Tacones alocados

ENRIQUE TOSTE | Puerto de la Cruz

Color, diversión y peripecia. Subidas sobre unos inmensos tacones de hasta 20 centímetros, las más osadas mascaritas corrieron ayer viernes por las principales calles de Puerto de la Cruz, que acogió el ya tradicional maratón masculino Mascarita ponte el tacón que cumplió en esta ocasión su décimo novena edición.

Esta curiosa carrera es el acto más popular del Carnaval portuense que cada año ha ido ganando adeptos, y que logró congregar en la noche de ayer a miles de personas -sobre unas 20.000- que comprobaron in situ que no solo la mujer es capaz de calzarse plataformas de medidas vertiginosas.

El número de participantes fue menor en comparación con la pasada edición. Este año fueron 345 los intrépidos amantes del desenfreno y de la diversión que se dejaron la piel, de forma literal, en la sonada carrera, donde la mayoría se agruparon en grupos de entre tres y 12 personas.

Además de las ganas de pasarlo bien, solo existen dos requisitos fundamentales para formar parte de esta carrera tan propia del municipio norteño: primero, ir subido sobre unos tacones de ocho centímetros como mínimo y segundo llevar atuendo carnavalero. Disfraces hay para todos los gustos. Desde los más básicos hasta los más originales. Muchos tan elaborados que al final lo que menos miró el espectador fue el calzado. Sevillanas, policías, enfermeras… cualquier motivo fue bueno para formar parte del acto. Entre los disfraces más llamativos destacó el llevado por un grupo nutrido de amigos que estenografiaron souvenires de distintos países.

A las 20.00 horas comenzó la inscripción de los participantes en la plaza del Charco. Seguidamente la organización se fue asegurando de forma paulatina si los voluminosos tacones cumplían el mínimo exigido.

Cerca de tres horas más tarde, con el recorrido de la carrera ya repleto de curiosos ansiosos de disfrutar del Carnaval, partieron las mascaritas, que si temblaban lo hacían más por el frío que por el hecho de estar elevado por encima de su altura habitual. Se trata de un paseo poco usual, repleto de obstáculos de toda índole donde el objetivo era llegar más rápido que ningún otro.

Durante el largo trayecto, que partió desde San Telmo, pasando por la calle Santo Domingo y terminando en la plaza del Charco, los variopintos disfraces fueron el foco de los flashes y videocámaras. En el transcurso del maratón, las caídas, eso sí, sin gravedad, y alguna que otra rotura de tacones, no impidieron llegar a la meta a los participantes que se levantaron una y otra vez.

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