La gallina de los huevos oro

Un granjero pobre y su esposa se encuentran con que una de sus gallinas pone huevos de oro. Pero no contentos con esperar a la puesta, deciden matarla, pensando que tiene una mina en su interior. Cuando descubren que no es así, caen en la cuenta de que mejor les hubiera valido conservar lo que tenían. Todos hemos tenido alguna vez una gallina que pone huevos de oro, y aun así, siempre hacemos lo imposible por perderla. No sé qué oscura razón nos lleva, una y otra vez, al mismo precipicio, pero así es. Esta caída fábula describe a la perfección lo que está ocurriendo con el turismo en Canarias. Todos sabemos que, en estos momentos, es el único sector que tiene resultados positivos, y aún así, nos empeñamos en acabar con el. Dentro de esta vorágine destructora, subimos las tasas aeroportuarias para que a las compañías aéreas les sea más caro aterrizar en los aeropuertos isleños.
El Gobierno canario sube el IGIC dos puntos ahogando, aún más, a la patronal hotelera que, lejos de vivir en la abundancia, está pasando serios problemas económicos arrastrados por las pérdidas de años anteriores. Si no, que se lo digan a los empresarios del Norte de Tenerife o La Palma. Todo esto se produce en medio de un proceso de negociación del convenio colectivo de la hostelería, donde hay intereses contrapuestos. Las expectativas para este verano, con la Eurocopa y las Olimpiadas de Londres en pleno periodo estival, no son nada buenas. El Gobierno canario prevé ya una caída del 6% con respecto al año pasado. Si encima le unimos los inoportunos avisos de huelga de los empleados de la hostelería, y el encarecimiento de los billetes; el panorama se augura desolador. 
Tenemos una patronal turística desesperada por intentar mantener un sector que, hasta ahora, ha sostenido la actividad económica de las Islas. Se arriesgaron, incluso, a proponer una tasa por pernoctación al turista que más tarde, Exceltur les obligó a retirar para no contagiar a otras comunidades autónomas y no romper la marca España. Pero es que la marca Canarias, sí que se está contagiando del pesimismo generalizado por la crisis que azota al país. Y eso es malo. Malo para Canarias. Malo porque empezamos a ser un destino caro y no competitivo. Y malo porque, entre todos, estamos empeñados en matar a nuestra
gallina de los huevos de oro.
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