El Carnaval es rentable

Máscara Carnaval Rentable (Ilustración: Suja 2013)

Ilustración: Suja 2013

Por Nana García

Hay una cuestión que ha cobrado un enorme protagonismo en las últimas ediciones del Carnaval de Santa Cruz de Tenerife: la económica. A causa del actual contexto de crisis financiera, el tema del gasto en esta expresión lúdica propia de la identidad de la isla ha saltado al centro de la arena política y social. Sabemos en qué situación están hoy las administraciones públicas y lo que ocurre con el empresariado local, sin embargo, cabe preguntarse ¿es rentable la fiesta de la máscara? Ante esto vale la pena sacar a relucir que el último estudio realizado sobre el impacto económico de las carnestolendas demuestra que la capital gana 20 veces la inversión realizada.

Cuando hay que recortar, la partida que suele sufrir más, y antes, es la relacionada con el gasto en materias como cultura y fiestas. El presupuesto destinado las carnestolendas del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife ha sido reducido más del 50% en las últimas tres ediciones. Este año la ciudad ha presupuestado en torno a 2.650.000 euros para su desarrollo. Sin embargo, el negocio que genera el Carnaval mueve más 18 millones de euros, de acuerdo con fuentes municipales, y puede llegar a superar los 26 millones,  según el estudio Impacto Económico del Carnaval de Santa Cruz 2000, de Gesade, Asesores, SL. Estas cifras demuestran que esta fiesta, más allá de ser una expresión tradicional de participación popular, también mueve consumo y empleo.

Como en muchas otras sociedades occidentales, tal y como recuerda la profesora de Antropología Social de la Universidad de La Laguna, Carmen Marina Barreto Vargas, la proliferación, revitalización, así como el proceso de globalización y mercantilización del Carnaval de Santa Cruz de Tenerife ha tenido lugar desde la década de los ochenta del siglo XX hasta la actualidad. Pero lejos de lo que podría pensarse, esta trascendencia económica de la fiesta de la máscara no ha sido ampliamente analizada. Administraciones como el Organismo Autónomo de Fiestas y Actividades Recreativas (Oafar) o la Sociedad de Desarrollo de Santa Cruz, ambas del Consistorio, reconocen su interés en cuantificar los beneficios monetarios que genera esta convocatoria multitudinaria, pero esta tarea se les ha hecho complicada a causa de que las actividades económicas que se generan en torno a Don Carnal son múltiples y diversas.

El desarrollo comercial

Este mismo argumento es esgrimido por Abbas Moujir, quien desde su despacho en la Secretaría General de la Federación de Áreas Urbanas de Canarias (FAUCA) explica que es muy complicado que los establecimientos implicados en el entramado económico del Carnaval aporten datos sobre las transacciones que se realizan antes y durante esta celebración. En este sentido, esboza que los sectores implicados en la estructura mercantil de la fiesta preferida por los tinerfeños no solo están relacionados con la adquisición o elaboración de los disfraces, sino también con la hostelería, restauración y servicios.

“Existe un segmento del comercio de la capital que se ha ido especializando en los últimos años en este tipo de eventos, aparte de los emblemáticos como Almacenes El Kilo o Jugueterías Arvelo, que sí tiene un incremento de ventas en esta época”, argumenta Moujir, quien añade que “otros con actividad normal durante el año” se suman a esta campaña adecuando en su establecimiento un espacio dedicado a disfraces y complementos con motivo de esta fiesta. En este caso, cabe destacar que la totalidad de las ventas no se corresponde con productos elaborados en la ciudad.

A esta consideración hay que añadir que la creciente vistosidad de los macro espectáculos y trajes que ofrece el Carnaval chicharrero y su consecuente introducción en las agendas del mercado, el turismo y los medios de comunicación han hecho proliferar talleres de corte y confección especializados en esta fiesta que sirven de sustento económico para que centenares de personas, incluyendo los diseñadores del Carnaval y artesanos, se empleen a fondo durante meses en este menester tanto para los grupos que participan en los concursos oficiales como para los isleños. Así, de acuerdo con datos que maneja el área de Fiestas, el gasto habitual del ciudadano en las salidas de Carnaval y confección de disfraces se sitúa entre los 30 y los 60 euros. La inversión que conllevan los trajes de reinas infantiles oscilan entre los 800 y los 3.000 euros. En el caso de la reina de los mayores, la cuantía se sitúa entre las 800 y los 6.000 euros, cifras que aumentan a 1.400 y 24.000 euros para la reina adulta.

Ambiente Carnaval

La cara y cruz del gasto

El Carnaval también crea negocio en el sector servicios. Según Fernando Ballesteros, concejal de Fiestas de la capital, Santa Cruz recibió el año pasado “entre noches y días del Carnaval, 1.600.000 personas”, lo que supone un importante desembolso económico en los locales de restauración, mesones y quioscos que se establecen en las calles del cuadrilátero carnavalero. No obstante, en las últimas ediciones esta realidad ha cambiado considerablemente. “El botellón y que las familias lleven su propia comida ha perjudicado estos negocios”, sostiene Abbas Moujir. Como solución, muchos establecimientos han adecuado los precios a las economías familiares, con lo que “han mejorado las ventas y recuperado” algunos beneficios.

