Y lo que nos queda

Lo fácil, en época de crisis, es ser catastrofistas, máxime después del sablazo que nos dio ayer Rajoy. Este es el principio de una serie de bofetadas que nos irán llegando conforme aterricen en España los euros de nuestros socios europeos. No tenemos porqué sorprendernos, ni siquiera tenemos derecho a quejarnos. Quisimos ser europeos, y ahora somos Europa, pero con todas las consecuencias: lo bueno y lo malo.
Estamos intervenidos. Tenemos que acatar, a rajatabla, lo que nos dice Bruselas. Hemos vivido muy bien y ahora toca pagar las consecuencias. Lejos de la lógica indignación del tijeretazo del Gobierno, si analizamos las medidas no son tan terribles.
Una reducción del 30% en el número de concejales en los ayuntamientos, y que el sueldo de los alcaldes se fije por Ley, no es tan malo. Quitar la prestación a los que rechacen una oferta de empleo, no solo me parece bien, sino que creo que lo deberían haber hecho antes. Una región, como la canaria, con una tasa de paro que ronda el 31%, no se puede permitir el lujo de elegir puestos de trabajo.
Y vamos por los funcionarios. El Gobierno necesita cash, es decir, efectivo, y para conseguirlo la única manera de recaudar, de forma inmediata, es suprimiendo, este año, la paga extraordinaria de Navidad a los funcionarios. Solo este año. Hay miles de empleados en el sector privado a los que sus jefes le han bajado el sueldo, eliminado pagas y ampliado el horario laboral, y sin posibilidad de recuperarlo. A los empleados públicos se les reintegrará su ‘extra’ en 2015, a través de su plan de pensiones.
En cuanto a reducción de los polémicos días moscosos, es decir, los días de asuntos propios, que habitualmente unían a los festivos para hacer puentes, o mejor dicho, acueductos, tampoco me parece mal. En el sector privado, un empleado tiene 30 días de vacaciones. Ni más, ni menos. El problema de este país, es que hemos acostumbrado muy mal a un sector público que no solo nos ha cogido la mano, sino el hombro.
Ya que somos Europa, los empleados públicos deberían fijarse más en los funcionarios europeos. En Alemania, por ejemplo, con el doble de población, hay unos 800.000, mientras que en España son más de 3 millones.
La riqueza de un país es el fruto del trabajo de sus empresas que son las que generan el empleo. Por ello, es difícil hablar de la productividad de los funcionarios, especialmente, cuando tienen un puesto y un horario fijado por Ley, y sin posibilidad de perderlo. La productividad, y en eso si creo que el Gobierno se equivoca, hay que buscarla en otro lado. No por ampliar la jornada laboral de un funcionario, éste será más productivo.
En este sentido, soy más partidaria de mirar como actúan nuestros jefes europeos en algunos sectores. Por ejemplo, en Educación, donde Alemania nos da mil vueltas (no hay más que mirar su posición en el informe PISA). Los chicos alemanes tienen un mes de vacaciones. Los escolares terminaron sus clases el 22 de junio, como en España, pero el 2 de agosto estan todos en el nuevo curso escolar. En España, no regresan a las aulas hasta el 10 de septiembre. 
Mirado desde el punto de vista económico, la idea alemana aporta enorme beneficios. Un padre español, se gasta una media de 500 euros en las escuelas de verano, si son dos niños. En época de crisis, si una familia ha tenido que desembolsar este importe en un taller de verano, es dificil que tenga otros 800, como mínimo, para pasar unos días en un hotel, aunque sea el Sur de la Isla. Con un mes de vacaciones de los niños, las familias si podrían gastarse ese dinero, y con reactivarían el consumo, además de conciliar la vida laboral y familiar.
Es una cuestión de práctica, y en esto Europa lo tiene claro. Los españoles, aunque estemos en crisis, preferimos las dos horas para comer, la media hora del cortado, los dos meses de vacaciones, y la protesta. Hasta que no seamos conscientes de que la fiesta se acabó, de que ya no hay barra libre para todos, seguiremos lamentando hoy, lo que supimos mantener hace unos años.
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