Escuelita – Por José David Santos

En mi primer año trabajando en la desaparecida La Gaceta de Canarias, y poco antes de que finalizara el mes de diciembre, no recuerdo bien si fue mi entonces redactor jefe, Tinerfe Fumero, o la subdirectora, María Jesús León, la que me dijo algo que, probablemente, cambió para siempre mi destino en esta profesión: “Te toca hacer el Carnaval”.

Existía una regla no escrita según la cual el último en incorporarse a la redacción era el encargado de cubrir la información de la fiesta de la máscara. Dada la dimensión y repercusión, sobre todo, de las carnestolendas chicharreras aquello suponía una prueba de fuego para cualquier redactor y, para ser sinceros, un marrón, por aquello de las largas y frías noches en concursos y galas y porque se trataba -ya menos- de un mundo complejo lleno de códigos internos que al profano -yo lo era- le sonaban a chino. Encima, la competencia, con Humberto Gonar a la cabeza, era feroz y tratar de sacar adelante un producto periodístico distinto y noticioso resultaba una tarea que casi nadie quería afrontar. Sin embargo, aquel primer Carnaval periodístico me enseñó muchísimo. Tanto, que mientras estuve en aquella casa y después aquí, en DIARIO DE AVISOS, he cubierto siempre de una manera u otra la información del Carnaval.

De hecho, creo que gracias a ser informador de las carnestolendas aprendí muchas herramientas del oficio que en otras secciones no se tienen que afrontar tan de inmediato o de manera tan continuada. Son semanas de un trabajo intensísimo en el que debes buscar noticias, hacer entrevistas, reportajes, crónicas y, a la vez, tratar de buscar una vuelta de tuerca original para asuntos que se han contado muchas veces. Vamos, una escuelita.

Recuerdo especialmente de aquella época en La Gaceta dos acontecimientos. El primero fue la locura de juventud de infiltrarme en la Gala de la Reina como figurante -con el beneplácito y complicidad del entonces director del espectáculo Sergio García- sin que lo supiese nadie, conociendo los secretos de la puesta en escena -que no conté-, los entresijos de todo lo que conllevaba poner en pie aquello que solo había visto como espectador, asistir a maratonianos ensayos…y, por supuesto, mientras continuaba con el trabajo en el periódico. La crónica de aquella Gala, evidentemente, fue única. Y única fue la sorpresa que regidores, ayudantes de dirección y demás personal, incluido el concejal -Dámaso Arteaga-, se llevaron al enterarse de aquella operación.

El segundo hito fue en mi segundo Carnaval. Alguien se acercó un día en la redacción y me dijo algo así como que ese año tenía que mojarme más en la crónica del concurso de murgas adultas. Y así fue como, con ese pique, empecé a criticar a los críticos por antonomasia de la fiesta, las murgas.

Ser el responsable de la información sobre Carnaval me ha dado otras muchas más cosas, como el salto al DIARIO DE AVISOS o conocer a mi santa, pero eso se podrá, supongo, contar otro día, si la responsable de este espacio carnavalero, la gran Nana García, me deja.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.