“Ojalá hubiera aprendido a reír tanto como tu”

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Quise despedir el 2013 pero a pesar de que fue un año con mucho por reseñar no pude hacerlo, no tuve tiempo. Luego pensé “no pasa nada, escribiré sobre la entrada del 2014 y tal vez sea mejor”… pero igual,  se me pasó  el tiempo, el arroz y hasta las ganas.

Mi primera entrada de este nuevo año no será para despedir al viejo ni para darle la bienvenida al nuevo. Sobre ambas perspectivas cada cual ya escribió y reflexionó suficiente.

Mi primera entrada este año será para una persona.

Recuerdo la primera vez que la vi. Vestía pantalón y jersey,  (rollo informal)  y tenía el pelo moreno, corto y rizado. En su cara el punto de interés se centraba en su mirada. Una mirada intensa al tiempo que divertida y curiosa.

He de confesar que al principio dudé si era hombre o mujer pues además de tener unas formas “rectas”, no estar maquillada, ni llevar falda … sus andares eran,  como decirlo, eran… desgarbados..?  Sí, su caminar era desgarbado tirando a macarrilla pasota…  jajajja…  Sí, creo que esa sería una forma correcta de describir su forma de caminar, y si no lo es… por favor que me corrija alguno de mis compañeros.

Entró al aula, dio los buenos días, se dirigió a la mesa, se situó por delante de ella, así en plan indolente: medio culo sentado sobre el mobiliario, piernas cruzadas hacia delante y las palmas de la mano apoyadas sobre la madera.

-Me llamo Tota. Bueno, mi nombre es Victoria pero todo el mundo me llama Tota.

Puede ser que tal vez las manos no las apoyara sobre la mesa y en realidad las cruzara junto a sus brazos sobre el pecho, hace ya muchos años de esto pero lo mismo me da porque tanto un gesto como el otro eran propios de ella. Igual que la risa, se reía mucho con casi todo… que no de todo. Porque no es lo mismo reírse de las cosas que reírte con las cosas.  Ni tampoco es lo mismo reírte de las personas que reírte con las personas.  De las únicas personas que ella decía que había que reírse eran… de uno mismo. Porque se aprendía mucho.

Pocas veces la vi seria y no quiere decir eso que no fuera una persona seria, porque lo era, simplemente que valoraba tanto la vida que precisamente por  eso sonreía a todas horas.  Y entre risa y risa nos  enseñaba la teoría de los libros y la realidad de la vida contada en primera persona.

Tuvo una mente abierta, siempre dispuesta a escuchar y a reflexionar sobre cualquier tema. Cercana, solidaria, reivindicativa y luchadora nos hablaba de tú a tú porque para ella éramos algo más que sus alumnos, éramos sus compañeros en la vida. Nos hacía pensar por nosotros mismos, nos instaba a descubrir las cosas con sus vértices buenos y malos,  y también a ser responsables, honestos, consecuentes.  Y todo (como dije antes) sin dejar de reír, sin dejar de creer, sin dejar de vivir… porque ninguna cosa era contradictoria con la otra y ella apostaba siempre por la risa, apostaba siempre por la vida.

Anécdotas sobre ella  hay muchas, no me corresponde a mi contar las ajenas, desde aquí lanzo la invitación por si algún alumno suyo quiere mencionar lo que le apetezca.  Yo por mi parte voy a contar la última anécdota que compartí con ella.

Posteé algo en el grupo del Faceboock del colegio y cometí una falta ortográfica de esas garrafales que dices “tierra trágame”… y cuando me di cuenta me puse ROOOOOOOOJA de vergüenza… jajajajajajaja… El caso es que rápidamente  (disculpándome especialmente con ella) escribí entre bromas algo así como que yo no tenía perdón e iba a tener que escribir doscientas veces la corrección de mi error para que no me volviera a pasar… y saben que…? Respondió que escribir bien estaba bien, pero lo importante era que el mensaje llegara, ya que muchas veces eso era lo que de verdad fallaba y no como estaban escritas las palabras…

Humana, Tota siempre fue muy humana. Fue profesora en colegios públicos y defendía este derecho como un pilar básico al que no podíamos renunciar jamás. Creía en la igualdad de oportunidades y  de condiciones entre todas las personas.

Todo esto (y mucho más) lo sabemos bien aquell@s que fuimos alumn@s suyos, y much@s tenemos la convicción de que sin su mirada intensa, divertida y curiosa hoy no seriamos las personas que somos.

Le tocó marcharse cuando nadie lo esperaba, pronto, demasiado pronto. Y estos días la hemos recordado de muchas maneras pero tod@s hemos coincidido en lo mismo. En su risa.

Grasias por todo profe, ojalá uviera aprendido a reír tanto como tu! Te hecharé de menos.”

 

 

2 pensamientos en ““Ojalá hubiera aprendido a reír tanto como tu”

  1. Mary Tonda

    Me encantó, bonito y emotivo. Real y auténtico, como ella.
    Ayer hablando con mi madre le decía que de ella me llevaba muchas cosas, pero sobre todo el respeto con el que nos trataba. Aunque tuviéramos 13 ó 14 años, nos trataba como a personas, nos escuchaba y consideraba como iguales. Esta es una cualidad que a muchos mayores les falta con los jóvenes de hoy.
    Felicidades por tu relato. Gracias por compartirlo.

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    1. Isabel Déniz Autor

      Hola Mary! Muchas gracias, me alegro que te guste. 🙂
      Tota es y será siempre un referente para los alumnos que tuvimos la oportunidad de tenerla como profesora.
      Un abrazo! 🙂

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