Los pactos en cascada son kafkianos

Los negociadores del PSOE y de CC, con gestos de enorme preocupación. / Fran PalleroUn ejército de suicidas capitaneado por Pedro Sánchez se alía con Podemos en un frente antipopular para derrotar al PP. La consigna de Pablo Iglesias va a misa: “Apoyaremos al PSOE si da un giro de 180 grados”. Y tanto que sí, hasta rodear la cintura por detrás y tocarse el ombligo.

El jueves 11 de junio, actores de Coalición Canaria y del Partido Socialista representaron un esperpéntico espectáculo en dos actos paralelos en Santa Cruz de Tenerife. Mientras en el Hotel Escuela se habían citado las delegaciones bilaterales para continuar con la negociación del pacto “integral”, en el Atlántida comparecían el alcalde en funciones, José Manuel Bermúdez, y la concejal Zaida González para anunciar la negación de la imposición. Después de conocerse que Cristina Tavío renunciaba a su acta para dedicarse en exclusiva al Parlamento autonómico, CC y el PP firmaron un compromiso de gobierno municipal. Era la consecuencia de la causa.

La estabilidad emocional se tambaleó y los nervios hicieron mella en los interlocutores. El principio del cambio se tornó en un cambio de principios. El sastre de las camisas de fuerza se volvió loco de alegría. No daba abasto. Se puso las botas. “¡Hay que tomar medidas!”, gritaban. “¡Ay!”, se partía de risa.

El ordenador se colgó y hubo que reiniciar el sistema. Otro quebradero de cabeza para averiguar la contraseña. Como fondo de pantalla, un mapa de las islas con luces de colores semafóricos. Los focos de tensión se encendían y se apagaban conforme realizaban llamadas. Las llamaradas echaban humo. Los teléfonos estaban movilizados.

Tras un tira y afloja, descartaron romper la baraja. También desistieron de entablar una comunicación con el Club Bilderberg. Más que nada, por no molestar. Lanzaron una moneda al aire y confrontaron sus testas a ras del suelo. Les va en el sueldo. Las dos cosas: el choque y el cheque. Decidieron que la deslealtad se pagaría cara. Y si te he visto no me acuerdo. Brindaron con vermú en su afán de afear el descaro de Bermúdez. Guardaron los reproches en El Desván -bar de copas y sala de exposiciones- y reflexionaron sobre el diván acerca de lo divino y de lo humano, de cómo prender una vela a Dios y otra al diablo sin que te manden al infierno. Convinieron en que las componendas en cascada son kafkianas. La política está llena de arquetipos expresionistas que definen la personalidad y predisponen al entendimiento o al distanciamiento en los planteamientos ideológicos. El partidismo es a la democracia lo que el sonambulismo al sueño: despierta alteraciones de conciencia. En ambas circunstancias acontecen disparates que deambulan por laberintos de circunloquios absurdos en dirección a la metamorfosis. Entonces, el razonamiento y el consentimiento confluyen en el consenso. “Trataremos de alcanzar el mayor número de acuerdos posibles para que se pueda gobernar con optimismo, ilusión y diálogo, mirando al futuro”, avanzó Fernando Clavijo en la noche electoral. Durante la campaña alentaba a convivir con la diferencia. Existen diversas maneras de respetar la igualdad. Es el pluralismo.

Publicado el por DNM en Crónicas ¿Qué opinas?

El autor

DNM

Domingo Negrín Moreno es licenciado en Geografía e Historia y Periodismo por la Universidad de La Laguna. Durante una larga temporada coordinó Nacional/Internacional en 'La Gaceta de Canarias', periódico en el que se ocupó posteriormente de las jefaturas de Sociedad/Cultura y Canarias. En enero de 2006 se incorporó a 'Diario de Avisos', donde también desempeña su faceta humorística. Antes, ejerció de redactor en Radio Club Tenerife (cadena SER) y participó en la fundación de Radio 21, Sociedad Anónima Laboral. Tres años después de haber sido premiado por RNE en un concurso de guiones se convirtió en uno de los diez jóvenes españoles al encuentro de Europa seleccionados por la cadena pública. Coautor de viñetas de actualidad, ha escrito un libro -'Quijotadas' (Turquesa)- que repasa situaciones asombrosas y divertidas.

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