Más alto, pero no más claro

Lo dije hace poco y lo vuelvo a repetir. Estamos empeñados, no sé por qué, en matar a la gallina de los huevos de oro. La piedra angular de la economía canaria es el turismo. Vivimos del turismo. Hasta ahora, es el único sector que crea empleo. Pero no sé por qué extraña razón entre todos queremos que no sea así. A la industria turística cualquier problema, interno o externo, le afecta y le hace perder competitividad: la crisis, las huelgas, los volcanes…Todo. Es cierto que el año pasado nos aprovechamos, y digo bien, nos  aprovechamos de la situación de inseguridad que vivieron nuestros más cercanos competidores: los países árabes. No hizo falta gastarse millones de euros en promocionar el destino. La máquina de atraer turistas funcionó sola. Más de 12 millones pasaron por el Archipiélago en 2011. Una cifra récord que sí, que hizo ganar dinero a los empresarios, pero que mantuvo el empleo y, sobre todo, la actividad económica de la Isla. Este año no será igual. La situación política en estos países se ha estabilizado, y ahora buscan, a la desesperada, recuperar al turista perdido. Y lo están logrando. Las perspectivas para Canarias son malas. Muy malas. Mientras en los mercados competidores bajan las tasas (algunos países como Grecia las suprimen) y los precios de los hoteles; nosotros, los canarios, tiramos la casa por la ventana. Subimos las tasas aéreas, incrementamos el IGIC a los hoteleros, les cerramos el crédito, y les recortamos los incentivos a la renovación, pero al mismo tiempo les decimos, por ley, que, si no rehabilitan, le expropiamos su hotel. Vamos, una estrategia que nos llevará derechitos al abismo. 
A todo esto, los sindicatos, dado que los empresarios se han “hinchado” a ganar dinero, como dicen ellos, piden una subida de sueldo (poca es verdad) del 0,5%, y más contrataciones para este año. Solo de esta forma firmarán el convenio colectivo del sector de la hostelería. En caso contrario, huelga para el mes de agosto, que vendrá muy bien al sector, claro. Estamos inmersos en una crisis que nos está dejando sin aliento. Intervenidos por Europa. Con un Gobierno, el regional, que se verá obligado a cerrar el presupuesto de este año en septiembre o principios de octubre, con lo que esto supone para autónomos y pymes, que se quedarán sin cobrar hasta enero. Europa nos dice que hay que bajar el sueldo a los funcionarios. Y los sindicatos, porque los empresarios han ganado mucho dinero en 2011, que por otra parte es lícito, a eso se dedica un empresario, a ganar dinero, que si no no montaría una empresa, piden una subida de sueldo. No le estamos viendo las orejas al lobo, y cuando se acerque, será demasiado tarde. Del turismo vivimos todos en Canarias, indirecta o directamente. Un estudio del propio Gobierno regional asegura que el Archipiélago está perdiendo competitividad con respecto a otros destinos. Se puede decir
más alto, pero no más claro.
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Un negocio de chinos

Comenzaron su implantación en las Islas con los tradicionales restaurantes chinos, y ahora lideran el subsector de los bazares. Mientras el resto de los comercios de Canarias caen en picado, el negocio de los chinos, en plena crisis, crece de manera vertiginosa. El secreto de su éxito, además del bajo coste de sus productos, hay que buscarlo en la extraordinaria capacidad de trabajo y, quizás, en su escasa integración en la comunidad isleña.
¿A cuantos chinos hemos visto en un restaurante [que no sea chino, claro] almorzando con su familia? ¿En la playa? ¿En un parque paseando a los niños? En definitiva, en cualquier actividad del día a día de un occidental. Yo, a ninguno. La china, es una sociedad especialmente cerrada, y esto hace que la percepción que tengamos de ellos sea, en muchas ocasiones, negativa. A penas aprenden el idioma, y solo se relacionan entre ellos. Tienen nulo interés por empaparse de la cultura occidental. También es cierto que es un colectivo que crea muy pocos problemas sociales, ya que prácticamente están empleados en restaurantes y tiendas de compatriotas y, por lo tanto, no sufren desempleo y no los vemos por la calle pidiendo como a otros extranjeros.
Pero, sin duda, lo que más me intigra es  la rapidez con la que los chinos abren sus negocios. Un canario dedica meses y meses a desenredar la maraña burocrática que impone la administración para la apertura de un establecimiento comercial. Los chinos no. Un lunes vemos un local que se alquila o se vende y, en un par de días, ya está el chino abriendo, con toda la mercancía y los trabajadores despachando. No piden créditos. No se entrampan, como los españoles. Esto no entra dentro de su concepto empresarial. Piden el capital para el negocio a sus familiares y amigos con la condición de írselo devolviendo poco a poco. Sin papeles, ni escrituras. Obviamente el concepto de negocio es diferente. Y no solo porque trabajan más horas. En China la jubilación es a los 50. A partir de ahí, los que se dedicaron horas y horas a trabajar, ahora cambian el chip y solo viven. Se ríen de los españoles por jubilarnos a los 67. ¿Cómo vas a disfrutar si ya eres viejo? Y, en el fondo, no les falta razon.
Con esta fórmula de negocio, los chinos se han ido haciendo, poco a poco, con un sector, que los comerciantes ya empiezan a temer. Trabajan casi 24 horas a la semana, 365 días al año. Sus beneficios, que son muchos, no revierten en la economía isleña. No invierten aquí. No contratan a empleados isleños. Dilapilan al comercio tradicional con ofertas que no pueden ni siquiera igualar, y si un negocio no les es rentable, no tienen el más mínimo problema en coger su mochila y marcharse a otro lugar.
El colectivo chino es ahora lo que fue, en los años 60 y 70, la comunidad hindú. Claro, con la diferencia de que éstos sí están absolutamente integrados en la sociedad. Habrá que darles tiempo.

