Israel Espino: “Las rondallas llevan demasiado tiempo encasilladas”

Israel Espino González

Israel Espino González, director de la rondalla Unión Artística El Cabo. / F. P.

Por Natalia Delgado

Israel Espino González (1979) es lo que se puede denominar un “todoterreno musical” y, sin duda, constituye uno de los grandes ases con los que cuenta la Unión Artística El Cabo para marcar un antes y un después en su devenir. Este joven, pero experimentado músico, responsable de la Orquesta de Pulso y Púa de esta rondalla desde hace cinco años, se encargará desde la presente edición de imprimir nuevos aires a esta institución, que cumplió 70 años en 2012.

-Llevan casi 40 años sin obtener el primero, ¿se imagina que el año de su estreno como director se consiguiera?

“Nosotros estamos realizando un trabajo serio durante todo el año. Si nos lo dieran… yo no pienso en premios, sino en bajarnos del escenario con la sensación de haber dado lo mejor de nosotros”.

-El año pasado se quedaron a un tris de alzarse con él. ¿Qué le falta a El Cabo para terminar de convencer al jurado?

“Eso habría que preguntárselo al jurado, que son los que nos dejaron a cinco décimas del Orfeón La Paz. Aun así, la sensación con la que nos fuimos del Auditorio fue maravillosa al ver cómo respondió la afición”.

-En cuanto a la gestión de la Federación de Rondallas, ¿cree que quedan muchas cosas por cambiar para dar un espaldarazo definitivo a estos colectivos?

“Queda mucho por hacer porque nos merecemos estar en otro lugar, dentro y fuera del Carnaval. Deberíamos dar un paso adelante en cuanto a tener actuaciones y un repertorio que se pueda llevar a cualquier lado. Pasamos por un buen momento porque se han incorporado personas valiosas a la dirección de las rondallas, y no lo digo por mí”.

-Ya el año pasado fueron transgresores y arriesgaron en la elección del repertorio. ¿Es partidario de que las rondallas se quiten el corsé e interpreten otros estilos menos puristas?

“Lo que creo es que llevan demasiado tiempo encasilladas en un repertorio y cualquier aportación sería interesante, siempre y cuando se respete lo que se pide a una rondalla: que se pueda tocar con una orquesta de pulso y púa, temas corales con la complejidad que conllevan (contracantos, voces…). Cualquier música es buena y si se hace bien mejor. Hay que arriesgar porque la gente siempre espera escuchar cosas nuevas y salir de la monotonía. Este año hemos reservado un tema con el que intentaremos dar una vuelta de tuerca al certamen”.

-¿Cuáles son las principales carencias de su rondalla?

“La falta de instrumentistas. Hubo una época muy buena en la que el folklore aportó muchos, pero ahora los pibes quieren tocar la guitarra eléctrica, ser timplistas solistas o guitarristas como David Russell o Manuel Barrueco… Los instrumentos de plectro no pasan por su mejor momento”.

-¿Qué opina de la gran rivalidad existente? Entre el gremio predomina una especie de obsesión por desbancar al Orfeón La Paz…

“No debería haber rivalidad porque la única manera de ponernos en el sitio que merecemos es estar unidos. No existe tal obsesión, sino que si hubiera que poner alguna meta es conseguir el primer premio y, claro, el Orfeón La Paz está en medio irremediablemente, porque son quienes llevan ganándolo muchos años”.

-¿Preferiría verlos fuera de concurso o si no no tendría gracia?

“Creo que tienen que estar en el concurso. Que lleven 14 años ganando no significa que se tengan que ir. Las rondallas deben ponerse las pilas y ensayar todo el año, que es el secreto del Orfeón y lo que hace que la calidad vaya en aumento”.

-¿No cree que existe cierto ombliguismo y que cuesta reconocer el trabajo bien hecho del vecino?

“Es más fácil criticar al de al lado que echarse flores uno mismo, aunque ese no es nuestro caso porque nosotros no pensamos así. Pero sí que puede existir un poco de ombliguismo en las rondallas”.

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