Lágrimas de aflicción bajo la lluvia

Un año más, la originalidad de los participantes llegó a superar ediciones anteriores de este tradicional ritual. | SERGIO MÉNDEZ
 

NANA GARCÍA | Santa Cruz de Tenerife

Hasta el cielo lloró ayer en la despedida de Don Carnal. Cientos de viudas, acompañadas por destacados miembros del clero y característicos personajes, llenaron las calles capitalinas de lágrimas, letanías, desolación y batucadas en una nueva edición del Entierro de la Sardina que anoche desafió al mal tiempo y al fútbol con originalidad y desenfreno.

Al margen de que cada año se repite prácticamente el mismo ritual, ocurre que el espíritu transgresor y la capacidad imaginativa de esta perpetua ceremonia de la modernidad provocan siempre el asombro y la carcajada del público asistente. Y es que en el Entierro de la Sardina cabe todo menos el recato, los tópicos, la supeditación a la pobreza de espíritu y los convencionalismos. Lo que en origen fue una tradición simbólica y pagana de la vuelta al orden establecido con el tiempo ha evolucionado en una representación más sofisticada. Pero no por ello ha perdido su carácter exclusivamente popular, el mismo que impidió ayer la suspensión del acto a pesar de la lluvia reinante.

Esta tradición ritual, que recuperó para la ciudad en 1979 el desaparecido director y fundador de la Afilarmónica NiFú-NiFá, Enrique González Bethencourt, partió a las 21.00 horas desde la calle Juan Pablo II y transitó, con la parsimonia del dolor y los arrebatos del llanto, por Méndez Núñez, El Pilar, Villalba Hervás y La Marina custodiando al finado hasta la Alameda del Duque de Santa Elena donde tuvo lugar la incineración y posterior exhibición de fuegos artificiales.

Como suele ser costumbre, el desfile, jubiloso e irreverente, creció a medida que iba transcurriendo el tiempo, mientras cientos de curiosos, turistas y amantes de la fiesta presenciaban el acto bajo una incipiente lluvia.

En la comitiva, acompañada más por baile y alegría y una gran simbología sexual que por exagerados llantos, desmayos, mareos e histeria, los de siempre: el Señor de la Palmatoria, Cantinflas vestido de bombero, los soldados con la corona de flores, Las Magas (sin megáfono) a ritmo de Tenderete, Popeye, obispos, novias, brujitas, cardenales curas, monjas y cientos de anónimos de las carnestolendas chicharreras que llenaron las calles de llanto. El glamour de Javier García y Vicente Méndez, dos Celias de Tenerife, abrió las honras fúnebres que este año contaron con algunas novedades como un gaitero, también un grupo de legionarias portando con paso procesional una cruz con la sardina, o un elaborado confesionario que tuvo algunos problemas para desplazarse.

La protagonista del cortejo fúnebre, la Sardina por la que lloraban ayer desesperadas cientos de plañideras, se ha basado esta edición 2013 en una estructura confeccionada por los artistas Toño León (autor del decorado 2012 del escenario del Recinto Ferial dedicado a Los prodigiosos años 60, la era del Flower Power) y José Oliva, sobre un diseño de Elena Mele González Ramírez, que lucía complementos propios de las mujeres de La India y estaba acompañada por serpientes y flores de loto.

La hoguera del pecado carnal despidió, varias horas después, los errores del pasado para dar paso a la esperanza de lo nuevo. No hay ocasión para deprimirse porque todo el año es Carnaval.

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