Chachas, enfermeras, ositos y musculitos… la legión ‘chicha’

Por Verónica Martín

“Cuando me muera, que me incineren y que tiren mis cenizas en la calle San José un lunes de Carnaval”. Así dejaba claro un carnavalero de pro lo que significa esta fiesta para él. Claro, que lo mejor fue la respuesta de su familia: “Si, hombre, no nos vas a fastidiar el día grande de nuestra fiesta…”.

Miles de personas están en estos momentos contando los días para volver a vivir la fiesta más multitudinaria de la Isla. En datos numéricos, la cosa oficial se dispara, pues el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife confirma, por ejemplo, que al Carnaval de Día –buque insignia para este Consistorio- acudieron 200.000 personas el año pasado. Los jueces del Libro Guiness de los Records certificaron que en 1987, el baile del martes de Carnaval, con la orquesta Billo´s Caracas Boys y Celia Cruz, congregó en la Plaza de España, a 200.000 personas. Es la única cifra externa que tenemos y se producía en el momento en que todos los niños del baby boom eran jóvenes con ganas de marcha.

Las cifras oficiales -cuando las hay- puede que exageren en función de intereses poco carnavaleros pero, la realidad es que en esos días las calles se llenan de ositos trasnochados, musculocas, señoras de la limpieza, chinos vendedores de rosas o juguetes, enfermeras con ganas de guerra, gitanas con peineta, deportistas expertos en levantamiento de copa y hasta algún mosquetero -¿quién se puede disfrazar de mosquetero?- despistado.

Lo dicen los extranjeros que visitan nuestra tierra y hay que reconocerlo: elCarnaval de Santa Cruz de Tenerife huele a pis. Sí, pero también es verdad que entre ese olor miles de personas han pasado los días más felices -o al menos los más divertidos- de su vida.

DIARIO DE AVISOS inicia hoy su especial cobertura del Carnaval con el lema de Pa’ la calle invitando a nuestros lectores que compartan con nosotros sus momentos más especiales del Carnaval. Para ello hemos habilitado un correo electrónico carnaval@diariodeavisos.com y puedes utilizar, además, el formulario de contacto en este blog.

Los que hacen y crean el Carnaval de Santa Cruz de Tenerife son los que cada noche (y ahora, cada día) bailan y vacilan convirtiendo su disfraz en un segundo yo.

Entre los carnavaleros existe un ranking de tipologías no exento de incorporar nuevos personajes. Empezando, el famoso osito. Dígase de aquel que heredó su calentito disfraz de antes del cambio climático y aún no se ha enterado de que está out tanto entero como atado a la cintura. Luego, está el pasado de vuelta que nunca se sabe bien de qué va pero que su objetivo no es otro que beber a raudales. También tenemos las chicas que no renuncian a ser sexys y a su disfraz siempre le añaden unas medias de rejilla o un liguero. Por supuesto, no pueden faltar las miles de versiones de las mujeres que ellos interpretan aunque, eso sí, suelen caer en dos estereotipos: la chacha o el putón. Pechos grandes y pintura de labios completan este disfraz que puede hacerse desde con un vestido de su madre-novia-hermana o con algo más elaborado y de costurera.

Entre la tipología de carnavaleros ha entrado en los últimos años el musculitos. Fruto del Wistrol y/o de las horas de gimnasio, lo cierto es que muchos chicos se han decidido a mostrar sus cuerpos serranos con disfraces donde lo importante es enseñar lo cachas que está uno.

Por supuesto, el Carnaval de Santa Cruz de Tenerife no podría ser el mismo sin la legión de curas, monjas, obispos y demás representantes de la curia carnavalera. Luego, están los disfraces recurrentes para todos aquellos que les gusta salir pero no interpretar demasiado: piratas, chinas, niño pequeño (aunque éste ya está bastante desfasado), vaqueros y vaqueras, superhéroes y gánsters completan la lista. Los veremos en las calles interpretando su papel, porque este año nos vamos pa’ la calle.

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