Impuestos absurdos

España es uno de los países que soporta mayor presión fiscal de Europa. Aparece como el duodécimo país de la zona euro con mayor presión fiscal y el decimoctavo de la Unión Europea, según los datos de Eurostat. Tenemos muchos impuestos y muy altos y por el contrario no recaudamos en la misma proporción. El diario LibreMercado publicaba este fin de semana un interesante artículo sobre lo ‘absurdo’ de algunos impuestos que lejos de provocar una alta recaudación para las arcas públicas, lo que provocan es un enorme gasto. El Gobierno de Canarias estima que, a pesar de las buenas cifras económicas, aún no es tiempo de devolver el IGIC a su tipo anterior a la crisis, es decir, al 5%. El afán recaudatorio de muchas administraciones hace en muchas ocasiones que el propio impuesto en sí pierda sentido e incluso que la propia recaudación del mismo no tenga efecto.

Los impuestos tienen un doble sentido. En primer lugar, hay impuestos que lo que quieren es producir un beneficio al consumidor y no tienen tanto afán recaudatorio, como por el ejemplo el que grava el tabaco, el combustible o el alcohol. Se trata, en estos casos, de crear una conciencia que beneficie a la salud. Junto a estos impuestos más o menos benévolos están aquellos cuya intención no es otra que incrementar las arcas públicas. A los generales, además, hay que unir los impuestos de cada una de las comunidades autónomas que pueden ir desde aquellos que afectan a cuestiones medioambientales a aquellos que tienen que ver con el agua, el vestido o los depósitos bancarios. Canarias recauda hasta un 15% a través de estos impuestos. El Impuesto de Sucesiones, que en algunas comunidades aún se aplica, como Andalucía, es de los más injustos porque un ciudadano puede llegar a pagar hasta 164.049,35 euros por heredar una vivienda, por ejemplo, en Sevilla, y 134,23 en Tenerife. Todo esto después de que el propietario de ese inmueble ya pagase sus impuestos en vida y su hijo o parientes ahora tiene que pagar por recibirlo. Un impuesto inútil, que no provoca una gran recaudación, sino una mayor presión fiscal y una reducción de la inversión.

Publicado el por María Fresno en Sin categoría ¿Qué opinas?

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