A los bares y cantinas existentes en la ciudad se suma cada año una de las mayores atracciones del Carnaval, los feriantes. Esta actividad promueve un flujo importante comercial y de empleo en la ciudad. En 2012 se adjudicaron 52 puestos, de los 80 que se subastaban, por un importe total de 184.153 euros. Los adjudicatarios de estos emplazamientos pagaron entre 620, 08 euros y 17.584,84 euros por el alquiler del espacio público para la instalación de su actividad.

“Una cosa es hacer caja y otra cosa es ganar”. “Cuando se hace resumen de todo”, una vez finalizan los días de la fiesta, “se acumula tal cantidad de gasto que al final salimos raspaditos”, argumenta con pertinaz franqueza Juan Sánchez Rizo, quien junto a su esposa Luisa Jiménez Cano, lleva más de 35 años acudiendo a los carnavales con la empresa El Almendrita. El motivo de esta consideración es que la inversión -seguro de responsabilidad civil, autónomo, instalación de electricidad y mercancía- hay que  realizarla antes de la celebración de la fiesta de la máscara y “si hay mal tiempo” o coincide con un año en que las Navidades están muy cerca “siempre se sale perdiendo”. “Hay años en los que no ganamos ni el 30% de lo que invertimos”, asegura este feriante de profesión quien trabaja “un día para comer cuatro”.

Una marca de promoción

Profundizando en esta cuestión, el Carnaval para la ciudad también es un elemento de promoción turística. El desarrollo de Don Carnal coincide con la temporada alta y como resultado muchos hoteles de la capital registran altos niveles de ocupación, mientras que también es muy frecuente el flujo de turistas que visitan la ciudad desde el sur de la Isla. A esto se suma la creciente llegada de cruceros al puerto de capitalino, atraídos por la promoción que muchos turoperadores realizan de las antiguamente llamadas Fiestas de invierno. Con un presupuesto de 200.000 euros, Turismo de Tenerife logró en 2012 una repercusión mediática que asciende a 4.112.734 euros. Según calculan fuentes del área que dirige Carlos Alonso, la cifra invertida en esta acción ha obtenido un retorno que supera casi 400 veces la cantidad.

Pero el Cabildo no solo rentabiliza el la fiesta de la máscara en términos de difusión externa. En  la otra cara de la moneda, Metropolitano de Tenerife (MTSA) reconoce que “la semana del Carnaval no es comercialmente rentable”. Por poner un ejemplo,  durante este periodo el tranvía mueve aproximadamente 240.000 personas, cuando “una semana tipo es de 253.000 de media”, “con lo que hablamos que estamos transportando menos pasajeros que en una semana media”. En lo que respecta al transporte en horario nocturno de Don Carnal, para Metropolitano, se trata de “una franja de servicio que deja de ser rentable por la cantidad de gastos extras que comporta” lo que la convierte más “en una acción socialmente responsable al ofrecer un medio de transporte potente y seguro para los usuarios de estas fiestas”.

En el marco del sector servicios, y con respecto al transporte que se desarrolla en el marco de los actos festivos, Domingo Lara Ramos, vicesecretario de la Unión de Trabajadores Autónomos del Taxi (UTAT), incide en “la bajada” de usuarios que se ha acumulado en los últimos años. “Ya no compensa tanto trabajar en Carnaval como antes, no solo porque se ha perdido bastante clientela por la crisis, sino que también ha aumentado el número de taxistas” que se desplazan a la capital en busca de una recaudación mayor. Lara, que trabaja las noches o días de las carnestolendas, apostilla que, a pesar de que se hace caja, “no es un resultado que sea económicamente factible”.

En definitiva, los estudios confirman que esta fiesta no es ni el problema ni la solución de la grave situación de crisis que atraviesa la capital tinerfeña, pero sí un motor innegable cuya paralización o cancelación repercute negativamente en la economía local.

1 respuesta

  1. Rafael Timoteo dice:

    Si no fuera porque la situación económica general no es precisamente graciosa, lo que leo en esta noticia me llevaría, directamente, a “partirme el culo de la risa” (expresión vulgar pero clara donde las haya). El año pasado cogí dos veces taxi desde Santa Cruz a La Laguna durante los Carnavales. Los taxistas me contaron una situación de falta de negocio esas noches que ahora lamento no haber grabado. Los bares estables de la ciudad estaban vacíos y el botellón de bebida barata de gran superficie era de lo más evidente. Anécdota: pedí una copa en un kiosko y al rato otra y el pibe que me atendió se quedó sorprendido porque era el primero que le pedía una segunda copa esa noche. Lo de los negocios y sus beneficios es coña ¿no?. O bien los comerciantes son unos llorones que se forraron de mala manera y después se dedicaron a quejarse por el vil motivo de hacer daño a la imagen de una fiesta tan rentable o algo falla en todo esta noticia. Que recuperen el dinero invertido me parece poco real pero posible, que lo multipliquen por 20, eso ni de coña. Lo dejo porque me indigno por momentos. Si con este tipo de cosas pretende el Ayuntamiento de la Capital levantar su imagen pública, que se aguanten un lintre y no se les vaya tanto la olla, por el bien de todos y la imagen de la Isla en general.

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