Una familia murguera

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El conjunto murguero se presenta este año bajo la dirección musical de Lolo Tavío y la batuta de David Díaz, también diseñador. | SERGIO MÉNDEZ

NANA GARCÍA | Santa Cruz de Tenerife

Hace 40 años, un grupo de niños decidieron compartir las vivencias de las entonces Fiestas de Invierno animando con cacharros y vestidos con trajes de sacos las calles del barrio santacrucero de El Toscal. Aquella inocente acción, que motivó que un grupo de adultos -entre ellos Domingo Ortega Macías y José Aroca Salvador- decidiera organizar una murga infantil bajo la denominación Ni Corto Ni Pico, es recordada hoy con un espectáculo en el Cine Víctor de Santa Cruz.

“Esto es una escuela muy importante en la que se aprende mucho de y sobre las personas”, explica Plácido (más conocido por Fino) Díaz Rodríguez, actual presidente de esta asociación cultural, quien lleva en el seno de esta agrupación murguera desde el principio, no en vano su padre, Abelardo Díaz, fue uno de los fundadores.

En 1982, este conjunto de la crítica y el humor decidió transformarse en murga adulta y adaptar su nombre al actual Ni Pico Ni Corto, y se convirtió así en una de las formaciones más antiguas del Carnaval chicharrero y escribir la historia reciente de esta expresión popular. “La evolución del grupo desde que empezamos hasta ahora ha sido mucha”, sostiene Fino Díaz al hacer balance de cuatro décadas murgueras con numerosos cambios económicos, sociales, políticos así como de la organización y desarrollo del propio Carnaval.

“El valor de una murga, y de los grupos del Carnaval en general, es que en ella confluyen personas de diferente ámbito, con diferentes tipos de formación, trabajo o procedencia, es una microsociedad, donde se ven los valores y desvalores de la realidad”, agrega el secretario de esta sociedad, José Manuel Betancor. Pero hay que añadir un matiz. “Para ser murguero, hay que llevarlo en los genes”, aclara el presidente, “porque la murga es un sacrificio y requiere implicación”, una responsabilidad no siempre bien entendida.

Pero el sacrificio, con el paso de los años y con el desarrollo de la sociedad capitalista, se ha trasladado otros aspectos que también forman parte de la infraestructura de una murga. En los inicios de Ni Pico Ni Corto, los componentes pagaban “cinco duros de cuota” en contraste con los 120 que deben abonar los componentes actuales, muchos de los cuales (22 de 51) están desempleados. Por ello, si hay algo que caracteriza a Ni Pico Ni Corto es que “impera el respeto y el ambiente familiar”, apostilla Díaz.

La Ni Pico, como se conoce popularmente, presume de haberse convertido, a lo largo de cuatro décadas, en una “escuela” de murgueros, muchos de los cuales integran las filas de otros conjuntos de la crítica como Mamelucos, Bambones o Triqui Traques.

Más allá de la crítica y el humor,mordaz o benévolos, las actuaciones de Ni Pico Ni Corto se componen de gestos y actitud. Al menos así lo entiende su actual director, David Díaz González (hijo de Fino y nieto de Abelardo) quien defiende “un nuevo estilo” y sobre todo “humildad”. “Esto ha sido siempre una murga estática y ahora se hacen parodias y hay voces en coro”, agrega Fino Díaz.

Una revista para el mejor aniversario
El Cine Víctor de la capital tinerfeña acoge hoy, a las 20.00 horas, un espectáculo-aniversario de la Asociación Cultural Murga Ni Pico Ni Corto, que contará con la presentación de la fantasía y parte del repertorio del grupo para este 2013. El acto contará además con las actuaciones de otros grupos de la Fiesta de la máscara como las comparsas Los Cariocas y Tropicana, la murga Las Burlonas, un monologuista, las cantantes Sira Mayo y Anaé, además de algunas sorpresas que los componentes prefieren no desvelar. “Queremos hacer algo más que una mera presentación del disfraz, sino una pequeña fiesta, a modo de revista, más amena para el público”, dice Fino Díaz.

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