La fidelidad hecha ‘Mamel’

Luis Maya 'El Medusa' Mamelucos

Luis Maya, conocido como ‘El Medusa’, acumula treinta años en Mamelucos. | DA

NATALIA DELGADO | Santa Cruz de Tenerife

Luis Maya, para los amigos El Medusa, es más que una institución dentro de la murga Los Mamelucos y más allá de las fronteras de la Casa del Miedo, su local de ensayo y segunda casa ubicada en la carnavalera calle de La Noria. Este referente de la fiesta chicharrera lleva la friolera de treinta años en Mamelucos. Su movilidad limitada no le ha impedido ensayar, desfilar o subirse a cualquier escenario durante estas tres décadas siendo parte de la que, a su juicio, es “una gran familia”. Tras iniciarse en Los Chichiriviches en los setenta, Maya reconoce que se siente “tan a gusto” en los Mamels que en todo este tiempo ni se le ha pasado por la cabeza probar en otra murga. “Soy una persona muy fiel en ese sentido”, señala.

Prueba de esta constancia es la distinción que le entregó el pasado año la Federación Tinerfeña de Murgas: el Óscar a la constancia murguera.

El Medusa rezuma humildad cuando se le pregunta por si se considera uno de los componentes más queridos y carismáticos, cuestión que prefiere no aludir “porque los demás son los que tienen que hablar de uno”, indica. El año pasado Los Mamelucos obtuvieron el tercer premio en el apartado de Interpretación tras unos cuantos años de sequía, aunque la ilusión de El Medusa siempre se ha mantenido intacta. “Si la pierdes es mejor que dejes la murga”, afirma, y tiene claro que es necesaria para todos los aspectos de la vida. “Hacemos un sacrificio muy grande al salir del trabajo directos a la murga y así durante seis meses, y a partir de enero ya estamos de lunes a domingo, por lo que te tiene que gustar”, argumenta.

El representante y fundador de la sociedad Mamels, Toño Ramírez El Chocolate, confiesa que Luis Maya “se convirtió, sin quererlo, en mi pequeña media naranja”. “Toda la vida juntos y en los últimos años que no ha podido estar en la cabalgata o el coso, notas el vacío de no tenerlo de a tu lado”. Ramírez considera a su compañero “un baluarte para el propio colectivo”, del que destaca la firmeza de sus pensamientos y decisiones.

“Es una persona directa”, añade, “y como a él le gusta decir, un compañero de base”, refiriéndose a cuando han tenido que atravesar momentos no tan buenos. “A veces cuando estamos espesos es gratificante ver a alguien como Luis motivándonos y animándonos a seguir tirando del carro”, señala.
El alma mater de Mamels rememora que si ha habido un aplauso emotivo para la murga, fue el protagonizado por Maya en la cabalgata de 1985, mientras bajaban desfilando por la Rambla Pulido.

“Luis tropezó con las muletas y se cayó. Inmediatamente fui a ayudarle a levantarse, pero si vieras el ímpetu con el que lo hizo, como diciendo vamos, tira para adelante, no pasa nada…, la reacción del público fue sorprendente”. “Es único”, sentencia. Toño El Chocolate recuerda también cómo tras una cena de Navidad lo montaron en un cochito para niños en la puerta del bar y los compañeros empezaron a meter monedas. “Siempre ha encajado las bromas bien”, apunta.

El Medusa valora los momentos positivos vividos con este grupo de amigos. “Es gratificante cuando, tras mucha incertidumbre y de pensar si el público responderá o no a una canción, contactas con él, y te reconoce el esfuerzo y la labor de la murga”.

Además, presume de estar en uno de los grupos críticos con más solera, “pero siempre con los pies en el suelo porque, como le digo a los chicos, todo son etapas y ciclos y lo difícil es mantenerse”.

En tono jocoso explica cómo a un componente de la vecina Diablos Locos, con una discapacidad similar a la suya, lo bautizaron como El Aguaviva. “Para ello vinieron al local a pedirme permiso y les dije me lo trajeran para conocerlo”, comenta.

“Dentro de las posibilidades que tengo con mi movilidad reducida me entrego en cuerpo y alma”, indica, y agrega, respecto a la media hora que dura la actuación, que sobre el escenario “te transformas”.

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