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La gallina de los huevos oro

Un granjero pobre y su esposa se encuentran con que una de sus gallinas pone huevos de oro. Pero no contentos con esperar a la puesta, deciden matarla, pensando que tiene una mina en su interior. Cuando descubren que no es así, caen en la cuenta de que mejor les hubiera valido conservar lo que tenían. Todos hemos tenido alguna vez una gallina que pone huevos de oro, y aun así, siempre hacemos lo imposible por perderla. No sé qué oscura razón nos lleva, una y otra vez, al mismo precipicio, pero así es. Esta caída fábula describe a la perfección lo que está ocurriendo con el turismo en Canarias. Todos sabemos que, en estos momentos, es el único sector que tiene resultados positivos, y aún así, nos empeñamos en acabar con el. Dentro de esta vorágine destructora, subimos las tasas aeroportuarias para que a las compañías aéreas les sea más caro aterrizar en los aeropuertos isleños.
El Gobierno canario sube el IGIC dos puntos ahogando, aún más, a la patronal hotelera que, lejos de vivir en la abundancia, está pasando serios problemas económicos arrastrados por las pérdidas de años anteriores. Si no, que se lo digan a los empresarios del Norte de Tenerife o La Palma. Todo esto se produce en medio de un proceso de negociación del convenio colectivo de la hostelería, donde hay intereses contrapuestos. Las expectativas para este verano, con la Eurocopa y las Olimpiadas de Londres en pleno periodo estival, no son nada buenas. El Gobierno canario prevé ya una caída del 6% con respecto al año pasado. Si encima le unimos los inoportunos avisos de huelga de los empleados de la hostelería, y el encarecimiento de los billetes; el panorama se augura desolador. 
Tenemos una patronal turística desesperada por intentar mantener un sector que, hasta ahora, ha sostenido la actividad económica de las Islas. Se arriesgaron, incluso, a proponer una tasa por pernoctación al turista que más tarde, Exceltur les obligó a retirar para no contagiar a otras comunidades autónomas y no romper la marca España. Pero es que la marca Canarias, sí que se está contagiando del pesimismo generalizado por la crisis que azota al país. Y eso es malo. Malo para Canarias. Malo porque empezamos a ser un destino caro y no competitivo. Y malo porque, entre todos, estamos empeñados en matar a nuestra
gallina de los huevos de oro.
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Un debate ‘cameral’

Solita se ha quedado la Cámara de Comercio de Gran Canaria en su pulso a Paulino Rivero. Si pensaba que el resto de las instituciones camerales iban a sumarse, como corderitos, a sus críticas al Gobierno autonómico, mal pensado entonces. En un comunicado, José Sánchez Tinoco, presidente de la Cámara grancanaria, acusó esta semana al presiente del Gobierno de “falta de compromiso” y “desinterés” hacia la institución y la Isla, en referencia a Gran Canaria, claro.
Sánchez Tinoco fue mucho más allá y denunció también la ausencia de un plan de viabilidad que sustente las obligaciones que, como corporación pública, aún conserva la institución cameral, y volvió a sacar el tema de siempre: el desequilibrio. Es decir, hay más para las demás, pero no para mí. Tinoco hace un manifiesto público para quejarse de que los fondos para la internacionalización de las empresas no están repartidos de forma ecuánime, y al final, termina llorando porque Gran Canaria está sola y nadie la ayuda.
Venticuatro horas más tarde, las cámaras de Lanzarote y Fuerteventura se desmarcan públicamente de este comunicado e insisten en que optan por el diálogo y la negociación con el Gobierno, en lugar de por el enfrentamiento. Además, sus presientes le recuerdan a Sánchez Tinoco que, concretamente en este asunto, solo representan a una Isla, ni siquiera a la provincia. ¿Desautorización? ¿Patada en la espinilla? ¿Enfado porque aún no está claro quien ocupará el sillón de la Autoridad Portuaria de Las Palmas? 
Desde la Isla de enfrente, la Cámara de Comercio de Santa Cruz de Tenerife se mantiene observando en silencio, y quizás pensando en la triste caída del prestigio de los líderes camerales, cada vez menos empresariales, y que al final tanto han debilitado la función de las Camaras de Comercio. Con pronunciamientos como éstos, sin financiación de cuotas obligatorias, y sin encomiendas del Estado ni del Gobierno regional, lo cierto es que se podría decir que las instituciones camerales están ya casi a las puertas del patíbulo, porque irremediablemente, irán menguando poco a poco.
Con todo esto habría que preguntarse si la Cámara de Comercio de Gran Canaria debe tantos millones de euros por sus múltiples sedes, si monta estos pollos para que el Ejecutivo regional asuma estos gastos, o bien si sus reivindicaciones coinciden con la máxima del Partido Popular. En definitiva, ¿pueden polítizarse? ¡Claro que sí! Si lo hace el Consejo General del Poder Judicial, es razonable que las cámaras también caigan en esta tentación.
Al final, el berrinche de Sánchez Tinoco no ha servido sino para demostrar que la institución que preside está más sola que nunca, y que no cuenta con apoyos empresariales.

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