui dando cuenta de que todos los caminos me llevaban a la escultura. Aunque el dibujo nunca lo he abandonado, porque es mi base, en la escultura me encuentro mucho más cómodo”.

-Es cultura…

[Revuelve el zumo de naranja] “La escultura requiere mucho trabajo, mucho tiempo, mucho espacio… Ensucia mucho. Te tienes que adaptar a lo que hay. Y los tiempos no están para abrir un taller, porque lo precios están muy altos. La crisis barre a todo el mundo [ríe] y debes buscar el sitio más cómodo”.

-¿Cuál es el sitio más cómodo para ti?

“Ahora mismo trabajo en casa, en cualquier sillón. Trabajo dibujando, que es lo que me llena más, me da mucha más frescura”.

-¿Y el estilo?

“Desarrollo una línea irónica, los trabajos siempre llevan una carga social muy importante”.

-¿En qué te inspiras? En la actualidad, quizá…

[Sorbe] “Sí, solo con encender la televisión [se recrea con la cabeza]… A veces no hace falta mucha imaginación. Me reconozco como un artista que lleva un mensaje detrás de la obra. Puede ser más o menos divertida, con una pinta graciosa, pero detrás de todo eso hay un trasfondo mucho más profundo, de crítica o de posicionamiento social. Bueno, ya te digo, no hace falta, ni tener vivencias fuera ni irme a ningún otro sitio. La actualidad es un caldo de cultivo. El panorama social  y político es todo un filón [risas]”.

-No sé qué le pasa a esto [la cámara]. ¿Se agotó la batería? Si la recargué anoche… ¡Qué desastre! Tú sigue hablando…

“Al principio, la obra era muy dura, muy fuerte. No asustaba, sino que me costaba llegar a la agente. La comicidad suele impactar más que lo intelectualoide, con todos mis respetos. Vengo del mundo de la publicidad y conozco algunos trucos para llamar la atención. La ironía es una especie de trampa que hace que la gente se pare y piense”.

-No todo el mundo entiende la ironía…

“Claro, por supuesto. Bueno, la gran mayoría de la gente se queda en la superficie. Si ven algún desnudo o algo así, no van a buscar más allá. Se posicionan enseguida y critican lo que ven, se quedan con el escándalo. Sí, hombre, terminas tropezando con mucha gente así. Aunque también te llevas gratas sorpresas. Por ejemplo, trabajando en el mural ese [en la sala Conca] recibía visitantes de todo tipo: niños, matrimonios… Y al 95%, por no decir el 99,99%, le gustaba. Por una sencilla razón: por la actitud de sacar a la calle lo que estás haciendo. Me vieron durante dos meses, desde por la mañana hasta por la tarde, con lluvia, con calor… Para mí fue un trabajo muy interesante y didáctico”.

-¿Por qué?

“Porque yo no me posicionaba como un artista intocable. Al contrario, si un niño me preguntaba yo respondía. Creo que fue acertado precisamente por eso. La gente terminó cogiéndome cariño. Incluso acudían curas y monjas. Muy agradables. Un señor se sentaba al lado mío y me decía: ‘Muy hermoso lo que haces’. Un cura retirado. Cuando vio el cura dibujado, me dijo: ‘La Iglesia siempre está presente, ¡eh!’. Sí, sí, le contesté, está metida en todos lados [risas]”.

-¿Eres un provocador?

“Para causar una inquietud en la gente, que se haga preguntas. Es como una adivinanza. Tú ves el mural y no hay nada definido, igual que las esculturas [las que adornan la fachada]. Pueden ser un montón de cosas. Para mí es una, pero cada persona tiene su visión particular del significado…”.

-¿No hacen interpretaciones que a ti ni se te pasan por la cabeza?

“Sí, sí, sí… Mira, en 1998 hice una exposición de esculturas en CajaCanarias. Y dijeron de todo [ríe]. Había personas que lo relacionaban con el cómic y a uno les recordaban a las figuras gigantes de la isla de Pascua”.

-Estas me trasladan a las Fallas…

“Sí, son como si fueran ninots. A mí me parecen auténticas obras de arte. ¡Me da pena que se quemen!”.

-Algunas se indultan y hasta hay un museo…

“Exactamente. Ese punto de exquisitez me maravilla”.

-Y expresan crítica, ironía…

[Entusiasmado] “Es como si cogieras una tira cómica y la pusieras en una escultura”.

-¿Un pintor de brocha gorda puede hacer arte?

“Claro, por supuesto”.

-¿Cómo empiezo una colección?

“Ve a exposiciones y no te dejes arrastrar por las firmas. Lo que te transmita el artista es lo que te va a llenar”.

Publicado el por DNM en Entrevistas, Vídeos ¿Qué opinas?

El autor

DNM

Domingo Negrín Moreno es licenciado en Geografía e Historia y Periodismo por la Universidad de La Laguna. Durante una larga temporada coordinó Nacional/Internacional en 'La Gaceta de Canarias', periódico en el que se ocupó posteriormente de las jefaturas de Sociedad/Cultura y Canarias. En enero de 2006 se incorporó a 'Diario de Avisos', donde también desempeña su faceta humorística. Antes, ejerció de redactor en Radio Club Tenerife (cadena SER) y participó en la fundación de Radio 21, Sociedad Anónima Laboral. Tres años después de haber sido premiado por RNE en un concurso de guiones se convirtió en uno de los diez jóvenes españoles al encuentro de Europa seleccionados por la cadena pública. Coautor de viñetas de actualidad, ha escrito un libro -'Quijotadas' (Turquesa)- que repasa situaciones asombrosas y divertidas.

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