43 años rodando a contratiempo

Por Nana García | Reportaje gráfico: Fran Pallero

Las sociedades globalizadas, y a pesar de la irrupción de los avances tecnológicos, son espejo de la cada vez más creciente paradoja a la que se refería Rubén Darío en su poema Yo soy aquel que ayer no más decía, esa en la que lo posmoderno se inspira en lo antiguo y lo retro se vuelve moderno. Prueba de ello fue el éxito de convocatoria que tuvo el XLII Gran Concurso en la Ciudad de Automóviles Antiguos, que en la mañana de ayer domingo de Piñata inundó una de las arterias principales del parque García Sanabria de una cincuentena de dinosaurios de cuatro y dos ruedas procedentes de toda la Isla, así como de Gran Canaria, La Palma y La Gomera.

Amantes del mundo del motor, nostálgicos, apasionados de los coches, profesionales, curiosos, jóvenes y mayores componen el público que en la mañana de ayer subió a la máquina del tiempo para trasladarse al universo del automovilismo “anterior al 31 de diciembre de 1939”. “A partir de esa fecha ya no se trata de vehículos antiguos sino de coches clásicos”, explica José Bastarrica Galván, miembro del Club de Automóviles Antiguos de Tenerife organizador, “desde hace 43 años en la Piñata del Carnaval”, de este evento que cuenta con el respaldo del Ayuntamiento de Santa Cruz a través del Organismo Autónomo de Fiestas.

Además de las marcas clásicas como Ford, Rover o Rolls-Royce, en la concentración de vehículos antiguos que ayer llenó de añoranza el García Sanabria se encontraban muchas reliquias (coches, camiones y motos) de coleccionistas privados, incluso, algún tesoro particular, como por ejemplo, un Hispano-Suiza de 1914, con matrícula TF 130, que el próximo año cumplirá una centuria de existencia.

Pero fueron muchos los tesoros motorizados que lucían lustre ayer en la capital tinerfeña. Sus propietarios, ataviados de época -especialmente vistiendo la moda de los años 20 y 30- compartían con curiosos y entendidos el esfuerzo monetario y la dedicación que requiere una joya de estas características. Y es que muchas de las piezas que componen sus motores ya no se fabrican y “cuando eso ocurre, hay que hacerlas”, explica José Bastarrica.

A pesar de la inversión que supone un vehículo de estas características, sus dueños reconocen que no lo cambiarían por ninguno de los que se encuentra en la actualidad en el mercado automovilístico. Un espíritu de estas características que tiene mucho sentido en una de las provincias españolas con mayor afición a los coches antiguos, según José Bastarrica.

Fieles a su cita carnavalera, la caravana de automóviles antiguos llevó a cabo su recorrido por el centro de la ciudad, que partió desde el propio parque, cruzó la rambla de Santa Cruz, Costa y Grijalba, 25 de julio, Méndez Núñez, el Pilar para finalizar en la avenida de Anaga. En esta última vía, a la altura del cuartel de Almeyda, coincidió con la II Exposición de Coches Clásicos de la fiesta de la máscara, que también congregó a un significativo público en torno a los propietarios de estas máquinas.

Como es tradición, el desfile finalizó sin complicaciones en el Real Club Náutico de Tenerife donde tuvo lugar el almuerzo de fraternidad y la entrega de galardones de esta edición.

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