Crónica del futuro – Por Santiago Toste

Sirvan estas líneas, oh, grandioso subsecretario de Etnografía Interplanetaria, como apresurado reporte acerca de nuestra estancia en el Carnaval 2515 y breve adelanto del exhaustivo informe que le entregaré personalmente. De entrada, qué decirle que usted ya no sepa de esta celebración terrícola que acontece en unas islas. A poco que uno entre en confianza, muchos locales aseguran que esta fiesta ha ido entrando en los últimos 10 o 15 años en una espiral de decadencia o, como a ellos les gusta decir, ha perdido su esencia. Por el contrario, nosotros, investigadores intergalácticos, pocas diferencias observamos entre este regocijo popular y el de, pongamos por caso, 2223. Las murgas de uno y otro territorio insular continúan con sus escaramuzas e incursiones en territorio enemigo. El pasado martes, sin ir más lejos, una de ellas secuestró a la reina del Carnaval vecino, que no fue liberada hasta que sus enemigos no accedieron a la retransmisión en directo y sin interrupción de uno de sus espectáculos: 72 horas de programa, repletas de música, baile, humor y aceradas críticas hacia los gobernantes. El Tribunal Penal Universal ha abierto una investigación. También es cierto que cada día se suceden los encarcelamientos de jurados de los distintos concursos que se organizan por estas fechas. Sobre este último asunto, la Corte Suprema guarda un prudente silencio. Durante dos días hemos estado sin noticias de XPRQ7, ya sabe, el subencargado de mantenimiento de la nave. Cuando ya nos disponíamos a emprender un operativo de búsqueda con cinco de nuestros mejores agentes, XPRQ7 regresó en un estado lamentable. Disfrazado de perro dálmata, con un aliento muy desagradable, repartiendo besos a toda la tripulación y entonando una curiosa melodía: “Ay…, no hay que llorar…, que la vida es un Carnaval…”, o algo parecido. Estuvo todo un día encerrado en su camarote y solo se levantaba para pedirnos que hablásemos más bajo y tomar kilos y kilos de paracetamol. Creo que se salvará. Ayer vivimos el momento más crítico de nuestra estancia y llegué a temer por nuestra integridad. No sé bien cómo, nuestros filtros de seguridad fallaron y se nos coló una comparsa dentro de la nave. Lo han dejado todo perdido de plumas y purpurina. Al final, y tras unas interminables horas de batucada, logramos sacarla, no sin antes vernos obligados a comprarles una docena de vídeos de sus últimas actuaciones, lo que ha hecho que nos quedemos sin dinero y ahora mismo no podamos abandonar este planeta, pues por fuera hay un guardanaves muy mal encarado que se empeña en cobrarnos si queremos salir del aparcamiento.
Santiago Toste

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