Sin paños calientes

Omayra Cazorla, en el programa 'Ríete tú'. / El guiño

Es un escándalo, una malcriá que se comporta con un espectacular descaro. Cuando Omayra Cazorla está a lo suyo, el sentido de la diversión aconseja dejarla hablar. Sus monólogos son brutales.

-¿Ese estilo grotesco tan característico es natural?
“¡Totalmente! El estallido grotesco me viene del colegio. Tenía que cambiar las tuercas”.

-¿Cuándo te dio por esto?
“Hace siete años”.

-¿Cómo fue?
“Yo estudié Arte Dramático y en el segundo año de la carrera, viendo cómo estaba el percal en Canarias, decidí hacer monólogos por mi cuenta en bares. Aquello funcionó y seguí. Luego llegaron los vídeos en las redes sociales, que me dieron otro empujón. Ahora subo contenido casi a diario”.

-¿Dónde comenzaste?
“Mi primera actuación fue en un bar en la trasera del parque de Santa Catalina, en Las Palmas de Gran Canaria, por veinte euros”.

-¡No estuvo mal!
“Bien, sí”.

-¿De qué iba?
“Interpretaba el personaje de un hombre. Al principio intenté hacer cabaré, pero el público no estaba por la labor. Lo que quería era divertirse”.

-¿En el humor se siguen tendencias, como en la moda?
“Claro que sí”.

-¿Cuál es el último grito?
“Pues, bajo mi punto de vista, entre más bruta eres mejor es, porque la gente está un poco cansada de poner paños calientes a los temas que arden. Entonces, creo que cuanto más bestia eres más guay es”.

-¿En qué ámbitos es más necesaria la risa en estos momentos de ansiedad social?
“¡Buah! El humor cabe en todos sitios, no en un ámbito específico. Tal cual está la realidad, se necesitan dosis de distensión para resistir”.

-¿La pandemia te ha provocado anemia?
“Particularmente, no me ha modificado el organismo ni el ánimo. Lo paso peor ante el sufrimiento de los demás y las situaciones crueles”.

-¿Te has planteado si la felicidad y la racionalidad son plenamente compatibles?
“¿Felicidad y racionalidad? Soy una soñadora empedernido y a veces tengo discusiones con mi pareja porque ella es muy racional y yo soy muy volada. Nosotras nos complementamos, pero la felicidad y la racionalidad no. ¡Por desgracia!”.

-¿Reconoces cuál ha sido tu mayor atrevimiento?
“Dedicarme al humor siendo una mujer y lesbiana”.

-Actrices cómicas hay muchas, pero no abundan las humoristas o monologuistas…
“Están escondidas o apartadas, como en otros espacios. En este, también”.

-¿Te has alegrado de haber olvidado el móvil?
“No [risa autoinculpatoria], porque soy superdependiente. ¡Fatal! Eso de dejar el móvil atrás me fastidia, la verdad”.

-Un accesorio de relajo y una herramienta de trabajo, ¿no?
“En esta era de la tecnología, y yo que trabajo con las redes sociales a diario, es como si te faltara un trozo del despacho”.

-¿Se te ocurre alguna aplicación para desarrollarla?
“Pues, ¿por qué no una aplicación de cómicos? ‘Descárgate a tu favorito’. Y van ingresando en una taquilla virtual”.

-¿Te implementarías un dispositivo electrónico, como el que ha ideado Elon Musk, que se incrusta literalmente en el cráneo? El Link V0.9 ha sido probado en cerdos no humanos…
“A lo mejor sí. Tendría que analizarlo: su viabilidad, la economía, si realmente es necesario… Yo puedo estar enganchada al móvil, pero un alto porcentaje de las aplicaciones que existen son absurdas. Será cuestión de comprobar la efectividad del invento”.

-¿Autorizarías que leyeran tus pensamientos? Un implante ya los traduce en palabras…
“¡Ah, sí! Sin problema. Me encantaría, además. Sería muy fuerte. Estaría muy guay. ¡Jolín! Eso sería un desahogo. No tendrías que recurrir a psicólogos, psiquiatras, tomar pastillas… Léeme la mente y ya está”.

-¿Interpretas las emociones,  las sensaciones y las intenciones de los demás?
“¡Bueno! Sí, hay que saber leer entre líneas. Mirando y observando muchísimo: las palabras, las reacciones, las conductas y las emociones. Ser intuitiva, como lo soy yo, ayuda”.

-¿Compatibilizas tu consagración al espectáculo con otra actividad profesional?
“No. Por ahora subsisto con el humor”.

-¿Te da lo suficiente?
“Para pagar el alquiler, la comida y las facturas. Así que soy una afortunada”.

-El confinamiento sería un palo tremendo para ti…
“¡Un desastre! He experimentado en carne propia las incoherencias: en ciertos lugares no se han impuesto tantas restricciones como en la cultura. Es como un disparo a todo el sector, no solo a mí. Lo encaramos de la mejor forma posible, aunque nunca ha estado en el sitio que creo que le corresponde por su repercusión en la sociedad y como un factor dinamizador de la economía. La cultura genera riqueza”.

-¿Qué se te ha escapado que quisieras recuperar?
“Mi abuela, que falleció hace un año aproximadamente. Tuve la suerte de que me viera haciendo esto y de que muchos de mis personajes nacieran de ella. Representa a la típica mujer canaria de coraje, que te dice las cosas sin más y te pega un chillido y se queda tranquila”.

-¿Qué personaje se ha desentendido de ti?
“No lo he encontrado. Intento ser muy fiel a lo que pienso y a lo que siento, leal con lo que creo. Si de entrada no me gusta lo que voy a exponer, no lo hago y se acabó la historia”.

-¿La mala uva amenaza el equilibrio medioambiental?
“Mala o buena uva, la responsabilidad de gestionar las situaciones está en ti”.

Publicado el por DNM en Entrevistas ¿Qué opinas?

El autor

DNM

Domingo Negrín Moreno es licenciado en Geografía e Historia y Periodismo por la Universidad de La Laguna. Durante una larga temporada coordinó Nacional/Internacional en 'La Gaceta de Canarias', periódico en el que se ocupó posteriormente de las jefaturas de Sociedad/Cultura y Canarias. En enero de 2006 se incorporó a 'Diario de Avisos', donde también desempeña su faceta humorística. Antes, ejerció de redactor en Radio Club Tenerife (cadena SER) y participó en la fundación de Radio 21, Sociedad Anónima Laboral. Tres años después de haber sido premiado por RNE en un concurso de guiones se convirtió en uno de los diez jóvenes españoles al encuentro de Europa seleccionados por la cadena pública. Coautor de viñetas de actualidad, ha escrito un libro -'Quijotadas' (Turquesa)- que repasa situaciones asombrosas y divertidas.

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